Hacia la unión con Dios

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Los musulmanes ya son más numerosos que los católicos

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 20, 2017

 

He aquí las estadísticas mundiales por religiones (aproximado en millones) al finalizar el año 2016*:

 

Población mundial 7.400

  1. Islam 1.350

  2. Cristianos católicos 1.280

  3. Secularismo 1.100

  4. Hinduismo 1.050

  5. Budismo 1.000

  6. Cristianos nacidos del Protestantismo 804                                                                              

  7. Taoísmo y confucianismo 800

  8. Cristianos orientales 260

  9. Sintoísmo 65

  10. Otros cristianos 28

  11. Sijiísmo 26

  12. Judaísmo 16

  13. Jainismo 10

Y otros de >10

 

Como se ve, el total de cristianos de todas las denominaciones (incluyendo los católicos) en el mundo es de 2.370 millones, y supera a los musulmanes; pero los musulmanes sobrepasan a los católicos por 70 millones.

¿Se produjo esto porque muchos católicos controlan la natalidad mientras que los musulmanes no lo hacen?

 

Otra circunstancia que se destaca es que el secularismo (quienes no tienen religión) está ahora en el tercer lugar en las estadísticas mundiales.

Después de la apostasía, la gente cae en el ateísmo, en el agnosticismo o en la indiferencia total sobre el ámbito espiritual del ser humano, con el consecuente automutilamiento de su esencia, de su ser.

 

Este dramático pero auténtico panorama debe hacernos reaccionar: ¿Qué falla en nuestra predicación? ¿La hay?: ¿qué predica nuestra vida? ¿Son consecuentes nuestros actos y actitudes con nuestra fe?

Más allá de todo análisis sobre las técnicas de evangelización, las estadísticas muestran que donde hay más persecución religiosa a la Iglesia Católica es donde más está creciendo, no solo el número de cristianos, sino de vocaciones sacerdotales y religiosas, mientras que en donde no hay persecución, decrecen ambos.

Esto quiere decir que el cristianismo católico auténtico es el que está crucificado; y es el que está vivo, pues es el único que crece.

¡No más miedo a la Cruz! Ya lo hemos leído y escuchado: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”.

¿Quién tiene miedo al martirio? Es fácil responder: quien todavía no ha comprendido que en esta vida estamos de paso: que nuestra existencia en esta tierra es simplemente una prueba de fe, una prueba de obediencia, una prueba de amor. Y que, pasada esta prueba —que dura un instante—, vendrá la eternidad, la eternidad feliz.

Pero, ¿cuántos católicos lo saben?, ¿cuántos están dispuestos a demostrarlo dando la vida presente para ganar la Vida (con mayúscula)? Ellos son los que captaron la esencia de su fe, como lo hicieron los mártires, que nunca estuvieron tan contentos como en sus bodas místicas, en su Bautismo de sangre, en su dies natalis: en su nacimiento a la Vida eterna.

¿Qué temes? ¡Dios está contigo! Y la Virgen y todos los ángeles, y san José y todos los santos… ¡Somos el espectáculo del Cielo! Nos esperan allá, con coronas imperecederas.

¿Qué temes? La gracia de Dios no nos faltará. ¡Ánimo! Ni un paso atrás. Siempre adelante: con la valentía de quienes saben que Jesús ya venció en esta batalla, y que nos precede.

 

Mira las estadísticas de los católicos consagrados a Él; son cerca de:

    5.500 obispos

416.000 sacerdotes

45.000 diáconos

737.000 religiosos

Ora por ellos; sacrifícate con Jesús por ellos; niégate a ti mismo; carga con tu cruz de cada día, en pos de Jesucristo, nuestro caudillo, que desea cambiar el mundo, y sólo te pide tu cooperación con la gracia. Y, después, ¡recibirás el Premio mayor! Y dirás: “¡Valió la pena!”

 

_________

*  Los números de población por religión son computados por una combinación de datos del censo y encuestas de población (en países donde los datos de religión no son recolectados por el censo, por ejemplo Estados Unidos o Francia), pero los resultados pueden variar ampliamente dependiendo de la manera en que las preguntas son formuladas, las definiciones de religión utilizadas y la parcialidad de las agencias u organizaciones que conducen la investigación. Las religiones informales o desorganizadas son especialmente difíciles de contabilizar.

No hay consenso entre los investigadores acerca de la mejor metodología para determinar el perfil religioso de la población mundial. Un número de aspectos fundamentales están sin resolver:

  • Si contabilizar las “culturas religiosas históricamente predominantes”.
  • Si contabilizar sólo aquellos que “practican” activamente una religión en particular.
  • Si contabilizar basándose en un concepto de “adhesión”.
  • Si contabilizar sólo a aquellos que se auto-identifican expresamente con una denominación particular.
  • Si contabilizar solo a los adultos o incluir también a los niños.
  • Si apoyarse solamente en estadísticas oficiales facilitadas por el gobierno.
  • Si utilizar múltiples fuentes y rangos o sólo las “mejores fuentes”.

 

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La nueva Jerusalén, ¿aquí?

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 3, 2016

 

“Y oí una voz que clamaba desde el trono: ‘Esta es la morada de Dios con los hombres; Él habitará en medio de ellos; ellos serán su pueblo y Él será Dios-con-ellos; Él enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte ni lamento, ni llanto ni pena, pues todo lo anterior ha pasado. […] Al que tenga sed yo le daré de beber gratuitamente del manantial del agua de la vida. Yo seré Dios para él, y él será hijo para mí.’ […] A su luz caminarán las naciones, y los reyes de la tierra llevarán a ella sus riquezas. No habrá que cerrar sus puertas al fin del día, ya que allí no habrá noche. Traerán a ella las riquezas y el esplendor de las naciones. Nada manchado entrará en ella, ni los que cometen maldad y mentira, sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero.” (Apocalipsis, capítulo 21)

Además se puede leer en Isaías (capítulo 11) algo que, contradiciendo algunas exégesis, tendría el mismo sentido:

“El lobo habitará con el cordero, el puma se acostará junto al cabrito, el ternero comerá al lado del león y un niño chiquito los cuidará. La vaca y el oso pastarán en compañía y sus crías reposarán juntas, pues el león también comerá pasto, igual que el buey. El niño de pecho jugará sobre el nido de la víbora, y en la cueva de la culebra el pequeñuelo meterá su mano. […] No cometerán el mal, ni dañarán a su prójimo en todo mi Cerro santo, pues, como llenan las aguas el mar, se llenará la tierra del conocimiento del Señor.”

Ya es hora de hacer realidad estos pasajes evangélicos:

Veo a un hombre darle el paso a otro en el tráfico, a otro pedirle perdón a alguien después de estrellar su carro y pagarle todos los daños, más allá se observa cómo un joven ayuda a una anciana a pasar la calle y todos los autos se detienen con calma para que no tenga que apurarse. Los transeúntes sonríen y se saludan los choferes, las filas son respetadas…

En los bancos, teatros y demás lugares públicos se ve la cortesía y la urbanidad en las colas, los ancianos son pasados adelante; nadie fuma, el licor es tomado moderadamente; los espectáculos son sanos y preservan la moral; en las tiendas la atención es esmerada y educada, pero no solamente por el interés económico…

La tecnología y la ciencia están al servicio del hombre y no al revés. En los congresos científicos se enseña todo si egoísmos, buscando más que el reconocimiento, el bienestar del hombre en sus aspectos biológico, psicológico y espiritual…

Con la economía sucede lo mismo: es para el hombre y no el hombre para ella.

Ya casi no hay trabajo para los abogados: todos tratan de solucionar sus problemas de común acuerdo. Solo se los busca para llenar algunos requisitos indispensables…

La ecología es prioridad para todos…

Los escritores dedican todos sus esfuerzos a propagar buenas costumbres… En las comunicaciones, los medios destacan lo bueno, informan con veracidad…

Empleados y patrones se tratan con justicia…

En el comercio, se acabó la competencia y fue reemplazada por la cooperación. Solo se venden productos útiles y no se crean necesidades…

Ya no existe la pornografía ni el machismo, ni la degradación de la mujer…

Ellas ganan un buen salario, trabajando medio tiempo, para poder dedicarse a la educación de los hijos…

La política está al servicio del pueblo y no de intereses particulares…

La educación es una de las principales prioridades de los gobiernos…

La gente es consecuente con su manera de pensar: no hay católicos de segunda categoría, todos luchan a diario por ser mejores en todos los aspectos. La ascética es pelea de todas las almas y la mística acompaña a muchos…

Se respetan otras formas de pensar. No se discute ni siquiera con un poco de acaloramiento sobre las diferencias, sino que se habla de lo que unifica y enriquece…

La gloria de Dios y la paz entre los hombres es la meta principal de todos.

Como se ve, a cada uno le corresponde hacer algo por la nueva Jerusalén.

¿Utopía de ingenuos? Lo seguirá siendo hasta que comencemos, con Jesús.

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Los floreros de los templos

Posted by pablofranciscomaurino en julio 24, 2015

Supuestamente las flores son para el Santísimo, para darle culto; sin embargo, están orientadas de modo que sea el pueblo quien pueda gozar de su belleza. Los acólitos son los que se dan cuenta, ya que desde el sagrario se ve la parte trasera de los floreros llena de tallos y fea; a veces hasta se ve el oasis (esponja verde donde se entierran las flores) y cinta pegante que lo sostiene todo.

Así como los floreros de los templos hay muchas actitudes y circunstancias. Por momentos parece que lo importante es la imagen de la Iglesia, no su esencia ni la fuerza que posee por el hecho de ser fundada por Jesucristo y asistida por el Espíritu Santo.

Baste ver la poca confianza en Dios que algunos tienen en la labor pastoral y en el apostolado: con frecuencia se cree más en las «tácticas de enganche», la publicidad, la alegría en los ritos y en los cantos, la simpatía del sacerdote, etc., que en la gracia de Dios.

Se invierte poco tiempo en la oración… Se ora con poca fe… Se rechaza el sacrificio para lograr la conversión de las almas… Se ama poco a los pecadores. Y estos fueron los medios enseñados y utilizados por Cristo. En resumen, se sigue más el método de los hombres que el de Dios.

Lo que se consigue es casi siempre fugaz: almas muy emocionadas al ver un sacerdote «tan moderno», tan innovador… «Cómo le llega a la gente» —repiten—, «Es un cura que está a la moda». Pero, después de las primeras pruebas, dejan el entusiasmo inicial. Son como la semilla que cae en las piedras del camino: sin raíces. Luego se agostan por el sol y mueren.

¿Queremos ese tipo de católicos?… ¿Querrá Dios ese tipo de hijos?

La fecundidad apostólica de los santos que arrastraron a tantos en pos de Jesús, dispuestos a todo por seguirlo y vivir como Él —incluso hasta el martirio—, radica en donde está la fecundidad del fundador de la Iglesia: oblación total de sí mismo por la salvación de los hombres.

 

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Ciclo B, VIII domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 9, 2013

¡Ama y haz lo que quieras!

 

 

613 reglas tenían —y tienen— los judíos; desde que las contó san Jerónimo, los hemos entendido un poco mejor. Practicándolas se salvan.

En cambio, nosotros nos salvamos si amamos a Dios y al prójimo. Por supuesto que debemos cumplir los mandamientos, practicar las obras de misericordia espirituales y corporales y, también, procurar vivir los consejos evangélicos. Amar obliga al cumplimiento de todas estas reglas, porque son reglas de amor.

Pero hoy hay muchos católicos que creen que hay que vivir como los judíos: cumpliendo reglas que supuestamente nos salvan. Y este criterio se nos permea a todos, en mayor o menor grado, hasta que el amor de Dios penetra en nuestras almas, y nos damos cuenta de que si amamos, ya estamos cumpliendo todos los mandatos divinos.

San Agustín gritó dichoso cuando lo descubrió: «¡Ama y haz lo que quieras!» Quien ama ya cumple todo: «Amar es cumplir la Ley entera», decía san Pablo.

Por eso Jesús nos dice hoy, como a los judíos de entonces: «A vino nuevo, odres nuevos». El vino nuevo es el amor, y nosotros debemos ser el odre nuevo que lo contiene, como les sucedía a los corintios, a quienes san Pablo veía llenos del amor de Dios y, por eso, no necesitaba pedirles cartas de recomendación. Les decía, como leemos en la segunda lectura: «Ustedes son nuestra carta de recomendación, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres. Son una carta de Cristo, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón.»

Es que ellos entendieron muy bien que Dios los impregnó de ese amor desde tiempo atrás. Efectivamente, a través del profeta Oseas, ya les había enseñado que Él les hablaba al corazón, como un novio le habla a su novia, y se casa con ella en matrimonio perpetuo, en derecho y justicia, en misericordia y compasión, en fidelidad, y así se penetraron del Señor.

Y nosotros, ¿estamos penetrados del amor del Señor?

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Ciclo C, X domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en junio 1, 2013


¡Tremenda noticia!

San Pablo cuenta en la carta a los gálatas que persiguió a la Iglesia con furia, la devastó: intentó apagar a la Iglesia, destruirla, aniquilarla, hacerla desaparecer, porque eso es lo propio del que devasta… Pero actuaba por celo, no por vanagloria, ni por odio, sino porque era ‘celoso’ de las tradiciones paternas.

Ahora predica a Jesucristo, con celo divino, que es una prueba de que se enamoró perdidamente de Él, del Amor personificado.

¿Y por qué? Porque este Amor resucita, como resucitó Elías al hijo de la viuda de Sarepta, que le dio posada: «al niño le volvió la respiración y revivió. Elías tomó al niño, lo llevó al piso bajo y se lo entregó a su madre, diciendo: “Mira, tu hijo está vivo”».

Por eso cantamos en el salmo de hoy: «Te ensalzaré, Señor, porque me has librado […] Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.»

Y, del mismo modo, Jesús resucitó al hijo de la viuda de Naím: «”¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!”. El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.»

Estas dos resurrecciones son una prefiguración de la resurrección de Cristo y —llenémonos de dicha— ¡de la nuestra!

Ante la evidencia de esas resurrecciones, todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Por eso nosotros, los cristianos, vivimos contando esa noticia —Evangelio significa: la buena noticia— maravillosa, la más grande noticia de todas: ¡Vamos a la dicha!, ¡vamos al Amor!, ¡vamos a la auténtica felicidad!

¿Se te nota que estás feliz? ¿Se te nota que eres cristiano?… ¿Lo notan todos en tu casa, en tu trabajo, entre los que te tratan?

¿O no te diferencias de los que no creen en Cristo?

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Ciclo A, VII domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 28, 2011

¿Santidad?

¿Se nota que somos católicos en nuestra vida diaria?, ¿en la oficina?, ¿en la fábrica?, ¿en la casa?, ¿con nuestros amigos…? ¿Ven los demás algo distinto en nosotros o somos iguales a los demás? ¿En qué se diferencia nuestra conducta de la de un ateo? Si no se notan diferencias podemos decir que somos como los ateos, no en la teoría sino en la práctica; es decir, somos verdaderos ateos.

Y, ¿en qué se debe notar esa diferencia? Esto es lo que nos explican las lecturas de hoy: «Sean santos, porque yo, el Señor, Dios de ustedes, soy Santo».

Y, ¿cómo ser santos?

Primero debemos saber que somos templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en nosotros. Es que «la sabiduría de este mundo es tontería a los ojos de Dios»; es que «el mundo, la vida, la muerte, lo presente y lo futuro, todo es de ustedes. Y ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios». Esto nos hace conscientes de nuestro gran valor, de nuestra gran dignidad.

Segundo, si queremos ser santos como Dios lo quiere, si queremos marcar la diferencia y alguien nos golpea en la mejilla derecha, ¿le ofrecemos la otra?, ¿o respondemos cada agresión con otra agresión?

Si alguien nos hace un pleito por algo, ¿le entregamos más? Si alguien nos obliga a hacer algo que no queremos, ¿lo hacemos con el gusto que da el ayudar a un hermano? ¿Damos al que nos pide? Y al que espera de nosotros algo prestado, ¿se lo prestamos o le volvemos la espalda?

Amemos a nuestros enemigos y recemos por los que nos persiguen, para ser así hijos de nuestro Padre que está en los Cielos.

Es que si amamos solamente a quienes nos aman, ¿qué mérito tiene? También los no–católicos lo hacen. Y si atendemos sólo a nuestros amigos, ¿qué tiene de especial? También los no–cristianos se comportan así.

El mismo Jesús lo dijo: «sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo». ¡Podemos ser santos! Y debemos serlo.

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¿Somos discípulos de Jesús?

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 3, 2008

 

Los cristianos, es decir, los que creen en Cristo, se dividen en 4 grandes grupos: los católicos, los cristianos orientales, los protestantes o evangélicos reformados y los anglicanos/episcopalianos.

Esa división es dolorosa: se atacan verbal y aun físicamente, y hasta se matan unos a otros.

Hace mucho tiempo, verifiqué algo de eso cuando buscaba con quién instruirme más acerca de la vida y obra de san Francisco de Asís. Un día, oí a un sacerdote que predicaba y que nombraba con frecuencia al pobrecillo de Asís. Lo abordé y le pregunté si era franciscano. Me respondió: «Yo amo mucho a Francisco, pero no amo a los franciscanos». En ese momento comprendí qué tan lejos estaba ese cura del espíritu franciscano… ¡Qué desilusión!

Y Jesucristo dijo precisamente lo contrario: «En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros». (Jn 13, 35)

Es sencillo y simple, entonces, deducir que si atacamos de una u otra forma a otros cristianos no seremos reconocidos como discípulos de Jesús.

No seremos reconocidos como discípulos de Jesús si somos miembros del grupo de oración de nuestra parroquia y criticamos a los de otra parroquia; si afirmamos que los franciscanos renovados son extremistas, al vivir en esa pobreza absoluta; si censuramos al Minuto de Dios y a todos los movimientos católicos carismáticos; si juzgamos fascistas a los integrantes de Tradición, Familia y Propiedad (TFP); si dudamos de la procedencia del dinero con que se mantiene Radio María; si calificamos a la asociación María Santificadora como “un grupo de fanáticos”; si calumniamos a los frailes menores de la iglesia de la Porciúncula —en Bogotá— diciendo que son los dueños del centro comercial que queda a su lado; si la emprendemos contra un párroco que nos cobró un servicio, porque “está llenándose de plata con las cosas de Dios”; si tildamos al Opus Dei como rígido y excesivamente conservador; si solo hablamos de los sacerdotes para destacar sus defectos; si hablamos de la Iglesia para reprocharla por las riquezas que posee en el Vaticano o en el mundo entero; si en los grupos de oración o de apostolado criticamos a nuestros compañeros porque “no se merecen el puesto que les han dado” o porque “no tiene las cualidades para realizar esa labor”; si no somos capaces de soportar los defectos de nuestros compañeros de fe; si destacamos la ineficacia de la labor apostólica de otro; si hacemos juicios a los sacerdotes o, peor, a los obispos o al Papa; si manifestamos pensamientos que desunen a los católicos; si hablamos de sacerdotes de “avanzada” o “retrógrados”…

Los discípulos de Jesús son los que unen, los que excusan siempre a los demás, los que tratan de ocultarles las fallas, los que los perdonan anticipadamente porque se sienten hermanos, los que dejan los juicios a Dios…; en fin, los que cuando no pueden alabar, callan.

Ánimo, discípulos de Jesús, ¡a amar!, ¡de verdad!, ¡con hechos!, ¡como Jesús!

Para dejar este defecto, Él mismo nos da el remedio: «Si tu mano o tu pie te está haciendo caer, córtatelo y tíralo lejos. Pues es mejor para ti entrar en la vida sin una mano o sin un pie que ser echado al fuego eterno con las dos manos y los dos pies. Y si tu ojo te está haciendo caer, arráncalo y tíralo lejos. Pues es mejor para ti entrar tuerto en la Vida que ser arrojado con los dos ojos al fuego del infierno». (Mt 18, 8-9) ¡Mordámonos la lengua para hablar de cualquier ser humano, pero hagámoslo más duro si se trata de un hermano!

Además, el nuestro no es “el” camino. De hecho, hay muchos: la infinita sabiduría de Dios ha suscitado múltiples movimientos apostólicos religiosos o seculares, porque así lo ha querido. Pero todos esos caminos deben distinguirse por algo muy particular. Y Jesús fue claro en eso: «En que os amáis los unos a los otros».

Amor que fue demostrado por Jesucristo en la Cruz: no sólo murió por sus discípulos, sino que vino a llamar a todos, hasta a los pecadores.

¿Qué podemos decir nosotros de nuestros hermanos equivocados? ¿Nos atreveríamos a afirmar que son pecadores? ¡Nos equivocamos también nosotros tantas veces! Si hubiéramos nacido y vivido sus circunstancias, ¿no pensaríamos, hablaríamos y actuaríamos como ellos? ¿Acaso Dios se olvidaría de nosotros en esas circunstancias? Vale la pena seguir el ejemplo de Cristo: el que no está contra nosotros ¡está con nosotros!

Ese ejemplo es Amor que se dio en forma de sacrificio, de cruz, de entrega total a la voluntad de Dios, hasta derramar la última gota de sangre y de agua… por todos.

Amor que no es teoría, ni palabras, ni simple aceptación o tolerancia; sino obras, las que nos pide Dios. Y la primera de ellas, un cambio en nuestro corazón: que recibamos a nuestros hermanos con un entrañable amor en Cristo, y anticipando nuestro perdón a cualquier ofensa que pudiera venir de ellos; amor ofrecido por la unión de los cristianos, como la quería Jesús:

«Que todos sean uno como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros». (Jn 17, 21)

  

 

 

 

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Desbandada de católicos

Posted by pablofranciscomaurino en julio 11, 2008

 

Hacer una evaluación, parroquia por parroquia, o viajar por el país son, entre otras, las mejores maneras de evaluar lo que está sucediendo en las huestes católicas: grupos de esoterismo, presencia de Testigos de Jehová, satanismo, budismo tibetano y otros y, mucho más extendidas, agrupaciones cristianas no católicas que son ahora sedes llenas de ex católicos. Hay lugares en donde por cada templo católico hay tres iglesias de credos no católicos en las que los pastores aleccionan a los fieles a seguir tras las huellas de fundadores de nuevos modos de ver el cristianismo; y lo que es más: por cada feligrés hay doscientos o trescientos nuevos cristianos: personas que antes conocíamos como evangélicos y más atrás como protestantes.

Preocupados por esa desbandada, muchos prelados y laicos intentan retornarlos o disminuir su éxodo cambiando sus actitudes e intentando mudar la forma —no el fondo— de los ritos, llenándolos de cánticos, de diálogo pastoral, de música, de simpatía…, como si se tratase de la captura de un mercado comercial.

Pocos, en cambio, se han dado a la tarea de examinar los motivos extrínsecos de tales cambios de “religión” y mucho menos los motivos interiores o intrínsecos. Sobresalen los siguientes en orden de prevalencia (del más frecuente al menos):

1. La inexistencia de una “alma” en el catolicismo que impela a un verdadero compromiso de vida. 2. La ausencia de un cambio exterior en los ritos católicos que demuestre los movimientos interiores del alma. 3. La presencia en los otros credos de expresiones externas que muevan el sentimentalismo de las masas. 4. La evidencia de gran cantidad de cambios positivos en drogadictos, delincuentes de la más variada maldad y, especialmente, de seres que, tras etapas de depresión, encuentran cariño y el apoyo psicológico y material que – dicen ellos – no hallaron entre los sacerdotes y religiosos y, mucho menos, entre quienes se llaman católicos.

¿Qué podemos contestar ante estos argumentos?…

Más que contestar bien vale la pena evaluar la situación actual, tanto en la realidad (llegaremos ser la religión menos numerosa del país), realidad imposible de negar, como en las causas de la misma:

¿Por qué se niega la existencia de una “alma” en el catolicismo que impulse a un cambio verdadero de vida en el Señor? No nos dejemos llevar por respuestas simplistas. No es porque no se predique lo suficiente, ni porque el cura no “llega” al feligrés. Es porque esa “alma” del catolicismo es la misma Cruz de Cristo a la que no hemos llegado de veras y con la valentía de algunos de los primeros cristianos; “hasta la sangre”, como decía san Pablo; radicalmente, como lo hizo san Francisco; “… es Cristo quien vive en mí”…

¿Por qué no llegamos a tantos, como los otros? Tampoco conviene dejar esta pregunta sin un profundo análisis. Y la respuesta es la misma: la eficacia no está en nosotros, en nuestras cualidades como predicadores o como hombres piadosos únicamente, está en nuestra unión con la Cruz de Cristo. ¿Cuántas veces nos unimos a ella, no en el sentimiento sino en la realidad? Morir con Cristo en la Cruz cada día es ser el servidor de todos; trabajar, sufrir y dejar toda la satisfacción a los demás; considerase siempre el último de todos, por tanto, contento de ocupar el último lugar; ser indiferente a todo, tanto a los reproches como a las alabanzas, y hasta preferir lo primero; ser siempre condescendientes con las opiniones ajenas; no vivir dando disculpas y explicaciones por los errores cometidos; no hablar de nosotros mismos; que los oficios más humildes sean siempre los nuestros…

Y, principalmente, pureza de intención en la acción menor como en la mayor y unión íntima con el Corazón de Jesús. Aquí está la fuerza del amor de Cristo: en su Cruz.

 

 

 

 

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