Hacia la unión con Dios

HOMILÍA PARA EL 28 DE MAYO

El siguiente texto es para los lugares donde hoy se celebra la Ascensión del Señor

(donde la Ascensión se celebra el jueves anterior, ver más abajo):

ASCENSIÓN DEL SEÑOR

¿Nos quedamos solos?

 

Jesús fue levantado ante los ojos de los apóstoles y discípulos, y una nube lo ocultó de su vista. Ellos seguían mirando fijamente al cielo mientras se alejaba. Pero de repente vieron a su lado a dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: «Amigos galileos, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este Jesús volverá de la misma manera que ustedes lo han visto ir al cielo».

En esta actitud de los apóstoles y discípulos de Jesús se denota tanto la admiración por la ascensión como la tristeza por su partida. Efectivamente, habían vivido tres años en su compañía, compartiendo todo con Él, nutriéndose de sus enseñanzas, llenándose de su paz…; y, de pronto, los deja.

A unos ojos sin fe les podría parecer que todo se acababa. Lo mismo pensaríamos si no tuviéramos la certeza de que Él siempre está con nosotros, como nos lo prometió, y si no viéramos la perspectiva histórica que nos muestra que la Iglesia ha crecido mucho estos dos milenios, especialmente en santidad.

Pero Jesús no se fue sin hacernos una explicación y una promesa maravillosa: «Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia».

Estas dos verdades nos llenan de fascinación: todos los bautizados conformamos la Iglesia por Él fundada y hacemos parte de su cuerpo místico, ya que Él es la cabeza. Él ya entró; falta que entre el cuerpo, que somos nosotros.

Por otra parte, tenemos la certeza de que Él se quedó en la Eucaristía, para acompañarnos en el camino que nos conduce a la meta de eterna felicidad.

Y en las lecturas de hoy aparece una segunda promesa: recibiremos la fuerza del Espíritu Santo cuando venga sobre nosotros, cosa que ocurrirá en la fiesta de Pentecostés, fuerza necesaria para llevar a cabo lo que nos pide: dar testimonio de la verdad hasta los extremos de la tierra.

 

En los lugares donde la Ascensión se celebra el jueves anterior, hoy se medita:

VII DOMINGO DE PASCUA

Programa de vida

 

Un verdadero programa de vida para los cristianos nos ofrecen las lecturas de hoy:

Primero, en los Hechos de los Apóstoles se nos urge a perseverar en la oración, como lo hacían los primeros seguidores de Jesús: con un mismo espíritu y en compañía de la santísima Virgen María, la madre de Jesús.

Después, san Pedro nos insta a estar alegres cuando compartamos los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, rebosemos de gozo. Se trata de vivir dichosos, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

Y, en tercer lugar, el Apóstol Juan nos trae las palabras de Jesús en las que nos hace notar la razón de ser de nuestra existencia: la gloria de Dios y la salvación de los hombres:

«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste».

En estas palabras se descubren las 2 intenciones que deben movernos a realizar nuestros trabajos, a sufrir con paciencia las adversidades de la vida y a orar: la intención soteriológica, que Dios sea glorificado y la intención doxológica, que se salve la mayor cantidad de personas posibles.

¿No te animas a acogerlas también como tus metas, como las causas por las que vas a luchar, por las que vas a vivir, por las que estarías dispuesto a morir? Jamás te faltará su oración; óyelo:

«Padre, te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»