Hacia la unión con Dios

HOMILÍA PARA EL 25 DE JUNIO

XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

¡No teman!

 

Es la frase consoladora de las lecturas de hoy: No teman.

El canto de Jeremías de la primera lectura nos anuncia al defensor de los adversarios: Jesús, quien nos defiende de los demonios. Fueron ellos quienes llevaron a nuestros primeros padres —Adán y Eva— a pecar.

Es lo que nos cuenta la segunda lectura: Adán hizo entrar el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte. Después la muerte se propagó a todos los hombres, ya que todos pecaban. Pero otro Adán superior a éste había de venir, pues el don de Dios no tiene comparación. Todos mueren por la falta de uno solo, pero la gracia de Dios se multiplica más todavía cuando este don gratuito pasa de un solo hombre, Jesucristo, a toda una muchedumbre.

Y son esos mismos malignos espíritus los que nos incitan a desordenar el cosmos y las leyes de Dios, los que nos tientan para que hagamos el mal, los que desean nuestra perdición eterna. A esos espíritus malos es a quienes debemos temer. Escuchemos a Jesús: «No teman a los que sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno».

Y, para darnos más ánimo y más paz, reitera: «¿Acaso un par de pajaritos no se venden por unos centavos? Pero ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita Dios Padre. En cuanto a ustedes, hasta sus cabellos están todos contados. ¿No valen ustedes más que muchos pajaritos? Por lo tanto no tengan miedo».

Sin embargo, ¡cómo nos preocupamos los hombres de hoy!: miedo a la falta de dinero, miedo al futuro, miedo de los ladrones, miedo a que nos ofendan, miedo al dolor, miedo a la enfermedad, miedo a la muerte…

Y las palabras de Jesús, aunque decimos que suenan bonitas, no las ponemos en práctica. Leamos estas últimas, para ver si nos animan: «Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré de su parte ante mi Padre de los Cielos». ¿No es maravilloso? ¡El mismo Jesús de nuestra parte frente al Padre! ¡El Cielo para siempre, para siempre, para siempre!