Hacia la unión con Dios

Archive for the ‘Oraciones’ Category

Oración del predicador para obtener la verdadera caridad*

Posted by pablofranciscomaurino en abril 11, 2017

Señor, de verdad busco la auténtica felicidad de las personas que me escuchan y, por eso, quiero inducirlos al cumplimiento de sus obligaciones: haz que nunca olvide que debo ser como Tú: misericordioso con ellos.

Me es más fácil exaltar lo malo de quienes me escuchan que lo bueno y generalizar diciendo que todos yerran; para mi impaciencia y soberbia, resulta más cómodo enfrentar a las personas con sus pecados y errores que llevarlos con amor a que mejoren: haz que sin perder la firmeza en la verdad, hable con caridad, con suavidad.

Que imite la caridad que usaba san Pablo con los neófitos, caridad que con frecuencia lo llevaba a derramar lágrimas y a suplicar, cuando los encontraba poco dóciles y rebeldes a su amor.

Que nadie pueda pensar que me dejo llevar por los arranques de mi espíritu. Me es difícil conservar la debida moderación, necesaria para que en nadie pueda surgir la duda de que obro sólo para hacer prevalecer mi criterio o desahogar mi mal humor.

Concédeme mirar con bondad a todos. Que me ponga a su servicio, a imitación de tu Hijo Jesús, el cual vino para obedecer y no para mandar. Que me avergüence de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio; que si algún dominio ejerzo sobre ellos, ha de ser para servirlos mejor.

Que imite a Jesús en su modo de obrar con los apóstoles, que era paciente con ellos, a pesar de que eran ignorantes y rudos, e incluso poco fieles; también con los pecadores se comportaba con benignidad y con una amigable familiaridad, de tal modo que era motivo de admiración para unos, de escándalo para otros, pero también ocasión de que muchos concibieran la esperanza de alcanzar el perdón de Dios. Por esto nos mandó que fuésemos mansos y humildes de corazón.

Que cuando corrija una conducta errónea deponga todo juicio y condena, que hable dominándolos de tal manera como si los hubiera extinguido totalmente.

Que mantenga sereno mi espíritu, que evite las palabras hirientes y los gestos amenazadores con las manos.

Que tenga comprensión en el presente y esperanza en el futuro, como conviene a un predicador de verdad, que se preocupa sinceramente de la corrección y enmienda de sus hermanos.

En los casos más graves, que te ruegue a Ti con humildad, en vez de arrojar un torrente de palabras, ya que éstas ofenden a los que las escuchan, sin que sirvan de provecho alguno a los culpables.

Te pido todo esto, Padre mío, en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, y por la intercesión de María Auxiliadora y de san Juan Bosco, amén.

______________

*Adaptada de una carta de san Juan Bosco

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Por un guerrillero

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 3, 2017

Una idea que puede hacer que la paz llegue a Colombia: que cada católico se comprometa a lograr la conversión de un guerrillero.

Se puede «adoptar» espiritualmente a ese guerrillero, ofreciendo nuestras oraciones, trabajos y sacrificios por él, con constancia y con la confianza de que seremos escuchados por nuestro Señor, quien dijo que «si en la tierra dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir alguna cosa, mi Padre Celestial se lo concederá. Pues donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos.» (Mt 18, 19-20).

Ya que la mayoría de los colombianos son católicos, muchos estarían trabajando por la conversión de un mismo guerrillero.

La asistencia a la Eucaristía, las oraciones que hagamos, las penas que tengamos que soportar, el trabajo de cada día y todo lo que hagamos, puede ser ofrecido a Dios en el Nombre de su Hijo Jesucristo por esa intención. Y como Él lo prometió, nos concederá la conversión de todos los guerrilleros.

Además, las oraciones a la Santísima Virgen María, a los ángeles y a los santos, para que intercedan por cada militante de la guerrilla, reforzarán nuestra petición al Padre.

Con nuestra perseverancia y una confianza total en Dios —porque Él todo lo puede y nos ama tanto que nada nos negará— lograremos que el Señor acabe con este mal que nos afecta cada vez más de cerca.

Y, después de convertir a los guerrilleros, seguiremos con los paramilitares, los narcotraficantes, los corruptos…; hasta que Colombia logre tener paz, para la gloria de Dios.

Él está con nosotros. ¡No podemos perder!

 

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Elevación a la Santísima Trinidad*

Posted by pablofranciscomaurino en noviembre 9, 2016

isabel-de-la-trinidad¡Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme totalmente de mí para establecerme en Ti, inmóvil y tranquila, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, ¡oh mi Inmutable!, sino que cada minuto me sumerja más íntimamente en la profundidad de tu Misterio.
Pacifica mi alma; haz de ella tu cielo, tu morada predilecta, el lugar de tu descanso. Que nunca te deje allí solo, sino que permanezca totalmente contigo, vigilante en mi fe, en completa adoración y en  entrega absoluta a tu acción creadora.

¡Oh, mi Cristo amado, crucificado por amor!, quisiera ser una esposa para tu Corazón; quisiera cubrirte de gloria; quisiera amarte… hasta morir de amor. Pero reconozco mi impotencia. Por eso te pido «ser revestida de Ti mismo»; identificar mi alma con todos los sentimientos de tu alma, sumergirme en Ti, ser invadida por Ti, ser sustituida por Ti, a fin de que mi vida sea solamente una irradiación de tu Vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.

¡Oh, Verbo eterno, Palabra de mi Dios!, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero hacerme dócil a tus enseñanzas, para aprenderlo todo de Ti. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las impotencias, quiero mantener mi mirada fija en Ti y permanecer bajo tu luz infinita. ¡Oh, mi Astro querido!, fascíname de tal modo que ya no pueda salir de tu irradiación divina.

¡Oh, Fuego abrasador, Espíritu de Amor, ven a mí para que se realice en mi alma se como una encarnación del Verbo. Quiero ser para Él una humanidad suplementaria donde renueve todo su Misterio.

Y Tú, oh Padre, protege a tu pobre criatura, «cúbrela con tu sombra», contempla solamente en ella al amado en quien has puesto todas tus complacencias.

¡Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo!, me entrego a Vos como víctima. Sumergíos en mí para que yo me sumerja en Vos, hasta que vaya a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.

Sor Isabel de la Trinidad

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Oración a Jesús

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 23, 2016

Jesús

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¿Meditación o contemplación?

Posted by pablofranciscomaurino en junio 18, 2016

En el Catecismo de la Iglesia Católica están descritas y definidas la oración de meditación y la oración de contemplación.

Aunque ambas son útiles para la ascética cristiana, es más asequible y más fácil la oración de contemplación que la meditación: un iletrado, por ejemplo, puede llegar más rápidamente a la primera que a la segunda, como se pasa a considerar.

Para realizar la meditación, algunos expertos recomiendan la siguiente secuencia:

Primero, leer despacio y con atención una frase de las que aparecen en un libro de oraciones o de lecturas espirituales, cerrar el libro, y realizar una meditación profunda del tema. En este momento pueden llegar a la memoria los escritos anteriormente consultados, las homilías y conferencias escuchadas y/o las confidencias hechas con almas más experimentadas…

Segundo, comentarla con Nuestro Señor; aunque a veces resultará útil hacerlo con la Santísima Virgen, algún santo en especial o, incluso, con el ángel custodio.

Tercero, preguntarse cómo se está viviendo en el aspecto particular de que trata ese texto, qué hay que corregir y en qué se puede mejorar.

Cuarto, sacar un propósito concreto.

Y quinto, pedir la ayuda necesaria para mejorar en lo que se ha meditado.

Es muy edificante para un alma este tipo de oración. Además, es probable que de la meditación pura se llegue con alguna facilidad a la oración de contemplación.

Esta última puede iniciarse, por ejemplo, en el momento en el que el alma se pone en la presencia de Dios:

De este lugar y tiempo en que nos encontramos, podemos pasar al estado en que se encuentra Dios, a la eternidad: no hay tiempo (no existe el “antes” ni el “después”, sólo el “ahora”), no hay espacio (no subsiste el “aquí” ni el “allá”).

Con los ojos cerrados a las realidades terrenas, en ese estado que llamamos eternidad, podemos encontrar a Dios: la perfección absoluta, la finalidad de toda criatura, la fuente de todo ser (“soy el que soy”), el Creador de todo lo visible y lo invisible, en toda su majestad… allí, frente a nosotros. Él y yo… ¡qué diferencia abismal!

De pronto el alma se queda sin habla:

Quería darle las gracias…, pero Él es la fuente de todas las gracias.

Quería bendecirlo por lo que nos ha dado y por lo que ha hecho de nosotros, sus pequeñas criaturas, pero Él es el único que puede dar una bendición…

Quería decirle que soy todo suyo, pero me encuentro con el dueño de todo… ¡con quien me hizo de la nada!

Quería agradarlo…, pero me mira con esos ojos tan amorosos, ¡infinitamente amorosos! ¡Y soy yo quien se siente tan agradado…!

Quería darle, pero me llena de Él, me sacia, y al mismo tiempo me hace sentir vacío sin Él…

O, por el contrario, me acerca a su Cruz… O me lleva a Getsemaní para que contemple (¡contemplación!) su intenso sufrimiento que le hace reventar sus vasos sanguíneos y derramar gotas de sangre… O me llena de su dolor por las almas…

Otras veces el alma experimenta la visión del mundo hecho por Él para los seres humanos: minerales, plantas, animales; aire para respirar, agua para subsistir, alimentos; un cuerpo que se defiende de las infecciones… ¡Todo para el ser humano! Es, sin lugar a dudas, el rey de la creación… ¡Cuánto amor!

Pero hay más: le dio la capacidad de amar y la promesa de la eterna felicidad junto a Él, único que puede saciar las ansias de sus criaturas…

Y, entonces, el alma puede moverse a pensar que en el universo, en la creación entera, es una simple y pequeña criaturita; y que por eso debe hacerse el propósito de vivir para adorar, glorificar y servir con toda humildad y sencillez al Dios todopoderoso que le dio la vida y todas esas cosas que hicieron de él el rey de la creación…

En fin, son muchos los caminos que puede recorrer un alma humilde en la tierra de la contemplación, pero siempre será llevado hacia Dios, propósito de toda oración.

 

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Jaculatoria a María

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 20, 2016

Madre mía: haz que tu Hijo conquiste el corazón de cuantos llama a consagrarse a su servicio: que se enamoren tan apasionadamente de su amorosísima Persona, que vivan dichosos dando la vida por Él.

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Fórmula para la oración mental

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 15, 2015

 

FÓRMULA PARA INICIAR LA ORACIÓN

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Madre mía inmaculada, san José y todos los santos, intercedan por mí. Arcángel san Miguel, ángel de mi guarda y todos los ángeles, intercedan por mí.

 

Señor mío, Dios mío y Padre mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes, te adoro con profunda reverencia, te pido perdón por mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración.

 

 

 

FÓRMULA PARA FINALIZAR LA ORACIÓN

 

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en este rato de oración; te pido ayuda para ponerlos por obra.

 

Madre mía inmaculada, san José y todos los santos, intercedan por mí. Arcángel san Miguel, ángel de mi guarda y todos los ángeles, intercedan por mí.

 

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Oración de entrega amorosa al Señor

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 31, 2015

Padre eterno: haz que haga todo FUSIONADO por el Espíritu Santo a Jesús, e inmolado con Él en la Eucaristía, como la Virgen Dolorosa: con profundísima humildad, absoluta confianza e intensa intimidad de amor y de dolor; que te sirva con mis trabajos, penas y oraciones, en penitencia constante, alabanza continua y docilidad total; y que sea para los demás una fuente de tu amor, de tu alegría y de tu paz. Amén.

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Tres ofrecimientos

Posted by pablofranciscomaurino en junio 10, 2015

Ofrecimiento

 

“Dios mío y mi todo, he comprendido vuestra misteriosa operación obrada en mi alma, he oído vuestra invitación amorosa; aquí estoy. Me ofrezco a Vos para que me convirtáis en vuestra víctima en el significado más completo de la palabra. Os entrego mi cuerpo, mi alma, mi corazón, todo cuanto poseo, para que Vos lo inmoléis según vuestros deseos.

Os ofrezco mi vida; tomadla, ¡oh Dios mío! El amor no exige condiciones, ni reservas. ¡Yo no os pongo ninguna, mi tierno Padre! Me ofrezco y os suplico que me aceptéis. No consultéis ni mis gustos, ni mis repugnancias; satisfaced vuestro amor, esto me basta.

Cuando considero mis debilidades, ¡oh! Dios mío, temo muchísimo; más cuando me dirijo a Vos, me siento fortificada e irresistiblemente atraída hacia la más completa inmolación.

Desconfío de mí, ¡oh! mi Dios, mas confío en Vos.

¡Oh María, mi buena y tierna Madre!, ten piedad de tu hija; ella teme, tiembla… y no obstante sus temores, desea con su amor glorificar y consolar a su Dios.

Ofréceme, os ruego a la santísima, adorabilísima, gloriosísima Trinidad. Quisiera poseer la pureza de tu Corazón, a fin de ser más digna del Dios a quien me ofrezco.

¡Oh! María, alcánzame la gracia de disminuir cada día el número de mis culpas, de alcanzar el grado de perfección que ha fijado para mí la Santísima Trinidad, el de vivir tan solo del puro amor, y finalmente la gracia de la perseverancia final.

Ángeles de paraíso, santos y santas del cielo, vosotros, en especial mis santos patrones y patronas, decid a vuestro Rey amantísimo: ¡He aquí la víctima que has elegido; ella se entrega eternamente a tu amor!”

Severina de Maistre, carmelita

 

 

“Señor Jesús, me uno a vuestro perpetuo, incesante, universal sacrificio. Me ofrezco a Vos todos los días de mi vida y cada instante del día, conforme a vuestra santa y adorable Voluntad. Habéis sido la víctima de mi salvación; quiero ser la víctima de vuestro amor.

Aceptad mi deseo, mi ofrecimiento, acoged mi plegaria. Que yo muera de amor por Vos, y que el último latido de mi corazón sea un acto del más per­fecto amor.”

Te­resa Couderc, fundadora de la Sociedad de Nuestra del Cenáculo

 

 

“¡Hostia por hostia!

Como Él se ha abandonado y entregado a nos­otros.

Abandonarse y entregarse.

Entregarse recíprocamente.

Entregarse como Él se entregó en todo momento.

Entregarse como se nos entrega el Pan.

Aniquilado, convertido en Él.

Entregarse como la Hostia al sacerdote, quebra­da, como Cristo se ha entregado en cada fragmento de la Hostia, todo entero.

Entregarse para que de nuestra muerte nazca la vida de otros; para que más que con palabras, nuestra vida los atraiga hacia Aquel que es su manantial.”

María Pérignon, afiliada a la Ado­ración Reparadora

 

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Oración para obtener la confianza

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 2, 2014

Señor, me da vergüenza admitir que me falta confiar más en ti; no he logrado abandonarme completamente en ti, a pesar de las evidentísimas muestras de tu amor por mí.

Sé que me creaste por amor, y por amor te redujiste al estado de criatura, para compartir mi vida mortal y redimirme, dándolo todo en tu dolorosísima Pasión y agonizar y morir en un abandono total, tanto de los hombres como de tu mismo Padre… Pero quizás no he meditado suficientemente esa prueba de amor…

Sé que constantemente velas por lo único que importa: mi salvación y mi santificación, propiciando en mi vida las circunstancias favorables para que enderece el camino cuando me desvío y para que persevere cuando lo estoy siguiendo acertadamente. Pero a veces no entiendo esos planes tuyos: sólo percibo lo que en mi ignorancia me atrevo a deducir: que me has abandonado. No me doy cuenta de que todo —absolutamente todo— lo planeas para mi bien, para mi verdadero bien; pues de ti solamente puede salir el bien, ya que eres el Amor en esencia y me amas infinitamente. No descubro que hasta en las situaciones que parecen más adversas está tu mano providente, tratando de ayudarme a que encuentre la verdadera felicidad. Soy tan torpe espiritualmente, que uso mis propios criterios para evaluar lo que pasa; y mis criterios son humanos, no divinos; son racionales, no espirituales; tienen una mirada temporal, no eterna. ¡Qué arrogancia la mía!: le creo más a mis juicios que a los tuyos, ¡que eres la sabiduría encarnada!…

¿Cuándo creeré de verdad que me amas? ¿Cuándo tendré la suficiente humildad para no cuestionar tus sapientísimos y amorosísimos planes? ¿Cuándo dejaré atrás los miedos y las preocupaciones, para abandonarme en tu amor infinito? ¿Cuándo?…

La confianza es —lo sé también— inversamente proporcional a la soberbia: cuanta más soberbia tengo, tanto más disminuye mi confianza en ti; esto significa que me falta mucha humildad. Dicho de otra manera: si, para solucionar los problemas, confío en mí (en mis capacidades, en mis talentos, en mi inteligencia…), no podré confiar en ti. Hace falta, pues, que disminuya la confianza que me tengo y así podré confiar más en ti. Además, debo recordar que es tonto —por decir lo menos— confiar en una criatura como yo, en vez de confiar en Dios: Él es todopoderoso y yo, impotente; Él es omnisciente, yo ignorante; Él todo lo tiene y yo soy un indigente.

Pero también en esto me siento incapaz: ¿Cómo conseguiré esa humildad de saber que sin ti nada tengo, nada sé y nada puedo? ¿Cuándo me daré cuenta de que sin ti nada soy?, ¿de qué Tú eres y, en cambio, yo tengo el ser prestado, porque Tú me lo has dado? ¿Cómo recordaré siempre que Tú eres el TODO y yo la nada, una nada pecadora?

Pues, ya que ni siquiera esto puedo, te lo pido, Señor: dame Tú la humildad más profunda y una confianza absoluta en el gigantesco amor que me tienes. Sé que me puedes escuchar más cuando soy humilde; por eso vengo a ti, abatido por la conciencia de mi nada…; o, mejor: de que soy peor que la nada, porque la nada no peca y yo sí, a pedirte lo que no puedo: que me hagas el ser más humilde de toda la tierra y el hijo que más confía en tu amorosa providencia.

Te lo pido por la intercesión de tu santísima Madre, la Virgen María —mi Madre también—, que fue la más humilde de todas las criaturas y la que más confió en tus amorosos designios, aun cuando notaba que las cosas no salían bien, según los criterios mundanos: la pobreza que tuvo que soportar, el tener que ver nacer a su Hijo santísimo en un establo, el huir a otro país con su esposo y su Hijo recién nacido, el perderlo durante 3 días y luego escuchar su sorprendente respuesta, el escuchar cómo lo odiaban los judíos y, finalmente, el verlo —humillado, despreciado, destrozado y abandonado por todos— morir con la muerte destinada a esclavos… Ella me escuchará y abogará por mí. Y sé que Tú nunca dejas de escucharla…

Además, como Ella es la Reina de todos los ángeles y de todos los santos, sé que les pedirá a todos ellos —sus súbditos— que la acompañen en esa petición. Escúchalos, por favor, Señor.

Si lo que más te gusta que se luzca es tu misericordia, sé que escucharás mi súplica y me darás lo que te pido, pues soy la criatura más miserable (la más necesitada de tu infinita misericordia), y no querrás desaprovechar esta oportunidad para mostrar tu bondad y llenarte de gloria.

Asimismo, sé que lo que te pido es lo que Tú más quieres: que sea santo, y bien sabemos que no hay santidad sin humildad; por eso, sé que no dejarás de dármela.

Finalmente, te lo pido, como nos lo dijiste en el Evangelio y como lo hizo san Pedro con aquel paralítico, en tu Nombre:

«Jesús Nazareno, que en tu Nombre yo, el más pequeñito de tus hijos, eche a andar por los caminos de la humildad, de la confianza y del amor.»

Amén.

 

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Oración para los momentos difíciles

Posted by pablofranciscomaurino en julio 25, 2014

 

Señor, sé que eres un abismo de infinita bondad, misericordia y amor; sé que me creaste solo por amor y para ser feliz, que me amas con un amor tan grande que me es imposible ni siquiera imaginar, que diste tu vida por mí…

Sé que estás de continuo junto a mí, cuidándome, facilitando todo para mi bien, aun lo que a mí me parece negativo…

Sé también que eres un abismo de infinito poder: para ti no existen cosas imposibles; sé que si me permites algo o mucho sufrimiento, es para mi bien; sé que, aunque no lo comprenda, lo malo que me suceda lo has permitido por tu infinita misericordia: nada escapa a tu sabiduría…

Sé que eres un abismo de infinita sabiduría; tú sabes más; tú sabes mejor que yo lo que me conviene para encontrar la felicidad eterna en el Cielo, que es lo único que verdaderamente importa.

 

Es esta esperanza la que me tiene que hacer vivir alegre, lleno de gozo, pues me tienes preparada una dicha sin fin; para eso me creaste.

Sé que esa felicidad llenará absolutamente todos los anhelos de mi corazón: tu infinita belleza, tu infinita bondad y tu infinita sabiduría colmarán mi ser de todo lo que deseé siempre…

Todo lo espero de ti, confío total y exclusivamente en ti: confío en la inmensidad de tu bondad, poder y sabiduría. Te pido que nada me haga temer: que frente a los enemigos más poderosos, frente a los más grandes males, frente a los infortunios más graves, esté seguro de ti, confíe totalmente en ti. Que cuanto mayor sea el apremio, cuanto mayor sea el peligro, tanto más espere todo de ti; y que si no viera tu mano providente, más y más confíe en ti, me aferre a la seguridad de que tu amor por mí es infinito, incalculable…

 

Señor, te amo con un amor diminuto junto al tuyo, pero con todo lo que puede amar esta criatura pequeña, pobre y pecadora.

Inflámame en tu amor para que me confunda contigo, que eres el Amor mismo: purifica mi miseria y quema todas mis impurezas con ese Amor ardiente, para que ya no tenga apegos por las criaturas y te ame exclusivamente a ti, el Creador; que no tenga apetitos desordenados por cosas, personas, ideas, ni por mí mismo… Así te amaré como tú mereces ser amado y viviré buscando únicamente tu Reino de Amor, de paz y de alegría, despreocupado de todo lo demás…

Señor, creo en ti, pero aumenta mi Fe.

Señor, lo espero todo de ti, pero aumenta mi Esperanza.

Señor, te amo, pero aumenta mi Caridad.

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Oración para pedir la pureza*

Posted by pablofranciscomaurino en enero 10, 2014

Señor mío y Dios mío,

quítame todo lo que me aleja de ti.

Señor mío y Dios mío,

dame todo lo que me acerca a ti.

Señor mío y Dios mío,

despójame de mí mismo para darme todo a ti.

San Nicolás de Flüe

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Oración al Sagrado Corazón de Jesús*

Posted by pablofranciscomaurino en junio 7, 2013

Señor, que dijiste: «Buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá, pedid y recibiréis», por la intercesión de su Santísima Madre, yo busco, llamo y pido esta gracia.

Señor, que dijiste: «Todo lo que pidiereis a mi Padre en mi nombre, se os concederá», por la intercesión de tu Santísima Madre, humilde y urgentemente pido al Padre, en tu Nombre, que mi petición sea concedida.

Señor, que dijiste: «Los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán», por la intercesión de tu Santísima Madre, me siento confiado que mi petición será concedida.

Padrenuestro, avemaría y gloria.

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Tanto que agradecerte, Señor*

Posted by pablofranciscomaurino en julio 27, 2012

Es maravilloso, Señor,

tener los brazos abiertos, cuando hay tantos mutilados.

Mis ojos ven, cuando hay tantos sin luz.

Mi voz canta, cuando hay tantos que enmudecen.

Mis manos trabajan, cuando hay tantos que mendigan.

Es maravilloso volver a casa,

cuando hay tantos que no tienen adónde ir.

Es maravilloso amar, vivir, sonreír y soñar,

cuando hay tantos que lloran,

tantos que odian y se revuelven en pesadillas,

y tantos que mueren antes de nacer.

Es maravilloso tener un Dios en quien creer,

cuando hay tantos que no tienen consuelo

ni tampoco tienen Fe.

Es maravilloso, Señor,

—sobre todo—

tener tan poco que pedir

y tanto, tanto que agradecerte.

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Oración al Arcángel san Miguel

Posted by pablofranciscomaurino en junio 1, 2012

Oración

al Arcángel san Miguel

Arcángel san Miguel, defiéndenos en la pelea y sé nuestro amparo contra las perversidades y asechanzas del demonio —reprímalo Dios, pedimos suplicantes—; y tú, príncipe de la milicia celestial, armado del poder divino, lanza al infierno a Satanás y a todos los espíritus malignos que discurren por el mundo para perdición de las almas. Amén.

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Súplica por un alma en tentación*

Posted by pablofranciscomaurino en mayo 11, 2012


¡Oh Padre amadísimo, Dios infinitamente bueno!, ve aquí a tu Hijo Jesucristo que poniéndose entre tu justicia divina y los pecados de las almas, implora perdón.

¡Oh Dios de misericordia!, apiádate de la debilidad humana, ilumina los espíritus oscurecidos para que no se dejen engañar y caigan en los más terribles pecados…, da fuerza a las almas para rechazar los peligros que les presenta el enemigo de su salvación y para que vuelvan a emprender con nuevo vigor el camino de la virtud.

¡Oh Padre Eterno!, mira los padecimientos que Jesucristo, tu Divino Hijo, sufrió durante la pasión; velo delante de ti, presentándose como Víctima para obtener luz, fuerza, perdón y misericordia en favor de las almas.

Dios Santísimo, en cuya presencia ni los ángeles ni los santos son dignos de permanecer, perdona todos los pecados que se cometen por pensamiento y por deseo. ¡Recibe como expiación de estas ofensas la cabeza traspasada de espinas de tu Divino Hijo! ¡Recibe la Sangre purísima que de ella sale con tanta abundancia!… Purifica los espíritus manchados… ilumina los entendimientos oscurecidos, y que esta Sangre divina sea su fuerza y su vida!

Recibe, ¡oh Padre Santísimo!, los sufrimientos y los méritos de todas las almas que, unidos a los méritos y sufrimientos de Jesucristo, se ofrecen a Ti, con Él y por Él para que perdones al mundo.

¡Oh Dios de misericordia y amor!, sé la fortaleza de los débiles, la luz de los ciegos y el amor de todas las almas.

¡Dios de amor! ¡Padre de bondad!, por los méritos, los ruegos y sufrimientos de tu Hijo muy amado, da luz a esta alma para que llegue a rechazar el mal y abrace con decisión tu Voluntad Santísima. No permitas que sea causa de tanto daño para ella y para otras almas inocentes y puras.

(Compuesta por el Señor)

 

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Oblación perfecta

Posted by pablofranciscomaurino en abril 20, 2012

Dios Padre,

haz que te glorifique con mi vida;

 

Dios Hijo,

haz que te ayude

a salvar almas;


Dios Espíritu Santo, lléname de ti

para derramarte

en mis hermanos

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Letanías de la Pasión*

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 3, 2012

 

Señor, ten piedad de nosotros. Jesucristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, óyenos. Jesucristo, escúchanos.

 

Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.

Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

Dios Santo, trino y uno, ten piedad de nosotros.

 

Jesús, Rey de la gloria, entrando en Jerusalén para consumar la obra de la redención, ten piedad de nosotros.

Jesús, postrado ante tu Padre en el Huerto de los Olivos, cubierto con los crímenes del mundo entero, ten piedad de nosotros.

Jesús, abrumado de tristeza, puesto en agonía y sumergido en un océano de dolores, ten piedad de nosotros.

Jesús, que sudaste sangre en abundancia por todos los po­ros de tu cuerpo, ten piedad de nosotros.

Jesús, entregado por un apóstol pérfido y vendido a vil precio como un esclavo, ten piedad de nosotros.

Jesús, arrastrado por las calles de Jerusalén y cargado de maldiciones,

Jesús, injustamente acusado y condenado, ten piedad de nosotros.

Jesús, saturado de oprobios, manchado de esputos, herido de bofetadas, ten piedad de nosotros.

Jesús, vestido con traje afrentoso y tratado de loco por la corte de Heredes, ten piedad de nosotros.

Jesús, azotado, desgarrado a golpes y bañado en la propia Sangre, ten piedad de nosotros.

Jesús, coronado de agudísimas espinas, ten piedad de nosotros.

Jesús, tratado como rey de farsa, ten piedad de nosotros.

Jesús, comparado con un criminal insigne a quien fuiste pospuesto, ten piedad de nosotros.

Jesús, entregado a Pilatos por el encono de tus enemi­gos, ten piedad de nosotros.

Jesús, agotado de dolores y desfalleciendo bajo el peso de la cruz, ten piedad de nosotros.

Jesús, puesto en cruz entre dos malhechores, ten piedad de nosotros.

Jesús, lleno de mansedumbre con los que te daban a beber hiel y vinagre, ten piedad de nosotros.

Jesús, que rezabas por los verdugos y los defendías ante tu Padre, ten piedad de nosotros.

Jesús, muerto en la cruz por amor nuestro, ten piedad de nosotros.

 

Senos propicio, perdónanos, Señor.

Senos propicio, escúchanos, Señor.

 

De todo pecado, líbranos, Señor.

De una mala muerte, líbranos, Señor.

De la condenación eterna, líbranos, Señor.

Por tu agonía y sudor de sangre, líbranos, Señor.

Por tu cruel flagelación, líbranos, Señor.

Por tu corona de espinas, líbranos, Señor.

Por tus cinco llagas, líbranos, Señor.

Por tu muerte, líbranos, Señor.

Por tu resurrección, líbranos, Señor.

En el día del juicio, líbranos, Señor.

 

Pecadores como somos, te rogamos que nos oigas.

Para que por tu Pasión aprendamos a conocer la enor­midad del pecado, por cuya causa has padecido, te rogamos que nos oigas.

Para que con la memoria de tus dolores y padeci­mientos soportemos con resignación las penas, las tribu­laciones, las enfermedades, te rogamos que nos oigas.

Para que de tu mano recibamos sin quejarnos humilla­ciones, desprecios, ofensas y persecuciones, te rogamos que nos oigas.

Para que a tu ejemplo soportemos los falsos testimo­nios y críticas injustas, te rogamos que nos oigas.

Para que, por la virtud de la santa Cruz triunfemos del demonio, del mundo y de la carne, te rogamos que nos oigas.

Para que pensemos con frecuencia, amor y agradecimiento en la Pasión, te rogamos que nos oigas.

Para que en la hora de la muerte nos fortalezcas por tu Pasión y muerte, te rogamos que nos oigas.

Para que por los méritos de tu cruz nos lleves a la gloria eterna, te rogamos que nos oigas.

 

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.

 

Jesucristo, óyenos. Jesucristo, óyenos.

Jesucristo, escúchanos. Jesucristo, escúchanos.

 

–        Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.

–        Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.

 

Señor, Jesús, que habiendo bajado del cielo, del seno del Padre, derramaste tu preciosa Sangre en remisión de nuestros pecados; humildemente te suplicamos que en el día del juicio estemos a tu derecha y merezcamos oír de tu boca estas palabras: “Venid, benditos de mi Padre”. Así sea.

 

 

 

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Jesús misericordioso, en ti confío*

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 17, 2011

Postrado ante tus pies, humildemente,

vengo a pedirte, dulce Jesús mío,

poderte repetir constantemente:

Jesús misericordioso, en ti confío.

Si la confianza es prueba de ternura,

esta prueba de amor darte yo ansío,

aun cuando este sumido en amargura,

Jesús misericordioso, en ti confío.

En las horas más tristes de mi vida,

Cuando todos me dejen, ¡Oh Dios Mío!,

y el alma este por penas combatida,

Jesús misericordioso, en ti confío.

Aunque sienta venir la desconfianza,

y aunque todos me miren con desvío,

no será confundida mi esperanza:

Jesús misericordioso, en ti confío.

Si contraje contigo santa alianza

y te di todo mi amor y mi albedrío,

¿cómo ha de ser frustrada mi esperanza?

Jesús misericordioso en ti confío.

Y siento una confianza de tal suerte,

que sin temor a nada, Jesús mio,

espero repetir hasta la muerte:

Jesús misericordioso, en ti confío.

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Desagravios en forma de Letanías*

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 9, 2011

Jesús, dulce Salvador mío que, desde la Eucaristía derra­mas sin cesar en las almas los inefables tesoros de tu Corazón, que por estos continuos favores no recibís de ordina­rio sino frialdad, indiferencia, o criminal ingratitud, aquí te­néis a vuestras plantas los corazones que vos habéis juntado en vuestro Corazón y colmándolos de gracias.

Oh Jesús dulce, lle­nos de reconocimiento por tantos beneficios y pesarosos de tantas ingratitudes, quisiéramos en este momento desagra­viaros por todo solemnemente.

Escuchad pues, amable Sal­vador de nuestras almas, las voces de nuestra fe y de nuestro dolor sobradamente motivado:

©    Por nuestras irreverencias en el templo, perdón, Señor, per­dón.

©    Por las distracciones de nuestra fantasía y de nuestro cora­zón durante la celebración de los divinos misterios, perdón, Señor, perdón.

©    Por la falta de preparación al recibir el Sacramento de vuestro amor, perdón, Señor, perdón.

©    Por nuestras acciones de gracias tan frías, perdón, Señor, perdón.

©    Por la poca correspondencia a vuestras continúas gracias, perdón, Señor, perdón.

©    Por nuestros pecados de sensualidad y de orgullo, perdón, Señor, perdón.

©    Por todas las negligencias y tibiezas con vuestro amoroso Corazón, perdón, Señor, perdón.

©    Por los malos ejemplos que hemos dado, perdón, Señor, perdón.

©    Por los pecados cuya ocasión o causa hemos sido, perdón, Señor, perdón.

©    Por nuestra inexplicable frialdad ante el altar, perdón, Señor, perdón.

©    Por todos los pecados de nuestra vida pasada, perdón, Señor, perdón.

©    Por las blasfemias proferidas contra vos y vuestra Santí­sima Madre, perdón, Señor, perdón.

©    Por las perniciosas mentiras de la herejía, perdón, Señor, perdón.

©    Por los culpables desertores de vuestro culto, perdón, Señor, perdón.

©    Por los indignos profanadores de vuestro día santo y de vuestro santo Nombre, perdón, Señor, perdón.

©    Por los robos audaces en vuestros templos y altares, perdón, Señor, perdón.

©    Por todos los repugnantes sacrilegios y las comuniones indignas o tibias del mundo, perdón, Señor, perdón.

©    Por las demás profanaciones de vuestro sacramento de amor, perdón, Señor, perdón.

©    Por los infames instrumentos del infierno en la propaganda del mal, perdón, Señor, perdón.

©    Por los ultrajes que vienen de corazones que más han debi­do consolar vuestro Corazón, perdón, Señor, perdón.

©    Por los bárbaros perseguidores de la Iglesia y de los santos en el mundo entero, perdón, Señor, perdón.

Oh Amor despreciado, quisiéramos, siendo posible, ofreceros una reparación que compensase todos estos ultrajes, y ac­ciones de gracias en correspondencia con vuestros beneficios.

Vos que leéis en los corazones, ved nuestros deseos y nuestra incapacidad, y, en compensación de todas las amarguras que acibararon vuestro amoroso Corazón, acoged los éxtasis de los ángeles, las expiaciones de los mártires, los gemidos de las almas fervorosas, las lágrimas de los santos y especialmente las súplicas de vuestra Madre Santísima.

Vos mismo, oh Corazón Sagrado de Jesús, haced por nosotros de reparador todopoderoso ante la Santísima Trinidad, y sed luz, fuerza y asilo de nuestros corazones aquí en la tierra, y, después de dolorosos combates en la vida, nuestro tesoro inefable y dicha eterna en el cielo. Así sea.

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Coronilla de la misericordia

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 19, 2011

 

Se reza con un rosario así:

Padrenuestro

Avemaría

Credo

 

En vez de cada Padre Nuestro:

Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero.

 

En vez de cada Ave María:

Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

 

En vez de cada Gloria al Padre:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.

 

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Ofrecimiento de obras al levantarse

Posted by pablofranciscomaurino en julio 9, 2011

Ofrecimiento de obras al levantarse

 

Señor,

te ofrezco

mis pensamientos,

(Mientras tanto, con el dedo pulgar se hace la cruz en la frente)

mis palabras,

(se hace la cruz en la boca)

mis sentimientos

(se hace la cruz en el pecho)

y todas mis obras

(Mientras tanto se hace la señal de la cruz con la mano:

desde la frente al ombligo y desde el hombro izquierdo al derecho)

 

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Es maravilloso*

Posted by pablofranciscomaurino en abril 1, 2011

Es maravilloso, Señor,

tener los brazos abiertos cuando hay tantos mutilados,

que mis ojos vean cuando hay tantos sin luz,

que mis manos trabajen cuando hay tantas que mendigan,

que tenga buena salud cuando hay tanta enfermedad,

que tenga unos seres queridos cuando hay tantos solitarios,

que mi voz cante cuando hay tantas que enmudecen.

Es maravilloso, Señor,

tener abrigo, techo y sustento

cuando hay tantos en la calle;

es maravilloso volver a casa

cuando hay tantos que no tienen adónde ir.

Es maravilloso amar, vivir, sonreír y soñar

cuando hay tantos que lloran, odian y se revuelven en pesadillas.

Es maravilloso tener un Dios en quién creer

cuando hay tantos que no tienen consuelo ni tienen Fe.

Es maravilloso, Señor,

—sobre todo—

tener tan poco que pedir

y tanto que agradecerte.

Anónimo

 

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Bendición de la mesa*

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 11, 2011

 

Antes de comenzar:

  •  Bendícenos, Señor, a nosotros y a estos alimentos que recibimos de tus manos, por Cristo, nuestro Señor.

  •  Amén.

  •  El Rey de la eterna gloria nos haga partícipes de la mesa celestial.

  •  Amén.

 

Después de terminar:

  •  Te damos gracias, omnipotente Dios, por todos tus beneficios, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

  •  Amén.

  •  El Señor nos dé su paz.

  •  Y la vida eterna.

  •  Amén.

 

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