Hacia la unión con Dios

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¿Somos sectarios?

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 20, 2008

Jesús no decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué persigues a los cristianos?»; decía: «¿Por qué me persigues?» (Hch 9, 4). Es que todo lo que hagamos contra los discípulos de Jesús se lo hacemos a Él.

 

Precisamente, los que persiguen a Jesús son los sectarios:

 

«Ustedes los reconocerán por sus frutos. ¿Cosecharían ustedes uvas de los espinos o higos de los cardos? Lo mismo pasa con un árbol sano: da frutos buenos, mientras que el árbol malo produce frutos malos. Un árbol bueno no puede dar frutos malos, como tampoco un árbol malo puede producir frutos buenos». (Mt 7, 16-18)

 

Uno de los frutos de los árboles buenos es la paz:

 

«Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios». (Mt 5, 9)

 

«Finalmente, hermanos, estén alegres; sigan progresando; anímense; tengan un mismo sentir y vivan en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes». (2Co 13, 11)

 

El segundo fruto bueno es la unidad.

 

«¡Qué bueno y qué tierno es ver a esos hermanos vivir unidos! Allí el Señor otorgó su bendición, la vida para siempre.» (Sal 132, 1. 3)

 

«Les ruego, hermanos, en nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor, que se pongan todos de acuerdo y terminen con las divisiones; que encuentren un mismo modo de pensar y los mismos criterios». (1Co 1, 10)

 

Porque donde hay unidad, allá está Dios:

 

«Un solo cuerpo y un mismo espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma esperanza. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, que actúa por todos y está en todos. (Ef 4, 4-6)

 

El mismo Jesús deseaba esa unidad. Por eso dijo:

 

«Que todos sean uno como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado». (Jn 17, 21)

 

Y el tercer fruto es el amor:

 

«No tengan deuda alguna con nadie, fuera del amor mutuo que se deben, pues el que ama a su prójimo ya ha cumplido con la Ley. Pues los mandamientos: no cometas adulterio, no mates, no robes, no tengas envidia y todos los demás, se resumen en estas palabras: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace nada malo al prójimo; el amor, pues, es la manera de cumplir la Ley. (Rm 13, 8-10)

 

«Queridos míos, amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.» (1Jn 4, 7)

 

Pero el verdadero amor llega más lejos:

 

«Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto. Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos. Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la espalda. Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo”. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores, para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. Y si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se comportan así. Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo». (Mt 5, 38-48)

 

Es más, Jesús nos dio una medida para el amor que debemos tenernos los cristianos:

 

«Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado». (Jn 13, 34)

 

Y, ¿cómo nos amó Jesús? Dando su vida por nosotros.

 

Precisamente por eso nos reconocerán como discípulos de Cristo, porque nos amamos:

 

«En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros.» (Jn 13, 35).

Tomado del libro:

RAZONES DE NUESTRA FE. 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2003.

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

 

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Decálogo de tácticas de enganche

Posted by pablofranciscomaurino en julio 29, 2008

 1.  La nueva doctrina debe reemplazar la realidad. Para esto se altera la historia o se ignora para hacerla consecuente con la nueva creencia, se hace énfasis en que es más válida, verdadera y cierta que la experiencia.

2.  Se hace que los miembros del nuevo grupo aparezcan contentos y entusiastas todo el tiempo; de este modo los “nuevos” van suprimiendo sus propios sentimientos y no pueden desarrollar su capacidad de juicio. Se aclara que todos los males son resultado de falta de fe o de fallas en el comportamiento.

3.  Se comprimen las ideas de la nueva doctrina en frases cortas -clichés- muy sonoros, fácilmente memorizables y fácilmente expresables. Esas ideas se van metiendo en el ambiente de manera que se enaltezca lo bueno del grupo y lo malo de los demás; también se utilizan para rechazar todo lo que pueda contradecir la nueva creencia. Se utiliza un lenguaje divisor, exageradamente solemne. Es el lenguaje de no pensar, de no hacer juicio alguno ni sobre el o los dirigentes ni sobre el credo. Este lenguaje “cargado” da un sentido de seguridad a su gente y aísla a los individuos del mundo exterior.

4.  A la nueva doctrina se le da altura de ciencia sagrada, de verdad absoluta, más allá de todo cuestionamiento. Se exige para ella reverencia creciente. El o los dirigentes tienen todas las respuestas, son los que poseen la revelación de la verdad. Un cuestionamiento sobre ellos o sus enseñanzas tiene visos de irreverencia y sacrilegio.

5.  A medida que se “progresa” los nuevos participantes deben ser cada vez más crédulos, hasta llegar a exigírseles que publiquen sus errores, aun los más íntimos, siempre en presencia del o de los líderes, no para aliviar las penas ni con finalidad terapéutica, sino más bien como un acto de rendición. Así se va diluyendo el “yo”, se anula o se explota el talento personal en beneficio del grupo.

6.  Se imprime en los cerebros la idea de que todo es negro o blanco. De este modo, las ideas, sentimientos y acciones coherentes con la ideología y la política del grupo son buenas, mientras que las que las podrían cuestionar son malas.

Se induce a pensar que en nombre de la nueva ideología todo se puede hacer: la bondad o maldad de un acto dependen de si va en pro de la doctrina del grupo. Se crea un mundo estrecho de culpa y vergüenza. Uno de esos actos malos, por ejemplo, es la deserción.

7.  Los seguidores son merecedores de la vida; sus detractores, de la muerte. A los “de afuera” se les permite vivir solo si cambian y entran a la organización. Los “de adentro” viven así con el temor de ser declarados “muertos”. De esta manera el “creyente” piensa que solo es si cree, si obedece, si está ”dentro”.

8.  Para provocar patrones de conducta específicos se hacen “estallar” sentimientos místicos: los dirigentes son “iluminados” por una “aura” de misterio, son los llamados a realizar “una gran misión”, se muestran como los “guardianes de la verdad”. Así mismo, los “escogidos” tienen el “privilegio” de participar en esa importante misión, y se pueden asociar a los que no pertenecen a su organización solo para beneficiar la causa.

9.  Se controla lo que los adeptos ven, oyen, leen, escriben, expresan o experimentan. Se les excluye cualquier cosa distinta a la doctrina del grupo. Y finalmente les hacen creer que todo se sabe de un modo místico: lo que pasa y lo que va a pasar. Entonces el individuo queda aislado del exterior, no tiene capacidad de reflexión interna y pierde su identidad fuera del grupo.

10.  Se da al dinero el apelativo de “demonio” para cualquier uso que no sea el de pagar el diezmo a la comunidad. Es en este momento que este autómata pierde lo único que le quedaba: su dinero.

 

 

  

 

 

 

 

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