Hacia la unión con Dios

Posts Tagged ‘Agresión’

Nos llamaron fanáticos

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 30, 2015

Por algunas actitudes no cristianas, los abortistas nos creen fanáticos irracionales, como lo dejaron entrever en el Congreso.

Basta proponer la verdad —sin pretender imponerla— y confiar en Dios. Si confiamos en Dios, si oramos, si ofrecemos sacrificios por la causa y si hacemos con altura nuestra labor, Él dará el resultado positivo. Para Él todo es posible; por eso, no hay necesidad de que hagamos bulla, aplaudamos o gritemos, levantemos pancartas o les faltemos al respeto a los demás.

Por otra parte, Jesús, por ser Dios, es el único que puede llamar «sepulcros blanqueados» y con otros improperios a los demás. Su autoridad es la que le da ese derecho. Los demás, como criaturas que somos y —sobretodo— como pecadores, solo debemos amar.

Ser educados con los detractores no significa congraciarse con ellos.

Es verdad que no debemos transigir con el error, debemos combatirlo; pero eso es enteramente distinto a combatir a las personas: no debemos hacerlo simplemente porque somos seres humanos; y porque somos cristianos católicos debemos amarlas.

“Pónganse, pues, el vestido que conviene a los elegidos de Dios, sus santos muy queridos: la compasión tierna, la bondad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia. Sopórtense y perdónense unos a otros si uno tiene motivo de queja contra otro. Como el Señor los perdonó, a su vez hagan ustedes lo mismo.” (Col 3, 12-14)

«En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros.» (Jn 13, 35).

No reside la esencia del cristiano en la fuerza que utilicemos para defender la vida, no en los argumentos; mucho menos en la agresión… Jesús fue claro: «En que se amen los unos a los otros».

En el amor a los enemigos está la esencia de la eficacia apostólica.

 

Posted in La conducta del cristiano | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Nos llamaron fanáticos

¿Actuamos como católicos?

Posted by pablofranciscomaurino en junio 14, 2008

 

Se citaron en el Capitolio a los defensores de la vida y a los promotores del aborto para un debate sobre el nuevo Proyecto de Ley.

Hubo vehemencia, indirectas, frases soterradas, estadísticas erróneas, y hasta irrespeto. El público, desatendiendo la indicación de la presidencia, elevó fotografías de abortos, puso pancartas, aplaudió y voceó…

 

Para defender nuestros criterios hay muchas armas. Pero no de todas nos podemos valer:

«No salga de sus bocas ni una palabra mala, sino la palabra que hacía falta y que deja algo a los oyentes. No entristezcan al Espíritu Santo de Dios; este es el sello con el que ustedes fueron marcados y por el que serán reconocidos en el día de la salvación. Arranquen de raíz de entre ustedes disgustos, arrebatos, enojos, gritos, ofensas y toda clase de maldad. Más bien sean buenos y comprensivos unos con otros, perdonándose mutuamente, como Dios los perdonó en Cristo.» (Ef 4, 29-32)

 

Y, cuando nos agreden o nos tratan de engañar con mentiras, estadísticas falsas o verdades a medias, debemos actuar como san Pedro y san Pablo nos enseñaron:

«No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien bendigan, pues para esto han sido llamados; y de este modo recibirán la bendición.» (1Pe 3, 9)

«Cuiden que nadie devuelva a otro mal por mal, sino constantemente procuren el bien entre ustedes y con los demás.» (1Tes 5, 15)

«Si nos insultan, bendecimos; nos persiguen y lo soportamos todo.» (1Co 4, 12b)

 

Aun cuando tengamos la verdad:

«Bendigan a quienes los persigan: bendigan y no maldigan. […] No busquen grandezas y vayan a lo humilde; no se tengan por sabios. No devuelvan a nadie mal por mal, y que todos puedan apreciar sus buenas disposiciones.» (Rm 12, 14-17)

 

Al contrario, soportemos y perdonemos todo:

«Sopórtense y perdónense unos a otros si uno tiene motivo de queja contra otro. Como el Señor los perdonó, a su vez hagan ustedes lo mismo.» (Col 3, 13)

 

Y hagámoslo todas las veces que sea necesario:

Entonces Pedro se acercó con esta pregunta: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contestó: «No te digo siete, sino setenta y siete veces.» (Mt 18, 21-22)

 

Entonces, ¿qué hacer con los que defienden el aborto y lo hacen agrediendo?

«Yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores, para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque Él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores. Si ustedes aman solamente a quienes los aman[1], ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. Y si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se comportan así. Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo.» (Mt 5, 44-48)

«Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan. Al que te golpea en una mejilla, preséntale también la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido. Da al que te pide, y al que te quita lo tuyo, no se lo reclames. Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Hasta los malos aman a los que los aman. Y si hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué gracia tiene? También los pecadores obran así. […] Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande, y serán hijos del Altísimo, que es bueno con los ingratos y los pecadores. Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. (Lc 6, 27-36)

 

En la Palabra de Dios se nos enseñó cómo derrotar el mal:

«No te dejes vencer por el mal; más bien derrota al mal con el bien.» (Rm 12, 21)

 

Y al que nos ataca:

«No lo consideren como enemigo, sino corríjanlo como a hermano.» (2Tes 3, 15)

 

Aprendamos de los mártires:

Después [Esteban] se arrodilló y dijo con fuerte voz: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado.» Y dicho esto, se durmió en el Señor. (Hch 7, 60)

 

Por eso, san Pablo de la Cruz (1694-1775) nos recomienda lo que cada uno debe hacer: «vencerme a mí mismo, devolviendo bien por mal, amor por odio, humildad por desprecio y paciencia por impaciencia.» (Muerte Mística, nº XVI) Esta es la cruz que Jesús nos pide.

 

El secreto del éxito en nuestras empresas apostólicas es la oración y el sacrificio unido a la cruz de Cristo. Por eso, en vez de pelear y ofender, rezar y aceptar la cruz es el camino más eficaz. No hacerlo fue lo que hizo llorar a san Pablo:

«Porque muchos viven como enemigos de la cruz de Cristo; se lo he dicho a menudo y ahora se lo repito llorando.» (Flp 3, 18)

Llorando estamos los que vemos que no ha arraigado el amor de Jesús en los corazones de los católicos…


[1] Se podría decir: «Si ustedes aplauden solamente a los que piensan como ustedes…»

 

 

 

 

 

Posted in La conducta del cristiano | Etiquetado: , , , | Comentarios desactivados en ¿Actuamos como católicos?