Hacia la unión con Dios

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Por un guerrillero

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 3, 2017

Una idea que puede hacer que la paz llegue a Colombia: que cada católico se comprometa a lograr la conversión de un guerrillero.

Se puede «adoptar» espiritualmente a ese guerrillero, ofreciendo nuestras oraciones, trabajos y sacrificios por él, con constancia y con la confianza de que seremos escuchados por nuestro Señor, quien dijo que «si en la tierra dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir alguna cosa, mi Padre Celestial se lo concederá. Pues donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos.» (Mt 18, 19-20).

Ya que la mayoría de los colombianos son católicos, muchos estarían trabajando por la conversión de un mismo guerrillero.

La asistencia a la Eucaristía, las oraciones que hagamos, las penas que tengamos que soportar, el trabajo de cada día y todo lo que hagamos, puede ser ofrecido a Dios en el Nombre de su Hijo Jesucristo por esa intención. Y como Él lo prometió, nos concederá la conversión de todos los guerrilleros.

Además, las oraciones a la Santísima Virgen María, a los ángeles y a los santos, para que intercedan por cada militante de la guerrilla, reforzarán nuestra petición al Padre.

Con nuestra perseverancia y una confianza total en Dios —porque Él todo lo puede y nos ama tanto que nada nos negará— lograremos que el Señor acabe con este mal que nos afecta cada vez más de cerca.

Y, después de convertir a los guerrilleros, seguiremos con los paramilitares, los narcotraficantes, los corruptos…; hasta que Colombia logre tener paz, para la gloria de Dios.

Él está con nosotros. ¡No podemos perder!

 

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Avatares de la fórmula de la consagración

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 26, 2009

Colombia era el único país de habla hispana (fuera de España, por supuesto) que en la celebración de la Eucaristía no había cambiado el pronombre personal vosotros por el ustedes. Dicho de otra manera, solamente en España y en Colombia el sacerdote–celebrante seguía diciendo: «El Señor esté con vosotros», mientras que en el resto de Hispanoamérica, ya desde hace bastante tiempo estaban diciendo: «El Señor esté con ustedes».

Había quienes defendían el uso del pronombre español vosotros, mostrando así una forma de respeto por las cosas divinas, mientras que otros objetaban la idea afirmando que aquello no era más que una herencia idiomática de España, de la que había de destetarse…

El hecho es que la Sagrada Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos quiso que, en el proceso llamado de inculturación, se respetasen las costumbres y la cultura de cada país y de cada región, no imponiendo, en este caso, el uso de un pronombre personal que se usa únicamente en España, en los actos cultuales como la Misa.

Por eso, en la nueva edición colombiana del Misal se cambió el vosotros por el ustedes y todo el lenguaje que se relacione, como se está haciendo en todos los leccionarios: falta únicamente el correspondiente al ferial Adviento a Pascua.

Sin embargo, el venerable Juan Pablo II se reservó el derecho de mantener la fórmula de la consagración con el vosotros, después de aprobar la tercera edición latina.

En una de las asambleas de la Conferencia Episcopal de Colombia se hizo una votación para que la fórmula de la consagración quedara con el pronombre personal ustedes, pero esa votación no convenció a la Sagrada Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos. Por consiguiente, la fórmula quedó con el vosotros.

Sin saberse por qué razón, la oración presidencial que hace alusión a la paz, después del embolismo, también se dejó con el vosotros: «Señor Jesucristo, que dijiste a los apóstoles: la paz os dejo, la paz os doy…».

Es probable que se haya tomado esta decisión por el tradicional criterio de hacer eso ya que son las mismísimas palabras de nuestro Señor Jesucristo y están tan cerca de la fórmula de la consagración. Lo que está claro es que la Conferencia Episcopal de Colombia solo discutió únicamente la fórmula de la consagración.

Por último, como ya se sabe, fue Su Santidad Benedicto XVI quien ordenó corregir el error que se cometió desde hace ya casi cuarenta años: haber traducido mal las palabras que Jesucristo usó para la consagración del vino. Fueron ellas: «Tomad y bebed todos de él… que será derramada por vosotros y por muchos.

  

   

  

 

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