Hacia la unión con Dios

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Críticas al Papa

Posted by pablofranciscomaurino en julio 3, 2016

Papa

Después de que Jesús fundó su Iglesia y nombró al primer Papa, el Espíritu Santo se ha encargado de elegir a los otros 266 papas y de impedir que se equivoquen, tal y como lo prometió Jesucristo. ¿Por qué pensar, pues, que ahora sí Dios abandonó a su Iglesia y permitió que apareciera un papa que enseña errores?

Cuando un erudito lee los documentos que el Papa Francisco ha escrito o lo escucha, verifica que no enseña nada contrario a la doctrina oficial de la Iglesia que Cristo fundó.  En este caso se aplica muy bien el adagio: “Todo texto sacado de su contexto sirve para cualquier pretexto”.

Pero si alguien no sabe mucho acerca del Magisterio de la Iglesia, le debe bastar la humildad de saber que es una simple criatura que no debería ponerse en la actitud de juzgar al Papa.

La soberbia de quienes sí se creen con el derecho de cuestionar al Espíritu Santo, debe llevarnos a orar mucho por su conversión. Pero no debemos exponernos a seguir escuchando cosas que nos pueden confundir: esa soberbia es más peligrosa que otros pecados: incita a muchos a creerse jueces del papa, de la jerarquía eclesiástica y hasta del mismo Dios, con las consecuencias que se pueden imaginar.

A propósito de los juicios, san Agustín afirma: “Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás.” (Sermón 19, 2)

Y san Juan de la Cruz explica que los cristianos avanzados están tan ocupados en demostrar su amor a Dios, que nunca se dan cuenta si los demás hacen o no hacen bien las cosas. (Cf. Noche, 1, 1-2)

De todos los pecados —aun los más graves— se puede salir si hay humildad; pero cuando falta esta virtud, hasta los más santos pueden caer.

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¿Es el sufrimiento sólo una consecuencia del mensaje y el testimonio cristianos?

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 7, 2014

 

En algunas facultades de teología enseñan que el sufrimiento de Cristo se debió únicamente a que su mensaje y su testimonio chocaron con el mundo y que, en consecuencia, quien evangeliza y da testimonio tendrá que sufrir por esa razón.

Pero tenemos que ser muy prevenidos cuando escuchamos conceptos que, como estos, están en franca oposición a lo que enseña la Iglesia. Veamos:

Nada más comenzar la carta apostólica Salvifici doloris, sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano, el beato Juan Pablo II, dice:

“Suplo en mi carne —dice el apóstol Pablo, indicando el valor salvífico del sufrimiento— lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia”.

Entonces, el sufrimiento tiene un valor salvífico, según el Santo Padre, ya en proceso de canonización. ¿Pero es el sufrimiento de Cristo o el nuestro?

En la conferencia del cardenal Saraiva Martins sobre el tema: El evangelio del sufrimiento en el magisterio de Juan Pablo II, en la que analiza esa misma carta apostólica[1], dice:

Las tribulaciones de Cristo, hombre-Dios, de valor infinito, no necesitan otros sufrimientos para salvar, pues constituyen la única causa de salvación para todos. El poder ilimitado de sus sufrimientos confiere lo que falta a las tribulaciones de todo hombre que sufre. Sin embargo, es necesario aprovechar los dones que produce la cruz de Cristo. Jesús, por decirlo así, ha preparado un banquete, en el que no falta ningún manjar; lo único que falta es que cada uno ocupe su lugar en la mesa y consuma los manjares preparados también para él. El convidado, ataviado con los sufrimientos que Dios mismo da a cada uno como vestido, completa la mesa.

Y continúa:

Cristo salva por medio de la muerte de su cuerpo de carne; el hombre es salvado y ayuda a salvar con las tribulaciones de Cristo, el cual ofrece a cada uno el don de sufrir como él y con él, a fin de seguir salvando en él, también mediante el sufrimiento de su propia carne. Los sufrimientos del cristiano, vividos juntamente con las tribulaciones de Cristo, permiten donar los beneficios de Cristo a su Cuerpo místico. Así pues, la Iglesia no sólo es el Cuerpo de Cristo salvado por los sufrimientos del hombre-Dios; también es su Cuerpo místico, que sigue salvando al mundo mediante los sufrimientos de sus miembros. Estos completan así, por vocación recibida del Señor, las tribulaciones de Cristo.

Hay aún más:

Impresionan profundamente las palabras del Santo Padre sobre el valor del sufrimiento, cuando afirma que “parece que forma parte de la esencia misma del sufrimiento redentor de Cristo el hecho de que haya de ser completado sin cesar” [6]. De este modo, “cada sufrimiento humano, en virtud de la unión en el amor con Cristo, completa el sufrimiento de Cristo. Lo completa como la Iglesia completa la obra redentora de Cristo”.[7].

Para no hacer más largo este escrito, recomiendo la lectura atenta de la carta apostólica Salvifici doloris, que se encuentra en este mismo blog:

https://pablofranciscomaurino.wordpress.com/2014/03/07/salvifici-doloris-2/

O, también, en la página oficial del Vaticano:

http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_11021984_salvifici-doloris_sp.html

Sobresalen en ella el capítulo IV: JESUCRISTO: EL SUFRIMIENTO VENCIDO POR EL AMOR, y el V: PARTÍCIPES EN LOS SUFRIMIENTOS DE CRISTO. Tras su lectura se podrá completar todo el conocimiento de la enseñanza del Magisterio de la Iglesia sobre este asunto.

Solo incluyo aquí unas partes de la conclusión:

Nº: 31. Este es el sentido del sufrimiento, verdaderamente sobrenatural y a la vez humano. Es sobrenatural, porque se arraiga en el misterio divino de la redención del mundo, y es también profundamente humano, porque en él el hombre se encuentra a sí mismo, su propia humanidad, su propia dignidad y su propia misión.

El Concilio Vaticano II ha expresado esta verdad: “En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque […] Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al hombre y le descubre la sublimidad de su vocación”. (100) Si estas palabras se refieren a todo lo que contempla el misterio del hombre, entonces ciertamente se refieren de modo muy particular al sufrimiento humano.


[1] Sábado 13 de diciembre de 2003. San Giovanni Rotondo (Foggia, Italia)

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