Hacia la unión con Dios

Posts Tagged ‘Indiferencia’

Una pregunta

Posted by pablofranciscomaurino en enero 16, 2015

A las nuevas generaciones les hemos mostrado a un Jesús que sólo suscita indiferencia.

Dios quiere que nos identifiquemos de tal manera con Cristo, que provoquemos de nuevo la persecución y el martirio, semillero de cristianos auténticos.

¿Te animas?

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La caridad que hay que ejercer con el infiel

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 10, 2012

 

1. Desde el punto de vista terrenal, la infidelidad es la mayor muestra de desamor: quien es infiel simplemente no ama.

La segunda verdad es que quien prometió fidelidad delante de Dios, en un acto solemne, le falló a Dios, le falló a su esposa (si tienen hijos, les falló también a ellos), destruyó el hogar que formó y se falló a sí mismo, cuando incumplió lo que libremente prometió.

Y en tercer lugar, quien esconde durante un tiempo esa infidelidad es un traidor y un cobarde.

Por eso, si la mujer burlada es consciente de su dignidad —de su valor— y no quiere engañarse, siempre debe aceptar estas verdades, asumirlas con madurez (sin falsas expectativas) y actuar en consecuencia: si se valora, lo olvida para siempre. Para ella él está muerto. Resucitará para ella únicamente, cuando demuestre su sincero arrepentimiento con hechos, no con palabras ni con actitudes, aunque se vean muy sinceras y honestas.

 

2. Desde el punto de vista espiritual, debemos recordar, por una parte, que a todo pecador debe dársele la oportunidad de arrepentirse. Pero tampoco podemos olvidar que ni siquiera Dios perdona cuando no hay arrepentimiento sincero.

Los adúlteros —pecadores— no salen de su situación sino cuando se ora muchísimo por ellos y se ofrecen muchos pequeños sacrificios por su conversión; pero esta gracia no suele llegar sino cuando ellos sienten rechazo por sus malas acciones. Por eso, si ella no le muestras una indiferencia total (“No vale la pena seguir con él si no cambia”) y un rechazo por sus malas acciones, es posible que jamás se convierta de su mala vida.

Y, para saber si está realmente arrepentido, es necesario, no solamente que él se acerque a Dios, confesándose con un sacerdote y cambiando de vida, sino que pase mucho tiempo pidiéndole perdón a su mujer y mostrándole su arrepentimiento sincero (con lágrimas, regalos, flores, cartas o tarjetas de amor…), mientras ella se sigue mostrando indiferente y lo sigue rechazando

Si la mujer no hace esto, falta a la caridad: se nos ha enseñado que, para ser buen cristiano, es necesario corregir al que yerra, no con palabras —que casi nunca son eficaces— sino con hechos. ¿Cómo se enterará el hombre infiel que está en peligro de condenarse, si la mujer no cambia de actitud con él?, ¿si no le hace sentir su indiferencia?, ¿si no rechaza contundentemente —con hechos— su traición?

Ya dijimos que el mismísimo Dios no perdona a quien no esté sinceramente arrepentido. Si Él, que es perfecto, que es infinitamente misericordioso, exige ese arrepentimiento sincero para perdonar, eso es lo mínimo que debe exigir la mujer burlada por su marido.

 

Pero si, después de un tiempo prudencial, el marido infiel sigue demostrando su desamor y su falta de arrepentimiento, esto significaría que no había ni la más mínima semillita de amor y de dignidad en su corazón y que, por lo tanto, nada había por rescatar. Y también significaría que pocas ganas tiene de corregirse y, por lo tanto, de salvarse.

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La santa indiferencia

Posted by pablofranciscomaurino en enero 21, 2012

Hay una virtud, maravillosa y muy olvidada, que vivió de manera ejemplar san Francisco: la simplicidad. Consiste, entre otras cosas, en dejarse hacer y deshacer por nuestro Señor; en primer lugar, para mostrarle así nuestro amor, nuestra confianza en Él, nuestro abandono; también para ayudarlo a salvar almas, para que Él reine en todos los corazones de los hombres…

Es ponerse a su disposición: salud o enfermedad, más o menos fervor en la oración, espíritu agitado o sosegado, no decirle a nadie lo que nos sucede, no pedirle la gracia de entender lo que nos pasa, no tratar de tener paciencia…, lo que Él quiera.

En resumen, abandonarse. Y abandonarse, porque sabemos que Él solo quiere lo mejor para nosotros y porque sabemos que así nos usa para lo que necesita, nos inserta en su plan de salvación.

Se trata de complacerlo, por amor; de darle todo lo que quiera, sin reservarnos nada, de consolarlo en el dolor que le producen los pecados de los hombres…, en una palabra: ¡de amarlo!

El Señor se complace con nuestros sufrimientos aceptados y llevados por amor a Él.

No es una lucha, como muchos dicen, lo que debemos sostener: lo que debemos hacer es abandonarnos confiados a la Voluntad de Dios–Amor, que permite todo porque nos ama demasiado y porque nos quiere necesitar como víctimas de su amor, valiéndose de nosotros, de nuestros sufrimientos —unidos a los que Él padeció—, y así lograr su maravilloso plan de salvar a todas las almas, esas que le costaron tanto sufrimiento… Además, en ese proceso, el Señor nos hará santos, es decir, felices.

¿Vamos a negarle algo a quien tanto nos ama, a quien fue capaz de derramar toda su bendita Sangre para hacernos felices? Recordemos que tras esta vida dedicada a Él, vendrá el premio, el maravilloso premio de estar a su lado, gozando de sus delicias, de las delicias del Amor eterno, sin dolores, llenos de paz, llenos de alegría; para siempre, para siempre, para siempre… ¡junto al Amor de los amores!

Y, mientras tanto, aquí en la tierra, viviremos esa consecuencia de la simplicidad: el ser indiferentes a todo lo que no sea amor.

 

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