Hacia la unión con Dios

Posts Tagged ‘Ceguera’

Ciclo B, XXX domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 23, 2013

Recobra la vista y síguelo

 

En el salmo 38 se nos dice: «El ser humano no es más que un soplo; y el hombre se afana por un soplo».

Esta es la mirada cristiana de la vida que han enseñado los santos: «Esta vida es un instante, es humo», decía santa Teresita del Niño Jesús. Y santa Teresa de Jesús: «Esta vida es apenas una mala noche en una mala posada». Recordemos siempre —metámonoslo en la cabeza— que esta vida es pasajera.

A veces se nos olvida que en esta vida estamos de paso: que vamos hacia la realidad, pues vivimos en una especie de representación de la realidad, como lo dice san Pablo, el Apóstol: «La representación de este mundo pasa».

La realidad es precisamente lo que no vemos: la Santísima Trinidad, la Virgen Madre de Dios, toda la jerarquía celeste (los serafines, los querubines, los tronos, las dominaciones, los principados, las virtudes, las potestades, los arcángeles, los ángeles), los santos…, la luz, la Vida, ¡el reino del amor! Lo que vemos, lo que tocamos, lo que sentimos, es solo apariencia…

Ante esa ceguera, deberíamos gritar como el ciego Bartimeo del Evangelio de hoy: «Jesús, ten compasión de mí; que pueda ver ».

Si pedimos esto gritando, con confianza y constancia, descubriremos que como cristianos debemos distinguirnos de los ateos, cuyas preocupaciones son la salud, el dinero, el trabajo, el bienestar, el aprecio de los demás, los viajes, el placer, la imagen, etc. A nosotros esas cosas nos serán indiferentes, porque pondremos nuestra esperanza en la dicha eterna. Ni siquiera nos preocuparemos por la muerte, porque sabremos que es el modo de llegar a la felicidad auténtica.

Entonces podremos gritar, con el profeta Jeremías: ¡El Señor me ha salvado de la ceguera espiritual, me guía entre consuelos; me lleva a torrentes de agua, por un camino llano en el que no tropezaré. Sera un padre para mí, seré su primogénito!

Y nos sucederá lo que a Bartimeo: comenzaremos a ver el mundo espiritual, y empezaremos a seguir a Jesús de verdad.

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Ciclo C, VIII domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 7, 2013

La cura para la ceguera espiritual

«Lo que rebosa del corazón lo habla la boca», son palabras del mismo Jesús.

¿De qué hablamos los hombres? Si nos explayamos en palabras sobre nuestros dolores, es porque el corazón está herido. Si hablamos de nosotros mismos, es porque nos importa mucho el «qué dirán» y nuestra imagen nos preocupa. Si hablamos de la otra vida, o de la religión a la que pertenecemos, es porque nos interesa el más allá. Si contamos nuestros triunfos y nuestros fracasos es porque necesitamos compartirlos.

Pero todo eso es egoísmo o, al menos, egocentrismo.

Son raros, pero existen por ahí, los que nunca hablan de sí mismos ni de sus preocupaciones personales. Siempre están pendientes de los demás, de sus problemas, de mejorar el estado de ánimo y el bienestar de los que les rodean.

Trabajan sin descansar y, cuando lo han terminado bien, dedican las horas que otros gastan en un «merecido» descanso en servir a los demás. Tienen palabras de apoyo para todos: si a un amigo le aqueja una pena sentimental, lo escuchan con atención, para servir de desahogo; si son pesares espirituales, siempre están con el consejo oportuno; si alguno necesita una mano en algún trabajo material, allí están prestos a ayudar; y si no pueden hacer nada, oran y ofrecen a Dios algunos sacrificios por sus intereses.

Por eso, nunca tienen tiempo para sí mismos, el egoísmo no los toca —o los toca muy de lejos— y así cada día tienen más para dar. Estarán tan preocupados por los demás, que no tendremos tiempo para preocuparnos por ellos mismos, lo que les eliminará el estrés.

Esos no son ciegos, esos son los verdaderos guías: junto a Dios, que es amor, que es verdad y que es vida, están todos los que saben dar, y tienen la certeza de aconsejar o simplemente apoyar a quien Dios quiere que apoyen. Muy difícilmente serán hipócritas y dan siempre buen fruto. Jesús nos pide que seamos como ellos.

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Ciclo A, XV domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en julio 18, 2011

¿Por qué no reaccionamos?

 

Es angustioso el clamor de san Pablo: Vemos que la creación entera gime y sufre dolores de parto. Y también nosotros, aunque ya tengamos el Espíritu como un anticipo de lo que hemos de recibir, gemimos en nuestro interior mientras esperamos nuestros derechos de hijos de Dios y la redención de nuestro cuerpo.

Quizá esa angustia se deba a que no se ha cumplido todavía en nosotros lo que había dicho Dios, siete siglos antes, a través del profeta Isaías: «Como baja la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y haberla hecho germinar, para que dé la simiente para sembrar y el pan para comer, así será la Palabra que salga de mi boca».

Efectivamente, al mirar la situación del mundo, si nos percatamos que solo un poco más de un millón de seres humanos (el 17% de la humanidad) son católicos, diremos que la palabra de Dios no ha calado aún en el mundo…

Jesús lo expresa así: «Este es un pueblo de conciencia endurecida. Sus oídos no saben escuchar, sus ojos están cerrados. No quieren ver con sus ojos, ni oír con sus oídos y comprender con su corazón…; los convertiría y los sanaría».

Sabemos cómo mejorar este desastroso panorama: la solución es oír la Palabra de Dios y ponerla en práctica.

Pero algunos, cuando oyen la Palabra del Reino, no la profundizan: viene entonces el Maligno y les arrebata lo que fue sembrado en su corazón.

Otros oyen la Palabra y la reciben con alegría pero, apenas sobreviene alguna contrariedad o persecución por causa de la Palabra, se vienen abajo.

Y a la mayoría, las preocupaciones de esta vida y los encantos de las riquezas les ahogan esta Palabra, y al final no producen fruto.

En cambio, los que oyen la Palabra y la ponen en práctica, ciertamente dan fruto y producen treinta, sesenta o cien veces más.

¿A cuál de estos cuatro grupos pertenecemos?

¿A cuál queremos vincularnos hoy?

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Ciclo A, IV domingo de Cuaresma

Posted by pablofranciscomaurino en abril 11, 2011

La ceguera

Los hombres vemos las apariencias, pero Dios ve el corazón. Así eligió Dios a David, de cuya descendencia nacería Jesús, el Redentor esperado por los judíos: aunque nadie esperaba que él fuera el elegido, Dios se fijó en su corazón.

Y es del corazón de donde salen los actos de los que tienen la facultad de la vista, de los que tienen luz: bondad, justicia y verdad, como nos dice hoy san Pablo.

Pero también del corazón nacen los actos de la ceguera o de la oscuridad: la soberbia, la codicia, la ira, la envidia, la gula, la lujuria y la pereza.

Si en otro tiempo éramos tinieblas, y ahora somos luz en el Señor, ¿buscamos lo que agrada al Señor? ¿O tomamos parte en las obras de las tinieblas, donde no hay nada que cosechar?

Y, si vemos esas obras oscuras, ¿las denunciamos?

Despertemos, no durmamos más, levantémonos de entre los muertos, y la luz de Cristo brillará sobre nosotros.

No sigamos ciegos, con esa ceguera —peor que la física— que nos hace preguntarnos siempre que vemos a los enfermos o a los que les va mal: «¿Quién habrá pecado: ellos o sus padres?».

Nos creemos buenos; y nos creemos con muy buena vista y con la autoridad para decir quién obra bien y quién no. Decimos que vemos, y esa es la prueba de nuestro pecado.

El ciego del Evangelio fue, se lavó y, cuando volvió, veía claramente con los ojos del cuerpo. Pero comenzó a ver con los ojos del alma cuando dijo: «Creo, Señor», y se arrodilló ante Jesús.

¿Vemos con los ojos del alma a todos los que, después de vivir mal, creen ahora en Jesús y lo adoran? ¿O los criticamos? ¡Cómo se enjuicia a todos los que se portaron mal en el pasado y quieren ahora iniciar una nueva vida, una vida de bondad, de verdad! No los dejan en paz. ¿Qué dirá Jesús de esta actitud?

Esa es una obra de la oscuridad, de la ceguera. Seamos luz para todos.

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