Hacia la unión con Dios

Posts Tagged ‘Ovejas’

Lo que se debe predicar*

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 22, 2019

“Si os propusiera mis ideas,

también yo sería de aquellos pastores que,

en lugar de apacentar las ovejas,

se apacientan a sí mismos. […]

Esto dice el Señor:

¡Ay de los pastores que se apacientan a sí mismos!”

(De san Agustín, obispo, Sobre los pastores: sermón 46, 1-2: CCL 41, 529)

Posted in Apostolado, Doctrina de la Iglesia, Sacerdotes | Etiquetado: , , , , , , | Comentarios desactivados en Lo que se debe predicar*

Predicar mis propias ideas

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 18, 2017

He aquí parte del sermón de san Agustín, obispo, sobre los pastores (Sermón 46, 1-2: CCL 41, 529-530):

“Yo, por mi parte, no pretendo exponer mis propias ideas. Porque si os propusiera mis ideas, también yo sería de aquellos pastores que, en lugar de apacentar las ovejas, se apacientan a sí mismos. Si, en cambio, hablo no de mis pensamientos, sino exponiendo la palabra del Señor, es el Señor quien os apacienta por mediación mía. Esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores?; es como si se dijera: «Los pastores no deben apacentarse a sí mismos, sino a las ovejas.» Ésta es la primera causa por la que el profeta reprende a tales pastores, porque se apacientan a sí mismos y no a las ovejas. ¿Y quiénes son, pues, aquellos pastores que se apacientan a sí mismos? Sin duda alguna son aquellos de los que el Apóstol afirma: Todos buscan sus intereses personales, no los de Cristo Jesús.”

Y ¿cómo distingo mis ideas de las del Espíritu Santo? Eso es fácil de discernir:

“No os dejéis seducir por doctrinas variadas y extrañas.” (He 13, 9a)

¿Doctrinas extrañas a qué? A la Revelación universal, a la Palabra eterna del Padre, a la enseñanza perenne de la Iglesia.

Si estoy enseñando lo que siempre ha enseñado la Iglesia, la Palabra eterna del Padre, es el Espíritu Santo quién habla por mí; pero si aparecen novedades en mi predicación, es que no tengo presente la Palabra de Dios:

“Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo, y lo será siempre.” (Hb 13, 8)

Quién tiene afán de novedades es el cristiano carnal; el cristiano espiritual descansa en la Verdad inmutable.

 

Posted in Iglesia, Sacerdotes | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Predicar mis propias ideas

Ciclo A, Cristo Rey

Posted by pablofranciscomaurino en noviembre 23, 2011

Servir al Rey y reinar con Él

Estamos acostumbrados a recordar con algo de preocupación el Evangelio del día de hoy. Es que asusta un poco eso de que algunos serán puestos a su izquierda y oirán de boca de Dios: «¡Malditos, aléjense de Mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles!»

Pero vale la pena revisar las otras lecturas para descubrir que Dios está aquí, que viene en busca de sus ovejas; se ocupará de ellas como el pastor que se ocupa de su rebaño, las llevará a descansar. Incluso buscará a la que esté perdida, volverá a traer a la que esté extraviada, curará a la que esté herida, reanimará a la que esté enferma, velará por la que esté sana; las cuidará con justicia.

Después, el universo entero le quedará sometido, y así vencerá al mal, y pondrá a todos sus enemigos bajo sus pies, hasta el último de sus enemigos: la muerte.

Solo el Rey de reyes, el Señor de los señores, el dueño de la creación puede lograr todo eso. Por tal razón, se celebra hoy la solemnidad de Cristo Rey.

Súbditos de ese eterno soberano como somos, podremos llegar a escuchar su alentadora promesa: «Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo».

¿Vimos hambrientos y les dimos de comer? ¿Vimos sedientos y les dimos de beber? ¿Vimos forasteros y los recibimos, o sin ropa y los vestimos? ¿Vimos enfermos o en la cárcel, y los fuimos a ver? El Rey dijo que cuando lo hicimos con alguno de los más pequeños de sus hermanos, se lo hicimos a Él.

A estas obras de misericordia corporales hay que añadir las espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir con cariño y prudencia al que se equivoca, consolar al triste, perdonar las ofensas, sufrir con paciencia los defectos de los demás, rogar a Dios por los vivos y por muertos.

¿Queremos vivir inmensamente felices en el Cielo, junto al Rey? En este momento, al final del año litúrgico, ¡qué bien cae este examen de conciencia! Comencemos este año que viene con el propósito firme de servir.

Posted in Homilías | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Ciclo A, Cristo Rey

Ciclo C, El Sagrado Corazón de Jesús

Posted by pablofranciscomaurino en junio 15, 2010

Amor con amor se paga

 

Ezequiel escribió siglos atrás lo que el Corazón amantísimo del Señor le dejaba ver a su pueblo en esa época: «Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas; a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré como es debido.» En Oseas se mostró como una madre, en el Cantar de los cantares como un esposo…

Es que lo que el Corazón de Dios tiene guardado es un abismo infinito de amor por sus criaturas, los hombres. Pero tuvo que revelarse poco a poco, teniendo en cuenta la idiosincrasia y la inmadurez del ser humano en la historia.

Y, como escribió san Pablo, el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. Y nos lo explica admirablemente: Cristo murió por los pecadores, por los malos, por los impíos; sí: cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.

Ese Corazón de Jesús que murió por nosotros, sin merecerlo, es el que hoy contemplamos admirados, abismados, aterrados… pues, como pago de nuestro desamor, Él derrama su infinita misericordia sobre nosotros…

¡Nuestro pequeño y miserable corazón no puede entender que el odio, el desprecio y la falta de correspondencia al Amor se nos pague con más amor!

Y la única explicación que nos da es: «Os digo que habrá más alegría en el Cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse».

¡Nuestra conversión es Alegría para Dios!

Ante esa alegría divina debemos reaccionar siendo agradecidos tanto cuanto podamos y reparando arrepentidos nuestro desamor: primero, una buena confesión de nuestros pecados (con sincero arrepentimiento por haber ofendido a un Dios tan bueno y la promesa de no ofenderlo más); y, después, una vida santa, conseguida con la fuerza que se obtiene de la asiduidad en la oración mental y la frecuencia de los Sacramentos.

Posted in Homilías | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Ciclo C, El Sagrado Corazón de Jesús

Ciclo B, IV domingo de Pascua

Posted by pablofranciscomaurino en mayo 12, 2009

El buen pastor da su vida por las ovejas

 

¡Qué amor tan singular nos ha tenido el Padre, pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos! Es el mismo amor que enseñó a sus Apóstoles y discípulos: los sacerdotes de hoy. Quería que ellos dieran la vida por sus ovejas, los demás fieles de la Iglesia, como Él la dio; en efecto, dijo claramente: «Yo doy mi vida por las ovejas»; y en otro pasaje: «Ámense los unos a los otros como Yo los he amado».

Si vemos que hoy no todos los sacerdotes se entregan con todas sus fuerzas, con todo su corazón, a ese servicio que el Fundador les encargó, si notamos que algunos no son capaces de dar su vida por el pueblo de Dios; es porque las ovejas han olvidado que hay que orar y ofrecer sacrificios por sus pastores, ya que ellos son atacados más fuertemente por el Demonio, pues él sabe que gana una gran batalla cuando derriba al pastor: las ovejas se dispersan.

Por eso se acierta cuando se dice que toda comunidad tiene el pastor que se merece. No los pueden dejar solos en esa lucha.

Orar y ofrecer sacrificios por los pastores. Si así lo hacen los laicos, verán a los sacerdotes como a san Pedro, que estaba lleno del Espíritu Santo, cuando les dijo a los Jefes del pueblo y a los Ancianos:

«Hoy debemos responder por el bien que hemos hecho a un enfermo. ¿A quién se debe esa sanación? Sépanlo todos ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre que está aquí sano delante de ustedes ha sido sanado por el Nombre de Jesucristo el Nazareno».

Sanación. ¡La gente quedará sana con la acción de los sacerdotes!: resucitarán los que estaban muertos por el pecado, oirán los que estaban sordos a las cosas de Dios, caminarán los que eran paralíticos para avanzar en la vida espiritual, los ciegos espirituales comenzarán a ver las maravillas de Dios…; en fin: el mundo será como lo quiere Dios.

Así, pues, laico: en tus manos está la salvación del mundo.

Posted in Homilías | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Ciclo B, IV domingo de Pascua

Ciclo A, Cristo Rey

Posted by pablofranciscomaurino en noviembre 30, 2008

Servir al Rey y reinar con Él

 

Estamos acostumbrados a recordar con algo de preocupación el Evangelio del día de hoy. Es que asusta un poco eso de que algunos serán puestos a su izquierda y oirán de boca de Dios: «¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles!»

Pero vale la pena revisar las otras lecturas para descubrir que Dios está aquí, que viene en busca de sus ovejas; se ocupará de ellas como el pastor que se ocupa de su rebaño, las llevará a descansar. Incluso buscará a la que esté perdida, volverá a traer a la que esté extraviada, curará a la que esté herida, reanimará a la que esté enferma, velará por la que esté sana; las cuidará con justicia.

El universo entero le quedará sometido, y así vencerá al mal, y pondrá a todos sus enemigos bajo sus pies, hasta el último de sus enemigos: la muerte.

Solo el Rey de reyes, el Señor de los señores, el dueño de la creación puede lograr todo eso. Por tal razón, se celebra hoy la solemnidad de Cristo Rey.

Súbditos de ese eterno soberano como somos, podremos llegar a escuchar su alentadora promesa: «Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo».

¿Vimos hambrientos y les dimos de comer? ¿Vimos sedientos y les dimos de beber? ¿Vimos forasteros y los recibimos, o sin ropa y los vestimos? ¿Vimos enfermos o en la cárcel, y los fuimos a ver? El Rey dijo que cuando lo hicimos con alguno de los más pequeños de sus hermanos, se lo hicimos a Él.

A estas obras de misericordia corporales hay que añadir las espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir con cariño y prudencia al que se equivoca, consolar al triste, perdonar las ofensas, sufrir con paciencia los defectos de los demás, rogar a Dios por los vivos y por muertos.

¿Queremos vivir inmensamente felices en el Cielo, junto al Rey? En este momento, al final del año litúrgico, ¡qué bien cae este examen de conciencia! Comencemos este año que viene con el propósito firme de servir.

 

 

 

 

 

Posted in Homilías | Etiquetado: , , , , | Comentarios desactivados en Ciclo A, Cristo Rey