Hacia la unión con Dios

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Ciclo A, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Posted by pablofranciscomaurino en junio 28, 2011

El alimento del alma

Dios, cuando les dio maná a los judíos, quería enseñarles que no sólo de pan vive el hombre, sino que todo lo que sale de la boca de Dios es vida para el hombre.

Los hizo pasar necesidad y los puso a prueba, para colmarlos mejor después con su propia Carne y su propia Sangre.

Pregunta san Pablo: La copa de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Así, siendo muchos formamos un solo cuerpo, porque el pan es uno y todos participamos del mismo pan.

Y eso es a lo que ahora llamamos comunión: unión común. No una unión figurativa, simbólica; es la unión real con Jesús y con todos los que reciben el Sacramento de la Eucaristía: sus almas están vinculadas espiritualmente con un vínculo más fuerte que cualquiera material; vínculo que lleva a sentirnos hermanos de verdad, a ayudarnos, a trabajar por el bienestar de los demás.

Pero, además de esa comunión, hay más: el que coma de este pan vivirá para siempre: «El que come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en Mí y yo en él. Como el Padre, que es vida, me envió y Yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por Mí».

Una vez confesados de nuestros pecados mortales o habiendo hecho un acto de contrición para los pecados veniales, la comunión frecuente del Cuerpo de Cristo nos hace permanecer en Él y Él en nosotros: nuestros actos, palabras, pensamientos y hasta nuestros sentimientos se irán identificando día a día con los de Jesús; Él va eliminando nuestros egoísmos, nuestra soberbia, nuestra codicia, nuestros yerros… etc., de manera que pueda entrar en nuestra vida, poco a poco, y transformarnos, para bien nuestro y de los que están a nuestro alrededor… Hasta que vivamos por Él, como Él mismo lo dijo.

Transformados a la imagen de Jesús podremos hacer muchas cosas como Él, incluso milagros. Vale la pena iniciar este camino.

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¿Está Jesús realmente presente en la Hostia y el Vino consagrados?

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 18, 2008

Veamos la Biblia:

«Después tomó pan y, dando gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Esto es mi Cuerpo, que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía.” Hizo lo mismo con la copa después de cenar, diciendo: “Esta copa es la alianza nueva sellada con mi Sangre, que es derramada por ustedes”». (Lc 22, 19–20)

«Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen y Coman; esto es mi Cuerpo”. Después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo: “Beban todos de ella: esto es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que es derramada por una muchedumbre, para el perdón de sus pecados”.» (Mt 26, 26–28)

«Durante la comida Jesús tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: “Tomen; esto es mi Cuerpo.” Tomó luego una copa, y después de dar gracias se la entregó; y todos bebieron de ella. Y les dijo: “Esto es mi Sangre, la sangre de la Alianza, que será derramada por una muchedumbre.”» (Mc 14, 22–24)

«El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió diciendo: “Esto es mi Cuerpo, que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía.” De igual manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi Sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía.” Fíjense bien: cada vez que comen de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte del Señor hasta que venga. Por tanto, el que come el pan o bebe la copa del Señor indignamente peca contra el Cuerpo y la Sangre del Señor. Cada uno, pues, examine su conciencia y luego podrá comer el pan y beber de la copa. El que come y bebe indignamente, come y bebe su propia condenación por no reconocer el cuerpo.» (1Co 11, 23–29)

¿Está Jesús realmente en la Eucaristía? ¿Quiso Jesús hacer de ese un acto simbólico?

Dice la Biblia:

«La sangre de Jesús, el Hijo de Dios, nos purifica de todo pecado.» (1Jn 1, 7)

Y Jesús mismo advirtió:

«En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su Sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi Carne y bebe mi Sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. Mi Carne es verdadera comida y mi Sangre es verdadera bebida. El que come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en mí y yo en él.» (Jn 6, 53–56)

Como se sabe, Jesús fundó una Iglesia para toda la posteridad. Por eso sus palabras tienen vigencia todavía hoy, y la seguirán teniendo hasta el fin del mundo, por los siglos de los siglos.

Entonces, ¿dónde puedo encontrar ese Cuerpo de Cristo sin el cual no tengo vida en mí, con el que vivo de vida eterna, según el mismo Jesús? ¿Dónde puedo encontrar esa Sangre de Cristo que me purifica de todo pecado, sin la cual no tengo vida en mí y con la que vivo de vida eterna?

La Sangre de Cristo se derramó en el Calvario hace cerca de veinte siglos, y muy lejos de donde yo vivo. El Cuerpo de Cristo ya no estaba en el sepulcro cuando llegaron los apóstoles…

Las respuestas están en la Biblia:

«La copa de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo?» (1Co 10, 16)

Ahora veamos un acontecimiento que narra el Nuevo Testamento en Jn, 6 32–67:

«Jesús contestó: “En verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. El pan que Dios da es Aquel que baja del cielo y que da vida al mundo.” Ellos dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les dijo: “Yo soy el pan de vida”. […] Los judíos murmuraban porque Jesús había dicho: “Yo soy el pan que ha bajado del cielo”. […] Los judíos discutían entre sí: “¿Cómo puede este darnos a comer su Carne?” Jesús les dijo: “En verdad les digo que si no comen la Carne del Hijo del hombre y no beben su Sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi Carne y bebe mi Sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. Mi Carne es verdadera comida y mi Sangre es verdadera bebida. El que come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en mí y yo en él.” […] Así habló Jesús en Cafarnaún enseñando en la sinagoga. Al escucharlo, cierto número de discípulos de Jesús dijeron: “¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá escucharlo?” Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les dijo: “¿Les desconcierta lo que he dicho?” […] A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirlo. Jesús preguntó a los Doce: “¿Quieren marcharse también ustedes?”»

Como se ve, a pesar de que se apartaban muchos de su lado, Jesús no se retractó: siguió afirmando explícitamente que Él es el pan de vida y que hay que comer su Carne y beber su Sangre para tener vida; y lo repitió 3 veces, como reiterándolo, aun a pesar de quedarse solo, sin sus discípulos.

En cada partícula de la Santa Hostia y en cada gota minúscula del Vino ya consagrados, están el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo.

Tomado del libro:

RAZONES DE NUESTRA FE. 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2003.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

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