Hacia la unión con Dios

Posts Tagged ‘Oración mental’

Fórmula para la oración mental

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 15, 2015

 

FÓRMULA PARA INICIAR LA ORACIÓN

 

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Madre mía inmaculada, san José y todos los santos, intercedan por mí. Arcángel san Miguel, ángel de mi guarda y todos los ángeles, intercedan por mí.

 

Señor mío, Dios mío y Padre mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes, te adoro con profunda reverencia, te pido perdón por mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración.

 

 

 

FÓRMULA PARA FINALIZAR LA ORACIÓN

 

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en este rato de oración; te pido ayuda para ponerlos por obra.

 

Madre mía inmaculada, san José y todos los santos, intercedan por mí. Arcángel san Miguel, ángel de mi guarda y todos los ángeles, intercedan por mí.

 

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Precisiones de teología mística en el Catecismo de la Iglesia Católica

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 4, 2010

En el Catecismo hay algunas imprecisiones —tal vez producto de la traducción—, que pueden dar lugar a que algunas personas interpreten inadecuadamente las enseñanzas de la Iglesia. Así, puede ocurrir que se confunda oración con meditación, oración contemplativa con oración mental, etc.

Las definiciones de estas palabras, propias del argot místico, han sido dadas por los santos Padres de la Iglesia griegos (Dionisio el pseudoareopagita, san Gregorio nacianceno, san Gregorio de Nisa y algunos más) y latinos (san Gregorio Magno, san León Magno, Orígenes y otros), como también por santo Tomás de Aquino y varios santos místicos (san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, san Pablo de la Cruz, el venerable Juan Taulero, el beato Enrique Suso, Meister Eckhart, san Buenaventura, los místicos rusos, entre otros).

(Se aprovechó también para hacer corrección de estilo.)

 

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

Cuarta parte: La oración cristiana.

Primera sección: La oración en la vida cristiana.

Capítulo tercero: La vida de oración.

Artículo 1: Las expresiones de la oración.

Números: 2.700 – 2.724

Características de las correcciones:

  • Si se añadió algo, quedó en letra en verde y subrayado.
  • Si se eliminó una palabra, esta aparece roja y tachada.

 

LAS EXPRESIONES DE LA ORACIÓN

I La oración vocal

2700 Por medio de su Palabra, Dios habla al hombre. Por medio de palabras, mentales o vocales, nuestra oración toma cuerpo. Pero lo más importante es la presencia del corazón ante Aquél a quien hablamos en la oración. “Que nuestra oración se oiga no depende de la cantidad de palabras, sino del fervor de nuestras almas” (San Juan Crisóstomo, ecl. 2).

2701 La oración vocal es un elemento indispensable de la vida cristiana. A los discípulos, atraídos por la oración silenciosa de su Maestro, éste les enseña una oración vocal: el “Padre Nuestro”. Jesús no solamente ha rezado las oraciones litúrgicas de la sinagoga; los Evangelios nos lo presentan elevando la voz para expresar su oración personal, desde la bendición exultante del Padre (cf. Mt 11, 25-26), hasta la agonía de Getsemaní (cf. Mc 14, 36).

2702 Esta necesidad de asociar los sentidos a la oración interior responde a una exigencia de nuestra naturaleza humana. Somos cuerpo y espíritu, y experimentamos la necesidad de traducir exteriormente nuestros sentimientos. Es necesario rezar con todo nuestro ser para dar a nuestra súplica todo el poder posible.

2703 Esta necesidad responde también a una exigencia divina. Dios busca adoradores en espíritu y en verdad, y, por consiguiente, la oración que sube viva desde las profundidades del alma. También reclama una expresión exterior que asocia el cuerpo a la oración interior, esta expresión corporal es signo del homenaje perfecto al que Dios tiene derecho.

2704 La oración vocal es la oración por excelencia de las multitudes por ser exterior y tan plenamente humana. Pero incluso la más interior de las oraciones no podría prescindir de la oración vocal. La oración se hace interior en la medida en que tomamos conciencia de Aquél “a quien hablamos” (Santa Teresa de Jesús, C 26). Entonces la oración vocal se convierte en una primera forma de oración mentalcontemplativa.

II La meditación y la oración

2705 La meditación es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu trata de comprender el por qué y el cómo de la vida cristiana para adherirse y responder a lo que el Señor pide. Hace falta una atención difícil de encauzar. Habitualmente, se hace con la ayuda de un libro, que a los cristianos no les faltan: las sagradas Escrituras, especialmente el Evangelio, las imágenes sagradas, los textos litúrgicos del día o del tiempo, escritos de los Padres espirituales, obras de espiritualidad, el gran libro de la creación y el de la historia, la página del “hoy” de Dios.

2706 Meditar lo que se lee conduce a apropiárselo confrontándolo consigo mismo. Aquí, se abre otro libro: el de la vida. Se pasa de los pensamientos a la realidad. Según sean la humildad y la fe, se descubren los movimientos que agitan el corazón y se les puede discernir. Se trata de hacer la verdad para llegar a la Luz: “Señor, ¿qué quieres que haga?”. Y es entonces, en el momento en el que aparece el diálogo con Dios, cuando la meditación se convierte en oración.

2707 Los métodos de meditación son tan diversos como los maestros espirituales. Un cristiano debe querer meditar regularmente; si no, se parece a las tres primeras clases de terreno de la parábola del sembrador (cf. Mc 4, 4-7. 15-19). Pero un método no es más que un guía; lo importante es avanzar, con el Espíritu Santo, por el único camino de la oración: Cristo Jesús.

2708 La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo. La oración cristiana se aplica preferentemente a meditar “los misterios de Cristo”, como en la lectio divina o en el Rosario. Esta forma de reflexión orante es de gran valor, pero la oración cristiana debe ir más lejos: hacia el conocimiento del amor del Señor Jesús, a la unión con ÉEl.

 

III La oración mental y la oración de contemplación

2709 ¿Qué es esta oración? Santa Teresa responde: “no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama” (vida 8).

La oración mentalcontemplación busca al “amado de mi alma” (Ct 1, 7; cf. Ct 3, 1-4). Esto es, a Jesús y en Éél, al Padre. Es buscado porque desearlo es siempre el comienzo del amor, y es buscado en la fe pura, esta fe que nos hace nacer de Éél y vivir en Éél. En la oración mentalcontemplación se puede también meditar, pero la mirada está centrada en el Señor.

2710 La elección del tiempo y de la duración de la oración mentalde contemplación depende de una voluntad decidida reveladora de los secretos del corazón. No se hace oración mentalcontemplación cuando se tiene tiempo sino que se toma el tiempo de estar con el Señor con la firme decisión de no dejarlo y volverlo a tomar, cualesquiera que sean las pruebas y la sequedad del encuentro. No se puede meditar en todo momento, pero sí se puede entrar siempre haciendoen oración mentalcontemplación, independientemente de las condiciones de salud, trabajo o afectividad. El corazón es el lugar de la búsqueda y del encuentro, en la pobreza y en la fe.

2711 La entrada en la oración mentalcontemplación es análoga a la de la Liturgia eucarística: “recoger” el corazón, recoger todo nuestro ser bajo la moción del Espíritu Santo, habitar la morada del Señor que somos nosotros mismos, despertar la fe para entrar en la presencia de Aquél que nos espera, hacer que caigan nuestras máscaras y volver nuestro corazón hacia el Señor que nos ama para ponernos en sus manos como una ofrenda que hay que purificar y transformar.

2712 La oración mentalcontemplación es la oración del hijo de Dios, del pecador perdonado que consiente en acoger el amor con el que es amado y que quiere responder a Éél amando más todavía (cf. Lc 7, 36-50; 19, 1-10). Pero sabe que su amor, a su vez, es el que el Espíritu derrama en su corazón, porque todo es gracia por parte de Dios. La oración mentalcontemplación es la entrega humilde y pobre a la voluntad amante del Padre, en unión cada vez más profunda con su Hijo amado, y nos abre a la contemplación, en la que Dios mismo se nos comunica.

2713 Así, la contemplación es la expresión más sencilla del misterio de la oración. Es un don, una gracia; no puede ser acogida más que en la humildad y en la pobreza. La oración contemplativa es una relación de alianza establecida por Dios en el fondo de nuestro ser (cf. Jr 31, 33). Es comunión: en ella, la Santísima Trinidad conforma al hombre, imagen de Dios, “a su semejanza”. Es, por tanto, un acto divino, no humano.

2714 La contemplación es también el tiempo fuerte por excelencia de la oración. En ella, el Padre nos concede “que seamos vigorosamente fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior, que Cristo habite por la fe en nuestros corazones y que quedemos arraigados y cimentados en el amor” (Ef 3, 16-17).

2715 Por su parte, lLa oración mentalcontemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. “Yo loe miro y Éél me mira”, decía, en tiempos de su santo cura, un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario. Esta atención a Él es renuncia a “mí”. Su mirada purifica el corazón. La luz de la mirada de Jesús ilumina los ojos de nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos los hombres. La oración mentalcontemplación dirige también su mirada a los misterios de la vida de Cristo. Aprende así el “conocimiento interno del Señor” para más amarloe y seguirloe (cf. San Ignacio de Loyola, ex. sp. 104).

2716 La oración mentalcontemplación es escucha de la palabra de Dios. Lejos de ser pasiva, esta escucha es la obediencia de la fe, acogida incondicional del siervo y adhesión amorosa del hijo. Participa en el “sí” del Hijo hecho siervo y en el “fiat” de su humilde esclava.

2717 En cambio, lLa contemplación es silencio, este “símbolo del mundo venidero” (San Isaac de Nínive, tract. myst. 66) o “amor silencioso” (San Juan de la Cruz). Las palabras en la oración contemplativa no son discursos sino ramillas que alimentan el fuego del amor. En este silencio, insoportable para el hombre “exterior”, el Padre nos da a conocer a su Verbo encarnado, sufriente, muerto y resucitado, y el Espíritu filial nos hace partícipes de la oración de Jesús.

2718 La contemplación es unión con la oración de Cristo en la medida en que ella nos hace participar en su misterio. El misterio de Cristo es celebrado por la Iglesia en la Eucaristía; y el Espíritu Santo lo hace vivir en la contemplación para que sea manifestado por medio de la caridad en acto.

2719 La contemplación es una comunión de amor portadora de vida para la multitud, en la medida en que se acepta vivir en la noche de la fe. La noche pascual de la resurrección pasa por la de la agonía y la del sepulcro. Son tres tiempos fuertes de la Hora de Jesús que su Espíritu (y no la “carne que es débil”) hace vivir en la contemplación. Es necesario consentir en “velar una hora con Éél” (cf. Mt 26, 40).

 

RESUMEN

2720 La Iglesia invita a los fieles a una oración regulada: oraciones diarias, Liturgia de las Horas, Eucaristía dominical, fiestas del año litúrgico.

2721 La tradición cristiana contiene tres importantes expresiones de la vida de oración: la oración vocal, la oración mentalmeditación y la oración contemplativa. Las tres tienen en común el recogimiento del corazón.

2722 La oración vocal, fundamentada en la unión del cuerpo con el espíritu en la naturaleza humana, asocia el cuerpo a la oración interior del corazón a ejemplo de Cristo que ora a su Padre y enseña el “Padre nuestro” a sus discípulos.

2723 La meditación es una búsqueda orante, que hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción, el deseo. Tiene por objeto la apropiación creyente de la realidad considerada, que es confrontada con la realidad de nuestra vida.

2724 La oración mentalcontemplativa es la expresión sencilla del misterio de la oración. Es una mirada de fe, fijada en Jesús, una escucha de la Palabra de Dios, un silencioso amor. Realiza la unión con la oración de Cristo en la medida en que nos hace participar de su misterio. En cambio, en la oración de contemplación es Dios quien se comunica al orante: ocurrirá, pues, solo cuando Él quiera, cuanto Él quiera, como Él quiera.

 

Nota:  Para ampliar estos conceptos, se recomienda leer, en este mismo blog, la entrada:  Los grados de la oración.

  

 

 

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Ciclo C, El Sagrado Corazón de Jesús

Posted by pablofranciscomaurino en junio 15, 2010

Amor con amor se paga

 

Ezequiel escribió siglos atrás lo que el Corazón amantísimo del Señor le dejaba ver a su pueblo en esa época: «Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas; a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré como es debido.» En Oseas se mostró como una madre, en el Cantar de los cantares como un esposo…

Es que lo que el Corazón de Dios tiene guardado es un abismo infinito de amor por sus criaturas, los hombres. Pero tuvo que revelarse poco a poco, teniendo en cuenta la idiosincrasia y la inmadurez del ser humano en la historia.

Y, como escribió san Pablo, el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. Y nos lo explica admirablemente: Cristo murió por los pecadores, por los malos, por los impíos; sí: cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.

Ese Corazón de Jesús que murió por nosotros, sin merecerlo, es el que hoy contemplamos admirados, abismados, aterrados… pues, como pago de nuestro desamor, Él derrama su infinita misericordia sobre nosotros…

¡Nuestro pequeño y miserable corazón no puede entender que el odio, el desprecio y la falta de correspondencia al Amor se nos pague con más amor!

Y la única explicación que nos da es: «Os digo que habrá más alegría en el Cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse».

¡Nuestra conversión es Alegría para Dios!

Ante esa alegría divina debemos reaccionar siendo agradecidos tanto cuanto podamos y reparando arrepentidos nuestro desamor: primero, una buena confesión de nuestros pecados (con sincero arrepentimiento por haber ofendido a un Dios tan bueno y la promesa de no ofenderlo más); y, después, una vida santa, conseguida con la fuerza que se obtiene de la asiduidad en la oración mental y la frecuencia de los Sacramentos.

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Fórmulas para iniciar y terminar la oración metal

Posted by pablofranciscomaurino en abril 7, 2010

PARA INICIAR:

Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Madre mía inmaculada, san José y todos los santos, intercedan por mí. Arcángel san Miguel, ángel de mi guarda y todos los ángeles, intercedan por mí.

Señor mío, Dios mío y Padre mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes, te adoro con profunda reverencia, te pido perdón por mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración.

PARA FINALIZAR:

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en este rato de oración; te pido ayuda para ponerlos por obra.

Madre mía inmaculada, san José y todos los santos, intercedan por mí. Arcángel san Miguel, ángel de mi guarda y todos los ángeles, intercedan por mí.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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COMPROMISOS DE LOS PASIONISTAS SEGLARES

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 13, 2008

 

1.      Hacer santa mi vida, cumpliendo cabalmente con cada una de mis obligaciones familiares, laborales y sociales. Esta es mi principal vocación: amar eficaz y efectivamente a cada uno de mis familiares, ser un trabajador honesto y responsable, y actuar como un buen ciudadano; todo irradiando paz y alegría. No cumplir estos deberes queriendo llevar a cabo los compromisos que siguen sería un desorden que Dios no quiere.
 
2.      Que la Fe, la Esperanza y la Caridad se noten en cada uno de mis actos y actitudes.
 
3.      Hacer algunos minutos diarios de oración mental, meditando la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, para profundizar y alimentar las fuentes de oración.
Seguir en esto las indicaciones de mi director espiritual.
 
4.      Ofrecer las molestias, disgustos, malos ratos, tristezas, sinsabores —a veces pequeños, a veces grandes— que me sobrevengan, para que, unidos a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, tengan valor redentor y reparador.
Asimismo, ofrecer mis trabajos y actividades cotidianas por la salvación de las almas y por la gloria de Dios.
 
5.      Renovar, cuantas veces pueda, el Sacrificio de Cristo asistiendo a la Eucaristía. Comulgar con frecuencia. Visitar con asiduidad al Santísimo Sacramento.
 
6.      Honrar a la Bienaventurada Madre de Dios y siempre Virgen María. Tenerla como especial protectora. Meditar de cuando en cuando los acerbísimos dolores que sufrió en la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.
 
7.      Recibir frecuentemente el Sacramento de la Reconciliación.
 
8.      Tratar de vivir la pobreza dentro de mi estado: estar sin apegos por las criaturas (cosas, personas, ideas ni por mí mismo), hasta tener el corazón vacío de todo y lleno del Amor de Dios, con el que me entregaré a luchar primero por la felicidad de mis seres queridos, y luego por toda la humanidad.
Tener presente que las cosas que poseo son medios, no fines.
Vivir con sobriedad, no tener cosas de sobra, administrar los bienes con prudencia y ejercer la caridad.
 
9.      Buscar en todas mis acciones, palabras y pensamientos únicamente la gloria de Dios.
Recordar que la pureza es ser indiferente a todo lo que no sea amor.
 
10.   Hacer que la humildad sea mi principal virtud: quiero ser el último de todos, el servidor de todos, el esclavo de todos: en mi casa, en mi trabajo y en la sociedad, como Jesús (cf. Mc 9, 35; Mc 10, 43-45; Mt 20, 26-28; Mt 23, 11).
Ser obediente al Magisterio de la Iglesia y a mi director espiritual.
Si he de corregir a alguien, que sea con mi amor y con mi ejemplo.
 
11.   Leer, meditar y estudiar el Catecismo de la Iglesia Católica, la Biblia y el Código de Derecho Canónico.
De igual forma, leer los documentos del Magisterio de la Iglesia, con especial atención el capítulo IV de la constitución Lumen Gentium: «Los Laicos», del Concilio Vaticano II, y la constitución Gaudium et Spes, también del Concilio Vaticano II.
Hacer, al menos, una oración diaria por el Papa, los Obispos y los Presbíteros (especialmente por mi párroco).
 
12.   Leer y estudiar la vida y la doctrina de san Pablo de la Cruz.
 
13.   Orar constantemente y ofrecer mis sacrificios y trabajos por todos los miembros de la Congregación de la Pasión de Jesucristo, por el incremento y la santidad de sus vocaciones, y por la eficacia de sus trabajos apostólicos.
 
14.   En la medida de mis capacidades y posibilidades —después de orar mucho y de ofrecer mortificaciones—, contar y explicar a cuantos pueda la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y su inmenso Amor por nosotros, y proponer algún modo de corresponder a semejante gracia.
 

 

Continúa, si lo deseas, leyendo el siguiente artículo:

ORACIONES DE LOS PASIONISTAS SEGLARES

 

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