Hacia la unión con Dios

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Ciclo A, VII domingo de Pascua (donde se celebra)

Posted by pablofranciscomaurino en mayo 22, 2017

VII DOMINGO DE PASCUA

Programa de vida

 

Un verdadero programa de vida para los cristianos nos ofrecen las lecturas de hoy:

Primero, en los Hechos de los Apóstoles se nos urge a perseverar en la oración, como lo hacían los primeros seguidores de Jesús: con un mismo espíritu y en compañía de la santísima Virgen María, la madre de Jesús.

Después, san Pedro nos insta a estar alegres cuando compartamos los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, rebosemos de gozo. Se trata de vivir dichosos, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

Y, en tercer lugar, el Apóstol Juan nos trae las palabras de Jesús en las que nos hace notar la razón de ser de nuestra existencia: la gloria de Dios y la salvación de los hombres:

«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste».

En estas palabras se descubren las 2 intenciones que deben movernos a realizar nuestros trabajos, a sufrir con paciencia las adversidades de la vida y a orar: la intención soteriológica, que Dios sea glorificado y la intención doxológica, que se salve la mayor cantidad de personas posibles.

¿No te animas a acogerlas también como tus metas, como las causas por las que vas a luchar, por las que vas a vivir, por las que estarías dispuesto a morir? Jamás te faltará su oración; óyelo:

«Padre, te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

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La nueva Jerusalén, ¿aquí?

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 3, 2016

 

“Y oí una voz que clamaba desde el trono: ‘Esta es la morada de Dios con los hombres; Él habitará en medio de ellos; ellos serán su pueblo y Él será Dios-con-ellos; Él enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte ni lamento, ni llanto ni pena, pues todo lo anterior ha pasado. […] Al que tenga sed yo le daré de beber gratuitamente del manantial del agua de la vida. Yo seré Dios para él, y él será hijo para mí.’ […] A su luz caminarán las naciones, y los reyes de la tierra llevarán a ella sus riquezas. No habrá que cerrar sus puertas al fin del día, ya que allí no habrá noche. Traerán a ella las riquezas y el esplendor de las naciones. Nada manchado entrará en ella, ni los que cometen maldad y mentira, sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero.” (Apocalipsis, capítulo 21)

Además se puede leer en Isaías (capítulo 11) algo que, contradiciendo algunas exégesis, tendría el mismo sentido:

“El lobo habitará con el cordero, el puma se acostará junto al cabrito, el ternero comerá al lado del león y un niño chiquito los cuidará. La vaca y el oso pastarán en compañía y sus crías reposarán juntas, pues el león también comerá pasto, igual que el buey. El niño de pecho jugará sobre el nido de la víbora, y en la cueva de la culebra el pequeñuelo meterá su mano. […] No cometerán el mal, ni dañarán a su prójimo en todo mi Cerro santo, pues, como llenan las aguas el mar, se llenará la tierra del conocimiento del Señor.”

Ya es hora de hacer realidad estos pasajes evangélicos:

Veo a un hombre darle el paso a otro en el tráfico, a otro pedirle perdón a alguien después de estrellar su carro y pagarle todos los daños, más allá se observa cómo un joven ayuda a una anciana a pasar la calle y todos los autos se detienen con calma para que no tenga que apurarse. Los transeúntes sonríen y se saludan los choferes, las filas son respetadas…

En los bancos, teatros y demás lugares públicos se ve la cortesía y la urbanidad en las colas, los ancianos son pasados adelante; nadie fuma, el licor es tomado moderadamente; los espectáculos son sanos y preservan la moral; en las tiendas la atención es esmerada y educada, pero no solamente por el interés económico…

La tecnología y la ciencia están al servicio del hombre y no al revés. En los congresos científicos se enseña todo si egoísmos, buscando más que el reconocimiento, el bienestar del hombre en sus aspectos biológico, psicológico y espiritual…

Con la economía sucede lo mismo: es para el hombre y no el hombre para ella.

Ya casi no hay trabajo para los abogados: todos tratan de solucionar sus problemas de común acuerdo. Solo se los busca para llenar algunos requisitos indispensables…

La ecología es prioridad para todos…

Los escritores dedican todos sus esfuerzos a propagar buenas costumbres… En las comunicaciones, los medios destacan lo bueno, informan con veracidad…

Empleados y patrones se tratan con justicia…

En el comercio, se acabó la competencia y fue reemplazada por la cooperación. Solo se venden productos útiles y no se crean necesidades…

Ya no existe la pornografía ni el machismo, ni la degradación de la mujer…

Ellas ganan un buen salario, trabajando medio tiempo, para poder dedicarse a la educación de los hijos…

La política está al servicio del pueblo y no de intereses particulares…

La educación es una de las principales prioridades de los gobiernos…

La gente es consecuente con su manera de pensar: no hay católicos de segunda categoría, todos luchan a diario por ser mejores en todos los aspectos. La ascética es pelea de todas las almas y la mística acompaña a muchos…

Se respetan otras formas de pensar. No se discute ni siquiera con un poco de acaloramiento sobre las diferencias, sino que se habla de lo que unifica y enriquece…

La gloria de Dios y la paz entre los hombres es la meta principal de todos.

Como se ve, a cada uno le corresponde hacer algo por la nueva Jerusalén.

¿Utopía de ingenuos? Lo seguirá siendo hasta que comencemos, con Jesús.

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Ciclo A, V domingo de Pascua

Posted by pablofranciscomaurino en mayo 30, 2011

El sacerdocio común de los fieles

Hoy la Iglesia nos enseña que todos nosotros somos un pueblo de sacerdotes. Es que, además del sacerdocio ministerial (obispos, presbíteros y diáconos), está el sacerdocio común de los fieles.

Todos los bautizados poseen las prerrogativas y los deberes de ese sacerdocio.

Como piedras vivas, como dice san Pedro, edifiquémonos y pasemos a ser un Templo espiritual, una comunidad santa de sacerdotes que ofrecen sacrificios espirituales agradables a Dios, por medio de Cristo Jesús, que es piedra angular escogida y preciosa; quien se afirme en ella no quedará defraudado.

Y, ¿cuáles son esos sacrificios espirituales que podemos ofrecer a Dios? Nuestras oraciones, las penas y trabajos diarios; el ayudar a nuestros parientes, amigos y conocidos en su camino hacia la perfección, cuando tengamos oportunidad de hacerlo (hacer apostolado); enseñar la doctrina de la Iglesia… Todo para la gloria de Dios y por la salvación de las almas.

Somos una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo que Dios hizo suyo para proclamar sus maravillas; pues Él nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.

Y ese sacerdocio está establecido por Dios para que seamos una sola cosa con Él, como Él está en el Padre y el Padre está en Él.

Lo dijo claramente: el que crea en Él, hará las mismas obras que Él hace, y las hará aún mayores: los ciegos para las cosas del espíritu comenzarán a ver esas realidades espirituales, los sordos empezarán a oír acerca del amor que Dios promete a los que lo escuchan, los paralíticos se encaminarán hacia la santidad, los muertos resucitarán a la vida de la gracia… ¡Seremos testigos del poder de Dios!

En la época de los primeros cristianos, la Palabra de Dios se difundía, y el número de los discípulos en Jerusalén aumentaba considerablemente. Nosotros, si ejercemos ese sacerdocio con los sacrificios espirituales, podremos ver lo mismo.

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