Hacia la unión con Dios

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¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida?*

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 29, 2018

Déjame el cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor. Cuando te abandones en mí, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios. No te desesperes, no me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tu deseos. Cierra tus ojos del alma y dime con calma: “Jesús yo en ti confío”.

Evita las preocupaciones y angustias y los pensamientos sobre lo que pueda suceder después. No estropees mis planes, queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser Dios y actuar con libertad. Abandónate confiadamente en Mí. Reposa en Mí y deja en mis manos tu futuro.

Dime frecuentemente: “Jesús, yo confío en ti”. Lo que más daño te hace es tu razonamiento y tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera. Cuando me dices: “Jesús yo confío en ti”, no seas como el paciente que le pide al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos divinos, no tengas miedo, YO TE AMO. Si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando. Cierra los ojos del alma y confía.

Continúa diciéndome a toda hora: “Jesús yo confío en ti”. Necesito las manos libres para poder obrar. No me ates con tus preocupaciones inútiles. Las fuerzas de la oscuridad quieren eso: agitarte, angustiarte, quitarte la paz. Confía solo en Mí, abandónate en Mí. Así que no te preocupes, echa en Mí todas tus angustias y duerme tranquilamente. Dime siempre: “Jesús yo confío en ti” y verás grandes milagros. Te lo prometo por Mi AMOR.

 

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Ciclo A, IX domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 14, 2011

¿Cómo construimos nuestro futuro?

En la primera lectura está clarísimo: «Yo pongo delante de ustedes la bendición y la maldición. Bendición, si obedecen los mandamientos del Señor que yo les prescribo hoy; maldición, si desobedecen dichos mandamientos y se desvían del camino que yo ahora les muestro.»

Es una bendición de Dios. ¡Y la otra es una maldición divina!

El mismo Dios que nos creó nos lo dice: obedecerlo atrae su bendición; desobedecerlo, su maldición. ¿Qué haremos?

Luego vino Jesús y lo confirmó, para que a todos nos quedara muy claro: «…en el Reino de los Cielos […] entrará el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo.»

La felicidad nuestra depende de eso: el que escucha las palabras de Dios y las pone en práctica es el hombre sabio y prudente, que edificó su casa sobre roca: puede caer la lluvia, desbordarse los ríos, soplar los vientos y arrojarse contra nuestra casa, pero no se derrumba, porque tiene los cimientos sobre roca.

Cayó la economía, se desbordaron los ríos de la violencia, soplaron los vientos de la maldad y se arrojaron contra aquel hombre, pero no se derrumbó, porque tenía los cimientos sobre la roca de los 10 mandamientos de la Ley de Dios y los 5 mandamientos de la Santa Madre Iglesia.

Es el amor a Dios el que nos hace darle gusto, el que nos hace cumplir esos mandamientos. Cuando uno ama, quiere lo mejor para el ser amado; por eso le da gusto. Y por eso mismo, por el amor a Dios Padre, hacemos lo que a Él le gusta, no simplemente por cumplir.

Todos hemos sido transformados y hechos justos gratuitamente y por pura bondad, mediante la redención realizada en Cristo Jesús. Dios lo puso como la Víctima, cuya Sangre nos consigue el perdón, y esto es obra de amor. «Amor con amor se paga», dice el sabio adagio popular.

Demostrémosle a Dios —que nos ha perdonando nuestros pecados— cómo lo amamos…, cuánto lo amamos, cumpliendo esos 15 mandatos.

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