Hacia la unión con Dios

HOMILÍA PARA EL 21 DE JULIO

XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Sólo una cosa es necesaria

 

Después de afirmar Jesús que una sola cosa es necesaria, siguió hablando de la mejor parte. Como se deduce fácilmente, son dos cosas diferentes: 1) la única necesaria y 2) la parte mejor.

La parte mejor es la que escogió María: escuchar a Jesús. Y eso es lo que se explica en las predicaciones, lo que se enseña en los escritos…, y quizá por eso, ya lo sabemos. Pero, ¿cuál es la única cosa necesaria?

Es lógico deducir que Jesús se refiere a la finalidad última de la vida. Por eso es que es tan importante.

La palabra «necesario» aparece de nuevo en Hb 9, 23: «Era, pues, necesario que las figuras del santuario celestial fuesen purificadas». Aunque en este texto se está hablando del templo, como en casi toda la Palabra de Dios, aquí se encierra un significado místico.

En las realidades sobrenaturales, pues, está la meta, la finalidad. Y lo necesario, lo que se requiere, es la purificación de lo que llama la figura de este mundo, el mundo que pasa.

Solo con esta purificación o renovación se llegará a la única meta para la que fuimos hechos, por la única que vale la pena vivir.

Es más, incluso ahora, aquí en la tierra, se pueden pregustar las maravillas del Cielo, por una renovación interior: «Los que ya fueron iluminados probaron el don sobrenatural, recibieron el Espíritu Santo y saborearon la maravillosa palabra de Dios con una experiencia del mundo futuro». (Hb 6, 4-5)

¿A qué se refiere con «la experiencia del mundo futuro»? A la unión con Dios: solo esta unión realiza al ser humano.

Es lo que hoy llamamos la experiencia mística, que más que hablarle a Dios es dejar que Él se nos comunique. Experiencia mística que es imposible sin la oración: lo que hacía María, la parte mejor.

¿Cuánto oramos? ¿Cuánto invertimos diariamente en nuestra felicidad?