Hacia la unión con Dios

Posts Tagged ‘Sencillez’

La “sabiduría” de este mundo

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 12, 2017

“Lo propio de la sabiduría de este mundo es ocultar con artificios lo que siente el corazón, velar con las palabras lo que se piensa, presentar lo falso como verdadero y lo verdadero como falso” (S. Gregorio Magno, Morales, 10, 48. PL 75, 947); pero nosotros “no debemos ser sabios y prudentes según la carne, sino más bien sencillos, humildes y puros. Nunca debemos desear estar por encima de los demás sino, al contrario, debemos, a ejemplo del Señor, vivir como servidores y sumisos a toda humana criatura, movidos por el amor de Dios.” (S. Francisco de Asís, BAC 399, Madrid 1978, p. 57)

 

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SAN JOSÉ

Posted by pablofranciscomaurino en noviembre 9, 2014

La vida ordinaria vista por Dios

Dios le promete a David que de su descendencia nacerá alguien a quien pondrá con poder en el trono y permanecerá firme hasta la eternidad. Por eso, el Evangelio nos muestra a José, descendiente de David, como el encargado de ese trono eterno lleno de poder: Jesucristo, la segunda persona de la Santísima Trinidad.

Abraham creyó y esperó contra toda esperanza, llegando a ser padre de muchos Como él, José también creyó, llegando a ser el padre putativo del Hijo de Dios. Y las palabras aplicadas a Abraham se le pueden decir a José: No dudó de la promesa de Dios ni dejó de creer; por el contrario, su fe le dio fuerzas y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que cuando Dios promete algo, tiene poder para cumplirlo.

¿Creemos así? ¿Esperamos así? ¿Somos, como este hombre, así de justos?

El hombre justo por antonomasia fue el escogido para realizar una de las misiones más importantes de cuantas hayan existido: cuidar humanamente de Jesucristo y de su Madre, la Santísima Virgen María.

Bajo su vigilancia vivieron estos dos seres en quienes no había mancha alguna. Y él tuvo el privilegio de permanecer con ellos. ¡Oh, vida tan sencilla y a la vez magnífica…!

¿Cuándo comprenderemos que las grandezas de Dios están casi siempre escondidas en los pequeños detalles de cada día? ¿Cuándo nos daremos cuenta de que Dios está con nosotros, en la vida ordinaria? ¿Cómo es posible que no lo veamos con los ojos del alma en cada circunstancia de nuestra vida?

Él está allí, mirándonos, amándonos. Nuestra vida personal, familiar, laboral, social, está toda bajo la mirada de Dios: así como se complacía observando la vida familiar de Jesús, María y José, hoy se complace con cada uno de nuestros pensamientos, palabras, obras… Pidamos a san José que nos ayude, con su intercesión, a comportarnos a la altura de ese divino espectador.

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‘Hay que ambicionar’

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 9, 2014

Es un estribillo que se nos repite desde niños: «Hay que ser ambiciosos». Actualmente se cree que cuanto más se posee tanto más feliz se es; pero la experiencia histórica nos ha demostrado que tanto los que lo creen como los que poseen son infelices.

¡Cuánto dinero se gasta en la actualidad para realizar viajes, en comprar carros o casas lujosas o joyas o vestidos, en adquirir el último modelo de computador, en tener una finca!; y, ¡cuánto se necesita para ayudar a los enfermos, a los que no tienen educación, a los hambrientos, a los destechados, etc.!

Hoy son tantos los que pretenden riquezas materiales, y tan pocos los que luchan por alcanzar las riquezas que nunca mueren: las espirituales.

En nuestros días son muchos los que desean conseguir el poder para llenar sus egoísmos, y muy pocos quienes aspiran al poder para servir.

También hoy se ven bastantes hombres y mujeres esclavizados por obtener dignidades o fama, mientras que escasean los que, llenos de humildad y sencillez, van tras metas menos superficiales.

Los placeres se erigen hoy en dioses. Ya casi no hay seres humanos libres para amar, puesto que están esclavizados por su cuerpo, al que dedican todos sus esfuerzos con un servilismo que raya en la enajenación mental. Son pocos los que saben que solo son verdaderos seres humanos los que están libres para desarrollarse y ayudar a desarrollar a los demás.

Tal ambición está haciendo de este mundo una multitud de seres solitarios.

La dignidad del hombre es muy alta para ambicionar cosas pequeñas. ¿No sería mejor ambicionar valores? ¿Qué tal, por ejemplo, fomentar la generosidad? ¿Hasta cuándo vamos a robotizar al ser humano, convirtiéndolo en un ente consumista, hedonista, egoísta y pagado de sí mismo?

¿Por qué no recordar otra vez que esta vida es un viaje hacia la eternidad, que somos peregrinos y que la otra vida es nuestra mayor ambición? Disminuiría tanta codicia terrenal, compartiríamos más, nos alejaríamos de ese egocentrismo que nos está acabando lentamente, no nos dejaríamos de compadecer del dolor ajeno… ¡Seríamos más libres y más humanos! Y creceríamos todos.

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Suicidio, Fe y humildad

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 3, 2012

Hay una íntima relación entre la Fe y la humildad: quien es consciente de su condición de criatura tiene pocas probabilidades de perder la Fe; por el contrario, quien comete el error de subordinar la Fe a la razón —trastrocando la esencia del ser humano— corre el riesgo de ponerse “por encima de las creencias” y llegar hasta establecer la inexistencia de Dios.

Por eso, siempre se ha explicado que el ateo es el menos humilde de los seres humanos, ya que se erige a sí mismo como el principio rector de las cosas, por encima de Dios: no acepta más criterio que el suyo propio.

Y también por eso, la Iglesia enseña que el suicidio es un pecado: Cada cual es responsable de su vida delante de Dios que se la ha dado. Él sigue siendo su soberano Dueño. Nosotros estamos obligados a recibirla con gratitud y a conservarla para su honor y para la salvación de nuestras almas. Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella.” (Catecismo, 2280). Y los “trastornos psíquicos graves, la angustia, el temor grave de la prueba, el sufrimiento pueden disminuir la responsabilidad del suicida” (2282), pero no eliminarla. Hubo una época en la que —sin que esta fuera jamás la posición oficial de la Iglesia— casi ningún sacerdote sepultaba cristianamente a un suicida: le negaban las pompas fúnebres a sus deudos, por más tristes que estuvieran y por más insistentes que se mostraran.

En resumen: quien es humilde reconoce a un ser superior, no solamente creador, sino dueño de la vida y rector de todas las criaturas. Y, basados en este criterio, tanto los santos místicos como los padres de la Iglesia han explicitado en sus escritos que al soberbio le queda muy difícil aceptar la Fe. Es por esto que Jesucristo afirmó: “El que crea se salvará. El que no crea se condenará.” (Mc 16, 16). Eso mismo han dicho siempre los santos y los Padres de la Iglesia, como san Policarpo, obispo y mártir: “Cristo ha de venir como juez de vivos y muertos y Dios pedirá cuenta de su sangre a quienes no quieren creer en Él” (Flp 3).

Y también por esto la vida es simplemente una prueba de Fe (también es prueba de obediencia y de amor).

Queda, pues, patente que es un error poner la razón por encima de la Fe. Es que, según el mismo Dios, “el conocimiento llena de orgullo”(1Co 8, 1).

Somos simples criaturas a las que no solamente se les dio la razón sino también la Fe —infinitamente superior a la razón— para que alcancemos la dicha eterna, para la cual fuimos creados.

Quien se hace consciente de su condición de criatura, quien es humilde, es capaz de llegar más lejos en el camino de la auténtica felicidad: no se martiriza con dudas ni se pone a estudiar filosofía y religiones para elaborar criterios de vida… Vive en la simplicidad, en la sencillez y en la humildad de quien se sabe pequeño frente al Dios omnipotente, sapientísimo y misericordioso en extremo, que vela por él, que lo ama y que no permite sino lo que le conviene; y no duda del amor divino, porque sabe que Jesucristo demostró ese amor infinito al dar la vida por él. Por eso repite con san Pablo: “Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí” (Ga 2, 20).

Así se llega a la conclusión de que es más sabio no tratar de explicar la Fe a través de la razón, pues a la razón le es imposible alcanzar cosas tan elevadas.

Para ser feliz basta asumir —de una vez y para siempre— que Dios existe, que somos simples criaturas y que debemos pasar esta prueba de Fe, de obediencia y de amor.

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Humildad, sencillez y simplicidad

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 14, 2011

HUMILDAD:

Virtud que consiste en el conocimiento

de nuestras limitaciones y debilidades,

y en obrar de acuerdo con este conocimiento.

 

 

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SENCILLEZ:

Cualidad de sencillo.

SENCILLO:

Que no tiene artificio ni composición.

 

 

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SIMPLICIDAD:

Cualidad de ser simple, sin composición.

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Ciclo A, XIX domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 16, 2011

El milagro de la Fe

Cada vez que nos cuentan la escena de san Pedro caminando sobre el agua, su miedo y su caída, nos entra en el corazón la idea de que, como él, también nos hundiríamos por nuestra falta de fe.

Efectivamente, es frecuente que en nuestra vida nos hayamos encontrado con muchos episodios en los cuales dudamos de Dios o, lo que es lo mismo, confiamos más en otras cosas: nuestras capacidades, estudios, experiencia, el haber aprendido a sortear algunos problemas y otras habilidades más…

Otras veces, lo que nos sucede es que pretendemos que Dios actúe siempre en forma extraordinaria, con milagros…

O creemos que se presenta solamente con signos portentosos visibles, como le pasó a Elías, según cuenta la primera lectura. Hoy Dios no acostumbra a venir de un modo prodigioso o extraordinario; lo hace casi siempre en forma callada, velada, en el silencio de la oración, como una suave brisa, como dice el texto.

Y se presenta a las almas sencillas, humildes. Si revisamos la historia de la Iglesia, observaremos que los verdaderos milagros se operan en aquellos seres que no están llenos de sí mismos, que se sienten simples criaturas frente a un Dios todopoderoso, que se dan cuanta de sus limitaciones, que trabajan con sencillez por la felicidad de los demás, por la Iglesia, por el Reino de Dios…

Por eso san Pablo nos cuenta en la segunda lectura que siente una tristeza muy grande y una pena continua, hasta el punto que desearía ser rechazado y alejado de Cristo —que es a quien él más añora— en lugar de sus hermanos. Es que él desea que todos seamos inmensamente felices junto a Dios.

Queda como lección que quien desee, con egoísmo, hacer o ver milagros, nunca los hará ni los verá. Pero aquellos que no se buscan a sí mismos, sino que prefieren servir a Dios y a sus hermanos, calladamente, serán testigos del milagro más grande del amor de Dios: la fe, la suave brisa de la conversión, la paz y el gozo interiores que da Dios a los que lo aman verdaderamente.

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Ciclo A, XIV domingo del Tiempo Ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en julio 11, 2011

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

La paz prometida

Zacarías nos dice hoy a los católicos que saltemos llenos de gozo, que lancemos gritos de alegría. Esas suelen ser las cosas que hacemos al conseguir triunfos, cuando logramos una meta luchada por mucho tiempo: el «sí» de la novia a la propuesta de matrimonio del novio, una graduación, un premio por una investigación, un ascenso en la empresa…

Pero el profeta de la primera lectura nos da la razón más trascendental: el que viene sentado en un burrito dictará la paz a las naciones.

Desdichadamente, ya han pasado más de dos mil años desde que Jesús entró a Jerusalén, triunfante, montado en ese burrito, y no se ve la paz anunciada. ¿Qué pasó? ¿Acaso fracasó Dios?

En la segunda lectura se nos empieza a explicar la razón: los bautizados ya no deben estar en la carne, sino vivir en el espíritu, pues el Espíritu de Dios habita en ellos. Y la paz proviene de quienes viven en el Espíritu de Dios.

Y, ¿quiénes tienen ese espíritu? No los que viven según la carne, pues si viven según la carne, necesariamente morirá en ellos la paz; más bien los que dan muerte a las obras del cuerpo mediante el espíritu, y viven. Preguntémonos: ¿Vivimos todavía según las normas de este mundo, de la carne?

En el Evangelio, Jesús completa la explicación: «Yo te alabo, Padre, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla… Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso. Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.» ¡La paz prometida!

Pero, ¿somos gente sencilla? Es una condición que Él exige. ¿O, más bien nos creemos «sabios» y «entendidos»?

¿Somos, como Él, mansos y humildes de corazón? ¿Lo escuchamos cuando nos invita: Vengan a mí los cansados…, carguen con mis leyes suaves y ligeras?

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Pensamientos de santa Maravillas de Jesús*

Posted by pablofranciscomaurino en enero 29, 2011

 

  • “Yo no quiero la vida más que para imitar lo más posible la de Cristo.”

  • “Veo al Señor cargado de los tesoros de su amor y necesitando almas vacías donde poder depositarlos”.

  • “Si le somos fieles, cada día aumenta la capacidad de amarlo. ¡Qué felicidad!”

  • “Yo no quiero saber otra cosa sino amar al Señor. ¡Qué pequeño, qué nada se ve el mundo y qué insensatas todas las luchas y deseos que en él hay!”

  • “Cada vez comprendo más la nada de todo lo que no es Dios y siento la imperiosa necesidad de amarlo y olvidarme de mí por completo para que sólo Él viva en mí.”

  • “Este tiempo de la vida tan corto hemos de aprovecharlo con alegría, ofreciéndole con gozo todo cuanto suceda, que todo es para que crezcamos en el amor.”

  • “Sí, ámenlo mucho, así con obras, sin mirar para nada nuestro consuelo.”

  • “El amor del Señor no tiene límites, que no lo tenga tampoco el nuestro.”

  • “¡Cómo tenemos que ser con Él y qué delicadezas de amor tenemos que tener; que amor con amor se paga!”

  • “Hágalo todo con mucho amor a Cristo y ahí está todo.”

  • “Nada nos puede quitar el vivir con Él, amándolo y procurando agradarlo y consolarlo.”

  • “¡Como paga el Señor la menor cosa que se hace por su amor!”

  • “Considerando que Dios se hizo hombre por nuestro amor, no sé cómo no nos volvemos todos locos de amor por Él.”

  • “¿No sabe que me enamoré del Hijo de María y cada día y cada segundo me gusta más, lo quiero más y más y más?”

  • “Las obras de Dios tienen que llevar su sello, que es el de la cruz. Cuando Él lo quiera, todas las dificultades se desharán como la espuma.”

  • “Tenemos que ser como Él nos quiere; así es como podremos ayudarlo de veras.”

  • “No esté triste, pase lo que pase. Las penillas al fondo del Corazón de Cristo, y en el suyo sólo su amor y su gloria.”

  • “Dejémonos purificar, iluminar y consumir por Él, que Él solo es la razón de nuestra vida…”

  • “Él se ha quedado en el sagrario para que lo amemos, lo imitemos, para ser nuestra fortaleza y nuestro consuelo.”

  • “Viva Cristo en mí y yo en Él. ¡Qué felices somos! Nadie nos puede quitar esta felicidad, que nunca disminuye si el alma es fiel; cada día que pasa es más grande, y en el cielo será infinita.”

  • “Es de veras un dolor que se pase la vida sin procurar imitar a Cristo.”

  • “Si de veras lo servimos y lo amamos, eso es la santidad.”

  • “Como Cristo, mansos, obedientes, humildes y llenos de caridad verdadera.”

  • “¿Por qué no lo conocerán y lo amarán todas sus criaturas? Porque no lo conocen, que si lo conociesen, no podrían no amarlo”.

  • “Si Él está contento, ¿qué más podemos querer?”

  • “Si has nacido para morir de amor, ¿qué te importa todo lo demás?

  • “Aprenda en el Corazón de su Madre como se ama a Jesús.”

  • “Tomemos por modelo a la Virgen Santísima y permanezcamos con Ella al pie de la cruz, con viva fe y perfecto amor.”

  • “Bendito sea nuestro Dios, que nos dio a su Madre por Madre nuestra.”

  • “¡Qué dicha es tener a María por Madre! No pierda tan dulce compañía, que con Ella está siempre Jesús.”

  • “Si se entrega de veras a Ella, lo llenará del amor de su Hijo.”

  • “He tomado a la Virgen Santísima por Madre de un modo especial, y Ella es la encargada también de prepararme, protegerme y ampararme. ¡Qué buena es esta dulcísima Madre!”

  • “¡Que hermosa es la oración del Rosario! Lo más eficaz, tanto para la conversión como para el mayor fervor de la vida, es el rezo del santo Rosario. Jesús dará a su Madre todo cuento le pida”

  • “El Señor es el único que puede tocar los corazones, y la oración nunca deja de ser escuchada.”

  • “Con el recogimiento interior y exterior, oración y limpieza de alma, vivamos una vida interior en una conversación íntima con nuestro Dios, por una continua oración.”

  • “¡Que hermoso es prescindir de criaturas y ver a Dios en todas!”

  • “No olvide que todo nos viene de Jesús por María.”

  • “Intérnese en ese Corazón de Jesús donde tiene hecho su nido y viva ahí, abandonada y segura, sólo para Él.”

  • “Nada estorba a la santidad si somos fieles.”

  • “¡En la soledad habla Él más al corazón!”

  • “Los santos fueron santos, porque quisieron, con inmenso querer, ser fieles.”

  • “La santificación se forja cuando Dios va quitando al alma todo, y la deja como en un inmenso desierto.”

  • “Los santos son los que verdaderamente son poderosos, porque tienen al mismo Señor con ellos.”

  • “¡Que fácil se hace servir y agradar a Dios en cuanto uno se olvida un poquitín de sí mismo y no quiere guiar su vida, sino abandonarla de manos de Dios!”

  • “¡Que pequeño es todo lo de esta vida; lo único que importa es que dejemos que se cumpla en nosotros plenamente la santa voluntad de nuestro Dios!”

  • “Queriéndolo Él y pensando que se le da gusto, todo lo amargo se vuelve dulce y lo desabrido sabroso.”

  • “El Señor nunca deja de inspirar al alma lo que debe hacer, siempre que ella lo escuche en vacío de todo lo suyo.”

  • “Es una felicidad el estar colgados de la providencia del Señor y ver con qué delicadísimo amor lo prepara Él todo.”

  • “Sin Él nada podemos, pero con Él, todo.”

  • “No quiero sino confiar a ciegas y esperar contra toda esperanza, sin ocuparme de mí.”

  • “El Señor nos lo arregla todo, aunque le guste apretar un poquito para que luego lo apreciemos más.”

  • “¡Cuánto hace gozar la verdadera caridad!”

  • “La caridad para con Dios se mide por la caridad que se tiene con el prójimo, y ésta roba el Corazón del Señor y…el de las criaturas también.”

  • “Necesito vivir olvidada, desconocida, despreciada, lo más cerca posible de su vida santísima. No tengo más que esta vida, y quisiera darle durante ella todo el dolor, toda la humillación que sea posible.”

  • “El Señor busca almas vacías, para llenarlas de Sí.”

  • “El camino de la propia santificación es el santo misterio de la cruz.”

  • “La cruz es un tesoro del cual no nos quiere privar este Rey nuestro, que conoce tan bien su valor.”

  • “Más nos acerca a Dios una temporadita de cruz que todos nuestros pobres esfuerzos.”

  • “En la cruz es donde más se logra la unión con Cristo nuestro Bien.”

  • “¡Cómo bendeciremos en la otra vida la bendita cruz!”

  • “El fruto del sufrimiento es estar cada día más cerca de Dios.”

  • “¡Cuantas cosas pasadas…, pero Cristo no pasa!”

  • “Con Él todo se hace suave y dulce, aun lo más amargo.”

  • “Cristo nos guarda, y con Él ¿qué hay que temer?”

  • “¿Miedo a la muerte? Si la muerte no es más que echarse en las manos de Dios.”

 

 

 

 

 

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Ciclo C, II domingo de Cuaresma

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 9, 2010

¿Aceptar la cruz?

 

Los apóstoles preferidos, Pedro, Juan y Santiago, asisten a la transfiguración del Señor: en una montaña a la que habían ido, desprevenidamente, a acompañar a Jesús a orar. Su rostro cambió y sus vestidos brillaban de blancos.

Así es Él; su gloria aparece en los momentos más sencillos de nuestras vidas, inesperadamente. Lo que pasa es que no lo vemos con tanta claridad, no sentimos su amable presencia en nuestras vidas, no siempre lo descubrimos en los acontecimientos diarios.

Los hombres de fe, que además son sencillos, tienen esa agudeza visual de los ojos del alma: lo ven en cada circunstancia, oyen en cada momento amargo el llamado amoroso de sus labios, sienten sus delicadas reprensiones en sus conciencias…; y, lo que es mejor, siguen todas esas indicaciones para responder así a tanto amor.

Pero hay algo que siempre precede, como una firma divina, a esos acontecimientos: la cruz.

Esa cruz de cada día, esos sufrimientos, grandes o pequeños, de los que nadie puede escapar, las penalidades que, como por arte de magia, Dios convierte en el abono que hace más fecunda la acción de su gracia en nosotros.

No la desdeñemos, no le tengamos miedo, abracémosla con valentía, especialmente en esta época de preparación para la Semana Santa. Miremos a Jesús, cargando con su Cruz —con todos nuestros pecados—, generoso como ninguno, llegar a derramar toda su Sangre por amor.

Para lograr esta hermosa meta, basta que unamos todas nuestras pequeñas cruces a la Cruz donde se realizó la Redención. Así podremos conseguir, como en la transfiguración de Jesús, la transformación de «nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo».

Y así, curiosamente, encontraremos la paz.

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Santa María, Madre de Dios

Posted by pablofranciscomaurino en enero 4, 2009

 

 

Cómo obtener la sabiduría

 

De todos los títulos que se han dado a María, ¿cuál es el mejor? El calendario litúrgico está lleno de ellos. Pero el hecho de que sea la Madre de Dios, hace de ella la criatura más excelsa de las todas.

Nuestra madre no formó nuestras almas, solo nuestros cuerpos y, sin embargo, son nuestras madres. Así, María, la que formó el cuerpo de Jesús, es Madre Dios.

Esta sorprendente realidad, que repetimos cada vez que rezamos el avemaría, fue la que avistaron los pastores que corrieron al pesebre: Dios hecho hombre, su santísima Madre y su padre adoptivo.

Solo las mentes sencillas, sin complicaciones ni enredos, solo los que se saben criaturas de Dios, es decir, los humildes, pueden alcanzar el deleite de los prodigios de Dios, siempre escondidos en la pequeñez de la vida diaria, ocultos a los «sabios» y «doctos». Esa es otra de las paradojas cristianas: muchos de los que se creen instruidos en la ciencia, en la tecnología, en las artes, y aun en la filosofía, la doctrina y la teología están más lejos de la felicidad.

Aunque nos sea de utilidad, no necesitamos la instrucción —caudal de conocimientos adquiridos—, sino la sabiduría: conducta prudente en la vida, esto es, saber de dónde venimos y para dónde vamos, y cuál es la dirección que debemos dar a nuestras vidas.

Solo con la actitud de ponernos frente a Dios, observar detenidamente su grandeza y nuestra pequeñez, y empezar a deducir todo lo que de ello se desprende, se inicia el camino de la verdadera sabiduría. Y al final está la entraña de la dicha sin fin.

María, la Madre de Dios, que es también Madre nuestra y asiento de la sabiduría, puede obtenerla para nosotros y para nuestros seres queridos. ¿No es este el momento para comenzar a ser sabios? ¿Qué esperamos? Pidámosle a Ella su intercesión para llegar a su Hijo, que es la Sabiduría encarnada.

 

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Ciclo A, XIX domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 19, 2008

El milagro de la Fe

Cada vez que nos cuentan la escena de san Pedro caminando sobre el agua, su miedo y su caída, nos entra en el corazón la idea de que, como él, también nos hundiríamos por nuestra falta de fe.

Efectivamente, es frecuente que en nuestra vida nos hayamos encontrado con muchos episodios en los cuales dudamos de Dios o, lo que es lo mismo, confiamos más en otras cosas: nuestras capacidades, estudios, experiencia, el haber aprendido a sortear algunos problemas y otras habilidades más…

Otras veces, lo que nos sucede es que pretendemos que Dios actúe siempre en forma extraordinaria, con milagros…

O creemos que se presenta solamente con signos portentosos visibles, como le pasó a Elías, según cuenta la primera lectura de hoy: Dios no acostumbra a venir de un modo prodigioso o extraordinario; lo hace casi siempre en forma callada, velada, en el silencio de la oración, como una suave brisa, como dice el texto.

Y se presenta a las almas sencillas, humildes. Si revisamos la historia de la Iglesia, observaremos que los verdaderos milagros se operan en aquellos seres que no están llenos de sí mismos, que se sienten criaturas frente a un Dios todopoderoso, que se dan cuanta de sus limitaciones, que trabajan con sencillez por la felicidad de los demás, por la Iglesia, por el Reino de Dios…

Por eso san Pablo nos cuenta en la segunda lectura que siente una tristeza muy grande y una pena continua, hasta el punto que desearía ser rechazado y alejado de Cristo —que es a quien él más añora— en lugar de sus hermanos. Es que él desea que todos tengamos el beneficio de ser inmensamente felices junto a Dios.

Queda como lección que quien desee, con egoísmo, hacer milagros, nunca los hará. Pero aquellos que no se buscan a sí mismos, sino que prefieren servir a Dios y a sus hermanos, sin aspavientos, calladamente, serán testigos del milagro más grande del amor de Dios: la fe, la suave brisa de la conversión, la paz y el gozo interiores que da Dios a los que lo aman verdaderamente.

 

 

 

 

 

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