Hacia la unión con Dios

Posts Tagged ‘Evangélicos’

Principales Razones de las divisiones entre los cristianos

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 6, 2015

 

Arrianismo

Doctrina de Arrio, que enseñaba, acerca de la Trinidad, que el Hijo no es igual al Padre, que no es de la misma naturaleza y que no participa de su eternidad. La divinidad de Cristo no era sino secundaria y subordinada.

Desaparecido.

 

Donatismo

Cisma del obispo Donato, que negaba todo valor a los sacramentos administrados por los obispos indignos o los juzgados como tales.

Desaparecido.

 

Nestorianismo

En lugar de atribuir a la única persona de Jesucristo las dos naturalezas divina y humana, Nestorio enseñaba que en Jesucristo coexistían dos personas, una divina y otra humana.

No hay informe de número de fieles (muchos se han mezclado con los monofisistas).

 

Iglesias Antiguas Orientales, Monofisistas o no Calcedonianas

Doctrina que rechaza la formulación de las dos naturalezas del Hijo.

Las integran unos 22 millones de fieles.

 

Iglesias Orientales (llamadas por ellos ortodoxas)

Separadas doctrinalmente por no aceptar la afirmación de que el Hijo, además de proceder del Padre, también procede del Espíritu Santo. Se aúna a esto el hecho de que no aceptan el primado del sucesor de Pedro, ni de su sede, Roma.

Deben añadirse factores políticos (traslado del imperio de Constantino a Bizancio, penetración de pueblos bárbaros y musulmanes) y algunos factores geográficos.

Se suman quejas por ritos y costumbres.

Cerca de 150 millones de fieles.

 

Iglesia Veterocatólica

Rechazan el dogma de la infalibilidad papal. En lo demás, son muy parecidos a los católicos.

Un poco más de medio millón de fieles.

 

Iglesias Luteranas

La gratuita santificación del hombre por la gracia, con la cual se hace justo, es contraria, según Lutero, al ambiente eclesiástico que lo rodeaba: el mundo de la curia romana, las penitencias monacales, la predicación de las indulgencias, la veneración de los santos, las peregrinaciones a santuarios marianos, la sutil teología escolástica.

De aquí se derivan muchos de los principios que ilustrarán a otras Iglesias, Comunidades Eclesiales, Movimientos Religiosos, Grupos y Sectas de la mayor variedad: total soberanía de la Biblia sobre cualquier otro tipo de autoridad, negación de la Tradición de la Iglesia, permanencia de la condición pecadora del hombre, el perdón es gratuito, incondicional e inmerecido y se ofrece por la redención de Cristo (se manifiesta con el arrepentimiento y la reparación), temor a que la mediación de María pueda atentar a la única mediación de Cristo, se rinde culto solo a Dios, no existe el purgatorio, el centro de la Iglesia está en la predicación, el bautismo confiere al fiel el hecho de ser sacerdotes (no es un sacramento especial), etc.

Martín Lutero nunca pensó en fundar una nueva Iglesia, sino reformarla, no tanto en las costumbres, como en las creencias.

El número de creyentes miembros de la Federación Luterana Mundial es de 62 millones; se cree que fuera de ellos hay unos 20 ó 22 millones más, lo que daría un gran total de 82 a 84 millones de fieles, aproximadamente.

 

Iglesias Reformadas o Presbiterianas

Doctrina de Juan Calvino (se llama también «calvinismo»). Afín al Luteranismo, contempla la predestinación (está decidido por Dios quién se va a salvar y quién no), es de carácter más universal que el Luteranismo, se gobierna por presbíteros y ancianos (no hay obispos) y se celebra la Cena una vez al mes, consumiendo ambas especies y creyendo en una presencia espiritual de Cristo en ella.

Aproximadamente 70 millones de fieles.

 

Iglesias Anglicanas/Episcopalianas

Originada por Enrique VIII, quien se enfrentó al Papa, porque no le aprobó su divorcio con Catalina de Aragón. Diferentes actuaciones del Parlamento ingles hicieron posible el establecimiento de una nueva Iglesia nacional.

65 millones de fieles, aproximadamente.

 

Iglesias Congregacionalistas

Nace de movimientos no–conformistas. Se da toda la importancia a la asamblea de creyentes (su nombre lo toman de este hecho), autonomía total de la parroquia, doctrinalmente cercanos a los presbiterianos.

Cerca de 2 millones de fieles.

 

Iglesias Bautistas

Sus organizadores son John Smyth y Thomas Helwys, pero sus raíces están en el anabaptismo (re–bautizar a quienes habían recibido el bautismo siendo niños).

Se diferencian de los anteriores en una conversión basada en un «nuevo nacimiento», es congregacionalista (no hay presbíteros ni obispos, sino pastores y ancianos, ministerio que puede ser ejercido por cualquiera), cada Iglesia es independiente, bautismo por inmersión y solamente a los adultos, se hace la santa cena (un simple «recuerdo» de la última cena), total separación de la Iglesia y el Estado.

Conforman este credo más de 50 millones de fieles.

 

Comunidades de los Cuáqueros o Sociedad Religiosa de los Amigos

Comunidad cristiana libre, fundada por George Fox, no conformista, de espíritu místico decepcionado de la Iglesia Anglicana. Se llega a Dios sin mediadores, liturgia ni sacramentos. Libertad religiosa, negación a participar en cultos, ir a la guerra o hacer distinciones entre las clases sociales.

Unos doscientos mil fieles.

 

Iglesias Metodistas

Resultado de un «despertar religioso» propuesto por John Wesley, quien nunca pensó formar comunidades separadas de la Iglesia de Inglaterra. Prácticas piadosas, lecturas metódicas del Nuevo Testamento, ayunos en ciertos días, examen de conciencia diario, austeridad en el vestir, visitas a enfermos… Conversión y entusiasmo por una vida de perfección cristiana (experiencia sensible). Las Sagradas Escrituras se interpretan libremente.

Cerca de 50 millones.

 

Comunidades Pentecostales

De los «despertares religiosos» americanos con influencias metodistas, nacen estas comunidades, para experimentar de nuevo el Pentecostés.

Fenómeno transconfesional.

Infalibilidad literal de la Biblia, aceptación de la doctrina de la justificación por la fe, gran énfasis en la santificación obrada por el Espíritu Santo, cumplida en el Bautismo «de Espíritu» y manifestada en varios carismas: don de lenguas, sanidad o curación por la fe, y la profecía. Bautismo de agua, siempre por inmersión.

Son muchas las denominaciones. Por eso las cifras halladas varían mucho: desde unos 6 millones, hasta 30 ó 40 millones de fieles.

 

Iglesias Adventistas

Desde su fundación (hecha por William Miller) estudian en la inminente segunda venida de Cristo, vaticinada para 1843, 1844 y varias fechas más. Ellen Gould Harmon (la señora White) las impulsó grandemente. También hacen énfasis en la guarda del sábado y no del domingo. Además, afirman que el alma no es inmortal, que los justos vivirán en la tierra un milenio con Cristo, tras lo cual irán al cielo y que los impíos serán definitivamente aniquilados. El cuerpo es templo del Espíritu Santo y, por lo tanto, debe cuidarse: vegetarianismo, desaprobación del café, té, carne de cerdo, licor y tabaco.

No hay números confiables de fieles.

 

Evangelicalismo, evangelismo o evangélicos

Con frecuencia en el lenguaje popular se usa este término de manera imprecisa, porque con él se hace referencia a cualquier grupo de tipo protestante o incluso no cristiano.

Pero el término «evangélicos» designa las agrupaciones o movimientos de tipo «libre empresa religiosa» que tienen su origen en Estados Unidos durante el siglo XIX y se han difundido a partir de allí en América Latina.

Afirman lo siguiente: los verdaderos cristianos son los que han tenido una experiencia personal de conversión («nuevo nacimiento» o «santificación») y están dispuestos a dar testimonio y a convertir a otros (debe hacerse una predicación intensa); la fuente de la fe es la Biblia, que es la palabra divina, y todo intento de interpretación crítica de ella es una apostasía de la fe; el retorno de Cristo está próximo, y los creyentes deben prepararse a recibirlo; hay una total degradación de la naturaleza humana producida por el pecado, y el hombre se salva sólo mediante la fe personal en la muerte expiatoria de Cristo, gracia que Dios concede sólo a quien Él quiera; los sacramentos no son instrumento de la gracia ni son instrumentos para la salvación.

Aunque los evangélicos están conformados por grupos que tienen tendencias muy diversas, se agrupan en el «Movimiento Evangelical», que tiene en la actualidad más de 175 millones de seguidores.

 

Mormones

Joseph Smith, originario de una familia metodista del estado de Vermont, Estados Unidos, ante el fenómeno de las múltiples denominaciones cristianas y diferentes «despertares» religiosos, se cuestiona acerca de la verdadera comunidad querida por Dios mismo. En una visión se le comunica que todas las sectas están equivocadas. Y en una segunda visión, el ángel Moroni le revela la existencia de unas tablas escondidas, en las que está encerrada la plenitud del evangelio eterno. En 1827 encuentra las planchas de oro escritas en un idioma llamado egipcio reformado, que traduce al inglés (traducción que debía hacerse con la ayuda de dos piedras que venían en el cofre junto con las tablas, llamadas Urim y Zummim) y publica en 1830 con el nombre de Libro de Mormón. Luego, las tablas son llevadas por el ángel al cielo.

Se afirma que uno de los últimos reyes nefitas, Mormón, dejó por escrito en tablas de oro las crónicas que siglos después el ángel Moroni haría descubrir al profeta Smith.

En abril de ese año queda constituida su iglesia. Después de un largo éxodo, debido a las persecuciones, se asientan definitivamente en Utah, donde fundan la ciudad de Salt Lake City, que desde 1847 será el centro religioso de la fe mormona.

En el Libro de Mormón, Smith afirma que «La grande y abominable iglesia [se refiere a la Iglesia Católica] por encima de todas las iglesias ha adulterado el Evangelio del Cordero en muchas de sus preciosas partes para pervertir los caminos del Señor». Por eso introdujo muchos cambios: en el Nuevo Testamento agregó 128 versículos y cambió otros 1.475, cambiando por completo el sentido de muchos capítulos. Además, los mormones afirman que el Papa es el anticristo.

Su doctrina defiende el bautismo de los muertos, los dos tipos de matrimonios: el terrestre y el celeste, la práctica de la iniciación, el rechazo de la fe trinitaria, la corporeidad de Dios Padre, la revelación progresiva, la eternidad del hombre antes de su nacimiento y su accesibilidad a la condición de dioses, el infierno no existe y se defiende la poligamia (Smith tuvo 27 esposas).

Tienen un gran sentido de familia y pretenden el monopolio de la verdad y plenitud del evangelio su exclusivismo vuelve inútil cualquier diálogo ecuménico. Son muy sobrios en su vida y costumbres, pagan el diezmo a la iglesia, y les están prohibidos el alcohol, el tabaco, el café y otros estimulantes.

Las últimas estadísticas hablan de más de 6 millones de seguidores de la fe mormona.

 

Testigos de Jehová

Charles Taze Russell (1852-1916), de Pittsburg, de origen presbiteriano, frecuenta en su juventud reuniones adventistas. El estudio asiduo del texto bíblico lo lleva a cifrar 1914 como la fecha del juicio final y el comienzo del milenio en el que Cristo reinará durante mil años de paz. Organiza el grupo de los estudiantes de la Biblia y crea la Atalaya, revista que difunde ampliamente sus ideas milenaristas. En 1909, la sede central de la organización se instala en Brooklyn.

Joseph F. Rutherdorf (1869-1942) sucede a Russell, consolida la obra y reinterpreta el significado de 1914: ese año, el mundo tocó a su fin «legalmente». El juez Rutherdorf anuncia para 1925 la llegada a la tierra de los antiguos patriarcas. Años después, la sociedad recibe el nombre de Testigos de Jehová (1931).

Nathan H. Knorr (1905-1978) toma la dirección en 1942 y centraliza todavía más el movimiento alrededor de Brooklyn. Dentro de la mejor tradición jehovista, Knorr anuncia el año 1975 como la fecha para el final del mundo. En 1978, Frederic Franz fue el nuevo presidente y, desde 1993, Milton G. Henschel.

La doctrina de los Testigos reposa en la Biblia, considerada como palabra de Dios y regla de vida. La interpretación que de ella se hace es literalista, rechazando la aplicación de la teoría de los géneros literarios al texto bíblico. El monoteísmo de los Testigos lleva a la negación tanto de la fe trinitaria como de la divinidad de Jesucristo, quien es llamado «el ángel de Jehová» o el arcángel Miguel. María engendró a un ser humano; no es Virgen ni inmaculada ni Madre de Dios. El Espíritu Santo no es persona, sino fuerza activa de Dios. El infierno no existe. Las ideas sobre la redención hecha por Jesús, la salvación del hombre y la inmortalidad del alma presentan divergencias fundamentales respecto a las enseñanzas de todas las Iglesias cristianas.

Cristo no fundó una Iglesia jerárquica; esta es obra de Satán.

La escatología, sin embargo, es el capítulo que especifica a los Testigos. Alrededor de este centro neurálgico gira todo su universo religioso. La clave para su interpretación radica en los distintos modos de resurrección de las gentes, que debe colocarse dentro del esquema de su particular historia del mundo. Tras un Reino de armonía universal que se concluyó con el diluvio, y otro de rebelión y de las obras de Satán que llega hasta 1914, se inicia el último período que es el del milenio en el que Jehová reúne a los Testigos que lucha contra las fuerzas de Satán. Lucha que concluirá con la batalla de Armagedón y en la que los no–Testigos serán aniquilados para siempre. Pero los 144 000 elegidos serán criaturas espirituales y gozarán del cielo. Los otros testigos están destinados a habitar en un paraíso terrestre con felicidad inacabable.

Ahora es el tiempo en el que ya se ha instaurado la teocracia, o el gobierno directo de Jehová en el mundo. Es el momento para anunciar a todos los hombres la necesidad de refugiarse en la sociedad de los Testigos, única posibilidad de llegar a la salvación final.

Se calculan unos 6 millones de miembros.

Posted in Cristianos | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Principales Razones de las divisiones entre los cristianos

¿Somos discípulos de Jesús?

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 3, 2008

 

Los cristianos, es decir, los que creen en Cristo, se dividen en 4 grandes grupos: los católicos, los cristianos orientales, los protestantes o evangélicos reformados y los anglicanos/episcopalianos.

Esa división es dolorosa: se atacan verbal y aun físicamente, y hasta se matan unos a otros.

Hace mucho tiempo, verifiqué algo de eso cuando buscaba con quién instruirme más acerca de la vida y obra de san Francisco de Asís. Un día, oí a un sacerdote que predicaba y que nombraba con frecuencia al pobrecillo de Asís. Lo abordé y le pregunté si era franciscano. Me respondió: «Yo amo mucho a Francisco, pero no amo a los franciscanos». En ese momento comprendí qué tan lejos estaba ese cura del espíritu franciscano… ¡Qué desilusión!

Y Jesucristo dijo precisamente lo contrario: «En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros». (Jn 13, 35)

Es sencillo y simple, entonces, deducir que si atacamos de una u otra forma a otros cristianos no seremos reconocidos como discípulos de Jesús.

No seremos reconocidos como discípulos de Jesús si somos miembros del grupo de oración de nuestra parroquia y criticamos a los de otra parroquia; si afirmamos que los franciscanos renovados son extremistas, al vivir en esa pobreza absoluta; si censuramos al Minuto de Dios y a todos los movimientos católicos carismáticos; si juzgamos fascistas a los integrantes de Tradición, Familia y Propiedad (TFP); si dudamos de la procedencia del dinero con que se mantiene Radio María; si calificamos a la asociación María Santificadora como “un grupo de fanáticos”; si calumniamos a los frailes menores de la iglesia de la Porciúncula —en Bogotá— diciendo que son los dueños del centro comercial que queda a su lado; si la emprendemos contra un párroco que nos cobró un servicio, porque “está llenándose de plata con las cosas de Dios”; si tildamos al Opus Dei como rígido y excesivamente conservador; si solo hablamos de los sacerdotes para destacar sus defectos; si hablamos de la Iglesia para reprocharla por las riquezas que posee en el Vaticano o en el mundo entero; si en los grupos de oración o de apostolado criticamos a nuestros compañeros porque “no se merecen el puesto que les han dado” o porque “no tiene las cualidades para realizar esa labor”; si no somos capaces de soportar los defectos de nuestros compañeros de fe; si destacamos la ineficacia de la labor apostólica de otro; si hacemos juicios a los sacerdotes o, peor, a los obispos o al Papa; si manifestamos pensamientos que desunen a los católicos; si hablamos de sacerdotes de “avanzada” o “retrógrados”…

Los discípulos de Jesús son los que unen, los que excusan siempre a los demás, los que tratan de ocultarles las fallas, los que los perdonan anticipadamente porque se sienten hermanos, los que dejan los juicios a Dios…; en fin, los que cuando no pueden alabar, callan.

Ánimo, discípulos de Jesús, ¡a amar!, ¡de verdad!, ¡con hechos!, ¡como Jesús!

Para dejar este defecto, Él mismo nos da el remedio: «Si tu mano o tu pie te está haciendo caer, córtatelo y tíralo lejos. Pues es mejor para ti entrar en la vida sin una mano o sin un pie que ser echado al fuego eterno con las dos manos y los dos pies. Y si tu ojo te está haciendo caer, arráncalo y tíralo lejos. Pues es mejor para ti entrar tuerto en la Vida que ser arrojado con los dos ojos al fuego del infierno». (Mt 18, 8-9) ¡Mordámonos la lengua para hablar de cualquier ser humano, pero hagámoslo más duro si se trata de un hermano!

Además, el nuestro no es “el” camino. De hecho, hay muchos: la infinita sabiduría de Dios ha suscitado múltiples movimientos apostólicos religiosos o seculares, porque así lo ha querido. Pero todos esos caminos deben distinguirse por algo muy particular. Y Jesús fue claro en eso: «En que os amáis los unos a los otros».

Amor que fue demostrado por Jesucristo en la Cruz: no sólo murió por sus discípulos, sino que vino a llamar a todos, hasta a los pecadores.

¿Qué podemos decir nosotros de nuestros hermanos equivocados? ¿Nos atreveríamos a afirmar que son pecadores? ¡Nos equivocamos también nosotros tantas veces! Si hubiéramos nacido y vivido sus circunstancias, ¿no pensaríamos, hablaríamos y actuaríamos como ellos? ¿Acaso Dios se olvidaría de nosotros en esas circunstancias? Vale la pena seguir el ejemplo de Cristo: el que no está contra nosotros ¡está con nosotros!

Ese ejemplo es Amor que se dio en forma de sacrificio, de cruz, de entrega total a la voluntad de Dios, hasta derramar la última gota de sangre y de agua… por todos.

Amor que no es teoría, ni palabras, ni simple aceptación o tolerancia; sino obras, las que nos pide Dios. Y la primera de ellas, un cambio en nuestro corazón: que recibamos a nuestros hermanos con un entrañable amor en Cristo, y anticipando nuestro perdón a cualquier ofensa que pudiera venir de ellos; amor ofrecido por la unión de los cristianos, como la quería Jesús:

«Que todos sean uno como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros». (Jn 17, 21)

  

 

 

 

Posted in La conducta del cristiano | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Somos discípulos de Jesús?

Por sus frutos los conoceréis

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 10, 2008

La encíclica papal, “Que todos sean uno”, no puede quedarse en el papel, sino en el corazón de los cristianos y, muy especialmente, en el de los católicos.

Es el amor de Cristo el que nos debe distinguir: en esto conocerán que somos sus discípulos. No en la fuerza que utilicemos para defender los dogmas de fe, no en los argumentos teológicos o filosóficos, no en la evidencia científica… Jesús fue claro: “En que os amáis los unos a los otros”.

Sin embargo, ¡qué frecuente es la crítica! Cuántas veces se oyen argumentos cargados de agresividad o de intolerancia de labios de cualquier clase de cristianos hablando de otros cristianos… Agresividad o intolerancia mayores que las que puede haber entre religiones tan dispares como el hinduismo y el islamismo u otras tantas.

Ni las disputas teológicas en el ambiente más tolerante de todos, ni la conciliación de criterios con la actitud más adulta y grave posible, ni el análisis más serio y concienzudo bastan. Con amor es como se conquistan los hermanos separados y con amor es como podremos llevar a cabo la unión que la Iglesia pretende, de la mano del Pontífice.

Pero, ¿qué es el amor del que se nos habla? ¿Cómo aplicarlo a esta coyuntura?

De entre las cartas de san Juan y de san Pablo podemos extractar la esencia: el amor es humilde sin límites, como predica la canción de José Luis Perales.

Antes de entrar de lleno en el tema del amor debe tratarse la humildad, “virtud que consiste en el conocimiento de nuestras limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”, que significa, en este punto del ecumenismo, saber que hemos cometido errores y que debemos pedir perdón, como lo hizo el Santo Padre, y comprender que las divisiones entre los cristianos no siempre han dado resultados negativos:

La reiterativa crítica de los protestantes y de muchas sectas —por ejemplo— acerca de la adoración de las imágenes por parte de los católicos hizo que se pudieran recordar las definiciones del Diccionario de la lengua española: adorar es “Reverenciar con sumo honor o respeto a un ser, considerándolo como cosa divina” o “Reverenciar y honrar a Dios con el culto religioso que le es debido”; mientras que venerar es “Respetar en sumo grado a una persona por su santidad, dignidad o grandes virtudes, o a una cosa por lo que representa o recuerda”. Lo mismo sucede con algunos excesos y defectos que se fueron limando con las críticas de nuestros hermanos retirados.

Un segundo punto es que conviene confesar los grandes beneficios que han dado a la humanidad los trabajos de nuestros hermanos no católicos. Algunos quedaron sorprendidos por el reconocimiento que hizo el Papa en la encíclica a la acción de la gracia de Dios entre ellos. ¡Qué bien queda aquí recordar las palabras de Jesús: “Por sus frutos los conoceréis”!

Por último, el amor. Amor que fue demostrado por Jesucristo en la Cruz: no sólo murió por sus apóstoles, quienes le acompañaron durante su vida apostólica, sino que vino a llamar a todos, hasta a los pecadores. ¿Qué podemos decir nosotros de nuestros hermanos separados? ¿que son pecadores o simplemente que están equivocados? Si hubiéramos nacido y vivido sus circunstancias, ¿no habríamos pensado como ellos? ¿Acaso Dios se olvidaría de nosotros? Vale la pena seguir el ejemplo de Cristo: el que no está contra nosotros está con nosotros…

Amor que se dio en forma de sacrificio, de cruz, de entrega total a la voluntad de Dios, hasta derramar la última gota de sangre y de agua… por todos.

Amor que no es teoría, ni palabras, ni simple aceptación o tolerancia, sino obras, las que nos pide Dios; y la primera de ellas, un cambio en nuestro corazón: que recibamos a nuestros hermanos con un entrañable amor en Cristo, y anticipando nuestro perdón a cualquier ofensa que pudiera venir de ellos ofrecido por la unión de los cristianos, como la quería Jesús.

 

 

 

 

 

 

Posted in Cristianos | Etiquetado: , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Por sus frutos los conoceréis

Los evangélicos y el amor

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 10, 2008

La encíclica papal “Que todos sean uno”, con todo ese bagaje de información, ha producido cambios asombrosos en muchos lectores. Su profundidad, su espíritu verdaderamente cristiano, ha llenado las expectativas de quienes, preocupados por los hermanos no católicos, querían una guía firme, segura y acorde con la doctrina de Jesucristo. Pormenorizados los conceptos del Concilio Vaticano II, se abre la puerta al deseo papal sobre la unión definitiva en el amor fraternal entre los cristianos, para que por fin se haga realidad el hecho de que todos conozcan que somos discípulos de Jesús porque nos amamos los unos a los otros.

Completamente ajeno a estos menesteres, un amigo mío se vio involucrado en una Iglesia evangélica; sus cantos, sus expresiones de felicidad y de amor por los demás, cosas que -dijo- nunca vio entre los sacerdotes católicos, junto con la heredada idea de que la Iglesia Católica ha estado llena de errores históricos, lo fueron convenciendo de que debía convertirse en cristiano evangélico.

Pero su decisión no iba a ser definitiva hasta no enterarse, a través de los escritos de ambas iglesias, de sus principios y de su doctrina. Por eso le facilité todos los documentos que pude conseguir, incluyendo la reciente encíclica.

Meses después pude inquirirlo al respecto.

Había leído mucho. Su colección de libros era grande. Ya tenía unas conclusiones:

Si bien los principios son los mismos y se habla del amor de Cristo por los hombres y de su salvación, los evangélicos basan su enseñanza en la crítica a la Iglesia Católica acerca de los santos, la Virgen María, la obediencia al Papa, el hecho de realizar ritos infundados y sin “alma” (incluso descubrió detalles que podrían parecer tan tontos como la confusión que se presenta entre las palabras “venerar” y “adorar”). Además, se critica la jerarquía de la Iglesia, se miente en algunos aspectos para lograr adeptos…

Por otra parte —dijo—, desde 1965 hasta la encíclica, la Iglesia Católica no se cansa de hablar de unidad y de ecumenismo. Da valor a la presencia de Dios en las otras comunidades de amor y nunca las denigra.

De modo que se dijo a sí mismo que, ya que “la verdadera religión es el amor”, ella está, obligatoriamente, entre los católicos.

Hace poco, apareció una nota que lleva por título “Católicos protestan contra evangélicos”, de la agencia Efe. Allí se cuenta la cruda verdad de unas actitudes no propias de ese espíritu fraternal (el uso de un revólver para amenazar, la quema de un muñeco y la incredulidad de un cardenal ante las disculpas del líder evangélico por la agresión de una imagen de la patrona de Brasil, Nuestra Señora de Aparecida).

La decisión de mi amigo está tomada. Pero le duele esa falta de unión verdadera con Cristo. Estoy seguro que como él, muchos católicos hemos decidido hacer continuas oraciones y pequeños (o grandes) sacrificios de reparación por la transgresión de la norma principal del credo católico: el amor que nos enseñó el Señor: poner la otra mejilla, ser siempre condescendientes con las opiniones ajenas, comprender, perdonar, olvidar, como lo hizo Jesús.

 

 

 

 

 

Posted in Cristianos | Etiquetado: , , , , , , , | Comentarios desactivados en Los evangélicos y el amor

Merma el número de católicos

Posted by pablofranciscomaurino en julio 11, 2008

 

Es algo innegable: los países latinoamericanos están viendo cómo sus hijos católicos se hacen principalmente Evangélicos y Pentecostales (que se llaman a sí mismos cristianos), Testigos de Jehová, seguidores de la Nueva Era, Mormones… Los párrocos están percibiendo una menor proporción de feligreses.

 

Este abandono ya muestra sus efectos: críticas a la Iglesia Católica que van y vienen en los medios de comunicación, en los círculos sociales y en los ambientes más dispares, lo que deriva en menor credibilidad en la Iglesia…

 

Y, ¿cuál es la razón de esa huida? ¿Por qué se van los católicos a otras huestes?

 

Preguntando tanto a los «ex católicos» como a los que todavía no se han cambiado, se descubrió que las siguientes son las principales causas, en orden de prevalencia: primero, falta de motivación por parte del clero a sus feligreses; segundo, presencia de cierta rigidez y monotonía en los ritos católicos, que no tienen alegría ni entusiasmo; tercero, alejamiento de la jerarquía de la realidad del católico común; y cuarto, un léxico incomprensible por parte de los sacerdotes y laicos comprometidos (que con frecuencia se ven un poco fanáticos).

 

Este estudio muestra realidades que invitan a hacer profundos análisis, imposibles de exponer en un artículo tan reducido en espacio; pero bien se alcanza a descubrir la entraña de este innegable desastre: la deserción —ya en masa— de muchos bautizados y la disminución de la eficacia apostólica de quienes creen que la Iglesia Católica es depositaria de la verdadera Fe.

 

En primer lugar, sorprende saber que las razones apuntadas para esta especie de apostasía dejan entrever la falta de testimonio que damos los católicos: cerca de un 97% de los encuestados tuvieron padres católicos que no vivían como tales (algunos, aunque conocían los principales postulados de nuestra Fe, no cumplían los mandamientos: vivían en unión libre o eran infieles a sus cónyuges o abortaban o usaban anticonceptivos, etc.).

 

Directamente relacionada con el antitestimonio, la incoherencia es otro de los resultados de la investigación que se llevó a cabo; el estribillo de los encuestados fue: «El cura predica pero no aplica» o «Piden humildad, pobreza, obediencia, castidad… pero no las viven».

 

Jesús, por ejemplo, dijo que la gente conocería si somos sus discípulos por el amor que nos demostremos unos a otros y, sin embargo, oímos críticas, sentimos envidias y recelos, nos obstinamos en el error…

 

Hay algo más: el defecto en la explicación de las verdades de la Fe es evidente: los feligreses no saben, por ejemplo, qué es la Eucaristía; creen que se trata de algo superficial, obligatorio («quién sabe por qué») y monótono.

 

Del mismo modo, casi toda la doctrina de la Iglesia es desconocida, aunque no siempre nominalmente: muchos conocen los «qué», pero no los «porqué» de cada dogma, de la moral, de la gracia, de la oración, de los sacramentos, de los mandamientos, de la economía de la salvación… Pero lo que menos conocen los católicos que se cansan y se van tras otras «luces» es la tríada fundamental de nuestra Fe: la creación, la Encarnación y la Redención.

 

Analizado sin la Fe, sin la Esperanza y sin el Amor, podríamos decir que, poco a poco, el éxodo seguirá creciendo hasta hacer desaparecer a la Iglesia; pero, por fortuna, tenemos esas 3 virtudes teologales que nos hacen decir: «A grandes desafíos, grandes respuestas».

 

De modo pues que es necesario hacer algo grande. Y debemos comenzar por el principio: estudiar nuestra Fe y vivirla, para ser testigos veraces, más con el ejemplo que con las palabras.

 

El segundo paso es ser hombres y mujeres de oración, una oración asidua y profunda que nos lleve a conocer y comprometernos con Cristo, quien siempre pide más. Ese Cristo nos llevará, como a los santos, como a los mártires, a desgastar la vida por su amor ofreciendo nuestras cruces (unidas a la de Él para que así tengan eficacia) por la salvación de las almas y para reparar la gloria que le hemos quitado.

 

Y, por último, a cumplir con el deber de bautizados: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio» (Mc 16, 15), más con las obras que con las palabras.

 

 

 

Posted in Apostolado | Etiquetado: , , , | Comentarios desactivados en Merma el número de católicos

¿Cuál Biblia?

Posted by pablofranciscomaurino en junio 15, 2008

A primera vista, las diferentes ediciones de la Biblia son iguales. Pero, como se verá, existen diferencias.

Hay algunos libros del Libro Sagrado que se llaman Protocanónicos, de «Proto-», que significa «prioridad, preeminencia o superioridad» porque se los incluyó primero en el canon (catálogo de los libros tenidos como auténticamente sagrados).

Otros, por el contrario, se llaman Deuterocanónicos, que tiene el significado de «segundos», porque se incluyeron en el canon después de un período de dudas.

Con respecto al Antiguo Testamento, ha de saberse que treinta y nueve libros del Antiguo Testamento están escritos en lengua hebrea, y son admitidos por todos los cristianos —incluso por los judíos—; son los protocanónicos.

Los siete restantes: los dos de los Macabeos, Sabiduría, Baruc, Tobías, Judit y Eclesiástico (además de unos pasajes de Daniel y Ester), conforman los libros llamados deuterocanónicos, incluidos en la Biblia Griega, llamada «de los LXX», cuyos originales generalmente están en griego (aunque se ha encontrado que partes considerables también fueron escritas en hebreo y algunos trozos en otras lenguas, como el arameo).

Estos libros deuterocanónicos son aceptados tanto por los católicos, como por los orientales y los anglicanos, pero no por los protestantes, ni por las sectas, movimientos y grupos nacidos de ellos, porque los consideran apócrifos, esto es, no auténticos como Palabra de Dios.

Sorprende saber, sin embargo, que estos 7 libros estuvieron en la Biblia de los protestantes, desde la publicación de Casiodoro de Reina en 1569 y la de Cipriano de Valera en 1602 hasta 1827, cuando las Sociedades Bíblicas los eliminaron, según información del Diccionario ilustrado de la Biblia (protestante).

En lo que se refiere al Nuevo Testamento, son deuterocanónicos otros 7: Hebreos, Santiago, segunda carta de Pedro, segunda y tercera carta de Juan, Judas y Apocalipsis.

Curiosamente, tanto los libros protocanónicos como los deuterocanónicos del Nuevo Testamento —conservados todos en lengua griega—, son considerados inspirados (y por lo tanto del canon) por los protestantes y los grupos, movimientos y sectas derivadas de ellos.

Quiere esto decir que los católicos aceptan como inspirados 73 libros de la Biblia, mientras que los protestantes y sus ramificaciones eliminaron 7, para quedarse con 66.

Por último, dado que la Tradición Apostólica es Palabra de Dios, como se vio, la Biblia católica contiene explicaciones del Magisterio de la Iglesia (notas al pie) sobre algunos textos, para su mejor comprensión.

Debe añadirse aquí que la Biblia que usan los Testigos de Jehová y la de los Mormones está modificada en gran cantidad y que se debe considerar totalmente diferente.

 Tomado del libro:

RAZONES DE NUESTRA FE. 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2003.

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

Posted in Cristianos | Etiquetado: , , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Cuál Biblia?

¿Debe uno confesarse con los sacerdotes?

Posted by pablofranciscomaurino en junio 15, 2008

Dios es infinitamente misericordioso: sabe que el pecado original dejó en el ser humano esa herida que nos hace tender al mal y, por eso, se inventó otro milagro de su amor: el perdón de los pecados. Es un tribunal de justicia en el que el reo se declara culpable y el juez (Dios), en vez de condenarlo, lo perdona.

Y Dios quiso, como se verá, que ese perdón se diera a través del sacramento de la Penitencia, Reconciliación o confesión de los pecados.

Aunque algunos cristianos protestantes (evangélicos) no aceptan el sacramento de la Penitencia, el iniciador del protestantismo, Martín Lutero, escribió:

«No hay duda de que la confesión de los pecados es necesaria y mandada por Dios […] La confesión secreta, como se usa hoy, aunque no puede probarse por la escritura, me agrada muchísimo, y la estimo útil y necesaria y no quisiera que fuese suprimida, antes me alegro de que exista en la Iglesia de Cristo, siendo como es, remedio de las conciencias afligidas…» (De la cautividad babilónica, W. A., VI, 548).

Y, aunque se atrevió a negar algunos sacramentos, siempre defendió la Penitencia:

«Niego que haya siete sacramentos. No admito sino tres: el Bautismo, la Penitencia y el Pan…» (De la cautividad babilónica, W. A., VI, 501).

Sin embargo, a veces aparecen dudas acerca de si un pecador (el sacerdote) puede perdonar los pecados. Esas dudas tienen su base en el desconocimiento de la Biblia o en una interpretación errónea de la misma; y también, en no usar la lógica:

Cuando vamos donde un médico lo que nos importa es que nos cure, no su vida personal. Además, un médico enfermo puede curar a otro ser humano, no necesita estar sano. Lo mismo sucede con el sacerdote: aunque él sea un pecador como nosotros, puede perdonar los pecados, curar las almas; como el médico enfermo cura los cuerpos.

Asimismo, las sentencias de un juez son válidas, aunque él viva una vida desordenada, sea infiel a su esposa, no cumpla las leyes del tránsito, robe o mate…; todos sabemos que el juez malo, como el bueno, tiene autoridad delegada de la rama jurisdiccional; es decir, su autoridad no proviene de él mismo, proviene de una autoridad superior.

El sacerdote no perdona pecados porque él no los ha cometido, lo hace porque el sacerdote tiene una autoridad que proviene de Dios. ¿Acaso Él no tiene poder para encargar a unos hombres que perdonen los pecados en su nombre?:

«¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, así los envío yo también.” Sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo: a quienes perdonen sus pecados, les serán perdonados; y a quienes se los retengan, les serán retenidos.» (Jn 20, 21-23)

Jesús mismo es el que deja a los apóstoles y discípulos este poder de perdonar los pecados.

«Todo lo que aten en la tierra, lo mantendrá atado el Cielo, y todo lo que desaten en la tierra, lo mantendrá desatado el Cielo.» (Mt 18, 18)

Dios se compromete a dar por bueno en el Cielo lo que sus ministros —la Iglesia que Él fundó— dictaminen en la tierra. A través de la Iglesia ha hecho el prodigio de acercar a nosotros el juicio, la sentencia —sentencia o juicio de salvación y perdón— de Dios.

«Viendo Jesús la fe de estos hombres, dijo al paralítico: “Amigo, tus pecados quedan perdonados.” De inmediato los maestros de la Ley y los fariseos empezaron a pensar: “¿Cómo puede blasfemar de este modo? ¿Quién puede perdonar los pecados fuera de Dios?” Jesús leyó sus pensamientos y les dijo: “¿Por qué piensan ustedes así? ¿Qué es más fácil decir: ‛Tus pecados te quedan perdonados’, o decir: ‛Levántate y anda’? Sepan, pues, que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados.” Entonces dijo al paralítico: “Yo te lo ordeno: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.” Y al instante el hombre se levantó a la vista de todos, tomó la camilla en que estaba tendido y se fue a su casa dando gloria a Dios.» (Lc 5 20-25)

Algunos siguen pensando como los fariseos. Pero, ¿qué dijo la gente después de ese episodio?

«La gente, al ver esto, quedó muy impresionada, y alabó a Dios por haber dado tal poder a los hombres.» (Mt 9, 8)

Sacramento administrado por los hombres escogidos por Jesús y sus descendientes.

Más tarde, Pablo lo confirma:

«Todo eso es obra de Dios, que nos reconcilió con Él en Cristo y que a nosotros nos ha confiado el ministerio de la reconciliación. Pues en Cristo Dios estaba reconciliando el mundo con él; ya no tomaba en cuenta los pecados de los hombres, sino que a nosotros nos entregaba el mensaje de la reconciliación. Nos presentamos, pues, como embajadores de Cristo, como si Dios mismo les exhortara por nuestra boca. En nombre de Cristo les rogamos: ¡déjense reconciliar con Dios! Dios hizo cargar con nuestro pecado al que no cometió pecado, para que así nosotros participáramos en él de la justicia y perfección de Dios.» (2Co 5, 18-21)

Los sacerdotes son los sucesores de los apóstoles y de los discípulos, a quienes les delegó esa autoridad divina: Él sabía que los seres humanos iban a existir durante muchos siglos y que iban a necesitar del perdón de los pecados.

 

Dios es la autoridad superior que le da al sacerdote el poder de perdonar los pecados.

Por eso, en la Confesión el sacerdote dice: «Yo te absuelvo de tus pecados

en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo».

 

La misma Biblia cuenta que el sacramento de la Confesión se celebraba entre los primeros cristianos:

«Venían muchos y confesaban sus pecados.» (Hch 19, 18)

«Confiésense unos a otros sus pecados para que sean perdonados.» (St 5, 16)

Como se ve, el sacramento de la Confesión o Reconciliación está descrito en la Biblia. Es que ese es uno de los servicios que le corresponde al sacerdote:

«Todo sumo sacerdote es tomado de entre los hombres, y le piden representarlos ante Dios y presentar sus ofrendas y víctimas por el pecado.» (Hb 5, 1)

A propósito del sacerdote pecador, vale la pena decir que, aunque todos somos pecadores, quizá él sea menos pecador de lo que muchos imaginan, por las siguientes razones:

<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–>Su formación religiosa seria.

<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–>El gran respeto que siente por Dios.

<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–>La conciencia clara de que sus malas actuaciones darían lugar al escándalo del que se aterra Jesús en el Evangelio.

<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–>El temor de ofender a Dios, quien nos ama tanto, que le fue infundido en el seminario.

<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–>La asistencia y vigilancia de sus superiores.

<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–>Las oraciones que por él hacen muchos de sus feligreses y algunos religiosos.

<!–[if !supportLists]–>· <!–[endif]–>La intercesión que la Virgen María y los santos hacen por los sacerdotes, «los otros Cristos», hijos predilectos de Dios.

Además, hay 4 aspectos que tienen peso a la hora de analizar las bondades del sacramento de la Penitencia o Confesión:

<!–[if !supportLists]–>1. <!–[endif]–>La seguridad que tiene el feligrés al oír las palabras del sacerdote: «Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo». Este acto lo llena de paz interior y de sensación de alivio, porque queda seguro de que Dios lo perdonó.

<!–[if !supportLists]–>2. <!–[endif]–>La humildad que se necesita para contarle a «otro pecador» sus fallas enriquece espiritualmente al que se confiesa, lo acerca más a Dios, y le proporciona una alegría espiritual muy grande («se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.», dijo María, la Madre de Dios).

<!–[if !supportLists]–>3. <!–[endif]–>Los consejos que el sacerdote recomienda, con la gracia de Dios, sirven para una lucha nueva y para sentir, a veces, una «sacudida» espiritual, que nos impulsa más a ser cada vez mejores.

<!–[if !supportLists]–>4. <!–[endif]–>El penitente debe hacer luego una o varias oraciones o sacrificios en reparación por la ofensa cometida, y con esto siente haber saldado la cuenta.

 

 Tomado del libro:

RAZONES DE NUESTRA FE. 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2003.

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

Posted in Cristianos | Etiquetado: , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Debe uno confesarse con los sacerdotes?

El significado de la palabra: ‘Católica’ de la Iglesia

Posted by pablofranciscomaurino en junio 15, 2008

 De la Real Academia Española: Del latín: catholicus, y este del griego: kaqolikoj. Significado: Universal, que comprende y es común a todos; y por esta calidad se ha dado este nombre a la Iglesia Romana.

 

Esta palabra hace su primera aparición en la literatura cristiana con san Ignacio de Antioquía, por el año 110. En su carta Ad Smyr, dice a la comunidad de Esmirna: «Allí donde está Cristo está la iglesia Católica». Esto porque Jesús les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación». (Mc 16, 15)

 

San Policarpo (año 155) utiliza la misma palabra cincuenta años después, en el sentido teológico: Universal y Católica. Lo hace tres veces como «Iglesia Universal» y una vez con el sentido de «auténtica». Policarpo está descrito como obispo de Esmirna y como mártir.

 

San Paciano de Barcelona (375), dijo: «Cristiano es mi nombre y Católico mi apellido. El primero me denomina y el segundo me instituye específicamente. De esta manera he sido especificado y registrado. Cuando somos llamados católicos, es por esta forma que nuestro pueblo se mantiene alejado de cualquier nombre herético» (carta a Sympronian).

San Cirilo de Jerusalén (315-386) dice: «La Iglesia se llama católica o universal por­que está esparcida por todo el orbe de la tierra, de uno a otro confín, y porque de un modo universal y sin defecto enseña todas las verdades de la fe que los hombres deben conocer, ya se trate de las cosas visibles o invisibles, terrenas o celestiales; también porque induce al verdadero culto a toda clase de hombres, a los gobernantes y a los sim­ples ciudadanos, a los instruidos y a los ignoran­tes; y, finalmente, porque cura y sana toda clase de pecados sin excepción, tanto los internos cuan­to» los externos; ella posee todo género de virtu­des, cualquiera que sea su nombre, en hechos y palabras y en cualquier clase de dones espiritua­les» (Catequesis 18,23-25).

 

San Agustín utiliza en sus escritos el nombre de «Católica» 240 veces entre los años 388 y 420.

 

Los dos significados que prevalecen en el período de los Padres de la Iglesia son los de «universal» y «ortodoxa». Los dos significados de la palabra Católica coexistieron por mil años, pero con el cisma de oriente, la Iglesia Latina se continuó llamando «Católica», mientras que la Iglesia de oriente adoptó el nombre de «Ortodoxa».

 

Santo Tomás de Aquino (1221-1272), en desarrollo de los elementos teologales a este respecto, expone:

1) Se encuentra en todos los lugares: «Ante todo doy gracias a mi Dios, por medio de Cristo Jesús, por todos ustedes, pues su fe es alabada en el mundo entero». (Rm 1, 8), y tiene tres partes: una en la Tierra, otra en el Cielo y la última en el Purgatorio.

2) Incluye personas de todos los estados de vida: «Ya no hay diferencia entre judío y griego, entre esclavo y hombre libre; no se hace diferencia entre hombre y mujer, pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. (Gal 3, 28).

3) No tiene límite de tiempo: va hasta la consumación de los siglos.

 

(Adaptado de: Iglesia y Sectas, nº 42, enero-marzo de 2003)

 

 

 

 

 

Posted in Cristianos | Etiquetado: , , , | Comentarios desactivados en El significado de la palabra: ‘Católica’ de la Iglesia

Orar a gritos y en público*

Posted by pablofranciscomaurino en junio 15, 2008

 

Las palabras del que ora han de ser mesuradas y lle­nas de sosiego y respeto. Pensemos que estamos en la presencia de Dios. Debemos agradar a Dios con la acti­tud corporal y con la moderación de nuestra voz. Porque así como es propio del falto de educación hablar a gri­tos, así, por el contrario, es propio del hombre respe­tuoso orar con un tono de voz moderado.

 

El Señor, cuando nos adoctrina acerca de la oración, nos manda hacerla en secreto, en lugares escondidos y apartados, en nuestro mismo aposento, lo cual concuerda con nuestra fe, cuando nos enseña que Dios está presente en todas partes, que nos oye y nos ve a todos y que, con la plenitud de su majestad, penetra incluso los lugares más ocultos, tal como está escrito: ¿Soy yo Dios sólo de cer­ca, y no soy Dios también de lejos? Si alguno se esconde en su escondrijo, ¿acaso no lo veo yo? ¿Acaso no lleno yo el cielo y la tierra? Y también: En todo lugar los ojos de Dios observan a malos y buenos.

 

Y, cuando nos reunimos con los hermanos para cele­brar los sagrados misterios, presididos por el sacerdote de Dios, no debemos olvidar este respeto y moderación ni ponernos a ventilar continuamente sin ton ni son nues­tras peticiones, deshaciéndonos en un torrente de pa­labras, sino encomendarlas humildemente a Dios, ya que él escucha no las palabras, sino el corazón, ni hay que convencer a gritos a aquel que penetra nuestros pensa­mientos, como lo demuestran aquellas palabras suyas: ¿Por qué pensáis tan mal? Y en otro lugar: Así conoce­rán todas las Iglesias que yo soy quien escudriña las entrañas y los corazones.

 

De este modo oraba Ana, como leemos en el primer de Samuel, ya que ella no rogaba a Dios a gritos, sino de un modo silencioso y respetuoso, en lo escondido de su corazón. Su oración era oculta, pero manifiesta su fe; hablaba no con la boca, sino con el corazón, porque sabía que así el Señor la escuchaba, y, de este modo, consiguió lo que pedía, porque lo pedía con fe. Esto nos recuerda la Escritura, cuando dice: Hablaba interiormente, y no se oía su voz aunque movía los labios, y el Señor la escuchó. Leemos también en los sal­mos: Reflexionad en el silencio de vuestro lecho. Lo mis­mo nos sugiere y enseña el Espíritu Santo por boca de Jeremías, con aquellas palabras: Hay que adorarte en lo interior, Señor.

 

El que ora, hermanos muy amados, no debe ignorar cómo oraron el fariseo y el publicano en el templo. Este último, sin atreverse a levantar sus ojos al cielo, sin osar levantar sus manos, tanta era su humildad, se daba golpes de pecho y confesaba los pecados ocultos en su interior, implorando el auxilio de la divina misericordia.

 

Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor

(Cap. 4-6: CSEL 3, 268-270)

 

 

 

 

Posted in Cristianos | Etiquetado: , , , , | Comentarios desactivados en Orar a gritos y en público*

Adorar solamente a Dios

Posted by pablofranciscomaurino en junio 11, 2008

El Diccionario de la lengua española (de la Real Academia Española) define «Adorar» como: «Reverenciar con sumo honor o respeto a un ser, considerándolo como cosa divina» o «Reverenciar y honrar a Dios con el culto religioso que le es debido».

 

«Venerar», en cambio, es: «Respetar en sumo grado a una persona por su santidad, dignidad o grandes virtudes, o a una cosa por lo que representa o recuerda» o «Dar culto a Dios, a los santos o a las cosas sagradas».

 

Si veneramos con monumentos a los próceres de nuestra independencia, a la bandera que nos recuerda la Patria a la que pertenecemos, ¿por qué no podemos hacerlo con todo lo que nos recuerda y nos lleva a Cristo?

 

Del mismo modo, muchos tienen fotografías de sus hijos, cónyuge, padre o madre, parientes o amigos, y lo hacen para recordarlos y suscitar en su corazón sentimientos gratos con que los veneran…

 

Veamos algunos casos en los que la Biblia pone de relieve el respeto especial (veneración) que se les tiene a algunos personajes:

 

Hagamos ahora el elogio de los hombres ilustres, hagamos una reseña de nuestros antepasados. El Señor les dio una bella gloria, que es una parte de su gloria eterna. Unos fueron soberanos en su reino, hombres famosos por su energía; otros sobresalieron por sus sabias decisiones, hablaron como profetas. Otros guiaron al pueblo con sus consejos, le enseñaron con sus palabras llenas de sabiduría. Otros cultivaron la música, la poesía y la prosa. Otros fueron hombres ricos, personajes poderosos que vivieron en paz en sus dominios. Todos tuvieron fama en su vida y fueron un motivo de orgullo para sus contemporáneos. Si bien ellos dejaron un nombre, y todavía se repiten sus alabanzas, otros cayeron en el olvido, desaparecieron como si no hubieran existido, y lo mismo ocurrió con sus descendientes. Pero hablemos de los hombres de bien cuyas buenas obras no se han olvidado. Sus descendientes han heredado ese hermoso legado, su raza se mantiene fiel a la Alianza, sus hijos siguen su ejemplo. Su raza durará para siempre, su gloria no desaparecerá. Sus cuerpos fueron enterrados en la paz, pero su nombre está vivo por todas las generaciones. Los pueblos cuentan su sabiduría y la asamblea proclama su alabanza. (Sir 44, 1-15)

 

Abraham es el padre ilustre de una multitud de naciones; nadie ha igualado nunca su gloria. (Sir 44, 19)

 

«¡Qué glorioso era [Josué] cuando, levantando su brazo, hería a las ciudades con su espada!» (Sir 46, 2)

 

Como se ve, la veneración era muy frecuente, lo sigue siendo y lo será siempre. ¿Cuánto más se debe venerar a un patriarca?

 

Dejando el lugar donde estaba el cuerpo, Abrahán dijo a los hititas: «Yo no soy más que un forastero en medio de ustedes. Denme una tierra en medio de ustedes, para que sea mía y pueda enterrar a mi difunta.» Los hititas le respondieron: «Escúchanos, señor: entre nosotros tú eres un príncipe de Dios. Sepulta a tu difunta en la mejor de nuestras sepulturas, pues ninguno de nosotros te negará una tumba para tu difunta.» (Gn 23, 3-6)

 

Sus tumbas eran veneradas miles de años:

 

Hermanos, no voy a demostrarles que el patriarca David murió y fue sepultado: su tumba se encuentra entre nosotros hasta el día de hoy. (Hch 2, 29)

 

(Recordemos que David vivió más de mil años antes.)

 

Jesús hizo notar la veneración que se vivía entre los judíos:

 

«Ustedes construyen sepulcros para los profetas y adornan los monumentos de los hombres santos.» (Mt 23, 29b)

 

Él mismo, el Hijo de Dios, elogió sobremanera a Juan, el bautista:

 

«Yo se los digo: de entre los hijos de mujer no se ha manifestado uno más grande que Juan Bautista.» (Mt 11, 11a)

 

 Tomado del libro:

RAZONES DE NUESTRA FE. 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2003.

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

Posted in Cristianos | Etiquetado: , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Adorar solamente a Dios

¿Prohíbe la Biblia llamar ’Padre’ a los sacerdotes?

Posted by pablofranciscomaurino en junio 11, 2008

En la Biblia se usa el término «padre» para designar al padre biológico:

«Respeta a tu padre y a tu madre, para que se prolongue tu vida sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te da.» (Ex 20, 12)

Jesús mismo lo hace:

«Ya sabes los mandamientos: No cometas adulterio, no mates, no robes, no levantes falsos testimonios, honra a tu padre y a tu madre.» (Lc 18, 20)

Hay muchos lugares del Antiguo y del Nuevo Testamento donde se ve ese sentido:

«Esto les escribo, padres: ustedes conocen al que es desde el principio.» (1Jn 2, 13)

Pero, además, se usa para llamar al padre espiritual. Es el caso de Eliseo, que llama «padre» a Elías, aunque no era su padre biológico:

Eliseo lo vio alejarse y clamaba: «¡Padre, padre mío, carro de Israel y su caballería!» Luego Eliseo no lo vio más. Tomó sus vestidos y los desgarró. (2R 2, 12)

Lo mismo sucede en otros pasajes bíblicos:

Sus servidores se acercaron a él cuando se iba, y le dijeron: «Padre, si el profeta te hubiera mandado hacer una cosa difícil, ¿no la habrías hecho? Y ¡qué fácil es bañarte, como el profeta te ha ordenado!» (2R 5, 13)

Cuando el rey de Israel los vio, preguntó a Eliseo: «¿Debo matarlos, padre mío?». (2R 6, 22)

También se lee la palabra «padre» en el Nuevo Testamento:

Entonces gritó: «Padre Abraham, ten piedad de mí, y manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me atormentan estas llamas.» (Lc 16, 24)

Esteban respondió: «Hermanos y padres, escúchenme: El Dios glorioso se apareció a nuestro padre Abraham mientras estaba en Mesopotamia, antes de que fuera a vivir a Jarán. (Hch 7, 2)

«Hermanos y padres, escúchenme, pues les quiero dar algunas explicaciones.» (Hch 22, 1)

Los sacerdotes son verdaderos «padres» de los bautizados:

«Hijos queridos, no les escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo, el que ustedes tenían desde el comienzo; este mandamiento antiguo es la palabra misma que han oído.» (1Jn 2, 7)

«Hijitos míos, de nuevo sufro por ustedes dolores de alumbramiento, hasta que Cristo haya tomado forma en ustedes.» (Ga 4, 19)

«Esto les escribo, hijitos: ustedes recibieron ya el perdón de sus pecados.» (1Jn 2, 12)

«Les he escrito, hijitos, porque ya conocen al Padre. Les he escrito, padres, porque conocen al que es desde el principio.» (1Jn 2, 14a)

«Ustedes, hijitos, son de Dios, y ya han logrado la victoria sobre esa gente, pues el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo.» (1Jn 4, 4)

«Pues aunque tuvieran diez mil monitores de vida cristiana, no pueden tener muchos padres, y he sido yo quien les transmitió la vida en Cristo Jesús por medio del Evangelio.» (1Co 4, 15)

¿Entonces —se preguntan algunos— por qué dijo Jesús esto que sigue?:

«Lo que es ustedes, no se dejen llamar Maestro, porque no tienen más que un Maestro, y todos ustedes son hermanos. No llamen Padre a nadie en la tierra, porque ustedes tienen un solo Padre, el que está en el Cielo. Tampoco se dejen ustedes llamar Guía, porque ustedes no tienen más Guía que Cristo.» (Mt 23, 8-10)

Desde el principio de la frase Jesús es claro: «Lo que es ustedes, no se dejen llamar…». Lo que está enseñando es la humildad: que no nos hagamos llamar padres ni maestros ni jefes ni guías, porque podríamos caer en el pecado de la soberbia. Para estar seguros de que eso era lo que quería explicar Jesús, basta leer todo el texto con los dos versículos anteriores:

«Todo lo hacen para ser vistos por los hombres. Miren esas largas citas de la Ley que llevan en la frente, y los largos flecos de su manto. Les gusta ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos reservados en las sinagogas. Les agrada que los saluden en las plazas y que la gente los llame Maestro. Lo que es ustedes, no se dejen llamar…» (Mt 23, 5-8a)

Recordemos otro pasaje donde el Señor insiste en lo mismo:

«El más grande entre ustedes se hará el servidor de todos. Porque el que se pone por encima, será humillado, y el que se rebaja, será puesto en alto.» (Mt 23, 11-12)

 Tomado del libro:

 

RAZONES DE NUESTRA FE. 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2003.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

Posted in Cristianos | Etiquetado: , , , , | Comentarios desactivados en ¿Prohíbe la Biblia llamar ’Padre’ a los sacerdotes?