Hacia la unión con Dios

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¿La dirección espiritual ejercida por laicos?

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 13, 2018

La historia de la Iglesia está plagada de fieles laicos que fueron excelentes directores espirituales: santa Teresita del Niño Jesús, por ejemplo, dirigía a las novicias del convento de Lisieux; santa Catalina de Siena, aun antes de hacerse terciaria dominica, es decir, siendo todavía seglar, fue escogida por muchos para ser dirigidos por ella; se contaban entre ellos varios sacerdotes que la llamaban madre espiritual o simplemente mamá. Como estos dos —una religiosa y otra seglar—, hay varios ejemplos de laicos (no clérigos) y seglares (no religiosos) que fueron directores espirituales.

Otro ejemplo más numeroso: existe la Prelatura Personal del Opus Dei, que está dividida en dos secciones: la masculina y la femenina. Entre ellos, desde su fundación —1928 y 1930, respectivamente—, únicamente fieles laicos han dirigido siempre a todos sus miembros (más de cien mil en la actualidad), pues en esa prelatura los sacerdotes son confesores, no directores espirituales de los fieles laicos: directoras espirituales mujeres para la sección femenina y directores espirituales varones (laicos y, además, seglares) para la sección masculina. Y así está estipulado en sus normas (constituciones), aprobadas por la Iglesia.

Aunque el director espiritual ideal es el presbítero, el Espíritu Santo ha escogido a muchos seglares laicos para ejercer esa delicada e importantísima labor, como lo acabamos de mostrar. En estos tiempos se ha producido una verdadera crisis de directores espirituales sacerdotes, pues muchos de ellos dicen no tener tiempo o no lo tienen, o porque no están preparados para ello, como se verá más abajo. Por eso, el Espíritu Santo ha tenido que suplir esa falta incrementando las personas laicas seglares con los carismas (dones) necesarios para este servicio.

Para complementar este tema, se sugiere leer estos 2 documentos: uno está el escrito de una mujer del Vaticano, profesora del Instituto Superior de Ciencias Religiosas en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum (Roma), en el que se deduce que las mujeres pueden ser directoras espirituales, si tiene las condiciones. El documento se llama: Cualidades de una buena dirección espiritual:

https://wp.me/pfQgb-O7

El segundo documento es: La dirección espiritual. Allí están consignadas las características clave para la dirección espiritual adecuada y para elegir bien al director espiritual. De dodos modos es muy delicado elegir bien al director espiritual: tiene que ser una persona de oración, de intensa vida interior, lleno del amor de Dios (que se le note en todas sus actitudes), delicadísimo en el trato (aunque fuerte cuando hay que serlo), lleno de la virtudes natural, sobrenaturalcardinal de la prudencia, muy bien formado doctrinalmente y consciente de la grandísima responsabilidad que tiene su misión:

https://wp.me/pfQgb-I3

Son muy pocos quienes afirman que es preferible que el director espiritual sea un hombre (santa Faustina Kowalska, por ejemplo, no estaba de acuerdo con que las mujeres fueran directoras espirituales, pues decía ella que algunas características de la femineidad son un riesgo para desempeñar bien esa delicada y gravísima misión).

 

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¿TE GUSTARÍA SER PASIONISTA SEGLAR?

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 31, 2011

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Como en el tiempo de Jesucristo, hoy también son multitudes las que lo siguen: quienes lo buscan únicamente por los milagros, quienes lo siguen para escuchar su Palabra y hallar consuelo en ella…

Pero, también como en el tiempo de Jesucristo, hoy casi todos huyen de Él cuando se dirige hacia la Cruz… Efectivamente, después de la institución de la Eucaristía, Jesús se levanta y se encamina al Huerto de los Olivos para iniciar su dolorosísima Pasión, con su Corazón traspasado de amor por nosotros, y nos pide, como antaño, que lo acompañemos:

También Jesús decía a toda la gente: «Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y que me siga. » (Lc 9, 23)

«¿Negarse uno mismo? ¿Cargar con la cruz?» —se preguntan asombrados—; y le vuelven la espalda a Jesús.

Y la huida de la Cruz lleva ya veinte siglos…

Pero, así como María y Juan —el adolescente puro y por lo tanto valiente—, algunos (pocos en relación con el montón) son capaces de seguir a Cristo hasta el final: los mártires —proclamados y no proclamados—, aquellos que se han ofrecido como víctimas por la salvación de las almas y para reparar la gloria de Dios ofendida por nuestros pecados; estos son los que aman verdaderamente a Jesucristo, estos son los que están dispuestos a amar con el Amor de Dios, estos son los que están impresionados porque Jesús dio la vida por ellos, y desean dar la vida por Jesús.

¡Ya basta de templos llenos de feligreses que piden y piden y piden…; ahora comienza la era de los que ofrecen su vida para trabajar por el Reino de Dios y su Justicia (cf. Mt 6, 33)! ¡Ya basta de criaturas que desean que el Creador sea su servidor; ahora comienza la era de los que han venido a servir y no a ser servidos (cf. Mc 10, 43), como pidió Jesús: «hagan como el Hijo del Hombre, que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida» (Mt 20, 28)! ¡Ya basta de cristianos de segunda categoría! ¡Comienza la era de los que aman de verdad a Dios sobre todas las cosas!

Hace un poco más de tres siglos nació un hombre que comprendió el abismo infinito del Amor de Dios, y quiso participar —lo hizo durante más de 50 años— de la Pasión, la Cruz, la Muerte y la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo: se llamaba Pablo Francisco Danei, y la Iglesia lo conoció como san Pablo de la Cruz.

Por inspiración divina, fundó la Congregación de la Pasión de Jesucristo, que está constituida por sacerdotes, religiosas y religiosos que meditan, viven y predican la Pasión del Hijo de Dios.

Pero su apostolado llega a muchos seglares que, inspirados en las lágrimas y el ejemplo de la vida del fundador y el de sus seguidores, les nace la profunda aspiración de acompañar a Jesús hasta las últimas consecuencias. Logran participar así místicamente de su Cruz, entrando en el misterio del amor doloroso, del dolor amoroso, con el que inician un proceso de purificación de sus apegos para amar totalmente a Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (cf. Dt 6, 5), hasta vivir y morir por Él, si es necesario.

Sin embargo, si se mira la historia y el momento presente, es muy pobre la respuesta de la humanidad a la inmolación amorosa de Jesús: millones de almas lo desconocen e ignoran lo que Él hizo por ellas; aun entre los bautizados la ignorancia es impresionante; y hay sacerdotes que también huyen de la Cruz… Esta verdad apremia a los que aman a Dios de una manera tal que, llevados por ese Amor, están dispuestos a los sacrificios más grandes para cambiar el curso de los acontecimientos. Se dicen a sí mismos que si el sacrificio de Cristo en la Cruz abrió de nuevo las puertas del Cielo a los hombres, cualquier sacrificio unido al de Cristo será eficaz para propagar esa Buena Noticia y hacer cambiar los corazones de los hombres.

Pero, ¿qué pueden hacer los seglares?

Mucho. Su vida personal, familiar, laboral y social puede estar empapada de la eficacia de la Cruz de Cristo: es en esa vida ordinaria donde encuentran a Jesús, donde pueden amarlo cumpliendo cabalmente sus obligaciones de hijos de Dios, de esposos, de padres, de hermanos, de ciudadanos, de empleados o patronos, de amigos y miembros de una comunidad… Ahí, en su vida cotidiana, asoma, a veces, la Cruz de Cristo: es Jesús, que busca quién lo ayude a salvar almas, quién complete en su carne los sufrimientos de Cristo: «Ahora me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, pues así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo para bien de su cuerpo, que es la Iglesia. (Col 1, 24)

Y, ¿cómo vivir esto?

¿Qué tal siguiendo la espiritualidad de los Pasionistas? ¿Qué tal consagrándote a meditar la Pasión de Jesús?

Incontables seglares lo han hecho durante estos ya casi tres siglos: santa Gemma Galgani, Lucia Burlini, Ines Gracci y otros muchos (conocidos y desconocidos) consiguieron la perfección cristiana viviendo la espiritualidad pasionista en medio del mundo, sin actos jurídicos, sin pertenecer oficialmente a una cofradía o tercera orden, pues san Pablo de la Cruz no fundó sino la Congregación de la Pasión de Jesucristo (masculina) y las Religiosas de la Pasión de Jesucristo (de clausura).

Se trata de un acto estrictamente espiritual, en el que la persona se consagra voluntariamente a meditar con asiduidad la Pasión de Jesús, y a ponerse en disposición para que el Espíritu Santo la ayude a experimentarla místicamente, como la vivió en su alma nuestra Santísima Madre Inmaculada, la Virgen de Dolores y, finalmente, a predicarla con su ejemplo y, en la medida de lo posible, con la palabra.

Además, le ofrece a Dios todos sus trabajos, penas y oraciones por la santidad y el fruto apostólico de los y las pasionistas de todo el mundo.

He aquí la autorización oficial de la Congregación:

AUTORIZACIÓN DE LA CONGREGACÓN

Continúa, si lo deseas, leyendo el siguiente artículo:

COMPROMISOS DE LOS PASIONISTAS SEGLARES

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