Hacia la unión con Dios

HOMILÍA PARA EL 22 DE ENERO

III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Y empezó una nueva historia

 

Comenzó Jesús a proclamar este mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está ahora cerca». Luego, se dedicó a escoger a los apóstoles, y cumplió las predicciones de Isaías iniciando una nueva era: los hombres iban a ser ahora conocedores de los designios de Dios.

Con esta nueva era, la historia de la humanidad se iba a partir en dos: habíamos pecado y merecíamos la muerte eterna, no le encontrábamos sentido a nuestras vidas y no sabíamos cómo ser felices: vivíamos en la angustia y en la oscuridad de la ignorancia.

Pero mientras caminábamos en la noche, divisamos una luz grande; cuando habitábamos el oscuro país de la muerte, fuimos iluminados: todos empezaron a oír cómo Jesús, el Hombre–Dios, mostraba el camino de la felicidad a los seres humanos y les prometía la vida eterna. Los hombres, atónitos, apreciaban cómo curaba en el pueblo todas las dolencias y enfermedades y, lo que sería mejor, tres años después verían cómo pagaba todas sus culpas muriendo en una cruz

Así nos ha bendecido y nos ha colmado de alegría. Por eso celebramos la Eucaristía: es una fiesta como en un día de siega, como la alegría de los que reparten el botín tras la victoria.

Así se marcó el inicio de una nueva era. La era de los hijos de Dios, de los hijos de la luz, los que ya tienen respuesta a las preguntas más trascendentales de la vida. ¿Queremos pertenecer a esa nueva era, la era del conocimiento de la verdad? Si respondemos afirmativamente, ¿cómo lo haremos?

Hoy mismo nos responde san Pablo: que nos pongamos de acuerdo y terminemos con las divisiones; que tengamos un mismo modo de pensar y los mismos criterios. Que todos digamos: «Yo soy de Cristo». Que aprendamos que Dios–Padre nos ama y por eso tenemos ahora una nueva oportunidad de llegar a gozar de la eterna felicidad en el Cielo. No la desaprovechemos, porque esa es la nueva era, la del Amor de Dios en nuestras vidas.