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Decálogo de tácticas de enganche

Posted by pablofranciscomaurino en julio 29, 2008

 1.  La nueva doctrina debe reemplazar la realidad. Para esto se altera la historia o se ignora para hacerla consecuente con la nueva creencia, se hace énfasis en que es más válida, verdadera y cierta que la experiencia.

2.  Se hace que los miembros del nuevo grupo aparezcan contentos y entusiastas todo el tiempo; de este modo los “nuevos” van suprimiendo sus propios sentimientos y no pueden desarrollar su capacidad de juicio. Se aclara que todos los males son resultado de falta de fe o de fallas en el comportamiento.

3.  Se comprimen las ideas de la nueva doctrina en frases cortas -clichés- muy sonoros, fácilmente memorizables y fácilmente expresables. Esas ideas se van metiendo en el ambiente de manera que se enaltezca lo bueno del grupo y lo malo de los demás; también se utilizan para rechazar todo lo que pueda contradecir la nueva creencia. Se utiliza un lenguaje divisor, exageradamente solemne. Es el lenguaje de no pensar, de no hacer juicio alguno ni sobre el o los dirigentes ni sobre el credo. Este lenguaje “cargado” da un sentido de seguridad a su gente y aísla a los individuos del mundo exterior.

4.  A la nueva doctrina se le da altura de ciencia sagrada, de verdad absoluta, más allá de todo cuestionamiento. Se exige para ella reverencia creciente. El o los dirigentes tienen todas las respuestas, son los que poseen la revelación de la verdad. Un cuestionamiento sobre ellos o sus enseñanzas tiene visos de irreverencia y sacrilegio.

5.  A medida que se “progresa” los nuevos participantes deben ser cada vez más crédulos, hasta llegar a exigírseles que publiquen sus errores, aun los más íntimos, siempre en presencia del o de los líderes, no para aliviar las penas ni con finalidad terapéutica, sino más bien como un acto de rendición. Así se va diluyendo el “yo”, se anula o se explota el talento personal en beneficio del grupo.

6.  Se imprime en los cerebros la idea de que todo es negro o blanco. De este modo, las ideas, sentimientos y acciones coherentes con la ideología y la política del grupo son buenas, mientras que las que las podrían cuestionar son malas.

Se induce a pensar que en nombre de la nueva ideología todo se puede hacer: la bondad o maldad de un acto dependen de si va en pro de la doctrina del grupo. Se crea un mundo estrecho de culpa y vergüenza. Uno de esos actos malos, por ejemplo, es la deserción.

7.  Los seguidores son merecedores de la vida; sus detractores, de la muerte. A los “de afuera” se les permite vivir solo si cambian y entran a la organización. Los “de adentro” viven así con el temor de ser declarados “muertos”. De esta manera el “creyente” piensa que solo es si cree, si obedece, si está ”dentro”.

8.  Para provocar patrones de conducta específicos se hacen “estallar” sentimientos místicos: los dirigentes son “iluminados” por una “aura” de misterio, son los llamados a realizar “una gran misión”, se muestran como los “guardianes de la verdad”. Así mismo, los “escogidos” tienen el “privilegio” de participar en esa importante misión, y se pueden asociar a los que no pertenecen a su organización solo para beneficiar la causa.

9.  Se controla lo que los adeptos ven, oyen, leen, escriben, expresan o experimentan. Se les excluye cualquier cosa distinta a la doctrina del grupo. Y finalmente les hacen creer que todo se sabe de un modo místico: lo que pasa y lo que va a pasar. Entonces el individuo queda aislado del exterior, no tiene capacidad de reflexión interna y pierde su identidad fuera del grupo.

10.  Se da al dinero el apelativo de “demonio” para cualquier uso que no sea el de pagar el diezmo a la comunidad. Es en este momento que este autómata pierde lo único que le quedaba: su dinero.

 

 

  

 

 

 

 

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