Hacia la unión con Dios

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Definiciones de algunos términos eclesiásticos

Posted by pablofranciscomaurino en mayo 15, 2013

Canon:

  • Regla o precepto.
  • Decisión o regla establecida en algún concilio de la iglesia católica sobre el dogma o la disciplina.
  • Catálogo de los libros tenidos por la Iglesia católica como auténticamente sagrados.
  • Catálogo o lista.
  • Parte de la misa, que empieza Te ígitur y acaba con el Páter nóster.
  • El libro que usan los obispos en la misa, desde el principio del canon hasta terminar las abluciones.

Privilegio del canon:

El que gozaban las personas del estado clerical y religioso, de que quien pegase a alguna de ellas, incurría inmediatamente en penas canónicas.

Canónico:

Con arreglo a los sagrados cánones y demás disposiciones eclesiásticas.

Se aplica a los libros y epístolas que se contienen en el canon de los libros auténticos de la Sagrada Escritura.

Que se ajusta exactamente a las características de un canon de normalidad o perfección.

Derecho canónico:

Conjunto de normas doctrinales y de disposiciones estatuidas por las autoridades de la Iglesia, que atañen al orden jerárquico de estas autoridades y a sus relaciones con los fieles católicos en cuanto corresponde al fuero externo.

Canónica:

Vida conventual de los canónigos, según las antiguas reglas. La CANÓNICA agustiniana.

 

Canónigo:

El que tiene una canonjía.

Canonjía:

Prebenda por la que se pertenece al cabildo de iglesia catedral o colegial.

Cabildo:

Cuerpo o comunidad de eclesiásticos capitulares de una iglesia catedral o colegial.

Eclesiásticos:

Perteneciente o relativo a la Iglesia, y en particular a los clérigos.

 

Canonjía de penitenciario:

La que pertenece al canónigo penitenciario. Prebendado de oficio. Es el confesor propio del cabildo.

 

Canonjía doctoral:

La que pertenece al canónigo doctoral. Es el asesor jurídico del cabildo catedral y debe estar graduado en derecho canónico o ser perito en cánones.

 

Canonjía lectoral:

La que pertenece al canónigo lectoral. Es el teólogo del cabildo, y deberá ser licenciado o doctor en teología.

 

Canonjía magistral:

La que pertenece al canónigo magistral. Prebendado de oficio. Es el predicador propio del cabildo.

 

Iglesia colegial:

La que, no siendo sede propia del arzobispo u obispo, se compone de abad y canónigos seculares, y en ella se celebran los oficios divinos como en las catedrales.

Secular:

Seglar, perteneciente a la vida, estado o costumbre del siglo o mundo. Que no tiene órdenes clericales.

 

Clérigo:

El que ha recibido las órdenes sagradas.

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La formación doctrinal

Posted by pablofranciscomaurino en abril 24, 2009

Así como una persona cualquiera debe formarse durante unos dieciocho años para poder ejercer una profesión, un católico debe hacer algo parecido:

Primero, hay que leer, meditar y estudiar los libros que san Juan Pablo II llamó los libros de cabecera de un católico, de cualquier católico:

1) el Catecismo de la Iglesia Católica,

2) la Biblia y

3) el Código de Derecho Canónico.

Al terminar esta primera fase, habremos recibido la formación básica (algo similar a la primaria).

En segundo lugar, se deben estudiar:

1) los documentos oficiales de la Iglesia: los del Concilio Vaticano II, las Cartas y Encíclicas de los papas (principalmente los más recientes), los documentos de las Congregaciones del Vaticano, Asambleas episcopales y Sínodos…,

2) la Liturgia y

3) la Patrística (los escritos de los Padres de la Iglesia).

Con esta segunda fase, se llega a ser medianamente formado (se equipara al bachillerato).

Y, por último, se deben continuar los estudios con:

1) la teología espiritual (mística),

2) los escritos de los Doctores de la Iglesia y

3) las vidas y obras de los santos.

Una vez culminados estos estudios, digámoslo así, termina la formación universitaria.

Sin embargo, la persona que llega a este nivel no tiene todavía la capacidad para evaluar, la facultad de discernir si algo (apariciones, revelaciones privadas, mensajes de videntes, nuevas formas de espiritualidad, etc.) está de acuerdo con la doctrina de la Iglesia o no. Es decir, no está especializado.

Para eso hace falta lo que hoy llaman la maestría y el doctorado, por una parte; y por otra, la ayuda eficaz e inequívoca del Espíritu Santo, requisitos que solo llena el Magisterio de la Iglesia: únicamente la autoridad competente de la Iglesia es capaz de aprobar o desaprobar cualquiera de esas cosas.

Es esa autoridad competente la que también, por eso mismo, autoriza las obras espirituales (libros, folletos, novenas, oraciones…). Por eso, cada vez que vayamos a comprarlas, es necesario que busquemos la aprobación eclesiástica: el Nihil obstat (no hay óbice, nada obsta, nada es contrario a la fe) y el Imprimatur (puede imprimirse), firmado por lo menos por un Obispo.

Aquí hay que agregar que, aunque estén aprobadas por la Iglesia, las revelaciones privadas no son necesarias, pues el Magisterio simplemente certifica que nada nuevo hay en ellas.

En consecuencia, lo único verdaderamente necesario para el cristiano es la Revelación Universal, contenida en La Tradición de la Iglesia y en las Sagradas Escrituras, es decir, lo que enseña oficialmente el Magisterio de la Iglesia (ni siquiera lo que opine un sacerdote, por más santo que parezca).

He aquí lo que dice el Magisterio en el nº 10 del Compendio del Catecismo:

“¿Qué valor tienen las revelaciones privadas?

El Magisterio de la Iglesia, al que corresponde el discernimiento de tales revelaciones, no puede aceptar, por tanto, aquellas “revelaciones” que pretendan superar o corregir la Revelación definitiva, que es Cristo.”

Y en el Catecismo de la Iglesia Católica, nº 67:

A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas “privadas”, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de “mejorar” o “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia. Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de los fieles (sensus fidelium) sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia.

Hay, sin embargo, personas que ni siquiera han terminado sus estudios básicos y se animan a aprobar revelaciones privadas porque, según su propio criterio (!?), son buenas o se ajustan a la doctrina católica.

La Iglesia ni siquiera obliga a ninguno de sus hijos a creer en las revelaciones privadas aprobadas por ella: cada fiel es libre de creerlas o no. Es más: una aprobación significa que esa revelación privada es probable, no indudable. Lo único que está haciendo la Iglesia es informando que en ella no hay nada contrario a la fe y a las costumbres: que los fieles pueden leerlas sin peligro para sus almas.

En cuanto a los mensajes que son auténticos, ¿para qué los envían Dios, la Santísima Virgen, los ángeles o los santos? Lo hacen para atraer a los que están alejados de la fe; no son para los que ya están más maduros. Son como el kínder y la transición, antes de la primaria: con ellas Dios, su Santísima Madre, los ángeles o los santos llaman a iniciar el camino; pero el camino hay que seguirlo, no quedarse en el comienzo.

Lamentablemente, hay católicos que pierden el tiempo que deberían invertir en la formación que se describió más arriba, y lo ocupan leyendo escritos, oyendo prédicas o viendo videos sobre apariciones, revelaciones privadas, mensajes de videntes y nuevas formas de espiritualidad…

  

 

 

 

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Lo que debe saber un cristiano

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 10, 2008

¿Dónde está lo que debe saber un cristiano? ¿En la Biblia?, ¿en lo que el Espíritu Santo nos hace interpretar cuando lo invocamos?, ¿en los mensajes de las apariciones de la Virgen?, ¿en lo que dicen los videntes?, ¿en lo que declara el Papa?, ¿en lo que enseña la Iglesia?…

Hay algunos cristianos que se guían únicamente por la interpretación personal de la Biblia: escogen (casi siempre al azar) un texto, le piden inspiración al Espíritu Santo, y la interpretación que intuyen la consideran Palabra de Dios.

Debe recordarse, sin embargo, que ahí, en la Biblia, el apóstol Pedro dice:

«Sépanlo bien: nadie puede interpretar por sí mismo una profecía de la Escritura, ya que ninguna profecía proviene de una decisión humana, sino que los hombres de Dios hablaron movidos por el Espíritu Santo.» (2Pe 1, 20)

Entonces, ¿cómo leer e interpretar correctamente la Biblia?

En la misma Biblia está la respuesta: Jesús reunió a sus apóstoles, y les dijo:

«En adelante el Espíritu Santo, el Intérprete que el Padre les va a enviar en mi Nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho.» (Jn 14, 26)

En ese momento Jesús estaba solo con sus apóstoles. Por lo tanto, sólo a los apóstoles les dejó esa seguridad: el Espíritu Santo les enseñará todas las cosas.

La autoridad de los apóstoles quedó patente cuando les dijo:

«Todo lo que aten en la tierra, lo mantendrá atado el Cielo, y todo lo que desaten en la tierra, lo mantendrá desatado el Cielo.» (Mt 18, 18)

«Quien los escucha a ustedes, me escucha a Mí; quien los rechaza a ustedes, me rechaza a Mí; y el que me rechaza a Mí, rechaza al que me ha enviado.» (Lc 10, 16)

Pero Él sabía que los seres humanos iban a existir durante muchos siglos y que necesitarían siempre un Intérprete seguro. Y, ¿qué iba a pasar cuando murieran los apóstoles? ¿Quién iba a interpretar adecuadamente la Palabra de Dios? Sus sucesores, los obispos unidos al Papa, es decir, el Magisterio de la Iglesia.

Hay también algunos cristianos que se “forman” únicamente leyendo, oyendo y tratando de experimentar manifestaciones sobrenaturales (apariciones, locuciones, visiones, mensajes, olores a rosas, caída de escarcha, etc.), cosas que, casi siempre, provienen de apariciones todavía no aprobadas por la Iglesia. La Iglesia tarda mucho en estudiar estas cosas, pues lo hace con gran seriedad y profundidad. Mientras tanto, se puede caer fácilmente en errores.

Dejarse guiar únicamente por el Magisterio de la Iglesia, no por cosas que pueden estar erradas, es garantía para no equivocarse nunca.

Quien quiera saber lo básico, debe leer el Catecismo de la Iglesia Católica, meditarlo, estudiarlo; después hacer lo mismo con la Biblia: leerla, meditarla y estudiarla; y, por último, leer, meditar y estudiar el Código de Derecho Canónico. Es lo mínimo que debería saber un cristiano.

Y después, leer las cartas y encíclicas del Papa, los documentos de la Iglesia, los emanados de los concilios, congregaciones, asambleas episcopales y sínodos, el derecho canónico, la Liturgia, los escritos de los Padres de la Iglesia, de los doctores, de los santos, etc.

Esta es la doctrina segura.

Tomado del libro:

RAZONES DE NUESTRA FE. 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2003.

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

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