Hacia la unión con Dios

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Congregación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (Pasionistas) *

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 7, 2014

1. Fundación

 

El 22 de noviembre de 1720, el joven Pablo Francisco Danei (san Pablo de la Cruz) es revestido con una túnica negra de penitencia por monseñor Gattinara, obispo de Alessandria (Italia). Del 2 al 7 de diciembre escribe las Reglas y, según propio testimonio, «cuando escribía lo hacía como si alguien me dictase» y «todo esto es particular inspiración de Dios» (Lettere, IV, 221).

 

En septiembre del año siguiente va a Roma para pedir su aprobación. Rechazado duramente, no logra ver al Papa. Vuelve a Roma en 1725, y Benedicto XIII lo autoriza vivae vocis oraculo para poder reunir compañeros.

 

Entre febrero y marzo de 1728 se establece en Monte Argentaro, situado en lo que entonces se llamaba Estado de los Presidios, constituido por Felipe II en 1557, y que estuvo bajo dominio español hasta 1707 en que pasó a Austria. Por inspiración divina conoce ser éste el lugar destinado para la fundación del primer retiro pasionista. Esto no se realizará hasta que Monte Argentaro sea de nuevo dominio español. En febrero de 1734 ha comenzado la guerra y, una vez conquistado el Reino de las Dos Sicilias por los españoles, se marcha hacia los Presidios, que definitivamente capitulan el 28 de junio de 1735, retornando a España. «En este año (1736) después de terminadas las guerras y quedando los españoles como pacíficos posesores de los Presidios, se prosiguió la fábrica del retiro» (Annali, 95,165) «Pero como faltaba el dinero, pensó nuestro Padre implorar la ayuda del rey D. Carlos III, el cual había ya dado el regio consentimiento para la fundación. Fue a Nápoles y tuvo audiencia con el rey mientras éste comía, y para continuar la fábrica le dio 100 doppie» (o. c. 166). En las cartas del santo hay también constancia de ello (Lettere, 1,360). La generosa ayuda de Carlos III fue más amplia, ya que en el año 1748 escribía: «El primero de los retiros, en Monte Argentaro, Estado del Rey de Nápoles, se fundó con gran complacencia de S. M., que contribuyó con grandes limosnas para la construcción y, terminada, cada año nos beneficia con limosnas de grano, cuando hay necesidad de ello» (11,645). Finalmente, pudo inaugurarse el primer retiro el 14 de septiembre de 1737.

 

A las anteriores dificultades de la guerra hay que unir la hostilidad del clero y de algunas órdenes mendicantes, la extrema pobreza en que vivían y la misma redacción de las Reglas, que eran consideradas demasiado austeras. A lo largo de los años, el santo, con amor y ternura, introdujo en ellas algunas modificaciones accidentales, teniéndose noticias al menos de siete revisiones. Obtuvieron su primera aprobación, con un rescripto del 15 mayo 1741, y fue entonces probablemente cuando el papa Benedicto XIV dijo: «Esta religión de la Pasión de Jesucristo debiera haber sido la primera instituida y ha nacido la última».

 

El 11 de junio de 1741 emiten su profesión Pablo y los primeros compañeros. Desde ahora se llamará Pablo de la Cruz.

 

Posteriormente —y aún en vida del santo— las Reglas fueron aprobadas y confirmadas en las siguientes fechas:

 

18 de abril de 1746: Benedicto XIV, Breve Ad Pastoralis dignitatis;

25 de noviembre de 1760: Clemente XIII, nuevo rescripto;

15 de noviembre de 1769: Clemente XIV, Breve Salvatoris et Domini;

16 de noviembre de 1769: Clemente XIV, Bula Supremi Apostolatus;

15 de septiembre de 1775: Pío VI, Bula Praeclara virtutum exempla.

 
2. Carisma

 

La originalidad característica de este carisma es que no está centrada en una idea, unos consejos, un ejercicio de piedad o una virtud especial, sino en una persona: Cristo; y Cristo en aquel momento de su vida que constituye su razón y coronamiento: su Pasión y su Muerte.

 

Ello supone una forma especial y peculiar de configuración con Cristo. Consiste en la participación de sus miembros en los padecimientos de Cristo, o como ha sido descrita «en la amorosa y dolorosa participación de la inmolación del Calvario —espíritu de oración—, que resulta singularmente en un severo y total desprendimiento, según las escrituras —espíritu de pobreza y soledad—, y se irradia sobre el mundo de las almas por un poderoso llamamiento del Divino Crucificado —espíritu apostólico—». (E. Zoffoli C. P., Passionisti Spiritualitá-Apostolato, 267).

 

Sin embargo, no es lo mismo espíritu de oración, apostolado o penitencia que carisma pasionista. Este no consiste formalmente en el espíritu de oración, de apostolado ni de penitencia, ni siquiera en la posesión conjunta de los mismos, sino en la participación doloroso-amorosa en el Misterium Crucis, que se consigue con aquellos.

 

De ahí que dicha participación comporte unas exigencias y condiciones vitales e insustituibles. Lo que san Pablo de la Cruz llama «apropiarse por amor de las santísimas penas del dulce Jesús» no es otra cosa que «la progresiva configuración interior y exterior con Jesús Crucificado —muerte in fieri— encaminada hacia la muerte mística, o perfecto desprendimiento de todo lo creado -muerte in facto esse– teniendo como término o coronamiento una nueva forma de vida, previamente crucificada y al fin transfigurada en el Cristo santificador y glorioso» (B. de S. Pablo C. P., La espiritualidad de la Pasión, 199), a lo que el santo llama tantas veces «muerte mística y divino nacimiento», unas veces uniendo ambos términos o conceptos; otras, separándolos.

 

 

3. Apostolado

 

El apostolado es exigencia del carisma, y más aún por la fuerza del cuarto voto que hacen los pasionistas: promover la devoción a la Pasión. Apostolado que debe comenzar con el ejemplo: «procurar que quien os contempla vea en vosotros un vivo retrato de Jesucristo» (Lettere, IV, 485), completado con la palabra y «todo aquello que, según las circunstancias de los tiempos, lugares y personas, aproveche a los pueblos» (Reglas, 194).

 

 

4. Historia

 

A la muerte del fundador —1775— la Consagración tenía 176 religiosos y 12 casas. La Revolución francesa, y más aún la supresión napoleónica de los religiosos en Italia (1808-1814), repercutieron negativamente en su difusión en otros países, a pesar de haber sido la primera de las congregaciones en ser restablecida por Pío VII, el 27 de junio de 1814.

 

El Capítulo General de 1839 marca una nueva etapa. Es elegido como General el padre Antonio de Santiago, que continuará en el cargo hasta 1862. El desarrollo fue notable: al final de su mandato dejó 729 religiosos (eran 349 en 1839); fundó 9 casas más en Italia y las 12 primeras fuera de ella; las provincias pasaron de 2 a 5; el fundador fue beatificado; una expedición de misioneros partió en 1842 para Australia y se reforzó la existente en Bulgaria desde 1781.

 

En la actualidad la Congregación está presente en 52 países.

 

 

 

 

 

5. Religiosas

 

San Pablo de la Cruz fundó también religiosas de clausura, que también se ha desarrollado en varios países.

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Además, existen otras congregaciones femeninas de vida activa, fundadas después de la muerte de san Pablo de la Cruz, pero agregadas a los pasionistas:

a) Hijas de San Pablo de la Cruz

b) Hijas de la Santa Cruz y Pasión

c) Hijas de la Pasión y Muerte de N.S.J.C. y de los Dolores de María

(Estas tres tienen por finalidad principal la enseñanza y las obras asistenciales)

d) Hijas Misioneras de la Santísima Cruz y Pasión de Bélgica

e) Hijas Misioneras de Santa Gema de Holanda.

(Como indica su mismo nombre, ambas dedicadas a las misiones)

 
6. Hagiografía

 

La Congregación pasionista ha sido llamada por Paulo VI «Madre fecunda de santos». El clima espiritual en sus orígenes es tan extraordinario y produce tales frutos de santidad, que puede parecer más una leyenda que una realidad, a pesar de los testimonios calificados que se conservan y del excepcional valor documentario de los mismos. «Más de la mitad de los pasionistas, desde sus orígenes hasta finales del siglo XVIII, presentaron caracteres visibles de una santidad no común» (Naselli, L’orazione nei primi…, 27).

 

Sería muy largo describir la vida de los santos, beatos y venerables de la Congregación.

 

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CONSTITUCIONES DE LA CONGREGACIÓN DE LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO *

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 7, 2014

 

Capítulo I

 

LOS FUNDAMENTOS DE NUESTRA VIDA

 

La vocación pasionista

 

1. San Pablo de la Cruz reunió compañeros que viviesen en común para anunciar el evangelio de Cristo a los hombres.

Desde el principio los llamó “Los pobres de Jesús”, porque su vida debía fundamentarse en la pobreza evangélica, tan necesaria para observar los otros consejos evangélicos, para perseverar en la oración y para anunciar continuamente la Palabra de la Cruz[1]. Quiso que los mismos compañeros siguieran un estilo de vida “a la manera de los Apóstoles”, y fomentasen un profundo espíritu de oración, de penitencia y de soledad, por el que alcanzasen una unión más íntima con Dios y fuesen testigos de su amor[2].

Con clara visión de los males de su tiempo, proclamó incansablemente que la Pasión de Jesucristo, “la obra más grande y admirable del divino amor”[3], es el remedio más eficaz.

 

2. La Iglesia, habiendo reconocido la acción del Espíritu Santo en San Pablo de la Cruz, aprobó con su autoridad suprema nuestra Congregación y sus Reglas, para la misión de anunciar el Evangelio de la Pasión con la vida y el apostolado[4].

Esta misión conserva siempre toda su fuerza y validez[5].

Para actualizarla nos reunimos en comunidades apostólicas y trabajamos por el Reino de Dios.

Confiados en la ayuda de Dios, queremos permanecer fieles al espíritu evangélico y al patrimonio del Fundador, a pesar de las limitaciones humanas.

 

3. Sabiendo que la Pasión de Cristo continúa en este mundo cada vez que un ser humano peca, pues es miembro de su cuerpo místico, deseamos participar en todas las tribulaciones del Señor para salvar a los hombres, sobre todo los pobres y abandonados, enseñándoles la sabiduría de la Cruz.

Por el poder de la Cruz, que es sabiduría de Dios, trabajamos con ilusión por iluminar la vida de todos los hombres y suprimir así la única causa de los males que angustian a los hombres: el pecado. Por este motivo, nuestra misión se orienta a evangelizar mediante el ministerio de la Palabra de la Cruz, a fin de que todos puedan conocer a Cristo y el poder de su Resurrección, participar en sus sufrimientos y configurarse a Él en su Muerte para alcanzar su gloria[6], es decir, que sean santos. Todos participamos en este apostolado, cada uno según las posibilidades, las aptitudes y los servicios que le sean encomendados.

 

4. Aceptamos las apremiantes exigencias que a cada uno de nosotros nos pide la llamada personal del Padre para seguir a Jesús Crucificado; a saber: esfuerzo continuo para hacer del Evangelio de Cristo norma suprema y criterio de nuestra vida; voluntad constante de vivir y trabajar gozosamente en comunidad fraterna, observando estas Constituciones según el espíritu de san Pablo de la Cruz; firme propósito de fomentar en nosotros el espíritu de oración y de enseñar a otros a orar; y además, diligente atención a los hermanos para conducirlos a la plenitud de la vocación cristiana por la Palabra de la Cruz.

 

 

Nuestra consagración a la Pasión de Jesucristo

 

5. Buscamos la unidad de nuestra vida y de nuestro apostolado en la meditación y en la predicación de la Pasión de Jesucristo, respectivamente. Ésta es la revelación del poder de Dios, que penetra el mundo para destruir el poder del mal y edificar el Reino de Dios.

Llamados a tomar parte en la vida y en la misión de Aquel “que se anonadó a sí mismo tomando forma de esclavo”[7], en asidua oración contemplamos a Cristo que, al entregar su vida por nosotros, revela el amor de Dios a los hombres y el camino que también éstos deben seguir para llegar al Padre. Esta contemplación nos hace cada vez más capaces para manifestar su amor y ayudar a los demás, de modo que ofrezcan su vida con Cristo al Padre.

 

6. Nuestra participación en la Pasión de Cristo, que ha de ser personal, comunitaria y apostólica, se expresa con un voto especial. Por él nos comprometemos a promover la memoria de la Pasión de Cristo, con la palabra y con las obras[8], a fin de propagar un conocimiento más efectivo de su valor para cada hombre y para la vida del mundo.

Por este voto nuestra Congregación ocupa su puesto en la Iglesia y se consagra plenamente a cumplir su misión.

A la luz de este vínculo vivimos los consejos evangélicos, procurando cumplir el voto en la vida diaria.

Así, nuestras comunidades tratan de convertirse en fermento de salvación dentro de la Iglesia y en medio del mundo. Y cada uno de nosotros vive la memoria de la Pasión de Cristo según las exigencias de los tiempos actuales, sin perder el carisma fundacional, cuyos únicos fines son conseguir nuestra santidad personal, a la vez que la conversión y santidad de los pueblos, a través de la predicación de la mayor muestra de amor de Dios por los hombres: la Pasión de su Hijo.

 

 

Los consejos evangélicos

 

7. El bautismo nos sumerge en la dinámica pascual de la Muerte y Resurrección de Jesucristo, y nos consagra como miembros del Pueblo de Dios[9]

Confirmamos esta consagración por medio de la profesión religiosa y la vivimos más plenamente según estas Constituciones.

Cada uno de nosotros responde a esta llamada de Dios para ser signo y evocación constante de los valores del Reino de Dios.

 

8. Movidos por el Espíritu de Dios y aceptada la misión confiada por la Iglesia, nos hemos reunido y formamos una comunidad de amor. Juntos afrontamos el difícil camino de la fe para ir descubriendo el misterio de Dios.

Juntos avanzamos en una misma esperanza y caminamos hacia el encuentro con Dios por el cual somos atraídos. Queremos que nuestro caminar a lo largo de la vida sea un signo de esperanza para todos los hombres.

Siguiendo el ejemplo de la Virgen María, «la esclava del Señor»[10], confiamos en la Palabra de Dios con alegre confianza de que, a través de nuestra debilidad, se manifestará en el mundo la salvación de Dios.

 

9. Lo abandonamos todo[11] para seguir a Cristo en el espíritu de las Bienaventuranzas evangélicas.

En medio del pueblo de Dios vivimos continuamente el compromiso religioso de vida comunitaria, de pobreza, de castidad y de obediencia; de tal manera que la observancia de los consejos evangélicos llegue a ser una profunda manifestación, personal y comunitaria, del Misterio Pascual.

Pues ciertamente no podemos arrogarnos el derecho de anunciar a otros la Palabra de la Cruz si ésta no se ha encarnado en nuestra propia vida.

 

 

Pobreza

 

10. Cristo nos ha manifestado su amor haciéndose pobre por nosotros[12].

Como respuesta a este amor, nos proponemos vivir con auténtica pobreza evangélica; y personal y comunitariamente nos esforzamos para que nues­tra vida se caracterice por una actitud de efectivo desprendimiento y recto uso de los bienes tem­porales. Tenemos conciencia de que esto puede llevarnos a la inseguridad y a veces a carecer de lo necesario. Sin embargo, confiamos plenamente en Dios y, ayudados por su gracia, aceptamos cada día como el Padre lo disponga[13], sin vivir angustia­dos por acumular tesoros para el día de mañana[14].

Este espíritu de pobreza, fruto de la gracia de Cristo en nosotros, nos dispone a vivir esperándolo todo de Dios, para ofrecer a to­dos un mejor servicio de evangelización.

 

11. A ejemplo de la primitiva comunidad cris­tiana, que era un solo corazón y una sola alma, y lo tenía todo en común [15], estimamos nuestros bie­nes como no propios, y elegimos vivir en común, compartiéndolo todo en una vida sencilla y modesta.

Renunciando a la libre disposición de nuestros bienes, ponemos todo al servicio de la comunidad y de su misión: nuestras personas, talentos, tra­bajos y aptitudes.

Individual y comunitariamente hemos de evitar todo lo que no corresponda a una verdadera exi­gencia de nuestra vida y de nuestro apostolado, haciendo partícipes de los bienes que disponemos a las demás comunidades de la Congregación, a la Iglesia y a los necesitados.

Sujetos voluntariamente a la ley común del tra­bajo, cada uno contribuye a la vida cotidiana de todos según la propia capacidad[16].

 

12. Todo cuanto nuestros religiosos adquieran por su actividad o con destino a la Congregación, o les sea ofrecido por los bienhechores bajo cual­quier título; los beneficios, las pensiones persona­les concedidas o recibidas después de profesar, todo es adquirido para la Congregación. Sin embar­go, los bienes heredados de sus padres o parientes pasan a ser propiedad de cada religioso.

 

13. Con este espíritu de pobreza renunciamos, por medio de un voto, a la libre disposición de nuestros bienes personales.

 

14. Para cumplir lo que exige una pobreza efectiva y manifiesta, prometemos también, en virtud del voto, usar y disponer de los bienes temporales con dependencia del Superior competente.

Participando así de la suerte de Cristo, que lo dio todo, incluso la vida, por nosotros[17], procuramos realizar fielmente el lema de nuestro Fundador: «La pobreza es el estandarte bajo el cual mi­lita toda la Congregación»[18].

 

15. Los religiosos de votos perpetuos pueden renunciar totalmente a la propiedad de los bienes personales, de acuerdo con las normas dadas por la Autoridad Provincial, y con el permiso del Supe­rior General.

 

 

Castidad

 

16. El hombre, creado para amar y ser amado, realiza de muchas maneras su vocación.

Nosotros, siguiendo con plena libertad el ejem­plo de Cristo, elegimos el celibato por el Reino de los Cielos[19], esforzándonos por orientar todo el amor hacia Dios, sumamente amable, y hacia los hermanos.

 

17. Esta elección es también una profesión de fe. En efecto, formando comunidad con hermanos no seleccionados por nosotros, sino dados por Cristo, deseamos manifestar el profundo sentido y la última finalidad del amor humano: «que Dios sea todo en todos»[20].

De esta manera testimoniamos, en contra de la opinión común, que es posible realizar en este mundo lo que Cristo pidió al Padre en su oración: « que todos sean uno»[21].

 

18. El celibato, don de Dios a su Iglesia[22], nos permite participar con ella del amor universal de Cristo, «que vino para servir y dar su vida como rescate por muchos»[23].

Cuanto más amemos a los demás en Cristo, tanto más sensibles nos haremos a sus gozos, aflicciones y ansiedades.

Y así nuestra vida permanece dedicada al ser­vicio del evangelio y de los hombres.

 

19. El celibato evangélico, lejos de negar el valor de los afectos humanos, los transforma y per­fecciona en madurez y delicadeza[24].

Conscientes de que se nos exige una renuncia radical «por el Reino de los Cielos»[25], nos obliga­mos, por medio de un voto, a la perfecta continen­cia en el celibato. Para permanecer fíeles a esta obligación, necesitamos madurez, autodominio y equilibrio, además de la fuerza de la gracia divina y de una vida de íntima unión con Cristo. La Bien­aventurada Virgen María, Madre de Jesús y de los hombres, es nuestro modelo y auxilio.

Un clima de sincera amistad, cultivada en nues­tras comunidades, ofrecerá también un apoyo a nuestra vida afectiva, fortaleciendo y desarrollando nuestra personalidad.

 

 

Obediencia

 

20. Dios tiene para el mundo[26] y para cada hombre[27] un designio de amor. Cristo siguió libremente el propósito del Padre y «tomando condición de siervo» y hecho hermano de los hombres, «se hizo obediente hasta la muerte»[28].

Como discípulos de Cristo, también nosotros entramos en este proyecto salvador, dispuestos a escuchar la voz del Padre y a cumplir su voluntad. Con actitud humilde y diligente, buscamos cada día su amoroso designio, y de este modo confrontamos nuestra vida con su Palabra, discernimos los «signos de los tiempos» en los acontecimientos de la vida, vivimos estas Constituciones bajo la legítima autoridad y cumplimos nuestra misión.

 

21. En la obediencia evangélica reconocemos uno de los fundamentos de la vida cristiana y del ministerio apostólico.

Con espíritu de fe aceptamos las mediaciones, particularmente de los Superiores y de la Comunidad, para conocer la voluntad de Dios y llegar a ser, en medio de los hombres, testigos de la presencia dinámica de Cristo y de su perenne amor al Padre.

En la medida en que entramos con Él en su plan de redención, nuestra obediencia es misionera. Viviendo y trabajando juntos, con entrega responsable, testimoniamos nuestra solidaridad aceptando y cumpliendo una misión común.

Esta responsabilidad comunitaria se manifiesta en nuestro compromiso, libremente aceptado, de trabajar “en la edificación del Cuerpo de Cristo”[29].

 

22. Reconocemos que la corresponsabilidad y la mutua dependencia son, para todo hombre, camino hacia la libertad y la plena realización de sí mismo.

El Evangelio nos invita a valorar la condición humana bajo una luz nueva, a saber: la obediencia a la voluntad del Padre[30] y el amor fraterno[31].

Viviendo es espíritu de colaboración y de pacífica armonía[32], intentamos superar, en nosotros y en el mundo, toda forma de egoísmo y de abuso de poder. De esta manera manifestamos la fuerza liberadora de la Cruz.

 

23. El Superior es hermano de todos. Los religiosos tengan con él una actitud abierta y sincera, y acepten, con espíritu de fe, que se le ha confiado un deber de especial responsabilidad. De acuerdo con su obligación de guía de la comunidad, que está en constante formación, el Superior camina con los demás, en diálogo sincero, caracterizado por la caridad y el respeto, al tiempo que todos tratan de discernir y cumplir la voluntad del Padre.

A él le corresponde tomar la decisión final en los asuntos, de acuerdo con nuestras Constituciones y siempre para el bien de toda la comunidad y de cada uno de los religiosos.

Al ejercer la autoridad propia de su oficio, anima y orienta la vida de la Comunidad en un ambiente de confianza y de colaboración.

 

24. Habiendo prometido vivir según el Evangelio y nuestras Constituciones, por el voto de obediencia nos obligamos a cumplir los mandatos de los Superiores legítimos, cuando mandan conforme a las mismas Constituciones. En fuerza del voto de obediencia estamos obligados también a obedecer al Sumo Pontífice como Superior Supremo de nuestra Congregación.

 

Capítulo II

 

LA VIDA COMUNITARIA

 

 

25. nuestra vocación, como Pasionistas, es una llamada a tender a la plenitud del amor cristiano en una comunidad evangélica de vida.

Por la caridad, con la que nos unimos en el corazón y en el espíritu, damos testimonio de fidelidad a Cristo, que nos dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros”[33].

Ya moribundo, San Pablo de la Cruz exhortó a sus hijos a recordar, más que cualquier otra cosa, estas palabras del Salvador[34].

 

26. La comunidad cristiana se fundamenta en la caridad de Cristo, que, clavado en la Cruz, pagó nuestros pecados y nos abrió las puertas del Cielo.

 

En consecuencia, estimando a los demás más que a nosotros[35], nos crucificamos por ellos, aceptando y ofreciendo por su felicidad eterna tanto los sufrimientos que nos depara la vida como también los voluntarios, uniéndonos así efectivamente a la Pasión de Cristo, como lo recomendó san Pedro[36].

Por otra parte, “destruyó el muro de separación” e hizo de todos un solo pueblo[37]. Unidos en Cristo, respetamos la dignidad y la igualdad de todos y acogemos a cada uno en su peculiaridad personal, ayudamos a los hermanos a desarrollar su personalidad, y a perfeccionar sus cualidades. Sabiendo que el Espíritu se manifiesta en cada uno de ellos, nos alegramos de que distribuya sus dones como le place, “realizando todo en todos”[38].

 

27. La vida comunitaria se fomenta con una comunicación constante y fraterna de sus miembros.

Es conveniente, pues, que nos reunamos periódicamente para dialogar sobre los diversos aspectos de la vida común. Por medio de este mutuo intercambio de ideas llegamos a un conocimiento más claro de la voluntad divina, tal como se manifiesta entre nosotros.

En este diálogo debemos examinar, a la luz del Evangelio, de las Constituciones y de los signos de los tiempos, nuestra vida cotidiana y la de la Comunidad, a fin de ayudarnos, exhortarnos y perdonarnos mutuamente.

Por medio del diálogo buscamos también aquellas modalidades y costumbres que expresen mejor el fin de la vida religiosa. Cada uno considere un deber el participar en este diálogo y aceptar las decisiones que en él se adopten y que han sido confirmadas por los Superiores.

 

28. En las relaciones diarias debemos tratarnos como hermanos en Cristo, y ser delicados los unos con los otros[39].

El mutuo aprecio nos estimulará a buscar la compañía de los hermanos, y favorecerá la auténtica caridad fraterna, tal y como la quería el Señor: como la suya[40].

Esta deferencia hacia los hermanos nos llevará a observar las Constituciones, a emplear buenas maneras en la conversación y en el trato, a respetar los tiempos y lugares de silencio y a buscar las formas de expansión que favorezcan la vida religiosa.

De esta manera, la vida comunitaria se caracterizará por la alegría y la paz.

 

29. La Comunidad atenderá con especial solicitud a los enfermos[41], que participan de manera más intensa de la Pasión de Cristo. Les manifestaremos nuestra caridad con la comprensión, las atenciones y los cuidados posibles.

 

30. Idéntica solicitud debe manifestarse con los ancianos[42]. La Comunidad procurará hacer agradable y fructuoso este período de su vida. Teniendo en cuenta sus particulares necesidades, se les asignarán ministerios adecuados a sus fuerzas. Su larga experiencia y conocimiento de la vida comunitaria es un estímulo para los hermanos, especialmente para los jóvenes[43].

 

31. Recordamos con afecto y agradecimiento a los hermanos difuntos, ofreciendo por ellos, fiel y caritativamente, los sufragios prescritos por la Autoridad General o Provincial.

_recuente con toda la Provincia y con los hermanos que viven en otros lugares. Esta experiencia de unidad nos dará una conciencia más viva de las cargas y de los problemas que atañen a la Provincia y a la Congregación.

Por tanto, estaremos dispuestos a proporcionar persona, ayudas materiales y otras formas de asistencia a aquellas partes de la Congregación que las necesiten, observando la legislación general o provincial.

 

33. Cristo amó a todos, por todos oró[44], y se entregó en sacrificio por todos[45]. Este amor universal debe impregnar nuestras comunidades, esencialmente orientadas a la comunidad más amplia de la Iglesia, que se manifiesta en este mundo y que en él vive y actúa[46]. En diverso grado comparten su vida, sus intenciones y sus problemas.

 

34. Cada Comunidad es parte de la Iglesia local en la que está inserta. Es necesario, pues, que tomemos conciencia de sus problemas y cooperemos efectivamente con el Ordinario del lugar y con los demás que trabajan por el Pueblo de Dios.

Animada por el celo apostólico, la Comunidad acogerá con agrado a quienes deseen compartir su vida por algún tiempo.

Por tanto, nuestras casas estarán disponibles a tal fin, salvaguardando siempre el orden interno, de acuerdo con las directrices de la Autoridad Provincial.

Los Superiores Mayores determinarán las dependencias de la casa religiosa sujetas a la ley de la clausura, incluyendo siempre las habitaciones de los religiosos y los corredores adyacentes.

 

35. Puesto que formamos parte de la sociedad, no podemos considerarnos ajenos a la gente que nos rodea. Por tanto, cada Comunidad debe considerar si mantiene o no una actitud de cristiana convivencia con la sociedad.

Adáptese el horario a los usos locales, de tal manera que los religiosos puedan estar a disposición del pueblo.

Para que la Comunidad de los Pasionistas sea fermento y sal de la humanidad, como quiere el Salvador[47], debe permanecer fiel a su identidad.

 

36. Los padres de los religiosos son los mayores bienhechores de la Congregación. Por tanto, deben ser tenidos en gran estima, tratados con afectuoso respeto y, de acuerdo con las normas de la Congregación, visitados según lo permitan las circunstancias. Esto mismo se aplica, con la debida proporción, a los demás familiares, amigos y bienhechores.

 

 

CAPITULO III

 

LA COMUNIDAD ORANTE

 

 

37. San Pablo de la Cruz, hombre de gran oración, inculcaba insistentemente su importancia con la palabra y el ejemplo.

Deseaba que sus seguidores orasen sin interrupción, que nuestras Comunidades fueran lugares idóneos para experimentar más íntimamente a Dios, y que llegaran a ser verdaderas escuelas de oración[48].

Nos enseñó a vivir el silencio, interior y exterior, que protege la quietud íntima y la paz del alma, tan necesarias para el espíritu de oración, para liberarnos de las preocupaciones y para acallar la voz perturbadora de los afanes de cada día[49].

 

38. Nuestra Comunidad, viviendo en oración en la presencia de Dios y en medio de los hombres, participa de la actitud orante de la Iglesia. Movidos por el Espíritu de Dios, por la filiación recibida, clamamos: “Abbá, Padre”[50].

Unidos a Cristo alabamos las maravillas de Dios, contemplamos el misterio salvífico revelado en Cristo Jesús[51], y colaboramos en su expansión, mientras esperamos su venida gloriosa al final de los tiempos[52].

De este modo, nuestra oración, con misteriosa fecundidad apostólica, dilata el Pueblo de Dios[53], y se hace solidaria de los hombres, especialmente de los pobres y marginados[54].

 

39. La vida de oración, personal y comunitaria, nos hace vivir en comunión con la Trinidad[55]. Oran­do, respondemos a la amorosa invitación del Padre. Movidos por el Espíritu Divino, nos unimos a la persona de Cristo, sobre todo en su Misterio Pas­cual, y 1o contemplamos en la meditación personal, que nos conduce a un amor cada vez más intenso.

Participamos de él en los acontecimientos del mundo, en los que nos encontramos comprometi­dos por nuestra vida y por nuestro trabajo, y lo renovamos en la celebración litúrgica.

Así, por medio de la oración, nuestra vida se hace una con Cristo en su camino hacia el Padre.

 

40. La vida de oración exige que examinemos, a la luz del Evangelio, nuestra manera de vivir.

Se nos pide que continuamente nos pregunte­mos si la oración influye de manera eficaz en la vida personal y en la de la Comunidad, así como también en el ministerio apostólico.

 

41. Nuestra vida de oración encuentra su ex­presión primera y fundamental en la oración de la Iglesia, a saber, en la Liturgia[56].

Mediante la celebración del año litúrgico somos introducidos en la plenitud del misterio cristiano y alimentados con el pan de vida en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo[57].

 

 

La Eucaristía

 

42. En la celebración de la Eucaristía el Padre nos reúne en torno a su Hijo. Infundiendo su Espí­ritu en nuestros corazones, Cristo une a su sacri­ficio redentor el de cada uno de nosotros y el de todos los hombres.

Nos acercamos a la mesa del Señor para escu­char su palabra y darle respuesta.

Renovando el sacrificio de Cristo, y participan­do de su Cuerpo y Sangre, anunciamos su Muerte y proclamamos su Resurrección, obtenemos el per­dón de los pecados, se acrecientan nuestras fuer­zas y se nos da una prenda de la participación en la futura vida gloriosa.

Con todos los que confían en Dios, lo alabamos y damos gracias por sus grandes obras, le ofrece­mos nuestra vida comunitaria y nuestro trabajo, y le pedimos por nuestras necesidades y las de todo el mundo.

Así la Eucaristía es la suprema expresión de nuestro culto[58].

 

43. La Eucaristía es el centro de nuestras Co­munidades. En cuanto sea posible, la celebraremos cada día en común, como acto fundamental de la Comunidad. La participación en el mismo Cuerpo de Cristo alimenta, manifiesta y juzga nuestra unión y nuestra comunidad de vida en un mismo espíritu.

La gozosa celebración de la Eucaristía, que po­see fuerza capaz de transformar la vida de cada religioso y de cada Comunidad, exige una respues­ta total a la proclamación de la Muerte del Señor, hasta que venga.

 

44. Nos disponemos con devoto recogimiento y pureza de corazón para celebrar este misterio.

Considerando como un tesoro la presencia euca­rística de Cristo, mantenemos a lo largo del día una actitud de agradecimiento y adoración.

 

 

La Liturgia de las Horas

 

45. Por medio de las diferentes formas de ora­ción comunitaria, especialmente la Liturgia de las Horas, prolongamos durante el día la alabanza y la acción de gracias de la celebración eucarística[59]. Son la expresión del culto que nuestra Co­munidad, junto con la Iglesia orante, ofrece al Pa­dre por medio de Cristo, sumo y eterno Sacerdote.

Con los textos inspirados de la Liturgia de las Horas nos dirigimos a Dios y escuchamos la voz del Padre, que habla a sus hijos y alimenta la vida de su espíritu[60].

 

46. Celebramos la Liturgia de las Horas en co­mún. Todos debemos cuidar que tal celebración sea una experiencia digna y fructífera de oración comunitaria. Ella nos une más íntimamente y cons­tituye un vínculo de fraternidad en Cristo.

El Capítulo Provincial procure que, en cuanto sea posible, cada Comunidad recite en común toda la Liturgia de las Horas. No obstante, debe estable­cer que, al menos, Laudes y Vísperas se reciten siempre en común.

 

 

Lectio divina y lectura espiritual

 

47. Nuestro contacto con la Palabra de Dios no se limita únicamente a algunas celebraciones litúr­gicas. La práctica de la lectio divina profundiza este contacto, centrando en la Sagrada Escritura la devota atención de la Comunidad y de cada uno de sus miembros.

Esta lectura promueve un mayor conocimiento de Cristo Jesús, ilumina el sentido de la vida y alimenta las fuentes de la oración personal[61].

 

48. La Palabra de Dios se manifiesta también en los escritos de los Santos Padres, en el magisterio de la Iglesia, en los ejemplos de los santos, especialmente en los de nuestro Santo Padre, y en otros textos de espiritualidad.

 

 

La oración mental

 

49. El seguimiento de Cristo Crucificado es el camino para encontrar al Dios verdadero en la ora­ción personal.

En la oración damos respuesta personal a la ex­hortación de apropiarnos los sentimientos de Cris­to[62]. Por ella nos enraizamos y fundamos en la di­mensión de caridad que Dios nos tiene en Cristo[63].

La meditación personal es el complemento ne­cesario de la oración comunitaria. Reaviva, de for­ma especial, el espíritu de oración en nuestra vida y en nuestro trabajo cotidiano.

 

50. Fieles a nuestra consagración a la Pasión de Cristo, y guiados por la experiencia y la doctrina de nuestro Santo Padre, que descubrió en esta continua meditación un medio eficacísimo para con­vertir y santificar a toda clase de personas[64], reflexionamos frecuentemente en Cristo Crucificado, para configurarnos mejor a su muerte y resurrección, y hallarnos más dispuestos para anunciar a los demás lo que hemos contemplado[65].

 

51. Conscientes del valor de la oración perso­nal, cultivamos su espíritu en nuestras Comunidades, dedicando cada día tiempos prolongados a la meditación.

Todos los religiosos deben consagrar a ella por lo menos una hora diaria.

Teniendo en cuenta las diversas circunstancias culturales y las exigencias sicológicas de las dife­rentes regiones y grupos de edad, favorecemos distintas formas de meditación, para que se fomen­te más eficazmente, en nuestras Comunidades, una auténtica unión con Dios.

 

52. Hay momentos en los que el trabajo es un obstáculo, y otros en los que falta el deseo espon­táneo de orar. En estos casos nuestra fidelidad y nuestra presencia testimonian el deseo de perma­necer constantes en el amor de Dios[66].

Perseverar en la oración sin jamás desfallecer[67] es urgente responsabilidad de cada uno de nos­otros. En esto debemos ayudarnos mutuamente, hablando de esta exigencia y estimulándonos al compromiso de la oración personal.

 

53. La Bienaventurada Virgen María, Madre del Señor, está presente de forma especial en nuestra vida de oración. Siguiendo su ejemplo, conserva­mos en nuestro corazón la Palabra de Dios[68].

Veneramos a María como Madre nuestra. Imita­mos su oración perseverante y confiada. La amamos, participando con ella en el Misterio de la Cruz, principalmente en la celebración de la Virgen Dolorosa, tanto en su fiesta como en los oficios votivos y durante la contemplación de los Misterios del Rosario mariano, y la invocamos para obtener por su intercesión los dones de gracia que, por nuestra condición de hijos, necesitamos en nuestro caminar hacía el Padre[69].

 

 

La soledad

 

54. La soledad es todavía hoy un valor para nuestra vida de Pasionistas. Cristo la buscó fre­cuentemente para sí mismo [70] y la aconsejó a sus discípulos[71].

Como hombres y maestros de oración, nos es­forzamos por crear entre nosotros condiciones fa­vorables a la soledad[72]. De este modo asumimos un distanciamiento crítico respecto a los criterios y proyectos del mundo, entramos en relación con el Padre para conocer su voluntad de salvación para el mundo, y por eso, también observamos fiel­mente el tiempo anual de los ejercicios espirituales.

 

55. El uso de los medios modernos de comu­nicación social en nuestras Comunidades debe guiarse por las exigencias del espíritu de recogi­miento en los religiosos, de la dignidad de la pro­pia consagración, del respeto al carácter religioso de nuestras casas, así como también por la necesidad real y equilibrada de expansionarnos y de conocer los problemas del mundo, que puede ser útil para el ministerio apostólico.

 

 

La penitencia

 

56. La contemplación del Misterio de la Pasión de Cristo nos urge a una continua conversión y penitencia, según las palabras del Señor: «Si algu­no quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame»[73].

 

57. Manifestamos nuestra configuración con Cristo Crucificado en la generosa diligencia por la que nos comprometemos, y nos sentimos compro­metidos, en los trabajos apostólicos, por la acepta­ción de las cargas inherentes a la vida común, por la paciencia para soportar las flaquezas humanas, propias y ajenas[74].

 

58. La respuesta adecuada del hombre a la conversión cristiana exige también una expresión exterior. Para promover esta respuesta, nuestras Comunidades, de acuerdo con el espíritu peniten­cial del Fundador[75], harán que los actos externos de penitencia formen parte integrante de su vida.

Estas prácticas deben ser auténticas y, por tan­to, conformes con la cultura y la mentalidad de los lugares, y surgir de las circunstancias de la vida cotidiana.

 

59. Nuestros religiosos observarán ayuno y abstinencia el viernes y, al menos, otros dos días en la semana. El Capítulo Provincial puede esta­blecer otros ejercicios de austeridad que sustitu­yan a la abstinencia. El mismo Capítulo determi­nará otras formas, tiempos y prácticas de mortifi­cación, especialmente en los tiempos litúrgicos penitenciales. En casos particulares, el Superior Local puede dispensar de estas normas.

 

 

El Sacramento de la Reconciliación

 

60. Conforme al espíritu cristiano de continua conversión al Evangelio, nos acercamos con fre­cuencia al Sacramento de la Reconciliación. En él obtenemos el perdón de las culpas cometidas con­tra Dios, y al mismo tiempo nos reconciliamos con la Iglesia y con la Comunidad, a las que hemos herido al pecar, mientras ellas cooperan a nuestra conversión con la caridad, el ejemplo y la oración[76].

Manifestamos esta dimensión social del pecado y de la reconciliación mediante oportunas celebra­ciones comunitarias de la penitencia.

 

 

La dirección espiritual

 

61. Una asidua dirección espiritual nos ayuda a discernir la voluntad de Dios y nos mantiene en un clima adecuado de reflexión sobre toda nuestra vida. En el diálogo con el Director, basado en la mutua sinceridad y confianza, podemos llegar a conseguir una más íntima relación con Dios[77]. Además, así llegaremos a conocernos mejor y a progresar en la paz del espíritu.

Siguiendo el ejemplo de nuestro Fundador, sen­timos gran estima por la dirección espiritual, que puede coincidir con el Sacramento de la Reconci­liación[78].

 

 

CAPÍTULO IV

 

LA COMUNIDAD APOSTÓLICA

 

62. La Iglesia ha nacido para difundir el Reino de Dios, y para hacer partícipes de la redención salvadora a todos los hombres y, por medio de ellos, orientar el mundo entero hacia Cristo[79].

Los religiosos, unidos de forma especial a la Iglesia y a su misterio, participan en su apostolado de manera totalmente propia, mediante la entrega de toda su vida a Cristo y a los hermanos.

La Iglesia ha confiado a nuestra Congregación una parte relevante de su apostolado: hacer fruc­tífero el amor de Cristo, que se manifiesta de modo eminente en su Pasión, para que se viva y celebre siempre su memoria[80], con el fin primordial de convertir y santificar a las personas.

El ejemplo y la enseñanza del Fundador consti­tuyen una herencia que inspira a la Congregación y nos estimula a todos a participar con gran em­peño en los esfuerzos apostólicos que reclaman nuestros tiempos.

 

63. Puesto que la vida religiosa es apostólica por su naturaleza, todos participamos en el apostolado, de la manera más apropiada a las cualida­des de cada uno y a las diversas situaciones.

Tenemos en gran estima el ministerio de la Pa­labra. Lo que debemos vivir y predicar fielmente es el «Evangelio de la salvación»[81]. Esta Palabra de Verdad, Cristo, es «Palabra de Vida»[82]. Ésta, confiada a la Iglesia, edifica la comunidad de todos los creyentes, y los consagra para la celebración de los sacramentos. Siguiendo el ejemplo de Jesu­cristo, que, hecho hombre en la vida y en la histo­ria de sus contemporáneos, «pasó haciendo el bien y sanando a todos»[83], seremos «ejecutores de la Palabra»[84] mediante el testimonio evangélico, el valor profético de la predicación.

 

 

La Pasión de Cristo en nuestra actividad apostólica

 

64. Por nuestra peculiar misión en la Iglesia, podemos apropiarnos las palabras de San Pablo: «Nosotros predicamos a Cristo Crucificado»[85], de quien también proclamamos que «ha resucitado»[86].

La alegría de la Resurrección de Cristo implica necesariamente la aceptación del puesto central que el misterio de la Cruz tiene en su vida.

Para alcanzar la vida de Cristo resucitado, los hombres deben tomar parte también en su muerte, y morir al pecado y al egoísmo; pues en verdad «Cristo sufrió por nosotros dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas»[87].

 

65. Nosotros, los Pasionistas, tenemos el Mis­terio Pascual como centro de nuestra vida.

Nos dedicamos con amor al seguimiento de Jesús Crucificado, y nos preparamos con espíritu de fe y caridad a anunciar su Pasión y Muerte, no sólo como acontecimiento histórico pasado, sino como realidad, ciertamente presente, en nuestra vida: hoy queremos padecer y ser crucificados místicamente, para salvar y santificar a la mayor cantidad posible de personas, especialmente en aquellos lugares a donde no llega la palabra de Dios.

Nuestra vocación nos apremia a alcanzar un profundo conocimiento de la Pasión y la Muerte del Cristo místico, es decir, los sufrimientos que Cristo experimenta con el pecado y, a veces, con la muerte eterna de sus miembros, para que podamos guiar a los fieles a la meditación y a una viva experiencia de este misterio, con la que puedan convertirse y luego ser llevarlos a la más íntima unión con Dios, a la santidad.

 

66. Nuestro Fundador nos exhortó «a ser solí­citos para enseñar al pueblo a meditar de un modo mejor y más sencillo la Pasión de Cristo»[88]. Sensi­bles a la mentalidad de nuestros contemporáneos, respetuosos con el valor de la «piedad o religiosidad popular»[89], la caridad nos ayudará a encontrar modos nuevos y creativos para incrementar en nos­otros y en los demás la contemplación del Cruci­ficado. A tal fin, nuestro Fundador ejerció con gran celo la dirección espiritual de personas particula­res, fructífero ministerio con el que también debemos hoy servir a los hom­bres que lo solicitan de nosotros.

 

 

Dimensión comunitaria de nuestro apostolado

 

67. Nuestra actividad apostólica es una expre­sión de la vida comunitaria. Llamados al servicio de la Iglesia en la Comunidad y a través de la Co­munidad, debemos interesarnos particularmente por aquellas formas de apostolado que estén enrique­cidas por la vida comunitaria y, al mismo tiempo, la benefician.

Por tanto, nuestra actividad apostólica debe compaginarse con la pertenencia a una Comunidad e integrarse en los programas y proyectos apostó­licos de la misma. Lo cual nos proporcionará el apoyo de la fraternidad religiosa y contribuirá a hacer eficaz la acción apostólica y pastoral.

 

68. Aunque enriquecidos con carismas diver­sos[90], todos estamos obligados a promover, según nuestras fuerzas, la finalidad y las iniciativas apos­tólicas de la Congregación. Reconocemos los do­nes recibidos por los miembros de la Comunidad, de tal manera que su servicio apostólico a la Iglesia y al prójimo sea valorado y apoyado por cada uno de nosotros.

Ofrézcanse oportunidades a todos los religiosos de emplear sus talentos en las diferentes obras apostólicas de la Congregación, para el bien de la Iglesia.

 

69. Sabiendo que formamos parte de una co­munidad humana más amplia, sentimos la necesi­dad y la responsabilidad de cooperar con los demás hombres de buena voluntad, y buscar con ellos todo lo que sea verdadero, noble y justo[91], teniendo en cuenta las necesidades actuales de la Iglesia y del mundo, así como nuestra especial misión y las apti­tudes de los religiosos.

 

 

Campos de nuestro apostolado

 

70. Siguiendo la tradición de nuestro Funda­dor, nos dedicamos a evangelizar y reevangelizar a los pueblos, preferentemente los más pobres, en los lugares más abandonados[92].

La Congregación asumirá como propias aquellas formas del ministerio de la Palabra que juzgue idó­neas para realizar su actividad evangelizadora.

Aunque cumplimos esta misión según las dis­tintas formas establecidas por nuestras Constitu­ciones, la predicación de santas misiones y de ejer­cicios espirituales permanece como nuestra activi­dad primaria y central.

 

71. Un campo de apostolado cada día más im­portante es la actividad entre los grupos descristianizados, para que vuelvan a ser miembros vivos de la comunidad cristiana.

Este apostolado exige una viva conciencia de que Dios puede abrirnos una puerta «para anunciar el misterio de Cristo»[93].

 

72. Con espíritu de fe y de amor fraterno exa­minamos atentamente los signos de los tiempos, como San Pablo de la Cruz, que veía «escrito el nombre de Jesús en la frente de los pobres»[94].

Guiados por la enseñanza de la Iglesia, y movi­dos por nuestra consagración a la Pasión de Cristo, procuramos que nuestra vida y nuestro apostolado sean un signo verdadero y eficaz en favor de la salvación eterna de las personas y de su santificación, única finalidad que está a la altura de su dignidad como hijos de Dios, creados para conseguir la felicidad eterna.

El duro trabajo exigido en este servicio debe ser, para nosotros, una forma de abrazar la cruz en espíritu de fidelidad a nuestra misión[95].

 

73. Insertos en la Iglesia local, participamos de sus necesidades pastorales. Ofrecemos nuestro servicio, colaborando en una pastoral de conjunto y de ambiente, manteniéndonos abiertos y disponi­bles a las solicitudes y deseos de la comunidad diocesana, y manifestando también el carácter religioso de nuestro Instituto y su misión peculiar en la Iglesia.

Esta integración debe tener presente que el anuncio de la Palabra de la Cruz es nuestro com­promiso apostólico característico, y que la dimen­sión comunitaria es un elemento necesario de nues­tra vida religiosa y un testimonio de gran impor­tancia para toda la Iglesia.

La aceptación de parroquias sólo puede hacerse después de un ponderado discernimiento a nivel local y provincial, y con la autorización del Superior General y su Consejo.

 

74. La unidad entre los cristianos es una de las preocupaciones capitales de la Iglesia. «La divi­sión entre los cristianos no sólo contradice abierta­mente la voluntad de Cristo; también es un escán­dalo para el mundo y daña la causa santísima de la predicación del Evangelio a todos los hombres»[96].

Por esto nos entregamos a actividades ecumé­nicas, ya individual, ya comunitariamente, donde sea posible y con la debida preparación.

 

75. Teniendo presente la naturaleza misionera de la Iglesia, y como Congregación que desea ser fiel a su inspiración original, asumimos el quehacer misionero, como lo hizo san Pablo de la Cruz: en donde ya está establecida la Iglesia, para proclamar en todos esos pueblos la Palabra de la Cruz, de modo que con ella se conviertan y se santifiquen.

Todos los religiosos han de sentirse responsa­bles de nuestro apostolado misionero y considerarlo como una actividad primaria y central de la Congregación. Todas las Provincias deben comprometerse en este ministerio bajo la Autoridad General, que debe alentarlo, dirigirlo y coordinarlo.

 

76. En todo campo de apostolado, pastoral, ecuménico o misionero, se nos exige, además del testimonio de vida, que nuestro ministerio se ca­racterice por la competencia profesional, por la experiencia y por la adaptación a las cambiantes necesidades de tiempos y lugares.

Es responsabilidad de toda la Provincia y de cada una de las Comunidades sopesar y evaluar sus actividades y campos de apostolado, para adaptarlos continuamente a las exigencias de los tiem­pos.

 

 

CAPITULO V

 

LA FORMACIÓN PARA NUESTRA VIDA

 

La formación en general

 

77. La Congregación, sabiendo que el primer formador es Dios, colabora con la acción del Espíritu Santo en cada religioso. El que ha sido llamado a la vida religiosa debe ser discípulo fiel de Jesu­cristo; un hombre evangélico.

Es incumbencia de la Congregación favorecer en nuestros religiosos una entrega libre y cons­ciente a Dios y al servicio de la Iglesia en la vida comunitaria pasionista, y mantener al día la forma­ción iniciada en los primeros años de vida reli­giosa.

 

78. Los fines de la formación exigen que ésta se mantenga en constante referencia a los principios fundamentales de una vida plenamente humana y religiosa en la Congregación.

Debemos progresar en el conocimiento y asimilación de la naturaleza, del carácter propio y de los fines de la Congregación[97], con una referencia continua, teórica y práctica, a las genuinas fuentes bíblicas, teológicas, litúrgicas y del magisterio, así como a las actuales formas de vida de oración y apostolado en nuestra Congregación.

 

79. Todos somos responsables de la vitalidad y desarrollo de la Congregación.

Después de la santidad personal, la fidelidad al carisma de san Pablo de la Cruz, manifestada en una vida intensa de oración, diligentemente laboriosa, llena de alegría interior y sostenida por la fraterna colaboración de la Comunidad, constituye la mejor invitación para los jóvenes llamados a formar parte de la vida pasionista[98].

 

80. Las Comunidades, especialmente las casas de formación, sean verdaderas escuelas de oración y de fraternidad, abiertas totalmente al espíritu de la Iglesia, vitalmente conscientes de su misión de anunciar el Evangelio en el mundo, estimando los auténticos valores humanos del mismo.

Los religiosos muestren a los más jóvenes que los consideran llamados por Dios a la Congregación, para contribuir a la vida y al apostolado de la misma.

Sólo en este ambiente, y con la ayuda de religiosos preparados[99], los jóvenes podrán experimentar el gran valor de la ayuda fraterna para progresar y perseverar en la vocación.

 

81. El Maestro de Novicios, los Directores y los demás religiosos encargados de la formación, deben ser nombrados por el Superior Mayor, con el consentimiento de su Consejo. Sean espiritual y sicológicamente bien formados, dotados de sólida doctrina, conveniente experiencia pastoral y suficiente conocimiento de la espiritualidad y de la historia de la Congregación, solícitos en educar a los jóvenes para un auténtico ambiente de familia pasionista, y de infundir en cada uno de ellos entusiasmo por la vocación. Por tanto, ayúdenlos a experimentar gradualmente su pertenencia a la Comunidad y el deber de contribuir también a la vitalidad de la misma y al trabajo de la Congregación.

 

82. Tarea de los formadores y de la Comunidad será discernir la autenticidad de la vocación de los candidatos, y acompañarlos en su proceso de discernimiento, teniendo en cuenta sus cualidades humanas, morales y espirituales, y también su estado de salud, física y síquica[100].

Guíenlos a la madurez humana, a la entereza de ánimo, a la capacidad de decidirse por sí mismos y de asumir sus propias responsabilidades para descubrir gradualmente, en el misterio salvífico de Cristo, las exigencias de la vocación pasionista. Sepan orientarlos a un conocimiento más profundo de las ideas y de los hechos de la vida social en la que se encuentran, para que aprendan a enjuiciarlos a la luz del Evangelio.

 

83. El candidato desarrollará las cualidades humanas y espirituales que lo hagan idóneo para la vida religiosa.

En un clima de diálogo y mutuo respeto, esté dispuesto a aceptar las necesarias directrices que la legítima autoridad pueda dar prudentemente a su actividad, y a beneficiarse de la ayuda de sus formadores, cooperando libre y generosamente con la gracia divina de la vocación.

En él recae, de hecho, la mayor responsabilidad de la propia formación y de lograr un espíritu de colaboración y de caridad con los hermanos a quienes se une, desarrollando su capacidad de adaptación a los demás y de trabajar en equipo.

 

84. Cualquier apostolado requiere un alto nivel de competencia, ya que supone no sólo un conocimiento especializado, sino también continua adaptación a las exigencias de su campo de trabajo.

Todos tenemos que continuar el estudio, acumulando experiencias adecuadas, para profundizar en nuestra fe, alimentar nuestra oración y prepararnos para realizar eficazmente el ministerio apostólico[101].

 

85. La Congregación preparará un programa de formación y de instrucción, inicial y permanente, para realizar la formación humana, intelectual y religiosa de sus miembros, teniendo en cuenta los documentos de la Santa Sede sobre esta materia, y el derecho particular[102].

Todas las Provincias, Viceprovincias y Vicariatos Regionales lo adaptarán de acuerdo con las directrices de la Conferencia Episcopal Nacional, y buscarán personal competente para desarrollarlo. Una vez redactado, preséntese al Superior General para su aprobación.

 

86. Teniendo en cuenta nuestro carácter propio y nuestro voto particular, debe integrarse en el programa de formación, por cursos especiales o seminarios, todo el contenido de la Pasión de Cristo, del carisma y de la espiritualidad de la Congregación y de su Fundador, como también de su vida.

 

 

Formación en el Prenoviciado y en el Noviciado

 

87. Nos comprometemos seriamente a promover las vocaciones a la vida pasionista.

Los candidatos serán estimulados a responder a la vocación por medio de seminarios, o de otra manera que se juzgue más eficaz y oportuna[103].

En la promoción y orientación de las vocaciones, téngase presente la necesidad de atender al apostolado dentro y fuera del propio país[104].

 

88. Los candidatos tendrán un tiempo de Postulantado en el que experimentarán la vida comunitaria. En este tiempo examinen su vocación y prepárense adecuadamente para el Noviciado. Además del conocimiento recíproco, pueden alcanzar una mayor madurez humana (intelectual, cultural, moral, emocional y afectiva), y adquirir ideas claras sobre el fin de la vida religiosa[105].

 

89. La finalidad del Noviciado es la de ayudar a los candidatos a conocer mejor el carisma de la vocación pasionista, a experimentar el estilo de vida de la Congregación y a asimilar su espíritu y entrega apostólica. Al mismo tiempo ofrece a la Congregación la oportunidad de conocer y valorar la buena voluntad y las cualidades de los aspirantes[106].

 

90. El Capítulo Provincial, teniendo en cuenta las normas del derecho común y particular, determinará:

 

a) los requisitos para el ingreso en el Noviciado;

 

b) los modos de aplicar el programa del Noviciado;

 

c) la duración del Noviciado, que no será inferior a un año ni superior a dos.

 

91. El Noviciado es común a clérigos y a hermanos. La admisión como clérigo o hermano, al principio, durante o después del Noviciado, debe ser autorizada por el Superior Provincial, oídos su Consejo y aquellos a quienes prudentemente juzgue oportuno. De todo esto envíese información al Secretario General.

 

92. Para su validez, el Noviciado debe hacerse en una casa religiosa determinada por el Superior General, con el consentimiento de su Consejo. Sin embargo, los Superiores Mayores pueden autorizar que todos los novicios sean trasladados por cierto tiempo a otra casa, designada por aquellos.

Para una mejor formación de los novicios, el Maestro, con el consentimiento del Superior Mayor, puede permitir que se dediquen por algún tiempo a actividades apostólicas fuera de la Comunidad del Noviciado, pero no más de un mes. Sobre esto se observarán siempre las normas de derecho común y particular.

 

 

Admisión en la Congregación y a las Órdenes

 

93. Es competencia del Superior Provincial, oído su Consejo, admitir al Noviciado y despedir, por causa justa, a los novicios. También, el admitir a la renovación de los votos y a los ministerios de la Iglesia.

El mismo Superior Provincial, con el consentimiento de su Consejo, admite a los votos temporales, a la profesión perpetua, al Diaconado y al Sacerdocio.

Cada Provincia determinará qué otro organismo deberá ser consultado por el Superior Mayor y su Consejo en tales casos.

 

94. Los religiosos de votos perpetuos pueden recibir el Diaconado permanente, según las normas de la Conferencia Episcopal Nacional. Como criterios de la Congregación, además de los que pueda establecer el Capítulo Provincial, se observarán los siguientes:

 

a) admisión por parte del Superior Provincial con el consentimiento de su Consejo;

 

b) la misma edad requerida para la ordenación sacerdotal;

 

c) la debida preparación intelectual y apostólica.

 

95. En la legislación provincial se determinará la exacta duración del período de votos temporales, que no podrá ser inferior a tres años ni superior a seis.

El Superior Mayor, con el consentimiento de su Consejo, puede prorrogar el período de la profesión temporal en casos particulares, pero no más de un trienio sobre lo establecido por el Capítulo Provincial (c. 657,2).

 

96. El Superior Mayor propio, o su Delegado, recibirá la profesión de los candidatos, que se hará según el ritual propio de la Congregación.

La fórmula de la profesión es:

 

YO, N.N., PARA GLORIA DE DIOS, MOVIDO POR UNA FIRME VOLUNTAD DE CONSAGRARME A ÉL MAS PERFECTAMENTE, Y DE SEGUIR DE CERCA A CRISTO CRUCIFICADO DURANTE TODA LA VIDA, ANTE LOS HERMANOS PRESENTES, EN TUS MANOS, N.N., HAGO VOTO (por un trienio… para siempre) DE RECORDAR CONTINUAMENTE LA PASION DEL SEÑOR, Y PROMOVER SU MEMORIA DE PALABRA Y DE OBRA. HAGO VOTO TAMBIÉN DE CASTIDAD, POBREZA Y OBEDIENCIA, SEGÚN LAS REGLAS Y CONSTITUCIONES DE LA CONGREGACION DE LA PASION DE JESUCRISTO. Y ME ENTREGO A ESTA FAMILIA DE TODO CORAZÓN PARA QUE, CON LA GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO, LA AYUDA DE MARÍA, LA VIRGEN DOLOROSA, Y LA INTERCESIÓN DE NUESTRO SANTO PADRE PABLO DE LA CRUZ, ALCANCE LA CARIDAD PERFECTA EN EL SERVICIO DE DIOS Y DE LA IGLESIA.

 

 

Salida y expulsión de los religiosos

 

97. Los hermanos, con actitud generosa, cuiden diligentemente el don de la propia vocación. Procuren en esto superar las dificultades principalmente con la oración y la vigilancia, y con la ayuda y el consejo de los Superiores y Maestros de espíritu.

 

98. Los Superiores ayudarán a los hermanos con especial prudencia y atención pastoral cuando estén afligidos por dudas y dificultades. No obstante, si razones justas y graves, o causas gravísimas en el caso de un religioso de votos perpetuos, consideradas en la presencia de Dios, aconsejan que alguno abandone la Congregación, o incluso que sea expulsado de ella, debe procederse en todo conforme a las normas del derecho común y particular.

 

 

 

CAPITULO VI

 

CONSTITUCIÓN DE LA CONGREGACIÓN

 

 

99. Nuestra Congregación ha sido instituida por la Iglesia como forma auténtica y particular de vida religiosa. Su título es “Congregación de la Pasión de Jesucristo” (expresado brevemente por la sigla C.P.) y sus miembros se llaman “Pasionistas”. Es un instituto religioso clerical de derecho pontificio.

 

100. Todos nosotros, tanto los clérigos como los hermanos, participamos de la misma vocación pasionista, que vivimos en comunidad como hijos del mismo Padre. En las relaciones mutuas nos consideramos verdaderamente iguales; y con esfuerzo común, aunque cada uno según su función de servicio en la Iglesia y en la Congregación, nos comprometemos a fomentar la memoria de la Pasión por el seguimiento de Jesús Crucificado, dirigidos y guiados por nuestras Constituciones.

 

101. La incorporación al Instituto se hace por la profesión de los votos.

Cada religioso queda adscrito a la Provincia o Vicariato Regional General que le ha admitido en la Congregación.

Todos los miembros de la Congregación tienen idénticos derechos y deberes a norma de las Constituciones.

Todos los miembros de la Congregación gozan de voz activa, según las normas del derecho particular; pero sólo los religiosos de votos perpetuos tienen voz pasiva, mientras no conste lo contrario por la naturaleza del caso, o por ley común o particular.

 

102. El hábito propio de los religiosos en la Congregación es una túnica negra con cinturón y el signo de la Pasión. Los religiosos deben llevar el hábito como signo de consagración y testimonio de pobreza.

El Capítulo Provincial dictará normas sobre su uso, teniendo en cuenta las orientaciones de la Conferencia Episcopal Nacional, y las costumbres y circunstancias del lugar.

 

103. Según el derecho común y particular, la Congregación está dividida en Provincias, Viceprovincias, Vicariatos Regionales y Comunidades Locales.

 

a) PROVINCIA es la unión de varias Comunidades Locales bajo un mismo Superior, que las gobierna con jurisdicción ordinaria propia.

 

b) VICEPROVINCIA es la unión de varias Comunidades Locales bajo un mismo Superior, que las gobierna con jurisdicción ordinaria vicaria, en nombre del Superior General.

 

c) VICARIATO REGIONAL es la agregación de varios religiosos bajo el mismo Superior que los gobierna con jurisdicción ordinaria vicaria. Puede ser Vicariato General o Provincial, según que dependa del Superior General o Provincial.

 

d) COMUNIDAD LOCAL está constituida por tres religiosos como mínimo, que viven bajo la autoridad de un Superior en una casa religiosa, erigida según las normas del derecho común o particular. Por lo tanto, debemos habitar en la propia casa religiosa y no abandonarla sin licencia del Superior; si se trata de ausencias prolongadas, este permiso debe darlo el Superior Mayor, según el derecho común.

 

104. La erección, supresión o unión de las Provincias se reserva al Capítulo General, o al Superior General con el consentimiento del Sínodo General.

La modificación de una Provincia compete al Superior General con el consentimiento de su Consejo, oído el parecer de las Autoridades Provinciales interesadas.

La erección, modificación y supresión de una Viceprovincia compete al Superior General con el consentimiento de su Consejo, después de haber escuchado a las partes interesadas.

La erección y supresión de un Vicariato General se reserva al Superior General con el consentimiento de su Consejo.

La erección y supresión de un Vicariato Provincial se reserva al Capítulo Provincial o a otro organismo determinado por la legislación provincial, previa aprobación del Superior General con el consentimiento de su Consejo.

La erección y supresión de una casa religiosa será decidida por el Superior General con el consentimiento de su Consejo, después de cumplir los requisitos del derecho y de haber consultado con la Autoridad Provincial interesada.

La petición para erigir o suprimir una casa religiosa, siguiendo las normas establecidas en el derecho, debe ser dirigida al Superior General por el Superior Provincial con el consentimiento de su Consejo, o también con el consentimiento o el parecer de aquellos que tienen voz en este asunto según las normas provinciales.

 

105. Toda Comunidad Local debe formar parte de una Provincia, Viceprovincia o Vicariato Regional. Pero si lo exige el bien de la Congregación, el Superior General, con el consentimiento de su Consejo, y oído el parecer del Superior Provincial o Viceprovincial con su respectivo Consejo, puede someter algunas casas religiosas a su inmediata jurisdicción.

 

106. Todas las casas religiosas tienen los mismos derechos y obligaciones, a no ser que el Superior General, o el Capítulo Provincial, o el Congreso de la Viceprovincia, hubieran determinado otra cosa.

 

107. El Superior General, con el consentimiento de su Consejo, tiene el derecho de aceptar territorios misionales y de gestionar ante la Santa Sede su división o abandono.

El mismo Superior, después de oír el parecer de su Consejo, puede confiar estos territorios a una o a varias Provincias, teniendo en cuenta su capacidad para proveer de personal y de los medios necesarios.

Las Misiones que una Autoridad Provincial ha aceptado del Superior General quedan bajo la inmediata autoridad de las Provincias a las que han sido confiadas.

 

 

CAPITULO VII

 

GOBIERNO DE LA CONGREGACIÓN

 

108. La autoridad de la Iglesia se confía a quienes la ejercen como un servicio fraterno que prestan en nombre de Dios. Por lo tanto, quienes tienen responsabilidad de gobierno en la Congregación han de permanecer atentos a las manifestaciones del espíritu para guiar a la comunidad de tal manera que promuevan la plena madurez de cada religioso y el bien común de la Congregación.

 

109. La autoridad y la jurisdicción colegial competen a los Capítulos General y Provincial, a tenor del derecho común, de las Constituciones y de los Estatutos Generales.

Ni el Consejo General, ni el Consejo Provincial, ni el Capítulo Local ni otras estructuras de gobierno, tienen potestad colegial, ni siquiera en los casos en que es deliberativo el voto, a no ser que conste de otro modo en el derecho común y particular o se trate de una elección.

Los Superiores General, Provincial y Local, observando las normas del derecho, obran con potestad propia, después de haber obtenido el consentimiento o el parecer de su respectivo Consejo o del Capítulo Local.

Al tratar los asuntos, según las normas del derecho, los superiores forman un solo equipo con su Consejo y emiten su voto con él.

 

110. Con el nombre de Superior Mayor se designa al Superior General, a los Superiores Provincial y Viceprovincial, al Vicario Regional, a sus respectivos sustitutos en el oficio, y a los que ejercen potestad que puede equipararse a la de Provincial.

Ningún religioso puede ser designado para el oficio de Superior Mayor sino después de siete años de profesión perpetua; y si se trata del Superior General, después de cumplir los cuarenta años de edad.

 

111. Los Superiores Mayores están obligados a hacer personalmente profesión de fe, según la fórmula aprobada por la Santa Sede:

 

a) El Superior General ante el Capítulo General que lo ha elegido;

 

b) Los demás Superiores Mayores ante aquel por quien han sido elegidos o por quien deben ser confirmados, o ante su Delegado.

 

112. Cuando se trate de elecciones, se tendrá por elegido, y será proclamado por el presidente del organismo elector, quien hubiera obtenido la mayoría requerida de sufragios, según las normas del derecho común y particular, descontando siempre los votos nulos.

Cuando se trate de otros asuntos, se computará también la mayoría teniendo en cuenta los votos válidos.

 

113. No bastan las leyes escritas para lograr una orientación dinámica ni para crear comunidades realmente vivas. Colaboren todos los religiosos para conseguir un buen gobierno en sus diferentes niveles. Si cada uno acepta esta corresponsabilidad, la autoridad podrá servir a la comunidad en la que aquella se ejerce y se alcanzarán los fines inherentes a nuestra misión en la Iglesia, para honor y gloria de Dios y salvación de los hombres.

 

114. Para solicitar de la Santa Sede la modificación de algún punto, o para introducir alguno nuevo en las Constituciones, se requieren las dos terceras partes de los votos en dos Capítulos Generales consecutivos.

Después de la primera resolución, el Superior General solicitará un rescripto “ad tempus” para que se permita experimentar el punto modificado o añadido. La petición para cambiar o introducir definitivamente estos puntos sólo podrá hacerse si han sido sancionados por el siguiente Capítulo General.

 

115. La facultad de interpretar las Constituciones corresponde al Capítulo General; y, fuera de él, al Superior General con el consentimiento de su Consejo, siempre que la interpretación no sea extensiva ni restrictiva, pues en estos casos queda reservada a la Santa Sede. Sin embargo, la facultad de interpretar los Estatutos Generales o la legislación particular de las Provincias o Viceprovincias se reserva a la autoridad de la Congregación que se ha señalado arriba.

Los Superiores Provinciales, con el consentimiento de su respectivo Consejo, gozan de la facultad de interpretar el derecho particular de la Provincia, excepto en las normas directamente relacionadas con el Superior Provincial o su Consejo. Todos los religiosos tienen el derecho de recurrir al Superior General y a su Consejo.

 

116. En materia de dispensas: el Superior General puede dispensar a cada uno de los religiosos y, con el consentimiento de su Consejo, a las casas particulares, a los Vicariatos y a las Provincias, de las normas disciplinares de las Constituciones o de cualquier precepto de los Estatutos Generales. Además, con el consentimiento de su Consejo, puede dispensar de las normas y decretos de los Congresos y de los Capítulos Provinciales.

Los demás Superiores Mayores tienen la facultad de dispensar a sus religiosos individualmente, y a los que se encuentran en el territorio de su jurisdicción; y en casos particulares, con el consentimiento de su Consejo, también a cada una de las casas, de algunas normas disciplinares de nuestra legislación.

El Superior Local, en materia disciplinar, puede dispensar a los religiosos individualmente y, en casos aislados, también a toda la Comunidad.

 

117. Para predicar a los religiosos en nuestras iglesias u oratorios, se necesita licencia del Superior Mayor o del Local.

 

118. Para publicar escritos que traten de cuestiones de religión o de moral, nuestros religiosos, además de la licencia eclesiástica que se requiera, necesitan también el permiso del Superior General o Provincial.

 

 

La Comunidad Local

 

119. La vitalidad de la Congregación depende de su célula fundamental, es decir, de la comunidad local. En ella los Pasionistas, conscientes de su dignidad como hijos de Dios, viven en una sociedad que reconoce las legítimas exigencias de corresponsabilidad. Sienten el deber y el derecho de tomar parte en las decisiones de la Comunidad. Y, por tanto, nunca deben proceder con aceptación puramente pasiva.

Los superiores lleven a los religiosos a que, en el cumplimiento de los cargos y en la aceptación de los compromisos, cooperen con obediencia activa y responsable. Oigan, pues, de buen grado a los religiosos y estimulen su colaboración para el bien del Instituto y de la Iglesia, quedando, no obstante, en firme su autoridad para ordenar y mandar lo que se deba hacer[107].

 

120. El religioso designado Superior no vive por encima ni fuera de su Comunidad. Es un hermano entre hermanos. Consciente de que el bien de la comunidad depende en gran parte del Superior, considera su función como un servicio a los hermanos, de suerte que así exprese la caridad con que Dios los ama[108].

Gobierna a los hermanos con respeto a la persona humana, de modo que cada uno siente que se le tiene en la debida consideración. Una actitud comprensiva con la firmeza y la constancia.

Su servicio a los hermanos sea a la vez pastoral y de coordinación. En cuanto pastor, reúna a la familia de Dios como una fraternidad vivificada por la unidad, y condúzcala hacia el Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo. En cuanto animador, promueva actividades y sistemas que unan a los hermanos en una verdadera comunidad de vida, de oración y de apostolado[109].

 

121. Según el principio de subsidiariedad, la Comunidad Local goza de la libertad necesaria para su vida y su misión dentro del ámbito de sus actividades; pero permanece ligada en fraterna unión y en diálogo con las demás comunidades, y así contribuye al desarrollo de la Provincia, en cuya prosperidad encuentra ayuda, inspiración y fuerza.

Los recursos de la Provincia están de hecho al servicio de todos, y para todos son comunes los fines.

 

 

La Provincia

 

122. El Capítulo Provincial es el órgano supremo de autoridad y de orientación de la Provincia.

En virtud del principio de subsidiariedad, muchas decisiones se dejan al criterio de la Autoridad Provincial, para que ésta pueda atender a la solución de los problemas en el propio ambiente. Lo cual permite una equitativa autodeterminación en el ámbito de la misión propia de la Congregación.

 

123. El Capítulo Provincial se convoca para examinar la vida de la Provincia, afrontar los problemas que afectan a su marcha, programar adecuadamente el futuro, dictar normas y decretos y ejercer funciones electivas.

Aunque no le corresponden funciones de gobierno ejecutivo, sí tiene la responsabilidad de evaluar cuanto se ha hecho, a la luz de las directrices claramente definidas.

 

124. El Superior Provincial debe orientar a las comunidades y animarlas a que conserven una sincera unión fraterna.

Debe permanecer atento a las mociones del Espíritu y valorar la diversidad de situaciones.

Con la ayuda de su Consejo y de los organismos establecidos, podrá juzgar recta y responsablemente sobre el estilo de vida y la fidelidad de las comunidades.

 

125. El Superior Provincial, profundamente interesado por los religiosos de su Provincia, busque todos los medios para desarrollar las cualidades de los mismos, pues esto repercute en el bien de cada uno y de toda la Provincia.

Para cumplir su función de guía, proponga objetivos, aclare valores y sugiera motivaciones inspiradas en la auténtica vida pasionista.

Puesto que sobre él recae la primera responsabilidad en la buena marcha de la Provincia, debe organizar su actuación de modo eficaz, dirimir las divergencias, vigilar sobre el cumplimiento de los programas encomendados por la Autoridad General o Provincial, y promover la más estrecha solidaridad de su Provincia con el resto de la Congregación.

 

 

El Capítulo General

 

126. La suprema autoridad en la Congregación corresponde al Capítulo General, que goza de plena jurisdicción según el derecho.

 

127. El Capítulo General se reúne para ejercer funciones legislativas y electivas, y para promover la fidelidad de la Congregación a su objetivo común y a su servicio en la Iglesia. Por consiguiente, sus principales responsabilidades son:

 

a) Discernir las manifestaciones del Espíritu en los signos de los tiempos, de modo que la Congregación llegue a ser una fuerza dinámica en constante renovación y adecuada puesta al día.

 

b) Estimular el desarrollo de la auténtica índole de la Congregación, para que aparezca evidente en cualquier parte en que estén nuestros religiosos.

 

c) Comprobar el estado en que se encuentra la Congregación, y clarificar los objetivos comunes en lo referente a nuestra vida comunitaria y a nuestra actividad apostólica.

 

d) Mantener la solidaridad y la unidad dentro de un sano pluralismo.

 

e) Evaluar la actuación del Gobierno General y si ha puesto en práctica lo programado por el anterior Capítulo General y el Sínodo General, sin descender a procedimientos administrativos que dependen del Superior General y de sus colaboradores.

 

f) Elegir al Superior General y a su Consejo.

 

128. El Capítulo General, en calidad de supremo órgano legislativo de una comunidad internacional, formulará, de ordinario, directrices y disposiciones en términos generales, dejando a las Provincias la tarea de actuarlas, de acuerdo con las diferentes exigencias de cultura y ambiente.

 

129. El Capítulo General se celebrará cada seis años.

Son miembros por oficio el Superior General, que será también el presidente del mismo Capítulo, los anteriores Superiores Generales, los Consultores Generales, el Procurador General, el Secretario General, el Secretario General de Misiones, el Ecónomo General y los Superiores Provinciales y Viceprovincia-les.

Si un Provincial o Viceprovincial se encuentra impedido, asistirá su Primer Consultor. Si tampoco éste puede participar, será elegido otro por el Consejo Provincial.

 

130. Tomarán parte en el Capítulo General uno o más Delegados, elegidos por cada Provincia según las normas de los Estatutos Generales. Éstos pueden establecer el procedimiento para designar a los Delegados de los diferentes grupos, regiones u organizaciones de la Congregación. Si un Delegado se halla impedido para tomar parte en el Capítulo, lo reemplazará su sustituto.

 

 

El Superior General y su Consejo

 

131. El Superior General es el religioso que está al frente de toda la Congregación y tiene jurisdicción ordinaria propia, que ha de ejercer según las normas del derecho común y particular, sobre todas las Provincias, Viceprovincias, Vicariatos Regionales, casas, religiosos y bienes de la Congregación.

El Superior General es elegido por un sexenio, y puede ser reelegido inmediatamente sólo otra vez.

 

132. Los electores, ponderando todas las cosas ante el Señor, procurarán, con la mayor diligencia, elegir a quien consideren el más capacitado para gobernar la Congregación.

 

133. Para la elección del Superior General se requieren las dos terceras partes de los votos. Pero si en el quinto escrutinio no se hubiera realizado la elección, en los sucesivos se tendrá por elegido a quien obtuviera la mayoría absoluta.

 

134. Por tener jurisdicción sobre la Congregación entera, el Superior General goza del derecho a voto en cualquier Capítulo Provincial y Local, Congreso o Asamblea de la Congregación.

Si en algún caso extraordinario ejerce jurisdicción directamente sobre alguna Provincia, necesita solicitar el parecer o el consentimiento de su Consejo siempre que el Provincial tiene que pedirlo al suyo.

 

135. El Capítulo General elegirá al menos a cuatro Consultores, según las normas de los Estatutos Generales, que forman el Consejo General y ayudan al Superior General en los asuntos de la Congregación.

El Superior General informará a su Consejo acerca del estado de la Congregación, y tratará frecuentemente con él los problemas y la evolución de la misma.

El Superior General recabará el voto deliberativo o consultivo del Consejo cuantas veces lo exija el derecho común o particular.

 

136. Para elegir a los Consultores Generales es suficiente la mayoría absoluta. Pero si en el quinto escrutinio no se hubiera efectuado todavía la elección, ésta se hará entre los dos candidatos que en tal escrutinio hayan obtenido mayor número de votos. Y se tendrá por elegido al que reciba la mayoría absoluta. Si en el sexto escrutinio los dos quedaran igualados a votos, se tendrá por elegido al más antiguo de profesión; y si aún subsiste la igualdad, al de más edad.

Todos ellos permanecen en el oficio durante seis años, y pueden ser elegidos inmediatamente sólo una vez consecutiva.

 

137. El Superior General y sus Consultores quedan confirmados en el cargo por el mismo hecho de ser elegidos y de haber aceptado la elección.

Después de elegir el número establecido de Consultores, el Capítulo procederá a designar, según las normas dichas para elegir a los Consultores, quién de ellos ocupará el puesto de Primer Consultor. Cuando por cualquier causa, el Superior General estuviera ausente, el Primer Consultor hará sus veces.

Si queda vacante el oficio de Superior General, el Primer Consultor ocupará su puesto hasta el próximo Capítulo General, que debe celebrarse dentro de un año.

 

138. El Superior General, con el consentimiento de su Consejo, nombrará al Procurador, al Secretario y al Ecónomo Generales, al Secretario General para las Misiones y al Postulador general.

El mismo Superior General, con el consentimiento de su Consejo, designará también a los Superiores Locales de las casas que le están inmediatamente sujetas.

 

139. Si un Consultor General cesa en su oficio, el Superior General, los Consultores Generales y el Procurador General elegirán a otro, en acto colegial, hasta el siguiente Capítulo General.

 

140. Los Estatutos Generales definirán cuál ha de ser el “quórum” necesario para la validez de los actos del Consejo General, y determinarán qué oficiales de la Curia deben sustituir a los Consultores Generales, si fuera necesario, para alcanzar el “quórum” exigido.

 

141. El Superior General, para atender al servicio pastoral de la Congregación, hará personalmente la visita canónica, al menos una vez durante su mandato. Puede, sin embargo, delegar en algún Consultor General, o en otro, el cual, al finalizar la visita, presentará al Superior General y a su Consejo una exacta relación escrita.

 

142. La principal función del Superior General es la de defender el cumplimiento del derecho de la Iglesia universal, de las Constituciones y de las normas del Capítulo General, con espíritu de fidelidad a la inspiración de la Congregación y como respuestas a las llamadas de la Autoridad de la Iglesia.

Debe buscar los medios oportunos para el desarrollo espiritual, doctrinal y cultural de la Congregación.

Atento a los problemas más apremiantes de nuestro tiempo, coordinará los esfuerzos de nuestro trabajo apostólico, y animará la continua renovación de la vida de las comunidades, de los religiosos y de sus actividades. Así, estrechará los vínculos de unión espiritual entre las Provincias, de acuerdo con la vocación común.

 

143. El Superior General mantendrá constante comunicación con las Provincias y debe conocer sus problemas y dificultades, sus éxitos y fracasos, alentándolas fraternalmente con amor y comprensión.

Una visión de conjunto de toda la Congregación le permitirá ayudar mejor a las Provincias. Debe dar directrices claras sobre los objetivos de la Congregación, sin miedo a recurrir a la firmeza cuando sea necesario.

 

 

El Sínodo General

 

144. El Sínodo General es, por principio, una asamblea con función consultiva y de ayuda al Superior General.

Examina la programación del Capítulo General para evaluar su cumplimiento. Aconseja iniciativas apropiadas para actualizar constantemente a la Congregación. Sugiere medios a propósito para aunar esfuerzos en la solución de los problemas más importantes. Y mantiene a las diversas partes de la Congregación conscientes de su responsabilidad hacia las demás Provincias.

 

145. El Superior General necesita el consentimiento del Sínodo para estos casos de mayor importancia:

 

a) Convocar un Capítulo General Extraordinario.

 

b) Conceder dispensa general de los Estatutos.

 

c) Aprobar la erección, supresión o unión de las Provincias.

 

146. El Sínodo es convocado por el Superior General cada dos años y cuando lo crea oportuno con el consentimiento de su Consejo, o cuando lo solicite la mayoría de las Provincias.

Los miembros del Sínodo deben ser consultados sobre la agenda de la Asamblea y son libres para presentar otros asuntos que pueden ser estudiados.

 

147. El Superior General es por oficio Presidente del Sínodo. Los demás miembros son los que intervienen, también por oficio, en el Capítulo General.

Si un Superior Provincial o Viceprovincial no puede asistir al Sínodo, le sustituye el Primer Consultor. Si tampoco éste puede tomar parte, debe ser elegido otro por el Consejo Provincial.

 

 

Régimen Provincial

 

148. El Capítulo Provincial, suprema autoridad en cada Provincia, es un cuerpo colegial dotado de jurisdicción, a norma del derecho común y particular.

Siempre que en estas Constituciones se deja algún asunto a la Autoridad Provincial o a la Provincia, sin más especificación, se entiende en primer lugar y de modo preeminente el Capítulo Provincial. Fuera del Capítulo Provincial, estas decisiones deban ser tomadas por el Superior Provincial con el consentimiento de su Consejo. El Capítulo Provincial puede exigir, además, el parecer o el consentimiento de otros.

 

149. La convocatoria y el desarrollo del Capítulo Provincial se regirá por las normas siguientes:

a) La frecuencia del Capítulo Provincial será determinada por cada Provincia, y no será inferior a tres años ni superior a seis.

 

b) El Superior Provincial, después de haber concertado las fechas con el Superior General, convocará el Capítulo por medio de una carta circular que enviará con tiempo suficiente a todas las casas de su Provincia.

 

c) En el Capítulo Provincial participan por oficio el Superior Provincial y su Consultores. El Capítulo Provincial determinará qué otros religiosos intervendrán, sea por oficio, sea por otro título. Pero en ningún caso el número de delegados puede ser inferior al de los que asisten por oficio.

d) Ningún Capítulo Provincial puede modificar su composición después de comenzar sus tareas.

 

e) El Superior General, o su Delegado, presidirá el Capítulo Provincial con derecho a voto.

 

f) Los decretos del Capítulo Provincial necesitan ser aprobados por el Superior General con el consentimiento de su Consejo.

 

150. Cada Provincia escogerá su propio sistema para elegir a los Delegados y a sus sustitutos en el Capítulo Provincial.

En esta elección tienen voz activa todos los miembros de la Provincia, pero sólo los de votos perpetuos gozan de voz pasiva.

 

151. Al frente de cada Provincia habrá un Superior Provincial, elegido según el sistema determinado por el Capítulo Provincial, y confirmado por el Superior General. Goza de jurisdicción eclesiástica ordinaria propia sobre todas las cosas, personas y bienes de la Provincia.

La duración en el oficio no será inferior a tres años ni superior a seis. Sin embargo, puede ser reelegido según las normas del Capítulo Provincial. Para un tercer y último mandato se requieren al menos dos terceras partes de los votos en los tres primeros escrutinios; en caso contrario no puede ser reelegido.

 

152. Al Superior Provincial le incumbe visitar cada año la Provincia por sí mismo o por un Delegado. Concluida la visita, enviará al Superior General una fiel relación escrita.

 

153. Para ayudar al Superior Provincial serán elegidos Consultores, inmediatamente sujetos a él.

Gozan de voto deliberativo o consultivo, según las normas de derecho común y particular de la Congregación o de la Provincia.

 

154. El Capítulo Provincial determinará:

 

a) El número de Consultores y sus competencias en el gobierno de la Provincia, el modo de elegirlos, la precedencia entre ellos y la duración en el oficio.

 

b) El modo de sustituir a un Consultor que cesa en el oficio antes de concluir el tiempo previsto.

 

c) Quién de ellos deberá hacer las veces del Superior Provincial si éste se halla impedido o ha cesado en el cargo.

 

155. Corresponde al Superior General, o a su Delegado, confirmar en el oficio al Superior Provincial y a los Consultores.

 

156. El Capítulo Provincial determinará otros oficios más importantes, necesarios para el funcionamiento del gobierno de la Provincia, y el modo de designar a sus titulares.

 

157. Si lo juzga necesario por graves razones, el Presidente del Capítulo tiene el derecho de reservarse para sí y su Consejo algún asunto particular, o de suspender el mismo Capítulo y reservarse a sí mismo y a su Consejo los trabajos pendientes, salvando siempre lo prescrito en el n. 159.

 

158. En casos particulares, y si lo exigen graves motivos, el Superior General, con el consentimiento de su Consejo, expresado mediante dos terceras partes de los votos, puede reservarse a sí y a su Consejo la elección del Superior Provincial, y también otras elecciones y nombramientos de una Provincia, salvando siempre lo preceptuado en el n. 159.

Si algún miembro del Consejo se halla ausente o impedido, emitirá su voto por escrito.

 

159. El Capítulo Provincial determinará el modo de elegir a los Delegados, y a sus sustitutos, para el Capítulo General ordinario o extraordinario.

 

 

Viceprovincias y Vicariatos Regionales

 

160. Al frente de la Viceprovincia y del Vicariato Regional habrá, respectivamente, un Viceprovincial y un Vicario Regional. Gozan de jurisdicción ordinaria vicaria sobre las personas, casas y bienes de la Viceprovincia o del Vicariato Regional, con los mismos derechos y facultades que un Provincial en el gobierno de la Provincia, excepto aquello que el Superior Mayor se hubiera reservado.

Se les asignará cuando menos dos Consultores.

 

161. En el tiempo establecido se celebrará el Congreso de la Viceprovincia, convocado por el Superior Viceprovincial con el consentimiento del Superior General.

En él tienen derecho a voto, por oficio, el Viceprovincial y sus Consultores. El Superior General, o su Delegado, preside el Congreso con derecho a voto, y confirma las elecciones.

 

162. En el tiempo señalado se tendrá en Congreso del Vicariato Regional, convocado por el Vicario Regional con el consentimiento del Superior General o Provincial del que dependa.

En él tienen derecho a voto, por oficio, el Vicario Regional y sus Consejeros, el Superior General o Provincial del que dependa, o su respectivo Delegado.

En los Vicariatos Generales, el Superior General, o su Delegado, preside el Congreso con derecho a voto, y confirma las elecciones.

En los Vicariatos Provinciales, el Superior Provincial, o su Delegado, preside el Congreso con derecho a voto, y confirma las elecciones.

Si se halla presente el Superior General, éste preside el Congreso con derecho a voto, pero sin privar del suyo al Superior Provincial o a su Delegado.

 

163. La Viceprovincia establecerá sus normas, que necesitan ser aprobadas por el Superior General con su Consejo, acerca de:

 

a) La frecuencia, composición y competencia del Congreso, y el modo de elegir a los Delegados y a los sustitutos.

 

b) El modo de elegir al Viceprovincial y a sus Consultores, la duración en el oficio, que no será menos de tres años ni más de seis, y la facultad de ser reelegidos.

 

c) La precedencia entre los Consultores y la sucesión del Viceprovincial, si llega el caso.

 

En los Vicariatos Regionales, estas normas serán establecidas o aprobadas por la Autoridad General o Provincial de la que dependan.

El Vicariato Regional debe cumplir además las prescripciones vigentes en la Provincia de la que depende, a no ser que se establezca explícitamente lo contrario.

 

164. En los demás asuntos relativos al gobierno de las Provincias y de las casas obsérvense las normas del derecho común y particular.

 

 

La Comunidad Local

 

165. Al frente de la Comunidad Local habrá un Superior, que tiene jurisdicción sobre las personas y bienes de la casa.

El Capítulo Provincial dará normas para la elección o el nombramiento del Superior Local y sobre la permanencia en el cargo, que no puede ser más de un cuatrienio.

Si los Superiores Locales son elegidos, necesitan de la confirmación del Superior Provincial; y si son nombrados por el Superior Provincial, debe preceder una consulta.

Los Superiores Locales pueden ser reelegidos sólo una vez para la misma casa. Por una causa justa, el Superior General puede dispensar de esta norma sólo por dos veces.

En cualquier Comunidad Local, el Vicario y el Ecónomo deben ser ordinariamente distintos del Superior.

 

166. El Superior General, con el consentimiento de su Consejo, o el Superior Provincial con el del suyo y la anuencia del Superior general, puede remover del oficio al Superior Local, después de haber examinado su conducta, y si existen razones graves.

 

167. El Capítulo Local desempeña la función de Consejo del Superior.

La Autoridad Provincial establecerá normas sobre la frecuencia y composición del Capítulo Local, y para qué asuntos se requiere su voto deliberativo o consultivo.

El Superior provincial, con el consentimiento de su Consejo y por razones graves que ha de manifestar a la Comunidad, puede disponer de modo diferente sobre lo que haya decidido el Capítulo Local.

 

 

CAPITULO VIII

 

LOS BIENES TEMPORALES

 

 

168. La práctica de la pobreza sea sincera y auténtica, y ha de brillar en la Comunidad, en la Provincia y en la Congregación. Evítese cualquier forma de lujo, de lucro y de acumulación de bienes. Vivamos contentos con lo necesario, dentro de un estilo de vida sencilla y frugal.

 

169. La Congregación, las Provincias y Viceprovincias, los Vicariatos Regionales y las Casas con personalidad jurídica, tienen el derecho de adquirir y poseer, de enajenar y administrar bienes temporales, según el derecho común y particular. Si, a juicio del Capítulo Provincial, se necesitan bienes inmuebles y rentas fijas para el mantenimiento de los religiosos y para el ejercicio del apostolado, una Provincia podrá poseerlos, siempre en armonía con las exigencias de la pobreza.

La misma facultad, y en la misma forma, vale para la Viceprovincia o el Vicariato Regional.

 

170. La primera fuente de recursos económicos debe ser el trabajo asiduo de todos los religiosos. Aceptamos la retribución por nuestro trabajo como un modo de vivir la pobreza. Pero, en cuanto sea posible, trataremos de cumplir nuestro ministerio con desprendimiento del aspecto económico, y de anunciar el mensaje de la Cruz con desinterés y generosidad.

 

171. Recibiremos con gratitud la ayuda de los bienhechores, a quienes manifestaremos nuestro agradecimiento procurando que se sientan espiritualmente unidos a la Congregación y partícipes de su trabajo apostólico.

 

172. La finalidad de los bienes que posee la Congregación es la de asegurar y salvaguardar los recursos necesarios para el sustento de los religiosos y el desarrollo del apostolado.

Los administradores deben ser sensibles a las implicaciones sociales de sus inversiones.

Tengan, pues, en cuenta los ingresos imprescindibles para los gastos ordinarios y prevean prudentemente los extraordinarios que acompañan normalmente al sano crecimiento de la Congregación.

 

173. Los religiosos encargados de administrar los bienes temporales tengan la preparación adecuada para cumplir su oficio. A cualquier nivel -general, provincial o local- gozan de las facultades necesarias para el efectivo desempeño de su cargo, dentro del derecho común y particular.

 

174. El Superior Provincial con el voto deliberativo de su Consejo, o aquel a quien él mismo delegare, y dentro de los límites señalados por el Superior General, podrá comprar, enajenar bienes inmuebles, tomar o dar dinero a préstamo, permutar y realizar cuantas gestiones se precisen en representación de la Congregación y en el ámbito de su provincia.

 

175. Procure cada casa, también en su administración económica, dar el más elocuente testimonio de pobreza.

Esto exige, principalmente, la utilización adecuada y el cuidado de todos los bienes y recursos económicos disponibles. El desperdicio o negligencia en el uso de los bienes materiales, no sólo perjudica a la economía, sino que ofende además la pobreza religiosa.

En cada Provincia se fomentará entre los religiosos el espíritu de corresponsabilidad en los problemas económicos, tanto de la propia casa como del resto de la Provincia.

 

176. Todas las casas de la Congregación permanecerán unidas por el vínculo de la caridad.

El Superior General o Provincial con el consentimiento de su respectivo Consejo, y después de dialogar con las partes principalmente implicadas, según lo dicte la prudencia, la necesidad y la caridad, puede disponer de los bienes de cualquier parte de la Congregación o de la Provincia, respectivamente, para ayuda de las demás.

 

177. Todas las casas tienen el deber de prestar ayuda económica a la administración provincial, según las normas establecidas por la autoridad competente.

También es responsabilidad de todas las Provincias el sostener económicamente la administración general.

 


CONCLUSIÓN

 

178. Éstas son las CONSTITUCIONES DE LA CONGREGACIÓN DE LA PASIÓN DE JESUCRISTO. Interpretan la Regla de San Pablo de la Cruz, y han sido preparadas conforme al espíritu del Concilio Vaticano II.

 

Aprobadas por la Autoridad de la Iglesia, son norma y guía para nuestra vida consagrada en la Congregación Pasionista.

 

Al final de las mismas recordamos lo que Nuestro Santo Fundador nos encomendó en su lecho de muerte; es decir, la caridad fraterna por encima de todo, el espíritu de oración, de soledad y de pobreza, y un amor filial a la Santa Madre Iglesia, a fin de que la Congregación brille como el sol a los ojos de Dios y de todos los hombres[110]

 

LA PASIÓN

 

DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

 

ESTÉ SIEMPRE

 

EN NUESTROS CORAZONES

 

 

 


 [1]Cfr. L. IV, 217-220: “Prefacio a las primeras Reglas 1720”.

 [2]Notizia 1747, n. 3; L. III, 417-420.

 [3]L. II, 499.

 [4]Cfr. Rescripto de Benedicto XIV, 15 mayo 1741 en “Acta C.P.” XI (1930-1932), 256-257; Breve de Benedicto XIV “Ad pastoralis dignitatis fastigium”, 18 abril 1746, en “Acta C.P.”, XII (1933-1935), 161-162; Bula “Supremi Apostolatus”, de Clemente XIV, 16 noviembre 1769, en la “Collectio Facultatum C.P.”, Roma, 1958, pp. 274-282; Bula “Praeclara virtutum exempla” de Pío VI, 15 septiembre 1775, en “Collectio Facultatum C.P.”, pp. 293-303.

 [5]Cfr. Breve “Salutiferos Cruciatus”, de Juan XXXIII, 1 de julio 1959 en “Regulae et Constitutiones C.P.”, Roma, 1959, p. V-IX; Carta de Pablo VI al Superior General, 12 octubre 1976, en “Acta C.P.”, XXVII (1975-77), 193-196.

 [6]Cfr. Flp 3, 10-11.

 [7]Flp 2, 7; Notizia 1747, nn. 1-2, 21; 1768, nn. 1-2.

 [8]Cfr. L. IV, 220-221; Reglas de 1720; RetC, pp. 56-57 ss; 86-87.

 [9]Cf. Rm 6, 3.

 [10]Cf. Lc 1, 38.

 [11]Cf. Mt 19, 27; Lc 5, 11.

 [12]Cf. II Co 8, 9.

 [13]Cf. Mt 6, 19.

 [14]Cf. Mt 6, 34.

 [15]Cf. Act 4, 32.

 [16]Cfr. II Te 3, 10-12.

 [17]Cfr. Mc 10, 45.

 [18]RetC, pp. 42-43.

 [19]Cfr. Mt 19, 12.

 [20]I Co 15, 28.

 [21]Jn 17, 21.

 [22]I Co 7, 7.

 [23]Mt 20, 28.

 [24]SCa, 56.

 [25]Lc 18, 29.

 [26]Jn 3, 16.

 [27]Rm 5, 8.

 [28]Flp 2, 8.

 [29]Ef 4, 12.

 [30]Mt 7, 21; 6, 10.

 [31]Jn 13, 34; 15, 12, 17.

 [32]Flp 2, 2-4.

 [33]Jn 13, 35.

 [34]Processi, II, p. 491.

 [35]Flp 2, 3.

[36] 1Pe 2, 21b

 [37]Cfr. Ef 2, 14-16.

 [38]I Co 12, 6.

 [39]Cfr. Mt 23, 8.

[40] Jn 13, 34

 [41]Cfr. Mt 25, 36.

 [42]Cfr. Lv 19, 32.

 [43]Cfr. Eccl 25, 6.

 [44]Jn 17, 9-19.

 [45]Cfr. Mc 10, 45.

 [46]GS 40, 1.

 [47]Cfr. Mt 5, 13; Lc 13, 21.

 [48]RetC pp. 2-3; 8-9.

 [49]RetC pp. 101-102.

 [50]Rm 8, 15.

 [51]Cfr. Ef 1, 9-12.

 [52]Cfr. Col 3, 4.

 [53]PC 7.

 [54]SCRIS: “Dimensión Contemplativa de la Vida Religiosa”, Roma, 12-VIII-1980, A: 5.

 [55]Rm 8, 26-27.

 [56]SC 5-11.

 [57]DV 21.

 [58]SC 2.

 [59]SC 84.

 [60]DV 21.

 [61]DV 25.

 [62]Flp 2, 5.

 [63]Cfr. Ef 3, 17-19.

 [64]RetC pp. 4; 86-87; L IV, 140; II, 272-274; V, 57-59. Notizia 1747, nn. 1-2; 1768, nn. 1-2.

 [65]L. II, 224 y 469; III, 827.

 [66]Reglamento común 1755, n. 22.

 [67]Lc 18, 1; Ef 6, 18; I Ts 5, 17.

 [68]Cfr. Lc 2, 19, 51.

 [69]LG 63; MC, 16-18; LI, 349-350.

 [70]Cfr. Mt 14, 23; Mc 6, 46.

 [71]Cfr. Mc 6, 31-32; Lc 9, 10.

 [72]RetC, pp. 6-9; Notizia 1747, n. 6; 1768, n. 4.

 [73]Lc 9, 23.

 [74]ET 17-18.

 [75]Notizia 1747, n. 15.

 [76]LG 11.

 [77]Notizia 1768, n. 9.

 [78]RetC pp. 122-123.

 [79]AA, 2.

 [80]Bula «Supremi Apostolatus», 1.3.5.

 [81]Ef 1, 13.

 [82]1 Jn 1,1

 [83]Act 10, 38.

 [84]Sant 1,22.

 [85]I Co 1,23.

 [86]Mt 28,6.

 [87]I Ptr 2,21.

 [88]RetC 58-59.

 [89]EN 48.

 [90]Cfr. I Co 12, 4-11.

 [91]Flp 4, 8.

 [92]Pablo VI: Carta al P. General, 12 octubre 1976; en «Acta C. P.», XVII (1975-1977), p. 195. Cfr. RetC, pp. 94-95.

 [93]Col 4, 3.

 [94]Processi, I, 572,

 [95]RH nn. 7-12.

 [96]UR, 1.

 [97]PC 2b.

 [98]PC 24.

 [99]PC 18; OT 5.

 [100]OT 6; PC 18.

 [101]OT 22.

 [102]OT 13-18.

 [103]PO 11; PC 24.

 [104]AG 23.

 [105]RC 4.

 [106]RC 4.

 [107]PC 14.

 [108]PC 14.

 [109]MR 13.

 [110]Processi, III, 491-493.

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LAS MONJAS PASIONISTAS (Religiosas de la Pasión de Jesús) *

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 7, 2014

LAS MONJAS PASIONISTAS (Religiosas de la Pasión de Jesús)

“En esto hemos conocido el amor: Él ha dado su vida por nosotros; por lo tanto también nosotros debemos dar la vida por los hermanos” (Jn 3, 16)

El ideal evangélico y apostólico de San Pablo de la Cruz ha sido compartido también por las mujeres que, empujadas por el amor de Dios por cada persona manifestado en la Pasión y Muerte de si Hijo, se han dedicado a amar al Señor, compartiendo sus sufrimientos para cumplir en ellas “lo que falta a la pasión de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia”, y para ayudar con sus oraciones y sacrificios a los pasionistas varones que predican la sabiduría de la Cruz: la dicha de compartir místicamente los sufrimientos redentores de Jesucristo y de mover al pueblo a la conversión.

RELIGIOSAS DE LA PASIÓN DE JESUCRISTO o “Monjas Pasionistas”, viven en clausura para dedicarse principalmente a la oración y a la unión con Dios. Ellas tienen el privilegio más directo del aspecto contemplativo de la vida pasionista.

Las Religiosas de la Pasión fueron fundadas por S. Pablo de la Cruz (1694 – 1775) con la cooperación de la Ven. M. María Crucificada Costantini de Jesús (1713 – 1787), en la ciudad de Corneto, hoy Tarquinia. La primera comunidad de 11 jóvenes inició su camino el 3 de mayo de 1771, fiesta de la Santa Cruz.
La idea fundamental de S. Pablo de la Cruz era de “…fundar un monasterio de almas grandes y santas, muertas a todo lo creado y que se asemejasen en las santas virtudes de penitencia y mortificación a Jesús Apasionado y a María SS.ma Dolorosa”
Las Religiosas de la Pasión están llamadas, dentro de la Iglesia, a ser signo del Amor de Jesús Crucificado hacia el Padre y hacia los hombres. Contemplan asiduamente el Misterio Pascual de Jesús, “la más grande y estupenda obra del divino Amor” ciertas de contribuir a la presencia y misión de la Iglesia en la forma más plena en medio de los hombres.
QUIENES SON?
Son mujeres contemplativas que aceptan ser insertadas, a través del don total de sí mismas, en el plan divino de la Redención, y dilatan su corazón y su espíritu para amar sin distinción, en el Amor de Jesús, a toda la humanidad.
Testimonian  los  valores  eternos  y  el  primado  de  Dios  entre  los  ruidos  y  los  pasos  veloces  e
impresionantes del mundo que cambia. (En las fotos: Monjas pasionistas de : Ovada, Lucca, Vignanello, Whitesville, KY y México)
Conscientes de la infinita grandeza de Dios, viven en un especial empeño contemplativo para alabanza de Su Gloria (Ef 1,4); sabiendo que ésta es su razón fundamental de ser dentro de la Iglesia. Además, convencidas de la absoluta necesidad de la divina gracia para que el apostolado sea fecundo, ofrecen su incesante oración y su alegre penitencia a fin que Dios envíe operarios celosos, convierta los pecadores, abra los corazones de los no cristianos a la Palabra de salvación.
Compartiendo el mismo carisma de sus hermanos Pasionistas, mientras actúan en modo preeminente el aspecto común del carisma, se sienten participes de la misma misión dentro de la Iglesia y sostienen el apostolado de sus hermanos.
¿CUÁL ES SU RAZÓN DE SER?
Cristo durante su vida terrena llamó a Sí a los que él quiso para que estuvieran con Él. También hoy continúa llamando a aquellos que quiere. Las Religiosas Pasionistas acogiendo esta llamada se ofrecen a Cristo y, libres de cualquier otro vínculo, su corazón se hace capaz de un amor total con el cual responden al infinito amor de Dios, manifestado en la Pasión de Jesús.
Cumplen su vocación Pasionista en la tradición monástica, de oración, de trabajo y de penitencia en la vida comunitaria y comunicando a otras personas los frutos de su oración contemplativa, cumpliendo su especial voto de PROMOVER LA GRATA MEMORIA DE LA PASIÓN DEL SEÑOR.
Y a aquellos que sienten surgir siempre más vivo el deseo de la búsqueda y del encuentro con Dios, comunican la experiencia y el fruto de su contemplación según las diversas circunstancias y en un estilo consentido de su vida contemplativa, acogiéndolos por días de retiro espiritual, sobretodo, a jóvenes que buscan su propia vocación en la vida.
Ellas viven actualmente en monasterios esparcidos por todo el mundo, en una experiencia de soledad, silencio y oración dentro de la VIDA MONÁSTICA.

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Misioneras Seculares de la Pasión*

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 7, 2014

 

Qué son los Institutos Seculares

Con la promulgación, al 2 de Febrero 1947, de la «Provvida Mater Ecclesia», el Papa Pio XII fundaba, en la Iglesia, los Institutos Seculares, cuyos miembros viven su propia consagración a Dios en el mundo, a través de la profesión de los Consejos Evangélicos en el contesto de sus estructuras temporales para ser, de este modo, levadura de sabiduría y testimonios de la Gracia en el ambito de la vida cultural, económica y politica.

A través de la sintesis, que es específica para ellos, de secularidad y consagración, los miembros intienden introducir en la sociedad las nuevas energias del Reino de Cristo,  tratando transfigurar al mundo desde su interior, gracias a la fuerza de las Bienaventuranzas.

Los miembros conducen sus propias vidas en el contexto ordinario del mundo, a solos o en familia, sin algún signo exterior y silenciando su pertenencia al Instituto, porque el mundo comprienda que ellos son laicos como todos los laicos, con una misión concreta.

 

Misioneras Seculares de la Pasión

Bajo el consejo de la Santa Sede, el Arzobispo de Catania, †Mons. Domenico Picchinenna, al 1º de Julio 1980, erigía el Instituto de la Misioneras Seculares de la Pasión, de Derecho Diocesano.

El día 6 de Agosto 1999, Fiesta de la Transfiguración de Nuestro Señor, con el benevolo consentimiento del S. Padre Juan Pablo II, la Congregación para Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostolica, elevaba al Instituto al grado de Derecho Pontificio. Firmaban el decreto el Secretario †Mons. Piergiorgio Silvano Nesti, c.p. y el Subsecretario †Mons. Juan J. Dorronzoro. El Arzobispo de Catania, †Mons. Luigi Bommarito, había presentado la instancia para su reconocimiento.

Al 24 de Julio 2000, el General de la Congregación de la Pasión, P. José A. Orbegozo, a normas Can. 580, agrega el Instituto a la familia Pasionista.

 

Quiénes son las Misioneras Seculares de la Pasión

El I.M.S.P. es un Instituto Secular que está animado por la espiritualidad de la Pasión de Jesús según el carisma de San Pablo de la Cruz, Fundador del Orden de los Pasionistas y de las Pasionistas de Clausura.

El Instituto está formado por Misioneras —también enfermas— y parejas de esposos, cual «asociados» a la espiritualidad y a la misión del Instituto.

El Fundador del Instituto de las Misioneras Seculares de la Pasión es el P. Generoso Privitera,  Pasionista de la Comunidad de Mascalucia (Catania).

 

Los Compromisos

Las Misioneras profesan los Consejos Evangélicos de castidad, de pobreza y de obediencia.

Sus colaboradores–casados, en el convencimiento del valor intrínseco de la propia unión sacramental, deciden madurar su experiencia de donación, bajo la luz del Espíritu de los Consejos Evangélicos, es decir, con la promesas de castidad conyugal, pobreza y obediencia, de acuerdo con su estado.

Además, todos los miembros (Misioneras – Casados) realizan la promesa de meditaciön y anunciación de la «Memoria de la Pasión de Jesús», en el ambito de su vocación secular.

 

La Misión

Sus miembros laicos, por el mundo y en el mundo, participan en la función evangelizadora de la Iglesia ya sea mediante el testimonio de vida cristiana y de fidelidad a la propia consagración o promesa, o bien a través de la ayuda que ofrecen, para que las realidades temporales sean ordenadas según la voluntad de Dios y el mundo se reafirme en la fuerza del Evangelio.

Ellas ofrecen también su colaboración al servicio de la comunidad ecclesiástica según el propio estilo de vida secular.

«Participar activa y completamente en la historia del hombre» implica:

  • Aceptar la responsabilidad de eventuales cargas sociales, civiles, politicas y eclesiásticas
  • Compartir los sufrimientos de nuestros hermanos, especialmente los emarginados y los pobres de carne y de espíritu donde continuar la Pasión de Cristo, hoy, por una solidariedad concreta de ayuda según nuestros talentos.
  • Colaborar con los Pasionistas de acuerdo con las posibilidades de cada persona.

 

La Formación

El Instituto está dirigido :

ü  Por una Presidente, que representa oficialmente el Instituto, con su Consejo,    compuesto por la misma Presidente, por ocho Consejeras y una pareja de colaboradores-casados a nivel general;

ü  Por una Responsable a nivel regional y una en cada Comunidad, coadiuvadas por los propios Consejos;

ü  Por una Responsable general de formación con la que colaboran las delegadas de las Comunidades. Las Delegadas de formación de Región y de Comunidad tienen la responsabilidad directa a la formación de la Región y de la Comunidad y cooperan unas las otras, conformemente a las directivas de la Responsable General de Formación y en armonía con sus propias Responsables.

Para los miembros «aspirantes» hay un tiempo de formación durante tres años. Siguen cinco años de Consagración temporal para las Misioneras y de Promesas Temporales para los Colaboradores–casados asociados al Instituto. En fin, hay la incorporación perpetua. Los aspirantes vienen acompañados personalmente por las Delegadas de formación.

Para los miembros efectivos se escribe una formación permanente a través de un programa anual aprovado por el Consejo General del Instituto.

Actualmente el Instituto está presente en Italia, Austria, Estados Unidos, Mexico, Brasil, Chile y Argentina.

La sede central se encuentra en Italia:

MISSIONARIE SECOLARI DELLA PASSIONE

Via del Bosco, 11

95030 MASCALUCIA CT Italia

Telefax 39 95 7274275

E-mail: secolari@tin.it

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Otras comunidades femeninas pasionistas *

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 7, 2014


 

HERMANAS PASIONISTAS DE SAN PABLO DE LA CRUZ, fundadas en Florencia por la marquesa Magdalena Frescobaldi, en octubre de 1811. Ella adaptó para la vida activa la regla dada por San Pablo de la Cruz a las monjas pasionistas. El servicio apostólico estaba dirigido a la recuperación de las prostitutas, ampliado después con la educación preventiva para las chicas para hacerlas capaces de introducirse en la sociedad evitando los peligros morales. Administran también escuelas y guarderías infantiles. Están presentes en 17 naciones. Casa general: Vía don C. Gnocchi, 75 / 00166 ROMA / Tel. (39) (6) 62.43.270/ Fax (39) (6) 61.40.609
HERMANAS DE LA CRUZ Y PASION DE JESUCRISTO (Sisters of the Cross and Passion), fundadas por el P. Gaudenzio Rossi, C.P. y por Isabel Prout, en 1851, en Manchester, Inglaterra. Su servicio apostólicos, dirigido al inicio a los jóvenes pobres provenientes de Irlanda, se amplió después con la educación preventiva de las niñas para una sana introducción en la sociedad. Están presentes en 7 naciones. Casa general: Manor Lodge – 17 Elwes / NORTHAMPTON, NN3 4EA, England/ Tel (44) (604) 40.7192
HIJAS DE LA PASION DE JESUCRISTO Y DE MARIA DOLOROSA, fundadas en Tacubaya, México, por el P. Diego Alberici, C.P. y por Dolores Medina Zepeda en 1896. El compromiso inicial para la instrucción catequistica de las chicas, especialmente pobres, se ha prolongado a la enseñanza para prepararlas a la vida. Están presentes en 8 naciones especialmente en Centroamérica. Casa general: José Gómez de la Cortina, 6; Col. San Miguel Chapultepec; 11850 MEXICO, D.F.  Tel. (52) (5) 15.02.67
HERMANAS DE SANTA GEMA GALGANI, fundadas en 1939, por la Madre Gemma Giannini, ya monja pasionista, para atender a la catequesis y a la enseñanza, especialmente en el campo. Están presentes en tres naciones. Casa general: Villa S. María / 55010 CAMIGLIANO (LU) / Tel. (39) (583) 92.71.65 / Fax (39) (583) 92.87.68
MISIONERAS PASIONISTAS DE SANTA GEMA, fueron fundadas por el P. Gabriele Sillekens, C.P., en el 1948, en vista de una cooperación en las misiones tenidas por los pasionistas de Holanda. Tienen una sola comunidad en la Prelatura de Montes Belos, Brasil. Dirección: Irmas Missionarias de Sta. Gemma / Caixa Postal 42 / 76.100.000 SAO LUIS DE MONTES BELOS, GO. Brasil
ADORADORAS MISIONERAS PASIONISTAS, una nueva fundación que sigue la espiritualidad pasionista dando mayor atención a la adoración eucarística, mientras se comprometen en la catequesis y cooperan en las misiones populares. Sede: Suore Adoratrici Missionarie Passioniste Via Olivella, 33 03049 Sant’Elia Fuime Rapido FR, ITALIA Tel [ 39] 0776 42767
MISIONERAS SECULARES DE LA PASION  El Instituto de las Misioneras Seculares de la Pasión nació en Mascalucia (Catania, Italia) el 8 de diciembre de 1968, por la fusión de dos grupos que se alimentaban de la espiritualidad de San Pablo de la Cruz. Son miembros, en sentido estricto, las Misioneras consagradas a Dios por medio de los votos de castidad, pobreza y obediencia y la promesa de promover la memoria de la Pasión de Jesús. Entre ellas son acogidas también las enfermas, como miembros sufrientes de Cristo Crucificado. Los colaboradores casados son considerados Miembros Asociados. El instituto promueve la Memoria de la Pasión de Jesús en las estructuras seculares, con el testimonio de la vida y de la Palabra. Actualmente el Instituto está presente en Italia, Austria, Estados Unidos, Méjico, Brasil, Chile y Argentina. Su sede central está en Vía del Bosco, 11; 95030 Mascalucia (CT) Italia; número telefónico y fax (39)095 727 4275. E-mail: secolari@tin.it. Sitio web: http://www.web.tin.it/passionisti.
SIERVAS DE LA PASIÓN  La Congregación de las Religiosas Siervas de la Pasión ha sido fundada por la m. Teresa Gallifa Palmarola, nacida en la provincia de Barcelona, España, en 1850.  Contrae matrimonio a los 18 años, quedando viuda a los 33. En estas circunstancias y para sobrevivir, se dedica al cuidado de niños de otras madres. Con la pérdida del último hijo, a instancias de su confesor, cursa los estudios oficiales de comadrona en la Universidad de Barcelona, a fin de encabezar un movimiento de comadronas cristianas, para contrarrestar las prácticas abortivas de aquella época.  Este amor al prójimo quedó por siempre plasmado en la fundación de sus primeros Hogares que más tarde desembocaría en la fundación del Instituto de las Siervas de la Pasión, cuya única razón de ser, como carisma, es el amor al prójimo, particularmente a las madres solas y a sus hijos cuya vida peligraba, aún antes de nacer  De hecho, la fundación supuso para ella abrazarse a una cruz muy pesada, escogida por Dios para ser madre de una familia religiosa, que no sin una particular disposición , se habría de llamar Congregación de las Siervas de la Pasión.  Rev. M. Superiora General; C/Llobet y Vall-Llosera,12; 08032 BARCELONA ( España ); Tel. (3) 236.39.57
Otras comunidades que comparten el carisma de la Congregación Pasionista:

 

VOCATION SISTERS

Rev. Mother General

Gothic House High Street

Angmering, EAST SUSSEX, BN 16 4AH (England)

 

SUORE ORSOLINE DEL SS. CROCIFISSO

Rev. ma Superiora Generale

Via Villa Sofia, 9

90146 RESUTTANA (Palermo) (Italia)

Tel 52 64 03

 


 

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Cronología de san Pablo de la Cruz*

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 8, 2013


CRONOLOGÍA DE

SAN PABLO DE LA CRUZ


3-1-1694

PABLO DANEI nace en Ovada, Alessandria, Italia, hijo de Luchino y Ana María Massari, comerciantes al detalle; primogénito de 16 hermanos, solo seis sobrevivieron después de la infancia.
6-1-1694
Bautizado con los nombres de Pablo Francisco Danei Massari.
4-4-1695
Nace Juan Bautista Danei, compañero de Pablo durante toda la vida y en la fundación pasionista.
1704-1710
Vida en familia, que es traslada a Castellazzo-Bormida.
1713
Su “conversión”, mientras escucha una platica familiar de un sacerdote.
1716
Soldado voluntario contra los turcos.
23-4-1719
En Castellazzo recibe la Confirmación.
1720
La gran visión que le orienta sobre el futuro vocacional.
22-11-1720
Recibe el habito pasionista de manos de monseñor Gattinara, obispo de Alessandria.
22-11-1720/1-1-1721:
Cuarenta días de retiro en la iglesia de San Carlos de Castellazzo; escribe el Diario Espiritual y la primera Regla de los Pasionistas.
Septiembre de 1721
Primar viaje a Roma; es rechazado en Quirinal; en Santa María la Mayor, voto de consagrarse a propagar la memoria de la Pasión de Jesucristo.
1722-1725
Pablo y Juan Bautista viven en diversas ermitas ( Monte Argentario, Troya, Itri).
1726-1728
Sirven en enfermeros en hospital de San Gallicano, Roma; y el 7-6-1727 son ordenados sacerdotes en la basílica de San Pedro, por Benedicto XIII.
1728-1737
Se establecen definitivamente en Monte Argentario; actividad catequística y apostólica en Orbetello y alrededores. En 1730, primera misión popular en Talamona. Llegan vocaciones para la vida pasionista.
14-11-1737
Inaugura el convento de la Presentación en Monte Argentario.
14-5-1741
Benedicto XIV aprueba las Reglas, y Pablo y sus compañeros emiten la profesión religiosa el 11 de junio y comienzan a ser llamados ” Pasionistas”.
1747
Elegido superior general, será confirmado siempre hasta la muerte.
1748-1767
Predica numerosas misiones y ejercicios, escribe miles de cartas de dirección espiritual, y abre conventos en Vetralla, San Eutiquio, Cecanno, San Sosio, Montecavo, Paliano…
30-8-1765
Muere Juan Bautista Danei.
1767
Grave enfermedad en Vetralla.
1770-1771
Nueva grave enfermedad en el Hospicio del Santo Crucifijo, de Roma.
1771, mayo
Fundación de las Pasionistas de clausura en Tarquinia.
1773, diciembre
Toma posesión del convento de los Santos Juan y Pablo, de Roma, concedido por Clemente XIV.
26-6-1774
El mismo Papa le visita en el nuevo convento, y su sucesor, Pío VI, acudirá también en marzo de 1775.
14-9-1775
Pío aprueba las Reglas revisadas con la bula Praeclara Virtutum Exempla.
18-10-1775
Muere en las casa de los Santos Juan y Pablo, Roma.
7-1-1777
Se abren los Procesos de Canonización.
22-12-1778
Introducción de la Causa.
1786
Primera biografía, por San Vicente Maria Strambi, c.p.
18-11-1821
Reconocimiento de las heroicidad de las virtudes.
1-5-1853
Beatificado por Pío IX, quien lo canoniza el 29-6-1867.
25-4-1880
Traslado de sus restos a la capilla dedicada a él en la basílica de los Santos Juan y Pablo, Roma.

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Himno a san Pablo de la Cruz*

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 4, 2013

 

Honor a ti, oh Cristo, por la luz

que nos llama con gracia bautismal

a celebrar a Pablo de la Cruz

con versos de salmodia matinal.

Seducido en la aurora de su vida

para ser el testigo de tu amor,

le trazaste una senda definida

por inmensos desiertos de dolor.

En éxtasis de Dios arrebatado

su espíritu sintió dolor de muerte

al contemplar a su Amor crucificado

y enterrado en olvido de la gente.

Lo colmaste de luces y de dones

y apoyado en tu cruz como bordón

peregrinó buscando corazones

con palabras de fuego y de perdón.

Señor, por este canto de alborada

danos fidelidad a la misión

que Pablo nos dejó testificada

con sello de carisma y fundación.

Honor a ti, Señor resucitado,

cuyas llagas gloriosas fueron luz

del corazón feliz y enamorado

de tu siervo, san Pablo de la Cruz.

Amén.

.

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San Pablo de la Cruz

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 19, 2011

San Pablo de la Cruz nació en Ovada (Italia), el día 3 de enero de 1694. En su juventud, como el mayor de nueve hermanos, ayudó a su padre en un pequeño comercio. Llamado por Dios para seguir los ejemplos de Jesús Crucificado y por inspiración mística de la Virgen María, vistió el hábito pasionista en 1720, dando así principio a la fundación de la Congregación Pasionista, cuyo fin principal es hacer memoria de la pasión y muerte de Cristo y anunciar el Evangelio de la Pasión, como la obra más grande del amor de Dios a los hombres. Con esta misma finalidad, fundó también el Instituto de las Religiosas Pasionistas, de vida contemplativa.

Predicador infatigable de la palabra de la Cruz, superior y guía eximio de la Congregación por él fundada, modelo sublime de penitencia y contemplación, director preclaro de las almas, está considerado en la Iglesia como el mayor místico del siglo XVIII. Murió en Roma a los 82 años de edad el día 18 de octubre de 1775. Fue canonizado por el Papa Pío IX en el año 1867. Su fiesta es el 19 de octubre.

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Reflexiones de san Pablo de la Cruz*

Posted by pablofranciscomaurino en junio 29, 2011

He aquí una hermosa selección de los escritos de san Pablo de la Cruz

Créame, hija mía, nunca soy tan feliz como cuando vivo mi miserable vida por partes, es decir, sin pensar en otro momento fuera del presente en que me encuentro. Y cuando se me presentan tempestades de toda especie, me digo: «Quiero amar a Dios tanto cuanto me sea posible en este momento, cual si fuera el último instante de mi vida; quiero sufrir alegremente ahora sin pensar en el porvenir. Haz, alma mía, la voluntad de Dios con perfección en este momento, cual si fuera el último, y continuarás así. ¡Viva Jesús! Amén.»

Feliz el alma que reposa en el seno de Dios, sin pensar en el porvenir, sino que se esfuerza por vivir en el momento presente sin otra ilusión que la de hacer bien su santísima voluntad en todo suceso, cumpliéndola fielmente en sus deberes de estado.

La voluntad de Dios no puede querer para el hombre sino lo mejor.

Permanezca en gozosa confianza en Dios. Encomiéndese totalmente a Él: es un Padre amoroso, que antes permitirá que sucumban el cielo y la tierra, que una sola alma que confía en Él.

El que mira sólo el consuelo pierde de vista al gran Dios de los consuelos.

Agárrese fuertemente a ese leño, a la Cruz. De ese modo, nunca naufragará. Llegará con toda seguridad al puerto de la salvación.

Por el pensamiento habitual de la presencia de Dios se llega a hacer oración veinticuatro horas al día.

Sagrado silencio de amor, que es un hablar tan fuerte a los oídos del Esposo divino.

La señal de que el alma debe dejar los discursos interiores se tiene cuando ella gusta de estarse completamente sola en el seno amoroso del Señor, con atención amorosa, con una dulce mirada de fe, con un silencio sagrado de amor.

Empiece siempre su oración por uno de los misterios de la Pasión, ejercítese en piadosos soliloquios, sin hacer ningún esfuerzo para meditar. Si Dios viene luego a traerlo al silencio de amor y de fe en su seno divino, no turbe la paz y descanso de su alma con reflexiones explícitas.

Doy gracias a la divina misericordia de que conserve continuo recuerdo de los padecimientos de su celestial Esposo: deseo que se deje penetrar bien del amor con que los ha sufrido. El camino más corto es perderse toda entera en ese abismo de padecimientos.

En el sumo grado de la ascensión a Dios se encuentra el purísimo padecer sin consuelo, ni del cielo ni de la tierra.

Por medio de su padecer se purifica lo imperfecto que no conoce, y su alma se vuelve como un cristal en el que se refleja la luz del sol divino; y quedará toda transformada en Dios por amor.

Siendo la oración infusa un don gratuito de Dios, no se debe pretender conducir a la misma a nadie a fuerza de brazos, como se suele decir. Todo el cuidado del maestro debe consistir en elevarlos hasta allí por una grande costumbre de virtud y de verdadera humildad de corazón, de conocimiento de su propia nada, de desprecio de sí mismos, de verdadera obediencia ciega, haciéndoles concebir grande amor hacia esta virtud, a toda costa, de verdadera y perfecta abnegación de su propia voluntad en todo, de mortificación personal de sus inclinaciones, simpatías y antipatías. Estas  son las virtudes fundamentales para el edificio espiritual y para obtener el don de la santa oración y unión con Dios.

Esté en la presencia de Dios con una pura y simple atención amorosa en aquel inmenso Bien, en un sagrado silencio de amor, reposando todo su espíritu en el seno amoroso del Dios eterno.

 ¡Ah!, ¡un Dios crucificado!… ¡Un Dios muerto!… ¡Oh prodigio de amor!… ¡Oh ingratas criaturas! ¡Las mismas piedras lloran!… Ha muerto el Soberano Sacerdote, y nosotros, ¿no lloramos? ¡Sería preciso haber perdido la fe para no derretirse en lágrimas, ¡oh Dios mío!

Perpetuo luto por la Pasión y muerte de Jesús.

La santidad consiste en estar totalmente unidos a la voluntad de Dios.

La oración no consiste en tener consuelos, lágrimas, etc., ni a los hombres fuertes se les da manjar de niños; después del otoño viene el crudo invierno. Es bien cierto que el entender lo que Dios manda y dejarse gobernar totalmente por su infinita bondad, poniendo, sin embargo, nuestra parte y siguiendo en todo su voluntad es lo mejor.

Gran misterio es este; y es gran perfección el resignarse en todo a la divina voluntad; mayor perfección, vivir abandonada con gran indiferencia al divino beneplácito; y máxima y altísima perfección, el alimentarse con espíritu de fe y de amor de la divina voluntad. ¡Oh dulce Jesús, qué cosa tan grande nos has enseñado con palabras y obras de vida eterna! Recuerde que este amable Salvador dijo a sus queridos discípulos que su alimento era hacer la voluntad de su eterno Padre.

Conviene aceptar los golpes que vienen de lo alto, de la mano dulcísima del gran Padre del Cielo, y sufrirlos pacientemente con amorosa mansedumbre. De esta forma pasa el temporal que amenaza tormenta, y uno hace como el viñador o el hortelano que, cuando llega la tormenta, se retira en la choza hasta que pase, y está en paz. Así nosotros, en medio de tantas tempestades con que nos amenazan nuestros pecados y los pecados del mundo, estemos retirados en la áurea choza de la  divina voluntad, complaciéndonos y haciendo fiesta de que se cumpla en todo el soberano y divino beneplácito.

Pierda de vista todo lo creado; tenga el intelecto bien purgado y limpio de toda imagen y huya, en medio de tatos males como hay en el mundo, al seno del Padre celestial por medio de Jesucristo Nuestro Señor, y allí piérdase toda en la inmensa divinidad, como se pierde una gota de agua en el gran océano. De esta forma no vivirá una vida suya, sino una vida deífica y santa.

Temamos ser privados de padecer más que el avaro de sus tesoros.

Todo está en la Pasión; es allí donde se aprende la ciencia de los santos.

Creo que la Cruz de nuestro dulce Jesús habrá echado más profundas raíces en su corazón, y que cantará: padecer y no morir; o bien: o padecer o morir; y aun mejor: ni padecer ni morir, sino transformarse en el divino querer.

Jesús, que es el divino Pastor, os conducirá como a sus queridas ovejas a su redil. Y, ¿cuál es el redil de este dulce y soberano Pastor?, ¿sabéis cuál es? Es el seno del divino Padre; y porque Jesús está en el seno del divino Padre, Christus Iesus qui est in sinu Patris, en ese seno sacrosanto y divino Él conduce y hace reposar a sus queridas ovejitas; y toda esa labor supercelestial y divina se hace en la casa interior de vuestra alma, en pura y desnuda fe y santo amor, en verdadera abstracción de todo lo creado, pobreza de espíritu y perfecta soledad interior; pero esta gracia tan excelsa se da solamente a los que tratan de ser cada día más humildes, sencillos y caritativos.

Un pequeño grano de orgullo es suficiente para echar por tierra una gran montaña de santidad.

Vuelva a arrojarse en su nada, a reconocer su indignidad, y de este reconocimiento ha de nacer una mayor confianza en Dios.

El que quiera encontrar el verdadero todo que es Dios ha de arrojarse en su nada. Dios es aquello que, en esencia, es lo que es: ego sum qui sum; nosotros somos lo que no somos porque, por más hondo que excavemos, no encontraremos otra cosa que nada, nada; y quien ha pecado es peor que la misma nada, porque el pecado es una horrible nada, peor que la nada.

Para ser santo se necesita una ‘n’ y una ‘T’. La ‘n’ eres tú, que eres una horrible nada; la ‘T’ es Dios, que es el todo infinito por esencia. Deja pues que desaparezca la ‘n’ de tu nada en el fondo infinito que es Dios, óptimo y máximo, y allí piérdete enteramente en el abismo de la inmensa divinidad. ¡Oh, qué hermoso trabajo es este!

No hay que temer ningún engaño con tal que haya y se aumente el conocimiento del propio nada tener, nada saber, nada poder y que, cuanto más se cava, se encuentra también más la horrible nada para, por tanto, dejarla desaparecer en el Todo infinito.

Nada agrada tanto a Dios como aniquilarse y abismarse en la nada; esto espanta al diablo y lo hace huir… Para prepararse a la batalla y estar armada con la armadura de Dios, no hay medio más eficaz que aniquilarse y anonadarse delante de Él, creyendo firmemente no ser capaz de salir victoriosa si Dios no está con ella para combatir; de donde debe arrojar esta su nada en aquel verdadero todo que es Dios y, con gran confianza, combatir como valiente guerrera, estando ciertísima de salir victoriosa.

Cuando esté bien aniquilada, bien despreciada y convencida de su nada, pida a Dios  permiso para entrar en el Corazón divino, y luego lo obtendrá. Colóquese allí como una víctima sobre este divino altar, donde arde eternamente el fuego del santo Amor: déjese penetrar hasta la médula de los huesos de aquellas llamas sagradas, hasta que se vea reducida a cenizas; después, si el dulce soplo del Espíritu Santo eleva esta ceniza a la contemplación de los divinos misterios, deje a su alma en libertad de abismarse en esta santa contemplación. ¡Oh, cuánto agrada a Dios esta práctica!

Estando allí, en aquel sagrado desierto interior, del que le hablado tanto de palabra como por escrito, deje desaparecer su verdadera nada en el todo infinito, y descanse en Jesucristo en el seno del dulcísimo Padre como niña, mamando la leche divina de los pechos sacratísimos de la infinita Caridad. Y si el Amor la hace dormir aquel místico sueño, que es la herencia que el sumo Bien da en esta vida a sus queridos, como dice el profeta: Cum dederit dilectis suis somnum, ecce hæreditas Domini (cuando diera el sueño a sus predilectos, he aquí la heredad del Señor), usted duerma, que en tan sagrado sueño se hará sabia con la sabiduría de los santos.

Total desprendimiento de todo lo creado.

Feliz el alma que se despega de su propio gozar, del propio sentir, del propio entender. Altísima lección es esta; Dios se la hará entender si usted pone su contento en la Cruz de Cristo Jesús, en morir a todo, esto es, a todo lo que no es Dios, en la Cruz del Salvador.

Toda humillada y reconcentrada en su nada, nada poder, nada tener, nada saber, con alta y filial confianza en el Señor, procure perderse totalmente en el abismo de la infinita caridad de Dios, que es todo fuego de amor… Y así, en ese inmenso fuego, deje que se consuma todo lo que hay en usted de imperfecto, para que renazca a una nueva vida deífica, vida toda de amor, toda santa; y esta divina natividad la celebrará en el divino Verbo, Cristo nuestro Señor. Tenga en cuenta, sin embargo, que este divino trabajo se hace en lo más íntimo del espíritu, en el gabinete más secreto. Así que, muerta místicamente a todo lo que no es Dios, con altísimo desprendimiento de todo lo  creado, entre sola en lo más profundo de esa sagrada soledad interior, en ese sagrado desierto; entrada que se ha de hacer con total aniquilamiento de sí, con fe y santo amor, con alto desprendimiento de todo contento sensible, por santo que sea, al cual no debe mirar y mucho menos reposar en él. De esta manera, cada vez que se hacen estas introversiones o retiradas interiores, quedando en santo silencio de fe y de amor, el alma renace constantemente a una nueva vida de caridad en el divino Verbo, que siempre escucha y ama. ¡Oh cuánto tendría que decirle!

Dé mucha importancia a esta sagrada soledad interior, abstraída de todo lo creado, desnuda de sí misma, pobre de espíritu, cargada de cruces, arrojada en su nada, abandonada en Dios; y tal abandono sacrosanto se hará en el sagrado desierto interior, en el sagrado silencio de fe y de santo amor, puro y neto. De esta forma abandónese en el seno del Padre celestial y haga largos sueños. No se despierte sin permiso del Esposo divino; de esta forma, el alma renace a vida deífica en el divino Verbo, y cada vez que con fe viva entre en este sagrado desierto, se realizará en usted esta divina natividad.

Sumérjase en el mar inmenso de la infinita caridad de Dios, del que nace aquel gran mar de la vida santísima, Pasión y muerte de nuestro Jesús.

Le recomiendo ir frecuentemente en espíritu a pescar en el mar santísimo de los sufrimientos de Jesucristo y de los dolores de María santísima. En este gran mar pescará las perlas de las santas virtudes del dulce Jesús, y su alma quedará cada vez más hermosa y adornada de estas preciosas margaritas. Esta divina pesca en el mar de la infinita caridad, del que procede este mar de la Pasión santísima de Jesucristo, que son dos mares en uno, se hace en el reino interno del espíritu, en fe purísima y amor ardiente.

El amor es una virtud unitiva y hace propias las penas del bien amado. Si se siente toda compenetrada, por dentro y por fuera, de las penas del Esposo, haga fiesta; pero le puedo decir que esta fiesta se hace en el horno del amor divino, porque el fuego que penetra hasta la médula de los huesos transforma al amante en el amado, mezclándose de un modo alto el amor con el dolor, el dolor con el amor, se hace una mezcla amorosa y dolorosa, pero tan unidos que no se distingue ni el amor del dolor, ni el dolor del amor, tanto que el alma amante goza en su dolor y hace fiesta en su doloroso amor.

El punto que usted no entiende, de hacer suyas, por obra del amor, las penas santísimas del dulce Jesús, se lo hará entender su divina Majestad cuando le plazca. Esta es una obra toda de Dios; el alma toda sumergida en el puro amor, sin  imágenes, en purísima fe desnuda (cuando le place al sumo Bien), en un momento se encuentra precisamente inmersa en el mar de las penas del Salvador, y, en una mirada de fe, las entiende todas sin entender, ya que la Pasión de Jesús es obra toda de amor; y estando el alma toda perdida en Dios, que es caridad, que es todo amor, se hace una mezcla de amor y de dolor, ya que el espíritu queda ahí todo penetrado y está todo inmerso en amor doloroso y en un dolor amoroso: Opus Dei.

Permanezca toda recogida dentro de sí misma en pura fe, adorando al Altísimo en espíritu y en verdad, con la parte superior de la mente. No desee ningún alivio, sino el puro beneplácito de Dios. Permanezca en aquel desnudo padecer, en sagrado silencio de fe, y no se lamente ni de dentro ni de fuera. A lo más, dé algún gemido de niña, a ejemplo de Jesucristo en el Huerto: Ita, Pater, quoniam sic placitum fuit ante te… (Sí, Padre, porque así te ha complacido a ti…). Continúe luego en silencio de fe y déjese martirizar del santo amor con pobreza y desnudez de espíritu, siempre acompañadas de angustias y de abandonos.

Tal sagrado martirio produce en el alma dos maravillosos efectos: uno es purificarla de todo neón de imperfección, como hace el fuego del purgatorio y por eso se llama pena purgativa; el segundo es enriquecer al alma de virtud, sobre todo de paciencia, de mansedumbre, de alta resignación a la divina voluntad, con profundo conocimiento de la propia nada horrible. De esta forma, el alma, toda inhabitada en su nada, padece y calla, y deja desaparecer su nada en Dios, y goza de padecer y callar.

Sé que, por la misericordia  de nuestro querido Dios, no deseo saber otra cosa ni gustar ningún consuelo: sólo deseo ser crucificado con Jesús.

Nuestra corrompida naturaleza se hace ladrona de los dones de Dios, cosa sumamente peligrosa y perniciosa.

El camino de los santos es el de esperar con sumisión la prueba de Dios, y hacer morir en la divina voluntad los movimientos de la propia naturaleza, que no busca más que la propia comodidad. Hay que morir místicamente a todo; y el no sentir las inclinaciones naturales y los movimientos de las pasiones, que no mueren nunca hasta que nosotros no muramos, no es cosa de este tiempo, sino que  hay que esperar con paciencia la visita del soberano dueño; porque así como agrada mucho a Dios esa angustiosa espera, así Él embiste luego al alma con rayos tan ardientes de su gracia, que secan todos los malos humores. Y si las inclinaciones naturales y los movimientos de las pasiones no mueren del todo, quedan, sin embargo, de tal manera mortificados, que ya no son obstáculo a la quietud, sobre manera dulce, de la santa contemplación; se comienzan a gustar los efectos de esta muerte mística, que es más preciosa que la vida, porque el alma vive en Dios vida deífica.

En la Cruz el amor puro

perfecciona al alma amante

cuando férvida y constante

le consagra el corazón.

¡Oh, si yo explicar pudiera

el tesoro alto y divino

que el grande Dios uno y trino

ha encerrado en la aflicción!

Mas, como es un grande arcano

al amante sólo abierto,

yo, en amar tan inexperto,

distante admiro, no más.

Oh dichoso el que padece

en la Cruz abandonado

y en los brazos del Amado

se consume en santo amor.

Más dichoso todavía

quien, sin sombra de consuelo,

en un puro desconsuelo

en Cristo se transformó.

¡Oh feliz el que padece,

sin apego al sufrimiento!

Morir así es su contento

y amar más a quien lo hirió.

Desde la Cruz del Señor

yo te doy estas lecciones.

En santas meditaciones

las aprenderás mejor.

Amén

.

Conságrese al ejercicio de la santa oración mental, meditando particularmente la  Pasión de Jesucristo y los dolores de María Santísima. Ejercite santas virtudes: la humildad, la obediencia, la mortificación externa e interna, son las piedras fundamentales. Sobre todo habitúese bien a la resignación con la divina voluntad, ejercitándose con frecuencia en ella.

Sobre todo, hay que practicar las virtudes que Jesús ha practicado y nos ha enseñado. Jesús padecía y callaba, sin jamás lamentarse. Aprenda pues a padecer y callar, cuidando también de padecer en silencio.

Lleve siempre a la oración algún misterio de la vida santísima y Pasión de Jesucristo, y si después lo eleva el Espíritu Santo a recogimiento más profundo e interior, déjese llevar por el soplo del Espíritu Santo, pero siempre por medio de la santísima Pasión, con lo que se evita todo engaño.

Respecto a los misterios de Jesucristo, deténgase allí donde el corazón experimenta mayor devoción y más se enciende en el amor divino; pero cuando siente que el alma gusta permanecer en el sagrado silencio de la fe y del santo amor en el seno del divino Padre, prosiga así, aunque se prolongue por todo el tiempo de la oración; porque entonces es el Espíritu Santo quien lleva al alma a semejante oración; por lo que conviene seguir sus atractivos.

Una vez terminada la preparación, imagine asistir al misterio que medita cual si actualmente se verificara ante sus ojos. Si medita la agonía de Jesús en el huerto, hágase cuenta de encontrarse en aquel huerto a solas con Él, mírelo compasiva, pero con viva fe y amor; recoja aquellas gotas de Sangre preciosa y hágale esta pregunta: Mi querido Jesús, ¿por qué padeces? Haga de cuenta que le responde al corazón: Hija, padezco por ti, por tus pecados, porque te amo. Seguidamente arrójese a sus santísimas plantas, como lo hacía la santa penitente Magdalena; deténgase un momento; béselos en espíritu y dígale todo cuanto le inspira el amor. ¡Oh, qué afectos tan amorosos se le ocurrirán! Deje que Jesús le enseñe, y dígale: Mi divino Maestro y Esposo, enséñame cómo debo amarte y servirte. Suplique a continuación la gracia de todas las virtudes.

El recuerdo de la Pasión santísima de Jesucristo y la meditación de sus virtudes […] conducen al alma a la íntima unión con Dios, al recogimiento interior y a la contemplación más sublime.

Al repasar los tormentos de mi Jesús […] lo hacía languideciendo en el alma con altísima suavidad mezclada con lágrimas, con el dolor de su Esposo infundido en ella, o bien, para mejor explicarme, sumergida en el Corazón y en el dolor santísimo de su dulcísimo Esposo Jesús.

No le digo que haga oración a mi modo, sino al de Dios… Deje a su alma libertad para tomar su vuelo hacia el soberano Bien, según Dios la conduce. La mariposa revolotea alrededor de la llama, y acaba por quemarse: que su alma dé vueltas alrededor de la luz divina, que se arroje en ella…

Deje que la pobre mariposilla se queme del todo, que quede reducida a cenizas en aquella luz amorosa del horno dulcísimo del Corazón amoroso de Jesús, y ya incinerada, deje que esa poca ceniza de nuestra nada se abisme, se pierda, se consuma —por decirlo así— totalmente en aquel abismo de infinita bondad de  nuestro Dios, y allí, licuada de amor, celebre fiesta continua, con cánticos amorosos, con sagradas complacencias, con sueños de amor, con santo silencio, toda absorta en aquel mar inmenso de amor, y en este mar penetre hasta el fondo, segura de hallar otro gran mar: el de las penas de Jesús y de los dolores de María Santísima. Este mar brota de aquel inmenso mar del amor de Dios.

Tuve alta inteligencia infusa de los espasmos de Jesús, y tantos deseos de estar perfectamente unido a Él, que deseaba experimentar actualmente sus espasmos y estar en al Cruz con Él.

El que quiere ser santo gusta de seguir las huellas divinas de Jesucristo, de ser hecho el oprobio y la abyección de la plebe… El que quiere ser santo gusta de esconderse a los ojos de los hombres, toma lo dulce por amargo y lo amargo por dulce, y su alimento es hacer en todo la santísima voluntad de Dios; y como quiera que esta se cumple mejor en el padecer que en el gozar, porque en el goce peligra siempre entrar la propia voluntad, por eso el verdadero siervo de Dios ama el desnudo padecer, recibiéndolo sin intermediarios de la purísima voluntad de Dios. Recuerde que este divino trabajo, para ser seguro, conviene que pase por la puerta, que es Jesucristo nuestro Señor y su santísima Pasión, que es toda ella obra de amor; la cual jamás debe perderse de vista, con docilidad absoluta a la acción divina, a la que el alma debe ser fidelísima en obedecer interiormente.

Veo que se halla privada de todo consuelo. Doy gracias a Dios bendito, porque ahora se asemeja más al Esposo divino, abandonado de todos mientras agonizaba sobre la Cruz; pero en este abandono ofreció el gran sacrificio y lo consumó con las últimas palabras que dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y dicho esto entregó su alma santísima en las manos del eterno Padre, y cumplió la obra de la humana redención. Haga usted lo mismo, hija mía. […] Ahora está en agonía sobre el riquísimo lecho de la Cruz. ¿Qué le queda por hacer, sino entregar el alma en manos del eterno Padre diciendo: Padre dulcísimo, en tus manos encomiendo mi espíritu? Y esto dicho, muera felizmente de esa preciosa muerte mística, y vivirá una nueva vida, mejor dicho, renacerá a una nueva vida deífica en el divino Verbo Cristo Jesús. Y, ¡oh, qué vida esta! Vida tal y tan grandiosa y llena de inteligencia celestial, que ni aun saber hablar de ella podrá conmigo.

Jesús oró en la Cruz durante tres horas: oración verdaderamente crucificada, sin consuelo interior ni exterior. ¡Oh Dios, qué gran enseñanza! Pida a Jesús que la imprima en su corazón. ¡Oh, cuánto hay aquí que meditar! He leído que durante su agonía en la Cruz, después de sus tres primeras llamas de amor, es decir, sus tres primeras palabras, Jesús quedó en silencio hasta la hora de nona, orando todo aquel tiempo. Dejo a su consideración cuán desolada fue su oración. Descanse pues sobre la cruz del dulce Jesús, y no exhale otra queja que este gemido: Padre mío, Padre mío, hágase tu voluntad… Y luego calle. Continúe descansando sobre la cruz y luego calle hasta que llegue el momento dichoso de la verdadera muerte mística. Entonces, como dice san Pablo, estará toda oculta en Dios con Jesucristo (Col 3, 3), y se hallará en esa altísima soledad hacia la cual suspira, con desprendimiento absoluto de todo lo creado. Esta es la hora de sufrir en silencio y en paz: resignación perfecta en su agonía, que la conduce a la muerte mística.

¡Oh mi Dios!, ¡quién nunca te hubiera ofendido!

¡Esperanza de mi corazón!, antes morir mil veces que pecar.

¡Oh mi Jesús!, ¿cuándo te amaré yo?

¡Oh sumo Bien mío!, haz mi corazón semejante al tuyo.

¡Oh Dios mío!, quien no te ama no te conoce.

¡Oh, si todos te amasen, Amor infinito!

¡Amor mío!, ¿cuándo estará mi alma abrasada en tu santa Caridad?

¡Oh mi soberano Bien, hiere, hiere mi corazón con tu santo amor!

¡Cúmplase tu santa voluntad, Dios mío!

Bienvenidas sean las aflicciones.

Queridos padecimientos, yo los abrazo y los estrecho contra mi corazón. Ustedes son las perlas preciosas que me envía el Señor.

¡Qué hermoso sufrir! ¡Oh mano querida de mi Dios!, te beso amorosamente.

Bendita sea la vara santa que con tanto amor me hiere.

¡Ah, tierno Padre!, bien harás en humillarme.

Amado Bien, Dios mío, tus azotes son las joyas de mi corazón.

Sí, sí, Jesús mío, o padecer o morir.

Trátame como quieras, Dios mío; jamás dejaré de amarte.

Por los enemigos:

¡Oh almas queridas de Jesús!, yo las amo en el Corazón de Jesús, que arde de amor por ustedes.

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Un pensamiento de san Pablo de la Cruz para cada día*

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 25, 2010

Un pensamiento para cada día

 San Pablo de la Cruz

 Oh Dios, que para anunciar la Palabra de la Cruz

 

inflamaste de ardiente celo

 

al sacerdote san Pablo de la Cruz, nuestro Padre:

 

concédenos que también nosotros,

 

animados por su ejemplo y sostenidos por su protección,

 

sepamos ganar las almas de nuestros hermanos,

 

por medio de la Pasión de Cristo, tu Hijo,

 

para obtener con ellos el fruto de la redención.

 

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 Con las debidas licencias:

P. Antonio Mª Munduate, cp Superior Viceprovincial

Bogotá, 9 de julio de 2010 Nuestra Señora, Madre de la Santa Esperanza

Saludo

La Iglesia, habiendo reconocido la acción del Espíritu en san Pablo de la Cruz, aprobó con su autoridad suprema la Congregación de la Pasión de Jesucristo (Pasionistas) y sus Reglas, para la misión de anunciar el Evangelio de la Pasión con la vida y el apostolado. Esta misión conserva siempre toda su fuerza y validez.

Conscientes de esta validez ofrecemos hoy el folleto: “Un pensamiento para cada día”; son textos tomados de las cartas de san Pablo de la Cruz, fundador de los Pasionistas, que hoy queremos hacer llegar a todos aquellos que en su camino espiritual quieren tener como referencia la espiritualidad pasionista.

Estos pensamientos no están lejos de la sensibilidad del mundo de hoy. A pesar de los vastos procesos de secularización, se detecta una difusa exigencia de espiritualidad, que en gran parte se manifiesta precisamente en una renovada necesidad de orar.

En el año 2000, en una carta a nuestra Congregación, Juan Pablo II nos pedía “que nuestra atención primaria fuera siempre el anuncio de Cristo que, desde la cruz, renueva al hombre de todos los tiempos”. Con este deseo presentamos hoy estos pensamientos de nuestro fundador.

Aunque las cartas de san Pablo de la Cruz fueron escritas en italiano, el texto original de este folleto fue impreso en francés y tiene por título: Une pensée de Sanit Paul de la Croix por chaque jour de l’année. La traducción al español de los textos ha sido realizada del italiano por el P. Abelardo Quintero, C.P., a quien agradecemos su colaboración.

Nuestro deseo es que quienes lean cada día un “pensamiento” puedan sacar fuerzas para afrontar con paz y serenidad el nuevo día, porque como decía san Pablo de la Cruz: “A las almas es necesario dar ánimo e impulso y hacerlas caminar con la confianza en Dios, de otro modo no harán jamás camino en la vía de la perfección”.

  

 

ENERO

1. La Pasión de Jesucristo es la puerta que da acceso a los alimentos deliciosos del alma.

2.    El Divino Salvador ha dicho: Yo soy la puerta. Un alma que entra por esta puerta, camina segura.

3.    Haz continua memoria de los sufrimientos de tu esposo celeste. Déjate penetrar enteramente del amor con el cual los ha sufrido.

4.    El camino más corto para llegar a la santidad es el perderse enteramente en el abismo del sufrimiento del Salvador.

5.    Haceos como un ramillete de flores con los sufrimientos de Jesús y llevadlo sobre el seno de vuestra alma.

6. Llevamos siempre luto en memoria de la Pasión y muerte de Jesucristo.

7.    No debemos olvidar jamás hacer continua y dolorosa memoria de la Pasión y muerte de Jesucristo.

8.    Si queréis, llevar un collar de perlas cuando salgáis, pero recordad que Jesús ha llevado una cuerda y una cadena al cuello.

9.    Que cada uno de nosotros nos comprometamos a sugerir a cuantos podamos la devota meditación de los sufrimientos de nuestro dulcísimo Jesús.

10.  Cuando se medita la Pasión de Jesús se debe compadecer sus penas, luego contemplarlo con amor, para hacer propio por amor y compasión los sufrimientos que él soporta.

11. Es necesario contemplar a Jesús abismado en un océano de dolores para salvarnos del abismo eterno.

12. Es necesario contemplar a Jesús todo cubierto de llagas y de heridas para darnos la vida y la salvación.

13. El profeta llama a la Pasión de Jesús: Mar de amor y de dolor. Ah, este es un gran secreto que es revelado sólo a las almas humildes.

14. En el inmenso mar de la Pasión del Salvador, el alma pesca las perlas de las virtudes y hace suyas las penas del Amado Bien.

15. El amor enseña todo, porque la Pasión con sus dolores amarguísimos, es obra de un amor infinito.

16. ¿Cuál es el medio para identificarse por amor con los sufrimientos del Salvador? Dios os lo hará comprender cuando él quiera; éste es un trabajo del todo divino.

17. El alma inmersa totalmente en el puro amor se encuentra toda inmersa en el abismo de los dolores de Jesucristo y los abraza con una mirada de fe. El amor es virtud unitiva y hace suyos los sufrimientos del Amado.

18.   Si os sentís penetrados totalmente, por dentro y por fuera, de los sufrimientos del esposo divino, alegraos.

19. Cuando se piensa en aquel viernes santo suceden cosas capaces de hacer morir al que ama verdaderamente.

20.  ¡El viernes! ¿No es nombrar el día en que nuestro Dios encarnado ha sufrido por nosotros, hasta inmolar su santa vida sobre el patíbulo infame de la cruz?

21.  Los días de la Pasión son días en que las piedras mismas lloran. ¡Y qué! ¿Si el Sumo Sacerdote ha muerto, no se llorará? ¡Se necesita haber perdido la fe!

22.  Cuando estéis solos en vuestra pieza tomad en la mano un crucifijo y besadle las llagas con gran amor.

23.  Cuando estéis solos en vuestra pieza tomad en la mano un crucifijo y besadle las llagas con gran amor.

24.Tomando el crucifijo, dígale que le predique, escuche las palabras de vida que le dice al corazón.

25. Escuchad las cosas que os dicen las espinas, los clavos, la sangre divina… ¡Oh, qué preciosa predicación!

26. Los sufrimientos de Jesús deben ser las joyas de nuestro corazón.

27.   Los sufrimientos de nuestro Dios y Salvador son el empeño de su amor por nosotros.

28.  ¡Ay de mí! Qué triste es ver la pérdida de tantas almas que no sienten el fruto de la Pasión de Jesús.

29. Vivid todo inmersos en el amor de Jesús; que sus llaga sean vuestro deleite.

30.  Haced compañía a Jesús en el Huerto de los Olivos; recoged las flores de sus angustias, de sus tormentos, de sus dolores mortales.

31.  Haceos un ramillete de los dolores de Jesús agonizante en el Huerto de los Olivos, y llevadlo siempre en el fondo de vuestra alma, oliéndolo con amor y con dolor

FEBRERO

 1.   ¡Oh, qué felices son las almas totalmente heridas por los sufrimientos del Salvador y que los llevan impresos en el corazón con doloroso y amoroso recuerdo!

2.   La Pasión de Jesucristo es la vía más breve para la perfección.

3.   La vida de Jesús no fue otra cosa que una cruz.

4.   Dios nos hace un gran honor cuando nos llama a caminar por la misma vía de su Hijo, nuestro Salvador.

5.   Animaos y recordad que debemos caminar sobre las huellas de Jesús crucificado.

6.   El siervo de Dios que no está crucificado, ¿qué es?

7.    ¡Dios ha sufrido tanto por mí! ¿Será demasiado que yo haga algo por su amor?

8.    Vosotros podréis, de vez en cuando, hacer memoria de los sufrimientos de nuestro Salvador, recordándolos con amor y dolor.

9.    ¡Oh, mi buen Jesús! ¡Cómo veo vuestro rostro lívido, cubierto de salivazos, inflamado!

10. ¡Oh! ¡mi amor crucificado, cómo te veo todo cubierto de llagas!

11. ¡Oh! ¡Mi dulce amor! ¡Cómo veo vuestros huesos escarnecidos! ¡Ah! ¡Qué sufrimientos, qué dolores!

12.  ¡Ah! ¡Sufrimientos preciosos de mi Salvador! ¡Oh, llagas amables! Quiero custodiarlas siempre en mi corazón.

13.  Cuando os encontréis turbados, afligidos, angustiados, es preciso tomar entre las manos el crucifijo, besar con amor sus llagas, sobre todo la de su costado

14. En medio de vuestras penas decid a Jesús crucificado: Oh, Jesús, único bien, tú eres todo mío y yo soy todo tuyo.

15.¡Oh sangre preciosa de Jesús! ¡Oh sangre dulcísima de mi Salvador! En ti están todas mis esperanzas.

16.   Cuando estéis angustiados por temores y dudas, decid a Jesús crucificado: ¡Oh, Jesús, amor de mi corazón, yo creo en ti, espero en ti, te amo sólo a ti!

17.  ¡Oh, llagas queridas de Jesús! Llagas santísimas, llagas divinas, vosotras sois el objeto de mi esperanza. ¡Sí, yo espero en mi Dios!

18.  Estad de buena gana sobre la cruz con Jesús. Bebed con alegría el cáliz del Salvador. ¡Oh, queridos sufrimientos! ¡Oh, queridas cruces! Sois bienvenidas.

19. Creedme, las cruces no faltarán jamás; el sufrimiento aumentará tanto cuanto se avance en el servicio del Señor. Éste fue el camino de Cristo, ése es el camino de todos los siervos de Dios.

20. Aquellos que sufren por amor a Dios ayudan a Jesús a llevar la cruz y participarán por tanto de su gloria.

21.  Estad a la sombra de la santa Cruz, anonadándose delante Dios con una confiada humildad.

22.  En cualquier contrariedad, reavivad dulcemente la fe, imaginaos estar sobre el calvario, dirigid todos vuestros pensamientos y miradas a Jesús crucificado.

23.  Abrazaos a la santa Cruz de Jesús, permitid que vuestra alma se embriague en su sangre preciosa, y después decid: Oh, bien infinito, acepto este sufrimiento porque tú lo quieres.

24. ¡Oh, Amor mío! Os amo más que a mi corazón; me es muy dulce permanecer sobre la cruz de mis sufrimientos.

25. ¡Oh, queridos sufrimientos! ¡Oh, preciosas cruces! Yo os abrazo como a joyas preciosas del corazón purísimo de Jesús.

26. Quien se queda en las consolaciones pierde de vista al gran Dios de las consolaciones.

27. Bebed hasta la última gota el cáliz de vuestros sufrimientos, sin abrir los ojos para ver la clase de bebida que contiene.

28.  Feliz el alma que se desprende de sus propias satisfacciones, de los propios sentimientos y de las propias visiones; ésta es la lección sublime. Dios os lo enseñará si ponéis todas vuestras delicias en la cruz de Jesús.

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MARZO

1.   ¡Dejaos guiar por le fe! ¡Oh, cuánto amo las almas que caminan en pura fe y viven enteramente abandonadas en las manos de Dios!

2.   ¡Oh, cuánto deseo que caminemos todos en la fe! Sí, ésta es la verdadera vía de la salvación.

3.   A pesar de su obscuridad, la fe es la vía segura del Santo Amor. ¡Oh, qué dulzura gusta mi corazón en su certeza!

4.   Busquemos siempre a Dios mediante la fe en lo íntimo de nuestra alma.

5.   La fe nos dice que nuestro corazón es un gran santuario, porque es el templo de Dios vivo donde reside la Santísima Trinidad.

6. Este gran Dios, que se ha hecho hombre y ha querido sufrir tanto por nosotros, está más cerca de vosotros que vosotros de vosotros mismos.

7.    Entremos con frecuencia en el templo vivo de Dios, que es nuestro corazón, para adorar a la augusta Trinidad en espíritu y en verdad. Ésta es una devoción sublime.

8.    El Reino de Dios está dentro de vosotros. Reavivad pues, con frecuencia esta fe cuando estudiéis, trabajéis o comáis; cuando os acostéis o cuando os levantéis.

9.    Yo no puedo comprender cómo pueda haber alguno que no piense siempre en Dios.

10.  Visitad a menudo el santuario de vuestra alma y ved si tenéis todavía encendidas las lámparas; quiero decir, la fe, la esperanza y la caridad.

11.  Si la salvación eterna estuviese sólo en vuestras manos, tendrías suficiente motivo para temer. Pero como está en las manos de vuestro Padre Celestial, ¿qué podéis temer?

12.   Desechad de vuestro corazón todo vano temor y tened fe en nuestro amable Salvador, que ha salvado vuestra alma con su sangre preciosa.

13.  Cuando tengáis cualquier asomo de desconfianza, pensad que todas vuestras culpas comparadas con la bondad de Dios, son menos que un trozo de tela tirado al fuego.

14. Cuando cometáis una falta, humillaos delante de Dios con profundo arrepentimiento, y luego, con un acto de gran confianza lanzad vuestra culpa al océano de su inmensa bondad.

15. ¿Qué padre teniendo en brazos a su hijo lo deja caer a tierra o lo lanza lejos de sí? Pues, aunque esto fuese posible entre los hombres, jamás sucederá con Dios.

16. Mirad a la Cruz para no perder la confianza. He aquí que aquella Sangre Divina, aquellas llagas, aquellas heridas, aquellos brazos que han hecho el cielo y la tierra, están abiertos para abrazar a los pobres pecadores arrepentidos.

17.  El medio más eficaz para convertir a las almas más obstinadas es la predicación de la Pasión de Jesucristo.

18.  ¿Cómo será posible ofender a un Dios flagelado, a un Dios coronado de espinas, a un Dios crucificado por nosotros?

19.   Comenzad meditando por la mañana durante un cuarto de hora sobre la Pasión del Redentor y viviréis lejos del pecado.

20.  La meditación de la Pasión de Jesús es un bálsamo tan precioso que endulza toda pena.

21.  ¡Oh, amor mío, en qué estado se encuentra vuestro corazón en el huerto de los Olivos! ¡Oh, qué sufrimientos! ¡Cuánta sangre! ¡Qué amarguísima agonía! ¡Y todo esto por mí!

22.  Cuando nuestros pecados nos espanten y temamos condenarnos, pensemos en los méritos de Jesús crucificado, y nuestro espíritu encontrará descanso.

23.  ¿Cómo? ¡Un Dios hecho hombre! ¡Un Dios crucificado! ¡Un Dios muerto! ¡Quién no lo amará!

24.  ¿Por qué no tengo fuerza para volver a predicar a mi buen Jesús crucificado, nuestro amor que está muerto sobre la cruz por nosotros y detener así tantos delitos?

25. La mayor parte de los cristianos viven en el olvido de todo lo que ha sufrido Jesús por su amor; este olvido produce lágrimas a mares porque es la causa del pecado que abunda en el mundo.

26.   El medio más eficaz para exterminar los vicios e implantar en el corazón de los fieles la verdadera piedad, es la meditación de las penas amarguísimas de nuestro Dios y Salvador.

27.  ¡Tantos, demasiados cristianos viven olvidados de lo que ha hecho y sufrido nuestro amabilísimo Jesús! Ésta es la causa por la cual viven adormecidos en el fango de la iniquidad.

28.  El verdadero amor de Dios se ejercita sobre la cruz de nuestro querido Jesús.

29. Obrad de tal modo que todo el paraíso vea no sólo en vuestro interior, sino también, en el comportamiento exterior la imagen de Jesús crucificado, de Jesús dulce, lleno de mansedumbre y de paciencia.

30.  Aquél que vive interiormente unido al Hijo de Dios vivo, lleva la imagen también en su persona con un continuo ejercicio de virtudes y sobre todo con gran paciencia en los sufrimientos.

31. En la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo el alma saca la leche y la miel dulcísima del Santo Amor.

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ABRIL

 1.   Quisiera que  todos  gustaran la gracia que Dios da,  en su infinita bondad,  cuando  nos  manda  sufrimientos, pero sobre todo cuando los sufrimientos son sin consuelo.

2.   En el estado de sufrimiento puro, el alma se hace pura como el oro en el crisol, y tan bella y liviana como para volar hacia su Amado Bien y transformarse en Él sin darse cuenta.

3.   En el estado del puro sufrimiento, el alma lleva la cruz con Jesús y no lo sabe; esto depende de la variedad y del número de los sufrimientos que la ponen en tal olvido de sí misma que ella no se percata ni mucho menos de su propio sufrimiento.

2. ¿Quién pudiera expresar la magnificencia de los preciosos tesoros con los que nuestro Sumo Bien corona a sus hijos predilectos? Quien ama a Jesús sólo ama sufrir.

5.    Quisiera tener un corazón de Serafín para expresar el vivo deseo que tienen de padecer los verdaderos amigos del Crucificado.

6.    ¡Ah! ¿Cuándo imitaremos perfectamente a nuestro querido Salvador, quien se ha anonadado por nosotros?

7.    ¿Cuándo seremos tan humildes como para gloriarnos en ser el oprobio de los hombres y la abyección de la plebe?

8.    ¿Cuándo seremos como niños, apegados al seno de la caridad de Jesús, nuestro esposo, nuestro padre y nuestro todo?

9.    ¿Cuándo seremos tan simples y pequeños como para tener como gran fortuna el estar en el último puesto, tenidos por nada; y tener como infortunio el ser estimados y honrados?

10. ¿Quién no amará al Padre de la Misericordia que nos invita y estimula, con tanta bondad, a correr detrás de sus celestiales fragancias? ¡Oh, cuán suaves son sus divinos atractivos!

11.  Corramos, corramos detrás del Divino Amante de nuestras almas ¡Afiancémonos cada vez más en el seno de su amor tan dulce!

12.   No debemos dejarnos vencer ante las dificultades, ante nuestros defectos cotidianos, ante nuestras grandes miserias, porque nuestras miserias forman el trono de las misericordias del Señor.

13.  Si Jesús se esconde, de vez en cuando, a nuestros ojos, no lo hace para maltratarnos ni humillarnos más sino para enseñarnos a esperar a la sombra de sus alas.

14. La cruz se hace cada vez más pesada, ¿no es verdad? Y bien, demos gracias a nuestro Sumo Bien, que nos tiene en esta cruz.

15. ¡Oh, cruz querida! ¡Oh, cruz santa! ¡Árbol de vida de donde pende la vida eterna! Te saludo, te abrazo, te estrecho contra mi corazón.

16.  La parte inferior del alma se retira asustada a la vista de la cruz; pero la parte superior del espíritu permanece en paz en el beneplácito de Dios.

17. No miréis a la cara las fatigas, las dificultades y las preocupaciones de vuestro estado. Fijad más bien vuestra mirada sobre el rostro adorable de divino Crucifijo.

18.  En vuestras aflicciones volved vuestra mirada a Jesús, nuestro amor, rey de los dolores y de las aflicciones, y entonces, todo se tornará dulce.

19. ¡Oh, qué sublime y divino tesoro ha escondido Dios en el sufrimiento!

20. ¡Feliz el corazón que está sobre la Cruz entre los brazos de Jesús, allí se quema de santo Amor!

21.   ¡Feliz aquél que sufriendo sin sombra de consuelo, vive transformado en Jesucristo!

22. Feliz quien sufre queriendo morir a sí mismo por amor a aquél que lo hiere.

23.  Cuando la cruz es más penosa y penetrante, es mejor para el alma que la lleva.

24.  Cuando el sufrimiento está privado de todo consuelo es más agradable a Dios.

25.  Las adversidades son indispensables y gran ventaja para las almas que las aprovechan.

26. En las consolaciones se está dispuesto a enfrentarlo todo, pero es en las tribulaciones donde se conocen las almas verdaderamente fuertes.

27.   Las aflicciones y toda tribulación son como una escobilla que quita del alma el polvo y el fango de las imperfecciones.

28. Trabajar, padecer, callar, no lamentarse, no tener resentimientos, no justificarse; ésta es la máxima de los santos.

29. El camino corto para adquirir la paz que viene del amor de Dios, es recibir de la mano paterna del Señor toda contrariedad y toda pena corporal y espiritual.

30. La voluntad de Dios es un bálsamo que cura toda pena, es necesario amarla tanto en la adversidad como en la prosperidad.

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MAYO

1.   Tened  una  tierna  devoción  a los dolores de María, a su santa e In maculada Concepción, y visitad con piedad grande su altar.

2.   Tomad por principal patrona a la beatísima Madre de Dios siempre virgen, y tened hacia ella la devoción que le es debida.

3.   Recordad a menudo los dolores amargos que María ha sufrido durante la Pasión y muerte de su Hijo Divino.

4.   Caminad siempre animados por una filial y ardiente piedad a la Madre de Dios.

5.   Buscad imitar la sublime virtud de María e implorad, en los peligros, su poderosa protección.

6. El corazón de María, después del Corazón de Jesús, es el rey de todos los corazones.

7.    El corazón de María ha amado y ama tanto a Dios, más que todo el paraíso; quiero decir, más que todos los ángeles y los santos presentes, pasados y futuros.

8.    Desead amar a Dios como esta sublime criatura, la Santísima Virgen María.

9.    Lanzaos en espíritu en el bello corazón de María y amad al Sumo bien con este corazón tan puro.

10. Tened la intención de practicar todas las virtudes de las cuales María ha dado ejemplo.

11.  La riqueza de esta gran reina, María, es inmensa. Ella es un océano de perfecciones; sólo Aquél que la ha colmado de tantas riquezas puede sondear la perfección.

12. La gran herida de amor que María ha recibido desde el primer instante de su inmaculada concepción creció cada vez más hasta que separó su santísima alma del cuerpo.

13.  Fue una muerte de amor, una muerte más dulce que la vida, la que pone fin al inmenso dolor que María sufre en toda su vida

14.  Alegrémonos en Dios por el espléndido triunfo de María, nuestra Reina y nuestra Madre.

15.  Podéis alegraros de las glorias de María en el corazón santísimo de Jesús y amarla por medio de este divino corazón.

16. Alegraos con María, gozaos íntimamente al ver que todas sus penas, todos sus sufrimientos, se han terminado.

17.  Quien más quiere complacer a María, más debe humillarse, porque María fue la más humilde de todas las criaturas.

18.  Meditad a menudo los dolores de nuestra divina Madre, dolores inseparables a los de su divino Hijo.

19. Si vais al Crucifijo, encontraréis a la Madre, porque donde está la Madre también está el Hijo.

20.  Unid los dolores de Jesús a los de María y sumergiéndoos en estos sufrimientos haceos una unidad entre el dolor y el amor, y entre el amor y el dolor.

21.   ¡Oh, tiernísima Madre, María, cuál sería vuestro dolor viéndose privada de vuestro querido Hijo, y después, viéndolo sin vida en vuestros brazos!

22. ¡Ah, cuál no sería la tristeza de María cuando volvió a Betania después de la sepultura de su Hijo!

23. Si María Dolorosa no muere es de milagro. Ella está toda inmersa en los padecimientos de Jesús. ¡Imitadla!

24.  Dejaos inundar del océano de los sufrimientos de Jesús y de María. Permaneced a los pies de la cruz.

25. Rogad a María que bañe vuestro corazón con sus lágrimas dolorosas, con el fin de que tengáis un continuo recuerdo de la Pasión de Jesús y de sus penas maternales.

26. Rogad a la santísima Virgen María que os dé la perseverancia en el Santo Amor de Dios, la fuerza y la resignación en los sufrimientos.

27.  Cuando el demonio os persiga, no temáis, tened confianza en Dios y en la Santísima Virgen.

28.  ¡Ah, tierna madre María, habéis sido presa del dolor! Y ¿No habrá ninguno que compadezca vuestras penas?

29. Elegid a vuestra gran protectora, la Virgen Dolorosa, y no dejéis de recurrir a su ayuda maternal.

30.  Quisiera rebajarme a causa de los dolores de María para merecer entrar un día en su dulcísima compañía.

31. Volad en espíritu al corazón dolorido de Jesús y encerraos por dentro con la llave de oro del Divino Amor, confiando esta llave al corazón purísimo de María.

JUNIO

1.        Para conservar y alimentar el Amor  de  Dios  frecuentad  los  sacramentos: la confesión y la comunión.

2.        No  os  acerquéis  al  santo  altar más  que  para  inflamar  y  cada  vez más quemar vuestra alma con el fuego del divino amor.

3.        Preparaos  convenientemente  a la santa comunión; recordad que se trata del acto más santo que es posible hacer.

4.        Nuestro  buen  Jesús  no  ha  podido hacer otra cosa que dársenos a sí mismo en alimento a nuestra alma: amemos  pues  a  nuestro  tiernísimo amante.

5.        Tened una gran devoción al Santísimo   Sacramento,   no   perdáis   la ocasión de visitarlo con vuestro pobre corazón en todas las Iglesias.

6.        La mariposa revolotea en torno a la llama y se quema; así también el alma gira alrededor de la luz divina de la Eucaristía y se quema hasta ser reducida a cenizas.

7.        La Misa es el momento más apropiado para invocar al Eterno Padre, porque se le ofrece a su Divino Hijo encarnado y muerto por nuestra salvación.

8.        Volad en espíritu al corazón de Jesús Eucaristía, y allí, derretíos de dolor por las irreverencias que recibe de parte de los malos cristianos.

9.        Para reparar tantos ultrajes hechos a Jesús Eucaristía, el alma amante debe amarlo, loarlo y visitarlo a menudo por aquéllos que le ofenden.

10.   La santa comunión es el medio más eficaz que se puede encontrar para unirse a Dios.

11. Estad siempre preparados para la sagrada mesa, teniendo el corazón puro, y custodiad atentamente la lengua, porque ella es la primera en tocar la santa Hostia.

12. Obrad de modo que vuestro corazón sea un vivo tabernáculo de Jesús sacramentado, él quiere estar en compañía del amor. Amad a Dios y a los hermanos.

13.  En los días en que comulgáis, visitad con frecuencia a Jesús sacramentado y ofrecedle todas las adoraciones, los afectos y las acciones de gracias que el amor os inspire.

14.   Cuando comulguéis tratad de hacer vuestra preparación y vuestra acción de gracias con fervor.

15. Escuchad todos los días con mucha atención, la santa Misa y si podéis, varias.

16.  Visitad a menudo el Santísimo Sacramento, en el cual se encuentra la verdadera vida; si estáis impedidos visitadlo espiritualmente.

17.  El Santísimo Sacramento es el alimento de los débiles. Él fortalece al alma y también al cuerpo cuando se recibe con las debidas disposiciones.

18.  La verdadera preparación a la santa comunión es una fe viva y una profunda humildad, de la cual nace un conocimiento profundo de Dios y de nuestra nada.

19. Quiera el cielo que se reavive, en nuestra comunidad cristiana, el fervor eucarístico de la Iglesia primitiva.

20. Quién me diera alas de paloma para remontar el vuelo hacia el Divino Corazón de Jesús.

21.  Deseo que vuestro corazón se consuma cada vez más en holocausto al Sumo Bien en el templo santísimo del Sagrado Corazón de Jesús.

22. En el corazón de Jesús se compadecen sus dolores y el alma se sumerge en el baño sagrado de su Sangre, que tiene la virtud de embriagarte de amor.

23. Oh, Jesús, mi Sumo Bien, cuando fuiste flagelado, ¡cuáles eran los sentimientos de tu corazón!

24. Oh, Jesús, mi Sumo Bien, cuando fuiste coronado con dolorosas espinas y humillado con escarnios, ¡cuáles eran los sentimientos de tu sacratísimo corazón!

25. Entre a menudo en el corazón de Jesús; pero haceos pequeños, y quemaos después, abrasados por amor.

26. Escondeos como niños en pura fe y santo amor, en la herida del Sagrado Costado de Jesús.

27. Cuando seáis tentados, refugiaos en el calvario y entrad en el corazón purísimo de Jesús.

28. Permaneced escondidos lo más que podáis, encerrados, sepultados en el gran santuario del corazón de Jesús.

29. Reposad en paz sobre la cruz, o mejor, dormid un sueño de fe y de amor en el corazón de Jesús crucificado.

30. Corazón amantísimo de mi amado Jesús que probaste en toda tu vida tantas angustias, ¿cómo no debo yo soportar mis penas por tu amor?

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JULIO

1. Posad vuestro espíritu en el seno de vuestro Padre celestial.

2. Poned atención en no dormirse en la práctica de la virtud.

3.  Ejercítate mucho en el conocimiento de tu propia nada, para después dejar desaparecer esta nada en el inmenso todo que es Dios.

4.        Seamos generosos, sirvamos con corazón grande al Señor, practiquemos las virtudes grandes. Dios es nuestra fuerza y nos dará la victoria.

5.        Dejad vuestra alma en santa libertad, con el fin de estar en grado de recibir las impresiones divinas como a Dios le agrada.

6.        Quisiera que vuestra caridad fuese tan ardiente que inflamara a todos aquellos que se acercan a nosotros.

7.    Si queremos que nuestros corazones se inflamen en amor, es necesario que los dejemos purificar por las tentaciones, por las penas y por las tribulaciones.

8.    ¡Cuán feliz es el alma que se desprende de todo placer, de todo sentimiento y de todo juicio!

9.    Las aversiones, las contrariedades, las humillaciones se deben recibir con extremo agradecimiento a Dios.

10.  Una de las pruebas más claras de que se ama verdaderamente a Dios, es buscar conocer y hacer su voluntad.

11. Si Dios quiere despojarnos con privaciones y tribulaciones, dejadlo obrar, mientras tanto no descuidar la práctica de la virtud en la santa presencia del Señor.

12. Abandonaos en Dios, confiad en Él, despojaos de todo y Dios os vestirá a su modo.

13. Dejad que el alma se eleve libremente hacia el Sumo Bien, según las mociones del Divino Espíritu.

14. La mariposa da vueltas en torno a la llama y termina por quemarse; Así también si vuestra alma gira alrededor de la luz divina, se adentra, antes bien, se convierte en ceniza.

15.   La perfección de la oración consiste en una verdadera, pura y simplicísima desnudez y pobreza de espíritu, desprendido de toda consolación sensible.

16. Permaneced todo abismados en Dios, dejad caer vuestro pobre espíritu, como una gota de agua en aquel océano inmenso de caridad.

17. Perded de vista el cielo, la tierra, el mar y todo lo creado, y dejad que esta pobre gota de espíritu que Dios os ha dado se pierda en su origen, que es Dios infinitamente grande e infinitamente bueno

18. Huid de vosotros mismos y perdeos en Dios. Huid del tiempo y perdeos en la eternidad.

19. Despojaos de todos vuestros dones, porque nosotros los enlodamos con nuestras imperfecciones; haceos un sacrificio de alabanza, de honor y de bendición al Altísimo.

20.  Tratad de vivir despojados de todo consuelo sensible, sea interno como externo, para no caer en el vicio de la gula espiritual.

21.  Jesús oró tres horas sobre la cruz, fue una oración verdaderamente crucificada, sin consuelo interior ni exterior. ¡Oh, Dios, qué gran enseñanza! Rogad a Jesús que la imprima en vuestro corazón.

22. No debéis prestar demasiada atención a los favores espirituales. Procurad, más bien, la fuente divina de la cual derivan los arroyos. Los arroyos son buenos porque emanan de la fuente, pero la fuente en mejor.

23.   Abismaos y perdeos cada vez más en Dios con un amor puro y libre de toda propiedad, sin prestar atención a los consuelos sensibles.

24.  El alma no debe descansar en los dones sino en el donador.

25.  Los dones de Dios dejan en el alma humilde un gran conocimiento de la propia nada, amor a los desprecios y el fervor por todo ejercicio de virtudes.

26. En el jardín de la oración no es necesario divertirse con las hojas de los sentimientos y los consuelos sensibles; es necesario, más bien, recoger los frutos de la imitación de las virtudes de Cristo.

27.  Estad tranquilos en el corazón amantísimo de Jesús; no perdáis la paz, aunque tiemble el mundo.

28. Tened cuidado en mantener siempre la tranquilidad del corazón, porque Satanás pesca en aguas turbias.

29. Humillaos delante de Dios reavivando dulcemente la fe; escondeos del todo en Él.

30. Cuando seáis tentados de escrúpulos, decid: sí Jesús mío, yo espero que me hayas perdonado.

31. Custodiad vuestro espíritu libre de todo fantasma, desprendido de todas las criaturas, con el fin de que esté en grado de unirse más al Soberano Bien, con ferviente voluntad.

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AGOSTO

1.   Orad 24 horas al día; quiero decir, hacedlo todo con el corazón y el espíritu elevados a Dios.

2.   Cuidad el silencio como una llave de oro que custodia el gran tesoro de las otras virtudes que Dios ha puesto en vosotros.

3.   Atended a vuestros deberes y estad al mismo tiempo atentos a Dios, sumergiendo a menudo vuestro corazón  en  el  océano  inmenso  de  di vino amor.

4.   Los  dones  de  Dios  dan  un  gran conocimiento de su infinita Majestad y un gran conocimiento de la propia nada, tanto como para que el alma se abajara, por así decirlo, hasta ponerse bajo los pies de los demonios.

5. Los dones de Dios producen gran desprendimiento  de  todas  las  cosas y un gran amor por las cruces y los sufrimientos.

6.    Es necesario temer a la terrible bestia del amor propio; es una serpiente de siete cabezas que se mete en todo.

7.    El amor de Dios es celoso; para arruinarlo todo basta un granito de afecto desordenado a las criaturas.

8.    Leed en la frente de los pobres: todos llevan impreso el nombre de Jesucristo.

9.    Ánimo, pobres de Cristo, porque el paraíso es para los pobres.

10.  Los avisos dados con dulzura curan todas las heridas; dados con aspereza abren diez heridas.

11. Llenaos cada vez más de fe, de confianza, de humildad de corazón y no temáis nada.

12. No os dejéis jamás asustar por el demonio, estaos escondidos en Dios y nada podrá haceros daño.

13. Tened muy en cuenta las penas interiores y exteriores; es por medio de éstas que florece el pequeño jardín de Jesús, a causa de las virtudes que nos hacen practicar.

14.  Quien no ha sufrido y vencido una gran tentación no es digno de la divina contemplación.

15. Alegrémonos de ver a María elevada sobre los coros de los ángeles y colocada a la derecha de su divino Hijo.

16.   Las enfermedades largas son gracias grandes que Dios hace a las almas que más ama.

17. El alma es una semilla que Dios siembra en el gran campo que es la Iglesia; para que dé fruto es necesario que esta semilla misteriosa muera a fuerza de penas, dolores, de contrariedades y de persecuciones.

18.  Cuando os sintáis agitados por las pasiones, o por la cólera, entonces es el momento de callar. Jesús callaba en medio de sus penas. ¡Oh, sacrosanto silencio, rico de toda virtud!

19.  La enfermedad es una gracia grande de Dios. Ella nos enseña lo que somos. En ella se reconoce la paciencia, la humildad y la mortificación.

20. Si os lamentáis de vuestras cruces, de vuestros sufrimientos, no sabéis qué cosa es sufrir.

21. El puro amor de Dios hace parecer ligero y de poca importancia lo que se sufre por el Divino Amante.

22. Creedme: Si os parece que sufrís mucho, es signo de que amáis poco, muy poco, al Señor.

23.  El verdadero signo del Divino Amor es sufrir grandes cosas por el Amado Bien y creer que no se sufre nada.

24. Os ruego dejar ver lo menos posible vuestro tesoro. Comprendéis de cuál tesoro hablo, el tesoro de vuestros preciosos sufrimientos.

25. La perla de la virtud se forma en el fondo del mar del sufrimiento y en el seno del conocimiento de nuestra propia nada.

26. Poned en práctica estas preciosas palabras: Padecer y callar, ésta es una regla y un camino corto, para llegar a ser santo y perfecto en poco tiempo.

27. La santa virginidad se embellece y se hace más agradable a Dios en medio de las espinas, de las luchas, y de tentaciones horribles.

28. Ofreced con frecuencia vuestra voluntad a Dios y sentiréis un gran consuelo.

29.  Nuestro dulcísimo Jesús se deja vestir y despojar de sus vestidos, a su antojo. ¡Oh, dulce mansedumbre del Salvador! Tratad de imitarlo.

30.Amad el ver rotos todos vuestros propios proyectos, aunque sean muy buenos. Vendrá el tiempo en que el Señor os los hará realizar en manera perfecta.

31. Leed cada día un libro de piedad; huid, como huiríais del demonio, de las malas compañías.

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SEPTIEMBRE

1.        Oh, alma mía, estás muy lejos de  la  santidad,  como  la  tierra  de cielo.

2.        Me tendría por un réprobo o un dañado, si tuviese   tan sólo un pensamiento de orgullo.

3.        Un pecador tan grande como yo ¿de qué se enorgullece? Dios me tiene abierto ante mis ojos un gran libro, el conocimiento de mis propios pecados.

4.        Si me creyese necesario en este Si me creyese necesario en este mundo, estaría equivocado. El Señor no tiene necesidad de ninguno.

5.        Sed humildes, un granito de soberbia basta para arruinar una montaña de santidad.

6.        Dios se complace de quienes son humildes  y  se  hacen  pequeños;  los tiene escondidos en su divino pecho.

7.        La humildad y el desprecio de sí mismo, evitan las ilusiones.

8.        No hay por qué temer a la ilusión cuando se permanece y se avanza en el conocimiento de la propia nada.

9.        Mientras más se escave más se encuentra la horrible nada. Después se debe hacer desaparecer en el Divino Todo. Una N y una T, estas dos letras encierran una sublime perfección.

10.   La oración que humilla el alma, la inflama de amor, la lleva a la virtud y a la paciencia, no está de hecho, sujeta a la ilusión.

11.   Huid como de la peste de los consuelos que adulan, que inspiran vanidad y altos sentimientos de sí mismo; ellos, en efecto, vienen del demonio.

12.   El medio más eficaz para huir de las ilusiones es la verdadera y profunda humildad, el anonadamiento y el desprecio de sí.

13.  Los verdaderos consuelos y las luces divinas vienen siempre acompañadas de profunda humildad, de un tal conocimiento de sí mismo y de la majestad divina que el alma no tendría reparos para lanzarse a los pies de todos.

14.   Permanezcamos en nuestra nada y no nos ensalcemos hasta que Dios quiera elevarnos.

15.   Cuando Dios quiere elevar a un alma, ¡oh, qué dulce violencia le hace! Digo dulce, pero es tan fuerte que el alma no la puede resistir.

16. Permaneced en el estudio y mediación de vuestra nada, de vuestros pecados, de vuestras miserias, todo cuanto podáis; dejando vuestra alma en libertad para seguir los atractivos amorosos del Espíritu Santo.

17. Cuando os parezca gozar en las penas y en los desprecios, no hagáis caso, pues el demonio podría tentaros de vanidad.

18. Es mejor no hacer caso del propio juicio ni de las propias impresiones; es necesario temer y vigilar, buscando hacer sólo la voluntad de Dios.

19.El mundo está lleno de trampas, sólo los humildes las evitan.

20.  No os fiéis jamás de vosotros mismos así os parezca que vuestra oración produce buenos frutos.

21. Hacer el bien y estar persuadidos de que no se hace nada bueno, es signo de gran humildad, pero es tan sólo uno de los primeros grados de humildad.

22. Quien se conoce a fondo y conoce a Dios, es el verdadero humilde de corazón.

23. Quien se hace el más pequeño será el más grande: quien más se anonada más será exaltado y enriquecido.

24.  ¿Sabéis que hace Dios? Cuanto más nos humillamos en su presencia, más nos enriquece con su divina gracia.

25.  Cuando en la oración nos encontremos áridos, desolados y abandonados, conviene humillarse mucho delante de Dios y reconocer los propios pecados.

26. Pedid con humildad la ayuda y el socorro de la Divina Bondad para ofrecer con humilde resignación lo que Dios quiera enviarnos o permitirnos de contradictorio y doloroso.

27.  No hagáis caso de los honores, estimad en mucho la santa humildad.

28.  He aquí, la vía breve para ser revestidos de nuevos y maravillosos dones: Mirad con ojos de fe vuestra nada y como asustados por esta visión escondeos en el abismo de la Divina Misericordia.

29.  En la escuela de la divina sabiduría, quien se hace el más ignorante es el más sabio. Allí se comprende sin entender, por así decirlo, porque no sé explicarme de otra manera.

30. ¡Oh, santa ignorancia!, que haces perder de vista toda la sabiduría y la grandeza de este mundo, para aprender en la escuela del Espíritu Santo la ciencia y la sabiduría de los santos.

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OCTUBRE

1.   La  verdadera  vía de  la  santidad  es  caminar  siempre  en  espíritu de fe, abandonado en las manos de Dios, como un niño en el seno de la madre.

2.   Quien quiere ser santo debe hacerlo en modo que no haya en él ninguna cosa que no sea puramente de Dios.

3.   Realizad todas vuestras acciones por amor de Dios, y unidlas a las de Jesucristo, que es nuestro camino, verdad y vida.

4.   El corazón de los verdaderos siervos de Dios debe ser como un altar, en el cual se ofrece todo el día el oro de un ardiente amor, el incienso de una continua y humilde oración y la mirra de una incesante mortificación.

5.    Quien se eleva a Dios con gran confianza y humildad de corazón, aunque sea pobre y miserable, llega a ser, entre las manos de Dios un instrumento capaz de hacer grandes cosas.

6.    ¡Feliz el alma que se desprende de su propio sentimiento, de su propia voluntad y de su propio espíritu!

7.    Es necesario seguir la voluntad de Dios con prontitud, apenas sea conocida.

8.    Es necesario conformarse a la voluntad de Dios, lo mismo que la cera que acercada al fuego, toma la forma que se le quiere dar.

9.    Cualquier cosa que os suceda, no os debe preocupar; al contrario, con calma y dulzura decid: ¡Hágase la voluntad de Dios!

10.En las contrariedades es necesario decir: dejemos obrar a Dios; sea siempre bendito el Señor; lo que Él quiere lo quiero también yo, en el tiempo y en la eternidad.

11.  En los sufrimientos, en las desgracias, en las tribulaciones, es necesario humillarse y bajar la cabeza.

12.   Quien quiere prepararse a la santa oración y conservar sus frutos, debe mantenerse necesariamente en la presencia de Dios.

13.   Quien no puede orar mucho porque se halla impedido de los deberes de su estado, no se debe turbar, sino que se aplique a cumplir los deberes con exactitud y pureza de intención.

14.   Tened un corazón compasivo hacia los pobres y socorrerlos con amor en todo cuanto podáis.

15. Si no tenéis posibilidad de socorrer a vuestro prójimo, recomendadlo con fervor a Dios, cuyo imperio se extiende sobre todas las criaturas.

16. Cuando se considera a la luz de la fe y en el corazón del divino Redentor cuán preciosas son las almas, no se ahorrarán trabajos, fatigas y peligros, para socorrerlos y ayudarles en sus necesidades espirituales.

17.  La nobleza de las personas no debe impedirnos el advertirles con caridad y con sabia discreción.

18. Cuando se trata de obedecer es necesario bajar la cabeza.

19.  Abandonaos totalmente en las manos de vuestros superiores, que ellos puedan hacen con vosotros todo lo que quieran, para no ir en contra de la voluntad de Dios.

20.Tened deseos de que se os rompa vuestra voluntad en toda cosa, como el ciervo sediento ante la fuente de agua.

21.  Tened por perdida aquella jornada en la cual no habéis negado la propia voluntad, sometiéndola a alguno.

22. Mientras más seáis obedientes más estaréis en calma, tranquilos e indiferentes en cualquier oficio que os sea asignado.

23.  El cristiano obediente se hace cada vez más capaz de ayudar con su oración a la santa Iglesia; Jesús, en efecto, escucha la oración de aquellos que son obedientes.

24. ¡Oh, qué felicidad se encuentra en la vida comunitaria! Un tesoro precioso está encerrado en la perfecta vida comunitaria.

25.  La pobreza, tan aborrecida por el mundo, es una rica perla que contiene todo bien delante de Dios.

26. ¡Oh, qué gran tesoro se adquiere permaneciendo en oración!

27. Para custodiar la santa pureza es necesario amarla mucho, desconfiar de sí mismo, no fiarse de ninguno, así se trate de parientes, o de personas íntimas y amigas.

28. La oración, la lectura de libros santos, la frecuencia de los sacramentos, y en particular la huida del ocio, son los custodios de la santa pureza.

29. Estimad las cosas de los otros y despreciad las vuestras, confiad en todos menos en vosotros mismos.

30.Dios ama a las almas pequeñas y les enseña la alta sabiduría que está escondida a los sabios y prudentes del mundo.

31.  Es necesario estar persuadidos de que no se tiene nada, que no se puede nada, que no se sabe nada.

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NOVIEMBRE

1.   Los santos han vencido al demonio; caminemos sobre sus huellas y llegaremos a ser santos también nosotros.

2.   Ayudad  con  todos  los  medios posibles  a  las  almas  del  purgatorio; con el fin de que pronto puedan ir a gozar de la visión beatífica.

3.   La gloria del paraíso no es dada por los placeres y los bienes que se han gozado sobre la tierra, sino por los  sufrimientos  y  las  penas  que  se han soportado.

4.   Cuando  os  arrojáis  en  espíritu bajo  los  pies  de  todas  las  criaturas, incluso bajo los pies de los demonios: esto es lo que más agrada al Señor.

5.   El alma que se abaja hasta el fondo  del  infierno  hace  estremecer  al demonio, y el Sumo Bien la exalta al paraíso.

6.   ¡Ah, pobre mundo! ¡Cuán enfermo estás! ¡Cuántos males han caído sobre ti! La fe se ha oscurecido, la piedad se ha enfriado y casi ha desaparecido. ¡Ay de mí!, ¡ay de mí! ¡Cuántos motivos hay para temer grandes castigos!

7.   No hagáis caso de las molestias y de las tentaciones que el demonio os causa en la santa oración.

8.   Humillaos mucho delante de Dios y abandonaos enteramente entre sus divinas manos con gran resignación a su santísima voluntad.

9.   Repetid vuestros mandamientos al demonio, ordenándole, en nombre de Jesucristo, que se aleje de vosotros.

10.   Las angustias y las luchas del espíritu purifican al alma como el oro es purificado por el fuego.

11. Las cruces y las penas mantienen el alma en humildad, hacen recurrir a menudo a Dios y practicar las más bellas virtudes cristianas, por las que el alma llega a ser querida por Dios y digna esposa del crucificado.

12.   Deseo mucho que vosotros améis la oración mental, el recogimiento interior, el desprendimiento de toda criatura, lo mismo que la práctica de todas las virtudes.

13.   Si tenemos nuestro corazón levantado a Dios, Él nos hará saltar sobre las montañas para que no desechemos de nuestro corazón sus santas y divinas inspiraciones.

14.  ¡Oh, qué corona tan grande se merece perseverando en el servicio de Dios en medio de tantas tribulaciones!

15.  ¡Sea siempre bendito el Señor que nos da la fuerza para sufrir, por su amor, toda suerte de penas!

16. Las obras de Dios han sido siempre combatidas con el fin de que resplandezca su Divina Magnificencia.

17. En esto consiste el punto principal de la vida devota: desprecio de sí y unión perfecta a la divina voluntad.

18.  Huid como de la peste de las confidencias con personas de otro sexo aunque sean devotas y santas; huid, porque aquí hay grandes peligros.

19.  Tened miedo de vosotros mismos; no os fiéis. Quien confía en sí mismo está ya caído.

20.El humilde no se fía de sí mismo; desconfía mucho de sí y pone toda su confianza en Dios.

21. Mirad vuestra nada y la maldad que hay en vosotros, raíz común a todos los hijos de Adán. Mirad ésta raíz como la capacidad de producir el más pestilente árbol de iniquidad.

22. Temeos a vosotros mismos; no os fiéis de vosotros; confiad en Dios, custodiad vuestros sentidos externos y huid del ocio.

23. Las disposiciones más próximas para la santa oración son: gran abstracción de todo lo que no es Dios, el perfecto despojo de todo lo sensible y mantenerse en la soledad interior.

24.  Guardaos de la curiosidad sutil del espíritu que quiere secretamente comprender lo que sucede en el reino interior del alma.

25. Si quieres estar seguro, entra en la divina soledad por la puerta que es Jesucristo y su Pasión santísima.

26.  Dejad reposar vuestra alma en Dios con una dulce atención amorosa, en un sagrado silencio de fe y de amor.

27. Sed fidelísimos a Dios, desprendidos de todo, aún de las conferencias espirituales, que deben ser breves.

28. Si queréis ser siervos de Dios, es necesario que seáis mudos, sordos, ciegos y muertos a todo lo que no es Dios.

29.  No es necesario justificarse jamás, ni lamentarse jamás, y a imitación de Jesucristo, mantenerse en un paciente, dulce y pacífico silencio interior y exterior, de otro modo no se hace nada. Poned mucho cuidado en todo esto.

30.  Es necesario dejar de decir, y estar mudo, ciego, sordo, es decir, padecer y callar, gozando de ser despreciado y tenido en nada.

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DICIEMBRE

1.   No os apoyéis sobre los gustos sensibles. Apoyaos sólo en Dios y en su santísima voluntad.

2.   Permaneced escondidos a todos, no  confiéis  en  vosotros  mismos,  y permaneced llenos de confianza en Dios.

3.   La fiesta de la santa cruz puede ser celebrada en todo momento en el santuario interior de los amantes del crucificado.

4.   ¿Sabéis cómo se celebra la fiesta de la santa cruz? Se celebra espiritualmente, padeciendo silenciosamente, sin apoyarse en criatura alguna.

5.   La fiesta de la Cruz ha sido siempre un banquete espiritual; se nutre de la divina voluntad según el ejemplo del amor crucificado.

6.   El pan de la divina voluntad es concedido de diversos modos: unas veces con penas de cuerpo y espíritu, otras con las contradicciones, las calumnias y los desprecios de parte de las criaturas.

7.   No son los favores espirituales los que santifican, sino la humildad profunda, y la verdadera caridad, reina de las virtudes.

8.   Las desgracias de este mundo, cuando son tomadas de la mano amorosa de Dios y con resignación a su santísima voluntad, sirven para hacernos avanzar cada vez más en la vía de los divinos mandamientos.

9.   La resignación a la voluntad de Dios en las desgracias del mundo es un medio eficaz para obtener gracias aún temporales

10. En todo acontecimiento conviene resignarse a la santísima voluntad de Dios, con espíritu pronto para recibir del mismo modo la prosperidad o la adversidad.

11. La virtud bien practicada, sobre todo en los casos imprevistos, no engaña nunca.

12.  Sed fuertes y constantes en los asaltos de vuestros enemigos, sobre todo del mundo engañador, que busca arrancar vuestra alma de las manos de Dios.

13.  Tened gran ánimo y gran resignación; Quien es el más resignado es el más santo, porque la verdadera resignación encierra la caridad perfecta.

14.  Preparad vuestro corazón con el fin de que el Divino Verbo hecho carne pueda nacer en él de modo espiritual.

15.  Feliz el alma que, bien purificada de los vicios, desprendida de toda cosa creada y en una profunda negación de sí, se mantiene en una santa y divina soledad. Ella renace en cada instante en el Divino Verbo a una vida nueva de santo amor, a una vida divina.

16. Pedid al Divino Niño que enriquezca cada vez más vuestra alma de dones y gracias celestiales.

17.  Contemplad el sublime misterio de la encarnación, misterio de caridad infinita y dejad que vuestra alma se sumerja y se abisme con toda libertad en ese océano infinito de todo bien.

18. Haced compañía al Divino Niño Jesús. ¡Qué maravilla! Ver a Dios hecho un niño pequeño.

19. Desead y pedid que entre Jesús, y en vuestra alma se haga pronto una gran alianza de amor.

20.  Recordad la huida de Jesús a Egipto con todos sus contratiempos y sufrimientos.

21. ¡Qué maravilla! ¡Ver a Dios envuelto en pobres pañales! Un Dios que yace en un puñado de paja entre dos animales.

22.  Que el dulcísimo niño Jesús, nacido en una humilde pesebrera, enriquezca vuestra alma con la plenitud de toda gracia y bendiciones celestiales.

23. Alegraos en la gran solemnidad de Navidad, porque el Divino Niño Jesús os invita al perdón en un exceso de amor.

24.  Después de que el Divino Niño Jesús nazca en esta suavísima solemnidad, hagámonos pequeños como Él, escondiéndonos en nuestra nada.

25.  Escondeos cada vez más profundamente en vuestra nada; sed humildes y sencillos como un niño si queréis ser verdaderos imitadores del Divino Niño Jesús.

26. Imitad al Divino Niño Jesús que se abandonaba del todo a los cuidados de su divina Madre, la santísima Virgen María.

27.  Es con la santa virtud como os disponéis a ser admitidos en la sagrada choza donde Jesús ha nacido, y allí calentar con el fuego de vuestros afectos al Divino Niño que tiembla de frío.

28. Considerad las incomodidades, el frío, la pobreza del lugar, la falta de lo necesario en que se encontraron Jesús, la santísima Virgen y san José.

29.  Poned vuestro corazón como pañal sagrado del dulcísimo Niño Jesús con el fin de que él lo reavive, lo anime y lo santifique, de modo que haga grandes cosas por el reino de Dios.

30. Poned vuestro corazón en el pecho amoroso del Divino Niño Jesús.

31. Pedid al Divino Niño que queme con su amor vuestro corazón y lo transforme en su santo Amor.

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Puntos clave de la espiritualidad de san Pablo de la Cruz

 1. Abandonarse en Dios.

La perfección más grande de un alma consiste en un verdadero y total abandono en las manos del Sumo Bien. Este abandono conlleva una perfecta resignación a la voluntad divina en todo lo que acontece.

Humillaos mucho cuando creáis recibir cualquier gracia delante de Dios. Muchas veces nos parece que cualquier gracia nos es concedida por nuestra oración, siendo otros los siervos de Dios que oran. ¡Oh, cuántos que parecían fuertes como los cedros del Líbano han caído! Un granito de orgullo puede hacer caer una montaña de santidad; por eso debéis manteneros escondidos a todos y retirados en el purísimo corazón de Jesús. Allí estaréis libres de todo mal.

No os turbéis por la aridez que probáis en la oración y por la distracción, aunque sea involuntaria. Es así como Dios purifica el corazón, con el fin de que esté dispuesto a unirse cada vez más perfectamente al Sumo Bien. En estas ocasiones reavivad dulcemente la fe; imaginaos estar en el calvario y dirigid todos vuestros pensamientos y miradas de amor a Jesús crucificado.

2. Con la oración

Es cosa excelente y santísima pensar en la Pasión del Salvador y meditarla. Éste es el medio para llegar a la unión con Dios, pero es necesario hacer notar que el alma no puede hacerlo siempre como al principio, por esto es necesario secundar los impulsos del Espíritu Santo y dejarse guiar según su querer.

Si no podéis meditar otra cosa que en la santísima vida, pasión y muerte del Salvador, continuad con las bendiciones del Señor, porque es en esta santa escuela donde se aprende la sabiduría verdadera y es aquí donde los santos se han instruido. Sucede muchas veces que nos encontramos en tal estado del espíritu que parece que no se puede hacer absolutamente nada. No se puede meditar, se tiene una gran obscuridad de espíritu, con tantas distracciones y con tales disgustos que dan ganas de salir corriendo. He aquí la manera de tranquilizarse en estas ocasiones. Os habéis propuesto meditar, por ejemplo, la dolorosa flagelación de Jesús, probáis una total disipación de espíritu que no sabéis cómo hacer para meditar. Poneos dulcemente en la presencia de Dios; reavivad dulcemente la fe sin esfuerzos de cabeza ni de pecho, creyendo firmemente que el Dios que amáis está todo dentro de vosotros, fuera de vosotros, en vuestro corazón, en vuestra alma, en vuestro cuerpo, por todas partes; y así abismado en el inmenso mar de su amor, bien escondido, con gran fe y reverencia, hablar en espíritu con vuestro Dios del sujeto de la meditación. Por ejemplo: ¡Ah, mi dulce Señor, amado mío! ¡Qué desgarro no habéis probado en vuestra flagelación! ¿Y por qué permanece tan insensible mi corazón?

Este coloquio se debe hacer con suavidad de espíritu, y si sentís que el corazón se llena de compasión, de paz y de otros sentimientos que Dios da, permaneced así todo recogido en Dios como una abeja sobre la flor, y libad la miel del santo amor en devoto silencio.

3. Estando sobre la cruz

Me alegro que el Señor os desprenda de toda satisfacción para enseñaros a servirlo con mayor pureza de intención. ¡Oh, qué gran bien es permanecer sobre la cruz con Jesús sin verlo ni gozarlo! Ésta es la vía breve para llegar a la feliz muerte a todo lo creado, para unirse con toda su pureza al Bien increado e inmenso. Cuando el alma se encuentra en este estado de privación se debe reavivar dulcemente la fe en la divina presencia y mantenerse abandonado en Dios, en este océano de amor, sin buscar el propio placer sino el querer de Dios. Sobre todo quiero que en vuestras comuniones no busquéis sentir un cierto sabor dulce al paladar. ¡Oh, con cuantas ilusiones podéis encontraros! El gusto de Jesús Eucaristía no se siente con la boca material, sino con el paladar de la fe y del alma. El verdadero modo de gustar a Jesús es el de abismarse todo en él, transformándose en él por amor, tanto como quedarse del todo divinizados. Éste trabajo el dulce Salvador lo realiza en nosotros, pero es necesaria también nuestra colaboración, con el ejercicio de las santas virtudes.

Respecto a los males del cuerpo, abandonaos enteramente a la obediencia al médico; decidle fielmente vuestras indisposiciones en términos modestos. No rechacéis las medicinas, tomadlas en el cáliz amoroso de Jesús, con rostro sereno y dulce. Tened reconocimiento con quien os cura, sed condescendientes en tomar lo que se os da como remedio; en fin, sed como un niño que se abandona del todo en los brazos y el seno de su padre. Permaneced sobre el lecho como sobre la cruz.

¡Oh, qué bellas virtudes se pueden practicar en la enfermedad! Sobre todo el amor a la propia abyección, el agradecimiento, la dulzura de corazón hacia los que os sirven; una total sumisión a los médicos y a los enfermeros, siempre con una cara agradable. Vivid reposando en el corazón dulcísimo del Sumo Bien.

Felices aquéllos que permanecen de buena gana crucificados con Jesús. ¿Qué quiero decir? Felices los que son fieles en sufrir toda pena por amor de Jesús. ¡Oh, qué gran tesoro se adquiere permaneciendo en oración árida y desolada! Es preciso sufrir las pruebas que nos vienen de Dios. Infelices los que en la prueba, abandonan el camino iniciado, porque caerán luego en la iniquidad.

4. Para conformarse a la Divina Voluntad

La tentación contra la fe es la menos peligrosa y trae grandes bienes al alma que es fiel en combatirla. Las otras tentaciones, si somos fieles en combatirlas, hacen un gran bien; nos humillan, nos instruyen, nos purifican como el oro en el fuego. Sed muy humildes, pero con la humildad verdadera del corazón que hace al alma amiga del propio menosprecio y sometida a todos.

La virtud más agradable a Dios es la resignación a su divina voluntad. Muy a menudo el Señor nos da el deseo de hacer grandes cosas, pero no quiere que seamos nosotros los que las hagamos. Sucede con frecuencia también que pedimos una gracia a Dios, y Dios nos la concede de otra manera, porque ésta contribuye mejor a nuestro mayor bien. Las tentaciones se vencen con humidad y el santo temor de Dios. El demonio tiene miedo de los humildes que desconfían de sí, les teme y les huye.

En las tentaciones retiraos al calvario y refugiaos en el costado purísimo de Jesús, y después reíros del demonio. Sobre todo no dejéis jamás la oración, aún cuando tengáis que sufrir las penas del infierno. Realizad vuestros quehaceres con pureza de intención por amor a Dios, y dejad gritar al demonio cuanto quiera.

El modo mejor para huir de las ilusiones es humillarse mucho, desconfiar de sí, conocer la propia nada, anonadarse delante de Dios y abandonarse con confianza filial en sus manos divinas. No os preocupéis de vuestras penas, sean grandes o pequeñas, no lo deseéis tampoco, más bien, amad en ellas la divina voluntad, sin hacer otras reflexiones.

5. Como Jesús

Como el querido Jesús ha querido que su santísima vida sobre la tierra, transcurriera en medio de penas, fatigas, esfuerzos, angustias, desprecios, calumnias, dolores, flagelos, clavos y espinas hasta la amarguísima muerte en cruz, igualmente los que se acercan a él deben conducir su vida en medio de las penas. ¡Pero, oh, gran Dios! ¡Qué será de nuestro corazón cuando nademos en aquel mar inmenso de dulzura! ¡Qué será cuando todos allá arriba en el cielo estemos todo transformados en Dios, por amor, y recibamos en premio aquel bien infinito que es la recompensa de nuestro Dios! ¡Qué será cuando cantemos por toda la eternidad las divinas misericordias, los triunfos del Cordero Inmaculado y de nuestra Madre la santísima Virgen María! ¡Qué será cuando cantemos si cesar aquel eterno trisagio: Santo, santo, santo! ¡Cuando con los santos cantemos el dulcísimo aleluya del cielo! ¡Qué será de nuestros corazones y de nuestro espíritu cuando estemos más unidos a Dios que el fuego al hierro incandescente, que sin dejar de ser hierro, parece todo fuego! Amemos pues a Dios, hagámonos muy pequeños y Dios nos hará grandes.

 

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De la vida del Santo a una vida santa

San Pablo de la Cruz nace en Ovada (Italia) el 3 de enero de 1694.

Educado en una familia cristiana crece con un carácter fuerte y con ideales grandes. Supo orientar su vida con opciones osadas y anticonformistas.

Rechazado un fututo prometedor que le era ofrecido por la familia, en1720, viste un hábito negro e inicia una vida de oración y de penitencia en la soledad del Monte Argentaro.

Ordenado sacerdote en 1727 emprende una intensísima actividad misionera.

En 1737, en el Monte Argentaro, fundó el primer convento. Y en 1741,

Benedicto XVI aprobó la Congregación Pasionista.

Como fundador promueve el crecimiento del Instituto con caridad, sabiduría y claridad de visión. En 1771 en Tarquinia (Italia) abre el primer monasterio de monjas pasionistas, que solía llamar “Las palomas del Calvario”.

Muere en Roma el 18 de octubre de 1775, en la casa de los santos Juan y Pablo, la cual llega a ser la casa central de la Congregación.

El 29 de junio de 1867, Pio IX lo declaró santo.

San Pablo de la Cruz es el santo de la Pasión de Jesucristo. El crucifijo fue el secreto de su vida de místico y de apóstol, y la idea inspiradora de su congregación. A los Pasionistas, sus hijos, ha confiado el compromiso de prolongar por los siglos su espíritu y su mensaje.

 

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La vocación Pasionista

San Pablo de la Cruz reunió compañeros para que vivieran juntos y anunciaran el Evangelio de Cristo.

Pone como fundamento de su vida y de su apostolado la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Él, discerniendo los males de su tiempo, descubrió y proclamó que el remedio está en la Pasión de Jesucristo, “la más grande y estupenda obra de Amor Divino”.

El pueblo los llamó “Pasionistas”. Para la Iglesia, que aprobó su Regla de vida, ellos forman la “Congregación de la Pasión de Jesucristo”.

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Los Pasionistas fieles al carisma del fundador:

1. Viven y trabajan en comunidades fraternas, cultivando el espíritu de oración, de soledad y de pobreza, para poder conseguir una más íntima unión de caridad con Dios y ser testigos de su amor.

2.    Siguen a Cristo crucificado haciendo del Evangelio la Regla de su vida y la fuente perenne de su apostolado.

 3.    Expresan la consagración a la Pasión del Señor con un voto especial: meditar y predicar la Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

 4.    Llevan un hábito negro, y sobre el hábito un símbolo o “signo”: una cruz blanca grabada en un corazón, con la escritura JESU XPI PASSIO (Pasión de Jesucristo). Este símbolo recuerda a todos el mandato de san Pablo de la Cruz: “Nos dedicamos a hacer memoria de los sufrimientos de Jesús y a promover, en el corazón de los fieles, una verdadera devoción a la Pasión”.

 

 

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La mística de la Pasión

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 3, 2009

La mística trata de la vida espiritual y contemplativa, de la experiencia de lo divino.

En el siglo XVIII, hubo un hombre italiano que centró su vida mística en la Pasión de Jesús; se llamó san Pablo de la Cruz, y fue el fundador de los Pasionistas. A continuación se presentan, con algunas palabras entresacadas de sus escritos, algunas características que identifican su ascenso espiritual:

“El recuerdo de la Pasión santísima de Jesucristo y la meditación de sus virtudes […] conducen al alma a la íntima unión con Dios, al recogimiento interior y a la contemplación más sublime.”

“El que quiere ser santo gusta de seguir las huellas divinas de Jesucristo, de ser hecho el oprobio y la abyección de la plebe. … El que quiere ser santo gusta de esconderse a los ojos de los hombres, toma lo dulce por amargo y lo amargo por dulce, y su alimento es hacer en todo la santísima voluntad de Dios; y como quiera que esta se cumple mejor en el padecer que en el gozar, porque en el goce peligra siempre entrar la propia voluntad, por eso el verdadero siervo de Dios ama el desnudo padecer, recibiéndolo sin intermediarios de la purísima voluntad de Dios. Recuerde que este divino trabajo, para ser seguro, conviene que pase por la puerta, que es Jesucristo nuestro Señor y su santísima Pasión, que es toda ella obra de amor; la cual jamás debe perderse de vista, con docilidad absoluta a la acción divina, a la que el alma debe ser fidelísima en obedecer interiormente.”

“Veo que se halla privada de todo consuelo. Doy gracias a Dios bendito, porque ahora se asemeja más al Esposo divino, abandonado de todos mientras agonizaba sobre la Cruz; pero en este abandono ofreció el gran sacrificio y lo consumó con las últimas palabras que dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y dicho esto entregó su alma santísima en las manos del eterno Padre, y cumplió la obra de la humana redención. Haga usted lo mismo, hija mía. […] Ahora está en agonía sobre el riquísimo lecho de la Cruz. ¿Qué le queda por hacer, sino entregar el alma en manos del eterno Padre diciendo: Padre dulcísimo, en tus manos encomiendo mi espíritu? Y esto dicho, muera felizmente de esa preciosa muerte mística, y vivirá una nueva vida, mejor dicho, renacerá a una nueva vida deífica en el divino Verbo Cristo Jesús. Y, ¡oh, qué vida esta! Vida tal y tan grandiosa y llena de inteligencia celestial, que ni aun saber hablar de ella podrá conmigo.”

“Jesús oró en la Cruz durante tres horas: oración verdaderamente crucificada, sin consuelo interior ni exterior. ¡Oh Dios, qué gran enseñanza! Pida a Jesús que la imprima en su corazón. ¡Oh, cuánto hay aquí que meditar! He leído que durante su agonía en la Cruz, después de sus tres primeras llamas de amor, es decir, sus tres primeras palabras, Jesús quedó en silencio hasta la hora de nona, orando todo aquel tiempo. Dejo a su consideración cuán desolada fue su oración. Descanse pues sobre la cruz del dulce Jesús, y no exhale otra queja que este gemido: ‘Padre mío, Padre mío, hágase tu voluntad…’ Y luego calle. Continúe descansando sobre la cruz y luego calle hasta que llegue el momento dichoso de la verdadera muerte mística. Entonces, como dice san Pablo, estará toda oculta en Dios con Jesucristo (Col 3, 3), y se hallará en esa altísima soledad hacia la cual suspira, con desprendimiento absoluto de todo lo creado. Esta es la hora de sufrir en silencio y en paz: resignación perfecta en su agonía, que la conduce a la muerte mística.”

Sería tarea de nunca acabar seguir trascribiendo los escritos de san Pablo de la Cruz (se conservan más de dos mil de sus cartas); pero basta con lo dicho para ayudar a quienes deseen iniciar este maravilloso viaje, que termina en la única y auténtica realización del ser humano: la unión con Dios.

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San Gabriel de la Dolorosa

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 27, 2009

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San Gabriel de la Dolorosa

 

Nació en Asís (Italia) el año 1838.

Siendo estudiante en Spoleto, conoció la fascinación del mundo. No obstante, atendiendo las llamadas de la Gracia, decidió dejarlo todo para ingresar a la Congregación de la Pasión de Jesucristo. Su vida religiosa consistió en realizar el modelo de una existencia crucificada al mundo, abierta plenamente a la unión con Dios y al ejercicio de todas las virtudes, especialmente la humildad y la obediencia. Se distinguió particularmente por su devoción a la Virgen Dolorosa, que modela la característica su espiritualidad.

Murió en Isola del Gran Sasso, en los Abruzzos, el 27 de febrero de 1862. Junto a su sepulcro se levanta ahora un gran santuario, inaugurado en el año 2000, meta de grandiosas peregrinaciones y centro de irradiación religiosa. En 1926 fue declarado copatrono de la Juventud Católica Italiana y, en 1959, patrón principal de los Abruzzos. Su fiesta se celebra el 27 de febrero.

 

ORACIÓN

Oh Dios, que por tu admirable designio de amor llamaste a san Gabriel de la Dolorosa a vivir el misterio de la cruz unido a María, la madre de Jesús; guíanos hacia tu Hijo Crucificado para que participando en su pasión y muerte alcancemos la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

   

 

 

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LA SANTIDAD EN LA FAMILIA PASIONISTA

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 8, 2009

LA SANTIDAD EN LA FAMILIA PASIONISTA

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El florecer de las causas de canonización en nuestros días demuestra la vitalidad de la Iglesia y el deseo de santidad del pueblo de Dios, que admira y venera a los héroes de la santidad y busca nuevos modelos de vida en quienes inspirarse en medio de las dificultades del mundo.

 

La Congregación Pasionista es una familia de apóstoles, pero también una “madre fecunda de Santos” (Pablo VI), de cristianos, hombres y mujeres, que la Familia Pasionista recuerda con alegría y la Iglesia ofrece como modelos a todos sus hijos todavía peregrinos en la tierra.

 

SANTOS Y SANTAS PASIONISTAS

 

 SAN PABLO DE LA CRUZ (19 de octubre)

paolo20della20croce_sm   Nació en Ovada (Piamonte) en 1694. Durante su juventud ayudó a su padre en el comercio. Llamado por Dios a seguir las huellas de Cristo crucificado, vistió el hábito religioso en 1720, entregándose con ardor al ascetismo y al apostolado. Fue ordenado sacerdote por el papa Benedicto XIII, durante la permanencia romana, en la cual temporalmente se dedicó al cuidado de los enfermos. Retirado a la soledad del Monte Argentaro, junto con su hermano el Venerable padre Juan Bautista de san Miguel Arcángel, por divina inspiración fundó la Congregación de la Pasión de Jesucristo, cuya finalidad principal es meditar y predicar la Pasión y Muerte de Cristo, Fundó también, con la misma finalidad, el instituto de las religiosas Pasionistas de vida contem­plativa. Fue un predicador incansable de la Palabra de la Cruz, superior excelente, modelo perfecto de penitencia y de contemplación, inspirado director de almas, considerado como el más grande místico del siglo XVIII. Murió en Roma el 18 de octubre de 1775.

  

SAN GABRIEL DE LA DOLOROSA (27 de febrero)

gabrielle20della20ad_sm   Nació en Asís (Umbría) en 1838. Siendo estudiante en Spoleto, conoció la fascinación del mundo. No obstante, secundando las llamadas de la gracia, decidió dejarlo todo para ingresar en la Congregación de la Pasión de Jesucristo. Su vida religiosa consistió en realizar el modelo de una existencia crucificada al mundo, abierta plenamente a la unión con Dios y al ejercicio de todas las virtudes, especialmente la humildad, la pureza, la caridad y la obediencia. Se distinguió particularmente por su devoción a la Virgen Dolorosa, que forma la característica de su espiritualidad. Murió en Isola del Gran Sasso, en los Abruzzos, el 27 de febrero de 1862. Junto a su sepulcro se yergue ahora un grandioso santuario, meta de piadosas peregrinaciones y centro de irradiación religiosa. En 1926 fue declarado copatrono de la Juventud Católica Italiana y, en 1959, patrón principal de los Abruzzos.

 

 SANTA GEMA GALGANI (16 de mayo)

gemma20g_sm   Nació en 1878, cerca de Lucca, en Toscana. Desde niña se consagró a la meditación de la Pasión de Jesucristo, viviendo una vida de pureza, en ansia continua del paraíso. Al quedar huérfana de padre y madre, una familia de auténticas virtudes cristianas la recibió caritativamente en su casa. Consagrada al Señor por el voto de virginidad, se entregó con ardor a la consecución de la perfección. Se distinguió por una ardiente devoción a la Eucaristía y un gran amor a Jesús crucificado y a la Virgen María. El Señor la enriqueció con singulares carismas sobrenaturales, ofreciéndose como víctima por la conversión de los pecadores. Suspiró intensamente por ingre­sar entre las religiosas pasionistas. No pudiendo conseguir la realización de su ideal, dio un maravilloso ejemplo de santidad en medio del mundo. Murió el sábado santo, 11 de abril de 1903, en Lucca.

    

     Desde el principio se señaló como fecha de la memoria el 14 de mayo, pues en este día, el año santo de la Redención de 1933, fue beatificada. No se fijó la fecha de su muerte pues siempre coincidiría con el final de la Cuaresma, la Semana Santa o la octava de Pascua, por lo cual, según el orden de precedencia de los días litúrgicos quedaría siempre impedida su celebración.
     Con la reforma del Concilio se fijó la fecha del 16 de mayo, pues la fecha del 14 está impedida por la celebración de San Matías Apóstol, y el 15 de mayo, en España -que es donde es más fuerte su culto- por la fiesta de san Isidro, el día 15 de mayo. No obstante lo anterior, dado el arraigo -en España- de la celebración de santa Gema el día 14 de mayo, se consiguió un permiso especial de la Santa Sede para que en los tres santuarios de la santa en España (La Coruña, Madrid y Barcelona), siguiera celebrándose el día 14 de mayo.

 

SAN VICENTE MARÍA STRAMBI (25 de septiembre)

vincenzo_sm  Nació en Civitavecchia en 1745. Al poco tiempo de su ordenación sacerdo­tal ingresó en la Congregación pasionista, recientemente fundada. Trabajó en favor de la promoción de la vida cristiana, mediante la predicación de la Pasión de Cristo, recorriendo casi toda Italia. Compuso libros de carácter doctrinal y piadoso. Entre estos últimos, sobresale el folleto sobre la Preciosísima Sangre. Se distinguió como director de almas. Con su consejo ayudó, entre otros, a san Gaspar del Búfalo y la beata Ana María Taigi. Consagrado obispo de Macerata y Tolentino, promovió con celo apostólico la reforma del clero y del pueblo, actuando como verdadero pastor de surebaño. En los conflictos políticos de su tiempo, se mostró como intrépido defensor de la libertad de la Iglesia, prefiriendo el destierro al juramento de fidelidad a las usurpaciones napoleónicas. Vuelto a su diócesis, brilló aún más su solicitud pastoral y su gran candad con los pobres. El papa León lo llamó al Quirinal como consejero. Allí murió el 1º de enero de 1824, des­pués de haberse ofrecido al Señor en lugar del Papa gravemente enfermo. Su cuerpo reposa en Macerata.

  

SAN INOCENCIO CANOURA (9 de octubre)

innocenzo20canoura_sm   Inocencio de la Inmaculada (Manuel Canoura Arnau) nació el 10 de marzo de 1887 en Santa Cecilia del Valle de Oro, diócesis de Mondoñedo, España. Pasionista desde el 27 de julio de 1905, presbítero desde el 20 de septiembre de 1913, desempeñó con gran entrega el sagrado ministerio en varias comunidades de su provincia religiosa (La Preciosísima Sangre). En la llama­da «Revolución de Asturias de 19340, mientras celebraba la santa Misa en el Colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Turón, fue apresado con la comunidad de ocho Hermanos lasallistas y fueron todos ellos fusi­lados el 9 de octubre del mismo año 1934. Beatificado en 1990 y canonizado en 1999 por Juan Pablo II.

  

SANTA MARÍA GORETTI (6 de julio)

goretti_sm   Nació en Corinaldo (Italia) el 16 de octubre de 1890, de una familia humilde. Su niñez, bastante dura, transcurrió cerca de Nettuno, y durante ella se ocupó en ayudar a su madre en las tareas domésticas; era de índole piadosa, como lo demostraba su asiduidad en la oración. En el año 1902, puesta en trance de defender su castidad, prefirió morir antes que pecar, el joven que atentaba contra ella puso fin a su vida, agrediéndola con un punzón. Antes de morir, María perdonó a su agresor. Fue canonizada por Pío XII en 1950. Los Pasionistas que se ocuparon de su proceso de canonización proveen con celo al servicio del santuario de Nettuno, donde se veneran sus restos mortales.

 

 SAN CARLOS HOUBEN (5 de enero)

carlos20houben_sm   San Carlos de San Andrés (en el siglo Juan Andrés Houben) nació en Munstergeleen (Holanda) el 77 de diciembre de 1821. Tomada la decisión de consagrar su vida a Dios, entró en el noviciado pasionista de Ere (Bélgica) el año 1845 y profesó los votos religiosos el 10 de diciembre de 1846. Ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1850, fue destinado en 1852 a la nueva fundación pasionista de Inglaterra, donde el beato Domingo Barberi, que había muerto recientemente, tanto había trabajado por el retorno de los hermanos separados a la fe católica. También san Carlos Houben, siguiendo el ejemplo del beato Domingo, apóstol del ecumenismo, trabajó infatigablemente por el bien de las almas y la unidad de la Iglesia, primero en Inglaterra y después en Irlanda, donde falleció con gran fama de santidad el 5 de enero de 1893, vigilia de la Epifanía del Señor. Hombre de gran vida interior al estilo del Fundador, san Pablo de la Cruz, y de los primeros pasionistas, más que por la predicación se distinguió por el apostolado de las bendiciones y de las confesiones. Fue beatificado por Juan Pablo II, el 16 de octubre de 1988. Canonizado por Benedicto XVI el 3 de junio de 2007.

 

 

BEATOS PASIONISTAS

 

 

BEATO LORENZO SALVI (12 de junio)

lorenzo20salvi_sm   El beato Lorenzo María de san Francisco Javier (Salvi), nacido en Roma el 30 de octubre de 1782, murió en Capranica, Vetralla, el 12 de junio de 1856. Profesó la Regla pasionista el 20 de noviembre de 1802 y fue ordenado sacerdote el 29 de diciembre de 1805. Superior diligente, su vida se caracterizó, siguiendo las huellas del Fundador, san Pablo de la Cruz, por su actividad misionera itinerante y el apostolado incansable de la Infancia de Jesús, difundiendo su devoción por todas partes con la palabra, el ejemplo y nume­rosos escritos. Su Santidad Juan Pablo II lo beatificó el 1 de octubre de 1989. Sus restos mortales se veneran en la iglesia pasionista de san Miguel Arcángel de Vetralla.

 

BEATOS NICÉFORO Y 25 COMPAÑEROS MÁRTIRES (23 de julio)

martires20de20daimiel_sm   Los beatos Nicéforo de Jesús y María y 25 compañeros mártires de Daimiel (uno de ellos, Juan Pedro Bengoa, nació en Mondragón) sellaron heroi­camente con el sacrificio de sus vidas su consagración a Dios en nuestra Congregación Pasionista. Arrojados con violencia del retiro de Daimiel (Ciudad Real), la noche del 21 al 22 de julio de 1936, murieron en cinco gru­pos y en fechas y lugares diferentes. Para la conmemoración litúrgica de su fiesta se ha escogido el 23 de julio que es la fecha en que fue martirizado el primer grupo de 6 religiosos, encabezado por el Superior Provincial, beato Nicéforo de Jesús y María (Diez Tejerina). Son los primeros mártires beatifi­cados de la Congregación. Fueron beatificados por Juan Pablo II, el 1 de octubre de 1989.

 

BEATO DOMINGO BARBERI (27 de agosto)

domingo20de20la20madre20d_sm   Domingo Barberi, apellidado en religión «de la Madre de Dios», nació en 1792, cerca de Viterbo. Fue a la edad de 22 años cuando, por frecuentes llamadas interiores, comprendió que Dios lo invitaba al apostolado. Dejando entonces el cultivo de los campos, ingresó en la Congregación pasionista, donde reveló extraordinarias cualidades de mente y corazón. Ordenado sacerdote, se entregó a la enseñanza, al ministerio de la palabra, a la direc­ción de las almas y a la composición de numerosos escritos sobre materias de filosofía, teología y predicación. Imbuido del espíritu de san Pablo de la Cruz, se preocupó particularmente por el retorno de Inglaterra a la unidad de la Iglesia. Fundador de los pasionistas en Bélgica en 1840, llegó a Inglaterra en 1842. Allí se entregó, con toda su alma, al apostolado para el cual Dios lo había escogido. Tuvo el consuelo de recibir en la Iglesia católica a no pocos anglicanos, entre los cuales el más ilustre fue el futuro Cardenal Juan Enrique Newman. Murió en Reading, el 27 de agosto de 1849. Su sepulcro se venera en Sutton, Saint Helens, como meta de peregrinaciones del pueblo inglés.

  

BEATO ISIDORO DE LOOR (6 de octubre)

isidoro20de20l_sm   Isidodo de Loor, apellidado en religión «de San José», nació el 18 de abril de 1881 en Vrasene, Flandes Oriental, diócesis de Gent. Hijo de agricultores, amó apasionadamente el trabajo del campo y a él se dedicó hasta que, llamado por Dios a los 26 años de edad, ingresó en el noviciado pasionista de Ere, como hermano coadjutor. Hecha la Profesión religiosa el 13 de septiembre de 1908, desempeñó en varias comunidades los humildes servicios propios de su condición de hermano, viviendo una intensísima vida de oración y penitencia según el espíritu pasionista. En 1911, le fue extir­pado el ojo derecho afectado de grave tumor. Por su caridad y sencillez, por su laboriosidad y silencio se atrajo la admirada atención de sus hermanos de hábito y de los fieles que le conocieron. Víctima de pleuritis y cáncer, después de un mes de atroces sufrimientos, falleció el 6 de octubre de 1916, a los 35 años de edad y 8 de vida religiosa, llamado por todos el «hermano bueno» o y también «el hermano de la voluntad de Dios». Su Santidad el Papa Juan Pablo II lo beatificó el 30 de septiembre de 1984.

  

BEATO PÍO CAMPIDELLI (3 de noviembre)

pio20campidelli_sm   Pío de San Luis (Campidelli) nació el 29 de abril de 1868 en Trebbio, diócesis de Rímini, hijo de agricultores. Habiendo conocido a los Pasionistas con motivo de una misión popular, el 27 de mayo de 1882 vistió el hábito de la Congregación de la Pasión y el 30 de abril de 1884 emitió la profesión religiosa en el noviciado de Santa María de Casale. Abrazada con fervor la austera vida pasionista, se distinguió por su devoción eucarística y mariana, por una auténtica caridad fraterna y un decidido empeño en el estudio. Recibidas las cuatro órdenes menores, cuando se preparaba para el subdiaconado, afectado de grave dolencia, expiró, como en éxtasis, el 2 de noviem­bre de 1889 en el retiro de Casale, ofreciendo su joven existencia en sacrifi­cio por la Iglesia, el Sumo Pontífice y su queridísima Romana. El Sumo Pontífice Juan Pablo II lo beatificó el 17 de noviembre de 1985.

  

BEATO EUGENIO BOSSILKOV (13 de noviembre)

bosilkov_sm   El beato obispo Eugenio Bossilkov, pasionista, nació en Belene, Bulgaria, el 16 de noviembre de 1900. Educado desde los once años en los seminarios pasionistas de su patria, Órese y Russe, fue después enviado a las casas pasionistas de Bélgica y Holanda para completar los estudios. Hizo el novi­ciado en Ere, Bélgica, y entonces adoptó el nombre de Eugenio del Sagrado Corazón. Concluidos los estudios teológicos, fue ordenado sacerdote el 25 de julio de 1926. Seguidamente marchó a Roma; en 1932 se doctoró en Teología, en el Pontificio Instituto Oriental. Regresó a Bulgaria en 1933. Después de varios años de servicio pastoral como párroco en Russe y Badarski-Gheran, fue consagrado obispo de Nicópolis en 1947. Era muy conocido y amado en toda Bulgaria. Fue condenado a muerte durante la persecución estalinista y fusilado en la cárcel de Sofía el 11 de noviembre de 1952. Fue beatificado por Juan Pablo II el 15 de marzo de 1998.

  

BEATO GRIMOALDO SANTAMARÍA (1 8 de noviembre)

grimoaldo20de20sta20ma_sm   Grimoaldo de la Purificación (Fernando Santamaría en el siglo) nació el 4 de mayo de 1883 en Pontecorvo (Frosinone, Italia) y fue el mayor de cinco hermanos. Inscrito como congregante de la Inmaculada todavía adolescente, desarrolló un fecundo apostolado entre sus pequeños compañeros. El 6 de marzo de 1900, emitió la profesión religiosa como pasionista. Pero apenas habían transcurrido dos años desde su profesión, mientras se preparaba al sacerdocio en el retiro de Ceccano, se vio afectado de una meningitis aguda, durmiéndose en el Señor el 18 de noviembre de 1902, como él mismo lo había predicho, invocando a María y “contentísimo” —decía— de cumplir la voluntad de Dios. Tenía, al morir, 19 años. El secreto de su rápida ascensión a la cima de la santidad estriba en su singular devoción a María Inmaculada, a quien se había consagrado ya desde pequeño. Fue beatificado por el papa Juan Pablo II el 29 de enero de 1995.

 

 BEATO BERNARDO MARÍA SILVESTRELLI (9 de diciembre)

bernardo20silvestrelli_sm   El beato Bernardo María de Jesús (César Silvestrelli), nació en Roma el 7 de noviembre de 1831, de la noble familia Silvestrelli-Gozzani. Bautizado el mismo día y confirmado el 7 de junio de 1840, fue ordenado sacerdote en el monte Argentaro, el 22 de diciembre de 1855, emitiendo la profesión reli­giosa el 28 de abril de 1857, en el noviciado de Morrovalle, donde tuvo como compañero al futuro san Gabriel de la Dolorosa. Muy pronto fue designado para desempeñar importantes oficios en la Congregación: director de estudiantes, maestro de novicios, rector, consultor provincial y Superior General, los años 1878-88 y 1893-1907. Intrépido campeón del espíritu de la Congregación en circunstancias particularmente difíciles, imprimió un gran impulso a nuestro instituto en el mundo. Bajo su iluminada y vigilante guía fueron fundadas seis nuevas provincias y reorganizadas las que fueron probadas por la supresión gubernativa en Italia y Francia. Habiendo renun­ciado al generalato, recibió por voluntad del Papa el título vitalicio de Superior General honorario. Habiéndose retirado a Moricone, en la Sabina, murió allí de una caída el 9 de diciembre de 1911, con 80 años de edad. Fue beatificado por Juan Pablo II el 16 de octubre de 1988.

  

PASIONISTAS VENERABLES

 Se llama así al cristiano a quien el Papa ha reconocido la heroicidad de las virtudes, tras los estudios de la Causa de Canonización; es una etapa previa a la beatificación. En la Familia Pasionista son venerables los siguientes:

 

JUAN BAUTISTA DANEI (1695-1765), italiano.

Hermano de sangre de San Pablo de la Cruz y compañero inseparable en la fundación. Gran misionero y director espiritual, destacó por su humildad y amor a los religiosos. Venerable desde el 7-VIII-1940.

 

GALILEO NICOLINI (1882-1897), italiano.

Siendo novicio, hizo los votos antes de morir. Venerable desde el 27-XI-1981.

 

JUAN BRUNI(1882-1905), italiano.

Ordenado sacerdote poco antes de morir. Venerable desde el 9-VI-1983.

 

NAZARENO SANTOLINI (1859-1930), italiano.

Sacerdote, maestro de novicios de Galileo Nicolini. Venerable desde el 7-XII-1989.

 

GIAN GIANEL (Santiago de San Luis) (1714-1750), italiano.

Hermano coadjutor, se distinguió por su espíritu de oración, imitando a los primeros pasionistas. Venerable desde el 21-XII-1989.

 

GERARDO SAGARDUI (1881-1962), vizcaíno de Zollo.

Hermano coadjutor, portero de la casa general de Roma durante más de 50 años. Se distinguió por su humildad y caridad. Su cuerpo reposa en la capi­lla de San Felicísimo. Venerable desde el 12-XII-1991.

 

FORTUNATO DE GRUTIIS (1826-1905), italiano.

Sacerdote, gran misionero popular. Venerable desde el 11-VII-1992.

 

JOSÉ PESCI (1853-1929), italiano.

Sacerdote, educador, misionero y superior provincial. Venerable desde el 6-VI-1993.

 

NORBERTO CASSINELLI (1829-1911), italiano.

Director espiritual de San Gabriel, formador, consultor general. Venerable desde el 11-XII-1994.

 

GERMÁN RUOPPOLO (1850-1908), italiano.

Director espiritual de Santa Gema: Arqueólogo, descubrió la casa de los san­tos hermanos mártires Juan y Pablo, titulares de la basílica de los pasionistas en Roma. Venerable desde el 12-VI-1995.

 

MARÍA CRUCIFICADA DE JESÚS (1 713-1 787), italiana.

Primera superiora del monasterio de monjas pasionistas fundado por San Pablo de la Cruz en Tarquinia. Venerable desde el 17-XII-1982.

 

LUCIA BURLINI (1710-1789), italiana.

Campesina seglar, ayudó a los primeros pasionistas en la fundación de Toscanella. San Pablo de la Cruz le escribió muchas cartas de dirección espi­ritual. Venerable desde el 23-X-1987.

 

ANTONIETA FARANI (1906-1963), brasileña.

Hermana Pasionista de San Pablo de la Cruz (fundadas en Signa). Venerable desde el I3-VI-1992.

 

TERESA GALLIFA (1850-1907), española.

Fundadora de las Siervas de la Pasión, asociadas con los pasionistas, en la comunicación de bienes espirituales. Venerable desde el 7-VII-1992.

 

LUCIA MANGANO (1900-1946), italiana.

Ursulina, mística, dirigida por el Siervo de Dios, padre Generoso Fontanarosa, pasionista. Su Causa está promovida por los pasionistas. Venerable desde el3-VII-1994.

 

DOLORES MEDINA (1860-1925), mexicana. Fundadora de las Hijas de la Pasión de Jesucristo y de María Dolorosa. Venerable desde el 3-VII-1998.

 

EUFEMIA GEMA GIANNINI (1884-1971) italiana.

De la casa que recibió por caridad a santa Gema. Fundadora de las Misioneras de Santa Gema. Venerable desde el 15 de marzo de 2008.

 

FRANCISCO (AITA PATXI) GONDRA (1910-1974), vizcaíno de Arrieta.

Capellán de gudaris, vicemaestro de novicios, apóstol de los ancianos y enfermos. Sepultado en el santuario de San Felicísimo. Venerable desde el 15 de marzo de 2008.

 

EGIDIO MALACARNE (1877-1953), italiano.

Amable y sencillo, se distinguió siempre en todas las virtudes. Durante treinta años fue postulador de las Causas de los santos. Venerable desde el 26-III-1999.

 

 

SIERVOS Y SIERVAS DE DIOS

 

Si un cristiano ha muerto con fama de santidad y esta fama perdura, la Iglesia inicia la recogida de datos y testimonios encaminados a demostrar si practi­có las virtudes en grado heroico. Cuando se inicia esta fase, el cristiano o la cristiana es calificado/a como siervo/a de Dios. En la familia pasionista se han iniciado los procesos de los siguientes siervos y siervas de Dios:

 

ADOLORATA LUCIANI (1920-1954), italiana. Pasionista de clausura.

 

BENITO ARRIETA (1907-1976), guipuzcoano de Zegama. Fundador y misionero en la República Dominicana.

 

BERNARDO KRIESZKIEVICH (1.915-1945), polaco. Formador y apóstol.

 

ELISABETA TASCA DE SERENA (1899-1978), italiana, seglar. Madre de 12 hijos (2 pasionistas).

 

ERVIGE CARBON1 (1880-1952), italiana. Seglar, mística, su causa de canoni­zación la llevan los pasionistas.

 

ESTANISLAO A. BATISTELLI (1885-1981), italiano. Obispo de Teramo. Murió ya retirado en el santuario de San Gabriel.

 

GENEROSO FONTANA (1881-1966), italiano. Director espiritual de Lucia Mangano, misionero.

 

IGNACIO SPENCER (1799-1864), inglés. Anglicano convertido al catolicis­mo, predicador y apóstol del ecumenismo.

 

MAGDALENA MARCUCCI (1888-1960), italiana. Pasionista de clausura, maestra de novicias en Bilbao, fundadora del monasterio de Madrid, escrito­ra mística.

 

MARTÍN ELORZA (1899-1966), guipuzcoano de Elgeta. Formador, provincial, obispo misionero de Moyobamba (Perú).

 

RAFAEL FAGGIANO (1877-1960), italiano. Maestro de novicios. Obispo de Cariati.

 

MARÍA MAGDALENA FRESCOBALDI (1771-1839), italiana.

Fundadora de las Hemanas Pasionistas de san Pablo de la Cruz.

 

TEODORO FOLEY (1913-1974), estadounidense.

Reconocido por su humildad, amabilidad y santidad. Gran devoto de la pasión de Jesucristo y de la Virgen Dolorosa. Murió siendo Superior General.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Síntesis biográfica*

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 19, 2008

 

Pablo Danei Massari nació en Ovada, Italia, el 3 de enero de 1694; más tarde se trasladó a Castellazzo-Bormida, no lejos de su pueblo natal. Su madre le enseñó a encontrar en la Pasión de Cristo la fuerza para superar las pruebas. Enamorado de Jesús Crucificado desde su infancia, quiso que toda su vida fuera para Él. Durante una grave enfermedad, la visión del infierno lo horrorizó. Oyendo la predicación de un sacerdote, el Señor lo iluminó sobre el amor de Cristo Crucificado: fue el momento que él llamó su “conversión”.

Hacia 1715-1716, deseoso de servir a Cristo, se presentó en Venecia y se alistó en el ejército. Con mística de cruzado, quería luchar contra los turcos que amenazaban a la cristiandad de Europa. Mientras adoraba el Santísimo Sacramento en una iglesia, comprendió que no era aquella su vocación. Abandonó el camino militar, sirvió algunos meses en una familia y regresó a casa. Aunque un tío sacerdote le dejaba una herencia para que se casara, Pablo renunció.

Hacer memoria del Crucificado

Según un testimonio, una aparición de la Virgen María le permitió conocer el hábito, el emblema y el estilo de vida, que giraría siempre en torno a Jesús Crucificado. El obispo de Alejandría, monseñor Gattinara, previo el juicio de confesores prudentes, lo revistió del hábito de la Pasión el 22 de noviembre de 1720. Pasó 40 días en la sacristía de la iglesia de San Carlos, en Castellazzo. Sus experiencias y el estado de su espíritu durante aquella “cuarentena” se han conservado con el nombre de Diario Espiritual. Redactó además las Reglas de unos posibles compañeros, a quienes llamaba Los Pobres de Jesús. Su hermano Juan Bautista que lo visitaba, quiso asociársele, pero Pablo no aceptó por entonces.

Concluida la experiencia, el obispo lo autorizó a vivir en la ermita de San Esteban, de Castellazzo, y a realizar apostolado como laico. En el verano de 1721 viajó a Roma, con el deseo de obtener del Papa una audiencia, a fin le explicarle las luces recibidas sobre la fundación de una Congregación. Los oficiales del Quirinal, donde residía el Papa, no lo dejaron entrar, por parecerles un aventurero más.

El primer voto pasionista

Aceptó la humillación que lo configuraba más con Jesús Crucificado y, en la basílica de Santa María la Mayor, ante la Virgen “Salus Populi Romani”, hizo voto de consagrar se a promover la memoria de la Pasión de Jesucristo.

De regreso a su pueblo se detuvo un poco en Orbetello, en la ermita de la Anunciación, de Monte Argentario. En Castellazzo se le asoció su hermano Juan Bautista y se fueron a hacer vida eremítica en Monte Argentario. Después, invitados por monseñor Pignatelli, estuvieron en la ermita de Nuestra Señora de la Cadena, en Gaeta.

Monseñor Cavallieri los recibió un tiempo en Troia, y volvieron a Gaeta, pero esta vez fueron al santuario de la Virgen de la Civita, en Itri. Fracasaban una y otra vez los intentos de fundar una comunidad. Viajaron a Roma. En el hospital de San Gallicano atendieron a los tiñosos, mientras estudiaban Teología. Para ser predicadores de la Pasión les aconsejaron acceder al sacerdocio. El Papa los saludó en el monte Celio, junto a la iglesia llamada La Navicella, los ordenó y les permitió oralmente fundar en Monte Argentario. Los dos hermanos abandonaron Roma para marchar a Monte Argentario.

Predicar la Pasión de Cristo

Iniciaron su apostolado entre pescadores, leñadores, pastores, etc. Se les asociaron compañeros, entre ellos su hermano Antonio, y sacerdotes bien preparados. Los obispos recurrían a ellos a fin de dar misiones a los pueblos. Cuando en la zona se declaró la guerra de los Presidios, Pablo ejercía su ministerio en ambos bandos, y en los dos era bien recibido.
El primer convento, dedicado a la Presentación se inauguró en 1737. Pablo presentó en Roma las Reglas para el instituto naciente. Después de algunas mitigaciones, pues eran muy exigentes, Benedicto XIV las aprobó en 1741.

El Fundador fue contemporáneo de apóstoles como san Leonardo de Puerto Mauricio, al que saludó en una ocasión y san Alfonso María de Ligorio, al que no conoció. Como a ellos, el amor a Jesús Crucificado lo impulsaba al servicio apostólico de las misiones.

El 11 de junio de 1747 emitió la Profesión, empezó a usar el apellido de la Cruz y se colocó el emblema pasionista. Desde entonces fue siempre el superior general, pero no dejó de predicar ni de escribir cartas como director espiritual. El Instituto tropezó con alguna oposición dentro de un sector de la Iglesia, y la fundación de varios conventos se suspendió hasta que una comisión pontificia dictaminó en favor de los Pasionistas.

Trató siempre de mantener el espíritu de soledad, pobreza y oración, con los consejos y con el ejemplo de su hermano Juan Bautista. Cuando éste murió en 1765. Pablo se sintió como huérfano.

Religiosas pasionistas

Una campesina, Lucía Burlini, le habló de las Palomas del Calvario, símbolo de unas almas con el mismo espíritu contemplativo que los religiosos. Aunque Pablo tardó casi cuarenta años en realizar esta idea, en 1771 nacieron las Pasionistas de clausura en Corneto, Tarquinia. Al frente puso a María Crucificada Constantini, benedictina, que con permiso de Clemente XIV pasó al nuevo monasterio.

Después de la supresión de la Compañía de Jesús, Clemente XIV trasladó a los Padres de la Misión, que ocupaban la casa y la basílica del monte Celio, la de los Santos Juan y Pablo, a la iglesia de San Andrés del Quirinal, y se la concedió a Pablo de la Cruz. En ella, a dos pasos del Coliseo, vivió los últimos años de su vida; allí recibió las visitas de Clemente XIV, en 1774, y de Pío VI, en 1775. Y allí falleció unos meses más tarde. Sus reliquias se conservan en la capilla que se inauguró en 1880.

  

 

 

 

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El fundador de los pasionistas

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 4, 2008

Vida de san Pablo de la Cruz

 

Pablo Francisco Danei Massari nació en Ovada, Italia, el 3 de enero de 1694; más tarde se trasladó a Castellazzo-Bormida, no lejos de su pueblo natal.

 

Su madre le enseñó a encontrar en la Pasión de Cristo la fuerza para superar las pruebas. Le recordaba el crucifijo cada vez que experimentaba algún sufrimiento.

 

Enamorado de Jesús Crucificado desde su infancia, quiso entregarle toda su vida.

 

Su padre le leía vidas de santos, y esto lo animaba mucho a ser mejor. Aquel buen hombre le avisaba también acerca de lo peligroso y dañino que es juntarse con malas compañías. Así lo libró de muchos males.

 

A los 15 años, un inspirado sermón cambió su vida. El tema de ese sermón era la frase de Jesús: “Si no se convierten y no hacen penitencia, todos perecerán”.  Para Pablo fue el momento que él llama su “conversión”. Hizo una confesión general y desde aquel día empezó a una vida de penitencia muy rigurosa. Dormía en el suelo,  ayunaba, dedicaba varias horas de la noche a rezar y a leer libros santos. Luego organizó con algunos de sus compañeros una asociación de jóvenes para ayudar a los demás con sus palabras y buenos ejemplos a ser mejores. Varios de esos muchachos se hicieron religiosos después. Durante una grave enfermedad, la visión del infierno lo horrorizó.

 

Hacia 1715-1716, deseoso de servir a Cristo, se alistó en el ejército en Venecia. Quería defender el cristianismo de los turcos que amenazaban a Europa. Pero, mientras adoraba el Santísimo Sacramento en una iglesia, comprendió que no era aquella su vocación. Abandonó el camino militar, sirvió algunos meses en una familia y regresó a casa. Aunque un tío sacerdote le dejaba una herencia para que se casara, Pablo renunció. Rechazó también unos negocios muy prometedores que le ofrecían y se quedó por varios años en la casa de sus padres dedicado a la oración, a la meditación y a practicar la caridad hacia los pobres.

 

 

Hacer memoria del Crucificado

 

La Virgen María se le apareció y le dio a conocer el hábito, el emblema y el estilo de vida de una comunidad religiosa, que giraría siempre en torno a Jesucristo Crucificado. Pablo presentó estos mensajes al obispo de Alejandría, monseñor Gattinara, y a su director espiritual. Previo el juicio de confesores prudentes, el obispo lo revistió del hábito de la Pasión el 22 de noviembre de 1720. Pasó 40 días en una habitación junto a la sacristía de la iglesia de San Carlos, en Castellazzo, para redactar los Reglamentos de la futura comunidad a quienes llamaba “Los Pobres de Jesús”.  Vivía todo este tiempo a pan y agua, y durmiendo en un lecho de paja. Sus experiencias y el estado de su espíritu, escritos por obediencia durante aquella “cuarentena” se han conservado con el nombre de Diario Espiritual.

 

Concluida la experiencia, el obispo lo autorizó a vivir en la ermita de San Esteban de Castellazzo y a realizar apostolado como laico, ayudando a los sacerdotes a dar clases de catecismo y dando misiones. En el verano de 1721 viajó a Roma, con el deseo de obtener del Papa una audiencia, a fin le explicarle las luces recibidas sobre una futura Congregación. Los oficiales de la residencia Papal no lo dejaron entrar por parecerles un aventurero más.

 

Votos y Fracasos

 

En la basílica de Santa María la Mayor de Roma, ante la Virgen Salus Populi Romani, hizo voto de consagrarse a promover la memoria de la Pasión de Jesucristo.

 

De regreso a su pueblo se detuvo un poco en Orbetello, en la ermita de la Anunciación de Monte Argentario. En Castellazzo se le asoció su hermano Juan Bautista y se fueron a hacer vida eremítica en Monte Argentario. Después, invitados por monseñor Pignatelli, estuvieron en la ermita de Nuestra Señora de la Cadena en Gaeta. Monseñor Cavallieri los recibió un tiempo en Troia y volvieron a Gaeta, pero esta vez fueron al santuario de la Virgen de la Civita, en Itri.

 

Fracasaban una y otra vez los intentos de fundar una comunidad. Para ser predicadores de la Pasión necesitaban acceder al sacerdocio por lo que viajaron a Roma. En el hospital de San Gallicano atendieron a los enfermos mientras estudiaban teología. El Papa los saludó en el monte Celio, junto a la iglesia llamada “La Navicella” y les permitió oralmente fundar en Monte Argentario. Una vez ordenados sacerdotes en 1727, los dos hermanos abandonaron Roma para marchar a Monte Argentario.

 

Los primeros candidatos que se presentaron pidiendo ser admitidos en la nueva Congregación encontraron demasiado duro el Reglamento y se retiraron.

 

Mientras tanto san Pablo de la Cruz y un compañero suyo viajaban por los pueblos predicando misiones y obteniendo muchas conversiones.

 

Comienzos de la Comunidad de los Pasionistas

 

El Papa Benedicto XIV aprobó los Reglamentos pero suavizándolos un poco. Entonces empezaron a llegar novicios y pronto tuvo tres casas de religiosos pasionistas.

 

En todas las ciudades y pueblos a donde llegaba predicaba acerca de la Pasión y Muerte de Jesucristo. Le gustaba utilizar símbolos que ayudasen a expresar la pasión. A veces se presentaba con una corona de espinas en la cabeza, y siempre llevaba en la mano una cruz. Con los brazos extendidos, el santo hablaba de los sufrimientos de Nuestro Señor en forma que conmovía aun a los más duros e indiferentes. A veces, cuando el público no demostraba conversión, se azotaba violentamente delante de todos, por los pecados del pueblo, de modo que hacía llorar hasta a los soldados y a los bandoleros.

 

Un oficial que asistió a algunos de sus sermones decía: “Yo he estado en muchas batallas, sin sentir el mínimo miedo al oír el estallido de los cañones. Pero cuando este padre predica me hace temblar de pies a cabeza”. Es que Dios le había dado la eficacia de la palabra y el Espíritu Santo le concedía la gracia de conmover los corazones.

 

En los sermones era duro para no dejar que los pecadores vivieran en paz con sus vicios y pecados, pero luego en la confesión era comprensivo y amable, invitándolos a hacer buenos propósitos, animándolos a cambiar de vida y aconsejándoles medios prácticos para perseverar siendo buenos cristianos y portándose bien.


Dones extraordinarios

 

Dios colmó a San Pablo de la Cruz con dones extraordinarios. A muchas personas les anunció cosas que les iban a suceder. Curó a innumerables enfermos. Estando a grandes distancias, de pronto se aparecía a alguno para darle algún aviso de importancia y desaparecía inmediatamente.

 

Rechazaba toda muestra de veneración que quisieran darle, pero las gentes se apretujaban junto a él y hasta le quitaban pedacitos de su sotana para llevarlos como reliquias y recuerdos.

 

Con su hermano Juan Bautista trabajaron siempre juntos predicando misiones, enseñando catecismo y atendiendo pobres. Como ambos eran sacerdotes, se confesaban el uno con el otro y se corregían en todo lo necesario. Pablo sufrió mucho la muerte de su hermano en 1765.

 

Aunque desde 1747 san Pablo fue siempre superior general, no dejó de predicar ni de escribir cartas como director espiritual. La Congregación tropezó con oposiciones dentro de un sector de la Iglesia, y la fundación de varios conventos se suspendió hasta que una comisión pontificia dictaminó en favor de los Pasionistas.


Religiosas pasionistas

 

San Pablo de la Cruz fundó la comunidad de las Hermanas Pasionistas que se dedican también a amar y hacer amar la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

 

Una campesina, Lucía Burlini, le habló de las “palomas del Calvario”, símbolo de unas almas con el mismo espíritu contemplativo que los religiosos. Aunque Pablo tardó casi cuarenta años en realizar esta idea, en 1771 nacieron las Pasionistas de clausura en Corneto, Tarquinia. Al frente puso a María Crucificada Constantini, benedictina, que con permiso de Clemente XIV pasó al nuevo monasterio.


Últimos años

 

En 1772 sintiéndose muy enfermo mandó pedir al Papa su bendición para morir en paz. Pero el Sumo Pontífice le respondió que la Iglesia necesitaba que viviera unos años más. Entonces se mejoró y vivió otros tres años.

 

Después de la supresión de la Compañía de Jesús, Clemente XIV llevó a los Padres de la Misión a la iglesia de San Andrés del Quirinal y concedió a Pablo de la Cruz la casa y la basílica de los Santos Juan y Pablo. En ella, junto al Coliseo, vivió los últimos años de su vida; allí recibió las visitas de Clemente XIV, en 1774, y de Pío V1 en 1775. Y allí falleció unos meses más tarde, el 18 de octubre de 1775, a la edad de ochenta y un años. Sus reliquias se conservan en la capilla que se inauguró en 1880. En 1867 fue declarado santo.

 

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VOX PATRIS*

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 25, 2008

 VOX PATRIS

 
 
 
 
 

 MAXIMAS ESPIRITUALES

 DE SAN PABLO DE LA CRUZ


 
 
 
 

 Versión original: P. Tito de san Pablo de la Cruz

 Traducción del Italiano: padre Abelardo Quintero P., C.P.
 

  

Al meditar en la profunda riqueza que encierra la espiritualidad de san Pablo de la Cruz, he visto la necesidad de darle a este tratado una forma más simplificada y sencilla, para hacerlo más asequible a todas las personas. 

 

He dejado los mismos títulos y suprimido las frases e ideas repetidas, como también las citas entre paréntesis, para dar mayor fluidez a la lectura y permitir que el lector se sumerja más en la asimilación del mensaje. 

 

En esta forma, pretendo llevar la fuerza inspiradora de las palabras de san Pablo de la Cruz a todas las personas deseosas de seguir a Jesús, aceptando incondicionalmente su invitación: «Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Lc 9, 23).

 

Olga

 

PRÓLOGO

 

El padre Tito de san Pablo no pudo escoger mejor marco para las Máximas de san Pablo de la Cruz, que esta cita de san Lucas, en la cual Jesús nos invita a seguirlo más de cerca con tres condiciones específicas y concretas que siempre están retando nuestra naturaleza inclinada al facilismo y la comodidad. Dicha invitación nace del inmenso amor de Dios cuyo único fin es llevarnos a la unión total con Él. 

 

Según la relación de ideas y oraciones, san Pablo de la Cruz nos anima a seguir esta llamada con igual exigencia, partiendo del conocimiento de nuestra propia nada y del único todo que es Dios, “El Sumo Bien”, ya que esta es la base de toda virtud y es la verdadera ciencia que permite ver a la luz de la fe la voluntad de dios en toda circunstancia próspera o adversa de nuestra vida. 

 

El amor es la fuerza que mueve al espíritu a realizar esta total comunión con la Voluntad Divina, a ejemplo de Jesús, anonadado y abandonado por amor a la voluntad del Padre. 

 

Si alguna idea es repetible con mayor vehemencia, es la del total abandono a la divina Voluntad. Como san Pablo de la Cruz lo experimentó y lo expresó, sólo en esta actitud abandonada y segura, como la del niño en los brazos de su madre podemos encontrar el sentido redentor del sufrimiento en nuestra vida. 

 

Identificados plenamente con Jesús paciente, nos sumergimos en la virtud misma que se hace vida en todo aquel que permanece en pura fe y santo amor en la cruz de sus tribulaciones; despojado de todo, confiando solamente en la inmensa misericordia de Dios. 

 

Seguir a Jesús es jugarse la vida con El, para llegar al Padre revestidos de la pasión y de las virtudes que nacen de ella: humildad, mansedumbre, paciencia, obediencia, etc. San Pablo de la Cruz nos muestra el camino de la cruz – desafío a despojarnos como Jesús, del apego a la propia vida, a nuestra honra y fama y hasta de los consuelos de Dios.

 

Esta doctrina es un llamado a los hombres de todos los tiempos que buscan en su lucha diaria, una respuesta de alivio a la pasión del hombre. Nos descubre precisamente que no es el escape, ni el consuelo, ni siquiera la comprensión del dolor lo que salva al hombre, sino el estar crucificado en la cruz don Cristo. 

 

Por tanto, debemos asumir el sufrimiento como lo asumió El, por amor a los hombres.

 

 

I. ESCUCHAR LA DIVINA LLAMADA

“Si alguno quiere venir en pos de mi…” (Lc 9,23) 

 Jesucristo, venido al mundo para ser camino, verdad y vida de todos los hombres, a todos da su gracia, a todos llama a venir a sí, a todos hace sentir su invitación amorosa: “Si alguno quiere venir en pos de mi…” 

 Esta llamada del Señor, variada y multiforme como la gracia actual de la cual son las expresiones, obra directa e indirectamente sobre nuestras facultades espirituales, la inteligencia y la voluntad, iluminando la primera y corroborando la segunda, para hacerla producir buenos deseos y actitudes sobrenaturales dignas de la vida eterna. 

 Pero Dios que es rico en misericordia y que libremente distribuye sus dones, suele hacer oír a algunas almas “una llamada de predilección”, invitándolas, con la vocación religiosa a seguir más de cerca de Cristo, con la práctica de los consejos evangélicos. 

 Pero todas las divinas llamadas, tanto las comunes como las especiales, tienen como fin el ejercicio de las santas virtudes, y la consecución de la santidad y perfección, “teniéndonos el Señor desde la eternidad elegidos en Cristo, para que fuésemos santos e irreprochables ante El por la caridad.” (Ef. 1,4). 

 Trataremos, por tanto, en esta primera parte:

1.  De los buenos deseos, luces e inspiraciones del Señor.

2.  De la vocación religiosa.

3.  Del ejercicio de las virtudes.

4.  De la perfección.

 “Bienaventuradas las almas que escuchan la llamada del señor y de su boca reciben palabras de satisfacción ¡Bienaventurados los oídos que, cerrados a los rumores del ambiente, acogen los rumores del divino susurro! ¡Bienaventurados los ojos que desdeñando las cosas de la tierra, se aficionan a aquellas del cielo! ¡Bienaventurados aquellos que ardiendo del deseo de atender únicamente al Señor sacuden de sí todo estorbo! Ellos encontrarán la paz, la santificación y la verdadera beatitud. “(Imitación de Cristo).

1. BUENOS DESEOS LUCES E INSPIRACIONES DEL SEÑOR 

 Fuera de la vida natural, que se manifiesta al exterior con las operaciones propias de los sentidos, y al interior con las operaciones del espíritu, tales como el pensar, el razonar, el querer, hay en nosotros una vida sobrenatural constituida por la gracia santificante, por la cual venimos a ser partícipes de la divina naturaleza (2 Pe1,4), los hijos adoptivos de Dios y herederos del cielo. (Rm 8,16 – 17).  

 También esta vida superior tiene sus operaciones, las cuales derivan principalmente de la gracia actual, o sea, de todas aquellas ayudas que Dios, “el cual quiere a todos salvarnos” (I Tim.2, 4), no cesa en ningún momento de compartirnos, iluminando nuestra inteligencia, y corroborando nuestra voluntad, contra los estímulos y las tendencias del mal. 

 Y Dios, en efecto, dice el apóstol que con su gracia “obra en nosotros el querer y el obrar con buena voluntad” (Fil.2, 13); y por eso -comenta San Agustín-“Sine Deo operante ut velimus, vel cooperante cum volumus, ad bona pietatis opera nihil valemus”. 

 Esencial importancia para la vida del espíritu y para la santidad tiene por esto las iluminaciones, las inspiraciones y los buenos deseos, que la gracia suscita en nosotros, “Si los santos, dice Santa Teresa, no hubiesen jamás concebido buenos deseos y no los hubieren poco a poco puesto en práctica, no hubiesen llegado tan alto en la vía de la perfección.” (S. Teresa, Autobiografía, c.13) 

 San Bernardo identifica el deseo de la perfección con la perfección misma; y en los santos libros leemos: “La deseé y me fue dada la prudencia, lo invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría”. (Sb, 7,7). 

 De estos buenos deseos, iluminaciones y aspiraciones habla San Pablo de la Cruz en sus cartas, declarando la naturaleza de éstos y dándonos normas y consejos útiles para nuestra necesaria cooperación. 

SU NATURALEZA. ¿Qué cosa son?

Los buenos deseos, luces e inspiraciones del Señor son:

§  Parte del amor divino.

§  Centellas o chispas de la fragua del santo amor.

§  Dones del esposo celestial.

 

o  Frutos que traen estos dones

– Los dones de Dios traen el bajo sentimiento de sí -mismo.

– Las iluminaciones vienen acompañadas de profundísima humildad, amor de Dios y contrición de los pecados.

– El amor igual al prójimo, la verdadera paciencia y resignación en todo, el recogimiento del corazón y la rectitud de intención, son iluminaciones verdaderas sin peligro de daño.

– El máximo de los deseos es el de amar a Dios
según el propio estado.

·     Cuáles se deben tener por sospechosos

– No todos los movimientos del corazón y las iluminaciones de la mente nacen de la gracia, pues con mucha frecuencia se interpone el diablo y la naturaleza.

– Son sospechosos los que no dejan humildad, ni
conocimiento de sí mismo, ni mayor deseo de
complacer al Señor. 

– También son sospechosas las luces del intelecto que inflaman la voluntad y después inflan.

– Las luces que no producen humildad profunda, son ilusiones.

·     No fiarse de las propias luces

– Es máxima de los santos no fiarse de las propias luces, porque muchas nacen de la propia inclinación de la naturaleza, y muchas más del demonio.

– Muchas veces se creen luces de lo alto aquellas que son sólo efecto de nuestro espíritu.

– Confiad vuestro interior al confesor y no le escondáis nada si no queréis ser engañados por el demonio.

NORMAS Y CONSEJOS PARA NUESTRA COOPERACIÓN 

·     Como disponernos

– Ejercitaos en la verdadera humildad de corazón y en la santa oración en tal forma que os dispusierais a recibir los más preciosos dones del cielo. 

·     Como recibir estos dones

Recibid:

– Las visitas misericordiosas del Señor con verdadera humildad de corazón.

– Las lluvias del cielo como un jardín árido, abandonados sin reserva en las manos de Dios.

– Las luces y las impresiones divinas con profundísima obediencia a los atractivos del Espíritu Santo. 

– Las voces suavísimas del esposo celestial con docilidad. 

 Debéis ser agradecidísimos al Señor por las iluminaciones que El por su infinita misericordia os comparte. 

·     Cuáles se deben seguir

– Los deseos de perfección son óptimos, pero se deben seguir sólo los que miran a nuestro estado.

– Dios nos hace desear cosas grandes para su servicio y después no quiere su ejecución para probar nuestra fidelidad y para que aprendamos a resignarnos a su santa Voluntad; pero da por su misericordia el premio como si se hubiera realizado. 

·     Cuándo y cómo

– Los santos deseos se deben poner en un rincón del corazón para seguirlos cuando plazca al Sumo Bien.

– Deben custodiarse con espíritu pacífico en Dios, sin la mínima ansiedad de verlos realizados sino cuando El lo quiera.

– Deben conservarse con gran resolución, firme y estable de ponerlos en ejecución cuando el Padre abra la vía. 

·     Para caminar seguros

– Lo mejor es morir a todos los deseos en Dios.

– Cultivad sólo un máximo deseo, el de agradar a Dios en todo, alimentándoos de su Santísima Voluntad.

2. VOCACIÓN RELIGIOSA 

 En el Evangelio se lee que preguntando uno al Divino Maestro qué cosa debía hacer para poseer la vida eterna, Jesús le responde que cumplir los mandamientos. Pero replicando aquél que los había observado desde la adolescencia, e insistiendo por saber qué otra cosa le restaba por hacer; Jesús “mirándolo con ternura, lo amó y le dijo “te falta una cosa sola: si quieres ser perfecto ve, y vende todo cuanto tienes, da el dinero a los pobres y después ven y sígueme”. (Mc.10, 21). 

 En esta mirada amorosa de Jesús, y en esta
invitación está toda la vocación religiosa, la
cual por eso es considerada por los santos y por
los doctores de la Iglesia como una de las gracias
más grandes que la misericordia de Dios hace al
alma.

 San Pablo de la cruz en sus cartas la llama “Divina Llamada de Sempiterna vida” y de ella declara su excelencia, el deber de seguirla, y el grave daño que constituye su pérdida. 

EXCELENCIA DE LA VOCACIÓN

– La Vocación es un don de Dios.

– Es una de las gracias más especiales, después del bautismo; que Dios concede al hombre.

-Dispone para gracias más grandes.

– Es fuente de paz que jamás podrá dar el mundo.

– Es claro signo de predestinación al paraíso.

– Según Santo Tomás, es una de las mayores gracias que Dios hace a sus almas preferidas.

·     Debéis corresponder y perseverar

– Cuando Dios llama es necesario obedecer bajo pena de repulsa en caso de hacerse el sordo.

– Examinad la llamada del Señor en la santa oración, dialogando con el director espiritual los movimientos de la gracia. 

– Huid de toda cosa que pueda retardar su ejecución.

– Perseverad en la vocación y Dios os hará santos.

– Quien desprecia su camino, perecerá. 

·     Medios de perseverancia

– Temed a vosotros mismos conservando bajo las cenizas de la humildad la gracia de la vocación.

– El agradecimiento mejor que podéis hacer por la gracia de la vocación es el morir a vosotros mismos con:

o  La mortificación de las pasiones internas.

o  El ejercicio de las santas virtudes.

o  Aspirar a hacer un suntuoso edificio de perfección de la propia horrible nada; nada tener, nada poder, nada saber, acompañado de altísimo desprendimiento de toda cosa creada.

 

– La vida religiosa es una cruz, y quien quiere vivir en ella con perfección debe estar crucificado.

– Renovad a menudo los santos votos sacrificándoos cada vez más al divino servicio, en la vocación emprendida, y estad segurísimos que Dios os hará santos.

o  El grave daño que constituye la pérdida de la
vocación

– Perdiendo la gracia de la vocación se podría: 

§  Ir de mal en peor y destruirse.

§  Perder la gracia de la perseverancia final.

§  Ir al abismo infernal.

 

·     Causas de la pérdida de la vocación

– Los duros de juicio (tercos) no perseveran.

– Los apegados a los padres, a las cosas, a la correspondencia frecuente, hacen temer que no mueran en la congregación.

– Querer ir a la ciudad es una estratagema del diablo para hacer perder al religioso todo el bien que ha hecho. – El amor a los parientes lo lleva a disiparse, al igual las visitas frecuente de ellos.

– Los pensamientos de la patria y los parientes enturbian el espíritu, lo vuelven perezoso, y llenan de tedio la vida religiosa.

Consejos

– Atended a vosotros y dejad a los muertos el cuidado y la sepultura de sus muertos. 

– Vosotros que habéis encontrado vuestra vida en Dios, gozaos en ella.

– Haced resplandecer en vosotros las virtudes de Jesucristo.

_ Quien por dentro está unido a Jesús, lleva su imagen también por fuera con un ejercicio continuo de heroicas virtudes. 

·     Para adornar el alma

– Las virtudes adornan el alma, templo de Dios, con las lámparas de la fe, la esperanza y la caridad. 

·     Para hacernos santos

– Es bueno el deseo de ser santos, con tal que
sea acompañado de las virtudes, que son las
piedras fundamentales del edificio de la santidad, haced su heroica adquisición. 

– Si supierais humillaros bien, estar bien fundados sobre vuestra nada, amantes del menosprecio, alejados de todos, en silencio, en la mortificación interna y externa, en el verdadero aniquilamiento de sí, trabajando, padeciendo y callando, aprenderíais la ciencia de los santos.

– El aprovechamiento espiritual no se mide con
las dulzuras sino con el ejercicio de las santas virtudes.

– Gran ánimo, pues: sirvamos a Dios a lo grande, ejercitemos las virtudes grandes, que Dios será nuestra fortaleza y nos dará la victoria.

3. EJERCICIO DE LAS VIRTUDES

 Toda vida dice actividad, y toda actividad no
desviada del propio fin tiende a producir buenos
frutos.

 Los frutos de la vida sobrenatural, que está en nosotros mediante la gracia, son las virtudes, de las cuales habla el apóstol en la carta a los Gálatas, y que apela precisamente a los frutos del Espíritu Santo: “Fructus Spiritus” (Ga 5 ,22ss.) 

 Debemos, por tanto, como insinúa el príncipe de los apóstoles, poner toda diligencia, a fin de que a nuestra profesión vayan unidas todas las virtudes. Las cuales estarán en nosotros y estarán en abundancia, entonces no será vacío ni infructuoso el conocimiento que tengamos de Jesucristo Señor Nuestro. Al contrario, quien está privado de tales virtudes, es como un ciego que va a tientas, que olvida que fue purificado por Cristo, de sus antiguos pecados, (conf. 2 Pe.1, 5-9). 

 Del ejercicio de las virtudes habla con frecuencia San Pablo de la cruz, en sus cartas, declarando la necesidad y dando útiles consejos para su práctica.

NECESIDAD

·     Para ser fieles al Señor

– Sed cada vez más fieles en la humildad de corazón y en el conocimiento de la propia nada.

– Sed mansos y modestos día y noche.

– Sed amantes del silencio y La soledad, de tratar de solo a solo con el Esposo Divino.

– Debéis atender con toda diligencia el ejercicio de Las santas virtudes -pues, esto es lo que busca de vosotros el Señor -, y de éstas depende vuestro verdadero bien. 

·     Para asemejaros a Jesús

– El silencio en los padecimientos, la paciencia, la caridad y la humildad, etc., son Las virtudes que nos asemejan al dulce Jesús. 

·     Los frutos más preciosos y más útiles para nosotros son Las virtudes

– En el servicio de Dios no se requieren páginas de buenas palabras y de buenos deseos, sino obras eficaces, ánimo y fervor grandes.

– Buscad los frutos y no las hojas. Las hojas son las consolaciones las cuales no debéis tener en cuenta, ni debéis desearlas; los frutos son las virtudes cuya adquisición y ejercicio debéis procurar con toda atención. 

CONSEJOS Y MEDIOS

·     La virtud que no engaña

– La virtud bien practicada, especialmente en los contratiempos, imprevistos no engaña nunca. En estas ocasiones se conoce la verdadera virtud, en las cosas más arduas. 

·     Las penas compañeras de la virtud

– De la santidad no van separadas las penas y las tribulaciones.
– Las virtudes que más gustan al esposo divino, se ejercitan más en los padecimientos que en otras ocasiones.

– El verdadero siervo de Dios ama el desnudo padecer sin consuelo, recibiéndolo ‘sine medio’ (sin intermediario) de la purísima voluntad de Dios.

– Amar y padecer en verdadero silencio interno y externo, en pura fe y santo amor, es un pescar las perlas preciosas de las virtudes en el gran mar de la santísima vida, pasión y muerte de Jesús, nuestra verdadera vida. 

·     Precaución y Discreción

– La precaución, hija de la prudencia, requiere ‘tomar tiempo antes de optar, para resolver las cosas – Jamás uno se arrepiente de tomar tiempo – no así quien obra con precipitación.

– En las obras de vida activa es necesario guardarse de la demasiada prisa, porque es nociva a la perfección.

– Jesús no quiere de vosotros muchas obras hechas con prisa, sino aquellas que están bien hechas: con paz y recogimiento.

– San Francisco de Sales dice: “Cuando sintáis alguna prisa interna, que es la peste de la devoción, suspended por un momento el quehacer de aquella obra, haced suavemente tres o cuatro actos de amor a Dios, hasta que el corazón se pacifique, y después seguid adelante en el quehacer que os ocupa”. 

·     Aconsejarse es cosa santa

– Es necesario aconsejarse con nombres sabios y de prudencia cristiana para regular las propias acciones según Dios.

– Tenéis necesidad de un sabio experto director e para no caer en engaño, y para caminar rectamente por la vía de la perfección y de la santidad.

– Cuidad de no decir a quien no debéis las cosas de vuestro interior, pero sed sinceros con quienes dirigen vuestro espíritu. 

·     Ejercicio continuo

– Procurad con toda diligencia la adquisición y, el ejercicio continuo de las virtudes.

– Enfervorizaos con fuertísimas resoluciones.

– Poco y continuo hace llegar al fin. 

·     El pensamiento de la muerte

– Pasad cada día como si fuese el último de vuestra vida. Este es óptimo medio para agradar a Dios y corresponder a las luces recibidas.

– La muerte ajena debe serviros de estímulo para estar siempre preparados para aquel tremendo paso.

·     Los santos ejercicios

– Los santos ejercicios se hacen para fortalecerse más en la piedad y disponerse mejor para trabajar con el prójimo, para el ejercicio de las virtudes y animarse a correr por la vía de la perfección. 

·     Por las almas de los religiosos

– En la vida común hay escondido un gran tesoro. Si la hay, florecerá la observancia de los santos votos, de la regla, la oración y el silencio, y el monasterio será un jardín de delicias para el esposo celeste.

– Las santas reglas:

§  Son documentos de perfección.

§  Son estados dados por Dios, para alcanzar la santidad con su santa observancia y con desprendimiento de todo lo creado, que no será poca penitencia.

§  Son el espejo del religioso.

 

– Haced de cuenta que estáis solos, no mirando a las condiciones de los otros sino para edificaros.

·     Para los misioneros

– Es necesario predicar más con la oración, con el retiro y con la modestia que con la palabra.

– La oración es el precioso bálsamo que perfuma todas nuestras obras exteriores.

– Sin la observancia de las reglas, poco o ningún fruto se hará en el prójimo.

– Conservando el espíritu del Instituto, se tendrán siempre santos y excelentes misioneros. 

·     Para aquellos que presiden (superiores)

– Deben ser ejemplos de virtud.

– Amigos de la oración y del continuo recogimiento. 

– Ser para todos espejo de perfección.

– Ser mártir de paciencia, caridad y mansedumbre.

– Mantener tal compostura que haga estar a los subordinados en santa reverencia y respeto hacia él. – Vigilar sobre la observancia y no introducir abusos si no quiere hacerse reo de todas las culpas que cometan los subordinados.

– Vigilantes sobre todo y sobre todos.

– Las omisiones hacen ir al infierno a los superiores y confesores.

– Háganse amar más que temer, así serán más obedecidos. Mande poco y dulcemente. 

– No se precipite a corregir al subordinado, en especial si siente algún principio de pasión irascible; pero pasado un poco de tiempo cuando sienta el corazón en calma, llame al que ha faltado y con corazón de padre, corríjalo. Si no se enmienda, ponga mano al castigo, porque alguna vez se requiere también el rigor, pero con paz interna y autorizada manera para que no se rebelen los tibios.

– Tenga ánimo para llevar con perfección la cruz del gobierno, con silenciosa paciencia, con mansedumbre, caridad, prudencia, celo, constancia y fortaleza, sufriendo en paz las adversidades, contradicciones, malos tratos que se encuentran; puramente por agradar a Dios. Tendrá en el paraíso la palma del martirio. 
 
 
 
 

 

4. PERFECCIÓN 

 Deberíamos aplicarnos todos los días al ejercicio de la virtud y las buenas obras porque están ordenadas a nuestra santificación, porque como escribe el apóstol a los Tesalonicenses “es voluntad de Dios que nos hagamos santos manteniendo nuestro cuerpo en santidad y honestidad y no dejándonos dominar de la concupiscencia como lo hacen aquellos que no conocen a Dios”. (1Tes 4,4-5). 

 A todos “Dios nos ha elegido, antes de la creación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante El” (Ef .1, 4); a todos Cristo ha invitado a ser perfectos “como es perfecto vuestro Padre Celestial”. (Mt.5»48), A todos el Príncipe de los Apóstoles repite: Sobre el ejemplo del santo que os ha llamado, también vosotros sed santos en todo vuestro obrar, porque está escrito: “sed santos porque yo soy santo”. (IPe.1, 15-16). 

 La obligación de la santidad asume para los religiosos un valor de importancia muy especial en razón del estado abrazado que es estado de perfección. 

 Pecaría mortalmente aquel religioso que tomase la resolución de no querer atender a la perfección, o si de esa no tuviere algún pensamiento, porque de no ser así vendría a renegar de la profesión hecha y quebrantar aquellos vínculos con los cuales se ligó en el día de su consagración al Señor. 

 San Pablo nos dice en qué consiste la perfección, cuáles son sus fundamentos y medios necesarios para alcanzarla con mayor seguridad y facilidad. 

EN QUE CONSISTE LA PERFECCIÓN 

·     Esencia

La verdadera perfección consiste en:

– La unión perfecta a la santísima voluntad de Dios.

– El desprecio de nosotros mismos.

– La humildad de corazón.

– La caridad, reina de todas las virtudes.

 
 No son los favores espirituales los que hacen a
los santos, sino la humildad y la caridad.

·     Sus grados

– La gran perfección consiste en resignarse en e todo al Divino Querer.

– La mayor perfección de un alma consiste en un verdadero abandono de toda ella en las manos del Sumo Bien.

– La altísima perfección consiste en estar perfectísimamente unidos a la voluntad de Dios,
alimentándose de ella en puro espíritu de fe y amor.

FUNDAMENTOS DE LA PERFECCIÓN 

1. Humildad

– El conocimiento de sí mismo, de la propia nada y de las propias miserias, es el fundamento sobre el cual se debe levantar la fábrica de nuestra perfección compuesta por una N (nuestra nada) y una T (Dios, que es todo).

– Alcanzaréis la perfección si sois humildes de corazón. 

2. Obediencia

– La obediencia ciega y la verdadera y perfecta abnegación de la propia voluntad son las virtudes fundamentales del edificio espiritual: de otro modo se fabricará sobre arena.

– En la virtud de la obediencia está lo principal de la perfección 

3. Mortificación

– La verdadera mortificación interna y externa, con total abandono al Divino Beneplácito, es la piedra fundamental sobre la cual se fabricara un gran edificio de perfección. 

4- Vida común y observancia de las constituciones

– Para los religiosos, la vida común y la observancia de las constituciones son la piedra fundamental de la Vida Religiosa y de la perfección. 


MEDIOS PRINCIPALES
 

1. Caminar en pura fe y pobreza de espíritu

En la vía de la santa perfección, tomando todo trabajo y pena espiritual y temporal de la mano amorosa de Dios, como tesoro que nos regala el Padre Celestial, es el camino más corto para volar a la santa perfección.

2. Padecer y callar

– Para ser santos y perfectos

– Estad tranquilos y resignados observando un Pacífico silencio en los padecimientos. Dormid en la cruz, al calor amoroso del corazón de Jesús.

– Estad solitarios en el sagrado desierto interior crucificados con Cristo, sin consuelo. 

– Sabed callar, procurad que vuestras palabras sean dulces, caritativas y prudentes de manera que causen edificación y paz a todos.

– Trabajar, padecer y callar sin lamentarse jamás. 

3 Imitar los ejemplos de Cristo

– Alcanzarán la perfección de su estado aquellos religiosos que se examinen en los ejemplos de Jesús.

– Las paredes y el lugar no hacen santo a ninguno si no se atiende a imitar los ejemplos.

– El camino que guía a la santidad es aquel en el cual el Señor nos da la gracia de caminar como El caminó.

– Quien quiere ser santo, ama ser hecho el oprobio de los hombres, la abyección de la plebe, oculto a los ojos del mundo y hacer en todo la santa voluntad de Dios. 

4. Orar asiduamente

– Enamoraos totalmente de la asidua oración.

– Procurad mantener el corazón y la mente levantados a Dios.

CONSEJOS Y EXHORTACIONES 

·     Hacer lo que se puede como gusta a Dios

– No pretendáis adquirir la perfección a fuerza de brazos; haced dulcemente lo que podáis, que si sois humildes Dios hará todo.

– Es necesario procurar la perfección no a modo nuestro sino como al Señor le agrada, llevando la cruz que El quiere y no la que queremos nosotros.

·     Tomar los frutos y dejar las hojas

-Los frutos son: 

o  Una profundísima humildad.

o  Una caridad grande hacia el prójimo.

o  Un vivo deseo de ser de todos despreciado y de estar sujeto con santa obediencia.

 

– Quien es más humilde, más paciente, más resignado a la Divina Voluntad, más obediente, más caritativo, este es el más perfecto. 

·     Cuidarse de la soberbia

– Para ser santos se necesita una N y una T.

– La N sois vosotros que sois una horrible nada en el infinito Todo que es Dios, Óptimo y Máximo.

– Dejad desaparecer la N de vuestra nada en el infinito Todo que es Dios.

Un granito de soberbia basta para echar por tierra una gran montaña de santidad. 

·     No perder el tiempo

-Dios os quiere santos: no perdáis tiempo y abrazad todas las ocasiones que os brinda el Señor.

– Haced de cuenta que cada día es el último de vuestra vida para que tal pensamiento os sirva de estímulo para correr hacia la santa perfección.

-Quien no adelanta retrocede.

II. NEGARSE A SI MISMO 

 A todos aquellos, que dóciles a su invitación, desean seguirlo, Jesús impone como primera e indispensable condición el negarse a sí mismo: 

 “Si quiere venir en pos de mí niéguese a sí mismo…” (Lc.9, 23).

 Porque el hombre, dice San Agustín, se alejó de Dios y anduvo perdido amándose desordenadamente a sí mismo, así no podrá acercarse a Dios y salvarse, sino re-negándose a sí mismo.

 Pero, qué significa ¿negarse a sí mismo? “Nosotros, dice San Francisco de Sales, tenemos dos sí mismos:

– Uno es todo celestial y aquello que nos hace realizar las obras buenas, en la inclinación dada por Dios para amarlo, aspirando al gozo de la divinidad en la vida eterna.

 El otro, aquello de re-negar, está constituido por nuestras pasiones y perversas inclinaciones, de nuestros afectos depravados, en una palabra, de nuestro amor propio”.

 Para vivir, pues en Cristo debemos dar muerte a nuestro amor propio, renunciando a las obras de la carne y despojándonos del hombre viejo con todas sus depravadas tendencias. (Col.3, 9). 

 Estas tendencias, origen de todo pecado, son, según San Juan, “la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vía”. (1Jn.2, 16). 

 Ellas se dominan y se niegan con el ejercicio de algunas virtudes fundamentales, que están a la base de la vida moral, y constituyen, según los autores ascéticos, “la purificación activa del espíritu”. Tales virtudes son principalmente:

o  la mortificación

o  la castidad

o  la pobreza

o  la obediencia

o  la humildad

o  la soledad

o  el silencio

 

 Hijo, dice el autor de La Imitación de Cristo, no podrás gozar de perfecta libertad si no re-niegas completamente a ti mismo. En efecto, todos los poseedores de cosas, todos los amantes’ de sí mismos, los ávidos, los curiosos y distraídos, aquellos que van siempre en búsqueda de comodidades son gente con cepos a los pies, y que a menudo imaginan y fabrican edificios que no pueden estar en pie, porque todo aquello que no tiene origen en Dios está destinado a morir. Tened, pues, en mente esta breve sentencia: re-negar a sí mismo; deja todo y todo encontrarás; deja la concupiscencia y encontrarás la quietud. Reflexiona bien en tu mente esta máxima y cuando la hayas puesto en práctica comprenderás todo. (Imitación de Cristo, L.III C.32).

1. LA MORTIFICACIÓN 

 Dice el apóstol que la carne tiene deseos contrarios al espíritu (Gal.5»17) y en el Génesis 8,21, leemos que los sentidos y los pensamientos del corazón humano son inclinados al mal desde la adolescencia. De aquí la necesidad de la mortificación, la cual tiene por oficio reprimir la concupiscencia de la carne y de someterla a la ley superior del espíritu. 

 La naturaleza humana, después del pecado, es como un campo en el cual, los gérmenes preciosos de la virtud nacen a la par con los gérmenes de los vicios.

 “Es necesario, por tanto, tener siempre en la mano el hierro candente de la mortificación para cortar, desyerbar, y destruir las hierbas malas con el fin de que la buena semilla pueda germinar, crecer y dar fruto abundante”. (san Pablo de la Cruz). 

NECESIDAD DE LA MORTIFICACIÓN

·     Para ser almas de oración

Jamás podremos ser almas de oración, si no tenemos gran amor a la mortificación interna y externa, practicándola de hecho. Ellas son las alas que nos llevan a Dios en la oración, al levantar nuestro espíritu. 

·     Para morir a todo y vivir sólo en Dios y por Dios.

– Morid santamente a vosotros mismos y a todo lo que no es Dios.

– Estad crucificados con Jesús, abrazando toda ocasión de mortificación por amor de Dios.

– Procurad, con la divina gracia, vivir una vida muriente, abstraída de todo lo creado y de todo lo que no es Dios. 

·     Para hacerse santos

– Para alcanzar la santidad es necesaria la mortificación interna y externa, de la cual nace la verdadera obediencia ciega, la total condescendencia que nos hace ser moldeables como cera blanda, dulces y mansos con todos, perfumados por el bálsamo de santo amor.

– La mortificación es la piedra fundamental del edificio espiritual.

– La vida de los siervos y siervas de Dios ha sido un continuo ejercicio de mortificación. 

NATURALEZA PE LA MORTIFICACION 

·     Requisito esencial

– El amor a la penitencia es una gracia grande, que Dios concede, pero conviene que sea sin la propia voluntad.

– No hagáis la mínima penitencia sin la licencia de vuestro director, de otro modo seréis engañados por el diablo. En el hacer penitencias de propia voluntad os podéis engañar.

– Es necesario temer a la fiera bestia del amor propio, que es un dragón de siete cabezas y se mezcla en todo.

·     La mortificación más perfecta es la interna

– Quisiera que vuestros instrumentos fuesen una gran humildad de corazón, una sujeción de obediencia exacta a los superiores y a los inferiores.

– Las mejores penitencias son las que Dios nos manda, más que aquellas que se toman por sí mismo. Tomadlas de buen grado.

– Más agradan al Esposo Divino aquellas virtudes que se ejercitan con el padecer, como la humildad, el amor a la propia abyección, la paciencia etc.

– Recibid las cruces que Dios permite poco a poco. 

PRACTICA DE LA MORTIFICACIÓN

·     Atended a la mortificación interna

– Negando siempre vuestra voluntad.

– Estando ocultos a todos.

– Padeciendo y callando.

– Mortificando las pasiones, en especial cuando os sentís resentidos.

– Amad al propio desprecio y que ninguno os tenga en cuenta.

– Acomodaos a los otros.

– Tomad lo dulce por amargo y lo amargo por dulce.

– Desprendeos del propio gozar, del propio sentir del propio entender.

·     Para la mortificación de los sentidos

– Custodiad los sentidos externos para la mortificación de las pasiones.

– Custodiad los ojos donándolos a María.

– Un verdadero siervo de Dios debe llevar los ojos bajos y no mirar más que el cielo y tanta tierra que baste para ser sepultado.

– Tened los ojos vueltos al corazón.

– Custodiad la lengua

. Estad en silencio.

. No os lamentéis jamás. 

. No os justifiquéis. 

. Hablad poco, lo puro necesario.

– Custodiad el corazón

. No os resintáis.

. Sed muy amantes de la modestia que tanto complace a Jesús y María.

– Padecer y callar. Esta es la vía corta para ser pronto santos y perfectos. 

·     Para mortificar la gula

– Quien no mortifica la gula, no puede llegar a mortificar las otras pasiones, ni adquirir las otras virtudes.

2 CASTIDAD 

 Si “la concupiscencia de la carne” mira en general al amor desorientado a los placeres de los sentidos, en un significado más propio está en indicar las inclinaciones desordenadas a los deleites carnales, a los cuales se renuncia con la virtud de la castidad, que tiene como fin “regular y sublimar todo lo que hay de desordenado en los deleites de la voluptuosidad”. 

 La castidad, no menos que la mortificación,
de la cual es el fruto más exquisito, es pues,
absolutamente necesaria a un seguidor de Cristo,
para vivir unido a Él, y para gozar de sus especiales preferencias, según está escrito: “quien ama la pureza del corazón tendrá por amigo al rey del cielo”. (Prov. 22,11).

 San Pablo de la Cruz nos habla de esta virtud, explicándonos el por qué de las tentaciones a las cuales está expuesta y el modo de alcanzar la victoria.

POR QUE LAS TENTACIONES CONTRA LA CASTIDAD

·     Para aprender a humillarnos en todo

– Con las tentaciones impuras, Dios pretende que aprendamos a conocer experimentalmente nuestra nada y a humillarnos en todo, en medio de tantas gracias y misericordias que El nos comunica.

– Dios permite que seáis molestados de los malos pensamientos, para que lleguéis a ser humildes de corazón y no os fiéis de vosotros mismos.”

– Para que reconozcáis que si no os asistiese El, seríais capaces de hacer todo el mal más horrible. 

·     Para purificarnos cada vez

– Estas batallas sirven para haceros más puros.

– Las tentaciones contra las cuales se combate purifican el alma, como el fuego al oro.

– Recordaos que los lirios llegan a ser más blancos y más perfumados plantados entre las, espinas que en el suelo libre: quiero decir que la santa virginidad se hace más pura, más cándida, y más perfumada delante de Dios entre las espinas de la lucha y de las tentaciones más horribles. 

·     Para crecer en la virtud

– No os entristezcáis de los asaltos del enemigo y de las tentaciones impuras: son óptimos signos que Dios hace correr vuestra alma a los triunfos del Santo Amor.

– Dios os ama, porque os ama os prueba; pero sabed que en medio de la tempestad de las tentaciones el Buen Dios tiene vuestra alma bien estrechada entre los brazos de su misericordia.

– Después de tales tempestades, la victoria, ¡Oh, qué tesoros de gracia concede el Señor al alma fiel!

– El permite tales batallas para vuestro bien: para coronaros de grande gloria en el cielo. 

COMO SUPERARLAS

1. Con la modestia

– La virginidad es una gran joya y se necesita custodiarla con gran celo, temiendo que hasta el aire -diré así- la obscurezca.

– Conservad gran modestia día y noche, tanto en compañía como solos, porque siempre se está en la presencia del Señor.

– Custodiad vuestros afectos y sed muy amantes de la modestia que mucho agrada a Dios.

– Tened el cuerpo discretamente mortificado. 

2. Con la custodia de los ojos

– Custodiad con gran celo los ojos: no los pongáis de frente a objetos peligrosos.

– Sed mortificados especialmente en los ojos.

– Huid de todas las ocasiones peligrosas.

– Un verdadero siervo de Dios cuando camina mira solamente tanta tierra cuanta es necesaria para sepultarlo, y va siempre recogido en Dios y en compañía de Jesús. 

3. Con la huida del ocio

– No estéis jamás ociosos: trabajad en silencio haciendo de cuenta que tenéis al lado a Jesús

– Custodiad los sentidos exteriores. 

4. Con la humildad 

– En las tentaciones impuras humillaos ante el Señor, pero con corazón pacífico y manso.

– Venceréis más con humillaros dulcemente ante y Dios, que con poneros a combatir pecho a pecho contra el enemigo.

– No os fiéis de ninguno, y, sobre ‘todo, desconfiad de vosotros mismos. 

5. Con no hacerles caso

– En cuanto a los malos pensamientos despreciadlos, no los tengáis en cuenta, humillaos.

– En las batallas contra la castidad no se ven
ce con el huir. 

– Os ruego de no hacer caso de los fantasmas impuros, que con modo astuto os suscita el demonio; refugiaos de inmediato en el abismo de la infinita misericordia de Dios.

– Combatid fielmente protestando querer morir antes que consentirlas. Querer primero el infierno mismo que el pecado. 

6. No tratando sin necesidad con personas de otro sexo

– No tratéis con personas de otro sexo, sino por alguna necesidad, y entonces hacedlo con cautela, modestia y brevedad.

– En el tratar con personas, también con parientes, por espirituales que sean, se requiere gran cautela, de otro modo se cae en la red.

– No toméis confianza con ninguno, ni aún bajo pretexto de piedad; y notad bien este punto que es muy importante.

– Huid como de la peste de las confidencias con personas de otro sexo, porque os son de gran dificultad: tomad este consejo como el más importante. 

7. Conferenciándolas con el confesor

– Conferenciad el estado de las tentaciones con, toda modestia, cautela y brevedad con el confesor, no ya por escrúpulo, sino por humillaros y confundir al demonio, poniendo después en práctica los consejos que él os dará.

8. Recurriendo a Dios y a la Virgen

– En las tempestades de las tentaciones esforzaos en exclamar a Dios, pidiendo socorro, e invocad del mismo modo a María Santísima.

– En cuanto a las tentaciones impuras el alma no se aflige, sino que vuelca dulcemente su mente y su corazón a Jesucristo y a María Santísima.

– En aquellas horribles tentaciones haced vuestro retiro al calvario y escondeos en el costado purísimo de Jesús.

– Tened cerca de vosotros un santísimo crucifijo y escondeos en sus llagas.

– Exclamad al Señor pidiendo su ayuda, y no dejéis nunca la oración y la santa comunión.

3. LA POBREZA 

 A la segunda cosa que debe renunciar un verdadero seguidor de Cristo es a “la concupiscencia
de los ojos”, es decir, al amor a las riquezas,
al uso de los bienes terrenos que por medio de la
vida nos alucinan y seducen.

 La renuncia a estos bienes constituye la virtud de la santa pobreza, la cual es doble:

– Una de precepto, para todos aquellos que quieren salvarse, y consiste en no apegar el corazón a los bienes terrenos, en modo; de poner en ellos su propio fin.

– La otra de consejo, seguida por los religiosos y consiste en renunciar a cualquier derecho o acto de propiedad, obligándose a ello también con voto. 

 La pobreza tan temida y aborrecida del mundo, es a los ojos de la fe, una virtud de este siglo, y los bienes espirituales, no se pueden adherir a los segundos sino en la medida en que se desprende de los primeros. Ninguno, pues, puede ser verdadero discípulo de Cristo si no renuncia, al menos de corazón y con el afecto, a todo lo que posee.

 Sobre el amor y la práctica de la santa pobreza, San Pablo de la Cruz nos dice lo siguiente. 

AMAR LA SANTA POBREZA

– Es una joya rica de todo bien

– La pobreza tan aborrecida del mundo es una joya rica de todo bien que os recomiende conservar cada vez más.

– Viviendo en pobreza recibiréis de Dios en el fondo del espíritu inestimables tesoros de gracia, tanto más preciosos cuanto más secretos.

– Dios os quiere en estado de pobreza interior y exterior para haceros ricos en gracias.

– Pobres en esta vida, pero ricos de fe, seréis ricos en lo eterno.

– Cultivad el amor a la santa pobreza.

– Ejercitad la santa pobreza y la desapropiación de todo. 

·     Es medio eficacísimo de perfección

– La santa pobreza es medio eficacísimo para huir del pecado, y para mantenerse observantes de los divinos preceptos.
– La santa pobreza es muy necesaria para observar los otros consejos evangélicos y mantenerse en el fervor.

– Aceptando vuestra vida pobre y penosa por amor de la Pasión y Muerte del Señor que por amor ha querido hacerse pobre, vosotros haréis cosa grata al Señor y moriréis santamente. 

·     Signo de predestinación

– La pobreza es una de las más grandes características de la predestinación eterna a la gloria del cielo.

– A aquellos a quienes Dios ha predestinado a ser conforme a su Hijo en la gloria, los quiere primero predestinados a ser conformes a Él en la pobreza.

– Perseverando en el sufrir con resignación las incomodidades de la pobreza, vosotros pasáis de la pobreza temporal a las eternas riquezas en el cielo. 

·     “Beati pauperes” (Bienaventurados los pobres)

– Gozaos de vuestra pobreza, aceptándola de las manos del Sumo Bien, que os hace saber que esa es una Bienaventuranza: “Beati pauperes”.

– Bienaventurados vosotros si sabéis alegraros de corazón, que la pobreza os haga conformes
a aquel gran Señor, que dice en su Evangelio:
Bienaventurados los pobres porque de ellos es
el Reino de los Cielos. 

– Bienaventuradas aquellas almas que se despojan de todo para vestirse de Cristo. 

PRACTICAS LA SANTA POBREZA

·     Deber especial de los Pasionistas

– Nuestra Congregación está erigida y establecida sobre estrecha y rigurosa pobreza y la profesamos con voto. 

– Cuanto más el retiro está fabricado en santa pobreza, tanto más conciliará el santo recogimiento y la edificación a los seglares.

– Quien realiza el ejercicio de las santas misiones si buscase limosnas, el fruto sería del todo desvanecido y la reputación perdida.

– Los superiores sean todo ojos para ver si se observan las reglas en especial la santa pobreza. 

·     Las incomodidades de la pobreza

– Son regalos que Dios nos comparte, con el fin de que como piedras vivas seáis engastadas profunda y fuertemente en el anillo de oro de la fe y la caridad.

– Aceptadas voluntariamente os acercan al Señor, más que las más ásperas penitencias que se pueden hacer.

– Para sufrirlas con paciencia, acercaos a menudo y devotamente preparados a los Santos Sacramentos y no dejéis jamás la devota meditación de las penas santísimas de nuestro Salvador. 

·     Cómo la observaba San Pablo de la Cruz

– ¡Oh, cuánto amo esta santa pobreza de Jesucristo!

– Yo sufro por no poder dar socorro a los parientes en sus necesidades, pero Dios lo quiere así porque la rigurosa pobreza profesada me lo impide; y también en esto me complazco en hacer la voluntad de Dios.

·     Un modo de faltar a la pobreza

– EI religioso que pidiese alguna cosa a los bienhechores sin licencia de los superiores, violaría el santo voto de pobreza, porque se haría propietario.
 

4. HUMILDAD 

 La tercera concupiscencia que después de aquella de la carne y de los ojos, tiene el imperio de este mundo, es la “soberbia de la vida”, o sea, el deseo desordenado de sobresalir sobre los otros, de no querer someterse a ninguna autoridad y de seguir en todo el propio arbitrio,

 Es, esta soberbia, uno de los más grandes males del hombre, porque de ella, dice El Espíritu Santo, tiene origen todo pecado (Ecle.10, 15); “Sea directamente, en cuanto los otros pecados están todos ordenados al fin de la soberbia, despreciando la divina ley se abre la vía para cometer los mayores delitos, según lo que está escrito en Jeremías: “despedazaste mi yugo, rompiste mis vínculos; gritaste no serviré”. (Sto. Tom. II, II, q. 162 a.2) 

 Es por esto que la humildad, en oposición a la soberbia, es la primera y fundamental virtud del cristiano y del religioso. 

 Para entrar al Reino de los Cielos es necesario hacerse pequeño, porque en la economía del Reino de Dios “quien se exalta será humillado y quien se humilla será exaltado”. (Mt.23f12)

 San Pablo de la Cruz nos habla de la naturaleza, necesidad y excelencia de esta virtud.

NATURALEZA DE LA HUMILDAD 

·     ¿Quién es verdaderamente humilde de corazón?

– Quien se conoce a fondo a sí mismo. 

– Quien teme mucho de sí mismo y se fía de Dios.

– Quien se aniquila y se abisma en la nada, lo cual se necesita hacer con dos miradas de fe una a la inmensa Majestad de Dios y otra a nuestra horrible nada.

– Quien hace las partes justas: tened lo vuestro, que es la horrible nada, capaz de todos los males: nada tener, nada poder, nada saber; dejad a Dios lo suyo, porque todo el Bien es El.

– Quien conoce su nada y está en ella, conoce la verdad: Esta es la verdadera ciencia de los santos.

·     Grados de humildad

– Obrar como santo y tenerse por pecador, imperfecto y malo, es indicio que comienza a tomar posesión de nuestro corazón la verdadera humildad.

– Hacer bien y reconocer que no se hace nada de bueno es uno de los primeros grados.

– Dije a mi Jesús que me enseñase cuál grado de humildad lo complacía más, y oí decirme al
corazón: cuando tú te lances en espíritu bajo los pies de todas las criaturas, y hasta bajo los pies de los demonios, esto es lo que más me agrada.

·     Signos de poca humildad

– Yo observo en vosotros mucho amor propio y poca humildad, porque si se os niega alguna cosa no os aquietáis sino que os turbáis y caéis en frenesí.

– Se refunfuña, se multiplican palabras y lamentos bajo especie de humildad y no conocéis que todo esto nace de la poca humildad y del amor.

– Está bien tener mal concepto de sí mismo interiormente, pero exteriormente no es necesario decirlo. No se debe hablar ni bien ni mal de sí mismo, sino estar como muertos y sepultados.

– De sí y de los parientes es mejor callar, y si os es necesario, se debe hablar con, sentido bajo y humilde. 

SU NECESIDAD Y EXCELENCIA 

·     Humildad ante todo y siempre

– Todo vuestro estudio sea el conocimiento de vuestra propia nada y del verdadero Todo que es Dios. La propia horrible nada no se debe jamás perder de vista durante la vida.

– Jesús nos dice que aprendamos de Él que es manso y humilde de corazón. iOh, cuanto os recomiendo esta humildad de corazón!

– Humillaos a todos por amor de Dios.

– La infinita bondad de Nuestro Dulcísimo Jesús nos acreciente siempre más esta gema del paraíso. 

·     Dios ama a los humildes

– Los corazones humildes son la delicia de Dios.

– La joya más querida de Dios es la humildad verdadera. No hay cosa que más le agrade que el aniquilarse y abismarse en la nada.

– Dios se complace en aquellos que se hacen pequeños y llegan a ser pequeños como los niños.

– Recordad que sólo las almas humildes, ocultas y desnudas de sí mismas son las que agradan a Dios. 

·     La humildad hace huir al demonio

– El aniquilarse y abismarse en la nada asusta al demonio y lo hace huir, desconfiado de sí y temeroso.

– El alma que se humilla hasta bajo el infierno, hace temblar al demonio y lo confunde. 

·     La humildad nos hace salir victoriosos en las batallas espirituales

– Para prepararse a las batallas espirituales y estar armados de la armadura de Dios, no hay medio más eficaz que el aniquilarse y anonadarse delante de Dios.

– Lanzad vuestra nada en aquel verdadero todo que es Dios, y con alta confianza combatid como valerosos guerreros estando ciertísimos de salir victoriosos.

– Humildad, conocimiento y odio a sí mismo, son las cartas divinas que hacen ganar el juego. 

·     La humildad es motivo de seguridad

– Quien es humilde no será engañado.

– El mundo está lleno de redes, solamente los, verdaderos humildes no tropiezan.

– El modo de huir de los engaños es humillarse mucho y no fiarse de sí.

·     La humildad es fundamento de perfección

– La verdadera humildad de corazón es la piedra fundamental del edificio espiritual.

– El conocimiento de sí mismo, de las propias miserias y del propio ser Nada, nada poder, nada saber, nada tener, es el fundamento sobre el cual se debe levantar la fábrica de todas las virtudes y de la perfección.

– Quien conoce su nada se dispone más pronto a ser santo.

– Estudiad en el libro de vuestra verdadera nada para arraigaros bien en el conocimiento propio que en tal forma os haréis santos. 

·     humildad es cadena de oro de todas las virtudes

– El amor al propio desprecio y el conocimiento profundo y veraz de la propia nada es la piedra fundamental de todas las virtudes y trae consigo el ejercicio de éstas.

– Santo Tomás dice que la humildad es el fundamento de la misma fe, porque quien no es humilde vacila y pierde La fe. 

– Del conocimiento de la propia horriblísima nada nace el:

o  Tener buen concepto de todos, fuera de sí mismo.

o  El honrar a todos.

o  El obedecer a todos como si fuesen superiores.

o  El despreciarse a sí mismo y tener gusto en ser despreciado por los demás.

 

– Quien está en este anonadamiento en verdad no finge, es como un árbol plantado cerca al agua, que da fruto en todo tiempo. 

·     Escuela de sabiduría celestial

– Si fuerais bien humildes, escondidos a las criaturas y bien fundados en vuestra verdadera nada, os sería enseñada por el Divino Maestro, en la escuela interior, la verdadera ciencia de los santos.

– Dios enseña a los pequeños sus maravillas, y las esconde a los grandes y sabios del mundo.

– El Padre Celestial se revela a los humildes de corazón, y les habla palabras de vida eterna.

– Quien estudia la ciencia de la nada aprende a conocer el verdadero Todo que es Dios. 

·     Disposición para hacer cosas grandes

– Es habitual en Nuestro Buen Dios servirse de gente que está arrojada en la nada, para obras
de su inmensa gloria y está envilecida y despreciada por el siglo.

– Quien sea más pequeño será más grande. Hagámonos pequeños y Dios nos hará grandes.

– Siempre os haréis más capaces del ministerio apostólico, si fueseis fieles en conservaros en verdadera humildad de corazón, con el conocimiento de nuestra nada y Dios elaborará de esta nada las obras de su mayor gloria.

– De aquellos que quieren ser cualquier cosa, Dios no quiere saber nada. 

·     Medio para obtener todo de Dios

– Cuando vosotros seáis humildes y estéis en vuestra nada, Dios dará todo Bien. .
– Quien sea más aniquilado, será más enriquecido y más seguro tendrá el ingreso en; aquel secreto gabinete donde el alma trata de solo a solo con el Esposo Divino.

– Después que seáis aniquilados, despreciados y abismados en la nada, pedid a Jesús el entrar en su Divino Corazón y lo obtendréis de inmediato.

5 OBEDIENCIA 

 Observa Santo Tomás que como la soberbia dice defecto de sujeción, así la humildad incluye necesariamente la sumisión del hombre a Dios y a sus representantes, en lo que consiste la virtud de la obediencia.

También San Bernardo afirma que de la esencia de la humildad está toda en sujetar la propia voluntad a la de Dios. 

 Y San Agustín escribe:”El soberbio hace su voluntad, el humilde hace la voluntad de Dios”.

 Para negarnos a nosotros mismos y renunciar perfectamente a la soberbia de la vida, debemos, a una con la humildad, practicar la obediencia, procurando con toda diligencia vivir sujetos a toda criatura por amor de Dios. 

 De esta obediencia que constituye para el religioso el principal de sus deberes en fuerza también del voto que emite en la profesión, San Pablo de la Cruz expone los aprecios y da útiles normas para su práctica. 

MÉRITOS DE LA OBEDIENCIA 

·     La obediencia es virtud querida por Dios

– Enamoraos de la Santa obediencia.

– Dios oye favorablemente la oración de los obedientes y bendice abundantemente lo que se hace por obediencia.

– Para dar gusto a Dios debéis someteros a cualquier oficio impuesto por obediencia.

·     Da perfecta seguridad

– Quien vive bajo la obediencia vive seguro de no errar.

– Las almas obedientes no serán engañadas.

– Quien quiere caminar bien y sin engaño debe imitar a Cristo que se hace obediente hasta la muerte de cruz.

– Obediencia, obediencia sin réplicas: este es el único fármaco y único remedio contra los escrúpulos.

 

·     Es prenda de victoria

– Si sois siempre obedientes cantaréis las victorias.

– Agradeced al Señor por las ocasiones que os da para obedecer. 

·     Aporta quietud y paz de conciencia

– Si fuerais perfectamente obedientes seríais también mansos y pacíficos.

– Ofreced a menudo vuestra voluntad a Dios y sentiréis sumo contento.

– Obedeced, obedeced sin réplicas, de otra manera estáis acabados, sin más perderéis la paz.

·     Para acertar en todas las cosas

– La virtud y la fuerza de la obediencia hacen alcanzar todo bien.

– Tened muy en cuenta la obediencia, sin la cual nada se hace de bueno.

– Cualquier oficio que viene dado por obediencia es siempre el mejor. Todas vuestras obras serán santificadas.

·     Es medio seguro para hacerse santos

– La obediencia es la piedra angular de todo el edificio espiritual.

– Si tenéis suma reverencia por vuestros superiores y los obedecéis sin réplica como lugartenientes de Dios, haréis grandes vuelos a la santa perfección.

– EL verdadero obediente es santo. 

·     Libra del infierno

– En el infierno hay almas que han hecho ayuno y penitencia; pero como no fueron obedientes en nada agradaron a Dios, y ahora arden en el fuego.

– Pasead igualmente por aquellos pasillos de muerte cuando queráis: de obedientes no encontraréis ninguno. 

PRACTICA DE LA OBEDIENCIA 

·     Desear obedecer

– Estad sedientos que os sea rota la propia voluntad, como el siervo de la fuente.

– Tened en gran estima que os sean rotos todos vuestros proyectos, así sean buenos.

– Os parezca perdido aquel día en el cual no rompéis vuestra voluntad, y no la sujetáis a otro. 

·     Mirar a Dios en los superiores

– Recordaos que los superiores ocupan el lugar de Dios, son para el religioso los intérpretes de la divina voluntad; en sus determinaciones se conoce la voluntad de Dios, que debe ser regla de nuestro obrar. 

·     Obedecer y callar

– Para complacer a Dios es necesario someterse a todos los empleos impuestos por obediencia y ejercerlos sin quejas y en silencio.

– Jesús obedece y calla, no se lamenta jamás; pues, aprended a padecer y callar y a obedecer en silencio.

·     Con plena indiferencia de voluntad

– Quien vive bajo la obediencia vive quieto, pronto a obrar, estar, ir, callar, etc. Como Dios, por medio de los superiores, disponga poco a poco. 

– Daos totalmente a las manos de los superiores, que puedan hacer de vosotros todo aquello que quieran, todo cuanto no se oponga a la divina ley -quo absit- y las Reglas y Constituciones. 

– Nuestro dulcísimo Jesús se dejaba vestir y desvestir de los ministros de la muerte; ora lo ataban, ora lo desataban, ora lo empujaban de aquí, ora de allá y en todo se sometía el mansísimo cordero Divino. Oh, dulcísima docilidad de Jesús. 

·     Con perfecta indiferencia de juicio; a la ciega

– Obedeced a la ciega; quiero decir, sin discurrir sobre lo que se os manda.

– Renunciad a todo vuestro entendimiento y saber, dándoos como muertos a vuestros superiores.

-Vosotros sabéis que Jesucristo se ha hecho obediente hasta la muerte: por consiguiente también vosotros debéis dar muerte a vosotros mismos enterrando el propio parecer y entendimiento.

– Afortunada aquella alma que se desprende del propio gozar, del propio sentimiento y del propio entendimiento.

·     Con amor

– Obedeced con amor y reverencia, en verdadera
y santa caridad.

 

6 SOLEDAD 

 Porque “todo lo que está en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida” (I Jn 2,16), Es claro que para renegar a estas viciosas tendencias, es necesario renunciar al mundo, hasta poder decir con el apóstol: “EI mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”. (Ga 4»14). 

 Dice Cristo a los apóstoles y lo mismo repite a todos los que quieren ser sus seguidores: “Vosotros no sois del mundo”. (Jn 15»19) Por eso los santos odiaron al mundo y lo tuvieron por abominable; y cuando el deber no se lo impedía amaban retirarse a la soledad, como el lugar más adaptado para tratar con Dios, y hacer progreso en la virtud. 

 Entre los santos que más amaron la soledad uno fue San Pablo de la Cruz, el cual desde la juventud “huyendo al mundo, en la soledad pone su morada y allí como en una espiritual palestra, se adiestró a los más altos vuelos del espíritu, bajo los suaves impulsos de la gracia”. (In Offic. San Pablo de la Cruz). 

IMPORTANCIA DE LA SOLEDAD 

·     Daños que provienen de tratar mucho con el Mundo.

– Quien trata a menudo con los hombres se hace cada vez menos hombre.

– El trato no necesario y superfluo con los seglares es peste de la devoción.

– Estaos solitarios lo más que podáis también corporalmente, con el fin de que las criaturas no os roben el recogimiento.

– Tratad poco con los hombres, por santos que sean, pero tratad mucho tiempo con Dios.

– El coro y la celda son el paraíso terrestre de los verdaderos siervos de Dios. 

·     En la soledad Dios habla al corazón

– Huid del trato con la gente, con excepción de lo puro necesario, así Dios os hablará al corazón.

– Dios os quiere en el desierto de la más profunda soledad, para hablaros palabras de vida y enseñaros la ciencia de los santos.

– Estaos solitarios en el templo interior del alma y aprenderéis grandes cosas.

·     Flores y frutos de la soledad

– Jesús os ha preparado infinitos tesoros de gracia y de bendiciones, si sois fieles en huir del ambiente del siglo para retiraros a la santa soledad.

– La soledad genera recogimiento, humildad, silencio, paciencia, caridad, etc., y es necesaria para manteneros en fervor de la oración; en ella reposa el espíritu a los pies de Jesús Crucificado, se restaura y se reconforta de las debilidades, de las distracciones y fatigas en favor del prójimo. 

·     El tesoro de la soledad interna

– Es buena la soledad del cuerpo, pero mi gloria es la soledad de la mente; el sagrado desierto interior en el cual el alma se abisma toda en Dios.

– Sin la soledad interna, joya de inestimable valor, en nada aprovecharía la soledad de los desiertos de Nitria y Tebaida.

– Sed habitadores del interior de vuestro espíritu, bien encerrados en este sagrado desierto.

– Es voluntad de Dios que cultivéis con el recogimiento interno la más profunda soledad del espíritu, que en sí encierra un gran tesoro de bienes. En ella, el alma está abstraída de todo lo temporal, perdida toda en el Infinito y Eterno Bien. 

·     Para los religiosos pasionistas

– Nuestra Congregación está toda fundada en verdadera soledad y si esta se echa por tierra, está totalmente destruido el edificio porque queda totalmente fuera de la vocación que Dios me ha dado.

– Hacen gran fruto en el pueblo los operarios, que salen de la soledad para encender el corazón de los cristianos con el fuego de la santa predicación.

– Hace más fruto un operario evangélico que
sea hombre de oración, amigo de la soledad
y desprendido de toda cosa creada que otros
mil que no son tales.
 

·     Normas para la soledad interna

– Cómo entrar:

o  Con la fe y con el amor

o  Por la puerta que es Jesucristo, en su Santísima Pasión.

o  Por sus llagas que son nuestra vida, y son la divina puerta.

 

– Cómo hacerle morada; Entraos en el sagrado
desierto interior y cerrad las puertas a toda cosa creada:
 

o  Dejando reposar vuestro espíritu en el seno de Dios.

o  Estad solitarios dentro de vosotros mismos.

o  Reposaos con viva fe y santo amor.

o  Huid del ocio.

o  Estad cada vez más en soledad de fe y amor en sagrado silencio.

o  Abismaos todos: amad y padeced, padeced y amad.

 

– El alma reposa, pierde de vista lo temporal y se abisma en Dios, al cual adora en espíritu y en verdad.

– Con la vista en la propia nada, uniendo la acción y la oración, entreteneos de solo a solo con Dios en la celda de vuestro corazón.

– Estad como niños en este desierto interior. 

·     Para esta soledad no existen dificultades

– Las ocupaciones no impiden la soledad interna, antes bien, la ayudan.

– Con la soledad interna se está siempre en el sagrado desierto, aún en medio de los tumultos de los pueblos y en medio de las gentes.

– Tened siempre esta soledad en el trabajo y en los quehaceres de la casa.

– No perdáis jamás esta santa soledad interna, donde quiera que os encontréis.

– Cuando os distraigan las ocupaciones reavivad la fe reconcentrándoos pacíficamente en Dios.

7. SILENCIO 

 Inseparable compañero de la soledad es el silencio, necesario por eso a un seguidor de Cristo para vivir separado del mundo y hacer progresos en la virtud.

 “El mucho hablar no está sin pecado, dice el espíritu Santo”. (Prov. 10,19). 

 “Quien a su vez custodia su lengua, custodia su alma”. (Prov.13, 3)

El silencio de hecho tiene alejadas las faltas:

o  Facilita la práctica de las virtudes.

o  Favorece el recogimiento y la vida interior.

o  Es coeficiente necesario para mantener una comunidad religiosa en la observancia y en el fervor.

 

 San Pablo de la Cruz insiste mucho en sus cartas sobre la observancia del silencio, declarando por qué y cómo se debe observar. 

POR QUE SE DEBE OBSERVAR 

·     Para mejor tratar con Dios

– Amad el silencio, el alejamiento de todo, huyendo en lo posible de las ocasiones de hablar, para: 

o  tratar día y noche con Dios.

o  Recibir el don de la oración.

o  Facilitar el recogimiento y la oración.

 

– EL barro calla siempre, así el ollero haga un vaso de honor o un vaso de ignominia; así lo rompa y tire los pedazos o lo ponga en una regia galería. Tened en la mente esta doctrina y practicadla.

– Os recomiendo mucho el sagrado silencio, tan inculcado por los santos. 

·     Para llevar una vida inmaculada

– Estad cada vez más en silencio.

– Gran punto de perfección es el saber callar.

– Sé que los habladores son la ruina de los conventos.

·     Para custodiar el tesoro de las santas virtudes

– El silencio es la llave de oro que custodia fielmente y conserva con gran cautela y celo el tesoro de las santas virtudes, teniéndolo bien cerrado 

COMO Y CUANDO SE DEBE OBSERVAR 

·     En medio de los padecimientos

– Quien está en la tempestad de un gran sufrimiento, debe custodiar el gran tesoro bajo la llave de oro del silencio.

– Quien está en el mar tempestuoso de los padecimientos no debe lamentarse, ni con el prójimo, ni consigo mismo, ni con Dios.

– Dios creó a los peces mudos, porque deben estar entre las olas del mar, para enseñarnos que quien navega entre las tempestades del mundo, debe estar mudo, sin lengua, para no lamentarse, ni resentirse, ni justificarse.

– Lo mejor es trabajar, padecer y callar: cuando vengan las tempestades de trabajos .entre más se escondan mejor es.

– Silencio interno y externo: interno haciendo callar las rebeliones de la naturaleza; externo con el no abrir la boca para lamentarse.

– Padeced en silencio, negando siempre vuestra voluntad, es una de las gracias más grandes que Dios hace al alma.

– ¿Por qué tanta oleadas? Ella está rica y no lo sabe… Amar y padecer en verdadero silencio interno y externo, en pura fe y santo amor, es un pescar las verdaderas perlas de las virtudes en el gran mar de la Santísima vida y Pasión de Jesús, nuestra verdadera vida.

– Recordad que el dulce Jesús en medio de sus más amargas penas, callaba. ¡Oh!, sacrosanto silencio, rico de aquella paciencia, custodio fiel del tesoro de las virtudes. 

·     Cuando se despiertan las pasiones

– Cuando las pasiones se despiertan, especialmente la cólera, es tiempo de estar callados; no habléis, estad en silencio, y dentro de vosotros mismos pedid al Señor que os socorra. Si tenéis que hablar, hacedlo con voz baja y baja mansedumbre, lo que conviene hacer siempre, pero especialmente cuando hierve el caldero de la cólera es: callar, callar.

– Cuando seáis contrariados y cuando las criaturas procuren inquietaros, estad callados.

– Cuando sintáis las pasiones en batalla y enfado, entonces es tiempo de callar, de otro modo se cometen muchos errores.

– Con el hablar y responder cuando uno está exacerbado se hace peor.

– El silencio es el cuchillo de oro que mata la pasión. 

·     El silencio es necesario en las contradicciones, en las calumnias y en los reproches.

– Callad cuando os sentís chillar: callad con todos.

-La vía más corta para responder a aquellos que os desprecian y os inquietan es con un dulce y modesto silencio.

– El silencio, la desenvoltura y el hacer de cuenta que no se siente nada, hace cerrar la boca a los ociosos.

– En las burlas estad callados y con buen semblante, mostrando agradecerlas por amor de Dios.

– La vía más segura es callar, a ejemplo de Jesucristo que maltratado, vilipendiado, blasfemado, calumniado, callaba.

– No lamentarse, ni resentirse, ni justificarse; sino a ejemplo de Jesucristo: estarse en un paciente, dulce y pacífico silencio. 

·     Cuando y como es necesario hablar

– Hablad cuando lo requiere la gloria de Dios y la caridad hacia el prójimo.

– Cómo hablar: 

o  Siendo cautos y prudentes con las palabras.

o  Con la mente en Dios en santo silencio.

o  Poco, bien y con mansedumbre.

o  A su tiempo, con dulzura y modestia.

o  Cuidándose de palabras incautas, punzantes y mortificantes.

 

– Cuando seáis interrogados responded con dulzura y buena gracia.

– No seáis fingidores en las expresiones y conveniencias sino caritativos.

– En las recreaciones, con frecuencia, se pierde lo adquirido en la oración.

III. LLEVAR LA PROPIA CRUZ 

 Llevar la cruz es la segunda cosa que Jesús pide a todos aquellos que quieren seguirlo: 

 “Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz…” (Lc.9, 23ss) 

 Para vivir unido a Dios, Santidad por esencia, debemos no sólo huir de los pecados graves, re-negándonos a nosotros mismos y sujetando a la ley del espíritu las pasiones del sentido y del orgullo, sino que debemos también evitar todos aquellos defectos e imperfecciones que si no destruyen la caridad, la enfrían y ofuscan el esplendor. 

 Ahora porque nuestra alma, dominada como está del amor propio, o no conoce estos defectos o no tiene fuerza para liberarse de ellos, “He aquí la mano amorosa del gran Padre, el cual con látigo rico de amor, la golpea, para desprenderla totalmente de las criaturas y hacerla alcanzar la unión con el Sumo Bien”.

 “Así aquello que falta a nuestra acción viene suplido por las penas y por los padecimientos que el Señor nos manda”; penas y padecimientos que forman la “purificación pasiva” del alma y constituyen la Cruz que debe llevar cada seguidor de Cristo. 

 Llevar de hecho la cruz, según San Agustín, no significa otra cosa que soportar con paciencia
toda tribulación y trabajo.
 

 La cruz que todos más o menos, somos llamados a llevar son principalmente: 

o  Las enfermedades.

o  Las tentaciones.

o  Las tribulaciones exteriores.

o  Las penas interiores del espíritu.

 

 “Para cada una de ellas, San Pablo de la Cruz nos da sus enseñanzas; debemos aprender de él por qué y cómo debemos llevar la cruz. 

 Los seguidores del mundo odian y huyen de la cruz, pero los seguidores de Cristo la aman y la buscan porque saben que “todo está en la cruz, y todo consiste en el morir. En la cruz esta la salvación, en la cruz la defensa del enemigo, en la cruz la alegría del espíritu, en la cruz la perfección de la santidad. No hay salud para el alma ni esperanza de vida eterna sino en la cruz. Tomad, pues, la cruz y seguid a Jesús”. (Imitación de Cristo L.II. C.2)

1. POR QUE Y COMO DEBEMOS LLEVAR LA CRUZ 

 Son muchas las almas que quieren seguir a Jesús, pero pocas aquellas que quieren llevar la cruz con El. 

 Jesús, ahora, .dice la Imitación de Cristo tiene muchos que aman su reino Celeste, pero pocos que aman su cruz. Tiene muchos que desean consolaciones, pero pocos que desean tribulaciones. Todos desean gozar con El, pero pocos desean padecer con El 

 Sin embargo, padecer con Jesús, llevar con El la cruz, y llevarla como El la llevó, es absolutamente necesario para ser sus discípulos, y tener parte con EL en la gloria del cielo. No será glorificado sino quien haya padecido con Cristo y con El haya llevado la cruz: “Y si somos hijos, somos también herederos. Nuestra será la herencia de Dios y la compartiremos con Cristo; pues si ahora sufrimos con El, con El seremos glorificados”. (Rm 8,17).

 Pablo de la Cruz nos, recuerda por qué y
cómo, debemos llevar la cruz.
 

POR QUE DEBEMOS LLEVAR LA CRUZ

·     Para asemejarnos a Jesús

– Cuanto más padezcáis tanto más os asemejaréis a Jesús, en toda su vida que fue toda una cruz y no hizo otra cosa que padecer.

– Dios, sobre esta tierra, paga a sus siervos con aquella misma moneda con la cual pagó al Santo de los Santos: Jesucristo.

– ¿Qué quiere decir Siervo de Dios? Quiere decir ser crucificado con Cristo.

– Dios os ama como a hijos, porque os favorece de continuo con nuevas cruces.

– Es muy necesario bendecir y agradecer al Señor que os hace caminar por La vía de la Santa Cruz por la cual caminó su Divino Hijo.

– Afortunadísimas almas que van por la vía del calvario siguiendo a nuestro querido Redentor.

– La cruz es el más grande don que Dios hace a sus siervos. 

·     Para hacernos santos

– Cuanto más uno aprovecha en el servicio de Dios tanto más crece el padecer.

– Esta fue la vida de Cristo, y esta es la vida de sus verdaderos siervos. Abrazad con buen corazón la santa cruz.

– Quien quiere servir a Dios a lo grande, necesita padecer pruebas y trabajos grandes.

– Las cruces:

 

o  Mantienen el alma en humildad.

o  Hacen que se tenga más recurso a Dios.

o  Hacen ejercitar las más bellas virtudes.

 

– Cuando la cruz es más aflictiva y penetrante, es MEJOR; cuando el padecer es más privado de consuelo, ES MAS PURO; cuando las criaturas nos son más contrarias, NOS ACERCAMOS MAS AL CREADOR.

– Reposad sobre la cruz de Jesús y será santos, pero de la santidad secreta de la cruz. Abrazad la cruz, donde solamente están los verdaderos tesoros. Quien supiese el gran tesoro que es el padecer no desearía más que cruces.

– Porque vuestra alma es muy querida por Dios por eso os hace pasar por la vía regia de la Santa Cruz.

– Gran tesoro encierra el desnudo padecer sin consuelo ni del cielo ni de la tierra. Tenedlo en gran estima y sed agradecidos al Señor ofreciéndoos a menudo como víctimas a su Divina Majestad sobre el altar de la cruz.

– Estar con Jesús en la cruz es la vía más corta para llegar a la feliz suerte de morir a lo creado para vivir purísimamente en Dios.

-La cruz es el estandarte de los verdaderos siervos de Dios. 

·     Para gozar de tranquilidad y paz sobre esta tierra

– Entre menos consolaciones tengáis de las criaturas más tendréis del Creador.

– Bienaventurados aquellos que llegan al puro padecer sin consuelo y persisten en servir a Dios. Estos son los siervos fieles que entrarán en el gozo del Divino Padre.

– Qué bello es padecer con Jesús. iQuisiera tener un corazón de serafín para explicar las ansias amorosas! (de padecer) que prueban los verdaderos amigos del crucifijo.

– Las almas devotas no deben buscar otra consolación que el Salvador y su santa cruz.

– Felices aquellos que están de buena gana crucificados con Cristo. 

·     Para ir al Paraíso

– Al paraíso se va con la cruz.

– Si aquí son cruces, después serán coronas en el paraíso.

– Teniéndoos pegados al leño de la santa cruz no naufragaréis sino que llegaréis al puerto de la salud.

– La merced que Dios da a sus siervos aquí abajo, son cruces, angustias y trabajos para haceros semejantes a su divino Hijo crucificado y colocaros después en la galería del cielo donde no habrá más llanto ni dolor sino alegría y gozo.

– Aquellos que padecen cruces por amar de Dios ayudan a Jesús a llevar la cruz y serán participes de su gloria en el cielo.

– Breve y momentáneo es aquí el padecer, pero eterno será el gozar. Agradeced a Dios y sufrid con paciencia. 

LAS CRUCES NO FALTARAN JAMAS

– Es preciso llevar la cruz cada día. Aquí no hay otra vía, como dice Jesús en el Evangelio.

– Huyendo de una cruz se encontrarán diez.

– El alma es un grano que Dios siembra en este gran campo que es la Iglesia y para dar fruto es necesario que muera a fuerza de penas, dolores y persecuciones.

– Jesús que os ama tanto no os quiere sin la cruz.

– Donde quiera que estéis llevaréis con vosotros vuestra cruz, la cual sigue a los siervos de Dios a donde quiera que van o están.

COMO DEBEMOS LLEVAR LA CRUZ

·     En silencio y esperanza

– Sed fieles en llevar vuestra cruz con paciencia.

– La virtud de Jesucristo es padecer y callar.

– El alma devota no busca otro consuelo que el de la santa cruz. Estaos a la buena bajo ella, sin tantas reflexiones e inútiles sutilezas.

– El padecer es un bálsamo tan precioso y espiritual, que si no se tapa y se cierra bien el vaso con el sello de la verdadera humildad, silencio de fe y caridad, se evapora de inmediato y se va al aire por el canal de la vanagloria. 

– Animaos, todo pasará, y en el cielo estaremos contentos para siempre.

·     Con paz y resignación

– Reposad en paz sobre la cruz, con quietud de espíritu como niños en los brazos de Jesús Crucificado y de su Divina Misericordia.

– Estad abrazados a la santa cruz recibiendo todos los trabajos de la mano amorosa de Dios y diciendo a menudo: Señor, hágase siempre vuestra santísima voluntad.

– El pobre Pablo está siempre abrazado y asido a la cruz del querido Jesús.

– Llevando la cruz con tranquilidad se encuentra la verdadera paz.

– El mérito y la perfección consisten en llevar la cruz que Dios quiere, no aquella que quisiéramos nosotros.

– Afligido pero quieto -amargado y siempre alegre ciego al parecer mío- así me quiere Dios.

– Sea siempre bendito nuestro Dios que nos hace partícipes de su cruz. 

·     Con amor y con alegría

– Estad contentos en la cruz con Jesús.

– Gozo que Dios os descubra su cruz y os la haga amar.

– Estad en la cruz:

o  En alto reposo y alegría de espíritu.

o  Como víctimas de amor todos unidos a Jesús.

 

– Bebed alegremente el cáliz del Salvador. Sean bienvenidos los padecimientos, los trabajos, las cruces.

– Abandonaos y gozad de hacerle compañía con vuestro padecer.

– Padeced y callad y cantad en el espíritu.

– No debemos gloriarnos en otra cosa que no sea la cruz de Nuestro Señor Jesucristo.

– Las cruces de mi Jesús son las joyas de mi corazón.

– ¡Oh, querida cruz!, ¡Oh, Santa Cruz! árbol de vida del cual pende la eterna vida. Yo te saludo, yo te abrazo y te estrecho contra mi pecho.

2. LA CRUZ DE LAS ENFERMEDADES 

 Dice el sabio que el hombre fue creado para la inmortalidad; pero por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo y con ella todo el conjunto de mates que son la preparación y la condición indispensable.

 Así la vida presente no es más que un continuo sucederse de males y sufrimientos, o como la llama justamente San Gregorio: UNA ESPECIE DE MUERTE PROLONGADA.

 Pero el Señor que suele sacar el bien del
mal y ordena toda cosa para nuestro mayor provecho espiritual, providencialmente tiene dispuesto que estas enfermedades, con todo que dando una pena dolorosa, fuesen medios de perfección y de santidad.

 “La enfermedad, dice San Francisco de Sales, es una óptima escuela de misericordia, para aquellos que asisten a los enfermos y de amorosa resignación para aquellos que la soportan; porque mientras los unos estén a los pies de la cruz, como la Virgen y San Juan a los cuales se proponen imitar; los otros están en cruz como Nuestro Señor, cuya pasión procuran, cuanto más pueden, imitar”.

 Cuando viene la enfermedad, pues, dice el mismo santo, es la cruz de Cristo que viene: abrazadla, pues, tenedla en gran estima por amor de aquel que os la manda. 

 En las enseñanzas de San Pablo de la Cruz tenemos claros motivos para apreciar las enfermedades y para hacerlas meritorias. 

·     Las enfermedades son tesoros y gracias del señor

– Las fiebres continuas acompañadas de incomodidades, las indisposiciones y las enfermedades, inestimables y joyas preciosísimas con las cuales el Señor enriquece vuestra lama.

– Las enfermedades largas son unas de las más grandes que Dios hace a sus almas más queridas.

– Los dolores de huesos y nervios es necesario quererlos.

– Las enfermedades son el sello con el cual Dios contraseña a las almas elegidas.

-Santidad y salud no son ordinariamente buenas compañeras.

– siento que vuestra salud se vaya cada vez más; pero creedme que yo no he conocido jamás almas que de propósito atiendan a la perfección y a la oración en perfecta salud. 

·     Óptima palestra de virtud

– La misericordia de Dios os visita con dolores, enfermedades y otros trabajos que son gracias con las cuales regala a las almas santas: 

o  Para poneros a prueba cada vez más y purificaros el espíritu.

o  Para que os desprendáis de todo lo
creado y os apeguéis a las cosas del cielo.

o  Para haceros descubrir quiénes sois.

 

– En las enfermedades se conoce quien es paciente, humilde y mortificado. 

– Las enfermedades son ocasión para ejercitar la virtud: 

o  En el amor a la propia abyección

o  En la gratitud y la dulzura a quien nos sirve

o  En la obediencia ciega al médico y a los enfermeros.

 

– Estad sobre el lecho como sobre la cruz del
Redentor. 

– Las enfermedades nos hacen más queridos de Dios que todas las penitencias voluntarias porque en esto no hay nada nuestro.

– El tiempo de las enfermedades es el más oportuno para mostrar una verdadera fidelidad al esposo celestial. 

·     Medios para unirnos más a Dios

– Las enfermedades son un precioso trabajo que no disminuyen la unión con Dios t antes la acrecientan.

– Cuando el cuerpo está abatido y mortificado, el espíritu está más apto para volar a Dios. .

– Así como las indisposiciones y fiebres debilitan el cuerpo, así adelgazan el espíritu para que con las alas de la fe y del amor se disponga a volar altamente al seno del Divino Padre.

COMO HACERLAS MERITORIAS 

·     Aceptarlas con paciencia» resignación y alegría

– Aceptad con resignación todos los padecimientos de fiebres y otras incomodidades que Dios os manda para haceros santos.

– Estad sobre la cruz de vuestras preciosas enfermedades con silenciosa paciencia y dulce
mansedumbre, y no dejéis salir de la boca palabras de lamento.

– Gozad en Dios de vuestras indisposiciones y sed tan indiferentes a la enfermedad como a la salud porque así agradaréis al Sumo Bien.

– En las enfermedades es necesario amar y adorar la santísima voluntad de Dios, produciendo frecuentes actos de amor y de adoración, teniendo el corazón en tranquilidad, parar cualquier evento que pueda suceder; este es e el mejor remedio en las indisposiciones corporales. 

– Si toleráis con paciencia y resignación vuestras indisposiciones en silencio de fe y amor, os enriqueceréis de tesoros y de méritos en Dios Bendito. 

·     Ejercitar la obediencia y la dulzura

– En los males corporales decid simplemente vuestras indisposiciones con términos modestos, claros y con brevedad y después abandonaos en todo a la obediencia.

– Tomad los medicamentos en el cáliz amoroso de Jesús, sufriendo todo por amor de Dios en unión a cuanto sufrió por nosotros Jesucristo, nuestro verdadero Bien y Divino Ejemplo.

– Estad sobre el lecho de vuestra enfermedad
como niños que duermen sobre el pecho del
Divino Jesús, y allí bebed en aquella fuente de
vida eterna.

– El enfermo estese retirado en el corazón purísimo de Jesús que allí encontrará consuelo.

– Dios os quiere así indispuestos porque os quiere del todo para sí.

·     No dejar jamás la oración

– Si os ocurriese estar enfermos a abatidos y faltos de fuerzas, no dejéis jamás vuestra oración, o sea aquella dulce atención amorosa, con viva fe en Dios reposando en paz y amando a Dios.

– En las enfermedades estad en vuestro lecho como sobre la cruz. Jesús oró tres horas sobre la cruz y fue una oración verdaderamente crucificada, sin consuelo ni de dentro ni de fuera. ¡Oh, qué gran enseñanza!

3. LA CRUZ DE LAS TENTACIONES 

 Se imaginan algunos que la vida de las almas que quieren ser todas de Dios, sea una ascensión blanda, dulce, sin luchas ni choques, a lo largo de un sendero amenísimo enmarcado de flores perfumadas. Pero el Espíritu Santo nos advierte que no es así: “Hijo, en el darte al servicio de Dios, humilla tu corazón y prepara tu alma para la tentación. (Ecl 2,1). 

 Pero, dirá alguno, ¿no es la tentación un mal?
¿Cómo puede ser la recompensa de quien no busca otra cosa que al Señor?

 Tentar, dice Santo Tomás, es hacer experimento de alguno. De aquí una dobla tentación: una “ad probandum”, la cual viene directamente de Dios; la otra, “ad seducendum”, que tiene por autor al demonio, el cual para alcanzar más fácilmente su fin, se sirve como de potentes auxiliares del mundo, y de nuestra concupiscencia.

 Pero todas las tentaciones, no excluidas aquellas que el enemigo infernal trama para nuestro daño, son permitidas por la Divina Providencia y orientadas a nuestro mayor bien espiritual y a nuestra santificación “porque Dios es fiel y no permite que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas, sino que nos da con la tentación la ayuda con el fin de que podamos resistirla y permanecer victoriosos”. (Conf. 1Cor.1O, 13).

 San Pablo de la Cruz nos enseña para qué sirven, según los divinos designios, las tentaciones, y qué cosa debemos hacer para permanecer victoriosos.

PARA QUE SIRVEN LAS TENTACIONES 

·     Para probar nuestra fidelidad

– Las tentaciones son pruebas de Dios para conocer si somos fieles.

– Dios os ama y porque os ama os prueba. Por esto la rabia de Satanás busca perturbaros.

– Las almas más queridas por Dios son las más tentadas, probadas y afligidas.

– Las tentaciones no son para entristecerse: son trabajos (sufrimientos) que vienen a un alma que quiere ser toda de Dios.

– Os pido no hacer caso de las molestias y tentaciones que os causa el demonio: creedme que esto es un óptimo signo para vosotros.

– Quien no es tentado, ¿qué sabe? Si Dios os trata como a sus siervos más queridos, ¿qué queréis de más? 

·     Para purificar el alma

– Las tentaciones purifican el alma como el fuego al oro. Cuando se combaten hacen un gran bien: 

o  Nos humillan.

o  Nos instruyen.

o  Nos purifican.

 

– Dios permite tales batallas para purificaros el espíritu para que esté más dispuesto a unirse con perfecta caridad al Suma Bien. 

·     Para haceros adquirir la santa humildad

– Las tentaciones os serán de gran mérito. No hacen daño cuando no se les da ocasión ni se les consiente.

– Dios permite las tentaciones con el fin de: 

o  Hacernos más humildes de corazón y cautelosos.

o  Que el alma no se fíe de sí misma.

o  Hacernos desprender de toda cosa creada.

o  Conocer nuestra nada, nuestra abyección.

o  Llevarnos a recurrir a Él en nuestra oración.

o  Llevarnos a poner toda la confianza en El.

 

o  Para hacernos ejercitar muchas virtudes

– El haceros pasar por varias tentaciones es signo de que Dios os quiere santos, porque os da ocasión de ejercitar muchas virtudes en el acto que hacéis de resistencia a la misma. No se llega a adquirir una virtud consumada, sino por medio de la tentación contraria.

– La gran tentación de fe es signo de que Dios quiere dar a vuestra alma un gran don de fe viva que la llevará a alta unión de caridad.

– Si Dios permite tentaciones de gula es signo de que os quiere dar en premio una altísima abstinencia.

– Si permite Dios que seáis tentados -de vanagloria, es signo de que quiere daros grande humildad.

– No os asustéis con las tentaciones; sabed que su Divina Majestad las permite con el fin de que pongáis bien profundos los fundamentos de aquel edificio espiritual, que tiene designado fabricar en vuestra alma.

– Alegraos cuando Dios os pruebe con las tentaciones. Son óptimos signos de que os quiere santos.

·     Para acrecentar nuestros méritos

– Las tentaciones son joyas con las cuales Dios adorna al alma fiel, para que bien radicada en la humildad de corazón, se entregue a participar de los tesoros de las divinas gracias, especialmente los de su Pasión.

– Hacen resplandecer más la gracia triunfadora que Dios ha puesto en vuestra alma. Son, tantas las riquezas espirituales que adquiere el alma, que con la ayuda de Dios combate fiel, que no hay mente que las pueda comprender ni lengua que las pueda expresar. 

·     Para prepararnos una corona de gloria

– Ahora es tiempo de batallar y de combatir con gran corazón, que Dios nos prepara una corona de gloria.

– Las tentaciones son ladridos del demonio, el cual tiene gran rabia de veros encaminados por la vía del paraíso.

– Pasada la tempestad vendrá gran serenidad, y vuestro espíritu nadará en un mar de paz, en premio de la victoria reportada.

– Quien venza los asaltos del enemigo se sentará para siempre a la mesa del Gran Rey del cielo. 

COMO VENCERLAS

·     Manteniendo el corazón en paz

– En los combates mantened el corazón pacífico. Sobre todo tened cuidado de no inquietaros jamás por cualquier tentación.

– El sentir las tentaciones no es pecado; pecado es consentirlas.

– No os asustéis por furiosa que sea la tempestad de las tentaciones, porque cuando la voluntad no quiere no hay pecado; así parezca que la nave padece naufragio, la parte superior resiste y permanece victoriosa.

– La vía corta que se debe tener en tales batallas es de estarse sumiso a la voluntad de Dios; dejándose flagelar de aquella mano amorosa que permite tales tribulaciones. 

·     Combatiendo varonilmente

– Combatid varonilmente que después de la guerra vendrá la paz. 

– Os digo que en medio a las tempestades de las tentaciones debéis manteneros fuertes como un escollo azotado por las olas.

– Id al encuentro del enemigo, armados de las
virtudes de Jesucristo, con la lanza de la santa cruz. Venceréis sin más y el paraíso cantará las victorias que reportaréis por la virtud del Salvador. 

– Los demonios son perros ligados a la cadena: pueden ladrar pero no morder, si no queremos nosotros mismos dejarnos morder.

– Todo el infierno no os puede hacer caer cuando vuestra voluntad esté firme y constante en no consentir.

– No debéis hacer caso de cualquier asalto dé las tentaciones: combatid varonilmente protestando querer morir antes que consentir el pecado y abandonar a Dios.

– Donde os sintáis más débiles, estad allí más en guardia.

– No dudéis de nada, que Dios os dará la victoria, y en premio de la batalla os dará gracias grandes y el don de la santa oración.

·     Humillándonos dulcemente

– Las tentaciones se vencen con la humildad y el santo temor de Dios: el demonio huye de los humildes, desconfiados de sí y temerosos. El corazón humilde está siempre victorioso.

– Con gran coraje combatid esta batalla que Dios os tiene preparada la gran victoria si sois bien humildes.

·     Desconfiando de sí

– Descubrid al confesor lo que sufrís de tentaciones, siendo este punto necesarísimo para que dicho confesor os dé remedios, consejos y avisos de cómo debéis regularos, y obedeced. 

·     Confiando en Dios e implorando su ayuda

– En las tentaciones no dudéis de nada. Dios estará con vosotros, combate en vosotros y por vosotros y os da su gracia para vencer.

– Vivid pues, abandonados en sus divinos brazos, y en los asaltos más fieros escondeos en la inmensa caridad de Jesucristo, Nuestro Señor. Esta fuga ¿sabéis cómo se hace? Se hace con un dulce avivamiento de fe, que os haga aniquilaros más en vosotros y perderos en Dios.

– En las tentaciones no perdáis jamás la confianza en Dios y en María Santísima. Si Jesús os tiene en sus brazos, ¿a quién temeréis?

– Sobre todo no perdáis jamás la confianza ni dejéis la oración.

– No hagáis esfuerzos de cabeza, de manos o de pecho para desechar las tentaciones la resistencia que se debe hacer es la de recurrir a Dios, a Jesús y a María Santísima.

– Cuando os venga cualquier tentación besad la cruz y el rosario diciendo con fervor: Mi querido Redentor, mi eterno Dios, os adoro, os amo.

– Si las tentaciones acosan meteos en espíritu a los pies de Jesús Crucificado, y haced un acto de amor diciendo: Señor, ¡ayuda!, estoy dispuesto a morir antes que ofenderos, en vos me abandono, a vos recurro: vos sois mi Dios, mi todo: socorredme, liberadme, que de mi parte no puedo hacer nada de bien, tan sólo el mal.

– En el costado dulcísimo de Jesús se encuentra toda fortaleza y todo bien. Es su corazón una fortaleza inexpugnable.

4. LA CRUZ DE LAS TRIBULACIONES 

 Fuera de la cruz de las enfermedades y de las tentaciones que provienen del demonio y de nuestra natural debilidad, debemos llevar las de las adversidades, persecuciones, calumnias y tribulaciones, que si nos son procuradas la mayoría de las veces por la malicia de los hombres, los cuales han perseguido a Cristo, no dejarán de, perseguir también a sus seguidores.

 Pero cualquiera que sea la mala voluntad de los hombres, es cierto que todas las tribulaciones son de la Divina Providencia-ordenadas para nuestro mayor bien espiritual. Ellas, dice San Agustín, no son pena para nuestra condena sino medicinas para nuestra salud. 

 En efecto, cuando un hombre de buena voluntad es atribulado, perseguido, afligido, entonces comprende que tiene más necesidad de Dios, sin el cual se da cuenta que no puede hacer nada bueno. Entonces llora y reza por causa de la miseria que sufre. Entonces se da cuenta que plena seguridad y paz no pueden tenerse en este mundo.

 Buena cosa es, pues, para nosotros si algunas veces encontramos disgustos y contrariedades.
Buena cosa es si algunas veces sufrimos contra
dicciones y que se tenga mal concepto de nosotros.
Lo cual nos ayuda a mantenernos humildes y a defendernos de la vanagloria. Cuando exteriormente
seamos vilipendiados y despreciados, entonces
buscamos mejor a Dios, y ponemos en El todo nuestro corazón.

 Sobré las preciosas ganancias de las tribulaciones, y sobre el modo de soportarlas, San Pablo de la Cruz nos dice lo siguiente. 

GANANCIAS DE LAS TRIBULACIONES

·     Las tribulaciones purifican el espíritu

– Dios pretende con los padecimientos purificar vuestro espíritu como el oro al fuego.

– Las aflicciones, desolaciones, abandonos y otras persecuciones del demonio y las criaturas, son una noble escoba que barre las imperfecciones, nos prepara para la santidad y para la unión con Dios.

– Cuando el padecer es sin consuelo, el alma queda más purificada, y se hace bella y liviana para volar al Sumo Bien.

·     Son una excelente escuela de virtud

– Los trabajos, las angustias, las persecuciones y las penas: 

o  Mantienen el alma en humildad.

o  Hacen que se recurra más a Dios.

o  Hacen crecer el alma en las más bellas virtudes, como son: el silencio en el padecer, la paciencia, la caridad y la humildad, que nos asemejan al dulce Jesús.

o  Son los bordados del trabajo amoroso de Dios para haceros santos.

o  Dan al alma las alas para hacer el vuelo altísimo en la perfección del Santo Amor.

o  Con ellos Dios prepara vuestra alma para trabajos mayores.

 

– Dios nos castiga como Padre con el fin de que aprendamos a ser hijos obedientes y fieles.

– Las desgracias del mundo cuando son tomadas de la mano amorosa de Dios y con resignación a la divina voluntad, sirven para hacernos correr en la vía de los divinos preceptos.

– No os desalentéis: El Señor permite que sintáis profundamente las angustias para que conozcáis vuestra nada y os humilléis en todo. El permite que seáis abandonados de las criaturas, para que vuestra vida sea toda escondida en Jesucristo. 

·     Gracias y tesoros preciosos

– Los trabajos y calamidades mirados en el Divino Beneplácito, son preciosas joyas con las cuales Jesús embellece y enriquece vuestra alma.

– ¡0h, si comprendierais el gran tesoro que está escondido en el padecen Cuánto gozaría vuestro espíritu en Dios Nuestro Salvador!

– Bienaventurados aquellos que padecen trabajos, persecuciones y desprecios por amor de Dios; Ellos son más afortunados que los ricos del mundo y de aquellos que tienen las delicias de la tierra.

– Oh, dulcísimos trabajos; prendas queridas del corazón Sacratísimo de Jesús, ¿Quién podrá explicar la magnificencia de estos preciosos, tesoros, de los cuales Dios se sirve para coronar las almas de sus queridas esposas? 

·     Los padecimientos son la parte de los más queridos hijos de Dios

– Los trabajos y los padecimientos son los regalos que Dios da a sus consentidos, y unidos al abandono de las criaturas, son los más preciosos tesoros para sus amigos.

– Padeced de buen grado las tribulaciones, recordando que ellas son las prendas del Santísimo amor de Dios, y las garantías más ciertas de ser amigos suyos, porque Dios os ama y por eso os prueba con tribulaciones.

– Es siempre una gracia cuando Dios os hace padecer, en especial cuando el padecer es sin consuelo.

– En los trabajos grandes se prueban las almas varoniles porque los más grandes trabajos son de los más grandes siervos de Dios.

– En sustancia, las mercedes que Dios da a sus siervos aquí abajo, son cruces, angustias, trabajos y tribulaciones de toda suerte, para hacerlos así semejantes a su divino Hijo crucificado, y para colocarlos después en la regia galería del cielo.

– Cuanto más seáis afligidos, más debéis alegraros, porque está más cerca el Salvador.

COMO ES NECESARIO SOPORTARLAS

·     No hablar de ellas sin necesidad

– Cuando vienen tempestades de trabajos, entre más se escondan mejor es.

– Con el hablar sin necesidad de los propios sufrimientos, se disminuye la virtud y crece el amor propio, que siempre desea ser compadecido.

– Quien cree padecer mucho o es poco humilde o poco paciente.

– Quien padece mucho calla mucho, porque no quiere consolación de ninguna criatura, y puramente se recrea y consuela con la voluntad de Dios de la cual se alimenta. 

·     Mirarlas con ojos de fe

– Las almas fieles miran con ojos de fe, en la santísima voluntad de Dios, los trabajos y desgracias, no como venidos de las criaturas, sino de la mano amorosa del Señor.

– Mirad vuestros trabajos no como flagelos sino como dones y correcciones del Padre Celestial, el cual “quos amat arguit et castigat”.

– Acariciad vuestros padecimientos vengan de donde vengan, y miradlos en la voluntad de Dios, gustando con fe y Santo amor que se cumpla en vosotros su santísima voluntad.

– Tened vuestro corazón vuelto hacia el cielo, con el fin de que los vientos impetuosos de las vicisitudes humanas no puedan jamás agitarlo.

·     Soportarlas con paciencia, contento y gratitud

– Estad abrazados a la santa cruz de vuestras tribulaciones: tomadlas de la mano de Dios y decid a menudo: Señor, sea hecha siempre vuestra santísima voluntad.

– Padeciendo con paciencia, vuestra alma se enriquecerá de grandes méritos, y Dios la liberará de todo mal.

– Sufrid contentos orando a Dios por quienes os calumnian y mostrándoos siempre serenos.

– Las burlas, las mofas, los escarnios deben recibirse con suma gratitud hacia el Señor; estas son como leña para hacer la hoguera amorosa y poderse quemar víctima de amor.

-En vuestros trabajos bendecid al Señor con silenciosa paciencia.

·     Y con la mirada en el crucifijo

– El alma amante, desprendida de todo lo creado, no mira al padecer sino que su atención está toda en el Amado Bien, en el amor Crucificado.

– El alma fiel deja desaparecer los trabajos en el mar inmenso de la divina Caridad que endulza toda amargura. 

– Ofreciendo vuestros trabajos a las llagas santísimas de Jesucristo, haréis cosa grata a Dios y de gran mérito para vuestras almas.

5. LA CRUZ DE LAS PENAS INTERIORES 

 Las enfermedades, las tentaciones, las adversidades, las persecuciones de los hombres y de los demonios son cruces con las cuales el Señor intenta purificar nuestra alma de sus defectos y de sus imperfecciones, para hacerla cada vez más digna de sí y del Santo Amor. Pero hay todavía una cruz más sutil y penetrante con la cual el Señor suele dar la última mano a este místico trabajo de la purificación pasiva, y esta cruz son las arideces, desolaciones, y penas interiores, que San Pablo de la Cruz, experto en tal materia, llama “limas finísimas que penetran hasta el fondo para Limar toda herrumbre; presiones amarguísimas, las cuales, porque privan de todo consuelo sensible, son más penetrantes y por eso aptas para preparar el alma, en modo altísimo a la Santa unión con Dios. 

 San Pablo de la Cruz no dice cual es el fin providencial de estas penas y la conducta a seguir. 

FIN PROVIDENCIAL DE LAS PENAS INTERIORES 

·     Purifican el espíritu

-Dios pretende con las arideces, las desolaciones, los abandonos, las penas interiores, las aflicciones y los temores, purificar el espíritu como el oro al fuego, de todo herrumbre, barro y polvo de imperfecciones que nosotros no advertimos.

– Las penas interiores son una estupenda escoba que barre nuestro espíritu de toda imperfección.

– Estas penas son dones para: 

o  Ejercitarnos en la resignación.

o  Desprendernos de todo contento sensible.

o  Llegar a ser hombres nuevos.

 

·     Enriquecen el espíritu de dones y gracias

– En los trabajos internos, las desolaciones, arideces y abandonos, está escondido un gran tesoro que enriquece el espíritu, lo preparan para recibir gracias y dones inestimables.

– En la medida de las tinieblas que vuestra alma sufre, será más clara y abundante la luz.

– Las penas, obscuridades y desolaciones que el Señor os comparte son un bello trabajo de amor que Dios hace en vuestro corazón para daros el don del Santo Amor.

– Cuando Dios haya probado vuestra fidelidad, os llenará de celeste fuego de caridad que hará desaparecer todas las arideces y desolaciones.

·     Preparan el espíritu para el más alto grado de unión con Dios

– El Señor pretende por medio de las arideces y desolaciones:

o  Preparar el alma a un más alto grado de oración y unión con Él para dar así la última mano a la estatua y colocarla en la celeste galería del Paraíso.

o  Haceros santos y por eso os prueba con penas y angustias.

o  Que aprendáis a servirlo con amor.

o  Que saquéis más provecho en la humildad
y el conocimiento de vosotros mismos.

o  Desprenderos de todo lo sensible, de todo contento y haceros caminar en pura fe y pobreza de espíritu por la vía de la santidad.

 

– Las arideces y desolaciones son necesarias para llegar al conocimiento experimental de nuestra propia nada.

– La voluntad de Dios se cumple mejor en las arideces y desolaciones.

– El sagrado martirio de las penas interiores produce en el alma dos maravillosos efectos:

o  Purificarla de todo rastro de imperfección como hace el fuego en el purgatorio.

o  Enriquecerla de virtudes, en especial de paciencia, mansedumbre y de alta resignación a la divina voluntad, para contemplar bien las penas santísimas de Jesucristo.

 

– Los trabajos del espíritu son los primeros peldaños de aquella santísima y altísima escalera por la cual suben las almas generosas y grandes. 

·     Estima que debemos tenerles

-. Tened en gran estima las preciosas penas interiores porque miradas con, los ojos de la fe son:

o  Joyas emanadas de las fuentes del Santo Amor y son una gracia extraordinaria.

o  Alegrías de Jesús.

o  Tesoros inestimables con los cuales Dios enriquece a sus verdaderos siervos y adorna vuestro espíritu.

o  La parte más querida de los siervos de Dios.

 

– Miradas con ojos de fe no son más amargas sino más dulces y suavísimas.

– Dios no permite que uno permanezca sofocado por las angustias; pero si esto sucediese, -el mejor morir sería en un desnudo padecer sobre la cruz de Jesús, cantando: “Hágase tu voluntad”.

– En el cielo se ama y se goza, en la tierra se ama y se sufre, imitad a los santos; así como ellos en el cielo aman y gozan, vosotros aquí abajo amad y padeced.

CONDUCTA QUE DEBEMOS TENER

·     Desechad como peste los temores y turbaciones del espíritu:

– Dios quiere humildad no vileza.

– Ellas nacen siempre del demonio y de las demasiadas reflexiones sobre vosotros mismos. Desechadlas por amor de Dios y tendréis paz y os haréis santos.

– Las inquietudes son siempre de mala raíz y por eso es necesario humillarse dejándolas morir en el fuego de la santa caridad.

– el diablo os pone en mente temores turbaciones con el fin de que no hagáis nada bien. 

·     Hacerse un poco de sagrada violencia

– Al principio; después os sentiréis más livianos.

– En el abatimiento de espíritu, la parte superior debe virilmente mandar a la inferior con gran constancia: “Véncete a ti mismo”. 

·     Triturar las penas internas con la paciencia y el silencio

– Se hace con ellas una píldora amasada con el bálsamo de la Santísima Pasión de Jesús, se engulle con fe y con amor y se digiere con el calor de la Santa Caridad.

– Debéis padecer y callar en paz y sobre la cruz del dulce Jesús, en sagrado silencio de fe y de amor. 

·     Estar bien resignados

– A la divina voluntad en los sufrimientos internos, y estad segurísimos que después de la tempestad vendrá gran tranquilidad.

– En los padecimientos internos estad resignados y callados, tomando todo de la mano de Dios y besando la mano amorosa del gran Padre que os golpea con látigo rico de amor.

– Merecéis más y dais más gusto al Señor cuando en las arideces y obscuridades sois resignados y contentos del agrado de Dios, que si tuvierais todas las más altas consolaciones celestiales. 

·     Tener fe y confianza en Dios

– Mirad con dulce avivamiento de fe vuestras penas y desolaciones, creyendo que Dios se ha complacido hasta la eternidad de haceros caminar por esta vía, y de haceros semejantes a Jesucristo.

– Todas las desolaciones y penas de espíritu debéis tomarlas “sin miedo” del corazón de Jesús, mirándolas con ojos de viva fe en Dios.

– Expulsad la pusilanimidad y melancolía con actos de filial confianza en Dios.

– Estad seguros de que toda inquietud viene del enemigo: desterradla con actos de confianza. 

·     Haced morir toda pena en el fuego de la caridad ante las obscuridades del espíritu, no pongáis cuidado a los escrúpulos: destruidlos con el fuego del Santo Amor.

 

·     Amad la voluntad de Dios

Gozad de estar sobre la cruz con Jesucristo.

– Para sanar vuestros temores, desolaciones y amarguras, tenéis necesidad de esconderos en la Divina Voluntad alimentándoos de ella en espíritu y en verdad, sin dejar la oración jamás.

– En las arideces despertad dulcemente el espíritu con actos amorosos, y después reposad en Dios sin gozarlo, ni sentirlo entonces el alma se muestra más fiel.


  

IV. SEGUIR A JESÚS 

 A Purificada con la abnegación y con el amor a la cruz, el alma cristiana puede decirse qué está bien dispuesta y preparada para responder sin retardo a la invitación que Jesús le hace a seguirlo.

 Pero, ¿cómo se sigue a Jesús? A Jesús se sigue,
responde San Agustín, no con los pasos del cuerpo, sino con los afectos del corazón, imitando sus ejemplos, viviendo unidos a Él, con mente, voluntad y corazón, practicando aquellas virtudes que son propias de la vida unitiva, como:

o  La pureza de intención.

o  La presencia de Dios.

o  El recogimiento. La resignación al Divino querer.

o  El abandono y la confianza en Dios.

o  El amor a Dios y al prójimo.

o  El amor de la paz. La oración.

o  La devoción a la Santísima Eucaristía.

o  La devoción a La Pasión Santísima de Jesucristo.

o  La devoción a la Santísima Virgen.

 

En efecto, es por medio de estas virtudes, como anota el Catecismo Tridentino, que Cristo reina y vive en nosotros y que nosotros llegamos a ser ciudadanos de su reino y miembros vivos de su cuerpo místico, para poder decir con el apóstol, “vivo yo mas no yo, es Cristo quien vive en mí”. (Ga 2,20).

 En cada una de estas virtudes San Pablo de la Cruz nos ofrece sus enseñanzas para seguir a Jesucristo.

 “Grande honor y máxima gloria es seguir a Jesús, y por su amor despreciar todas las cosas. De hecho todos aquellos que de buen grado se someten a su santo servicio, obtendrán abundancia de gracias, encontrarán la dulcísima consolación del Espíritu Santo y hallarán gran libertad de espíritu. ¡Oh, querida, gloriosa y divina servidumbre, por la cual se hace el hombre verdaderamente libre y santo; Oh, servicio dignísimo de ser abrazado, ‘y siempre deseado, por el cual se gana el Sumo Bien, y se adquiere una gloria que durará sin fin! (Imitación de Cristo L. III. C.10).

1.  PUREZA DE INTENCIÓN

 

 La primera cosa necesaria para seguir a Jesús con toda la mente es la pureza de intención, la cual consiste en HACER TODOS LOS TRABAJOS ÚNICAMENTE POR COMPLACER A DIOS, según el consejo del Apóstol: “Todo lo que hagáis hacedlo a mayor gloria de Dios”. (1 Co 10,31).

 Para los hombres que ven sólo la exterior, una obra se mide por la fatiga que da el hacerla; pero para Dios que ve el corazón, el valor y el mérito de las acciones depende principalmente de la intención con la cual se hacen.

 Santa Magdalena de Pazzi dice; “Dios paga nuestras acciones a peso de pureza de intención”. Y San Agustín dice: “Cuando tú obres, no mires tanto a la grandeza externa de la obra sino al fin por el cual la haces, porque tanto harás de bien cuanto intentes hacer por la mayor gloria de Dios”.

EL DEBER 

·     Todo se debe a Dios

Sólo a Dios honor y gloria: a Él sólo el incienso suavísimo de todos sus dones. 

– Sea siempre vuestra intención pura en todas
las obras.

– No busquéis otra consolación que la de agradar a Dios haciendo su santísima voluntad.

-.Despojaos de todo deseo que no sea complacer
a Dios.

·     Para hacerlos cosa agradable a Dios

– Mejor cosa y más grata a Dios no podéis hacer, que hacerlo todo por su mayor gloria.

– Vuestras fatigas llegarán delante de Dios como perfumado incienso, con tal de que las hagáis para su mayor gloria y por puro amor suyo.

·     Y para hacer el bien

Si vuestra intención es recta y pura, por la sola gloria de Dios.

– Buscad solamente complacer a Dios, dejando decir lo que quieran.

– Si uno piensa dar gusto a Dios» Dios pensará en él

LAS CONDICIONES

·     Estar desprendidos de las criaturas

– Estad desprendidos de todo, ocultos y escondidos a los ojos de todos, con el solo deseo de complacer solamente a Dios en todo tiempo y lugar sin tomar fastidio o pena de otra cosa que no sea disgustarlo.

– Purificad todos vuestros afectos procurando que todos sean dirigidos a Dios.

– Gozad que Dios os despoje de todo contento para aprender a servirlo con mayor pureza de intención.

– Quien no quiere otra cosa que el gusto de Dios deja el cuidado y el pensamiento de sí a Dios mismo. 

·     Buscar complacer solamente a Dios

Teniendo el corazón vuelto al cielo.

– Procurad tener una intención purísima en todas vuestras acciones, de complacer únicamente al Señor, y de dar gloria sólo a Él.

– Si el mundo anduviese al revés no os toméis fastidio de nada, y no tengáis otro cuidado que el complacer a Dios, y hacer todo por su gloria. 

·     Hacer todo con tranquilidad y paz

Con purísima intención, con profundo recogimiento, sin filosofar tanto sobre sí mismo y sobre las propias acciones, con simplicidad.

– Antes de poneros a trabajar decid así: Mi pobre corazón, ¿por quién trabajas tú? Sentiréis que el pobre corazón os responde con voz de fe; yo trabajo por la gloria de mi Dios, y entonces vosotros decís: Si es así, haga todo bien y con paz.

·     Y por puro amor

– Haced toda cosa con paz y sin prisa, por puro amor de Dios.

– Es necesario que la observancia exterior de la Regla sea siempre animada y acompañada del espíritu interior del corazón. Dios no quiere que se haga el bien por fuerza sino por amor.

– Todas vuestras acciones, palabras, suspirosas penas y trabajos sean santificados con el amor de Dios, teniendo el corazón vuelto a Él con santos afectos.

-Buscad cada día de hacer deiforme vuestra intención, es decir, toda divina, obrando siempre en Dios y por sólo su amor, uniendo vuestro obrar con el de Jesucristo Salvador Nuestro.


2. PRESENCIA DE DIOS

 Quien obra por complacer a Dios, no puede menos de tener a Dios presente en todos sus pasos, Por eso la pureza de intención, de la cual habíamos hablado, es preparación y disposición al santo ejercicio de la presencia de Dios: otra cosa necesaria a quien quiera seguir a Jesús con toda la mente y vivir a El unido. 

 Es fácil descubrir cuáles son las inmensas ganancias de esta práctica respecto a nuestra santificación: Nos tiene alejados del pecado, estimula nuestra energía para el bien, acrecienta nuestra confianza en Dios y nos infunde alegría y ánimo para superar todas las dificultades.

 “Yo tengo siempre al Señor delante de mis ojos porque El está a mi diestra yo no vacilaré”. (Prov. 15,8). 

 La mayor parte de las faltas de las
piadosas, dice San Francisco de Sales, deriva del hecho de que ellas no se ejercitan lo suficiente en el pensamiento de la Divina Presencia; y añade que este pensamiento debería ser como el pan cotidiano, y andar unido a todas nuestras acciones, como precisamente el pan acompaña todos nuestros alimentos.

 San Pablo de la Cruz practicó constantemente este ejercicio y lo inculcó a sus hijos, a los cuales, como dice una antífona de su fiesta, enseñó como primera cosa a caminar con Dios. El nos explica el fundamento, las ventajas y la práctica de esta actitud.

EL FUNDAMENTO

·     Dios está con nosotros y en nosotros

– Dios está todo en vosotros y vosotros estáis en Dios; y más sois en Dios que en vosotros mismos.

– Dios está más cerca de nosotros que nosotros mismos; mucho más cercano que la piel de nuestra carne. 

LAS VENTAJAS 

·     Medio para hacer siempre oración

– Manteneos siempre en presencia de Dios, así haréis continua oración, también en medio de vuestros quehaceres, porque el siervo de Dios hace continua oración con atención amorosa a la Divina presencia. 

·     Y para hacerse santos

– La continua presencia de Dios es rica de todo bien.

– Jesús está en medio de vuestro corazón y os quiere hacer santos. 

·     Divina presencia que ensalza los corazones

– Cuando pienso que mi alma es templo de Dios, que Dios está en mí, que yo vivo, respiro y obro en Dios, ¡Oh, cómo se alegra mi corazón!

– iQué bello es estar en pura fe en la presencia de Dios! 

LA PRÁCTICA

·     Hacer todos los trabajos en la presencia de Dios

– Caminad en la Divina presencia.

– Obrad con diligencia, pero con paz de corazón y espíritu reposado, estando en la presencia de Dios.

·     Recordarse de Dios reavivando la fe

– Olvidaos de todo: perded de vista todo; recordaos sólo de Dios.

– Reavivad la fe en la Divina presencia, levantando el espíritu con algún afecto hacia su Divina Majestad.

·     El corazón en alto, en Dios

– Estad en la Divina presencia: trabajad con las manos, pero con el corazón hablad con Dios, de corazón a corazón, despertando vuestro espíritu con afectos de amor. 

·     Ayudarse con oraciones y jaculatorias

– Estad en presencia de Dios ayudándoos con oraciones y jaculatorias, recogidos en vosotros mismos, despertando a vuestro espíritu consagrados coloquios.

– Podéis hacer así: ¡Oh, alma mía! ¿Cómo te olvidas de tu Dios? Ah, Dios mío que sois conmigo y en mí; yo vivo todo en vos y por vos. Alma mía mira con los ojos de la fe a tu Dios. Dios habita en ti: tú eres el templo de Dios: dentro de ti está Dios, fuera de ti está Dios, tú vives en Dios, obras en Dios: Oh, alegría, Oh amor, Oh, fuego, Oh, caridad. 

·     Caminar con humildad, a la buena, sin fatigar la cabeza

– Estad en la presencia de Dios como un pobre que pide limosna a su gran. Padre.

– Estarse siempre en el conocimiento y meditación de la propia nada, en, la presencia de Dios, con espíritu de suavidad, revisando a menudo dulcemente la fe, sin esfuerzo de cabeza o de pecho, creyendo que Dios está todo, dentro de vosotros, en vuestro corazón en el alma, en el cuerpo, y en todo lugar.
 

3- ESCOGIMIENTO 

 La pureza de intención y el ejercicio de la presencia de Dios conducen insensiblemente alma a la vida de recogimiento y de unión con Dios, que es la tercera cosa necesaria para seguir a Jesús con toda la mente.

 San Francisco de Sales decías “con el recogimiento nosotros nos retiramos en Dios, o atraemos a Dios a nosotros”.

 Sin el recogimiento no hay progreso espiritual, Las mismas gracias que Dios hace a un alma
no establecida en el recogimiento, dice un célebre autor, “no son otra cosa que fugaces huellas trazadas en el agua o inconstantes signos impresos en la arena”.

 Nosotros podemos mantenernos recogidos en todo tiempo y en toda ligar porque no hay oficio, compañía o empleo, que pueda impedirnos volver nuestro pensamiento a Dios, y entretenernos con El en el interior de nuestro corazón.

 De esta vida de interno recogimiento San Pablo de la Cruz nos expone la naturaleza, las ventajas y la práctica.

NATURALEZA DEL RECOCIMIENTO. ¿Qué cosa es? 

 El recogimiento interno es aquella sagrada soledad interior, en la cual Dios habla alma palabras de vida eterna. Es más puro y más noble cuando está más en fe y menos en lo sensible. 

·     Sus fundamentos

– Recordad que vuestra alma es templo vivo del Altísimo.

– Conservad el recogimiento: esto es lo que desea de vosotros el Señor. 

·     Condiciones: fe, amor y escondimiento

– Estad siempre recogidos dentro de vosotros mismos, en el templo interior de vuestro espíritu solitarios con Dios, así tendí campo para arder en santo amor, aún en medio de las ocupaciones.

·     Debe ser continuo en cuanto se pueda.

– EL verdadero siervo de Dios va siempre en compañía de Jesucristo.

– Procurad que vuestros lugares de delicia sean estos tres: el coro, la celda y el templo interior de vuestro espíritu.

– De este templo no salgáis jamás, mas bien, en pura y desnuda fe, adorad al Altísimo en espíritu y en verdad.

– Este recogimiento llevadlo a todas partes. 

·     No excluye las ocupaciones

– El recogimiento no os disminuye la atención debida a vuestros quehaceres, antes bien, los hará hacer con mayor diligencia y perfección porque ser en obras perfumadas con el bálsamo del santo amor. 

– Por medio del recogimiento el alma une las acciones por el prójimo con el trato amoroso con Dios.

– Estaos haciendo la voluntad de Dios quietos y recogidos en los quehaceres.

VENTAJAS DEL RECOGIMIENTO

·     Vía corta para la santidad

– Trabajad, servid a todo, pero en paz, amando a Dios y con el espíritu en brazos del dulce Jesús.

– Estad en vuestra “casa” -celda interior- y aprenderéis la ciencia de los santos. 

·     Medio para hacer siempre oración

– Vuestra alma se acostumbrará a estar siempre en oración, si está siempre recogida en Dios.

– Del recogimiento procede todo bien porque estrecha el alma con Dios, renace a “una nueva vida de amor en el divino verbo, Cristo Jesús.

– Adorad a Dios en espíritu y en verdad, estando en vuestra nada, que así recibiréis del Señor todo bien.

PRACTICA DEL RECOGIMIENTO 

·     Evitar esfuerzos de cabeza

– Para manteneros en íntimo recogimiento, no hagáis esfuerzo de cabeza, sino estad con modo pacífico, quietos, sin estrépito, en el desierto interior.

– Tened en gran estima el recogimiento y la sagrada soledad interna y allí reposad vuestro espíritu ‘in sinus Dei’ como un niño. 

·     Vivir desprendido de toda cosa creada

-Para haceros cada vez más dispuestos a recibir la gracia del recogimiento:

o  Estaos en resignación y fidelidad a los, divinos quereres desprendidos de toda cosa creada.

o  Vuestro interior sea bien regulado, sereno y desprendido.

o  Cerrad la puerta en la cara a todas las criaturas, estándoos bien encerrados en vuestro gabinete, para tratar de solo a solo con el Sumo Bien.

 

o  Custodiar los sentidos

– Podéis estar unidos con Dios en todo lugar y conservar el santo recogimiento, teniendo bien custodiados los sentidos externos en especial los ojos y la lengua.

– Sed cautos en el hablar, amando el desprecio de vosotros mismos, humildes, obedientes, mansos y todo caridad.

– Vivid santamente alegres, pero huid de las bufonerías que disipan el espíritu.

– Estad de buena gana en la celda huyendo en lo posible de todas las ocasiones de hablar. 

o  Tened la mente y el corazón en Dios, pensando a menudo en El y llevando en, vuestro interior un manojo de las penas de Jesús y de los dolores de María Santísima.

– Reposad en sagrado silencio de fe y amor, desechando los pensamientos de la patria y de los parientes, con los cuales el demonio procura enturbiar el espíritu.

– Haced de vuestro corazón un tabernáculo llevándoos espiritualmente el Santísimo Sacramentado, y teniendo intención de asistir a todas las misas que se celebran en el mundo.

– Reposad en el seno amoroso de Dios como un niño. ¡Oh, cuanto dice el amante a su Dios aquel sagrado silencio de amor! 

o  Despertad el corazón con santos afectos en medio de las ocupaciones, estando dentro de vosotros mismos.

– Una palabra de amor basta para tener recogido el corazón por un buen tiempo.
 

4. CONFIANZA EN DIOS

 Para seguir a Jesús es necesario estar unidos a Él, no sólo con la mente sino también con la voluntad, la cual porque es la reina y reguladora de las otras potencias, tiene grandísima importancia para la vida de perfección. Las buenas ideas no devienen virtud sino a través de la voluntad, a la cual corresponde traducirlas en generosos propósitos y en obras santas y virtuosas. 

 Una de las virtudes principales con las cuales la voluntad se une a Dios es la filial confianza en El, según el ‘Naval’ no es otra cosa que la esperanza cristiana.

 Dice el real profeta que “aquellos que confían en el Señor serán como el Monte Sión, y no vacilarán nunca”. “Ellos, añade Isaías, renovarán continuamente su fuerza, restablecerán como águilas sus plumas y volarán sin jamás cansarse”. (Is 40,31). 

 Por eso el apóstol nos recomienda calurosamente “no perder nunca esta confianza, que tiene en sí grandes y magníficas promesas”. (Hb 10,35). 

 Las mismas recomendaciones nos hace San Pablo de la Cruz, declarando los motivos y las cualidades de esta importante virtud. 

MOTIVOS DE NUESTRA CONFIANZA EN DIOS 

o  Dios en Padre amorosísimo y potentísimo

– Estad contentos y confiados en Dios. El es Padre amorosísimo y deja perecer antes el cielo y la tierra que a quien en El confía.

– Cuando el caso parece más desesperado, entonces Dios nos hace ver qué gran Padre es El.

– Las obras de Dios son combatidas para que más resplandezca en ellas su divina magnificencia. Cuando más aparecen por tierra entonces más se ven surgir a lo alto.

o  Tiene cuidado de nosotros

– En todos los eventos es necesario huir a la inexpugnable fortaleza de la confianza en Dios.

– Abandonaos en los brazos amorosos de Jesús, que El piensa por vosotros.

– Servid a Dios con perfección, y no dudéis de nada, que el Señor pensará en todo. Confiad en El, que os ayudará en todas vuestras necesidades espirituales y temporales.

– Vivid quietos, que antes perecerá el mundo que Dios falte a quien espera en El. 

o  Y nos colma de gracias

– Su Divina Majestad enriquece de dones, ayudas y luces celestiales a quien no se fía de sí mismo, sino que confía solamente en El.

– Si os armarais de gran confianza en Dios, veríais cuánta fuerza El os daría para resistir el peso que El os ha cargado.

– Confiad en Dios y estad ciertos que os vendrá
gran serenidad.

– No será jamás abandonado quien confía en el Señor. Ni será engañado jamás. 

CUALIDADES DE NUESTRA CONFIANZA EN DIOS 

o  Fuerza y constancia

– Desconfiad de vosotros mismos y confiad mucho en Dios. Quien espera en El es fuerte en la fe.

– Sed constantes y fieles en el Señor, tomando todo lo que El disponga como óptimo.

– Desechad como peste las tentaciones de desconfianza. 

o  Simplicidad y humildad

– Reposad en el seno de Dios como un niño en el seno de su madre, con suma confianza, y siempre con profunda humildad.

– Si caéis en defectos no solamente siete, veces, sino diez o cien, no por esto debéis perder vuestra confianza en Dios, sino humillaos con dolor amoroso y amor doloroso.

– Yo no estoy apoyado en otra cosa que en la, Divina protección, de la cual espero grandes cosas, en especial porque falta totalmente la protección de los hombres.

5. RESIGNACIÓN A LA VOLUNTAD DE DIOS 

 Quien verdaderamente confía en Dios, se adecua voluntariamente en todas las cosas a su Santísima voluntad, sabiendo que nada sucede sin el querer y el permiso de Dios; y que Dios siendo infinitamente bueno, nada quiere y nada permite sino aquello que sea bien para nuestras almas.

 Por eso a la vez con la confianza en Dios, el alma que quiere ser toda de Jesús, debe cultivar y practicar la virtud de la resignación a los divinos quereres, no lamentándose jamás de lo que le sucede, sino aceptando todo de la amorosa mano de Dios.

 En esta humilde y afectuosa resignación está escondida, según Santo Tomás, toda nuestra santidad y perfección, ya que conformarse a la voluntad Divina, fuente y norma Suprema de toda justicia, no es otra cosa que querer hacer siempre y únicamente lo que es más perfecto y más santo. 

 San Pablo de la Cruz nos habla sobre las ventajas y la práctica de la resignación. 

VENTAJAS DE LA RESIGNACIÓN

o  La virtud que más agrada a Dios es la resignación

– El mayor bien que Dios quiere para cada uno de nosotros, es el cumplimiento de su santísima voluntad.

– En todo evento conviene resignarse a la santísima voluntad de Dios con prontitud de espíritu, y recibir tanto lo próspero como lo adverso, por dar gusto a su Divina Majestad.

– Merecéis más y dais más gusto al Señor cuando sois resignados en las arideces y obscuridades, más que si tuvieseis las más altas consolaciones celestiales.

– Dejémonos gobernar por el Señor y caminaremos por la vía que a Él le gusta por espinosa que sea.

– Jesucristo decía a sus discípulos que su alimento era hacer la voluntad del Eterno Padre.

– Quien mes padece con paciencia y resignación más se asemeja a Jesucristo. 

o  EL mejor consuelo en los trabajos es la resignación al Divino Querer.

– La resignación a la santísima voluntad de Dios es remedio eficacísimo en las tribulaciones, en todos los males, trabajos y siniestros eventos, los cuales mirados en el Divino Beneplácito se convierten en paz y consolación.

– Si supiéramos conformarnos a la divina voluntad, encontraríamos paz y sentiríamos desaparecer todas nuestras inquietudes. 

o  Medio eficacísimo para obtener gracias: también para cosas temporales.

– Permanezca la resignación bien radicada en vuestros corazones, y estaréis mejor dispuestos a recibir toda plenitud de gracias espirituales y temporales.

– Poned todo trabajo en las llagas de Jesucristo, qué en tal forma os enriqueceréis de grandes méritos.

– La verdadera resignación a la divina voluntad es el tesoro de los tesoros.

o  Y para ser santos

– Quien es resignado es más santo porque la resignación encierra la perfecta caridad donde está toda virtud.

– Resignaos en todo y por todo al Divino querer, porque esta es la vía segura para alcanzar el cielo.

– “Padre mío, hágase tu voluntad”. En estas divinas palabras está comprendida toda la santidad. 

PRACTICA DE LA RESIGNACIÓN 

o  Resignación en todas las cosas

– Todo vuestro estudio sea estar recogidos en
vuestro interior, en alta resignación a la Divina voluntad, en todos los trabajos que El permite y en todas las ocupaciones y fatigas en las cuales os encontráis. 

– Dejemos a Dios el cuidado de todo, atendamos
a nuestros deberes y estemos seguros que todo sucederá bien.

o  No pensar en él mañana

– Vivid cada momento haciendo siempre el Divino Beneplácito. 

– La perfecta resignación se ejercita, en las cosas que más se desean, esperando pacíficamente y con perfecta sumisión a la visita del Señor.

o  No lamentarse

– Vivid abandonados a la Divina voluntad, sin lamentarse ni interior ni exteriormente, ni con Dios ni con las criaturas. 

– No hagáis querellas con Dios; sino decid simplemente: Dios mío, hágase tu voluntad santísima.

– Sufrid en silencio profundo y sólida esperanza. 

o  Mirar todos los trabajos con ojos de fe

– Resignación a la voluntad de Dios en todas las cosas, mirando con ojos de fe todos los trabajos, como cosas óptimas porque queréis a Dios.

– Tomad toda pena (dolor) de la mano amorosa de Dios, que no puede querer sino lo mejor.

– Bebed el cáliz de Jesús a ojos cerrados, sin querer saber qué cosa haya dentro, basta saber que el cáliz lo da el dulce Jesús.

 

·     Hacer frecuentes actos de resignación a la voluntad de Dios, abrazándoos a la cruz de Jesús, estando con El crucificados, y padeciéndolo que su Divina Majestad dispone, en silencio de fe y de santo amor.

– Gritad de continuo al corazón sacratísimo de nuestro Salvador: “Hágase tu voluntad”.

– Sea siempre hecha la voluntad de Dios: a esta sólo me acojo, y sólo ésta deseo que sea mi alimento.
 

6. ABANDONO EN DIOS 

 Anota San Francisco de Sales que el abandono en Dios es algo más perfecto que la simple resignación, porque resignarse significa plegarse, rendirse, someterse, lo que no sucede sin alguna contrariedad y rechazo; abandonarse, en vez, quiere decir, renunciar enteramente a la propia voluntad para darla a Dios, aceptando con absoluta indiferencia, antes bien con amor y con alegría, todos los eventos según sean de su Providencia ordenados o permitidos. Quien vive abandonado en Dios, quiere lo que Dios quiere, ama lo que El ama y se alegra y goza también en medio de las tribulaciones, y persecuciones, a imitación de los apóstoles los cuales “iban gozosos ” porque habían sido dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús”. (Hechos 5,41).

 El abandono en Dios, es pues, según el mismo santo, “la virtud de las virtudes, la flor de la paciencia y el fruto de la perseverancia: Virtud verdaderamente grande y digna solamente de los hijos predilectos de Dios. 

 “EL espíritu de abandono, escribe también ‘Marmion’, constituye la esencia de la profesión monástica y debe animar todos los actos que se derivan para hacerlos fecundos. Cuando el espíritu de abandono informa la vida de un monje, él puede decirse santo, porque la santidad no es otra cosa que la conformidad de nosotros mismos a Dios, el ‘Fiat’, de amor con el cual la criatura acepta siempre y totalmente los divinos quereres; y lo que hace pronunciar este amén, este ‘fiat’, y quien se nos da en oblación perfecta, es el espíritu de abandono que resume en sí la fe, la esperanza y el amor”. (Cristo idéale del Mónaco padre289). 

 “De esta sublime virtud San Pablo de la Cruz, nos hace conocer las condiciones y los frutos.

LAS CONDICIONES

 

·     Abandonarse totalmente a la santísima voluntad de Dios, que sabrá encontrar la vía para conducir a término toda cosa para su gloria.

– No penséis en el mañana sino dejad todo al cuidado de Dios. En tanto que se piensa en estas miserias se pierde de vista al Sumo Bien.

– Estad fuertes en perseverar en la divina gracia en el total abandono en Dios sin reflexionar en el padecer ni en el gozar, sino que todo vuestro contento sea el del Altísimo.

– Vivid abandonado en el seno del Padre Celestial, en silencio sagrado de fe, de esperanza y de amor. 

·     En todos los eventos

– El verdadero abandono de sí mismo en las manos de Dios abraza una perfecta resignación a la divina voluntad en todos los eventos.

– Un verdadero hijo de la Pasión, en todo evento de vida o de muerte, debe estar abandonado al Divino Querer. 

·     Especialmente en los trabajos (sufrimientos)

– La voluntad de Dios se cumple mejor en los trabajos que en las consolaciones, porque en el gozar siempre se pega nuestra voluntad.

– De este alimento supraceleste de eterna vida se alimenta el alma amante.

– Procurad cada vez más desprenderos de todo y de todos, complaciéndoos solamente en hacer la voluntad de Dios en un desnudo padecer, sin buscar consolación de ninguno.

– Recibid todo vuestro padecer, tanto del cuerpo como del espíritu de la mano amorosa de Dios con silenciosa paciencia y alta resignación, estando sobre la cruz, con, total abandono. 

·     Como simples niños vivid abandonados en el seno amoroso de Dios.

– Los designios de Dios son altísimos y profundísimos, pero ocultos: dejémonos guiar de Él como niños.

– No pongáis cuidado al diablo que os perturba; fiaos de Dios y abandonaos en El.

– No penséis en el futuro, es decir en las penas, ayes y otros eventos que os pone delante la fantasía, más bien hacedlos morir en la voluntad de Dios, dejándole a Él el cuidado de todo y estando abandonados en las manos del Padre Celestial, sin pensar en el mañana.

– Haced muy bien en lanzaros como muertos en los brazos de la divina misericordia, para que haga en vuestro espíritu el trabajo que más le guste. 

·     Alimentarse de la Divina Voluntad

– Se alimenta el alma de la voluntad de Dios cuando con alta abstracción de todas las cosas creadas y de todos los contentos, padece con pacífico silencio de fe y de amor toman do con la misma paz las cosas prósperas que las adversas. 

– Alimentaos de la voluntad de Dios en alta pobreza de espíritu y desnuda soledad, en, tal forma llegaréis a ser un vivo retrato interior del esposo celeste.

– Jesús dijo que su alimento era hacer la voluntad del Padre Celestial.

– He abandonado todas mis cosas en el Divino Beneplácito ni me cuido de saber algo si no de alimentarme en todo momento de la divina voluntad, alimento delicado y suave, si bien un tanto amargo al paladar de los sentidos rebeldes.

– Hago cuanto puedo con la gracia de Jesucristo de hacer fiesta en cualquier evento dejándolo desaparecer y absorber en la divina voluntad. 

LOS FRUTOS ESPIRITUALES

·     Tranquilidad y Paz

– Abandonarse en todo en los brazos de la divina misericordia es un medio eficacísimo para estar siempre contentos en Dios y es bálsamo para toda llaga.

– En el abandono en Dios se encuentra toda paz y desaparece toda inquietud.

– Abandonados en Dios seréis felices y probaréis un sabio anticipo del paraíso aquí en la tierra.

– Dios todo lo dispone para nuestro mayor bien, y sabe consolarnos cuando menos lo pensamos.

-Todo va a mi modo porque todo va como Dios quiere.

·     Abundancia de gracias

– El verdadero modo de enriquecerse de gracias, en medio de las penas internas y externas, es hacer la voluntad de Dios.

– La infinita bondad de Dios colma de grandes bendiciones y de innumerables gracias a aquellas almas que viven abandonadas a su voluntad.

– Porque deseo que aprovechéis en las vías del santo Amor, os aconsejo abandonaros cada vez más a la voluntad de Dios. El pensará por vosotros. 

·     Perfección y santidad

– La cosa más perfecta que se puede hacer es abandonarse en todo a Dios, tanto en las cosas prósperas como en las adversas mejor vía para hacerse santos.

– Cuando hagáis morir místicamente todas vuestras solicitudes, deseos e inclinaciones en el perfecto abandono a Dios, llegaréis a ser santos muy pronto.

– Quien vive abandonado en Dios no perecerá.

7. AMOR DE DIOS 

Nuestra unión con Dios, iniciada en la mente y la voluntad, tiene su perfección y su coronamiento en el corazón, que es precisamente el don, que sobre toda otra cosa, el Señor pide a sus hijos. 

 El amor de hecho, del cual el corazón es la expresión y el símbolo, es esencialmente virtud unitiva, y constituye por eso mismo “el vínculo de la perfección” y la esencia de la santidad. 

 Sin el amor para nada sirven todas las otras virtudes. El apóstol dice: “Si yo hablase las lenguas de los hombres y de los ángeles, y no tuviese amor, no sería más que un bronce que resuena y una campana que retañe. Y si tuviese el don de profecía y conociese todos los misterios y toda la ciencia y tuviese una fe como para trasladar montañas, y después me faltase el amor, no sería nada. Y si también distribuyese a los pobres todo lo que tengo, y diese mi cuerpo para ser quemado, y no tuviese amor, no tendría ninguna utilidad”. (1 Cor.13 1ss.). 

 “Gran cosa es, pues, el amor: grande en todo sentido, ya que aligera toda carga, tolera con ánimo igual toda desigualdad, lleva el peso sin sentirlo, y hace dulce y gustosa toda cosa amarga. Nada es más suave que el amor, nada es más fuerte, nada es más sublime, nada más extenso, nada más alegre que el amor, nada más rico y más excelente en el cielo y en la tierra”. 

 San Pablo de la Cruz, quien tuvo viva y ardiente en el corazón la llama del amor divino para quemarse el sudario de la parte izquierda del pecho, nos ha dejado bellísimas enseñanzas sobre la naturaleza y sobre la práctica del amor a. Dios. 

NATURALEZA DEL AMOR DE DIOS

·     La reina de las virtudes es la santa Caridad y la unión con Dios. El Santísimo amor de Dios es el alimento de nuestra voluntad.

– El don del santo Amor es el tesoro de los tesoros. El maná que Dios da a quien vence. 

·     Motivos

-Dios es todo fuego de amor. Amad a este querido Dios que tanto os ama.

– Jesús que es la verdadera luz del mundo ilumine vuestras mentes e inflame vuestros corazones con el fuego de su santo amor.

– Jesús que es nuestro camino, verdad y vida, sea siempre el único objeto de nuestro amor.

– Una sola cosa es necesaria; ¿Cuál? Pensar en Dios, amar a Dios, y hacer todo aquello que pueda por darle gusto. 

·     Prerrogativas

– El amor de Dios es celoso: un granito de afecto desordenado a las criaturas, basta para arruinarlo todo.

– El amor de Dios es fuerte como la muerte.

– El amor es virtud unitiva y hace suyas las penas del Amado Bien.

·     Contraseñas

La verdadera contraseña del amor es el padecer grandes cosas por el Amado Bien.

– Quien ama verdaderamente a Dios desea padecer y hacer grandes cosas por El, cuanto hace y cuanto padece todo le parece poco. 

·     La lengua del amor es el corazón que arde, se licua, se consume y se convierte en ceniza en holocausto al Sumo Bien.

– El amor deja hablar poco, y se expresa con el silencio.

– Basta una sola palabra de amor para tener el alma largo tiempo en oración. 

PRACTICA DEL AMOR DE DIOS

·     Ir en búsqueda del purísimo amor de Dios, siempre, siempre.

– Se debe extraer el amor de Dios de todas las criaturas; para hacerlo es necesario estar desprendidos, antes bien, muertos a las mismas. 

– Paseando fuera, solitarios, escuchad la prédica que os harán las flores, la hierba, el cielo y todo lo creado, y sentiréis que os harán una prédica toda de amor de Dios. 

·     Mantenerlo siempre encendido

– Es necesario tener siempre encendido el fuego de la caridad en nuestro corazón que es el verdadero altar donde el alma se sacrifica al Sumo Bien toda ella en víctima de holocausto.

– Para mantener encendido el fuego del santo amor sobre el altar de vuestro corazón debéis: 

o  Hacer frecuentes actos de humildad.

o   Tener despierto vuestro corazón con oraciones y jaculatorias.

o  Hacer frecuentes visitas al Santísimo Sacramento.

o  Hacer la comunión espiritual frecuentísima.

o  Mantener encendido el corazón con el manojito de mirra de los leños perfumados de las penas de Jesús.

 

– Para ser pronto incinerados por aquel fuego divino es necesario morir a todo y convertirse en, leña bien seca.

·     Vivir de santo amor

– Atended al amor santísimo y a vivir vida de amor en Dios, estándoos inmersos en su caridad en lo más íntimo de Vuestro interior.

– Sea vuestro corazón siempre humilde y dócil y todo fuego de caridad, y que se consuma cada vez más en holocausto al Sumo Bien, en aquel “Sancta Sanctorum” del Corazón de Jesús.

– Jesús os bendiga y os queme de amor.

– Reine siempre en mí el amor del Divino Esposo Jesús: iViva el amor de Jesús!

·     Amar, padecer y callar

– El alma amante se conoce en el padecer de buena gana con paz y resignación.

– Para alcanzar una gran unión con Dios por medio de la santa caridad, es necesario pasar por grandes pruebas.

– Aquellos que su Divina Majestad hace pasar por la vía del puro, recto y santo amor, es necesario que pasen por la encrucijada de un puro padecer, con el fin de que el alma bien purgada y limpia de todas aquellas imperfecciones que son imperceptibles a nuestros ojos, vuelve en alto y se repose en Dios todo amor y caridad.

– Ser crucificados con Cristo, es el medio más eficaz para alcanzar la perfección del puro, santo y recto amor de Dios.

– El verdadero amor se ejercita sobre la cruz del Amado Bien.

– En la meditación de la Pasión de Jesús, el alma, como abeja ingeniosa, liba la inefable a dulzura de la miel y la leche del santo amor. 

·     Reposar en el divino corazón de Jesús, que es la fuente del Santo Amor.

– Estaos en el Corazón purísimo de Jesús, amadlo con su mismo corazón, y dejaos penetrar en un vivo dolor de los ultrajes que a Él son hechos en el Santísimo Sacramento reparándolos con humillaciones, afectos, alabanzas y acción de gracias.

– Poned vuestros corazones en aquella ardientísima fuente de amor del corazón de Jesús, para que permanezcan inflamados de vivas llamas de santa caridad. En este corazón quiero que moréis siempre, pero en pura fe. El corazón purísimo de Jesús es el Rey de los corazones.

– En el corazón dulcísimo de Jesús se bebe a mares el fuego del Santo Amor.

8. AMOR AL PROJIMO 

 A aquel doctor de la ley que quería saber cuál era el primero y el más grande mandamiento, Jesús responde: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y el más grande de los mandamientos. El segundo es semejante a este amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 22,37-39).

 Nada más grande y más sublime se podía decir del amor al prójimo. Es semejante al primer precepto del amor de Dios, porque no constituye con el mismo más que una sola y única virtud por razón del mismo objeto formal. El amor de Dios es aquello que nos induce a amar al prójimo, y el amor del prójimo tiene en Dios mismo su fundamento y su razón de ser. 

 Todas las virtudes, dice San Gregorio, comentando las palabras del Evangelio, “En la caridad tienen su fundamento; y como las muchas ramas de un árbol toman vida y alimento de una única raíz, así todas las virtudes que forman la perfección y la belleza del alma ‘ex una caritate generantur’ “. (Nacen en la caridad). 

 San Pablo de la Cruz nos habla de la excelencia y del modo de practicar el amor al prójimo. 

EXCELENCIA DEL AMOR AL PROJIMO

·     Sus ruegos

– Amaos, amaos, porque en esto se conoce la caridad de Dios.

– Recordad que jamás complaceréis a Dios si no os amáis recíprocamente.

– Os ruego tener siempre en la memoria este santísimo precepto de amor que Jesús dio a sus apóstoles, antes de ir a la muerte: “Mis carísimos apóstoles, os doy un nuevo precepto, que os améis entre vosotros como os he amado yo”. (Jn.15, 17).

– La caridad es la reina de las virtudes

– La verdadera caridad es signo clarísimo de ser nosotros verdaderos discípulos de nuestro amor crucificado. 

·     Sus frutos

– La perfecta y fervorosa caridad es la preparación más eficaz para obtener del Señor luces y gracias.

– La caridad de muchos corazones los hace uno solo por unión de santo amor en Dios, y los hace dóciles, humanos, concordes, pacíficos y bien dispuestos, para conocer la voluntad de Dios.

– Gozo de las ocasiones que Dios os da para ejercitaros en obras de caridad sobre la cruz de Jesús donde extraeréis minas riquísimas de inestimables tesoros.

– La caridad es rica de obediencia, de paciencia, de mansedumbre, y de todo bien. 

PRACTICA DEL AMOR AL PRÓJIMO

·     Mirar al prójimo en Dios, en el costado de Jesús: así lo amaréis con amor puro y santo.

– Amemos al prójimo en Dios y a Dios en el prójimo.

·     Caridad con todos; intimidad con ninguno. Vivid desprendidos de toda criatura.

– Sobre todo haced resplandecer en vosotros la santa caridad, con amaros recíprocamente.

– Dad el primer puesto al alma: así lo requiere la caridad bien ordenada.

·     Pensar bien de todos mirándolos con gran caridad en Dios, y reconociéndoos vosotros sólo como malos, duros e imperfectos.

– Tened buen concepto de todos y pésimo concepto de vosotros mismos.

– Atended a vosotros mismos y no miréis la conducta de los otros sino para edificaros.

– Sed simples como niños, juzgando todo de buena manera, y excusando a todos con buena intención, atribuyendo a efecto de tentación lo que parece contrario.

– La peste de la comunidad religiosa es el querer juzgar las acciones de los otros, perdiendo de vista las propias. 

·     Hablar bien de todos para conservar y aumentar la santa caridad.

– ¡Oh, qué gran gusto se da a Dios, y qué mérito grande se adquiere para sí mismo con guardarse de las palabras incautas, punzantes y mortificantes!

– No seáis tajantes en las conversaciones y en las expresiones; sed caritativos y dulces, pero ‘cum caritate et maturitate’ (con caridad y madurez).

·     Tolerare e y ayudara e recíprocamente: en las necesidades haciendo resplandecer la caridad.

– Servid de buena manera a los otros: ejercitaos en la caridad para con todos, que Dios os tiene preparados grandes tesoros.

– Sed dóciles, servíos los unos a los otros, consolándoos mutuamente. 

– Cuánto gozo que se ejercite la caridad con
los pobres enfermos; Cuánta riqueza espiritual os dará Dios.

– Es grande gracia del Señor poder ejercitar gran caridad hacia las personas adversas, mirándolas como instrumentos nobilísimos de los cuales se sirve Dios para enriquecer vuestra alma de virtudes.

·     Desechar las aversiones

– Desechad dulcemente las aversiones con mostraros cordiales, haciendo al mismo tiempo un acto interno de caridad.

– La verdadera caridad excluye el resentimiento e incluye nuestro provecho en nuestro desprecio.

– Proceded hacia todos con verdadero espíritu de caridad y mansedumbre.

– El espíritu de los siervos del altísimo ha estado siempre en ser discretamente rigurosos con sí mismos, pero al máximo, caritativos y dulces con el prójimo.

– No haya nunca entre vosotros ninguna disensión, y si alguna vez decís alguna palabra áspera, apaciguaos pronto y no dejéis tomar posesión de vuestro corazón al enojo. 

·     Avisos y correcciones

– Las correcciones deben ser: 

o  A tiempo y lugar.

o  Con prudencia. Dulces, breves y oportunas.

o  Que resplandezca en ellas la cordialidad; (de otro modo) en cambio de curar una llaga se hacen diez.


9. AMAR Y CUSTODIAR LA PAZ 

 Un corazón lleno de amor de Dios y del prójimo es un corazón necesariamente lleno de tranquilidad y de paz, porque, según la doctrina inspirada, la caridad echa fuera al temor y a toda perturbación (Un. 4, 18), y lleva consigo la comunicación del Espíritu Santo, cuyos primeros frutos son el gozo y La paz. (2 Co l3, 13). 

 Como el odio genera enemistad, Litigios y disensiones, así el amor causa la unión, la tranquilidad y el orden, en el que está precisamente la paz, definida comúnmente: tranquilidad y orden. 

 “La paz, vale más que un patrimonio: es una mercancía santa que merece ser adquirida y conservada a cualquier precio, porque no hay cosa que en el mundo valga tanto como la Paz, que nos fue dada por Cristo, adquirida por su sangre divina”. San Francisco de Sales. 

 Amar y custodiar la paz debe ser, pues, el principal cuidado de un alma que quiere de verdad amar a Jesús y seguirlo, como precisamente recomienda San Pablo de la Cruz. 

AMAR LA PAZ

·     Porque la paz viene de Dios

– La verdadera paz nace del amor de Dios, de la cual emanan como de una fuente todas las virtudes.

– El temor de Dios que es; un don del Espíritu Santo, no turba, sino que genera mayor paz.

– La preciosa paz del corazón es uno de los más grandes tesoros. 

·     Porque todo lo que es contrario a la paz viene del enemigo

– Todo lo que causa turbación del corazón, inquietud, nace del demonio o de la demasiada reflexión de sí mismo. Desechad las inquietudes y perturbaciones.

– Poned gran esmero y cuidado en conservar la paz interior del corazón porque el diablo pesca en el agua turbia.

– Cuando caigáis en algún defecto no os turbéis sino humillaos dulcemente, pidiendo perdón a Dios, proponed enmendaros y después proseguid con alegría.

·     Porque la paz es medio eficacísimo para hacer bien todas las cosas

– La paz del espíritu es necesaria para hacer bien todas las obras externas.

– Antes de poneros a trabajar poned en paz vuestro corazón.

– En el ejercicio del apostolado conservad siempre la tranquilidad de corazón.

– Trabajad con paz y sin ansiedad, dejando el cuidado de todas las cosas a Dios. 

·     Y para vivir unidos a Dios

– Dios quiere reposarse en los corazones pacíficos, no turbados de escrúpulos diabólicos.

– Estad en paz y serenidad de espíritu para que os hagáis más dispuestos al trato amoroso con el Señor.

– La paz, fruto del Espíritu Santo, os hará (crecer en caridad).

– Estad contentos en el costado purísimo de Jesús, no perdáis la paz así se arruine el mundo. 

– Estad fuertes y contentos en Dios, que El os liberará siempre de todo mal.

– Gozo ‘in Domino’ de la paz y la tranquilidad de vuestro espíritu; este es el medio eficaz para estar en el reino interior en el fondo del espíritu, para beber en la fuente de eterna vida el agua viva del Santo Amor. 


CUSTODIAR LA PAZ

·     No dejarse tomar de los temores o angustias para que no turben la paz de vuestro corazón.

– El temor que conturba es necesario desecharlo como la peste.

– Está bien que se tema, pero es necesario que nuestro temor sea de hijos, con temor y amor, que nos hace estar siempre en guardia y en miedo de dar disgusto a Dios, de no servirle bien, éste es un temor que hace santos: este no quita jamás la paz del corazón, antes bien la aumenta.

– Tened el corazón en paz, sin perturbaciones, bien custodiado y recogido, para no dejarlo perturbar.

– Daos ánimo, estad contentos en Dios, y no deis lugar a turbaciones.

– Conservad vuestro corazón internamente quieto, sereno y pacífico y desechad las turbaciones, escrúpulos e inquietudes como, la peste.

– Desterrad la melancolía de vuestro corazón; y también si caéis en algún defecto no es tumbéis jamás, lo cual sería más mal que el defecto mismo.

·     Dominar el amor propio

– No se necesita buscar la paz en la quietud que desea el amor propio.

– Haceos mudos por amor de Dios, sordos y ciegos, y tendréis gran paz.

– No os toméis solicitud de lo que no os pertenece, de otro modo no tendréis paz jamás. 

·     Tener el corazón vuelto hacia el cielo porque en tal forma jamás los eventos de cualquier trabajo lo podrán sacudir o turbar.

– Procurad conservar la santa paz, en medio de -las más fieras tempestades. 

·     Tomar todo de las manos de Dios

– La vía más corta para adquirir aquella paz que nace del amor de Dios, de la cual emanan como de una fuente todas las virtudes, es tomar todo como venido de la mano amorosa de Dios, recibiendo cualquier evento como tesoro que nos regala el Padre Celestial.
– Porque tomando todo como venido de la mano
amorosa de Dios
 

o  Toda amargura se convierte en gozo y paz.

o  Se conserva la paz del corazón.

o  Se enriquece el corazón de méritos y virtudes.

o  Todo se convertirá en consolación porque en Dios no hay pena, sino consuelo, gozo y alegría.

 

– Nosotros mismos somos la verdadera causa de nuestras inquietudes porque no humillamos nuestro corazón a Dios, y, no recibimos con sumisión tranquila lo que acaece como venido de la Providencia Amorosa del Sumo Bien. 

·     Abandonarse en Dios con santa indiferencia

– Para mantener el espíritu en paz es necesario mantenerse en la santa indiferencia en cualquier evento, y hacer morir las angustias y las solicitudes en el Divino Beneplácito.

– El abandono en los brazos de la Divina misericordia es medio eficacísimo para estar contentos en Dios, en todos los accidentes que ocurren dentro y fuera de nosotros.

– A quien se esconde en la inexplicable fortaleza de la divina voluntad, ni los vientos ni las tempestades podrán jamás quitar la paz del espíritu.

– Tened vuestro corazón en continua tranquilidad, a despecho de cuantas dificultades y contrariedades podáis encontrar, haciendo morir todo esto en el Divino Beneplácito que no puede querer sino lo mejor.

– Gozaos en Dios con la parte superior del espíritu que todas las cosas vayan como van.

– Vivid abandonados en Dios, en tal forma tendréis paz y os haréis santos. 

– Su Divina Majestad no me hace desear otra cosa que el cumplimiento de su Divino Beneplácito, y así mi corazón está en paz. 

·     Llevar en corazón a Jesús

– Ningún trabajo nos podrá quitar la paz, si llevamos en el tabernáculo de nuestro corazón al dulce Jesús.

– Cuando os encontréis agitados entrad en espíritu en el corazón de Jesús y en, aquel horno de caridad, dejad que aquel fuego os penetre y os queme de santo amor.

– Cuando estéis en el colmo de alguna grave aflicción, si podéis, id a la pieza, tomad en mano el crucifijo, y haceos hacer una prédica de Él. Oh, qué prédica sentiréis; Qué pronto se pacificará vuestro corazón.

– Estad retirados en el corazón purísimo de Jesús, y encontraréis consuelo.

– Conservad la paz en el corazón, reposando vuestro espíritu en el seno del Padre Celestial.

10. ORACION 

 Uno de los principales efectos del amor es el deseo, el ansia de estar cerca a la persona amada, y de entretenerse con ella en íntima y dulce conversación, porque el amor, en su esencia, no es otra cosa que “un movimiento del alma hacia el objeto amado”. 

 Porque Dios nos ama, El encuentra todas sus delicias en estar con los hijos de los hombres. (Prov. 8,31). Igualmente las almas amantes del Señor, otro gusto y otro deseo no tienen sino el estar a los pies de Jesús, como la Magdalena, y de escuchar su palabra. (Lc 1Q, 39). 

 Es por eso que las ocupaciones más caras y agradables de las almas piadosas es la santa oración, la cual, según San Agustín “es un movimiento afectivo del alma hacía Dios”; y según San Francisco de Sales “una dulce conversación en la cual el alma se entretiene con Dios en su amable bondad, para unirse a Él”. 

 Para enamorarnos cada vez más de la santa oración, San Pablo de la Cruz nos habla de beneficios y de su práctica. 

BENEFICIOS DE LA ORACIÓN 

·     La oración es medio eficacísimo para obtener todo de Dios

– La oración humilde tiene eficacia de impetrar todo lo que redunda en gloria de Dios y en nuestra utilidad espiritual.

– Si no se dejara de recurrir a “la mina riquísima de la santa oración, todos se harían ricos de los tesoros de las virtudes.

– Para recibir todo con resignación, y sufrir con fortaleza es necesario alimentarse a menudo de la santa oración.

– Muchas veces pedimos una gracia a Dios, y El nos la concede en manera diversa, porque así es conveniente para nuestro bien.

·     Es arma invencible contra los enemigos

– La oración es arma potentísima para demoler toda la rabia del infierno.

– Es medio eficacísimo para vencer todo asalto del demonio.

– Para ser fuertes es necesario alimentarse a menudo de la santa oración.

– Perjudica mucho al diablo la oración.

– Sé que el demonio tiene mucha envidia del que
hace oración.
 

·     Alma del apostolado

– La verdadera vida apostólica consiste en la acción por las almas y la continua oración.

– Sin oración los misioneros estarán más aptos para destruir que para edificar; mas a contagiar al prójimo con los malos olores de sus imperfecciones que a perfumarlos con el buen olor de sus cristianas y religiosas virtudes.

– Cristo Señor Nuestro, cuando terminaba de predicar huía al monte a orar. ¿Y nosotros?…

·     Escuela de santidad

– La oración hace aprender grandes cosas. En ella se aprende la ciencia de los santos, que consiste en el ejercicio de todas las virtudes. Esta ciencia se aprende a los pies del crucifijo en la santa oración.

– Para ejercitar la virtud no debéis dejar jamás la oración, sino continuarla en las ocupaciones, teniendo él corazón vuelto hacia el cielo.

– En esta divina escuela se aprende a ser obedientes a todos, modestos, mansos, caritativos, etc.

– Bienaventurado quien es fiel y no deja jamás la oración. 

·     Si falta la oración todo el edificio espiritual cae por tierra.

– No hay camino más corto para caer en el precipicio, que el dejar la oración.

– Si dejarais la oración os encontraríais en un abismo irremediable de ruinas.

– Advertid bien de no dejar jamás la oración que sería vuestra ruina.

– Sobre todo os recomiendo de no dejar jamás la
oración mental. 

– No dejéis jamás la oración por cualquier tempestad que os suscite el demonio.

PRACTICA DE LA ORACIÓN 

·     Remover los obstáculos

– La pereza es una polilla que roe y daña todas las devociones, y se lleva el fruto de la santa oración.

– Venced el tedio y la repugnancia que experimentáis en la oración estándoos el tiempo preestablecido.

– Si dais lugar a la curiosidad, tendréis distracciones, molestias y remordimientos internos, y en la oración dura fatiga para recogeros

– Entre menos tratéis con las criaturas, mas tendréis entrada al trato amoroso con Dios.

– Cuando os encontréis distraídos, reavivad la fe, y reconcentraos en Dios en el interior del espíritu, pacíficamente en su presencia, con algún coloquio sobre la pasión de Jesucristo y algún acto de amor de Dios.

– En las distracciones y tentaciones que ocurren en la oración no es necesario inquietarse del todo sino retirarse en la parte superior del espíritu, y allí tratar con Dios en espíritu y en verdad, riéndoos de los fracasos de los enemigos exteriores.

– Cuando no podáis meditar y discurrir exteriormente, estaos en la presencia de Dios, en el templo de vuestra alma, reposando como niños en el seno del Señor, en silencio de fe y de santo amor. 

·     Disponerse con, la mortificación

– No podemos ser almas de oración y unión con Dios si no tenemos grande amor a la mortificación interna y externa.

– El silencio, la mortificación de los sentidos, el desprendimiento de todo lo creado, son alas de fuego para volar a Dios: en pura y santa oración.

– La humildad verdadera de corazón, la verdadera y ciega obediencia, la perfecta abnegación de la propia voluntad en todo, la mortificación interna y externa de las propias pasiones, son las virtudes necesarias para obtener el don de la santa oración. 

– Todo grado de oración debe tener su purga preparatoria. 

·     La puerta y la vía

– Pasad por la divina puerta que es Jesucristo por medio de los misterios sacrosantos de su Santísima Pasión.

– Persistid en vuestra oración, pero pasando siempre por la puerta que es la vida, pasión y muerte de Jesús, en la manera que os enseñe el Espíritu Santo. Estos misterios son la vía segura. 

·     Cómo es necesario orar

– Es necesario orar conviva y verdadera fe, gran confianza y profunda humildad, de lo cual nace gran conocimiento de Dios y de nuestra nada.

– Haced la meditación: 

o  Con atención, sin esfuerzo de cabeza.

o  Parándoos donde se tenga más devoción y recogimiento.

o  Sin prisa de pasar de un punto a otro.

o  Haciendo todo con espíritu reposado y pacífico.

o  En la Iglesia interna de vuestra alma adorando a Dios en espíritu y en verdad hablándole de sus penas y de su amor hacia nosotros.

 

– Imitad a los ángeles, irrumpiendo en alabanzas de amor, permaneciendo en alto estupor del infinito Bien, en sagrado silencio de amor y de complacencia.

– Id por la oración ordinaria, y por la sólida virtud. La interna oración infusa, de la cual son parte los reposos amorosos, la ensañará Dios

– Maestro de Oración es el Espíritu Santo, y es necesario orar como le gusta a Él. Si sois humildes y obedientes El os lo enseñará.

·     Tomar los frutos y dejar las hojas

– Es decir, tomar las virtudes que son los frutos y dejar pasar las otras cosas sin hacerles caso, como las dulzuras, y las consolaciones que son las flores.

– Cuando se va al huerto no se cogen las frondas sino los frutos: así en el huerto de la oración no es necesario asirse a las hojas de los sentimientos y consolaciones sensibles, sino más bien recoger los frutos de la imitación de Cristo.

·     Oración continua

– Nuestra oración, debe ser continua, haciéndola veinticuatro horas a día, siempre dentro de nosotros, aniquilados en Dios, pero dando libertad al alma para hacer aquellos vuelos de espíritu según nos lleve el Espíritu Santo.

– Haced todo con el corazón y con la mente elevados a Dios estando en soledad interior, santo recogimiento y reposando en pura fe, sin imágenes y en santo amor en Dios.

– Unid al trabajo la oración interna. Trabajando con las manos, pero la mente y el corazón en trato con Dios.

– Una jaculatoria basta para tener el alma amante en continua oración. 

·     La oración verdaderamente buena

– Cuando la oración trae consigo: 

o  Conocimiento de la propia nada.

o  Amor al padecer, al propio desprecio y al ejercicio de las virtudes.

o  Humildad.

o  Caridad hacia Dios y el prójimo. Grande ardor de amar a Dios no hay engaño porque el demonio no puede producir efectos similares.

 

– Cuando el alma queda llena de ardientes deseos de la gloria de Dios, de la salvación de las almas y de hacer grandes cosas por el Amado Bien, esto no puede ser engaño.

– La oración es más perfecta cuando: 

o  Es más pura y despojada de imaginaciones en pura y desnuda fe.

o  Se está en espíritu y en verdad, desnudo y pobre sin robar nada a Dios.

o  Se hace en el interior del alma la cual ‘ora in spiritu Dei’; este es un lenguaje altísimo.

 

– El alma que Dios quiere atraer a alta unión con El, por medio de la santa oración necesita pasar por el camino del padecer también en “la oración, sin ningún consuelo sensible.

– La oración afectiva en pura fe, es decir, de alto recogimiento, o sea oración infusa, siendo esta un don gratuito de Dios, no se debe pretender alcanzar a fuerza de brazos, como se suele decir.

– Cuando sintáis que el alma gusta de estarse
en sagrado silencio de fe y de amor reposando en el seno del Divino Padre, seguid así aunque durase por toda la oración, mientras el Espíritu Santo atrae al alma tal oración y conviene obedecer a loa atractivos del Espíritu Santo. 

– En cuanto a la oración, escuchad una palabra; de gracia de Santa Teresa: El hortelano sacando agua del pozo para regar el huerto, se fatiga bastante; pero cuando viene la lluvia del cielo, cesa la fatiga, y se está en la puerta de la cabaña disfrutando del agua que riega el huerto con mayor abundancia de aquella que él tenía sacándola del pozo, está quieto y se alegra. Así también vosotros recibid aquella lluvia celestial que de lo alto riega vuestra alma, ya que tal oración, es más pasiva que activa, ni por esto las potencias están ociosas, puesto que están todas abismadas e inmersas en Dios. No hagáis resistencias tal gracia superior, sino sed obedientes a los atractivos del Espíritu Santo y en silencio de fe y de amor recibid aquello que Dios Sumo Bien os da, y terminada la oración volved a poner en el erario del Altísimo lo que Dios os ha dado por gracia, gratis, poneos en vuestra nada pasiva, desnuda y pobre, atribuyendo a Dios todo bien.

11.  DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA EUCARISTIA

 

 Uno de los medios más propios para vivir
unidos a Jesús y gozar de la íntima comunión con
su espíritu es ciertamente la Eucaristía, donde EL vive para darnos la vida, y dispensarnos como de un trono de amor las gracias más escogidas. El mismo ha dicho, hablando de efecto primario de este don divino: “Quien come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como yo vivo en el Padre, así quien me come vivirá por mí”. (Jn 6,57).

 La Eucaristía -dice la Imitación de Cristo- “es salud del alma y del cuerpo, y medicina de toda enfermedad. Con ella viene infusa abundantemente la gracia, crece la virtud iniciada, se refuerza la fe, se robustece la esperanza y la caridad se inflama y se dilata”. 

 San Pablo de la Cruz recomienda vivamente
la devoción a la Eucaristía, diciéndonos como celebrar dignamente la Santa Misa y dándonos algunas enseñanzas para comulgar con fruto y para vivir una vida Eucarística.
 

PARA CELEBRAR DIGNAMENTE LA SANTA MISA 

·     Antes de celebrar

– Acostumbraos a celebrar los sacrosantos misterios con gran preparación, que debe ser continua para la santidad de la vida.

– Vuestra preparación sea profundizar en el conocimiento de vuestra nada; nada tener, nada saber, nada poder, y solamente capaces de hacer todo mal.

– Antes de celebrar revestíos de las penas de Jesucristo, en un coloquio hecho plácidamente aun en medio de la sequedad. 

·     En el celebrar

– Celebrad con suma devoción, reverencia y observancia exacta de las rúbricas.

– Celebrad como si fuese la última vez, y comulgad cada mañana como si fuese para el viático.

– Llevad al altar las necesidades de todo el mundo, y especialmente aquellas de la Congregación. 

·     Después de haber celebrado

– Os recomiendo después de haber celebrado, ” seguir en interna unión con el Sumo Bien, en una larga acción de gracias mental.

– Cuando habéis celebrado la Misa os habéis alimentado de Jesús, ¿verdad? ahora, por qué después de la Misa no dejáis que Jesús se alimente de vosotros y os transforme en El, ardiendo de aquel amor que quema en su corazón? 

·     El fruto de la Santa Misa consiste en ser todo vestido de Jesucristo aprendiendo y practicando sus virtudes.

– Los sacerdotes están obligados a mayor perfección y a ser verdaderos imitadores de Jesucristo, aprendiendo del celebrar todos los días las costumbres santísimas de Jesús, especialmente la humildad y la perfecta caridad con Dios y con el prójimo.

– Dios guarde a aquellos sacerdotes que se enfrían en sus principios; signo poco menos que evidente de su degradación. 

PARA COMULGAR CON FRUTO

·     Cuándo es necesario comulgar

– Jesús tiene gusto de que las almas humildes y bien dispuestas lo reciban con frecuencia en el Santísimo Sacramento.

– No dejéis la santa comunión. Quisiera que la recibieseis todas las mañanas sin dejarla nunca; para beber en el fondo de la santidad el agua de eterna vida y hacer buena compañía al Esposo Divino.

– No dejéis este alimento de vida eterna sobre todo cuando estéis mal. Y no lo dejéis, porque de otro modo os haréis gran daño.

– No lo dejéis para no darle gusto al diablo porque su mayor solicitud es la de alejaros de la mesa de los ángeles.

– Quiera Dios que se renovase el fervor de los primeros cristianos que comulgaban todos los días.

– Cuando tengáis la suerte de hacer la comunión,
hacedla con obediencia al confesor, Decidle que no os prive de este alimento de vida eterna.
 

·     Preparación y Acción de Gracias

– Estad siempre preparados para la divina mesa, para recibir a Jesús, teniendo el corazón bien purificado, y la lengua bien custodiada, ya que es la primera en tocar el Santísimo Sacramento. Invitadlo con frecuencia a venir con grandes deseos.

– La verdadera preparación para la Sagrada Comunión es una viva fe de la cual nace un gran conocimiento de Dios y de la propia nada.

– Después de haber hecho la debida acción de gracias por media hora, lleváoslo a casa y sacramentado, amarlo, adorarlo y visitarlo a menudo, por aquellos que lo maltratan, en especial en aquellas horas en las cuales no hay quien le haga compañía.

– Visitad a menudo, cuanto podáis, al Santo de los Santos, Jesús Sacramentado. 

·     Comulgar espiritualmente durante el día

– Desead uniros con frecuencia al Señor con la Santa Comunión espiritual, estando en casa, trabajando, etc. Hacedla más veces al día para manteneros en la presencia de Dios, y hacer continua oración.

– Invitad al dulce Jesús Sacramentado a venir a vuestro corazón y quemarlo todo con su santo amor.

– Para hacer la comunión espiritual basta un golpe amoroso a Jesús Sacramentado y un vivo deseo de tenerlo en el corazón.

·     Nuestro corazón altar y tabernáculo

– Haced que vuestro corazón sea un vivo tabernáculo para el dulce Jesús Sacramentado: visitadlo con frecuencia dentro de vosotros mismos, haciéndole todas las adoraciones afectos y agradecimientos que os enseñará el santo amor. 

– Quien tenga sed, dice Jesús, venga a mí y beba. Tened vosotros sed de haceros santos y de arder de santo amor. ¿Y qué hacéis que no voláis a abrazar al dulce Esposo Sacramentado?

– Sed grandes devotos del Santísimo Sacramento.

12.  DEVOCIÓN A LA PASIÓN SANTÍSIMA DE JESUCRISTO

 

 El altar donde Jesús místicamente se inmola reclama a nuestra mente el calvario donde El se ofreció de un modo cruento sobre la cruz por nuestra salud.

 Complemento, por esto, de la devoción a la Santísima Eucaristía, es la devoción a la Pasión Santísima de Jesucristo, medio eficacísimo para seguir a Jesús y hacer adquisición de la perfección y la santidad. Sólo quien con Cristo es clavado sobre la cruz puede aspirar a vivir de la vida de Cristo: “…Con Cristo estoy crucificado, y vivo, pero no yo sino que es Cristo quien vive en mi”. (Ga 2,19-20).

 Es en esta escuela divina de la Pasión de Jesús donde el hombre aprende a renegarse a sí mismo, a llevar cada día su cruz y a seguir de cerca al Redentor.

 San Pablo de la cruz nos da a conocer mejor la excelencia y la práctica de ésta que puede llamarse la reina de las devociones. 

EXCELENCIA DE ESTA DEVOCIÓN 

·     La Pasión de Jesús obra de infinito amor

– Las penas de Jesús son el milagro de los milagros del amor de Dios.

– La Pasión Santísima de Jesús es un mar de dolores, pero es del mismo modo un mar de amor.

– El mar Rojo de la Pasión nace de infinita caridad de Dios.

– Este gran mar emana del inmenso mar del amor de Dios.

– Tus penas, Oh, querido Dios, son las prendas de tu amor.

·     Medio eficacísimo para la conversión de los pecadores y para la conservación de los justos

– La verdadera devoción a las penas amarguísimas de Nuestro Jesús es medio muy eficaz para exterminar los males que inundan el pobre mundo.

– La Pasión de Jesús hace rendirse a los pecadores más empedernidos y duros.

– Así como la mayor parte de los fieles viven olvidados de cuanto ha hecho y padecido por nosotros nuestro Redentor, por esto viven del mismo modo adormilados en el horrible pantano de la impiedad.

– Cada vez más se toca con la mano que el medio
más eficaz para convertir las almas es la Pasión de Jesucristo predicada según el método que la increada piedad divina ha hecho aprobar de su vicario en la tierra. (Carisma Pasionista).

– La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es medio eficacísimo para destruir la iniquidad y encaminar las almas a gran santidad. Para exterminar los vicios y cultivar la verdadera piedad; para mantener las almas en el santo amor y temor de Dios.

·     Bálsamo que endulce toda pena

– Este bálsamo que remedia toda pena es la Pasión Santísima de Jesucristo, es tan precioso y de tanta virtud que endulza todo trabajo.

– Cuando estéis en el colmo de vuestras aflicciones, tomad en la mano un crucifijo y haceos hacer una prédica de él. ¡Oh, qué predica escucharéis; Qué pronto se pacificará vuestro corazón!

·     Escuela de celeste sabiduría

– En la escuela de la Pasión y muerte del Salvador se aprende la verdadera sabiduría: Aquí es donde han aprendido los santos.

– En la meditación cotidiana de la Pasión Santísima de Jesús aprenderéis la caridad, la paciencia, la mansedumbre hacia los otros.

– Os ruego que aprovechéis aquella ciencia divina que el Soberano Maestro Jesucristo os enseña en la escuela de su Pasión. 

·     Vía segura para hacerse santos

– La santa cruz y la Pasión de Jesucristo es la vía más segura para hacerse santos.

– En el gran amor de la Pasión pescaréis las perlas de todas las virtudes de Jesucristo, y vuestra alma permanecerá cada vez más bella y adornada con ellas.

– Miraos en el crucifijo y os haréis ricos de toda virtud y santos.

– Sabed que aquellos grandes siervos de Dios que triunfaron en la plenitud han llegado a una santidad por este camino.

– Procurad estar escondidos en las llagas santísimas de Jesucristo y seréis enriquecidos de todo bien, y de toda verdadera luz para volar a la perfección. 

·     Puerta que conduce al alma a la unión con Dios

La meditación de la Pasión de Jesucristo.

– Óptima cosa es el pensar en la Pasión Santísima de Jesucristo, y el hacer oración sobre la misma: Este es el modo de llegar a la santa unión con Dios. 

– En la meditación del crucifijo y de sus santísimas penas, el alma liba la dulzura inefable del santo amor. 

·     Prenda de victoria y de predestinación

– Caminamos en este valle de tinieblas, todo lleno de enemigos, siempre con las armas en la mano; pero confiados en el crucifijo obtendremos la