Hacia la unión con Dios

La objetividad del periodista

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 26, 2015

Periodista

 

 

“Mente abierta” es una de las consignas más usadas en los últimos decenios, cuando se quiere denotar la virtud más importante en las discusiones. Y, por el contrario, se llama “mente cerrada” la de aquél que no es capaz de mirar los acontecimientos desde una óptica diferente de la suya.

Por otra parte, hay muchos hechos que están rodeados por aspectos culturales específicos y que los hacen diferentes y más difíciles de juzgar. Infortunadamente, hay personas que usan criterios que consideran universales para evaluarlos.

 

‘La carrera del papa’

Esto ocurre también cuando los periodistas entrevistan personas o investigan temas que suelen desconocer, y principalmente cuando se trata de culturas extrañas a ellos, como ocurrió recientemente, cuando el reconocido y prestigioso periodista Ismael Cala, tras la visita del papa a Cuba y a Estados Unidos, habló de la carrera del papa: primero sacerdote, luego párroco, después obispo y, antes de ser papa, cardenal, y lo dijo como si en la Iglesia Católica se dieran las mismas condiciones que se dan para los gobiernos, tanto de las naciones como de las empresas, y en donde se emplean intrigas, luchas de poder, lobbies, política, networking, “roscas”, etc., o en donde se disputan los cargos y se ganan más por influencias e intereses personales (casi siempre económicos), que por méritos y habilidades.

Aunque es verdad que hay uno que otro sacerdote que piensa y vive según estos criterios del mundo, la Iglesia, como institución, maneja otras normas completamente diferentes.

Un ejemplo muy didáctico de esto es la elección del papa: encerrados con llave —eso es lo que significa la palabra: cónclave—, para impedir cualquier interferencia externa, los cardenales, que han orado previamente mucho, intensifican esa oración, pidiendo a Dios especialmente los dones de Consejo y Sabiduría, para descifrar qué quiere Él de ellos en esos momentos y cómo deben votar, esperando con suma seguridad que Él les hará saber a quién escogió desde la eternidad (en su infinita sabiduría), para ocupar el cargo que dejó su predecesor, y regir a la Iglesia fundada por Jesucristo. En otras palabras, dedican esos días a discernir cuál es la Voluntad santísima de Dios.

Aunque el sentido común y la inteligencia de cada cardenal inciden en su decisión, es más lo que los cardenales esperan que se les comunique espiritualmente, por la oración que hacen ellos y todos los buenos católicos (que oran y ofrecen sacrificios en esos momentos).

Ahí, pues, no caben intrigas, lobbies, “roscas”, etc., como las que se usan en el ambiente mundano.

Por eso, está fuera de todo lugar esa expresión —también mundana— que se aplica de la carrera que supuestamente ha hecho el papa, al ir —también supuestamente— ascendiendo. Jamás se usa en la Iglesia Católica el término ascender en ese sentido: los buenos católicos no buscan ascensos; al contrario, prefieren el servicio humilde a los reconocimientos públicos y otros títulos distintivos. De hecho, el cargo del papa se llama: SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS.

Todos escuchamos la respuesta negativa que el papa le dio a un niño que le preguntaba si él quería que lo eligieran papa. Para él es, más bien, una gran responsabilidad, de la que habrá de dar cuentas a Dios.

 

‘Igualdad de oportunidades’

En ese mismo programa, Ismael Cala apeló al criterio del igualitarismo, cuando afirmó que deberían darse igualdad de oportunidades a las mujeres, para que accedan al sacerdocio.

Es este otro error producido por el desconocimiento: el fundador de la Iglesia fue Jesucristo y, al hacerlo, no escogió a ninguna mujer para ser sacerdote. Sus seguidores, ni siquiera el papa, tienen autoridad para cambiar esa decisión, por más igualitaristas que se autodenominen, porque es una característica fundacional y de derecho divino, no eclesial (la Iglesia no tiene esa potestad).

Quien quiera una Iglesia con sacerdotisas y obispas debe fundar una nueva, pero no puede pretender violar las directrices fundacionales de quien ni siquiera nombró sacerdote a su misma Madre.

 

¡Qué bueno sería que quienes trabajan en los medios de comunicación investigaran más a fondo cada institución o persona, dentro de su contexto cultural y/o religioso, antes de presentar una entrevista en la radio, en la televisión o en las redes sociales! Serían más objetivos y, por ende, se acercarían más a la verdad.

 

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