Hacia la unión con Dios

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Las señales del cristiano

Posted by pablofranciscomaurino en noviembre 1, 2013

¿Cómo se distingue un cristiano auténtico? ¿Será acaso porque se sabe de memoria muchas citas bíblicas, con sus números de capítulos y versículos? ¿O porque carga la Biblia bajo el brazo?…

«Quizá sea porque asiste a Misa, reza y se casa por lo católico», dirá alguno…

Tal vez haya algo más qué añadir: se podría decir que el verdadero católico es aquel que cumple los 10 mandamientos de la Ley de Dios y los 5 de la Santa Madre Iglesia y ejercita las obras de misericordia… Pero, ¿será esta la esencia?

¿Cómo se distingue un cristiano? Veamos:

«¿Cosecharían ustedes uvas de los espinos o higos de los cardos? Lo mismo pasa con un árbol sano: da frutos buenos, mientras que el árbol malo produce frutos malos. Un árbol bueno no puede dar frutos malos, como tampoco un árbol malo puede producir frutos buenos». (Mt 7, 16-18)

Uno de los frutos de los árboles buenos es la paz:

«Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios». (Mt 5, 9)

Paz que proviene de la sabiduría:

«En cambio la sabiduría que viene de arriba es, ante todo, recta y pacífica, capaz de comprender a los demás y de aceptarlos; está llena de indulgencia y produce buenas obras, no es parcial ni hipócrita. Los que trabajan por la paz siembran en la paz y cosechan frutos en todo lo bueno. (St 3, 17-18)

El segundo fruto bueno es la unidad:

«Les ruego, hermanos, en nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor, que se pongan todos de acuerdo y terminen con las divisiones; que encuentren un mismo modo de pensar y los mismos criterios». (1Co 1, 10)

Porque donde hay unidad, allá está Dios:

«Un solo cuerpo y un mismo espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma esperanza. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, que actúa por todos y está en todos. (Ef 4, 4-6)

El mismo Jesús deseaba esa unidad. Por eso dijo:

«Que todos sean uno como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado». (Jn 17, 21)

Y el tercer fruto es el amor:

«No tengan deuda alguna con nadie, fuera del amor mutuo que se deben, pues el que ama a su prójimo ya ha cumplido con la Ley. Pues los mandamientos: no cometas adulterio, no mates, no robes, no tengas envidia y todos los demás, se resumen en estas palabras: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace nada malo al prójimo; el amor, pues, es la manera de cumplir la Ley. (Rm 13, 8-10)

Pero el verdadero amor llega más lejos:

«Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto. Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos. Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la espalda. Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo”. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores, para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. Y si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se comportan así. Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo». (Mt 5, 38-48)

Es más, Jesús dio una medida para el amor que debemos tenernos los cristianos:

«Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado». (Jn 13, 34)

Y, ¿cómo nos amó Jesús? Dando su vida por nosotros. Por lo tanto, si queremos ser buenos discípulos de Jesús, nuestro Maestro, es necesario que demos la vida por los demás.

Precisamente por eso nos reconocerán como discípulos de Cristo, porque nos amamos:

«En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros.» (Jn 13, 35).

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Ciclo C, III domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 3, 2010

La verdadera libertad

 

Los nazarenos debieron quedar estupefactos cuando Jesús leyó el pasaje: «Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista», y peor quedarían cuando dijo que esa Escritura se estaba cumpliendo en ese momento.

¿Quién era él para hacer esa afirmación tan atrevida? ¿Se creía tan importante como para ser el Enviado descrito por el profeta Isaías?

Su infinita humildad hizo que no realizara los signos y milagros que en otras regiones demostraron que el Espíritu del Señor sí estaba sobre Él.

Ese es el estilo de la sabiduría: quieta, callada y ocultamente, sin que se sepa, llega a los humildes —no a los sumisos, como se acostumbra a definir hoy esa virtud—, a quienes obran en concordancia con el conocimiento propio, a quienes saben que nada es suyo (que todo es prestado por Dios), a los pobres.

La pobreza no es no tener sino saber que nada es propio. A estos llega el Mensaje de Dios, la Noticia de su salvación, por la Cruz de Cristo.

También llegó a los cautivos, que saben ahora que existe la auténtica libertad: la emancipación de las malas inclinaciones, de las dependencias, de las esclavitudes…

El hombre está oprimido por ellas, y la manera más fácil de liberarse es seguir el camino que Cristo ya recorrió: darse a los demás, si es necesario hasta el dolor, y hasta la muerte, aunque no creamos tener suficiente para dar, ya que Él nos prestará lo que tengamos que dar.

Y, además, llegó a todos los ciegos… A nosotros, por ejemplo, que olvidamos a menudo que Él está con nosotros, y que debemos cumplir la misión que nos corresponde en este mundo.

¿Qué nos detiene para convertirnos por fin en parte del Cuerpo de Cristo, el único hombre que ha sido verdaderamente libre, el Único que nos llevará a la auténtica libertad, que tanto perseguimos?

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