Hacia la unión con Dios

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La discusión sobre Amoris Laetitia

Posted by pablofranciscomaurino en noviembre 24, 2016

Exhortación Apostólica "Amoris laetitia"

Cada vez que leo o escucho nuevos giros de la discusión sobre esta exhortación, vuelvo a leerla, meditarla y analizarla, y encuentro que:

En ninguna parte del documento se dice que lo que está objetivamente mal pueda juzgarse como bueno; se recuerda la doctrina moral de siempre: que la inadvertencia parcial hace que el pecado no sea mortal (aunque sigue siendo grave). Y se aconseja que se apele a la misericordia, que ha faltado en tantos casos, en los que se calificó a priori e implícitamente a los adúlteros como pecadores mortales (única razón válida para no poder acceder a la comunión sacramental).

Además, hay que aclarar que en ninguna parte del documento se recomienda que se le dé la comunión a los adúlteros.

Y me pregunto por qué se hace tanta discusión sobre este tema si, desde el punto de vista práctico, los divorciados vueltos a casar pasan a comulgar sin que el párroco, el vicario o el sacerdote adscrito sepan si están o no en esa “situación irregular”.

Finalmente, recuerdo que lo que el Papa escribió en Amoris Laetitia es el resumen de lo que entre el Espíritu Santo y los Padres sinodales determinaron, no su opinión personal. Efectivamente, aunque este documento no debe considerarse ex catedra, sí debemos recordar que todo documento oficial de la Iglesia expedido por el Papa y los obispos unidos a él es parte del Magisterio oficial de la Iglesia y, por ende, puede considerarse inspirado.

Afirma san Pablo:

«Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán sobre sí mismos la condenación.» (RM 13, 1-2)

Téngase en cuenta que en esta cita el Apóstol se refiriere a las autoridades civiles; ¿cómo no obedecer, pues, a la Santa Madre Iglesia?

Además, debemos seguir el ejemplo de Jesús quien, como escribió san Juan Bosco, «vino para obedecer». (Epistolario, Turín, 1959, 202)

Pero más allá de todo lo dicho, pienso que es del Papa la responsabilidad de guiar a la Iglesia. Así, aunque muchos quieran hablar, discutir y opinar sobre el Papa, lo que dijo, lo que dicen los demás, etc., yo no tengo tiempo para eso: me dedicaré a cumplir con mi responsabilidad: orando, reparando, procurando por todos los medios mi propia santificación y evangelizando con el ejemplo, más que con la palabra.

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Ciclo B, XIX domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 18, 2009

Para que el hombre no muera

 

Elías, a quien creían que Jesús llamaba desde la Cruz, comió y bebió pan y agua, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios. En cambio, los judíos —los escogidos— comieron en el desierto el maná enviado por el mismo Dios y, sin embargo, murieron.

Hoy, Jesús se nos presenta como el pan de la vida: el que coma de este pan vivirá para siempre.

¿Somos conscientes de lo que significa vivir para siempre? ¡No morir!… ¿Creemos realmente en esto? ¿No es verdad que muchas veces durante el día pensamos en lo de hoy, en lo de los días próximos, en las preocupaciones económicas, de salud,… y hasta en los afanes y en el tráfico?

Cristo vino a decir a todos que el Padre existe, que Él lo conoce desde siempre y que nos espera otra vida después de esta. Los cristianos hemos sido escogidos por ese Padre amoroso para ser sus imitadores, como hijos queridos, y para que vivamos en el amor, como Cristo nos amó y se entregó por nosotros, para pagar nuestros pecados.

¡Estamos marcados con una marca divina! La marca de la liberación final. Y por eso no podemos ser iguales a los demás: debemos desterrar de nosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad. Seamos, como nos dice san Pablo, buenos, comprensivos, perdonándonos unos a otros, como Él nos perdonó. No más maldad, no más rencor, no más venganzas (ni siquiera pequeñas), ¡no más que amor de Dios!

Los que, como nosotros, están marcados por Dios y que, además, reciben el Cuerpo de Cristo, pan para la eternidad, sólo pueden estar listos para el amor.

Solo así la vida será como un mar, en el que muchos pasan grandes trabajos para mantenerse a flote, y la fe como la fuerza de Dios que nos hace nadar en la superficie, sin hundirnos. Y, como si fuera poco, seguros de que iremos a la vida eterna, a la felicidad sin fin.

   

 

 

 

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