Hacia la unión con Dios

¿La religión enajena?

Posted by pablofranciscomaurino en abril 24, 2015

Es bastante común que los sociólogos, trabajadores sociales, antropólogos, historiadores y psicólogos afirmen que la religión condiciona tanto a la sociedad como al individuo pues, según ellos, es otro de los factores culturales que inciden en su identidad y desarrollo.

Algunos llegan a aseverar que cualquier religión entorpece o turba el uso de la razón, es decir, que enajena al ser humano. Y hay quienes se preocupan por encontrar maneras de «liberarse» de esta esclavitud.

De hecho, cuando se observan las actitudes de un fanático, se puede llegar a la misma conclusión: un atento análisis de todos aquellos que defienden con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, hace descubrir las razones que los mueven a actuar así: carencias afectivas, problemas familiares, laborales o sociales, que los llevaron a aferrarse enfermizamente a su credo, filosofía o forma de pensar.

Pero hay más: el miedo a perder ese sentido de «pertenencia» pocas veces los deja enfrentarse madura y razonablemente con sus creencias. No son capaces de evaluar valientemente si su religión es la verdadera; temen errar o fallar a sus principios religiosos (pecar); «creen» porque lo «heredaron» de sus padres, por «costumbre», por miedos irracionales e irreflexivos, no por convicción.

Entendida así la religión es efectivamente alienante. Alguien que vive así experimenta la mayor tragedia que puede sufrir el ser humano: su ausencia de libertad.

Por eso, es indispensable que el individuo comprenda una de las principales diferencias descubiertas por la paleoantropología entre la especie humana y los animales.

Cuando apareció, hace entre 210.000 y 100.000 años, el ser humano enterraba a los muertos. Esos entierros que hacían obligan a pensar a cualquier investigador que el homo sapiens creía en la inmortalidad del alma: hay una gran diferencia entre el mero hecho de deshacerse de un cadáver maloliente y un entierro ritual con todas sus connotaciones de respeto y de preocupación por la vida en el más allá del difunto.

Somos los únicos animales conocedores de nuestra condición de mortales. Los demás animales experimentan miedo ante una muerte inminente y expresan ese temor, bien con las actitudes, bien con la secreción de la adrenalina, que prepara al cuerpo para luchar o para huir. Pero nosotros, los humanos, podemos reflexionar diariamente sobre la finitud de nuestra vida, y parece razonable considerar que el conocimiento de la muerte hace que tengamos una actitud muy distinta respecto de la vida.

Así, se puede deducir que el principal distintivo del ser humano es la conciencia de que él mismo es, por naturaleza, un ser religioso: en esta etapa nacieron las creencias acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social, y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

Por primera vez en la historia de los seres vivos, aparece uno que se percata de su espiritualidad, de su trascendencia, de su inmortalidad. Por eso es inexplicable la existencia de los ateos: el ser humano es religioso por naturaleza, y se puede afirmar sin fanatismos que el ateísmo es un retroceso en la evolución del hombre.

El arte simbólico que se encontró en las cavernas, con búfalos y rituales mágicos, por ejemplo, es un testimonio histórico de que se adquirió el conocimiento reflexivo del destino del hombre y, además, de que apareció la conciencia de que a través de esos rituales se podían someter las fuerzas de la naturaleza.

La sabiduría, en este sentido, se guió más tarde hacia una cultura mágica en los cazadores, y hacia una cultura mítica en los agricultores.

Se puede decir que no hay duda de que el espíritu marca definitivamente al hombre, y que es su presencia lo que lo hace completamente diferente a sus antecesores: el homo sapiens se diferencia de los demás en que tiene espíritu.

Por eso los seres humanos sentimos algo que nos mueve a dar a Dios el culto debido y practicamos la religión, ese conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor reverencial hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio.

Si no lo hiciéramos, no seríamos humanos. Y seríamos esclavos.

 

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