Hacia la unión con Dios

Posts Tagged ‘Cuaresma’

Por qué cambia la fecha de la Cuaresma y de la Pascua

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 1, 2013

La fecha de la Cuaresma y de la Pascua

 

Para calcular la fecha de la Pascua, del domingo de Resurrección, se toma la fecha de la primera luna llena de primavera el hemisferio norte, es decir, la primera luna llena después del 20 de marzo de cada año (o, lo que es lo mismo, la primera luna llena a partir del 21 de marzo).

La Pascua se celebra el domingo siguiente a esa primera luna llena de primavera. Si esta primera luna llena cae en domingo, la Pascua se celebra el domingo siguiente.

A continuación se presenta el cuadro de fechas:

 

Año

Primer día de luna llena

Domingo de Resurrección

Miércoles de Ceniza

2005

marzo 25; 21:00

marzo 27

febrero 09

2006

abril 13; 17:00

abril 16

marzo 01

2007

abril 02; 17:00

abril 08

febrero 21

2008

marzo 21; 19:00

marzo 23

febrero 06

2009

abril 09; 15:00

abril 12

febrero 25

2010

marzo 30; 02:00

abril 04

febrero 17

2011

abril 18; 03:00

abril 24

marzo 09

2012

abril 06; 19:00

abril 08

febrero 22

2013

marzo 27; 09:00

marzo 31

febrero 13

2014

abril 15; 08:00

abril 20

marzo 15

2015

abril 04; 12:00

abril 05

febrero 18

2016

marzo 23; 12:00

marzo 27

febrero 10

2017

abril11; 06:00

abril 16

marzo 01

2018

marzo 31; 13:00

abril 01

febrero 14

2019

marzo 21; 02:00

¿Abril 19?

marzo 24

¿abril 21?

febrero 06

¿marzo 06?

2020

abril 08; 03:00

abril 12

febrero 26

2021

marzo 28; 19:00

abril 04

febrero 17

2022

abril 16; 19:00

abril 17

marzo 02

2023

abril 06; 05:00

abril 09

febrero 22

2024

marzo 25; 07:00

marzo 31

febrero 14

2025

abril 13; 00:00

abril 20

marzo 05

2026

abril 02; 02:00

abril 05

febrero 18

2027

marzo 22; 11:00

marzo 28

febrero 10

2028

abril 09; 10:00

abril 16

marzo 01

2029

marzo 30; 02:00

abril 01

febrero 21

2030

abril 18; 03:00

abril 21

marzo 06

 

 

 

 

 

Posted in Liturgia | Etiquetado: , , | Comentarios desactivados en Por qué cambia la fecha de la Cuaresma y de la Pascua

Tiempo de Cuaresma*

Posted by pablofranciscomaurino en mayo 3, 2011

1.- Exposición dogmática

El tiempo de Cuaresma nos recuerda cómo debe el hombre caldo asociarse, por el espíritu de penitencia, a la obra redentora del Mesías. Nuestra alma rebelde a Dios se ha hecho esclava del demonio, del mundo y de la carne. Y precisamente en todo este santo tiempo nos muestra la Iglesia a Jesús, ya en el desierto, ya en medio de los azares de su vida pública, combatiendo para librarnos de la triple atadura del orgullo, de la avaricia y de la lujuria, que nos escla­vizan a las criaturas. Cuando por su doctrina y sus dolores nos haya redimido del cautiverio y restituido la libertad de hijos de Dios, nos dará, en las fiestas pascuales, la vida divina que habíamos perdido. De ahí que la liturgia cuaresmal, embebida como está en las enseñanzas del Maestro y en el espíritu de peni­tencia del Redentor, sirviera en otro tiempo para la formación de los catecúmenos, y para mover a compunción a los públicos penitentes, que aspiraban a resucitar con Jesús el Sábado Santo, mediante la recepción del Sacramento del Bautismo o el de la Penitencia[1]. Ésos son los dos pensamientos que la Iglesia irá desarrollando durante la Cuaresma entera, mostrándonos —en la persona de los judíos infieles— a los pecadores, que no pueden volver a Dios sino asociándose al ayuno de Jesús, y en la de los Gentiles, llamados en su lugar, los efectos del Sacramento de la Regeneración y de la Eucaristía en nuestras almas.

En el Oficio divino prosiguen las lecturas del Antiguo Testa­mento. La figura de Isaac se halla eclipsada por el pensamiento de Jesús en el desierto, se lee la historia de Jacob, figura de Cristo y de su Iglesia, la cual es siempre protegida y favorecida por Dios como aquel santo patriarca. Trátase de José, y en él se ve una figura de Cristo y de la Iglesia, los cuales han devuelto siempre el bien por el mal, y brillan con desusados fulgores por su inma­culada vida. Moisés, el cual libertó al pueblo de Dios, introduciéndolo después en la tierra prometida, y figurando en esto lo que la Iglesia y Jesucristo hacen con las almas por Pascua.

Vemos, pues, cómo Dios explica con la luz del Nuevo Testa­mento los milagros de los tiempos primitivos. Así, meditando las páginas paralelas de entrambos Testamentos, nos dispondremos a celebrar con la Iglesia los santos misterios pascuales, ya que aquellas sagradas páginas nos dan cumplida inteligencia de la misericordia divina, que no conoce límites.

La liturgia cuaresmal nos exhorta también por boca de Isaías, de Jeremías y de los Profetas; y en el Nuevo Testamento, por la de san Pablo, cuyas Epístolas vienen a ser como el eco de la voz del Maestro, que se oye en los Evangelios de esos cuatro Domingos.

Bien podemos considerar todo este tiempo como un gran retiro espiritual, en que entran todos los cristianos del mundo entero, para disponerse a la fiesta pascual, y que termina por la Confesión y Comunión pascuales. Así como Jesús, retirándose del tráfago del mundo, oró y ayunó durante 40 días, y luego en su vida de apostolado nos enseñó cómo hemos de morir a nosotros mis­mos, así también la Iglesia, en esta santa cuarentena, nos predica cómo debe morir en nosotros el hombre de pecado.

Esa muerte se manifestará en nuestra alma por la lucha contra el orgullo y el amor propio, por el espíritu de oración y la medi­tación más asidua de la palabra divina. Se manifestará también en nuestro cuerpo por el ayuno, la abstinencia y la mortificación de los sentidos. Aparecerá por fin, en toda nuestra vida mediante una renuncia mayor a los placeres y bienes del siglo, dando más limosna[2] y absteniéndonos de alternar en las fiestas mundanales. Porque, en efecto, el ayuno cuaresmal no debe ser sino la expre­sión de los sentimientos de penitencia, de que nuestra alma está embargada, ocupándose tanto más libremente de las cosas de Dios cuanto más cercena el regalo de los sentidos. Así, este tiempo favorable cual ningún otro, es para los corazones generosos venero de santa alegría, la cual traspira por todos los poros de la liturgia cuaresmal.

Esa labor de purificación se obra bajo la dirección de la Iglesia, que une nuestros padecimientos con los de Cristo. Los cobardes pueden también entrar con esfuerzo en la lid, fiados en la gracia de Jesús, que no les ha de faltar, si imploran los divinos auxilios contra el enemigo; y los fuertes no se engrían por su observancia, porque deben saber que sólo la Pasión de Jesús es la que los salva, y sólo participando en ella por la paciencia se les aplican sus fru­tos de salud.

«La observancia de Cuaresma, dice el papa Benedicto XIV, es el cíngulo de nuestra milicia, y por ella nos distinguimos de los enemigos de la Cruz de Cristo; por ella conjuramos los huracanes de las iras divinas; por ella somos protegidos con los auxilios celestiales durante el día, y nos armamos contra los príncipes de las tinieblas. Si esa observancia viniera a relajarse, cedería en merma de la gloria de Dios, en desdoro de la religión católica, sería un peligro para las almas cristianas, y no cabe duda que semejante entibiamiento se convertiría en fuente de des­gracias para los pueblos, de desastres en los negocios públicos, y de infortunios para los mismos individuos

 

2.- Exposición histórica.

La liturgia Cuaresmal nos hace seguir a Jesús en todas las andanzas de su apostólico ministerio.

Jesús pasó primero 40 días en el desierto en el monte de la cuarentena, al NE de Betania. Luego se rodeó de sus primeros discípulos y subió con ellos a Galilea, de donde volvió a Jerusalén para celebrar allí la 1a fiesta de la Pascua, arrojando entonces a los vendedores del Templo. Después de haber evange­lizado la Judea durante varios meses, se fue a Siquén, donde convirtió a la Samaritana, de donde pasó a Nazaret, predicando en su sina­goga. De allí, por fin, se encaminó a Cafarnaum, recorriendo después toda la Galilea.

Jesús volvió de nuevo a Jerusalén para la 2a Pascua, y allí curó al paralítico de la piscina de Betsaida. De nuevo en Galilea, predicó el Sermón de la Montaña. Entrando en Cafarnaum, sanó al siervo del Cen­turión y luego resucitó en Naín al hijo de una viuda. Entonces evangelizó de nuevo la Galilea, y se fue inmediata­mente a Betsaida-Julias, en los dominios de Filipo. En las cercanías de esa ciudad multiplicó los panes, y luego anduvo sobre las aguas del lago, cuando regresaba a Cafarnaum.

Jesús recorrió por entonces las regiones de Tiro y de Sidón, a donde lo siguieron sus enemigos; oyó la súplica de la Cananea cuando pasaba por junto a Sarepta y, volviendo por Cesárea de Filipo, regresó a Galilea, teniendo entonces lugar la Transfiguración. De vuelta en Cafarnaum, predicó la misericordia a sus apóstoles y en seguida subió a Jerusalén a la fiesta de los Tabernáculos, para no volver más a Galilea. Allí confundió a los judíos que lo acusaron de quebrantar el sábado, perdonó a la mujer adúltera, enseñó en el Templo y curó al ciego de nacimiento. Después de estar Jesús en Galilea pasó a Perea, donde devolvió el habla a un mudo y mostró a Jonás como una imagen de su resurrección. De allí vino a Jeru­salén para la fiesta de la Dedicación, y luego volvió a Perea donde predicó las parábolas del hijo pródigo y del rico epulón. Entonces fue llamado a Betania, donde resucitó a Lázaro. Después de irse a Efrén se dirigió a Jerusalén, anunciando cómo iba a ser condenado a muerte. En el Templo arrojó otra vez a los vendedores, pronunció la parábola de los viñadores rebeldes y desenmascaró la hipocresía de los fariseos. Por fin, subió al monte Olivete y, mirando a Jerusalén, en donde habían de crucificarlo tres días después, habló del Juicio que separará para siempre a los buenos de los malos.

 

3- Exposición litúrgica

El Tiempo de Cuaresma empieza el Miércoles de Ceniza para terminar en la vigilia pascual del sábado santo. Descontando los cuatro Domingos de Cuaresma y los de Pasión y Ramos, tenemos sólo 36 días de ayuno, a los cuales se han añadido los cuatro que preceden para obtener así el número exacto de 40, que la Ley y los Profetas habían inaugurado, y que Cristo mismo consagró con su ejemplo.

La Cuaresma es uno de los tiempos litúrgicos más anti­guos y más importantes del año. El Ciclo Temporal consagrado a la contemplación de los misterios de Cristo, ejerce ahora coti­diano y directo influjo sobre los fieles, mientras que en las demás épocas del año, las fiestas de entre semana son más bien celebraciones de santos. Y como quiera que toda la vida cristiana se resume en la imitación de Jesús, este Tiempo, en que el Ciclo santoral es más reducido, ha de ser especialmente fecundo para nuestras almas.

La Iglesia ha admitido, por su excepcional importancia, las solemnidades de san José (19 de Marzo) y la Anunciación (25 de Marzo) en la liturgia cuaresmal. Y aunque, en el curso de los tiempos, se hayan añadido otras misas en honor de algunos santos, sin embargo es del todo conforme al espíritu de esta época, preferir la misa ferial.

Con el fin de inculcar el espíritu de penitencia, la Iglesia no sólo suprime el Gloria y el Aleluya y reviste a sus sacerdotes de ornamentos morados durante esta santa cuarentena, sino que no coloca flores en los templos ni usa instrumentos musicales, salvo los necesarios para acompañar el canto.

La sociedad cristiana suspendía antiguamente durante este tiempo los tribunales de justicia y las guerras, declarándose la Tregua de Dios. Era también un tiempo prohibido para las bodas.

Adaptado del Misal diario popular, Desclée, De Brouwer y Cia. Brujas, Bélgica


[1] El espíritu y hasta las ceremonias de estos dos sacramentos de muertos se encuentran en la liturgia del Tiempo de Cuaresma; ellos son término y resu­men de esta época purgativa, en la cual morimos con Jesús al pecado.

[2] Quien no puede ayunar, debe dar más limosna a los pobres, redimirse de este modo de los pecados, de que no se puede curar con el ayuno.

Posted in Liturgia | Etiquetado: | Comentarios desactivados en Tiempo de Cuaresma*

Ciclo C, III domingo de Cuaresma

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 15, 2010

Cómo alcanzar la misericordia de Dios

 

La Cuaresma es la época de preparación para la Semana Santa, mediante el esfuerzo por alejar de nuestras vidas todo lo que no nos deja ir rápido hacia Dios, especialmente nuestras malas inclinaciones.

Amar a Dios sobre todas las cosas es, incluso, desechar el desmedido apego a los bienes materiales.

Esa lucha diaria por purificarnos se ve premiada por la infinita misericordia del Señor. Efectivamente, las frases de la liturgia de hoy, «he visto la opresión de mi pueblo», «me he fijado en sus sufrimientos», explican su profundo amor y su condolencia; y el salmo nos recuerda que Él «es compasivo y misericordioso».

También podemos comprobar que Jesús asiente al viñador cuando este le dice que espere un año más (había esperado ya tres años). Es que Dios da siempre una nueva oportunidad para que demos fruto; todo lo perdona, todo lo espera…

¿Qué podemos decir a todo esto? ¿No es el momento de comenzar, agradecidos, y de volver a comenzar, una y otra vez, la lucha interior para limpiarnos de todo lo que no nos deja «volar» hacia lo infinito, hacia la paz verdadera, la paz de los hijos de Dios?

¿Por qué no aprovechar estos días de purificación? ¿Por qué no empezar hoy a buscar a Dios en nuestros corazones, en nuestras vidas?

Intentémoslo: hagamos una buena confesión para recomenzar, limpios.

Y después, vayamos al encuentro de ese Dios que tanto nos ama: está en nuestros hogares, en nuestro trabajo, en las reuniones sociales… Digámosle, entre charla y charla, entre trabajo y trabajo, lo que nos preocupa, lo que nos ilusiona, lo que nos duele… Volvámonos sus amigos.

Y, si queremos progresar rápidamente, ofrezcámosle con cariño todo: trabajos y descanso, alegrías y tristezas, sinsabores y gozos, penas y aflicciones…; toda nuestra vida familiar, laboral y social, para unirnos así a la vida ordinaria que el Hijo de Dios quiso compartir con los hombres.

De este modo, nos uniremos también a los dolores que Él padeció en la Cruz por nosotros, pagándole al Amor con amor. Si hacemos esto, ¡es seguro que experimentaremos en nuestras vidas su compañía y su misericordia!

Posted in Homilías | Etiquetado: , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Ciclo C, III domingo de Cuaresma

Ciclo C, I domingo de cuaresma

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 2, 2010

¿Tentaciones?

 

Consuela saber que Jesús tuvo tentaciones. Y las tuvo en el momento en que se aprestaba a realizar la obra salvífica, la razón por la que vino a este mundo.

Es verdad que Él era Dios, pero también era hombre: basta verlo llorar cuando muere su amigo Lázaro; mirar su cara de tristeza cuando se retiró, dolido, el joven rico; asistir con la imaginación al Monte de los Olivos y observar su profundo dolor y angustia… Sufría, sentía, se dolía, se alegraba como nosotros…, pero como amaba más que nosotros, esos sentimientos eran más intensos.

Quería enseñarnos que todos los pasos que vamos a dar deben ir precedidos por una intensa oración, acompañada por algo de mortificación, por un poco de sacrificio. Intentaba, con su ejemplo, decirnos que todos necesitamos preparar nuestra alma —el sufrimiento es la vida del alma—, para que, al dejar de lado los apetitos egoístas, tuviéramos alas para volar por los senderos de la santidad hasta la eternidad, fin verdadero de nuestras vidas.

Jesús aprovecha que el demonio intenta hacerlo caer, para que nosotros sepamos qué hacer cuando sobrevenga la tentación: acudir afanosamente a la oración y a la mortificación, para llenarnos de fortaleza interior, y así enfrentar, con valentía, nuestras malas inclinaciones.

Además, debemos acudir a la Ley de Dios, para que sepamos qué hacer en cada caso. Reconoceremos que esa es la Ley suave que Él vivió: amar a Dios sobre todas las cosas (obedecerlo) y al prójimo como a nosotros mismos. Y, ¿cómo vivió esa Ley? Nos enseñó, durante treinta años, cómo debíamos portarnos, viviendo una vida sencilla y humilde, y pagó nuestras culpas dándolo todo en la Cruz.

¿No nos impulsa esto a seguir su ejemplo? ¿Acabaremos con esa cobardía que no nos deja vivir como los ángeles, ángeles con los pies bien puestos en la tierra?

Iniciemos esta Cuaresma pidiendo a Jesús que, por nuestra unión a su Cruz, nos limpie e impregne nuestro corazón de amor, de alegría y de paz, para poder darlas a los demás.

Posted in Homilías | Etiquetado: , , , , , , , | Comentarios desactivados en Ciclo C, I domingo de cuaresma

Palabras clave de la Cuaresma

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 20, 2009

 

Sacrificio, expiación, reparación, mortificación, penitencia, son algunos de los vocablos que solemos escuchar en esta época cuaresmal. Parecen significar lo mismo, pero intuimos que tienen sus diferencias. ¿Cuáles son?

Extrayendo del Diccionario de la lengua española las acepciones concernientes a la vida espiritual, he aquí la definición de estas palabras, para salir de la confusión:

Sacrificio: Ofrenda que se hace a Dios. Tiene dos sentidos: en señal de homenaje o de expiación.

Expiación: Borrar las culpas, purificarse de ellas por medio de algún sacrificio (de una ofrenda a Dios). En este caso, nuestros sacrificios se unen a los de Cristo, para que tengan valor.

Reparación: Desagravio, satisfacción completa de una ofensa, daño o injuria hecha a Dios. Es lo que se logra con la expiación.

Mortificación: Domar las pasiones castigando el cuerpo y refrenando la voluntad, con el fin de conseguir la libertad que se necesita para llegar a la perfección que Dios nos pide (Cf. Mt 5, 48), es decir, la santidad, la felicidad. 

Penitencia: Serie de ejercicios penosos con que procuramos la mortificación de nuestras pasiones y sentidos.

Todos estamos obligados, como criaturas que somos, a ofrecer homenajes a Dios, a desagraviarlo por nuestras ofensas y a purificarnos de nuestras culpas. Y, por otra parte, debemos domar nuestras pasiones para llegar a la perfección, a la felicidad auténtica. Pero cada uno, de acuerdo con su director espiritual, debe acordar la calidad y la cantidad de estos actos.

Estas prácticas se deben enseñar con mucha prudencia y sabiduría espiritual. Son muchos los factores que influyen en la toma de esta decisión:

–el estado de la persona: si es casado, soltero o viudo;

–la vocación y el carisma al que fue llamado: sacerdote secular, vida consagrada, seglar;

–la cantidad y calidad de los pecados que se quieren purgar;

–el conocimiento que tenga de la bondad y maldad de los actos;

–su situación biológica y psicológica (su salud); y, sobre todo,

–si es un principiante, un aprovechado o un perfecto, es decir, su situación espiritual.

Posted in La Cruz | Etiquetado: , , , , , | Comentarios desactivados en Palabras clave de la Cuaresma

Ciclo B, I domingo de Cuaresma

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 2, 2009

Entrar en el Arca

 

Nos dice san Pedro que muchos se negaron a creer, en tiempo de Noé, cuando se iba acabando la paciencia de Dios y Noé ya estaba construyendo el arca. Pero algunas personas, ocho en total, entraron al arca y se salvaron a través del agua.

Hoy es posible que vivamos una situación similar: el mal que hay en el mundo es una evidencia palpable y, si miramos nuestro interior, quizá encontremos aspectos de nuestra vida por corregir, conductas para cambiar, virtudes que instaurar…

Con esta cuaresma que comienza se abre ante nuestros ojos la oportunidad perfecta para hacer esos cambios; es una especie de Arca en la que debemos entrar para pasar el torrencial, hasta que lleguemos a la Semana Santa, limpios y puros, como Dios nos quiere.

Y el ejemplo nos lo da el mismo Cristo, como nos lo cuenta el Evangelio: Estuvo cuarenta días en el desierto, orando, haciendo penitencia. Esta es la oportunidad que nos brinda Dios, por medio de su Iglesia: un tiempo de examen, reparación y cambio; y todo con la finalidad de estar preparados para el encuentro con Dios, en las fiestas de Pascua y, también, en la fiesta del Cielo.

No faltarán las pruebas; a Jesús le pasó lo mismo: fue tentado por Satanás. Él no quiere nuestra conversión, por eso, enfilará todas sus fuerzas para evitarla.

En el fondo, la Cuaresma se vive toda la vida: Dios permite que el Demonio nos ataque para irnos fortaleciendo y para ir eliminando las impurezas que nos impedirían ir al Cielo, a gozar de la eternidad feliz.

Pero nunca nos faltará la fuerza de Dios, la gracia, con la que venceremos al enemigo de nuestra auténtica realización personal, es decir, la eterna bienaventuranza junto al Amor de los amores. Ya muchos lo han logrado; ¿por qué no vamos a lograrlo nosotros?

Jesús, como entonces, nos proclama la Buena Noticia de Dios: «El Reino de Dios está cerca. Cambien sus caminos y crean en la Buena Noticia.»

¿Desatenderemos ese llamado de amor? ¿Vamos a entrar en el Arca?

   

 

 

Posted in Homilías | Etiquetado: , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Ciclo B, I domingo de Cuaresma