Hacia la unión con Dios

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¿La comunión de rodillas y en la boca?

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 26, 2016

En una entrevista concedida a la edición italiana del ‘L’Osservatore Romano’, monseñor Guido Marini responde a quienes se preguntan esto:

“No hay que olvidar que la distribución de la comunión en la mano sigue siendo todavía, desde el punto de vista jurídico, un indulto a la ley universal, concedido por la Santa Sede a las conferencias episcopales que lo hayan pedido […] La norma [es] válida para toda la Iglesia”.

Esta modalidad de distribución del Sacramento, dice, sin quitar nada a la otra, subraya mejor la verdad de la presencia real en la Eucaristía, ayuda a la devoción de los fieles, introduce con más facilidad en el sentido del misterio. Aspecto que en nuestro tiempo, pastoralmente hablando, es urgente subrayar y recuperar”.

A quienes acusan de querer imponer modelos preconciliares, el maestro de las celebraciones litúrgicas explica que “términos como ‘preconciliar’ y ‘postconciliar’ me parece que pertenecen a un lenguaje que ya ha sido superado y, si se utilizan con el objetivo de indicar una discontinuidad en el camino de la Iglesia, considero que son equivocados y típicos de visiones ideológicas muy reductivas”.

“Hay ‘cosas antiguas y cosas nuevas’ que pertenecen al tesoro de la Iglesia de siempre y como tales deben ser consideradas. Quien es sabio sabe encontrar en su tesoro tanto unas como otras, sin tener otros criterios que no sean evangélicos y eclesiales”.

“No todo lo que es nuevo es verdadero, como tampoco lo es todo lo antiguo. La verdad atraviesa lo antiguo y lo nuevo y a ella debemos tender sin prejuicios”.

“La Iglesia vive según esa ley de la continuidad, en virtud de la cual, conoce un desarrollo arraigado en la tradición. Lo importante es que todo esté orientado a una celebración litúrgica que sea verdaderamente la celebración del misterio sagrado, del Señor crucificado y resucitado, que se hace presente en su Iglesia, reactualizando el misterio de la salvación y llamándonos, según la lógica de una auténtica y activa participación, a compartir hasta sus últimas consecuencias su misma vida, que es vida de don de amor al Padre y a los hermanos, vida de santidad”.

 

Explicación

La norma es comulgar de rodillas y en la boca. La autorización a hacerlo de pie y en la mano es una excepción a la regla.

 

Nadie se equivoca obedeciendo

Este axioma es válido: si la Iglesia local (una arquidiócesis o diócesis) o regional (la Conferencia Episcopal de un país o zona geográfica) tiene el permiso de la Congregación para el Culto divino y Disciplina de los Sacramentos para establecer que se puede recibir la comunión de pie y en la mano, los feligreses pueden hacerlo, pues están obrando de acuerdo con la excepción permitida. Oren mucho —eso sí—, para que las autoridades siempre establezcan lo que el Señor quiere.

Pero si prefieren cumplir la norma universal establecida, comulguen en la boca y de rodillas.

 

Ningún sacerdote, obispo o Conferencia Episcopal tiene potestad para prohibir la norma

Jamás autorizó la Santa Sede a Conferencia Episcopal alguna prohibir comulgar de rodillas y en la boca. Comulgar de rodillas es un derecho del fiel que sólo puede ser suprimido por el Papa. Nadie puede prohibir comulgar rodillas y en la boca, porque es un derecho del fiel y porque en definitiva es lo que sugiere la Santa Sede como una mejor forma de comulgar.

Si alguna vez un sacerdote dice lo contrario, debemos corregirlo fraternalmente, rezando antes por él. Si ha propagado el error públicamente, por ejemplo en una Misa o en el boletín parroquial, debe informarse ala Ordinario (el Obispo o Arzobispo).

El Ordenamiento del Misal Romano dice: “Después el sacerdote toma la patena o el copón, y se aproxima a los que van a comulgar, quienes de ordinario se acercan procesionalmente. No está permitido a los fieles tomar por sí mismos el pan consagrado ni el cáliz sagrado ni mucho menos que se lo pasen entre sí de mano en mano. Los fieles comulgan de rodillas o de pie, según lo establezca la Conferencia Episcopal. Cuando comulgan de pie, se recomienda hacer, antes de recibir el Sacramento, la debida reverencia, establecida por las mismas normas.”

“Notitiæ”, la publicación oficial de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en su edición de noviembre-diciembre de 2002 (Nº 436), dice: “Aun en aquellos países donde esta Congregación ha aprobado la legislación local que establece el permanecer de pie como la postura para recibir la Sagrada Comunión, de acuerdo con las adaptaciones permitidas a las Conferencias Episcopales por la Instrucción General del Misal Romano n. 160, § 2, lo ha hecho con la condición de que a los comulgantes que prefieren arrodillarse no les será negada la Sagrada Comunión.”

“La Congregación está de hecho preocupada por el número de quejas similares que ha recibido desde varios lugares en los últimos meses, y considera que cualquier negativa de dar la Sagrada Comunión a un miembro de la feligresía, fundamentada en que se encuentra de rodillas para recibirla, es una grave violación a uno de los derechos más básicos del feligrés cristiano, a saber, el de ser ayudado por sus Pastores por medio de los Sacramentos” (Código de Derecho Canónico, canon 213).

“En vista de la ley que establece que ‘los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos’ (Código de Derecho Canónico, canon 843, § 1), no debe negarse la Sagrada Comunión a ningún católico durante la Santa Misa, excepto en casos que pongan en peligro de grave escándalo a otros creyentes, como el pecador público o la obstinación en la herejía o el cisma, públicamente profesado o declarado.”

 

Sobre el cuidado de las partículas de la Hostia consagrada

San Efrén dice: “Comed este pan y no piséis sus migas, […] una partícula de sus migas puede santificar a miles de miles y es suficiente para dar vida a todos los que la comen.” (Serm. in hebd. s., 4, 4.).

Este texto es comentado por el Papa Pablo VI: “Consta que los fieles creían, y con razón, que pecaban, como nos recuerda Orígenes, si, habiendo recibido el Cuerpo del Señor, y conservándolo con todo cuidado y veneración, algún fragmento caía por negligencia.” (Mysterium Fidei, 32.)

Recordando que Jesús está entero en cada partícula y que cada partícula merece el respeto como Rey del Universo y la reverencia como Amor de los Amores, la comunión en la mano no es ideal por varias razones:

Mayor posibilidad de maltrato a la Eucaristía:

  1. Mayor posibilidad de secuestro de Jesús (llevarse la Hostia a casa) y de robo para sectas satánicas y misas negras
  2. Posibilidad de que se comparta con alguien (caso de una madre que da a su hijita)
  3. Pérdida de partículas en la mano (a veces ni siquiera se pone cuidado en esto)
  4. Pérdida de partículas en los dedos que la llevan a la boca
  5. Nadie se lava las manos inmediatamente para evitar posibilidad de que hayan quedado partículas, cosa que sí hace (o debiera hacer) el sacerdote
  6. Riesgo de pérdida de partículas y de no alcanzar una Hostia que se cae porque la mano obliga a poner la patena más abajo (a veces, incluso no se usa la bandeja o patena a pesar de lo prescrito por la Santa Sede)
  7. Mayor riesgo de pérdida de partículas al hacerse dos trayectos en vez de uno: del sacerdote a la mano y de la mano a la boca

Falta de respeto y pérdida del sentido de lo sagrado:

  1. La Hostia consagrada es tocada por manos no consagradas: en lo posible, Jesús debe ser tocado únicamente por manos consagradas (es lo que prefiere la Iglesia)
  2. No considerarse digno de tocar a Cristo muestra respeto, como la hemorroísa, que apenas se dignó a tocar los flecos de su manto, mientras todos los demás lo empujaban
  3. Casi la totalidad de quienes comulgan en la mano no hacen la debida reverencia solicitada por la Santa Sede en el Misal (al menos una inclinación de cabeza); al hacerlo de rodillas, ya se está dando una mejor forma de respeto por la divinidad
  4. Algunos llevan la Hostia a la boca con la misma mano en que se depositó directamente a la boca, mostrando así que no fueron preparados o no comprendieron la norma correcta

Desidia y falta de control de abusos: la mayoría de quienes comulgan en la mano lo hacen de espaldas al sacerdote camino a su banco sin seguir los lineamientos de comulgar frente al Sacerdote

 

La comunión en la mano también es un acto antiecuménico

Nuestros hermanos orientales (ortodoxos) no comulgan en la mano; respetan en grado sumo al Santísimo Sacramento.

 

¿Es una pérdida de tiempo?

Antes los fieles que comulgaban de rodillas rodeaban el altar y el sacerdote iba de fiel en fiel en un semicírculo: mientras se iba un fiel se acercaba otro y para cuando el sacerdote regresaba de la “ronda” ya estaba bien ubicado y listo para comulgar. Este sistema era mucho más rápido que recibir la comunión de pie.

Y aun si no se hiciera este cambio —u otro—, la demora en la distribución no debe ser considerada una desventaja: da más tiempo para rezar fervorosamente, para prepararse mejor para comulgar y para agradecer mejor semejante visita.

A Dios se le debe todo el tiempo que sea necesario.

 

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Para llegar a la contemplación

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 17, 2016

Todos debemos conocer la doctrina católica; por eso se predica desde hace dos mil años. Todos debemos creer en Jesús, cumplir los mandamientos y hacer obras de misericordia, porque eso nos dará la vida eterna. Todos debemos recibir los Sacramentos: allí está la gracia para ayudarnos. Y todos debemos orar; pero, ¿todos debemos llegar a vivir esas experiencias de unión mística con Dios en la contemplación?

La Revelación nos enseña la felicidad eterna en el Cielo y, por los santos, sabemos que han vivido esas experiencias, que parecen presagiar lo que nos espera allá, en la Vida eterna: consuelos, gozos y deleites espirituales que en nada se pueden comparar con los placeres terrenales.

Es algo que superará con creces todas nuestras ansias de felicidad. Cuando estos santos «vuelven» de sus estados místicos, suelen gritar anhelantes: «¡Dios mío!, ¡Dios mío!, ¿por qué me devolviste a la tierra? ¡Aquí no encuentro nada que me complazca como lo que acabo de vivir!…» Y desde entonces sólo quieren volver a tener esas experiencias divinas.

Eso fue lo que le hizo exclamar a san Pablo: «Pero lo que tenía por ganancia, lo considero ahora como pérdida. Más aún, todo lo considero al presente como pérdida, en comparación con eso tan extraordinario que es conocer a Cristo Jesús, mi Señor. A causa de Él ya nada tiene valor para mí, y todo lo tengo por basura, con tal de ganar a Cristo» (Flp 3, 7-8).

Esas experiencias divinas son un adelanto de lo que será el Cielo, un presagio de lo maravilloso que nos espera a todos; aunque no en todos tendrá la misma intensidad. ¿Por qué lo sabemos? Porque para eso fuimos creados y, como dijo san Agustín, nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Dios.

Ninguna otra cosa, persona o circunstancia podrá llenar las ansias que el Creador puso en nuestros corazones, precisamente para que lo buscáramos a Él. Los placeres terrenales, la riqueza, el poder, la honra o el bienestar material palidecen ante el encuentro de nuestro ser con Dios. Y esto ocurre porque la alteza del ser humano —hecho a su imagen y semejanza— no se satisface con menos.

Y, ¿cómo lograrlo? Primero es necesario que nos despojemos de todo lo que traemos, incluso de ese criterio de querer lograr algo. Es Dios quien hace toda la tarea, purificándonos. Basta que, dejado el pecado, seamos almas de oración: un constante y confiado trato con Él.

Constante para que, en el momento de la prueba —los desiertos espirituales, la sequedad espiritual, la falta de gusto por la oración, etc.—, sigamos firmes en la fe; una fe pura, que no se apoya en imágenes, pensamientos ni sentimientos, sino que cree contra toda falta de evidencia.

Y trato confiado con Dios, para aprender a esperarlo todo de Él, sabiendo que nos ama tanto, que parece que se hubiera vuelto loco por nosotros, como explica santa Catalina de Siena: porque está ebrio de amor por los hombres y sabiendo que le fallarían, los sacó de la nada, para amarlos; luego los persiguió hasta hacerse  uno de ellos para salvarlos; después se hizo Hostia para alimentarlos y llenarlos de bendiciones; y, finalmente, les dio una última tabla de salvación, para llevárselas al fin al Cielo, y allí abrazarlas en un abrazo de amor eterno: el Sacramento de la Penitencia.

En resumen, después de desechar el pecado de nuestras vidas, orar con perseverancia, fe pura y amor desinteresado, esperar en la oración con perseverancia el maravilloso momento de la visita divina, que nos hará más felices de lo que nunca soñamos, ya aquí en la tierra, mientras esperamos el encuentro definitivo con el Amor de los amores, en la dicha eterna.

 

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Sería muy bueno que leyeran esto quienes cuestionan al Papa:

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 2, 2016

San Gregorio Magno

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“Bajo la capa de un falso celo por la perfección cristiana, se esconde a veces un refinado orgullo que todo lo critica, de todo se escandaliza, de todo se queja, y al fin se propasa hasta indisponer a los inferiores contra los superiores.”

San Gregorio Magno

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