Hacia la unión con Dios

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ESTO FUE LO QUE DIJO EL PAPA SOBRE AMORIS LAETITIA DURANTE SU VIAJE A COLOMBIA:

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 1, 2017

«Escucho muchos comentarios -respetables porque los dicen hijos de Dios, pero equivocados- sobre la Exhortación apostólica postsinodal. Para entender Amoris Laetitia hay que leerla de principio a fin […] y reflexionar. Leer qué cosa se ha dicho en el Sínodo».
«Una segunda cosa: algunos sostienen que la moral que está a la base de Amoris Laetitia no es una moral católica o, al menos, que no es una moral segura. Ante esto quiero reafirmar con claridad que la moral de Amoris laetitiae es tomista, la del gran Tomás».

Leer:

https://www.aciprensa.com/noticias/esto-fue-lo-que-dijo-el-papa-francisco-sobre-amoris-laetitia-durante-su-viaje-a-colombia-66168

 

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¿QUÉ CLASE DE CATÓLICO ERES TÚ?

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 22, 2017

Hay algunos católicos que pasan los días buscando encontrar los errores de los demás, los de la Iglesia y los del Papa. Pero hay otros que están concentrados más bien en luchar contra sus propios defectos para alcanzar la santidad.

Hay algunos católicos que no se dan cuenta de todo el tiempo que pierden leyendo artículos, escuchando audios o viendo videos que muestran la terrible situación de la Iglesia, pues nada pueden hacer al respecto; y tampoco se dan cuenta de que no logran nada reenviando esos archivos, escandalizándose con ayes y lamentaciones. Por el contrario, otros se dedican a insuflar santidad a los demás por la comunión de los santos, trabajando en paz por el Reino de Dios y su Justicia.

Hay unos católicos que se creen y se erigen en jueces del Papa y de la Iglesia: afirman con certeza lo que leen, escuchan o ven en las redes sociales, como si hubieran sido testigos de los hechos, sin corroborarlos ni tener en cuenta cuán fácil es hacer montajes con la tecnología de hoy; y si conocieron y verificaron un hecho verídico, olvidan que el Señor advirtió que no debemos juzgar y que con la misma medida con la que juzguemos seremos juzgados. En cambio, hay otros que no se atreven a dudar de sus superiores: dejan a Dios el juicio del Papa, de los Cardenales, de toda la jerarquía eclesiástica, y se dedican a procurar cumplir sus propias responsabilidades de la mejor manera posible, para dar la mayor gloria a Dios.

En fin: hay unos católicos llenos de soberbia, y otros que son verdaderamente humildes y mansos de corazón, como su Maestro, el Señor Jesús.

 

¿Desea ampliar conceptos al respecto?:

https://www.4shared.com/s/f8ykEBC5Vca

 

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Atenuantes del pecado de abortar

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 2, 2017

La periodista Claudia Palacios publicó en el periódico EL TIEMPO el artículo:

Atenuantes del pecado de abortar: La Iglesia debe reconocer que el derecho canónico perdona el aborto en 10 causales:

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/claudia-palacios/atenuantes-del-pecado-de-abortar-125474

 

Sobre este artículo, hay que aclarar algunas cosas:

1) Las «10 causales para que las sanciones no sean aplicadas» de las que habla la periodista se refieren no a la justicia divina (la de Dios) sino a las sanciones eclesiales (las de la Iglesia); por eso, los códices 1.323 y 1.324 del Código de Derecho Canónico están enmarcadas en el LIBRO VI: DE LAS SANCIONES EN LA IGLESIA.

Esto quiere decir que, aunque la Iglesia contemple esos atenuantes para la pena que impone a los pecadores, Dios castigará de todos modos el aborto a quienes no se arrepientan sinceramente y se acojan al Sacramento de la Reconciliación (confesión), por ser un homicidio realizado con premeditación (lo pensó antes de abortar), alevosía (contra una persona sin correr el riesgo de una reacción defensiva) y ventaja (de un superior contra un ser humano inferior e indefenso).

Comparándolo con la justicia penal, supongamos que a un homicida, por cometer este delito coaccionado por miedo grave o para evitar un perjuicio grave, en vez de una pena de 30 años, se le aplica una de 25 ó 20. Pero ese delito no deja de llamarse homicidio.

En el caso del aborto siempre se pretende la muerte de un ser humano no-nacido: es homicidio, aunque en algunos casos haya atenuantes.

Así, pues, si algunas jóvenes no abortaron «por temor a convertirse en pecadoras», como lo dice la periodista, hicieron bien pues, aunque la justicia de la Iglesia atenúe sus penas, el aborto sigue siendo un pecado gravísimo.

2) La cita que hace la periodista (que no está en el Código de Derecho Canónico): «No queda sujeto a pena quien cuando infringió una ley o precepto aún no había cumplido 16 años», vale para todos los delitos, como ella misma lo dice. Podríamos preguntar: ¿Si un joven de 15 años y 11 meses mata a un compañero de la escuela a puñaladas, ¿será que no es consciente del mal que hace? ¿Acaso se hará consciente el mes siguiente, cuando cumpla 16?

La experiencia demuestra que la conciencia acusa indefinidamente a las jóvenes que se realizan un aborto siendo menores de 16 años, prueba de que sabían que actuaron mal.

3) La fuente de la periodista —el sacerdote que l«pide no revelar su nombre para no meterse en líos con su comunidad»— no es buena, pues no es un auténtico seguidor de Jesucristo quien, por defender la verdad, llegó hasta las últimas consecuencias: dio su vida. Asimismo, todos los mártires de la Iglesia dieron su vida en defensa de la verdad; no fueron cobardes. Por eso, las opiniones de este sacerdote no deberían tenerse en cuenta.

Por otra parte, nace la pregunta: ¿A qué le teme este anónimo sacerdote? Según la periodista, fue él quien le reveló los códices que hablan de los atenuantes, «esa verdad que la mayoría de los sacerdotes y la alta jerarquía de la Iglesia, según él, se niegan a divulgar por miedo a perder el control sobre la conciencia de las personas». ¿Acaso el Código de Derecho Canónico -donde se encuentran esos códices- no fue publicado por la Iglesia hace más de treinta años?, ¿acaso no se consigue en todas las librerías católicas y en varios lugares de la Red? Véase, por ejemplo, la página oficial del Vaticano:

http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/index_sp.html.

4) Parafraseando a la periodista, podemos decir que el problema no es [Su Santidad] Francisco, ni la pesada estructura eclesial; es la ignorancia de quienes se atreven a cuestionar personas e instituciones sin conocimiento de causa, como se demostró en los 3 numerales anteriores.

 

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Ponte estas gafas también

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 29, 2017

Dice la fábula que una vez iban por un camino un viejo, un burro y un niño. El niño iba montado en el burro y el viejo lo llevaba de cabestro. Pasaron por un caserío, y la gente criticaba: “Qué niño más desconsiderado, no se da cuenta de lo cansado que irá su abuelo”.
Al oír los comentarios, el niño se bajó y el viejo se montó al burro. Pasaron por otra aldea y la gente protestaba: “Qué viejo tan descarado, poner un niño a caminar, no hay derecho”.

Ante esta crítica, el viejo resolvió que su nieto se montara también, al anca, detrás de él. Pero al pasar por el siguiente pueblo la gente murmuraba: “Qué abuso, pobre burrito con semejante peso”.

Al oír esta observación, se apearon los dos y siguieron caminando al lado del burro. Ya iban llegando a su destino, pero al entrar al pueblo la gente los señalaba y se burlaba de ellos: “Miren qué idiotas, tienen un burro y ni siquiera lo usan”.

La moraleja es obvia: haga uno lo que haga, la gente siempre encontrará motivos para criticar nuestros actos.

Pero conviene aquí observar que hay 4 miradas distintas sobre lo que ocurre. Cada una se fija sólo en uno de los aspectos de la historia: la incomodidad del viejo, la del niño, la del burro y, finalmente, la inutilidad del animal.

Es más: hay también otras 2 miradas: la de la moraleja que apuntamos (hagas lo que hagas, siempre te criticarán) y la de quienes consideran estúpido querer dar gusto a todos.

¿De qué depende, pues, el juicio que se hace sobre algo? De la mirada subjetiva que se use. Algunos dirán que se trata de las gafas que nos ponemos en el momento de juzgar: ¿miramos con las gafas del niño, del viejo, del burro, del utilitarismo, de la crítica per se, del miedo al “¿qué dirán?”…

En fin, muy raramente los juicios se hacen con objetividad, es decir, con todas las gafas puestas.

Eso es lo que pasa con lo que dice el Papa:

Bajo la mirada del ideólogo de género, las apreciaciones del Papa tienen un tinte homófobo; con las gafas del tradicionalista a ultranza, el Papa claudica en la defensa de la verdad; a los inquisidores les parece un Papa poco claro, que no se decide por un bando; las mentes poco profundas lo juzgan según sus gustos y criterios personales…

Pero son muy pocos quienes reconocen en todo lo que escribe y habla el Romano Pontífice lo mismo que ha enseñado siempre la Iglesia, y que es lo que nos reveló el mismísimo Dios inmutable: que al pecador hay que verlo y tratarlo con infinita misericordia (como lo hace Dios), pero que el pecado pecado es, como lo fue hace dos mil años y como lo será dentro de dos mil años si los hombres siguen existiendo, y que el pecado le hace mal al pecador, por lo que hay que enseñarle a evitarlo, si desea ser feliz.

Esta es la perenne enseñanza del Creador del género humano, que no busca “estar a la moda”, tener o no seguidores en las redes sociales, ni ser o no aprobado…; lo único que persigue es el bien de su criatura predilecta de la creación visible: el ser humano.

-Ponte estas gafas también.

 

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¿Reencarnación o Resurrección?

Posted by pablofranciscomaurino en junio 29, 2017

El cristiano, el que cree en Cristo, cree que Jesucristo es Dios, como el Padre y como el Espíritu Santo, y que se hizo hombre para pagar el pecado de soberbia que el ser humano cometió de querer ser como Dios; por eso, por los pecados de los hombres, sufrió y murió. Si Cristo pagó sus pecados, ¿qué razón tiene volver a una nueva vida (reencarnar) a pagar lo malo que se hizo en la anterior?

Y, ¿de qué serviría el bautismo, por el cual se nos borra el pecado por el que merecíamos un castigo infinito?

Además, el revivir el sacrificio de Cristo en la Cruz, por el cual fuimos salvados del castigo que merecíamos. ¿Qué sentido tendría la celebración eucarística si existiese la reencarnación?

¿Y qué decir de la Unción de los Enfermos, que se aplica a quienes están más cerca del último y único viaje hacia la eternidad?

Dios se inventó también otra muestra de amor por los hombres: «Recibid el Espíritu Santo: a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados» (Jn 20, 23). Los sacerdotes tienen la potestad de representar a Dios y, en su Nombre, perdonar los pecados en el sacramento de la Reconciliación, la confesión, el único lugar donde el reo se declara culpable, y es perdonado. Si se cree en la reencarnación, en la que se «purifican» los pecados, vida tras vida, ¿para qué sirve la confesión que inventó el mismo Dios?

Por extensión podría preguntarse también: ¿cuál es la razón de ser de los apóstoles y discípulos y de sus sucesores, los obispos y sacerdotes, escogidos por el mismo Dios para administrar ese y los demás sacramentos?

Por otra parte, la doctrina de la reencarnación podría invitar a la irresponsabilidad. En efecto, si uno cree que va a tener varias vidas, además de esta, existe la posibilidad de que no se exija mucho para vivir bien la vida presente, pues pensará que siempre quedarán otras reencarnaciones dónde mejorar. En cambio, si uno sabe que el milagro de existir no se repetirá, que tiene solamente esta vida para llegar a la meta, no permitirá que se le escapen las oportunidades para ser mejor.

«Está establecido que los hombres mueran una sola vez, y luego el juicio» (Hb 9, 27).

 

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Santos Vs Uribe

Posted by pablofranciscomaurino en abril 3, 2017

Sorprende siempre verificar cómo la gente puede creer tan fácilmente todo lo que dicen los medios de comunicación o la Internet acerca de los personajes públicos, cualesquiera que sean: políticos, gobernantes, empresarios, deportistas, artistas, profesores, científicos…

Ya sabemos que los medios de comunicación social no están exentos de compromisos con grupos económicos y/o políticos, y que por eso podrían intentar manipular a la opinión pública en beneficio de esos intereses. Y la Red se presta también para lo mismo, con el agravante de que entran en la polémica habladurías al estilo de las más chismosas vecinas de barrio de antaño que, sin embargo, atizan la polarización del pueblo colombiano en una u otra dirección.

Y todo esto junto se riega como polvorín por doquier, a la velocidad creciente de la Internet.

Y la mayoría son personas que simplemente se dejan llevar por lo que leen, oyen o ven, creyéndolo como verdades incuestionables. Y cuando se les pregunta cuáles son sus fuentes de información, dicen: «Lo leí en la prensa, lo vi la televisión o está en Internet…» (!?), ¡como si la prensa, la televisión o la Internet fueran Palabra de Dios!

Ya se ven en los chats y videos acusaciones (falsas o ciertas, pero de apariencia indiscutibles) y actitudes tan agresivas que llegan a las burlas, la violencia verbal, iracundias y hasta odios irracionales de quienes no han sido testigos de los hechos ¡ni han corroborado nada!

No tiene nada de raro que esta bola-de-nieve crezca hasta que se dé una situación social irremediable y se cree un estado de desorden público tan descontrolado, que pueda hacer estallar una guerra civil.

Es hora de parar: No hablemos de lo que no fuimos testigos ni de lo que no hemos comprobado.

Temamos al pensar que Dios nos juzgará con la misma medida que usemos al juzgar a los demás (Mt 7,2). Dios es el único sabe si Uribe o Santos o cualquier político está obrando mal o bien: sólo en la otra vida sabremos lo que había en el corazón de cada persona.

 

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¿La Iglesia debe acomodarse a los tiempos?

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 31, 2017

Pululan por doquier miembros de la Iglesia Católica que tergiversan la doctrina de Cristo, hasta afirmar que los Evangelios fueron escritos mucho después de los hechos que narran y que, por eso, deben estar equivocados; explican que fueron acomodadizos, según las circunstancias del momento, con lo que niegan la inspiración del Espíritu Santo de las Sagradas Escrituras.

Como se comprende, todo queda al arbitrio de la imaginación de cada persona y, así, se disparan criterios como el de que la Resurrección de Cristo fue solo espiritual o un simple modo de enseñar metafórico, que la Santísima Virgen tuvo más hijos, y mil pensamientos más que socavan los fundamentos mismos de la doctrina perenne de la Iglesia. Y es que para ellos «la Iglesia debe acomodarse a los tiempos»; pero no se dan cuenta de la consecuencia lógica que esa frase entraña: que el Dios-Verdad inmoble debe acomodarse al vaivén humano.

Pero todo esto ya estaba profetizado por la misma Biblia:

Hermanos: Hubo también falsos profetas en el pueblo de Dios, como también entre vosotros habrá falsos maestros. Éstos introducirán sectas de perdición, renegarán del Señor que los rescató y atraerán sobre sí una pronta venganza. Mucha gente los seguirá en sus torpezas y a causa de ellos será difamada la doctrina de la verdad. (2P 2, 1-3)

Haciendo alusión a la lámpara encendida que no debe ponerse bajo el celemín (Mt 5, 15; Mc 4, 21; Lc 11, 33), san Máximo, confesor, abad, nos previno sobre esto:

No coloquemos, pues, bajo el celemín, con nuestros pensamientos racionales, la lámpara encendida (es decir, la Palabra que ilumina la inteligencia), a fin de que no se nos pueda culpar de haber colocado bajo la materialidad de la letra la fuerza incomprensible de la sabiduría; coloquémosla, más bien, sobre el candelero (es decir, sobre la interpretación que le da la Iglesia), en lo más elevado de la genuina contemplación; así iluminará a todos los hombres con los fulgores de la revelación divina. (De las Cuestiones a Talasio, n° 63: PG 90, 670)

Dicho en otras palabras, la humildad de quien se somete a la enseñanza de la Iglesia es el único “seguro” contra el error, y nos evita caer en la arrogancia de quien todo lo cuestiona con su “infalible” inteligencia.

 

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Los musulmanes ya son más numerosos que los católicos

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 20, 2017

 

He aquí las estadísticas mundiales por religiones (aproximado en millones) al finalizar el año 2016*:

 

Población mundial 7.400

  1. Islam 1.350

  2. Cristianos católicos 1.280

  3. Secularismo 1.100

  4. Hinduismo 1.050

  5. Budismo 1.000

  6. Cristianos nacidos del Protestantismo 804                                                                              

  7. Taoísmo y confucianismo 800

  8. Cristianos orientales 260

  9. Sintoísmo 65

  10. Otros cristianos 28

  11. Sijiísmo 26

  12. Judaísmo 16

  13. Jainismo 10

Y otros de >10

 

Como se ve, el total de cristianos de todas las denominaciones (incluyendo los católicos) en el mundo es de 2.370 millones, y supera a los musulmanes; pero los musulmanes sobrepasan a los católicos por 70 millones.

¿Se produjo esto porque muchos católicos controlan la natalidad mientras que los musulmanes no lo hacen?

 

Otra circunstancia que se destaca es que el secularismo (quienes no tienen religión) está ahora en el tercer lugar en las estadísticas mundiales.

Después de la apostasía, la gente cae en el ateísmo, en el agnosticismo o en la indiferencia total sobre el ámbito espiritual del ser humano, con el consecuente automutilamiento de su esencia, de su ser.

 

Este dramático pero auténtico panorama debe hacernos reaccionar: ¿Qué falla en nuestra predicación? ¿La hay?: ¿qué predica nuestra vida? ¿Son consecuentes nuestros actos y actitudes con nuestra fe?

Más allá de todo análisis sobre las técnicas de evangelización, las estadísticas muestran que donde hay más persecución religiosa a la Iglesia Católica es donde más está creciendo, no solo el número de cristianos, sino de vocaciones sacerdotales y religiosas, mientras que en donde no hay persecución, decrecen ambos.

Esto quiere decir que el cristianismo católico auténtico es el que está crucificado; y es el que está vivo, pues es el único que crece.

¡No más miedo a la Cruz! Ya lo hemos leído y escuchado: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”.

¿Quién tiene miedo al martirio? Es fácil responder: quien todavía no ha comprendido que en esta vida estamos de paso: que nuestra existencia en esta tierra es simplemente una prueba de fe, una prueba de obediencia, una prueba de amor. Y que, pasada esta prueba —que dura un instante—, vendrá la eternidad, la eternidad feliz.

Pero, ¿cuántos católicos lo saben?, ¿cuántos están dispuestos a demostrarlo dando la vida presente para ganar la Vida (con mayúscula)? Ellos son los que captaron la esencia de su fe, como lo hicieron los mártires, que nunca estuvieron tan contentos como en sus bodas místicas, en su Bautismo de sangre, en su dies natalis: en su nacimiento a la Vida eterna.

¿Qué temes? ¡Dios está contigo! Y la Virgen y todos los ángeles, y san José y todos los santos… ¡Somos el espectáculo del Cielo! Nos esperan allá, con coronas imperecederas.

¿Qué temes? La gracia de Dios no nos faltará. ¡Ánimo! Ni un paso atrás. Siempre adelante: con la valentía de quienes saben que Jesús ya venció en esta batalla, y que nos precede.

 

Mira las estadísticas de los católicos consagrados a Él:

53.000 obispos

416.000 sacerdotes

45.000 diáconos

737.000 religiosos

Ora por ellos; sacrifícate con Jesús por ellos; niégate a ti mismo; carga con tu cruz de cada día, en pos de Jesucristo, nuestro caudillo, que desea cambiar el mundo, y sólo te pide tu cooperación con la gracia. Y, después, ¡recibirás el Premio mayor! Y dirás: “¡Valió la pena!”

 

_________

*  Los números de población por religión son computados por una combinación de datos del censo y encuestas de población (en países donde los datos de religión no son recolectados por el censo, por ejemplo Estados Unidos o Francia), pero los resultados pueden variar ampliamente dependiendo de la manera en que las preguntas son formuladas, las definiciones de religión utilizadas y la parcialidad de las agencias u organizaciones que conducen la investigación. Las religiones informales o desorganizadas son especialmente difíciles de contabilizar.

No hay consenso entre los investigadores acerca de la mejor metodología para determinar el perfil religioso de la población mundial. Un número de aspectos fundamentales están sin resolver:

  • Si contabilizar las “culturas religiosas históricamente predominantes”.
  • Si contabilizar sólo aquellos que “practican” activamente una religión en particular.
  • Si contabilizar basándose en un concepto de “adhesión”.
  • Si contabilizar sólo a aquellos que se auto-identifican expresamente con una denominación particular.
  • Si contabilizar solo a los adultos o incluir también a los niños.
  • Si apoyarse solamente en estadísticas oficiales facilitadas por el gobierno.
  • Si utilizar múltiples fuentes y rangos o sólo las “mejores fuentes”.

 

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Cuando un hombre no valora a su novia

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 12, 2016

Si un hombre rechaza a su novia o no la respeta, es porque no la valora; y no la valora porque ella le dio la oportunidad de tratarla así, porque no se hizo valorar.

Es mucho más frecuente de lo que se piensa —y de lo que se querría— encontrar mujeres que piensan en la posibilidad de seguir la relación con un hombre que las desprecia, ofende o maltrata psicológicamente. Actuar así es darle razones para que las valore menos aún: los hombres valoramos sólo lo que nos cuesta, y lo valoramos más si nos cuesta más; y muchos aplican este mismo criterio en las mujeres: valoran mucho más a aquellas mujeres que más trabajo les cuesta conquistar y a las que más trabajo les cuesta mantener cerca de sí.

Por eso, para que un hombre la trata así la valore —y para que ella misma aprenda a valorarse—, es necesario que lo rechace durante mucho tiempo (meses): no contestarle mensajes ni llamadas, no recibirle visitas, evitar encuentros con él (si viene por la calle, preferir dar la vuelta a toda la manzana)…

Además, solo al rechazarlo así, podrá descubrir si todavía está verdaderamente interesado en ella, si le queda algo de aprecio por ella: si es capaz de perseverar buscándola todo ese tiempo a pesar de sus rechazos, es porque hay algo en su corazón que se puede rescatar y, lo que es mejor, al ver la seguridad y la entereza de esa mujer, tendrá un mejor y más elevado concepto suyo, por lo que será posible que se empiece a enamorar… Pero si no es capaz, si no insiste, es porque no la ama en absoluto, y esto la hará comprender que jamás llegaría a ser feliz con él, razón con la que podrá tomar la decisión de borrarlo de su mente y de su corazón, para que tenga la posibilidad de entender que puede seguir adelante sin él. Cuando una mujer comprende esto, es cuando comienza a tener autoestima; efectivamente, es cuando dice: “Yo no necesito a nadie para ser feliz; me basta con el amor que sé que Dios me tiene”.

Pero la principal finalidad de actuar de ese modo es ayudarlo a mejorar como ser humano, pues será entonces cuando él podrá darse cuenta de lo mal que se ha portado y quizá comience a valorar sólo lo que se debe valorar y a respetar a los demás seres humanos. Y ayudar a alguien así es un acto de caridad cristiana, es cumplir con la obra de misericordia que nos enseña la Iglesia: Corregir al que yerra. Por el contrario, si no actúa así, omitirá un acto de amor verdadero.

Los hombres que actúan así requieren que los ayuden a darse cuenta de que no saben amar, pero que pueden aprender. Por eso, las mujeres que están con ellos deben alejarse y, mientras tanto, deben orar mucho por ellos, para que el Señor los ayude a recapacitar y a entender el amor verdadero que se le debe a un ser humano.

Si hacen esto, ayudarán a Nuestro Señor a mejorar la vida de esos hombres equivocados, y recibirán una recompensa muy grande en el Cielo.

 

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La discusión sobre Amoris Laetitia

Posted by pablofranciscomaurino en noviembre 24, 2016

Exhortación Apostólica "Amoris laetitia"

Cada vez que leo o escucho nuevos giros de la discusión sobre esta exhortación, vuelvo a leerla, meditarla y analizarla, y encuentro que:

En ninguna parte del documento se dice que lo que está objetivamente mal pueda juzgarse como bueno; se recuerda la doctrina moral de siempre: que la inadvertencia parcial hace que el pecado no sea mortal (aunque sigue siendo grave). Y se aconseja que se apele a la misericordia, que ha faltado en tantos casos, en los que se calificó a priori e implícitamente a los adúlteros como pecadores mortales (única razón válida para no poder acceder a la comunión sacramental).

Además, hay que aclarar que en ninguna parte del documento se recomienda que se le dé la comunión a los adúlteros.

Y me pregunto por qué se hace tanta discusión sobre este tema si, desde el punto de vista práctico, los divorciados vueltos a casar pasan a comulgar sin que el párroco, el vicario o el sacerdote adscrito sepan si están o no en esa “situación irregular”.

Finalmente, recuerdo que lo que el Papa escribió en Amoris Laetitia es el resumen de lo que entre el Espíritu Santo y los Padres sinodales determinaron, no su opinión personal. Efectivamente, aunque este documento no debe considerarse ex catedra, sí debemos recordar que todo documento oficial de la Iglesia expedido por el Papa y los obispos unidos a él es parte del Magisterio oficial de la Iglesia y, por ende, puede considerarse inspirado.

Afirma san Pablo:

«Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán sobre sí mismos la condenación.» (RM 13, 1-2)

Téngase en cuenta que en esta cita el Apóstol se refiriere a las autoridades civiles; ¿cómo no obedecer, pues, a la Santa Madre Iglesia?

Además, debemos seguir el ejemplo de Jesús quien, como escribió san Juan Bosco, «vino para obedecer». (Epistolario, Turín, 1959, 202)

Pero más allá de todo lo dicho, pienso que es del Papa la responsabilidad de guiar a la Iglesia. Así, aunque muchos quieran hablar, discutir y opinar sobre el Papa, lo que dijo, lo que dicen los demás, etc., yo no tengo tiempo para eso: me dedicaré a cumplir con mi responsabilidad: orando, reparando, procurando por todos los medios mi propia santificación y evangelizando con el ejemplo, más que con la palabra.

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Hay 2 clases de católicos:

Posted by pablofranciscomaurino en noviembre 23, 2016

  • los que hablan, discuten y opinan (sobre el Papa, lo que dijo, lo que dicen los demás, etc.) y

  • los que trabajan por el Reino de Dios y su justicia: orando, reparando, procurando su propia santificación y evangelizando con el ejemplo.

¿A qué grupo perteneces?

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Sería muy bueno que leyeran esto quienes cuestionan al Papa:

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 2, 2016

San Gregorio Magno

.

“Bajo la capa de un falso celo por la perfección cristiana, se esconde a veces un refinado orgullo que todo lo critica, de todo se escandaliza, de todo se queja, y al fin se propasa hasta indisponer a los inferiores contra los superiores.”

San Gregorio Magno

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En qué consiste la humildad

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 28, 2016

Humildad 1

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¿La masturbación o las relaciones prematrimoniales son pecados?

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 6, 2016

Hay quienes dicen que hoy hay que ser más abiertos al tratar los temas de la masturbación y las relaciones prematrimoniales. Y al decir “más abiertos” quieren poner en duda que estén mal, afirman implícitamente que no tienen nada de malo.

La masturbación es pecado, porque se cambia el uso que Dios le dio a la sexualidad: la procreación. Buscar únicamente el placer, haciendo a un lado el uso natural de la sexualidad es herir la esencia misma del ser humano, que fue hecho para amar, entregar su vida para procurar la felicidad de otro o de otros; es volverlo sólo una máquina de placer, no un ser humano que piensa, que ama, que puede dominar sus instintos para vivir con un sentido, para lograr metas altas, sobre todo la del Cielo. ¿Cómo se sentirá Dios al ver que un hijo suyo se masturba, si fue creado para cosas más elevadas, más valiosas, más bellas, más grandes…? ¡Sufre! Y sufre mucho.

Lo mismo ocurre con las relaciones prematrimoniales, en las que las personas se entregan sin comprometerse totalmente a amarse (servir el uno al otro) con todo su ser, para conseguir juntos la felicidad; y esto es que es lo que Dios desea para sus hijos los seres humanos, que fueron creados a su imagen y semejanza: la de Dios-Amor. En vez de la entrega total (en todos los planos: biológico, psicológico y espiritual), que es lo propio del ser humano y que es lo que Dios quiere para ellos, terminan haciendo un acto animal: se usan el uno al otro, para producirse placer. Y usarse mutuamente es ofender el fuero interno del otro, es lo contrario al amor auténtico, porque usarse es convertir al otro en un medio. Y eso, otra vez, hace sufrir a Jesús. En cambio, la entrega comprometida, la entrega total que se hace en el matrimonio, sí es digna del ser humano: cada relación sexual dentro del matrimonio es una expresión de la donación total que hace el uno al otro: ya se lo han dado todo.

Después de leer esto, de ver cuánto sufre Dios cuando pecamos, ¿todavía se puede creer que para abordar este asunto “hay que ser más abiertos”? —Si se dice esto en el sentido de que hay que abrirse a la verdad, conocerla y actuar en consecuencia, podemos asegurar que sí.

 

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Críticas al Papa

Posted by pablofranciscomaurino en julio 3, 2016

Papa

Después de que Jesús fundó su Iglesia y nombró al primer Papa, el Espíritu Santo se ha encargado de elegir a los otros 266 papas y de impedir que se equivoquen, tal y como lo prometió Jesucristo. ¿Por qué pensar, pues, que ahora sí Dios abandonó a su Iglesia y permitió que apareciera un papa que enseña errores?

Cuando un erudito lee los documentos que el Papa Francisco ha escrito o lo escucha, verifica que no enseña nada contrario a la doctrina oficial de la Iglesia que Cristo fundó.  En este caso se aplica muy bien el adagio: “Todo texto sacado de su contexto sirve para cualquier pretexto”.

Pero si alguien no sabe mucho acerca del Magisterio de la Iglesia, le debe bastar la humildad de saber que es una simple criatura que no debería ponerse en la actitud de juzgar al Papa.

La soberbia de quienes sí se creen con el derecho de cuestionar al Espíritu Santo, debe llevarnos a orar mucho por su conversión. Pero no debemos exponernos a seguir escuchando cosas que nos pueden confundir: esa soberbia es más peligrosa que otros pecados: incita a muchos a creerse jueces del papa, de la jerarquía eclesiástica y hasta del mismo Dios, con las consecuencias que se pueden imaginar.

A propósito de los juicios, san Agustín afirma: “Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás.” (Sermón 19, 2)

Y san Juan de la Cruz explica que los cristianos avanzados están tan ocupados en demostrar su amor a Dios, que nunca se dan cuenta si los demás hacen o no hacen bien las cosas. (Cf. Noche, 1, 1-2)

De todos los pecados —aun los más graves— se puede salir si hay humildad; pero cuando falta esta virtud, hasta los más santos pueden caer.

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¿Opinar? ¿Obedecer?

Posted by pablofranciscomaurino en mayo 25, 2016

Sí; opinar es algo bueno: se generan ideas que enriquecen las posibilidades. Además, es un derecho: todos podemos expresar nuestras ideas. Hasta en muchos periódicos hay una sección que se llama Opinión.

Hubo una época en la que se hablaba de materias opinables y de temas que no admitían posibilidad de opinión. Se decía: “Usted puede opinar sobre política, economía, etc., pero no sobre moral, sobre lo que expresa el Magisterio de la Iglesia, sobre lo que dice el Papa.

Hoy ya no es así. Basta que el Papa escriba o diga algo, para que, lanza en ristre, le lluevan desde todos los ámbitos, no solo opiniones contrarias, sino críticas que ponen en tela de juicio la autoridad máxima de la Iglesia fundada por Jesucristo, y hasta censuras y reprobaciones que rayan en la ofensa y en la burla. Y, la mayoría de las veces tergiversando el mensaje.

Papa Juan Pablo IIPasó con Su Santidad Juan Pablo II. No bien dijo que el Cielo y el Infierno no eran lugares sino estados, cuando la mayoría de los medios de comunicación gritaban con ánimo exacerbado que “¡El Papa dijo que no existen ni el Cielo ni el Infierno!”, “¡Cambió la doctrina de la Iglesia!”. Otros se atrevían a más: “¡Por fin un cambio en la Iglesia!… Y no faltó quien aseverara que “la Iglesia se empezó a desboronar”…

Después de la exhortación apostólica Sacramentum Caritatis de Su Santidad Benedicto XVI, no ocurrió lo contrario: tanto desde fuera como Papa Benedicto XVIdesde adentro de la Iglesia, todos se creen con el derecho a opinar, cuando no de criticar y hasta de ridiculizar a la Cabeza visible de Cristo.

Y ahora, que Su Santidad Francisco firmó el documento postsinodal sobre la Familia, ocurre lo mismo…Papa Francisco

¿No radica la esencia de la salvación en la obediencia? «Y así como la desobediencia de uno solo hizo pecadores a muchos, así también por la obediencia de uno solo una multitud accede a la verdadera rectitud». (Rm 5, 19)

San Pablo también pone la obediencia como la esencia de la Redención. Este es el texto completo: «Tengan unos con otros las mismas disposiciones que estuvieron en Cristo Jesús: Él, siendo de condición divina, no se apegó a su igualdad con Dios, sino que se redujo a nada, tomando la condición de servidor, y se hizo semejante a los hombres. Y encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte en una cruz». (Flp 2, 5-8)

Además, en la obediencia está, nada menos, nuestra salvación: «Aunque era Hijo, aprendió en su pasión lo que es obedecer. Y ahora, llegado a su perfección, es fuente de salvación eterna para todos los que lo obedecen». (Hb 5, 8-19)

De Jesús hay una frase que podríamos llamar su biografía: «los obedeció». (Lc 2, 51)

¿A quién seguimos?, ¿no es a ese Jesús?

 

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¿Es pecado el aborto?

Posted by pablofranciscomaurino en abril 22, 2016

AbortoAl hablar sobre este tema debemos tener en cuenta que lo que importa es la verdad, y la verdad nos la reveló Dios: cada pecado ofende a Dios porque se ofende la dignidad (el valor) de sus hijos predilectos: los seres humanos. Por eso Dios sufre cuando el hombre peca, no porque Él se sienta ofendido como Dios, sino porque ve que sus hijos se hunden en la posibilidad de irse al infierno, donde no podrá darles su amor (que es la razón para la cual los creó y es lo que más desea: hacerlos inmensamente felices con su infinito amor). Sufre, además, porque hizo al hombre para que fuera libre, y él decidió hacerse esclavo de las cosas que lo denigran, que lo bajan de categoría, que disminuyen su valor como hijos de Dios: los pecados.

El aborto es un homicidio, un asesinato de un ser humano, hecho con alevosía (sin respetar el derecho que el niño tiene de vivir), premeditación (pensado, dándose cuenta de lo que se estaba por realizar), ventaja (el fuerte se aprovecha del débil, a la brava, con violencia) y, por último, es el asesinato de ¡un hijo!, no de un extraño. Por eso el aborto es uno de los pecados más graves que existen, es decir, hace sufrir mucho a Nuestro Señor.

La doctrina cristiana es, por una parte, la que está en el párrafo anterior, y nada la puede cambiar. Pero también incluye que Dios es infinitamente misericordioso y que sólo está esperando que la persona se arrepienta verdaderamente para perdonarlo; digámoslo así: cuando alguien comete el pecado del aborto (o cualquier otro pecado), Dios está ansioso, a la expectativa, deseando con todas sus fuerzas que la persona se arrepienta sinceramente de haber hecho sufrir a un Dios tan bueno y, cuando esa persona da el paso (se confiesa con un obispo o con un sacerdote que tiene la potestad de levantar la excomunión, en caso de haber realizado un aborto), ¡se pone feliz!, porque puede hacer lo que más le gusta: derramar su infinita misericordia, perdonar. Y cuando Él perdona, olvida que ocurrió: para Él ya no cuenta ese pecado. Por este acto, Dios da una nueva oportunidad para ir al Cielo: que la persona reinicie una nueva vida, una vida santa, por supuesto.

 

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Cómo ejercer la caridad

Posted by pablofranciscomaurino en abril 8, 2016

“Nosotros no fijamos nuestra atención en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las cosas visibles son pasajeras, pero las invisibles son eternas.” (2Co 4, 18)

Esta cita de la Palabra de Dios nos indica en qué quiere Él que nos concentremos, cuál quiere que sea nuestro interés principal en esta vida.

Además, cuando el Espíritu Santo inspiró a san Pablo a escribir esto, quiso resaltar para nosotros que, además de la Fe y la Caridad, la Esperanza es una de las 3 virtudes que distinguen al cristiano de los demás seres humanos, tal y como lo enseña la Iglesia Católica desde sus comienzos. Y quizá también lo haya hecho para resaltar esta virtud, previniendo así el error que sabía que iba a emerger en nuestros tiempos.

Efectivamente, hay hoy una gran cantidad de cristianos (católicos y protestantes) que han concentrado su atención casi solamente en el Amor, restándole importancia a las otras 2 virtudes teologales, especialmente a la Esperanza.

Y se concentran el Amor ejercido en el prójimo, pues hasta del amor a Dios se han olvidado casi por completo, dejándose impregnar por ese criterio equivocado que afirma que “Amar a Dios consiste únicamente en amar al prójimo”.

Recordemos que Jesús, cuando fue interrogado malintencionadamente por un fariseo sobre cuál es el mayor mandamiento de la Ley, le dijo:

“Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente.” (Mt 22, 37; Mc 12, 30)

Y añadió:

“Este es el mayor y el primer mandamiento.” (Mt 22, 38)

Y, para que quedara claro que este mandamiento es diferente del segundo, continuó:

“El segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Mt 22, 39; Mc 12, 31)

Son, pues, 2 mandamientos distintos.

Pero quien conoce a Dios descubre que Él ama sin medida a los seres humanos. Los ama tanto que parece un loco de amor, como explica santa Catalina de Siena:

1) sabiendo que le iban a fallar, que lo iban a ofender gravemente, los creó,

2) quiso compartir su ser: se hizo uno de ellos para salvarlos,

3) padeció indeciblemente y se dejó matar para pagar sus pecados y para abrirles de nuevo las puertas del Cielo y

4) se quiso quedar con ellos mientras estuvieran en la tierra y se hizo su comida espiritual;

Pero a eso le podemos añadir que,

5) sabiendo que todavía le seguirían fallando, inventó una última tabla de salvación para ellos: el Sacramento de la Reconciliación.

Todas esas locuras de amor las hizo porque lo único que quiere Dios es la felicidad de su criatura predilecta —el hombre— y la felicidad, para que sea auténtica, no debe acabar, debe ser eterna (una felicidad que algún día acabará no es verdadera).

Se puede afirmar que quien ama a alguien ama lo que ese alguien ama; y si Dios ama tanto al ser humano; y lo ama procurándole la eterna dicha.

Por todo esto, debemos deducir que la causa del amor al prójimo es el amor a Dios. Dicho de otra manera: la razón por la que debemos amar al prójimo es que amamos a Dios. O mejor: amar al prójimo es la consecuencia lógica de amar a Dios.

Es en este contexto en que debe interpretarse esta frase de san Juan, apóstol y evangelista:

“Si alguno dice: ‘Amo a Diosʼ y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve.” (1Jn 4, 20)

Esto quiere decir que es mentiroso quien dice amar a Dios y no ama lo que Dios ama: al ser humano, a su hermano.

Están equivocados, pues, quienes interpretan esta frase afirmando que la única manera de amar a Dios es amar al prójimo, pues amar a Dios sobre todas las cosas consiste en adorarlo, honrarlo, bendecirlo y glorificarlo, dándole el culto que merece; obedecerlo, comportándonos de acuerdo con la dignidad que tenemos como hijos suyos; y vivir agradecidos con Él. Además, lo amamos trabajando por sus intereses: 1) reparando la honra y gloria del Padre, manchadas por las muchas ofensas que recibe, 2) ayudando a Jesús a salvar el mayor número de personas posibles y 3) cooperando con el Espíritu Santo en la santificación de todos los bautizados.

Otra deducción lógica es que amar al prójimo consiste en procurarle la felicidad eterna; no una “felicidad” pasajera que, como vimos, no es felicidad. Pero esto parecen olvidarlo quienes solamente procuran su bienestar pasajero: olvidándose casi por completo de llevarlos a la bienaventuranza eterna, dirigen todos sus esfuerzos para propiciarles bienestar pasajero: alimentación, vestido, vivienda, educación, salud, trabajo digno, etc., objetivos todos que debemos procurar —según nuestras capacidades—  si somos cristianos auténticos y amamos verdaderamente a nuestros hermanos, pero que no son la principal finalidad: ¿De qué serviría conseguirles todo el bienestar posible aquí en la tierra y, acabar con las injusticias y las desigualdades que los oprimen, si no logramos que lleguen al Cielo? ¿Habrá alguien tan tonto que prefiera 40, 50 ó 70 años de bienestar, justicia y oportunidades equitativas, sabiendo que todo eso acabará un día, y no prefiera la eterna y creciente dicha para la que fue creado? Claro: lo ideal sería conseguir ambas cosas, pero debemos tener claras las prioridades.

“Porque la apariencia de este mundo pasa.” (1Co 7, 31)

La Biblia nos enseña, en el salmo 38, que “la vida del hombre sobre la tierra es un soplo”; dos versículos después dice, casi con cinismo: “Y el hombre se afana por un soplo.

Asimismo, el apóstol Santiago afirma: “Ustedes son vapor que aparece un momento y después desaparece.” (St 4, 15).

Efectivamente, este mundo es una apariencia; y, por eso, debemos vivir de una manera diferente a los que no creen:

“Os digo, pues, hermanos: El tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen. Los que lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no lo estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen.” (1Co 7, 29-30)

Porque sabemos que todo esto pasará. Es por eso que san Pablo —inspirado por el Espíritu Santo— nos dejó estos criterios:

“Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra.” (Col 3, 2)

“Buscad las cosas de arriba.” (Col 3,1b)

Es que somos ciudadanos del Cielo:

“Muchos […] no piensan más que en las cosas de la tierra. Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo.” (Flp 3, 18-20)

Ciudadanos del Cielo que viven, por ahora, desterrados:

“Y si llamáis Padre a quien, sin acepción de personas, juzga a cada cual según sus obras, conducíos con temor durante el tiempo de vuestro destierro.” (1Pe 1,17)

“Conducíos con temor durante el tiempo de vuestro destierro.” (1Pe 1,17)

Somos extranjeros y forasteros:

“Queridos, os exhorto a que, como extranjeros y forasteros, os abstengáis de los deseos carnales que combaten contra el alma.” (1pe 2, 11)

Desterrados, extranjeros y forasteros, vivimos absolutamente seguros de que, por su infinito Amor, Dios nos cuida, está pendiente de nuestras necesidades:

“No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis: porque la vida vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido; fijaos en los cuervos: ni siembran, ni cosechan; no tienen bodega ni granero, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves! Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un codo a la medida de su vida? Si, pues, no sois capaces ni de lo más pequeño, ¿por qué preocuparos de lo demás? Fijaos en los lirios, cómo ni hilan ni tejen. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al horno, Dios así la viste ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! Así pues, vosotros no andéis buscando qué comer ni qué beber, y no estéis inquietos. Por todas esas cosas se afanan los gentiles del mundo; y ya sabe vuestro Padre que tenéis la necesidad de eso. Buscad más bien su Reino, y esas cosas se os darán por añadidura.” (Lc 12, 22-31)

Esos gentiles del mundo son los no-cristianos, los que son del mundo. Nosotros, como se lo dijo Jesús al Padre, vivimos en el mundo, pero no pertenecemos al mundo:

“Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo.” (Jn 17, 16)

Y, como ya sabe nuestro Padre que necesidades tenemos, nos concentramos en buscar más bien su Reino, absolutamente seguros de que Él nos dará por añadidura lo que precisemos.

Mientras los gentiles se afanan por sus necesidades materiales y temporales, nosotros, después de procurar la salvación de nuestros prójimos —su necesidad primordial—, los ayudamos con las necesidades materiales y temporales cuanto podamos, pero lo hacemos no como la finalidad de nuestra vida cristiana, sino como una consecuencia del amor.

De otro modo, correríamos el riesgo de nuestros corazones se apegaran a las preocupaciones temporales, como bien lo explica la Palabra de Dios:

“Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones […] por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros.” (Lc 21, 34)

Que no nos pase lo de la fábula: que por estar buscando encorvados otra moneda de oro, quedemos encorvados para siempre, sin poder ver la luz del sol…, de Dios.

Por el amor que nos tiene, Dios nos advierte constantemente sobre este peligro, con una insistencia empecinada:

“Las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias los invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto.” (Mc 4, 19)

“Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.” (Mt 6, 24)

Es que Él sabe que caemos fácilmente:

“Quien siembra en su carne cosechará corrupción de la carne; quien siembra en el espíritu cosechará vida eterna del espíritu.” (Ga 6, 8)

“Os digo esto, hermanos: La carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios: ni la corrupción hereda la incorrupción.” (1Co 15, 50)

Es que las preocupaciones exageradas por las cosas materiales —aunque se hagan por  caridad—, nos pueden hacer descuidar lo único necesario. Eso les pasó a los primeros cristianos:

Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que nosotros descuidemos la Palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo. (Hch 6, 1-3)

¡Los Apóstoles prefirieron nombrar a los primeros diáconos, para que se dedicaran a servir en las cosas temporales (la comida, que preserva la vida), antes de correr el riesgo de descuidar la Predicación, que lleva a la Vida (con mayúscula) eterna!

Cuando caemos en las preocupaciones y en las ocupaciones por lo temporal, debemos recordar lo que Jesús le dijo a la hermana de Lázaro y de María:

“Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; una sola es necesaria.” (Lc 10, 41)

Fijémonos cuánto nos podemos equivocar: a pesar de que Jesús ya les había insistido muchas veces sobre la importancia de buscar sólo lo eterno —el Reino de Dios—, pues las necesidades temporales se nos darían por añadidura, los discípulos seguían entendiendo las palabras espirituales de Jesús como si fueran palabras sobre cosas temporales:

“Los discípulos, al pasar a la otra orilla, se habían olvidado de tomar panes. Jesús les dijo: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.» Ellos hablaban entre sí diciendo: «Es que no hemos traído panes.» Mas Jesús, dándose cuenta, dijo: «Hombres de poca fe, ¿por qué estáis hablando entre vosotros de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis, ni os acordáis de los cinco panes de los cinco mil hombres, y cuántos canastos recogisteis ¿Ni de los siete panes de los cuatro mil, y cuántas espuertas recogisteis? ¿Cómo no entendéis que no me refería a los panes? Guardaos, sí, de la levadura de los fariseos y saduceos.» Entonces comprendieron que no había querido decir que se guardasen de la levadura de los panes, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos.” (Mt 16, 5-12)

No sigamos siendo discípulos sordos para lo espiritual: Amemos a Dios sobre todas las cosas y, por amor a Él, amemos a nuestros prójimos, ayudándolos primero a conseguir lo único necesario: su salvación, la dicha eterna, que es el acto de caridad más grande que podemos hacerles. Y, en segundo lugar, ayudémoslos también en lo temporal, en lo pasajero, en lo efímero, en lo fugaz: en lo que es añadidura.

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‘Si tu hermano peca, repréndelo’

Posted by pablofranciscomaurino en enero 27, 2016

El amor verdadero consiste en trabajar con todas las fuerzas por la persona amada, para procurarle la felicidad. Lo único que queremos es que esa persona sea feliz: no solamente agradarla temporalmente, sino que consiga una felicidad duradera.

Por eso, no se puede llamar amor al hecho de que una mamá le conceda a su hijo pequeño todos sus caprichos. Por ejemplo: si el niño quiere solo carbohidratos (dulces, caramelos, helados, postres, chocolates, etc.), y eso es lo que le da, o si lo deja jugar todo el día, a pesar de que el niño no haya hecho las tareas escolares, simplemente para evitar un altercado con él.

En consecuencia, podemos afirmar que tanto quien busca no tener el mínimo roce con la persona que dice amar como el que únicamente procura evitarle lo que le incomoda, están faltando al amor. Porque siempre conviene corregir a la persona que se ama.

Es más: no corregirla es no amarla, puesto que la mayoría de las veces las personas no se dan cuenta de sus errores, si no hay alguien que se los muestre: si yo nunca recibo una advertencia de quienes dicen amarme, jamás me enteraré del mal que estoy haciendo y, por lo tanto, seré condenado el día del juicio, ya sea al purgatorio o al infierno, dependiendo de los pecados que haya cometido: veniales o mortales.

Por eso, cuando Dios nos juzgue, nos pedirá cuentas por no haber corregido a las personas que vivieron a nuestro alrededor.

En resumen: si yo no corrijo a quien digo que amo, por evitarle (o evitarme) un disgusto, en realidad no lo amo.

Antes de que viniera Jesús, el Espíritu Santo lo mandó dejar escrito en la Biblia:

Si no le hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta y viva, él, el malvado, morirá por su culpa, pero de su sangre te pediré cuentas a ti. Pero si tú adviertes al malvado y él no se aparta de su maldad y de su mala conducta, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu alma. (Ez 3, 18bc-19)

Y también en:

Si tú no le hablas para advertir al malvado que deje su conducta, él, el malvado, morirá por su culpa, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti. Si por el contrario adviertes al malvado que se convierta de su conducta, y él no se convierte, morirá él debido a su culpa, pero tu alma no será responsable de su muerte. (Ez 33, 8-9)

Por eso, en las enseñanzas de nuestra Santa Madre Iglesia esto está consignado en las obras de misericordia; efectivamente, la tercera obra de misericordia espiritual es: Corregir al que yerra.

Su mismo nombre lo dice: este es un acto de misericordia, un acto de amor; tanto que, si no lo realizamos, faltamos a la caridad, pecamos por omisión. Es por esto que en la oración del “Yo, pecador…”, confesamos: “he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión”.

Y ordena el Señor el modo de hacerlo: No aborrecerás a tu hermano en tu corazón, pero repréndelo abiertamente, para que no incurras en pecado sobre él. (Lv 19, 17)

Jesús nos lo dejó clarísimo en el Evangelio: Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. (Lc 17, 3)

El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra Reprender así: “Amonestar a alguien vituperándolo o desaprobando lo que ha dicho o hecho”.

Y de Vituperar dice: “censurar con dureza algo o a alguien”.

Esto quiere decir que estamos obligados por el amor a censurar con dureza a quienes se equivocan.

Pero san Pablo deja claro que, cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidlo con espíritu de mansedumbre (Ga 6, 1).

Por eso, la dureza que debemos poner en esa censura no debe estar en la razón por la que lo reprendemos (por amor) ni en la forma (con amor), sino en la actitud.

La experiencia nos ha enseñado que cuando corregimos solo con palabras casi nunca conseguimos nada: solemos decir que nuestra amonestación le entró por un oído y le salió por el otro. Por eso, quien quiere corregir, lo debe hacer con hechos, no con palabras.

Pero, ¿cuál hecho? ¿Cómo hacer?

La mejor forma de enseñar a alguien que está equivocado es la indiferencia: hacer silencio (no hablarle) y no demostrarle nada…, y seguir así varios días… Alejarse de la persona, para que sienta nuestro disgusto; alejarse afectivamente y, a veces, hasta físicamente.

Si un tiempo después nos pregunta qué nos pasa, debemos contestarle algo así:

«Eso que hiciste me duele, es verdad, pero más me preocupa el daño que te estás haciendo tú mismo: le has fallado a Dios, que te ama tanto…»

Y el amor nos hará esperar el tiempo que sea necesario para que se produzca la gracia que el Señor espera: que la persona pida perdón, comienzo de su conversión.

Obviamente, esto es imposible si no oramos por ellos, pues es el Señor el único que puede convertir a las personas; pero cuenta con nuestras oraciones para hacer su obra de conversión en ellos: hasta se puede decir que espera tanto nuestras oraciones como las reprensiones que les hagamos, para realizar su obra en ellos.

Los pecadores ordinariamente no salen de su situación sino cuando se ora por ellos y se ofrecen pequeños sacrificios por su conversión; pero esta gracia no suele llegar sino cuando ellos sienten rechazo por sus malas acciones.

Es así como lograremos que las personas que amamos alcancen a arrepentirse sinceramente de sus errores y a pedir perdón a quienes ofendieron, y mueran limpios.

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Nos llamaron fanáticos

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 30, 2015

Por algunas actitudes no cristianas, los abortistas nos creen fanáticos irracionales, como lo dejaron entrever en el Congreso.

Basta proponer la verdad —sin pretender imponerla— y confiar en Dios. Si confiamos en Dios, si oramos, si ofrecemos sacrificios por la causa y si hacemos con altura nuestra labor, Él dará el resultado positivo. Para Él todo es posible; por eso, no hay necesidad de que hagamos bulla, aplaudamos o gritemos, levantemos pancartas o les faltemos al respeto a los demás.

Por otra parte, Jesús, por ser Dios, es el único que puede llamar «sepulcros blanqueados» y con otros improperios a los demás. Su autoridad es la que le da ese derecho. Los demás, como criaturas que somos y —sobretodo— como pecadores, solo debemos amar.

Ser educados con los detractores no significa congraciarse con ellos.

Es verdad que no debemos transigir con el error, debemos combatirlo; pero eso es enteramente distinto a combatir a las personas: no debemos hacerlo simplemente porque somos seres humanos; y porque somos cristianos católicos debemos amarlas.

“Pónganse, pues, el vestido que conviene a los elegidos de Dios, sus santos muy queridos: la compasión tierna, la bondad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia. Sopórtense y perdónense unos a otros si uno tiene motivo de queja contra otro. Como el Señor los perdonó, a su vez hagan ustedes lo mismo.” (Col 3, 12-14)

«En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros.» (Jn 13, 35).

No reside la esencia del cristiano en la fuerza que utilicemos para defender la vida, no en los argumentos; mucho menos en la agresión… Jesús fue claro: «En que se amen los unos a los otros».

En el amor a los enemigos está la esencia de la eficacia apostólica.

 

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A todas las mujeres*

Posted by pablofranciscomaurino en junio 24, 2015

POR FAVOR Y POR AMOR, TENGA DISTANCIA CON EL SACERDOTE.

Señorita, señora:
Cuando usted, en un arranque de emotividad, siente el impulso de lanzarse al cuello del cura párroco y cogerlo a besos, o siente ganas de expresarle su amor y gratitud, por favor, piénselo bien, evite la abrazadera, evite la tocadera; eso, definitivamente, no es sano ni conveniente.

No es tan solo porque hay que guardar la distancia, compostura y las apariencias, sino porque usted está ante un ministro del Señor, y con su actitud puede convertirse en una tentación y la cáscara en el camino del presbítero.

Un sacerdote merece reverencia y respeto, por amor; también un poco de distancia.

Tanto usted como él son humanos, y pueden hacerse daño con éstas y otras emotivas manifestaciones afectivas.

La distancia entre el sacerdote y el laico (en este caso, la laica), así el sea su confesor o usted sea su hija espiritual, es necesaria.
Por otra parte, ni el padre deja de ser hombre ni usted mujer, así el interés primero sea tan sólo el de acercar el alma hacia Dios.

No lo llame por su apodo, tampoco le diga Carlitos a secas, él para usted, como para cualquier otro se llama el padre Carlos, padre Juan o padre Andrés.
No viva llamándolo como si fuera su amigo íntimo, no lo acose, déjelo crecer en su unidad con Dios, y no divida su corazón.

Queremos sacerdotes santos, pero también nosotros tenemos que actuar con santidad ante ellos.
Queremos sacerdotes célibes, ¿cierto?
Entonces, no los tentemos ni les hagamos daño con esas actitudes que van quebrantando su voluntad y poniendo en riesgo su vida consagrada.

Por último, por favor, ¡use ropa decente!
No es necesario que se arregle y se maquille así para la Santa Misa, no es necesario el uso de esos escotes pronunciados, ni ese colorete rojo encendido.

No ande sonriéndole al padre, mientras él da el sermón, ni le demuestre a las demás feligresas que usted ocupa un lugar de predilección en su corazón.

Un cura, para ser amigo de nuestra alma, tendrá que guardar un poco de distancia con nosotros, así lo queramos con todo el corazón y el nos aprecie de la misma manera.

¡A cuidar a nuestros sacerdotes!
No son tan solo las hienas de los medios de comunicación las que los despellejan; a veces, sin querer, son sus mismos feligreses.

Dios las bendiga.
Felipe Gómez

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Dios reprende a los que ama; ¿y tú?

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 4, 2015

El sufrimiento ha de ser considerado como una prueba pasajera, como una corrección medicinal que Dios procura a sus hijos buscando su bien. Nosotros, imágenes suyas, también en esto debemos imitar a nuestro Padre al procurar el bien de nuestros hermanos. Así lo enseña San Agustín:

 

«Para que no se moleste el hijo pecador de ser corregido con azotes, también Él, el Hijo único sin pecado, quiso ser azotado. Por tanto aplica tú el correctivo, pero evitando la ira del corazón. El Señor mismo, refiriéndose a aquel deudor al que exigió de nuevo toda la deuda por haber sido despiadado con su consiervo, dice así: “del mismo modo obrará vuestro Padre celestial con vosotros, si cada uno no perdona de corazón a su hermano” (Mt. 18,35)

«Por tanto, […] sin perder la caridad, practica tú una saludable severidad. Ama y castiga, ama y azota. A veces acaricias, y actuando así te muestras cruel. ¿Cómo es que acaricias y te muestras cruel? Porque no recriminas los pecados, y esos pecados han de dar muerte a aquel a quien amas perversamente, perdonándole. Pon atención al efecto de tu palabra, a veces áspera, a veces dura y que ha de herir. El pecado desola el corazón, destroza el interior, sofoca el alma y la hace perecer. Apiádate, pues, y castiga» (Sermón 114, A, 5).

 

http://www.gratisdate.org/fr-textos.htm

 

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Una pregunta

Posted by pablofranciscomaurino en enero 16, 2015

A las nuevas generaciones les hemos mostrado a un Jesús que sólo suscita indiferencia.

Dios quiere que nos identifiquemos de tal manera con Cristo, que provoquemos de nuevo la persecución y el martirio, semillero de cristianos auténticos.

¿Te animas?

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La ciencia al servicio de la Fe

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 5, 2014

«La fe no perjudica ni se opone a la civilización ni al progreso, antes al contrario, cuanto más arraigada está en los hombres y en los pueblos, más se acrecienta en ellos la ciencia y el saber, porque Dios es la sabiduría infinita.» Este trozo del libro Un llamamiento al amor, ayuda a comprender un aspecto que puede olvidarse con facilidad: el Creador del universo es el mismo Creador del ser humano y es, en consecuencia, quien más sabe de nosotros mismos.

Por eso, conviene que los médicos, además de estudiar mucho y seguir los criterios de la ética profesional, se dejen conducir por Dios, quien es la infinita sabiduría. Y eso es fácil: se trata, simplemente, de poner la profesión al servicio de la vida, de la salud y del bienestar biológico y psicológico de los individuos.

Los médicos que hacen lo correcto, lo hacen por amor y oran por sus pacientes siempre tienen la asistencia del Espíritu Santo, de la Sabiduría increada. Son mejores médicos y mejores seres humanos.

Hacer lo contrario es poner los conocimientos científicos al servicio de la muerte, como cuando se realizan abortos o se eliminan seres humanos viejos, porque están enfermos y su enfermedad no tiene cura.

Y esto es luchar contra Dios, contra sus leyes: decidir por Él la muerte o la vida es usurpar su derecho inalienable: fue Él quien dio la vida y, por ello, es Él el único que puede quitarla.

Luchar contra Dios es, además, un acto estúpido: ¿quién podrá ganarle? Tarde o temprano llegará el juicio final, y entonces ya no le valdrán las disculpas al médico: «Es que yo quería solucionarle el problema a esa niña embarazada… »; «Sus padres la matarían si no abortaba»; «No tenía la plata para mantener a su hijo»; «Ella no quería tener ese hijo»; «Habría sido un hijo no deseado», o: «Se trataba de un caso que ya no tenía cura…»; «Sus familiares me autorizaron a hacer la eutanasia»…

Allá, en el juicio, solo se oirá la verdad: «¡Homicidio!»; y se emitirá la sentencia.

Pero, siempre que quede un poco de vida, hay la posibilidad de recapacitar, rectificar y cambiar; el médico que se ha equivocado puede, además, pedir perdón a Dios, y recibirá, no solo ese perdón, sino la gracia para poner su ciencia al servicio del bien.

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