Hacia la unión con Dios

Archive for the ‘Seglares’ Category

Alejo, julio 17

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 24, 2013

 
La leyenda de este “loco de Dios” fue muy popular en Roma, donde nació este santo, hijo de un senador romano llamado Eufemiano. 
Su padre quiso casar a Alejo contra su voluntad y el mismo día de su boda se escapó y se embarcó en un barco que partía hacia Siria y allí siguió hasta Edesa, Turquía donde pedía limosna a la puerta de las iglesias durante diecisiete años, repartiéndola luego entre los demás pobres. 
Cuando empezó a cundir la fama de su santidad, Alejo huyó en un velero hacia Tarso, pero los vientos contrarios lo empujaron hacia Roma. Sin revelar su identidad, fue a pedir hospitalidad a la casa de sus padres, donde le permitieron dormir bajo las escaleras del palacio paterno. 
Alejo vivió otros diecisiete años en Roma, mendigando por las calles, rezando en
las iglesias, y durmiendo en su nueva morada.  Todos las noches los esclavos le
arrojaban las sobras de comida del día.
Se dice que un día que el papa Inocencio I celebraba misa, en presencia del
emperador, se dejó oír una voz que decía “Buscad al hombre de Dios” y reveló
también que se encontraba en casa de Eufemiano.  Cuando fueron a buscarlo,
encontraron a Alejo muerto, con un documento en la mano que revelaba su

identidad.

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Agustín Phan Viet Huy y Nicolás Bui Duc The, junio 13

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 22, 2013

 
Estos santos vietnamitas, obligados a profanar la cruz en 1839, se arrepintieron inmediatamente y pidieron de nuevo ser juzgados como cristianos.
Ellos mismos suscribieron la pena de muerte y fueron arrojados vivos al río, donde murieron ahogados.

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Aglae y Bonifacio, mayo 14

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 16, 2013

Aglae era una matrona romana (siglo IV), que tenía por amante, según se decía, a un tal Bonifacio, que era su administrador.

Después de abrazar la fe, Aglae convirtió a Bonifacio que recibió el bautismo y se hizo un perfecto cristiano.

Un día ella le manifestó su deseo de tener las reliquias de un mártir.  Bonifacio prometió satisfacerla y partió hacia Oriente donde Maximino Gayo todavía perseguía a los cristianos. Bonifacio murió decapitado en Tarso, Turquía, por haber proclamado su fe en el estadio donde se daba suplicio a los cristianos.

Los dos esclavos que lo acompañaban compraron su cabeza al verdugo y se la llevaron a Aglae, que la depositó en un oratorio construido por ella en la Vía Latina y a donde acudía cada día para rezarle.

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Agapito, agosto 17

Posted by pablofranciscomaurino en abril 13, 2012

El gobernador de Palestina, Italia, lo había condenado a ser devorado por las fieras, por confesar su fe en Jesucristo. Sin embargo, ningún león le hizo el menor daño.

El magistrado quedó tan sorprendido que cayó fulminado de una congestión en la misma tribuna.  Se mandó traer al verdugo y Agapito fue decapitado (siglo II o III).

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Afra, agosto 5

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 3, 2012

Fue prostituta en Augsburgo, Alemania, donde fue catequizada y convertida al cristianismo.

Cuando la conminaron a que realizara sacrificios a los dioses paganos, dijo: “Mis pecados son demasiados para que los siga aumentando: mi martirio me servirá de bautismo. ¡Dios sea loado al darme una gracia semejante!”.

La arrojaron a una hoguera donde murió abrasada en el año 304.

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Adelaida (Alicia), diciembre 16

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 18, 2012

Sesenta y ocho años llenos de agitación en los que una mujer de las importantes quiso y supo ser testigo de Cristo. Esta fue Adelaida o Alicia, emperatriz en Italia.

Casada muy joven con el rey de Italia Lotario, se le prometía una vida feliz con su recién nacida hija Emma, y probablemente el matrimonio deseaba terminar sus días como se pone fin a los cuentos de princesas y príncipes, que probablemente también en su época se contaban. Pero a veces los planes de la Providencia no coinciden con los de los hombres; se complican, van y vienen por tortuosos senderos, en muchas ocasiones imprevistos y, en otras, muy dolorosos, de los que el Señor sabe sacar mayores bienes. Así pasó con Adelaida.

En realidad toda su vida estuvo envuelta en las turbulencias políticas y militares propias del tiempo. Cuando murió su primer marido sólo tenía dieciocho años y, tan joven, ya es reina, madre y viuda. Otro matrimonio, el segundo, la va a relacionar con la historia de los tres primeros Otones: su marido, hijo y nieto. En su vida están presentes los sufrimientos por cárcel y destierro. También entendió mucho de intrigas de la Corte, de confabulación, de envidias, de traiciones y de falsedades. Inculpablemente tuvo que soportar la incomprensión de propios y extraños porque la ambición y el poder ciegan los ojos de los que no son buenos.

Regente emperatriz, retoma funciones de mando en tiempos de Otón III. Ahora muestra con sus obras lo muerta que estaba para sí misma y que la anterior piedad, la de toda su vida, fue un asunto sincero. La emperatriz se dedica a hacer el bien. Protege, socorre y consuela a los necesitados. Considera el poder como una carga para ella y un servicio para el bien del pueblo. No es injusta, ni vengativa con quienes la injuriaron en tiempo pretérito. Muestra esmero infatigable en las tareas de gobierno. Reza, se mortifica y expía por los pecados de su pueblo. Magdeburgo es ejemplo de que propicia el resurgir de los templos.

Muere en Salces, en la Alsacia, en el 999, tenida ya por santa.

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