Hacia la unión con Dios

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Síntesis biográfica*

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 19, 2008

 

Pablo Danei Massari nació en Ovada, Italia, el 3 de enero de 1694; más tarde se trasladó a Castellazzo-Bormida, no lejos de su pueblo natal. Su madre le enseñó a encontrar en la Pasión de Cristo la fuerza para superar las pruebas. Enamorado de Jesús Crucificado desde su infancia, quiso que toda su vida fuera para Él. Durante una grave enfermedad, la visión del infierno lo horrorizó. Oyendo la predicación de un sacerdote, el Señor lo iluminó sobre el amor de Cristo Crucificado: fue el momento que él llamó su “conversión”.

Hacia 1715-1716, deseoso de servir a Cristo, se presentó en Venecia y se alistó en el ejército. Con mística de cruzado, quería luchar contra los turcos que amenazaban a la cristiandad de Europa. Mientras adoraba el Santísimo Sacramento en una iglesia, comprendió que no era aquella su vocación. Abandonó el camino militar, sirvió algunos meses en una familia y regresó a casa. Aunque un tío sacerdote le dejaba una herencia para que se casara, Pablo renunció.

Hacer memoria del Crucificado

Según un testimonio, una aparición de la Virgen María le permitió conocer el hábito, el emblema y el estilo de vida, que giraría siempre en torno a Jesús Crucificado. El obispo de Alejandría, monseñor Gattinara, previo el juicio de confesores prudentes, lo revistió del hábito de la Pasión el 22 de noviembre de 1720. Pasó 40 días en la sacristía de la iglesia de San Carlos, en Castellazzo. Sus experiencias y el estado de su espíritu durante aquella “cuarentena” se han conservado con el nombre de Diario Espiritual. Redactó además las Reglas de unos posibles compañeros, a quienes llamaba Los Pobres de Jesús. Su hermano Juan Bautista que lo visitaba, quiso asociársele, pero Pablo no aceptó por entonces.

Concluida la experiencia, el obispo lo autorizó a vivir en la ermita de San Esteban, de Castellazzo, y a realizar apostolado como laico. En el verano de 1721 viajó a Roma, con el deseo de obtener del Papa una audiencia, a fin le explicarle las luces recibidas sobre la fundación de una Congregación. Los oficiales del Quirinal, donde residía el Papa, no lo dejaron entrar, por parecerles un aventurero más.

El primer voto pasionista

Aceptó la humillación que lo configuraba más con Jesús Crucificado y, en la basílica de Santa María la Mayor, ante la Virgen “Salus Populi Romani”, hizo voto de consagrar se a promover la memoria de la Pasión de Jesucristo.

De regreso a su pueblo se detuvo un poco en Orbetello, en la ermita de la Anunciación, de Monte Argentario. En Castellazzo se le asoció su hermano Juan Bautista y se fueron a hacer vida eremítica en Monte Argentario. Después, invitados por monseñor Pignatelli, estuvieron en la ermita de Nuestra Señora de la Cadena, en Gaeta.

Monseñor Cavallieri los recibió un tiempo en Troia, y volvieron a Gaeta, pero esta vez fueron al santuario de la Virgen de la Civita, en Itri. Fracasaban una y otra vez los intentos de fundar una comunidad. Viajaron a Roma. En el hospital de San Gallicano atendieron a los tiñosos, mientras estudiaban Teología. Para ser predicadores de la Pasión les aconsejaron acceder al sacerdocio. El Papa los saludó en el monte Celio, junto a la iglesia llamada La Navicella, los ordenó y les permitió oralmente fundar en Monte Argentario. Los dos hermanos abandonaron Roma para marchar a Monte Argentario.

Predicar la Pasión de Cristo

Iniciaron su apostolado entre pescadores, leñadores, pastores, etc. Se les asociaron compañeros, entre ellos su hermano Antonio, y sacerdotes bien preparados. Los obispos recurrían a ellos a fin de dar misiones a los pueblos. Cuando en la zona se declaró la guerra de los Presidios, Pablo ejercía su ministerio en ambos bandos, y en los dos era bien recibido.
El primer convento, dedicado a la Presentación se inauguró en 1737. Pablo presentó en Roma las Reglas para el instituto naciente. Después de algunas mitigaciones, pues eran muy exigentes, Benedicto XIV las aprobó en 1741.

El Fundador fue contemporáneo de apóstoles como san Leonardo de Puerto Mauricio, al que saludó en una ocasión y san Alfonso María de Ligorio, al que no conoció. Como a ellos, el amor a Jesús Crucificado lo impulsaba al servicio apostólico de las misiones.

El 11 de junio de 1747 emitió la Profesión, empezó a usar el apellido de la Cruz y se colocó el emblema pasionista. Desde entonces fue siempre el superior general, pero no dejó de predicar ni de escribir cartas como director espiritual. El Instituto tropezó con alguna oposición dentro de un sector de la Iglesia, y la fundación de varios conventos se suspendió hasta que una comisión pontificia dictaminó en favor de los Pasionistas.

Trató siempre de mantener el espíritu de soledad, pobreza y oración, con los consejos y con el ejemplo de su hermano Juan Bautista. Cuando éste murió en 1765. Pablo se sintió como huérfano.

Religiosas pasionistas

Una campesina, Lucía Burlini, le habló de las Palomas del Calvario, símbolo de unas almas con el mismo espíritu contemplativo que los religiosos. Aunque Pablo tardó casi cuarenta años en realizar esta idea, en 1771 nacieron las Pasionistas de clausura en Corneto, Tarquinia. Al frente puso a María Crucificada Constantini, benedictina, que con permiso de Clemente XIV pasó al nuevo monasterio.

Después de la supresión de la Compañía de Jesús, Clemente XIV trasladó a los Padres de la Misión, que ocupaban la casa y la basílica del monte Celio, la de los Santos Juan y Pablo, a la iglesia de San Andrés del Quirinal, y se la concedió a Pablo de la Cruz. En ella, a dos pasos del Coliseo, vivió los últimos años de su vida; allí recibió las visitas de Clemente XIV, en 1774, y de Pío VI, en 1775. Y allí falleció unos meses más tarde. Sus reliquias se conservan en la capilla que se inauguró en 1880.

  

 

 

 

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EL MÍSTICO DEL CALVARIO*

Posted by pablofranciscomaurino en julio 26, 2008

SAN PABLO DE LA CRUZ

El místico del Calvario

El día 3 de enero de 1694 en la pequeña ciudad Ovada, cerca de Alejandría. Al norte de Italia, nació Pablo Francisco Danei Massari. Vivirá en buena parte del siglo XVIII, también llamado “siglo de las luces” pues, en general, se pensaba que la inteligencia humana es la única autoridad y que la fe y la revelación son un obstáculo al desarrollo de la humanidad.

 

Pablo vivió su niñez en un hogar auténticamente cristiano, desde el cual experimentó las alegrías y los sufrimientos de la vida: de 16 hijos del matrimonio Lucas Danei y Ana María Massari sólo sobrevivieron 6. No faltaron también las dificultades económicas, por lo que la familia tuvo que cambiar continuamente de domicilio en busca del trabajo. Pablo, quien desde muy pronto debió ayudar a su padre, no pudo asistir con regularidad a la escuela.

 

El gran testimonio de la fe cristiana de Ana Maria —su madre— ejerció gran influencia en la educación religiosa de Pablo, a la que éste correspondió con una respuesta generosa.

 

A los 19 años, en 1713, el joven Pablo tomó la primera gran decisión de su vida. La predicación de un sacerdote o una charla espiritual con él le impresionó de tal forma que, profundamente emocionado y arrepentido, hizo confesión general de sus pecados y decidió consagrar su vida a Dios de un modo más radical y absoluto. Él mismo llamará después a este momento su “conversión a penitencia”.

 

Años más tarde, cuando en 1716 el Papa Clemente XI invitó a la cristiandad a una cruzada contra los turcos, Pablo creyó oír en esto la voz de Dios, pues quería morir mártir y se alistó voluntario, pasando algún tiempo en cuarteles y campamentos. Convencido de que éste no era el servicio que Dios le pedía, regresó a la casa de sus padres a quienes siguió ayudando en sus necesidades, dedicaba muchas horas a la oración, participaba diariamente en la misa y se entregaba a duras penitencias.

 

Pablo Francisco tenía 26 años; sus hermanos habían crecido y sus padres no necesitaban tanto de su de ayuda. Por este tiempo, sintió la llamada de Dios a fundar una orden religiosa: “Sentí mi corazón movido por el deseo de retirarme a la soledad; […] me vino la inspiración de llevar una túnica, de andar descalzo, vivir en estrechísima pobreza y llevar, con la gracia de Dios, vida de penitencia; […] me vino la inspiración de reunir compañeros para vivir con ellos promoviendo en las almas el santo temor de Dios; me vi en espíritu vestido de una túnica negra, con una cruz blanca sobre el pecho, y bajo la cruz escrito el nombre santísimo de Jesús con letras blancas…”

 

El 22 de noviembre de 1720 Pablo se despidió de su familia y se dirigió a su obispo, monseñor Gattinara, en Alejandría. Este, en una ceremonia sencilla y en su capilla privada, revistió a Pablo de la Cruz con el hábito negro de ermitaño. Las seis semanas siguientes, del 23 de noviembre de 1720 al 1 de 1721, las vivió en el trastero de la sacristía de la Iglesia de San Carlos, de Castellazzo, en las más precarias condiciones de alojamiento. Son como los ejercicios espirituales preparatorios para su misión de ermitaño y fundador. En adelante su apellido será “de la Cruz”.

 

Por orden de su obispo, Pablo de la Cruz consigna por escrito los sentimientos y vivencias interiores de esos días en un “Diario espiritual”. En él vemos a qué grado de oración ha llegado ya, así como las grandes líneas de la doctrina espiritual que vivirá y enseñará durante los 55 años siguientes. En las anotaciones del primer día aparece ya la idea fundamental y programática de toda su vida: “No deseo saber otra cosa ni quiero gustar consuelo alguno; sólo deseo estar crucificado con Jesús”.

 

Acabados estos días, Pablo de la Cruz pasó los meses siguientes en distintas ermitas de las cercanías, viviendo en soledad; daba catecismo a los niños en los lugares vecinos, predicaba los domingos e incluso dio una misión.

 

Quiso ir a Roma para pedir personalmente al Papa que le aprobara las Reglas de la nueva Orden religiosa, la misma que escribió durante los 40 días de Castellazzo. En septiembre de 1721 se dirigió a Roma, pero sufrió una gran desilusión: fue rechazado por los guardias de Papa con palabras no muy amables. Aunque profundamente decepcionado, no se desanimó. En la Basílica María la Mayor hizo un voto especial: “dedicarse a promover en los fieles la devoción a la Pasión de Cristo y empeñarse en reunir compañeros para hacer esto mismo”.

 

A su vuelta a Castellazzo, se le unió su hermano Juan Bautista que, lleno de los mismos ideales fue, hasta su muerte en 1765, el compañero fiel de Pablo. Durante los años siguientes, los dos experimentan la Regla pasionista en diferentes ermitas y colaborando con las parroquias vecinas mediante el catecismo y la predicación.

 

Tras la etapa eremítica, Pablo de la Cruz creyó necesario que él y su hermano vivieran en Roma para conseguir de la Santa Sede la aprobación de las Reglas; por eso prestaron sus servicios en el Hospital de San Gallicano, cuyo director les aconsejó hacerse sacerdotes. Después de un breve curso de Teología pastoral, en junio de 1727 los dos hermanos Danei fueron ordenados sacerdotes en la Basílica de San Pedro por el Papa Benedicto XIII.

 

Siguiendo su gran impulso de vivir en la soledad y reunir más compañeros formando la primera comunidad, los dos hermanos se dirigieron al Monte Argentario, unos 150 Kilómetros al norte de Roma, junto a la costa. Ahí vivieron en una pequeña ermita. El aumento de candidatos hizo pequeño el local, y construyeron el primer convento de la naciente Congregación, el cual, por innumerables dificultades, fue inaugurado hasta 1737.

 

Pero faltaba todavía la aprobación de las Reglas. Una comisión de cardenales nombrada para su estudio suavizó algo su gran austeridad, y en mayo de 1741 fueron aprobadas por Benedicto XIV; habían transcurrido 21 años desde que fueron escritas el nombre de la nueva orden religiosa sería: Congregación de la Santísima Cruz y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, título que expresaba claramente su peculiaridad en la Iglesia. Los Religiosos Pasionistas anunciarán por todas partes el misterio de la Cruz y Pasión de Jesucristo, a lo cual se obligaban por voto específico.

 

Pablo de la Cruz encontró el sentido completo de su existencia en la Memoria de Jesús Crucificado, quien dio su vida por todos nosotros (Jn 3,16). En su asidua contemplación del Crucificado, Pablo encontró un camino de acceso al misterio de Dios que es vida y amor, y sintió la urgencia de salir al encuentro de las gentes para anunciarles al Dios de la vida.

 

A lo largo de su vida —murió a los 81 años—, Pablo de la Cruz fundó 11 conventos. En 1771, el santo, ya anciano, inauguró el primer monasterio de religiosas pasionistas de clausura, que vivirían el mismo espíritu según la Regla escrita también por él.

 

Además de fundador, Pablo de la Cruz, fue predicador de misiones populares. Poseía cualidades muy especiales para esto: voz potente, agradable presencia física, dotes retóricas extraordinarias. Lo que más impactaba de él era su testimonio de íntima unión con Dios, su devoción y su santidad.

 

Se destacó también como un esclarecido director espiritual, tanto que se lo llamó “el más grande místico italiano del siglo XVIII”. Por su gran actividad apostólica —200 misiones y 80 tandas de ejercicios espirituales— mantuvo contacto con gran número de personas que solicitaban su consejo en la vida espiritual, a quienes él sirvió especialmente por correspondencia; se conservan más de dos mil cartas suyas.

 

El 18 de octubre de 1775 pasó Pablo a la Casa del Padre, con una muerte tranquila y santa en el convento de los Santos Juan y Pablo en Roma. Así terminaba su larga vida de trabajos y sufrimientos por Cristo y por el prójimo. Fue beatificado por Pío IX el 1 de mayo de 1853, y canonizado por el Papa el 29 de junio de 1867.

    

 

 

 

 

 

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