Hacia la unión con Dios

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Bienaventuranzas y Dones del Espíritu Santo en el itinerario hacia la unión con Dios

Posted by pablofranciscomaurino en mayo 20, 2017

Basados en la clasificación tradicional de los santos místicos —san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús y otros muchos— se ha establecido un orden ascendente de las personas que buscan la santidad, a medida que avanzan. Estas etapas se denominan las edades espirituales, y tienen su fundamento en la Biblia, en los Padres de la Iglesia (orientales y latinos), en santos autores de la Edad Media y hasta en el Magisterio apostólico. Todos esto se puede corroborar en el libro: Síntesis de espiritualidad católica, de los sacerdotes José Rivera, y José María Iraburu:

http://www.gratisdate.org/texto.php?idl=55&a=47.

Estas edades espirituales han recibido diferentes denominaciones; aquí usaremos la más adecuada a nuestros tiempos:

1. Principiantes

2. Avanzados

3. Perfectos

Ahora bien: en esta clasificación se han insertado los dones del Espíritu Santo, procurando explicar cómo esos dones van ayudando a quienes recorren esas 3 etapas buscando la santidad, la unión con Dios.

San Agustín, obispo de Hipona, en el libro De serm. Dom. in monte, relaciona las bienaventuranzas enumeradas por San Mateo (5,3-12), con los dones del Espíritu Santo; usando como base esta explicación, santo Tomás de Aquino explica también la relación de los Dones con las Bienaventuranzas en la Suma teológica – Parte I-IIae – Cuestión 69. Sorprende comprobar tanta similitud en las apreciaciones de san León Magno, en su Sermón sobre las bienaventuranzas (n° 95, 1-9: PL 54, 461-466), con lo que se ratifica la inspiración del Espíritu Santo sobre estos temas.

Primero, es necesario conocer los textos:

Estas son las bienaventuranzas del Evangelio de san Mateo (5, 3-12):

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

«Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

«Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.

«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

«Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

«Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»

Por su parte, en la Biblia Vulgata —que es la traducción de la Biblia oficial de la Iglesia—, en el libro de Isaías (11, 2-3) están descritos los dones del Espíritu Santo, así:

Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y piedad de Yahveh. Y le inspirará en el temor de Yahveh. No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas.

Principiantes

En los principiantes, los dones son incipientes y, por eso mismo, las bienaventuranzas apenas se desarrollan.

Avanzados

Por su parte, quienes ya son adelantados reciben de Dios la gracia de vivir las primeras 3 bienaventuranzas y afianzar los primeros 3 dones así:

  1. Por el don del Temor, aquel miedo a ofender a un Ser tan bueno, desarrollan grandemente la virtud de la obediencia: al director espiritual, a los superiores, a la jerarquía eclesiástica, a la doctrina oficial del Magisterio de la Iglesia, al Papa. Además, no les gusta gobernar ni mandar; encuentran su gozo en dejarse mandar, aun por los inferiores, en todo lo que no es pecado.

Son los que Jesús llama Pobres en el espíritu, es decir, quienes ya viven en un grado muy elevado la virtud de la Humildad. De ellos es el Reino de los Cielos, según lo afirmó también Jesús.

  1. El don de la Piedad se manifiesta en 2 modos: siendo generosos con todos y desarrollando la virtud de la religión, la que mueve a dar a Dios el culto debido de adoración, alabanza, bendición, glorificación…

Esta generosidad para con Dios y para con los demás es la que los hace verdaderamente Mansos y, al mismo tiempo, su mansedumbre los vuelve generosos en grado muy elevado. Y es por eso que poseerán no solamente esta tierra (la gente valora mucho esta virtud), sino también la Tierra prometida.

  1. Reciben el don de la Ciencia, que consiste en un discernimiento que los faculta para percibir la inmensa gravedad del pecado, con la luz que Dios les da. Por eso no pueden menos que llorar. Lloran los pecados propios y ajenos. Y reciben la promesa de que serán consolados.

Perfectos

En una primera etapa, Dios les afianza:

  1. El don de la Fortaleza, que se manifiesta primero en el dominio sobre los apegos y, después, en el Hambre y sed de justicia, de conocer y ajustarse a los misterios divinos ocultos. Ellos serán saciados del mismo Dios/Justicia, que es el acopio de todas las virtudes.

  1. Con el don del Consejo, aprenden a vivir desprendidos de sí mismos y abandonarse totalmente a la Voluntad divina por una tempestad de amor que el Espíritu Santo hace nacer en sus corazones. Son ahora Misericordiosos con todos, porque están saciados de Dios. Y alcanzarán misericordia: ¡gozarán del objeto de su amor!

Y después reciben:

  1. El don de la Inteligencia, que consiste en la simplicidad de la verdad, la caridad y la unidad. Son ahora Puros, Limpios de corazón; y por eso verán a Dios, es decir, experimentarán la contemplación (de los atributos divinos, infinitamente dignos de amor): lo que “ni el ojo vio, mi el oído oyó…”. Es el cognocere de la Verdad: un descanso en el gozo, por encima de toda actividad…

  1. Y el don de la Sabiduría que los induce continuamente a hacer siempre y en todo su Voluntad; por eso, están unidos al Espíritu divino. Son los pacíficos, los que trabajan por la paz. Serán hijos de Dios, serán quienes descansan en su paz.

  1. Finalmente, llegan a adquirir la Caridad perfecta: Padecen persecución por la justicia (por ajustarse a Dios). De ellos es el Reino de los Cielos.

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Ciclo A, Domingo de Pentecostés

Posted by pablofranciscomaurino en junio 20, 2011

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

¿Milagros?

Lo que quizá más impresiona de las lecturas de la solemnidad de hoy es que en nuestros días no vemos con frecuencia a los actuales apóstoles (los obispos) ni a los actuales discípulos (los presbíteros) hablar en lenguas ni realizar milagros.

Pero no lo vemos porque no tenemos abiertos los ojos del espíritu para ver cómo la enseñanza de la Iglesia ha llegado en casi todos los idiomas a numerosos países, y así se han roto las barreras que nos separaban antaño:

Es bello saber de hombres o mujeres que en el otro lado del planeta celebran la Eucaristía como nosotros, o enterarse de la devoción mundial a la Santísima Virgen María. ¡Qué hermoso es descubrir a dos católicos de distinta nacionalidad y lengua rezar el Santo Rosario juntos y que uno conteste al otro, sin conocer su idioma, pero sabiendo qué se está diciendo al orar! Da alegría enterarse de que en todas partes del globo terráqueo hay comunidades apostólicas que dan testimonio del mensaje de amor del Evangelio… En fin, se puede decir que la Iglesia rompió las fronteras. Y esto es obra del Espíritu Santo. Las actividades apostólicas se abren como un abanico expresando, en el orbe entero, las diferentes facetas de la acción del Espíritu Santo, las acciones de cada una de las partes del Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia.

Otra realidad que no se ve es la acción del Espíritu Santo en las almas: poco a poco y en el silencio de las vidas individuales, se está llevando a cabo una transformación patente y auténtica: ciegos para las cosas de Dios que recuperan la vista, sordos al mensaje evangélico que comienzan a escuchar, paralíticos del espíritu que ahora empiezan a recorrer los caminos del amor de Dios…, y hasta muertos que, por sus pecados estaban destinados al infierno, que resucitan a la vida de la gracia.

¿Hacemos patente e innegable en nuestras vidas que, con el Espíritu Santo, nos llegan sus siete dones y sus doce frutos? ¿Vivimos, por ejemplo, el fruto de la paz, que tanto necesitamos?

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La riqueza no es un don*

Posted by pablofranciscomaurino en abril 15, 2011

“El trabajo honesto ofrece dignidad,

no gran riqueza, por cierto, pero

la riqueza no es un don de Dios,

es una prueba difícil de superar

sin sentir avidez por ella,

o tener soberbia, sin egoísmo;

porque la riqueza es

para compartir con quien no la posee,

no para vanagloriarse.

Es la prueba más difícil para el alma;

y esto a muchos podrá parecer extraño.”

Jesús


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¿Qué dice la Biblia acerca del don de lenguas?

Posted by pablofranciscomaurino en julio 30, 2010

 

«Busquen el amor y aspiren a los dones espirituales, especialmente al don de profecía. El que habla en lenguas habla a Dios, pero no a los hombres, pues nadie le entiende cuando habla en espíritu y dice cosas misteriosas. El que profetiza, en cambio, lo hace para dar a los demás firmeza, aliento y consuelo. El que habla en lenguas se fortalece a sí mismo, mientras que el profeta edifica a la Iglesia.

«Me alegraría que todos ustedes hablaran en lenguas, pero más me gustaría que todos fueran profetas. Es mucho mejor tener profetas que quien hable en lenguas, a no ser que haya quien las interprete y así toda la Iglesia saque provecho. Supongan, hermanos, que yo vaya donde ustedes hablando en lenguas, ¿de qué les serviría si no les llevase alguna revelación, con palabras de conocimiento, profecías o enseñanzas?

«Tomen un instrumento musical, ya sea una flauta o el arpa; si no doy las notas con sus intervalos, ¿quién reconocerá la melodía que estoy tocando? Y si el toque de la trompeta no se parece a nada, ¿quién correrá a su puesto de combate? Lo mismo ocurre con ustedes y sus lenguas: ¿quién sabrá lo que han dicho si no hay palabras que se entiendan? Habrá sido como hablar al viento. Por muchos idiomas que haya en el mundo, cada uno tiene sus palabras, pero si yo no conozco el significado de las palabras, seré un extranjero para el que habla, y el que habla será un extranjero para mí.

«Tomen esto en cuenta, y si se interesan por los dones espirituales, ansíen los que edifican la Iglesia. Así no les faltará nada. El que habla en alguna lengua, pida a Dios que también la pueda interpretar.

«Cuando oro en lenguas, mi espíritu reza, pero mi entendimiento queda inactivo. ¿Estará bien esto? Debo rezar con mi espíritu, pero también con mi mente. Cantaré alabanzas con el espíritu, pero también con la mente. Si alabas a Dios sólo con el espíritu, ¿qué hará el que se conforma con escuchar? ¿Acaso podrá añadir «amén» a tu acción de gracias? Pues no sabe lo que has dicho. Tu acción de gracias habrá sido maravillosa, pero a él no le ayuda en nada.

«Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos ustedes. Pero cuando me encuentro en la asamblea prefiero decir cinco palabras mías que sean entendidas y ayuden a los demás, antes que diez mil en lenguas.

«Hermanos, no sean niños en su modo de pensar. Sean como niños en el camino del mal, pero adultos en su modo de pensar. Dios dice en la Ley: Hablaré a este pueblo en lenguas extrañas y por boca de extranjeros, pero ni así me escucharán. Entiendan, pues, que hablar en lenguas es una señal para quienes no creen, pero no para los creyentes; en cambio, la profecía es para los creyentes, no para los que no creen.

«Con todo, supongan que la Iglesia entera estuviera reunida y todos hablasen en lenguas y entran algunas personas no preparadas o que todavía no creen. ¿Qué dirían? Que todos están locos. Por el contrario, supongan que todos están profetizando y entra alguien que no cree o que no tiene preparación, y todos le descubren sus errores, le dicen verdades y le hacen revelaciones. Este, al ver descubiertos sus secretos más íntimos, caerá de rodillas, adorará a Dios y proclamará: Dios está realmente entre ustedes.

«¿Qué podemos concluir, hermanos? Cuando ustedes se reúnen, cada uno puede participar con un canto, una enseñanza, una revelación, hablando en lenguas o interpretando lo que otro dijo en lenguas. Pero que todo los ayude a crecer. ¿Quieren hablar en lenguas? Que lo hagan dos o tres al máximo, pero con limitación de tiempo, y que haya quien interprete. Si no hay nadie que pueda interpretar, que se callen en la asamblea y reserven su hablar en lenguas para sí mismos y para Dios.

«En cuanto a los profetas, que hablen dos o tres, y los demás hagan un discernimiento. Si alguno de los que están sentados recibe una revelación, que se calle el que hablaba. Todos ustedes podrían profetizar, pero uno por uno, para que todos aprendan y todos sean motivados, pues los espíritus de los profetas están sometidos a los profetas. En todo caso, la obra de Dios no es confusión, sino paz.

«Hagan como se hace en todas las Iglesias de los santos: que las mujeres estén calladas en las asambleas. No les corresponde tomar la palabra. Que estén sometidas como lo dice la Ley, y si desean saber más, que se lo pregunten en casa a su marido. Es feo que la mujer hable en la asamblea.

«¿Acaso la palabra de Dios partió de ustedes, o ha llegado tal vez sólo a ustedes? Los que entre ustedes son considerados profetas o personas espirituales reconocerán que lo que les escribo es mandato del Señor. Y si alguien no lo reconoce, tampoco él será reconocido. Por lo tanto, hermanos, aspiren al don de la profecía y no impidan que se hable en lenguas, pero que todo se haga en forma digna y ordenada.» (1 Co, 14, 1-40)

«Pues bien, ustedes ya saben estas cosas: felices si las ponen en práctica.» (Jn 13, 17)

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Carismas*

Posted by pablofranciscomaurino en mayo 14, 2010

  

¿QUE ES UN CARISMA?

Un carisma es un don o gracia extraordinaria que da Dios a determinadas personas para el bien de la Iglesia y de las almas, y para reavivar la fe e inducir a la conversión a muchos de los católicos. El carisma no sustituye a las Escrituras, ni siquiera le añade nada nuevo, pero ayuda a cumplirlas mejor.

Los carismas no dependen del mérito ni de la santidad de la persona que los recibe, Son como un regalo de Dios y no se sabe la razón que le mueve a darlos, pues Él distribuye a cada uno sus dones, según su voluntad (1 Co 12, 11).

Los carismas son muchos y variados, no son necesarios para la santidad pues según Santo Tomás de Aquino cualquier carisma sea profecía, sanación, incluso el don de milagros son inferiores a la gracia santificante necesaria para la santidad. San Pablo enumera varios carismas, aunque hay muchos más y todos son obra del Espíritu Santo.

 

¿QUÉ HAY QUE HACER ANTE QUIEN TIENE UN CARISMA?

Quien tiene un carisma, es instrumento de Dios, pues es Él quien actúa a través de la persona, de ahí que no caigamos en posturas equivocadas. El carisma no es materia de fe pero no por eso se deben rechazar por incredulidad. San Pablo nos recomienda: No apaguéis el Espíritu, no desprecies lo que dicen los profetas. Examinadlo todo y quedaros con lo bueno. (1 Ts 5,19-21).

Los carismas no son ni privados, ni para uso personal, pues al ser un don de Dios, es de Dios y lo mismo que Él lo otorga, lo puede retirar. Y así como no se puede decir que la música es del instrumento a través del cual suena, tampoco se puede decir que el carisma es de la persona por la cual Dios se manifiesta.

 

¿COMO SE DISTINGUE EL CARISMA VERDADERO DEL QUE NO LO ES?

No es difícil saber si un carisma es verdadero o falso si se analiza al instrumento y su forma de ser y su forma de vivir. Pero siempre y por santa que sea la forma de vivir del instrumento, puede darse el error o el engaño, aunque éste sea involuntario. De ahí, el saber discernir cuando un carisma es auténtico y cuando no.

Nos dice el Concilio Vaticano II que es a los Pastores a quienes toca juzgar la genuina naturaleza de tales carismas y su ordenado ejercicio, no, por cierto, para que apaguen el Espíritu, sino con el fin de que todo lo prueben y retengan lo que es bueno (AA 1-3).

 

SIEMPRE HA HABIDO CARISMAS

Los carismas existen desde el Antiguo Testamento, no con el nombre de carisma pero si como dones extraordinarios en profetas, jueces, reyes, y otros muchos personajes, tanto hombres como mujeres. Estos no solo recibieron de Dios una misión sino también la gracia del Espíritu Santo para emprenderla mas allá de las propias fuerzas. Actualmente en la Santa Madre Iglesia por los méritos de Jesucristo, proliferan de forma inigualable para edificación de Ésta. Los carismas no son vanos y son útiles para determinadas misiones o determinadas épocas.

Aunque el carisma no es una condición para la salvación del alma, no por eso se debe rechazar, pues Dios puede comunicarse por el medio que le plazca y no conviene rechazar lo que a través de los instrumentos nos diga. Tampoco se debe basar una espiritualidad en revelaciones privadas.

Los carismas no suelen ser dones perpetuos. El Espíritu Santo los da y los quita según su beneplácito; son pasajeros, se puede tener un carisma y dejar de tenerlo[1].

También suele suceder que aparece un carisma para una determinada misión y después de quedar asentada el carisma desaparezca. No es malo desear tener algún carisma, pero quien tenga un carisma debe llevar vida de recogimiento y de oración para no exponer el mismo a peligros ni criterios mundanos.

Un carisma no se puede adquirir ni con la oración, el ayuno, penitencias ni con nada de lo que hagamos, porque es un don extraordinario «gratuito» que da el Cielo.

 

ALERTA AL MAL USO DE LOS CARISMAS

Los carismas al ser comunicativos, atraen a cantidad de fieles dando origen a grupos de oración, movimientos y peregrinaciones.

Es necesario cuidar el uso de los carismas y el ambiente en que se desenvuelven. No se debe admitir a un instrumento que le pregunten como si fuera un adivino, porque el carisma es para servir mejor a Dios no para que Dios nos sirva mejor a nosotros. Por eso, el carisma cuando se recibe tiene una finalidad en los designios de Dios y debe ser encaminado en forma equilibrada hacia los planes de Dios.

Un carisma no debe usarse así coma así, sino crear un ambiente adecuado a la manifestación del mismo, sea cual sea, a ser posible, previa oración del instrumento. San Pablo advierte a los corintios sobre el peligro del mal uso de los carismas.

Un carisma sería mal empleado cuando pretende reemplazar el esfuerzo y la responsabilidad de la vida cotidiana. Cuando la atención se centra en el carisma haciendo de él un espectáculo. Cuando se antepone a la práctica de algún sacramento.

Cuando se emplea un carisma buscando protagonismo, competencia, fama, donativos, etc. Hay que evitar los excesos en el uso de los carismas, porque los carismas, si no contribuyen a la edificación de los fieles, pueden ser dañinos para estos.

 

EXAMINADLO TODO

Es el consejo de San Pablo que igualmente se preocupa de que no se apaguen los carismas. No despreciéis las profecías.

Examinad todo y quedaos con lo que es bueno. Absteneos de todo mal. (1 Ts 5,22) S. Pablo enseña constantemente que Dios actúa íntima y poderosamente en sus hijos, dándoles los dones necesarios para la misión.

Los santos son testimonio del poder de Dios y de los carismas que Él suscita para el bien de la Iglesia. San Ignacio de Loyola, a través de su propia experiencia de gracia, desarrolla unos «ejercicios espirituales» para discernir las mociones del Espíritu Santo. Estos ejercicios presuponen que Dios se manifiesta al hombre, le da los carismas y le da conocimiento para utilizarlos correctamente. Este proceso de discernimiento incluye necesariamente una profunda obediencia a la Santa Iglesia.

 

¿CUÁLES SON LAS SEÑALES DEL VERDADERO CARISMA?

Al cien por cien nunca lo vamos a saber, pero hay señales que nos pueden dar una orientación y la veracidad de un carisma.

En primer lugar hay que analizar detalladamente en los carismas que no vayan en contra de ningún punto de las Sagradas Escrituras y del Magisterio de la Iglesia.

Según los grandes santos como Santa Margarita María de Alacoque, Santa Teresa o San Juan de la Cruz estos son algunas señales del buen carisma o falso carisma.

  • Es buena señal de verdadero carisma, el miedo a estar engañado por Satanás disfrazado de ángel de luz.
  • Sentimientos de humildad y el convencimiento de nuestra nada.
  • Atribuirle a Dios todo lo bueno que hagamos.
  • Desconfianza de uno mismo, y convencimiento de que nuestra perseverancia final depende de Dios. No tener seguridad de que podemos llegar al final sin la gracia de Dios (1Co 10,12).
  • Obediencia a la Santa Madre Iglesia, al director espiritual o a los superiores.
  • Aceptación de las humillaciones que por causa del carisma puedan venir.
  • Rechazo de todo protagonismo, extravagancia o gloria que por causa del carisma quieran dar al instrumento.
  • Hambre de Dios, añoranza y deseo de morir o padecer por Él.
  • Desapego del carisma y de todas las cosas del mundo con un abandono y confianza absolutos en Dios y en su Providencia.
  • Deseos ardientes de recibir la Sagrada Comunión.
  • Aceptación de las pruebas con gran conformidad e incluso con gran amor a la cruz.
  • Poner todos los medios necesarios para prosperar en la virtud.
  • Los buenos frutos producidos en el alma por causa del don recibido.
  • Oración constante contra las trampas del demonio y toda clase de tentaciones. Un instrumento que no tenga vida de oración es poco fiable, porque la oración es el hábitat del Espíritu Santo, y el demonio a un alma de oración es muy difícil que la engañe, aunque no es imposible.

 

INSTRUMENTO QUE NO ES DE DIOS

De acuerdo a lo que nos dice San Ignacio de Loyola, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, Las señales de un carisma que no es Dios son:

  • Tristeza, desaliento, ansiedad, confusión, inquietud.
  • Todo lo que inclina a maldad.
  • Todo lo que pareciendo bueno, evoluciona hacia lo malo.
  • Lo que sea sugerido brutal o intempestivamente ya que el Espíritu Santo actúa dulcemente.
  • Vanidad, hacer las cosas sin recta intención llamando la atención en las oraciones, visiones o revelaciones.
  • Falsa humildad que impide cumplir con los compromisos espirituales.
  • Acciones extravagantes que atraigan la estima de los demás.
  • Escrúpulos de conciencia.
  • Seguridad en su propia virtud.
  • Falta de confianza en Dios, impaciencia y quejas constantes en las pruebas.
  • Penitencias por encima de sus fuerzas o que le impidan los deberes de estado y el servicio a Dios.
  • Desprecio de las cosas pequeñas.
  • Falta de apertura con el director espiritual.
  • Desobediencia a la Santa Madre Iglesia, a sus superiores y a los deberes de estado.
  • Inconformidad con la Sagrada Escritura y las Tradiciones Apostólicas[2].
  • Desprecio por la liturgia y los sacerdotes.

 

¿QUE DEBE HACER QUIEN TIENE UN CARISMA?

Ante todo no apegarse a él y reconocer que todo lo que le sucede viene de Dios, dándole gracias por todo lo que recibe y reconociendo que el mérito viene únicamente de Él y no de sí mismo, teniendo en cuenta que el carisma le puede desaparecer lo mismo que le ha aparecido.

Considerar el instrumento sus limitaciones y su propia nada.

No apartarse nunca de las Sagradas Escrituras ni del Magisterio de la Iglesia, mucho menos cuando se deban de tomar decisiones.

Y vivir en un ambiente de oración practicando los sacramentos y acudiendo a la Santa Misa a ser posible diariamente.

¿QUE SE DEBE HACER ANTE LAS TRIBULACIONES QUE VENGAN POR CAUSA DEL CARISMA?

Perseverar en el estado de vida y en los compromisos que se tomaron previamente.

No dejar por nada la oración y la penitencia, dos poderosas alas para volar.

Esperar pacientemente en la gracia de Dios, ya que ésta no le faltará.

Examinarse interiormente a ver si hubiera algo de lo que haya que arrepentirse y que pudiera haber ocasionado la tribulación en la que se encuentra.

Gran apertura en la confesión o en la dirección espiritual, o en alguien que se confíe, pues a Satanás le horroriza el alma que abre su conciencia a sus superiores o guías espirituales.

Hacer lo opuesto de lo que el demonio sugiere y tratar de rezar, meditar, leer cosas espirituales, etc.

Ignorar el punto débil por el que se es atacado, pues el demonio sabe perfectamente las artimañas para que un alma esté atribulada.

No olvidar que el sufrimiento aceptado y ofrecido a Dios, es también un medio de santidad tan grande que no puede faltar a ningún alma que vaya por la sendas de santidad.

Y sobre todo, acudir a la Santísima Virgen que como Madre quiere ayudarnos y como Reina de lo creado puede hacerlo.

La persona que tiene un carisma, ante todo, tiene que ser la primera que debe creer en él, y estar segura de que lo que tiene es de naturaleza sobrenatural.

Los fieles pueden creer en personas con carismas en la medida que estén seguros de su naturaleza sobrenatural.

Ya hemos dicho en la primera parte que no se deben despreciar, pero si es muy necesario analizar el contenido de revelaciones profecías, misiones, mensajes, etc.

La Santa Madre Iglesia no rechaza los carismas pues consiente en examinarlos, incluso, ha aprobado varias revelaciones privadas a lo largo de su existencia, pero también ha rechazado otras muchas que sólo fueron una ilusión. Ya dijimos en la primera parte que las revelaciones privadas nada nuevo pueden traer que no esté revelado en las Sagradas Escrituras.

 

NO MENOSPRECIAR LOS DONES EXTRAORDINARIOS

En cuanto a los instrumentos Santo Tomás de Aquino nos dice, que los Pontífices son constituidos guardianes e intérpretes de la revelación divina, tal como está contenida en la Sagrada Escritura y la tradición. Pero ellos tienen también el deber de recomendar a los fieles, para el bien general, aquellos dones sobrenaturales que agradan a Dios ofrecer libremente a ciertas almas escogidas no para proponer nuevas doctrinas, sino para guiar nuestra conducta.

Los fieles no están obligados a creer en dones extraordinarios, pero éstos no se deben menospreciar puesto que pueden ser de origen divino. Pues cuando la Iglesia ha aprobado o recomendado ciertas prácticas que emanan de revelaciones privadas, menospreciarlas sería una grave falta de respeto y de sumisión a Dios, pudiendo llegar incluso a pecar. Hay que considerar, no obstante, que muchos de los instrumentos que reciben comunicaciones, son ridiculizados, criticados, atacados y tratados como iluminados o visionarios despectivamente.

Desprestigiar los carismas puede llegar a ser pecaminoso, por la tendencia que existe siempre a ridiculizar lo sobrenatural, pues no olvidemos lo que dice la Sagrada Escritura: No despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno (1 Ts 5:20-21).

A Dios no lo podemos condicionar, Él es libre de disponer de sus poder como le plazca otorgando a ciertas almas dones extraordinarios, bien de visiones, apariciones, revelaciones, sanaciones, comunicaciones, profecías, etc.

 

¿COMO DISCERNIR LOS DONES EXTRAORDINARIOS?

No podemos ignorar, que por muy virtuosa que sea una persona que tiene un don extraordinario, los errores pueden ser posibles. Y aunque son menos frecuentes en almas de gran vida de oración, no por eso debemos dejar de tener en cuenta que los errores pueden suceder aún con almas de gran santidad, porque son humanas, aunque ellos no nos deben llegar a desestimar al instrumento que debe valerse de su error para crecer en humildad y estar en alerta.

Tener algún error no significa ser un falso o fraudulento instrumento, aunque si los errores se repiten asiduamente ya sería alarmante.

 

POSIBILIDADES DE ERRORES

Una comunicación puede a veces ser mal interpretada o mal expresada por el instrumento que la recibe, porque es oscura, ya sea porque Dios no la hace completamente conocida.

Cuando la comunicación se recibe en ideas o imágenes, el instrumento puede tener dificultad en expresar lo que recibe, no por error, sino por su falta de formación o preparación. Pues al recibir las comunicaciones en forma de mociones o entendimientos del Espíritu Santo, el instrumento no sepa expresar adecuadamente lo que le ha sido comunicado. Ha habido revelaciones, hechas a personas santas y aprobadas por la Iglesia, que se contradicen unas con otras. Esto demuestra la falta de prudencia que es el intentar reconstruir la historia por medio de las revelaciones privadas.

Puede ocurrir también el autoengaño, al mezclar la imaginación con la comunicación sobrenatural. La actividad del propio espíritu de los instrumentos es una de las principales causas de error.

También se puede dar el caso de que colaboradores de los instrumentos, inserten de buena fe sus propios criterios.

 

SEÑALES DE MENSAJES FALSOS

Es posible que un mensaje no sólo contenga errores por las señales que hemos listado arriba sino que también puede ser falso por las siguientes señales:

Un instrumento puede inventar cosas como resultado de una ilusión o puede ser engañado por su propia imaginación.

Puede ocurrir que haya quien diga que recibe revelaciones o mensajes y no sea verdad y lo haga con afán de llamar la atención, o simplemente sean plagiados de otros instrumentos.

El demonio, que ataca siempre lo que es de Dios, también puede producir visiones o mensajes falsos.

Una revelación o profecía puede se inventada por conveniencia. En política, a menudo, se dan revelaciones por intereses políticos o económicos, o por el deseo de manipular a los ciudadanos.

 

ANALIZAR AL INSTRUMENTO

Conviene saber sobre el instrumento qué clase de vida llevaba y si cumplía con las obligaciones de estado antes de tener el carisma. Es importantísimo saber si está mentalmente equilibrada o tiene mermadas sus facultades por alguna enfermedad o excesivas austeridades y ayunos. Una vez analizado esto si todo es correcto, es probable que no haya motivo para dudar del carisma que tiene.

Es necesario también informarse sobre la formación espiritual que ha recibido el instrumento y el ambiente en que se ha desenvuelto antes de llegar a serlo, por ejemplo, si ha visitado adivinos, echadores de cartas o si ha leído bastante material sobre las ciencias ocultas. Hay que asegurarse que lo que plantea como revelado no haya sido extraído de escritos de otros instrumentos.

Conviene analizar qué vida lleva a partir de haber recibido el carisma, es decir, si practica habitualmente los sacramentos, acude a Misa y si trata de vivir una vida más entregada a Dios que antes de recibir el don. Es importante saber si el instrumento progresa espiritualmente después de haber recibido el don; si es así, entonces hay una gran probabilidad a favor de lo sobrenatural; de lo contrario, el don debe considerarse sospechoso.

El demonio no puede conseguir que las almas practiquen virtudes heroicas, mucho menos que perseveren en ellas. El demonio puede engañar a las almas por cierto tiempo pero pronto se descubrirá su influencia, llevando al alma a mortificaciones exageradas, a ayunos imprudentes, poniendo en peligro la propia salud. Los frutos de la influencia demoníaca serán exagerados escrúpulos de conciencia, gran desaliento; actos de apostolado llamativos e indiscretos y un afán de protagonismo opuesto al espíritu de humildad y de recogimiento que todo instrumento de Dios debe tener.

Una señal también que puede ser muy eficaz para saber si el instrumento es falso o no, es cómo acepta y sobrelleva las pruebas y sufrimientos que le sobrevengan.

Si la prueba le ha servido para mayor virtud es una buena señal porque la vida de las almas de Dios está llena de pruebas y en los dones extraordinarios, las pruebas son señales inequívocas de su autenticidad. Si no hay cruz, el don extraordinario resulta dudoso.

Una de las pruebas más común en los dones extraordinarios es el escepticismo de los que conocen dicho don. Las críticas y dudas que se derivan de todo ello, son una buena ocasión para probar al instrumento.

Según la Teología hay tres precauciones indispensables para evitar ilusiones: el miedo a ser engañado, apertura total a un director espiritual y desapego del carisma.

Siempre se ha dicho que si un instrumento del Cielo cree estar preservado de errores o engaños, es precisamente la disposición necesaria para tenerlos.

ANALIZAR LO QUE RECIBE

Antes de creer o no creer lo que recibe, se debe analizar minuciosamente y no se debe quitar ni poner nada, mucho menos manipular el mensaje, porque si se cambia algo, entonces ya es dudoso lo que se presenta.

Ya hemos dicho que ninguna comunicación debe ir en contra de los dogmas de la Santa Madre Iglesia, ni de las Sagradas Escrituras, ni en contra de la moral. Si no fuera así, la comunicación, casi seguro es falsa.

Si las profecías o revelaciones no se cumplen, y no hay razones para creer que son condicionadas, no se consideraran que vengan de Dios, porque quien habla en nombre de Dios y no se cumple lo que dice, puede que Dios no lo haya dicho.

Se deben tener como dudosos aquellos instrumentos que se prestan a responder a preguntas vanas, o consultas que solo pretenden satisfacer la curiosidad, pues un don extraordinario, no es para nuestro servicio, sino para que a través de él sirvamos mejor a Dios. Diferente es si a través del instrumento se le hacen consultas a Dios muy humildemente y se pone en oración la consulta para que Él responda bien a través del instrumento o a través de cualquier otro medio.

¿Requiere la comunicación alguna misión especial, alguna devoción nueva, la construcción de un santuario o la fundación de alguna obra? Si fuera así, la obra o misión, debe examinarse detenidamente y ver si responde a las necesidades actuales.

 

POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS

Es una regla infalible, el Maestro nos lo dijo: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. […] Todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos […] (Mt 7,15-18).

A la luz de este principio podemos saber qué espíritu mueve al alma favorecida con algún carisma. Si el alma desea santificarse más cada día, el amor de Dios es lo primero en su vida, cumple adecuadamente sus compromisos espirituales y deberes de estado, practica los sacramentos en las debidas disposiciones, ama al prójimo y siente un gran celo por la salvación de las almas, entonces, podemos estar seguros que ese instrumento es de Dios y no de un espíritu maligno.

Por: P. D. C. M.

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[1] Sé de instrumentos que después de una enfermedad perdieron el don que tenían.

[2] Santa Teresa nos dice en su Vida cap. 25 que solamente con esta señal ya es más que suficiente para descubrir las señales de un carisma que no es de Dios.

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