Hacia la unión con Dios

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Las homilías

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 11, 2020

A pesar de que no todas las homilías están ajustadas a la doctrina oficial del Magisterio eclesial —pues se escuchan en muchos púlpitos errores y desviaciones de la verdad—, la mayoría guardan fidelidad a la Revelación Universal, custodiada por la Santa Madre Iglesia.

Pero también se nota que muchos sacerdotes no han aprovechado esos púlpitos para enseñar todo su bagaje de doctrina, moral y espiritualidad.

Desde el punto de vista moral, por ejemplo, muchos clérigos se quedarían aterrados si hicieran una encuesta entre sus feligreses, y se enteraran del índice tan alto de quienes, entre ellos, apoyan el aborto, la eutanasia, la homosexualidad y la adopción de niños por parte de parejas homosexuales, los que toman y recomiendan el uso de anticonceptivos, etc. Muchos desconocen el fondo inmoral de todos estos actos contrarios a la naturaleza humana. También sería bueno que se preguntaran cuántos fieles olvidan cumplir o desconocen los Mandamientos de Dios y de la Santa Madre Iglesia, cuántos no creen en el demonio y/o en el Infierno…

¿Por qué estos temas parecen velados en las homilías? Nuestro Señor dijo la verdad sin reparo alguno y, hay que saberlo, eso le acarreó la muerte; y hoy serán criticados, reprobados y tachados de retrógrados quienes se atrevan a presentar la doctrina de la Santa Madre Iglesia para que sus hijos vayan por la senda que lleva a la salvación. Pero, ¿no vale la pena sufrir por los hijos de Dios y por su gloria? Antaño —y todavía hoy— hay ejemplos numerosísimos de mártires que dieron la vida por la verdad, a semejanza de Jesucristo, y que hoy viven eternamente felices, gozando de la bienaventuranza eterna, y diciéndose precisamente eso: “¡Valió la pena!”

En cuanto a la doctrina se refiere, los predicadores podrían ayudar al pueblo de Dios a evitar el peligro inmenso que corren hoy de caer en herejías, tan populares como dañinas para su fe, como el voluntarismo semipelagiano (que tiene tantos adeptos inconscientes y que tantas indiferencias religiosas y apostasías ha cosechado en la actualidad), los sincretismos religiosos, que viven y enseñan tantos católicos, y otros errores doctrinales más…

Tampoco aprovechan para enseñar toda la espiritualidad existente sobre todos los modos de oración mental y la contemplación, a la que nos invitan los santos místicos, reiterando ellos que la vida contemplativa es para todos, no para unos privilegiados.

Tienen estos Pastores una altísima responsabilidad, pues el Señor les confió unas ovejas, que fueron compradas a pretio magno (a tan alto precio 1Co 6,20). Y de ellas les pedirá cuenta Nuestro Señor.

Si a esto sumamos otra verdad —igualmente valiosa—: el hecho de que es la oración de los fieles la que da fuerza a sus Pastores para realizar las tareas propias de su labor, debemos deducir que esa oración ha faltado mucho entre los bautizados. Y, aunque sabemos que es la Cruz de Cristo la que incrementa la eficacia de la oración, son muy pocos los fieles que ofrecen sacrificios por sus Pastores… También a estos cristianos se les pedirá cuenta por no haber orado por sus Pastores y por no haberse unido al Señor Jesús en su Pasión, para ayudar a propiciar la santidad del clero y a favorecer su labor pastoral

 

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Imagen del Buen Pastor*

Posted by pablofranciscomaurino en enero 9, 2020

¿Quién ha de ser puesto a toda costa, aun contra su voluntad, al frente del rebaño para apacentarlo con su ejemplo de vida? El que, muerto ya a las tendencias de la carne, vive según el espíritu. El que tiene en nada la prosperidad terrena, afronta sin temor la adversidad y ambiciona exclusivamente las riquezas del mundo interior. El que se halla dotado para la empresa gracias a un cuerpo lo bastante vigoroso y a un espíritu poco impresionable ante las ofensas. El que, lejos de sentirse arrastrado por la codicia de lo ajeno, reparte a manos llenas de lo suyo. El que a impulsos de una entrañable piedad, se inclina al pronto perdón, pero sin desviarse de la justicia con una indulgencia mas allá de lo razonable. El que no comete pecado y, en cambio, llora las culpas ajenas como propias. El que se conduele cordialmente de la flaqueza del prójimo y se congratula de su bien como si se tratara del provecho personal. El que en todas sus obras predica con el ejemplo sin tener de que avergonzarse, al menos por lo que al pasado se refiere. El que emplea la vida en regar con el caudal de su doctrina los corazones resecos de sus hermanos. El que, mediante la asidua practica de la oración, ha llegado a comprobar por experiencia que puede alcanzar del Señor cuanto pidiere, considerando como dirigidas a el las palabras del profeta: Aun no habrás acabado de hablar, cuando te responderé: Aquí me tienes.

Supongamos que se nos presentara por las buenas un individuo con la pretensión de que mediásemos a favor suyo ante un poderoso enfadado con el. De no conocer a ese potentado, le responderíamos sin mas: “Dispensa, pero mal pudiera hablar por ti a un señor de quien ni soy amigo, ni siquiera conocido”. Ahora bien, si uno rehuye hacer de conciliador ante un semejante por el hecho de no gozar de su confianza, ¿con que cara se arroga el oficio de mediador entre Dios y su pueblo quien no se sabe en la amistad divina con una vida santa? O ¿cómo se atreve a implorar del Señor misericordia para los demás quien ignora si esta en paz con el?

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*De la Regla pastoral de san Gregorio Magno, papa
(P:I: cap. 10 ; PL 77,23 A)

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Lo que se debe predicar*

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 22, 2019

“Si os propusiera mis ideas,

también yo sería de aquellos pastores que,

en lugar de apacentar las ovejas,

se apacientan a sí mismos. […]

Esto dice el Señor:

¡Ay de los pastores que se apacientan a sí mismos!”

(De san Agustín, obispo, Sobre los pastores: sermón 46, 1-2: CCL 41, 529)

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Predicar mis propias ideas

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 18, 2017

He aquí parte del sermón de san Agustín, obispo, sobre los pastores (Sermón 46, 1-2: CCL 41, 529-530):

“Yo, por mi parte, no pretendo exponer mis propias ideas. Porque si os propusiera mis ideas, también yo sería de aquellos pastores que, en lugar de apacentar las ovejas, se apacientan a sí mismos. Si, en cambio, hablo no de mis pensamientos, sino exponiendo la palabra del Señor, es el Señor quien os apacienta por mediación mía. Esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores?; es como si se dijera: «Los pastores no deben apacentarse a sí mismos, sino a las ovejas.» Ésta es la primera causa por la que el profeta reprende a tales pastores, porque se apacientan a sí mismos y no a las ovejas. ¿Y quiénes son, pues, aquellos pastores que se apacientan a sí mismos? Sin duda alguna son aquellos de los que el Apóstol afirma: Todos buscan sus intereses personales, no los de Cristo Jesús.”

Y ¿cómo distingo mis ideas de las del Espíritu Santo? Eso es fácil de discernir:

“No os dejéis seducir por doctrinas variadas y extrañas.” (He 13, 9a)

¿Doctrinas extrañas a qué? A la Revelación universal, a la Palabra eterna del Padre, a la enseñanza perenne de la Iglesia.

Si estoy enseñando lo que siempre ha enseñado la Iglesia, la Palabra eterna del Padre, es el Espíritu Santo quién habla por mí; pero si aparecen novedades en mi predicación, es que no tengo presente la Palabra de Dios:

“Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo, y lo será siempre.” (Hb 13, 8)

Quién tiene afán de novedades es el cristiano carnal; el cristiano espiritual descansa en la Verdad inmutable.

 

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Lo que dijo un pastor sobre los pastores

Posted by pablofranciscomaurino en julio 3, 2015

La carta pastoral de monseñor Paul S. Loverde, obispo de la diócesis de Arlington, dejó muchas enseñanzas para todos sus fieles, no solo acerca de su tema principal, la pornografía, sino otros muchos tópicos.

Efectivamente, ese documento, además de analizar profundamente la relación de la pornografía con la esencia del ser humano desde el punto de vista antropológico y teológico, aporta criterios clarísimos (como pocas veces se ha hecho) para entender el tema y deja orientaciones puntuales de grandísima riqueza para todas las poblaciones.

Una de las novedades que se puede destacar se refiere a la orientación para los sacerdotes.

Con su autoridad, el señor obispo menciona algo que quizá es verdaderamente oportuno, tanto para el tema de la pornografía como para su propia santidad y su pastoral. Se trata de la recomendación que les hace a los sacerdotes:

“Todos los sacerdotes deben tener una dirección espiritual permanente y frecuente. Estos encuentros con su director son una oportunidad invalorable e íntima de oír la voz del Maestro y de responder a su voluntad. Las conversaciones con los directores deben ser siempre francas y completas, sin esconder ninguna de las frustraciones y tentaciones de su ministerio, y revelar todas sus faltas. La humilde aceptación de dirección es una defensa segura contra los peligros de la impureza.” (IV)

He aquí un pastor que conoce las artimañas que el demonio usa en contra del clero, para destruir indirectamente a toda su feligresía. Es que Satanás sabe que es más eficaz herir al pastor, para que se dispersen las ovejas, que el pecado del escándalo es su técnica más fructífera; por eso mismo Jesús se admiró gritando: ¡Ay de los que producen escándalo!, ¡más les valiera que les ataran una rueda de molino al cuello y los lanzaran al mar!

Parece, de hecho, que esto le ha dado muy buenos resultados últimamente. No falta el día en el que nos recuerden algún desmán de un sacerdote, bien sea a través de los medios de comunicación, bien en conversaciones privadas…

Pero el obispo, el pastor, no se queda ahí: sabe él que el sacramento de la Reconciliación trae al alma del ministro ordenado la gracia necesaria para triunfar en la lucha contra el mal. Por eso añade:

“Ningún sacerdote puede ser un ministro de reconciliación idóneo si no busca con frecuencia la absolución. Los sacerdotes deben practicar con frecuencia la confesión en el sacramento de la penitencia. La demora o la disminución de la importancia de la confesión es señal de un corazón impenitente.” (Idem)

Y, ¿por qué se publicó este documento?

“Todos los sacerdotes deben rendir cuentas de sus actos privados y públicos. En realidad, como ministros de Cristo, ningún acto es verdaderamente privado, con excepción de su oración personal, y aun los frutos de ella deben ser discutidos abiertamente con su director. No permitan nunca que surja una vida privada que deban mantener en secreto de sus hermanos.” (Idem)

¡Buen pastor! Con pastores así y la obediencia de todos, la Iglesia se mostrará otra vez santa.

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Imagen del buen pastor*

Posted by pablofranciscomaurino en enero 9, 2010

¿Quién ha de ser puesto a toda costa, aun contra su voluntad, al frente del rebaño para apacentarlo con su ejemplo de vida? El que, muerto ya a las tendencias de la carne, vive según el espíritu. El que tiene en nada la prosperidad terrena, afronta sin temor la adversidad y ambiciona exclusivamente las riquezas del mundo interior. El que se halla dotado para la empresa gracias a un cuerpo lo bastante vigoroso y a un espíritu poco impresionable ante las ofensas. El que, lejos de sentirse arrastrado por la codicia de lo ajeno, reparte a manos llenas de lo suyo. El que, a impulsos de una entrañable piedad, se inclina al pronto perdón, pero sin desviarse de la justicia con una indulgencia más allá de lo razonable. El que no comete pecado y, en cambio, llora las culpas ajenas como propias. El que se conduele cordialmente de la flaqueza del prójimo y se congratula de su bien, como si se tratara del provecho personal. El que en todas sus obras predica con el ejemplo sin tener de qué avergonzarse, al menos por lo que al pasado se refiere. El que emplea la vida en regar con el caudal de su doctrina los corazones resecos de sus hermanos. El que, mediante la asidua práctica de la oración, ha llegado a comprobar por experiencia que puede al­canzar del Señor cuanto pidiere, considerando como dirigidas a él las palabras del profeta: Aún no habrás acabado de hablar, cuando te responderé: Aquí me tienes.

Supongamos que se nos presentara por las buenas un individuo con la pretensión de que mediásemos en favor suyo ante un poderoso enfadado con él. De no conocerlo, le responderíamos sin más: «Dis­pensa, pero mal pudiera hablar por ti a un señor de quien ni soy amigo, ni siquiera conocido». Ahora bien, si uno rehuye hacer de conciliador ante un seme­jante por el hecho de no gozar de su confianza, ¿con qué cara se arroga el oficio de mediador entre Dios y su pueblo quien no se sabe en la amistad divina con una vida santa? O ¿cómo se atreve a implorar del Señor misericordia para los demás quien ignora si está en paz con él?

De la Regla pastoral de San Gregorio Magno, papa (P. 1, cap.  10; PL 77, 23 A)

 

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Ciclo A, Cristo Rey

Posted by pablofranciscomaurino en noviembre 30, 2008

Servir al Rey y reinar con Él

 

Estamos acostumbrados a recordar con algo de preocupación el Evangelio del día de hoy. Es que asusta un poco eso de que algunos serán puestos a su izquierda y oirán de boca de Dios: «¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles!»

Pero vale la pena revisar las otras lecturas para descubrir que Dios está aquí, que viene en busca de sus ovejas; se ocupará de ellas como el pastor que se ocupa de su rebaño, las llevará a descansar. Incluso buscará a la que esté perdida, volverá a traer a la que esté extraviada, curará a la que esté herida, reanimará a la que esté enferma, velará por la que esté sana; las cuidará con justicia.

El universo entero le quedará sometido, y así vencerá al mal, y pondrá a todos sus enemigos bajo sus pies, hasta el último de sus enemigos: la muerte.

Solo el Rey de reyes, el Señor de los señores, el dueño de la creación puede lograr todo eso. Por tal razón, se celebra hoy la solemnidad de Cristo Rey.

Súbditos de ese eterno soberano como somos, podremos llegar a escuchar su alentadora promesa: «Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo».

¿Vimos hambrientos y les dimos de comer? ¿Vimos sedientos y les dimos de beber? ¿Vimos forasteros y los recibimos, o sin ropa y los vestimos? ¿Vimos enfermos o en la cárcel, y los fuimos a ver? El Rey dijo que cuando lo hicimos con alguno de los más pequeños de sus hermanos, se lo hicimos a Él.

A estas obras de misericordia corporales hay que añadir las espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir con cariño y prudencia al que se equivoca, consolar al triste, perdonar las ofensas, sufrir con paciencia los defectos de los demás, rogar a Dios por los vivos y por muertos.

¿Queremos vivir inmensamente felices en el Cielo, junto al Rey? En este momento, al final del año litúrgico, ¡qué bien cae este examen de conciencia! Comencemos este año que viene con el propósito firme de servir.

 

 

 

 

 

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