Hacia la unión con Dios

Posts Tagged ‘Adviento’

Ciclo C, I domingo de Adviento

Posted by pablofranciscomaurino en noviembre 26, 2012

Quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad

Iniciamos hoy el tiempo de Adviento, recordando ambas venidas de Jesús: la primera —lleno de misericordia— para pagar nuestros pecados; la segunda —lleno de justicia— para dar a cada uno lo que le corresponda, después de habernos dado infinidad de oportunidades para enmendarnos.

Por eso, conviene que revisemos nuestra conducta de modo que, cuando Jesús nuestro Señor vuelva acompañado de todos sus santos, nos presentemos santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre, como lo recomienda san Pablo, en su carta a los Tesalonicenses.

Él mismo nos dice qué y cómo debemos pedir: Que el Señor nos colme y nos haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, y que así nos fortalezca internamente. Asimismo, nos ruega y exhorta: «han aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios; pues procedan así y sigan adelante. Ya conocen las instrucciones que les dimos, en nombre del Señor Jesús.»

Y, ¿cuáles son esas instrucciones? Las mismas que nos hace Jesús: «Tengan cuidado: no se les embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se les eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estén siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manténganse en pie ante el Hijo del hombre.»

Porque «habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.»

Cuando empiece a suceder esto, como lo dice Jesús, habrá algunos que se levantarán, alzarán la cabeza y se darán cuenta de que se acerca su liberación: se salvarán y vivirán tranquilos. ¿Estaremos entre ellos?

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Ciclo C, XXXIII domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en noviembre 22, 2010

Lo único seguro

 

En esta época, por todas partes se ven adornos, luces y mensajes que invitan a comprar, comprar y comprar; pero es poca o casi nula la alusión a la Navidad: el Nacimiento de Jesús, nuestro Salvador. Efectivamente, ya casi no se ven representaciones del Pesebre, de san José, de María, del Niño-Dios…

Mientras el mundo del comercio está usando, antes de tiempo, la Navidad para enriquecerse, la Iglesia Católica —creadora de la Navidad— nos invita a aprovechar estas dos semanas que quedan antes de iniciar el Adviento, que es el tiempo para preparar la celebración de la Navidad, para pensar en el aspecto escatológico de nuestras vidas: el juicio particular, el juicio final, el Cielo, el Infierno y el Purgatorio. Se llaman también los novísimos, las postrimerías.

Malaquías, en la primera lectura, los anuncia muy bien: Ya llega el día, ardiente como un horno. Todos los orgullosos y los que hacen el mal serán quemados como paja por el fuego de ese día. No quedarán de ellos ni ramas ni raíces. Pero, en cambio, para ustedes que respetan mi Nombre, brillará el sol de justicia, que traerá en sus rayos la salud; ustedes saldrán saltando como terneros cebados.

Y Jesús, en el Evangelio, también habla del final de nuestras vidas.

El juicio particular y el juicio final se llevarán a cabo, aunque algunos no lo crean. El Cielo, el Infierno y el Purgatorio existen; y no dejan de existir porque algunos los nieguen. Allá se darán cuenta, tarde.

Esto es lo único seguro: de nuestro comportamiento dependerá nuestra eterna felicidad o desgracia. Por eso, en la segunda lectura, san Pablo advierte a los Tesalonicenses que no hay que vivir sin control ni regla mientras estamos en esta tierra.

¿Hemos examinado nuestro actuar, nuestro hablar, nuestros pensamientos? ¿Hemos descubierto lo que debimos hacer o decir y no lo hicimos? Todavía estamos a tiempo: podemos arrepentirnos sinceramente de nuestros pecados, confesarnos y formular un propósito firme de mejorar.

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Ciclo C, III domingo de Adviento

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 21, 2009

La predicación del bautista

 

Era en Israel grande la expectación por la venida del Mesías, la promesa de la redención. Ya desde el año 737 antes de Cristo, Isaías había anunciado a la «voz que grita en el desierto», a Juan, el bautista, el último de los profetas mesiánicos.

Todos acudían a Él en busca del alimento espiritual: la preparación, con penitencia, para el acontecimiento más grande en la historia de la humanidad: el nacimiento de quien habría de reconciliarnos con Dios Padre.

Las muchedumbres, ansiosas, le preguntaban: «¿Qué hemos de hacer?»

Hoy, cuando faltan pocos días para la llegada de Jesús, ¿qué hemos hecho para prepararnos?

El Adviento es la época de preparación para que Cristo entre en las vidas nuestras: Dios con nosotros y en nosotros. Si sabemos aprovechar estos momentos, podremos desechar de nuestra vida lo malo, y encaminarnos por caminos de paz, de alegría y de amor.

Al ver a Juan, la gente se daba cuenta del momento histórico que estaban viviendo. Si abrimos los ojos del alma, descubriremos el momento espiritual que se nos acerca: podremos, a partir de ahora, tener a Dios en el corazón y llevarlo a nuestros hogares, a nuestro trabajo, a nuestra vida familiar y social, y seguir la lucha que emprendiera hace dos siglos el que venció a la muerte y al mal. ¿Cómo? Oigamos lo que el bautista contestaba:

El que tiene dos túnicas dé una al que no tiene, y el que tiene alimentos haga lo mismo. No exigir nada fuera de lo que está tasado. No hacer extorsión a nadie ni denunciar falsamente y contentarse con lo que se recibe.

Esto quiere decir que conviene que seamos caritativos y desprendidos. Hay muchos que no tienen lo necesario para vivir. ¿Qué haremos por ellos en esta Navidad?

Y, por otra parte, después de confesarnos (porque es época de penitencia), ¿por qué no nos decidimos hoy a evitar hacer el mínimo daño o perjuicio a los demás?

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Ciclo B, II domingo de Adviento

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 8, 2008

 Ya viene. ¿Estamos listos?

 

Dice Isaías que una voz —la de Juan el Bautista— clama: «Abran el camino al Señor en el desierto; en la estepa tracen una senda para Dios; que todas las quebradas sean rellenadas y todos los cerros y lomas sean rebajados; que se aplanen las cuestas y queden las colinas como un llano.» Porque aparecerá la gloria del Señor y todos los mortales a una verán que el Señor fue el que habló.

«¡Aquí está su Dios!» Sí, aquí viene el Señor, el fuerte, el que pega duro y se impone. Trae todo lo que ganó con sus victorias, delante de él van sus trofeos.

Pero más parece que el mundo entero amenaza ruina: la corrupción de las costumbres, la lucha casi enfermiza por el dinero y el placer, la violencia generalizada, el olvido de Dios…

Algunos dicen que Dios se demora en cumplir su promesa, pero no es así: Pedro afirma hoy que ante el Señor un día es como mil años y mil años son como un día. El Señor es generoso con todos, y no quiere que se pierdan algunos, sino que todos lleguen a la conversión, y les da el tiempo necesario para que lo logren.

Nosotros esperamos, según la promesa de Dios, cielos nuevos y una tierra nueva en que reine la justicia. Con una esperanza así, esforcémonos para que Dios los encuentre en su paz, sin mancha ni culpa.

Sigamos escuchando a Juan, el Bautista:

«Detrás de mí viene uno con más poder que yo. Yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias, aunque fuera arrodillándome ante él. Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará en el Espíritu Santo.»

El que viene es Jesús, el Salvador, el que nos bautiza en el Espíritu Santo. Y llegará en pocos días a nuestro corazón. ¿Cómo lo estamos esperando? ¿Cómo nos estamos preparando?

¿Tenemos acaso lleno el corazón de deseos de dinero y de placeres? Si ese corazón ya está ocupado, ¿cómo podrá entrar Jesús?

Nos está dando tiempo. ¿Qué esperamos?

 

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