Hacia la unión con Dios

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La nueva Jerusalén, ¿aquí?

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 3, 2016

 

“Y oí una voz que clamaba desde el trono: ‘Esta es la morada de Dios con los hombres; Él habitará en medio de ellos; ellos serán su pueblo y Él será Dios-con-ellos; Él enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte ni lamento, ni llanto ni pena, pues todo lo anterior ha pasado. […] Al que tenga sed yo le daré de beber gratuitamente del manantial del agua de la vida. Yo seré Dios para él, y él será hijo para mí.’ […] A su luz caminarán las naciones, y los reyes de la tierra llevarán a ella sus riquezas. No habrá que cerrar sus puertas al fin del día, ya que allí no habrá noche. Traerán a ella las riquezas y el esplendor de las naciones. Nada manchado entrará en ella, ni los que cometen maldad y mentira, sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero.” (Apocalipsis, capítulo 21)

Además se puede leer en Isaías (capítulo 11) algo que, contradiciendo algunas exégesis, tendría el mismo sentido:

“El lobo habitará con el cordero, el puma se acostará junto al cabrito, el ternero comerá al lado del león y un niño chiquito los cuidará. La vaca y el oso pastarán en compañía y sus crías reposarán juntas, pues el león también comerá pasto, igual que el buey. El niño de pecho jugará sobre el nido de la víbora, y en la cueva de la culebra el pequeñuelo meterá su mano. […] No cometerán el mal, ni dañarán a su prójimo en todo mi Cerro santo, pues, como llenan las aguas el mar, se llenará la tierra del conocimiento del Señor.”

Ya es hora de hacer realidad estos pasajes evangélicos:

Veo a un hombre darle el paso a otro en el tráfico, a otro pedirle perdón a alguien después de estrellar su carro y pagarle todos los daños, más allá se observa cómo un joven ayuda a una anciana a pasar la calle y todos los autos se detienen con calma para que no tenga que apurarse. Los transeúntes sonríen y se saludan los choferes, las filas son respetadas…

En los bancos, teatros y demás lugares públicos se ve la cortesía y la urbanidad en las colas, los ancianos son pasados adelante; nadie fuma, el licor es tomado moderadamente; los espectáculos son sanos y preservan la moral; en las tiendas la atención es esmerada y educada, pero no solamente por el interés económico…

La tecnología y la ciencia están al servicio del hombre y no al revés. En los congresos científicos se enseña todo si egoísmos, buscando más que el reconocimiento, el bienestar del hombre en sus aspectos biológico, psicológico y espiritual…

Con la economía sucede lo mismo: es para el hombre y no el hombre para ella.

Ya casi no hay trabajo para los abogados: todos tratan de solucionar sus problemas de común acuerdo. Solo se los busca para llenar algunos requisitos indispensables…

La ecología es prioridad para todos…

Los escritores dedican todos sus esfuerzos a propagar buenas costumbres… En las comunicaciones, los medios destacan lo bueno, informan con veracidad…

Empleados y patrones se tratan con justicia…

En el comercio, se acabó la competencia y fue reemplazada por la cooperación. Solo se venden productos útiles y no se crean necesidades…

Ya no existe la pornografía ni el machismo, ni la degradación de la mujer…

Ellas ganan un buen salario, trabajando medio tiempo, para poder dedicarse a la educación de los hijos…

La política está al servicio del pueblo y no de intereses particulares…

La educación es una de las principales prioridades de los gobiernos…

La gente es consecuente con su manera de pensar: no hay católicos de segunda categoría, todos luchan a diario por ser mejores en todos los aspectos. La ascética es pelea de todas las almas y la mística acompaña a muchos…

Se respetan otras formas de pensar. No se discute ni siquiera con un poco de acaloramiento sobre las diferencias, sino que se habla de lo que unifica y enriquece…

La gloria de Dios y la paz entre los hombres es la meta principal de todos.

Como se ve, a cada uno le corresponde hacer algo por la nueva Jerusalén.

¿Utopía de ingenuos? Lo seguirá siendo hasta que comencemos, con Jesús.

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Ciclo B, domingo de resurrección

Posted by pablofranciscomaurino en abril 14, 2009

 

 

Busquen las cosas de arriba

 

Es muy triste encontrarse con cristianos que todavía no han entendido el mensaje de Jesús. Él no vino a solucionar nuestros problemas terrenales: personales, familiares, laborales, económicos o sociales; Él vino para pagar nuestras culpas y llevarnos al Cielo, a la felicidad absoluta. Y nos enseñó todo lo que debemos saber para conseguir este objetivo.

Debemos dar por supuesto que, si cumplimos lo que nos pide, seremos también felices aquí y, como si fuera poco, solucionaremos muchos de nuestros problemas terrenales; pero eso será una consecuencia, no la finalidad de la vida del cristiano.

La vida terrenal es apenas “una mala noche en una mala posada”, como dijo santa Teresa de Jesús. El mensaje cristiano se centra en la Resurrección: Jesús resucitó, y nosotros lo haremos también: a una vida feliz, inmensamente feliz, eternamente feliz, absolutamente feliz. En la tierra la felicidad que se puede alcanzar es relativa; no absoluta.

Es más: de hecho ya estamos resucitados si hemos sido bautizados, pues vivimos con esa meta en la mira: quien todavía pone todas sus esperanzas en las cosas temporales está muerto; muerto en vida, como si no se hubiera bautizado.

Por eso, san Pablo nos enseña en la segunda lectura que si hemos sido resucitados con Cristo, debemos buscar las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Nos dice que por lo único que vale la pena luchar es por las cosas de arriba, no por las de la tierra.

También Jesús le dijo a Marta que una sola cosa es la necesaria: el Reino de Dios, el Cielo. ¿Es así? ¿Se nos nota que es eso lo único que buscamos? ¿Está nuestro interés centrado ahí?

Recordemos que dijo que al que busque el Reino de Dios todo se le dará por añadidura. ¡Felicidad absoluta allá y felicidad relativa aquí! ¿Qué más queremos?

¿O es que estamos todavía como los apóstoles, que no habían entendido todavía la Escritura, como dice el Evangelio de hoy?

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