Hacia la unión con Dios

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Principales Razones de las divisiones entre los cristianos

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 6, 2015

 

Arrianismo

Doctrina de Arrio, que enseñaba, acerca de la Trinidad, que el Hijo no es igual al Padre, que no es de la misma naturaleza y que no participa de su eternidad. La divinidad de Cristo no era sino secundaria y subordinada.

Desaparecido.

 

Donatismo

Cisma del obispo Donato, que negaba todo valor a los sacramentos administrados por los obispos indignos o los juzgados como tales.

Desaparecido.

 

Nestorianismo

En lugar de atribuir a la única persona de Jesucristo las dos naturalezas divina y humana, Nestorio enseñaba que en Jesucristo coexistían dos personas, una divina y otra humana.

No hay informe de número de fieles (muchos se han mezclado con los monofisistas).

 

Iglesias Antiguas Orientales, Monofisistas o no Calcedonianas

Doctrina que rechaza la formulación de las dos naturalezas del Hijo.

Las integran unos 22 millones de fieles.

 

Iglesias Orientales (llamadas por ellos ortodoxas)

Separadas doctrinalmente por no aceptar la afirmación de que el Hijo, además de proceder del Padre, también procede del Espíritu Santo. Se aúna a esto el hecho de que no aceptan el primado del sucesor de Pedro, ni de su sede, Roma.

Deben añadirse factores políticos (traslado del imperio de Constantino a Bizancio, penetración de pueblos bárbaros y musulmanes) y algunos factores geográficos.

Se suman quejas por ritos y costumbres.

Cerca de 150 millones de fieles.

 

Iglesia Veterocatólica

Rechazan el dogma de la infalibilidad papal. En lo demás, son muy parecidos a los católicos.

Un poco más de medio millón de fieles.

 

Iglesias Luteranas

La gratuita santificación del hombre por la gracia, con la cual se hace justo, es contraria, según Lutero, al ambiente eclesiástico que lo rodeaba: el mundo de la curia romana, las penitencias monacales, la predicación de las indulgencias, la veneración de los santos, las peregrinaciones a santuarios marianos, la sutil teología escolástica.

De aquí se derivan muchos de los principios que ilustrarán a otras Iglesias, Comunidades Eclesiales, Movimientos Religiosos, Grupos y Sectas de la mayor variedad: total soberanía de la Biblia sobre cualquier otro tipo de autoridad, negación de la Tradición de la Iglesia, permanencia de la condición pecadora del hombre, el perdón es gratuito, incondicional e inmerecido y se ofrece por la redención de Cristo (se manifiesta con el arrepentimiento y la reparación), temor a que la mediación de María pueda atentar a la única mediación de Cristo, se rinde culto solo a Dios, no existe el purgatorio, el centro de la Iglesia está en la predicación, el bautismo confiere al fiel el hecho de ser sacerdotes (no es un sacramento especial), etc.

Martín Lutero nunca pensó en fundar una nueva Iglesia, sino reformarla, no tanto en las costumbres, como en las creencias.

El número de creyentes miembros de la Federación Luterana Mundial es de 62 millones; se cree que fuera de ellos hay unos 20 ó 22 millones más, lo que daría un gran total de 82 a 84 millones de fieles, aproximadamente.

 

Iglesias Reformadas o Presbiterianas

Doctrina de Juan Calvino (se llama también «calvinismo»). Afín al Luteranismo, contempla la predestinación (está decidido por Dios quién se va a salvar y quién no), es de carácter más universal que el Luteranismo, se gobierna por presbíteros y ancianos (no hay obispos) y se celebra la Cena una vez al mes, consumiendo ambas especies y creyendo en una presencia espiritual de Cristo en ella.

Aproximadamente 70 millones de fieles.

 

Iglesias Anglicanas/Episcopalianas

Originada por Enrique VIII, quien se enfrentó al Papa, porque no le aprobó su divorcio con Catalina de Aragón. Diferentes actuaciones del Parlamento ingles hicieron posible el establecimiento de una nueva Iglesia nacional.

65 millones de fieles, aproximadamente.

 

Iglesias Congregacionalistas

Nace de movimientos no–conformistas. Se da toda la importancia a la asamblea de creyentes (su nombre lo toman de este hecho), autonomía total de la parroquia, doctrinalmente cercanos a los presbiterianos.

Cerca de 2 millones de fieles.

 

Iglesias Bautistas

Sus organizadores son John Smyth y Thomas Helwys, pero sus raíces están en el anabaptismo (re–bautizar a quienes habían recibido el bautismo siendo niños).

Se diferencian de los anteriores en una conversión basada en un «nuevo nacimiento», es congregacionalista (no hay presbíteros ni obispos, sino pastores y ancianos, ministerio que puede ser ejercido por cualquiera), cada Iglesia es independiente, bautismo por inmersión y solamente a los adultos, se hace la santa cena (un simple «recuerdo» de la última cena), total separación de la Iglesia y el Estado.

Conforman este credo más de 50 millones de fieles.

 

Comunidades de los Cuáqueros o Sociedad Religiosa de los Amigos

Comunidad cristiana libre, fundada por George Fox, no conformista, de espíritu místico decepcionado de la Iglesia Anglicana. Se llega a Dios sin mediadores, liturgia ni sacramentos. Libertad religiosa, negación a participar en cultos, ir a la guerra o hacer distinciones entre las clases sociales.

Unos doscientos mil fieles.

 

Iglesias Metodistas

Resultado de un «despertar religioso» propuesto por John Wesley, quien nunca pensó formar comunidades separadas de la Iglesia de Inglaterra. Prácticas piadosas, lecturas metódicas del Nuevo Testamento, ayunos en ciertos días, examen de conciencia diario, austeridad en el vestir, visitas a enfermos… Conversión y entusiasmo por una vida de perfección cristiana (experiencia sensible). Las Sagradas Escrituras se interpretan libremente.

Cerca de 50 millones.

 

Comunidades Pentecostales

De los «despertares religiosos» americanos con influencias metodistas, nacen estas comunidades, para experimentar de nuevo el Pentecostés.

Fenómeno transconfesional.

Infalibilidad literal de la Biblia, aceptación de la doctrina de la justificación por la fe, gran énfasis en la santificación obrada por el Espíritu Santo, cumplida en el Bautismo «de Espíritu» y manifestada en varios carismas: don de lenguas, sanidad o curación por la fe, y la profecía. Bautismo de agua, siempre por inmersión.

Son muchas las denominaciones. Por eso las cifras halladas varían mucho: desde unos 6 millones, hasta 30 ó 40 millones de fieles.

 

Iglesias Adventistas

Desde su fundación (hecha por William Miller) estudian en la inminente segunda venida de Cristo, vaticinada para 1843, 1844 y varias fechas más. Ellen Gould Harmon (la señora White) las impulsó grandemente. También hacen énfasis en la guarda del sábado y no del domingo. Además, afirman que el alma no es inmortal, que los justos vivirán en la tierra un milenio con Cristo, tras lo cual irán al cielo y que los impíos serán definitivamente aniquilados. El cuerpo es templo del Espíritu Santo y, por lo tanto, debe cuidarse: vegetarianismo, desaprobación del café, té, carne de cerdo, licor y tabaco.

No hay números confiables de fieles.

 

Evangelicalismo, evangelismo o evangélicos

Con frecuencia en el lenguaje popular se usa este término de manera imprecisa, porque con él se hace referencia a cualquier grupo de tipo protestante o incluso no cristiano.

Pero el término «evangélicos» designa las agrupaciones o movimientos de tipo «libre empresa religiosa» que tienen su origen en Estados Unidos durante el siglo XIX y se han difundido a partir de allí en América Latina.

Afirman lo siguiente: los verdaderos cristianos son los que han tenido una experiencia personal de conversión («nuevo nacimiento» o «santificación») y están dispuestos a dar testimonio y a convertir a otros (debe hacerse una predicación intensa); la fuente de la fe es la Biblia, que es la palabra divina, y todo intento de interpretación crítica de ella es una apostasía de la fe; el retorno de Cristo está próximo, y los creyentes deben prepararse a recibirlo; hay una total degradación de la naturaleza humana producida por el pecado, y el hombre se salva sólo mediante la fe personal en la muerte expiatoria de Cristo, gracia que Dios concede sólo a quien Él quiera; los sacramentos no son instrumento de la gracia ni son instrumentos para la salvación.

Aunque los evangélicos están conformados por grupos que tienen tendencias muy diversas, se agrupan en el «Movimiento Evangelical», que tiene en la actualidad más de 175 millones de seguidores.

 

Mormones

Joseph Smith, originario de una familia metodista del estado de Vermont, Estados Unidos, ante el fenómeno de las múltiples denominaciones cristianas y diferentes «despertares» religiosos, se cuestiona acerca de la verdadera comunidad querida por Dios mismo. En una visión se le comunica que todas las sectas están equivocadas. Y en una segunda visión, el ángel Moroni le revela la existencia de unas tablas escondidas, en las que está encerrada la plenitud del evangelio eterno. En 1827 encuentra las planchas de oro escritas en un idioma llamado egipcio reformado, que traduce al inglés (traducción que debía hacerse con la ayuda de dos piedras que venían en el cofre junto con las tablas, llamadas Urim y Zummim) y publica en 1830 con el nombre de Libro de Mormón. Luego, las tablas son llevadas por el ángel al cielo.

Se afirma que uno de los últimos reyes nefitas, Mormón, dejó por escrito en tablas de oro las crónicas que siglos después el ángel Moroni haría descubrir al profeta Smith.

En abril de ese año queda constituida su iglesia. Después de un largo éxodo, debido a las persecuciones, se asientan definitivamente en Utah, donde fundan la ciudad de Salt Lake City, que desde 1847 será el centro religioso de la fe mormona.

En el Libro de Mormón, Smith afirma que «La grande y abominable iglesia [se refiere a la Iglesia Católica] por encima de todas las iglesias ha adulterado el Evangelio del Cordero en muchas de sus preciosas partes para pervertir los caminos del Señor». Por eso introdujo muchos cambios: en el Nuevo Testamento agregó 128 versículos y cambió otros 1.475, cambiando por completo el sentido de muchos capítulos. Además, los mormones afirman que el Papa es el anticristo.

Su doctrina defiende el bautismo de los muertos, los dos tipos de matrimonios: el terrestre y el celeste, la práctica de la iniciación, el rechazo de la fe trinitaria, la corporeidad de Dios Padre, la revelación progresiva, la eternidad del hombre antes de su nacimiento y su accesibilidad a la condición de dioses, el infierno no existe y se defiende la poligamia (Smith tuvo 27 esposas).

Tienen un gran sentido de familia y pretenden el monopolio de la verdad y plenitud del evangelio su exclusivismo vuelve inútil cualquier diálogo ecuménico. Son muy sobrios en su vida y costumbres, pagan el diezmo a la iglesia, y les están prohibidos el alcohol, el tabaco, el café y otros estimulantes.

Las últimas estadísticas hablan de más de 6 millones de seguidores de la fe mormona.

 

Testigos de Jehová

Charles Taze Russell (1852-1916), de Pittsburg, de origen presbiteriano, frecuenta en su juventud reuniones adventistas. El estudio asiduo del texto bíblico lo lleva a cifrar 1914 como la fecha del juicio final y el comienzo del milenio en el que Cristo reinará durante mil años de paz. Organiza el grupo de los estudiantes de la Biblia y crea la Atalaya, revista que difunde ampliamente sus ideas milenaristas. En 1909, la sede central de la organización se instala en Brooklyn.

Joseph F. Rutherdorf (1869-1942) sucede a Russell, consolida la obra y reinterpreta el significado de 1914: ese año, el mundo tocó a su fin «legalmente». El juez Rutherdorf anuncia para 1925 la llegada a la tierra de los antiguos patriarcas. Años después, la sociedad recibe el nombre de Testigos de Jehová (1931).

Nathan H. Knorr (1905-1978) toma la dirección en 1942 y centraliza todavía más el movimiento alrededor de Brooklyn. Dentro de la mejor tradición jehovista, Knorr anuncia el año 1975 como la fecha para el final del mundo. En 1978, Frederic Franz fue el nuevo presidente y, desde 1993, Milton G. Henschel.

La doctrina de los Testigos reposa en la Biblia, considerada como palabra de Dios y regla de vida. La interpretación que de ella se hace es literalista, rechazando la aplicación de la teoría de los géneros literarios al texto bíblico. El monoteísmo de los Testigos lleva a la negación tanto de la fe trinitaria como de la divinidad de Jesucristo, quien es llamado «el ángel de Jehová» o el arcángel Miguel. María engendró a un ser humano; no es Virgen ni inmaculada ni Madre de Dios. El Espíritu Santo no es persona, sino fuerza activa de Dios. El infierno no existe. Las ideas sobre la redención hecha por Jesús, la salvación del hombre y la inmortalidad del alma presentan divergencias fundamentales respecto a las enseñanzas de todas las Iglesias cristianas.

Cristo no fundó una Iglesia jerárquica; esta es obra de Satán.

La escatología, sin embargo, es el capítulo que especifica a los Testigos. Alrededor de este centro neurálgico gira todo su universo religioso. La clave para su interpretación radica en los distintos modos de resurrección de las gentes, que debe colocarse dentro del esquema de su particular historia del mundo. Tras un Reino de armonía universal que se concluyó con el diluvio, y otro de rebelión y de las obras de Satán que llega hasta 1914, se inicia el último período que es el del milenio en el que Jehová reúne a los Testigos que lucha contra las fuerzas de Satán. Lucha que concluirá con la batalla de Armagedón y en la que los no–Testigos serán aniquilados para siempre. Pero los 144 000 elegidos serán criaturas espirituales y gozarán del cielo. Los otros testigos están destinados a habitar en un paraíso terrestre con felicidad inacabable.

Ahora es el tiempo en el que ya se ha instaurado la teocracia, o el gobierno directo de Jehová en el mundo. Es el momento para anunciar a todos los hombres la necesidad de refugiarse en la sociedad de los Testigos, única posibilidad de llegar a la salvación final.

Se calculan unos 6 millones de miembros.

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¿Quiénes son los Testigos de Jehová?

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 14, 2008

¿Quiénes son los Testigos de Jehová,

Ruselistas o Estudiantes de la Biblia?

El fundador de los Testigos de Jehová, Charles Taze Russell (1852-1916), nació en Pittsburg, fue de origen presbiteriano y frecuentó en su juventud reuniones adventistas.

Por lo tanto, para poder entender su pensamiento, conviene al menos tener una idea sobre lo que son las Iglesias Adventistas, la Iglesia Presbiteriana y la Iglesia Luterana (de la que emergió el presbiterianismo).

Iglesias Luteranas

La gratuita santificación del hombre por la gracia, con la cual se hace justo, es contraria, según Lutero, al ambiente eclesiástico que lo rodeaba: el mundo de la curia romana, las penitencias monacales, la predicación de las indulgencias, la veneración de los santos, las peregrinaciones a santuarios marianos, la sutil teología escolástica.

Martín Lutero nunca pensó en fundar una nueva Iglesia, sino reformarla, no tanto en las costumbres, como en las creencias. Pero de aquí se derivan muchos de los principios que ilustrarán a otras Iglesias, Comunidades Eclesiales, Movimientos Religiosos, Grupos y Sectas de la mayor variedad:

Total soberanía de la Biblia sobre cualquier otro tipo de autoridad, negación de la Tradición de la Iglesia, permanencia de la condición pecadora del hombre, el perdón es gratuito, incondicional e inmerecido, y se ofrece por la redención de Cristo (se manifiesta con el arrepentimiento y la reparación), temor a que la mediación de María pueda atentar a la única mediación de Cristo, se rinde culto solo a Dios, no existe el purgatorio, el centro de la Iglesia está en la predicación, el bautismo confiere al fiel el hecho de ser sacerdotes (no es un sacramento especial), etc.

Iglesia Reformada o Presbiteriana. Es la doctrina de Juan Calvino (se llama también «calvinismo»). Afín al Luteranismo, contempla la predestinación (está decidido por Dios quién se va a salvar y quién no), es de carácter más universal que el Luteranismo, se gobierna por presbíteros y ancianos (no hay obispos) y se celebra la Cena una vez al mes, consumiendo ambas especies y creyendo en una presencia espiritual de Cristo en ella.

Iglesia Adventista. Desde su fundación (hecha por William Miller), estudian la inminente segunda venida de Cristo, vaticinada para 1843, 1844 y varias fechas más. Ellen Gould Harmon (la señora White) las impulsó grandemente. También hacen énfasis en la guarda del sábado y no del domingo. Además, afirman que el alma no es inmortal, que los justos vivirán en la tierra un milenio con Cristo, tras lo cual irán al cielo y que los impíos serán definitivamente aniquilados. El cuerpo es templo del Espíritu Santo y, por lo tanto, debe cuidarse: vegetarianismo, desaprobación del café, té, carne de cerdo, licor y tabaco.

 

Historia de los Testigos

En este ambiente adventista se mueve el fundador de los Testigos de Jehová.

Por eso, el estudio asiduo del texto bíblico lleva a Russell a cifrar 1914 como la fecha del juicio final y el comienzo del milenio en el que Cristo reinará durante mil años de paz. Organiza el grupo de los estudiantes de la Biblia y crea la Atalaya, revista que difunde ampliamente sus ideas milenaristas. En 1909, la sede central de la organización se instala en Brooklyn.

Joseph F. Rutherdorf (1869-1942) sucede a Russell, consolida la obra y reinterpreta el significado de 1914: ese año, el mundo tocó a su fin «legalmente». El juez Rutherdorf anuncia para 1925 la llegada a la tierra de los antiguos patriarcas. Años después, la sociedad recibe el nombre de Testigos de Jehová (1931).

Nathan H. Knorr (1905-1978) toma la dirección en 1942 y centraliza todavía más el movimiento alrededor de Brooklyn. Dentro de la mejor tradición jehovista, Knorr anuncia el año 1975 como la fecha para el final del mundo. En 1978, Frederic Franz fue el nuevo presidente y, desde 1993, Milton G. Henschel.

 

Doctrina de los Testigos

La doctrina de los Testigos reposa en la Biblia, considerada como palabra de Dios y regla de vida. La interpretación que de ella se hace es literalista, rechazando la aplicación de la teoría de los géneros literarios al texto bíblico.

El monoteísmo de los Testigos lleva a la negación tanto de la fe trinitaria como de la divinidad de Jesucristo, quien es llamado «el ángel de Jehová» o el arcángel Miguel. María engendró a un ser humano; no es Virgen ni inmaculada ni Madre de Dios. El Espíritu Santo no es persona, sino fuerza activa de Dios.

El infierno no existe.

Las ideas sobre la redención hecha por Jesús, la salvación del hombre y la inmortalidad del alma presentan divergencias fundamentales respecto a las enseñanzas de todas las Iglesias cristianas.

Cristo no fundó una Iglesia jerárquica; esta es obra de Satán.

La escatología, sin embargo, es el capítulo que especifica a los Testigos. Alrededor de este centro neurálgico gira todo su universo religioso. La clave para su interpretación radica en los distintos modos de resurrección de las gentes, que debe colocarse dentro del esquema de su particular historia del mundo. Tras un Reino de armonía universal que se concluyó con el diluvio, y otro de rebelión y de las obras de Satán que llega hasta 1914, se inicia el último período que es el del milenio en el que Jehová reúne a los Testigos que lucha contra las fuerzas de Satán. Lucha que concluirá con la batalla de Armagedón y en la que los no–Testigos serán aniquilados para siempre. Pero los 144 000 elegidos serán criaturas espirituales y gozarán del cielo. Los otros testigos están destinados a habitar en un paraíso terrestre con felicidad inacabable.

Ahora es el tiempo en el que ya se ha instaurado la teocracia, o el gobierno directo de Jehová en el mundo. Es el momento para anunciar a todos los hombres la necesidad de refugiarse en la sociedad de los Testigos, única posibilidad de llegar a la salvación final.

 

Tomado del libro:

RAZONES DE NUESTRA FE. 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2003.

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

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¿Miedo a exigir?

Posted by pablofranciscomaurino en julio 11, 2008

 

Son muchos los eventos que suceden a diario para demostrar que la Iglesia Católica pierde cada vez más “adeptos”. Y si son incontables los “ex católicos” que pasan a las huestes mormonas, qué no se dirá de los que se unen a los cristianos evangélicos o a los Testigos de Jehová. Además, hoy pululan los que creen en la Nueva Era, entendida de mil formas distintas, y a las sectas…

 

A todos los ciudadanos nos aterra ver cómo los almacenes, las fábricas y las empresas anuncian grandes descuentos en los productos que venden, desde cosas palpables como los carros que cuestan ahora millones de pesos menos, hasta las intangibles como los viajes y los seguros… Así mismo, es impresionante observar las estadísticas en lo referente a la presencia de católicos en los templos, en la solicitud de servicios litúrgicos, de sacramentos, de asesoría espiritual…

 

Esta última, por ejemplo, si se compara con la que brindan los centros de yoga, el esoterismo y los almacenes de venta de velas de colores para cada necesidad, muestra un valor mínimo: muy pocos feligreses creen en la eficacia de la labor sacerdotal que, como ministros de Dios, pueden ejercer.

 

Las editoriales católicas están pasando un momento verdaderamente apremiante desde el punto de vista económico. Si se coteja su situación con las librerías esotéricas y las que venden libros de frutoterapia, aromaterapia, coloroterapia, radioterapia, digitoterapia… es decir, sobre todas las “terapias” posibles, se llegará a la conclusión evidente de que el catolicismo está “de capa caída”.

 

Y algunos sacerdotes se llenan de miedo: cambian la liturgia de los ritos sagrados, desobedeciendo las normas emanadas del Vaticano; se esfuerzan por “llegar” al público con novedosas técnicas de oratoria, música más “alegre”, actitudes más “acordes con el pensar de las gentes de hoy”, llegando muchas veces a perder la modestia, la mesura y la circunspección debidas en un ministro de Dios; otros hablan más de política y de cosas profanas que de aspectos útiles para la gloria Dios y la salvación de las almas, para “no cansar al auditorio y que se nos alejen más fieles”; En fin, se llega a claudicar en aspectos esenciales de nuestra Fe y hasta en los Dogmas que la Iglesia ha proclamado, por ser “más asequibles”…

 

Y, ¿fue Jesús así? No. Por más “mal” que llegase a caer en los ambientes de su época, Él permaneció digno e inflexible, aunque lleno de amor por todos. Es más: esa actitud fue la que lo llevó a una muerte de cruz. No cedió ante los escribas y fariseos a quienes no dudó en llamar sepulcros blanqueados, hipócritas (Mt 23, 27) y otros improperios; ni siquiera claudicó ante Caifás o ante Pilato, cuando podía decir algo para salvarse de la muerte.

 

Y tuvo éxito: hoy, en más de dos tercios del globo terráqueo se dice “antes de Cristo” o “después de Cristo” para dar fechas; hoy el cristianismo sigue siendo todavía la religión con más creyentes…

 

En los momentos difíciles es cuando más se fortalece un ser humano. Asimismo, en las dificultades, los cristianos somos más cristianos: cuando se persigue a la Iglesia aparecen los mártires, cuando un lugar se siembra de mártires crece esa Iglesia local más que nunca, cuando los obispos y los presbíteros son perseguidos se hacen más fuertes, se llenan más de amor por Dios y por su Iglesia, y ese ejemplo mueve a los laicos a ser mejores hijos de Dios…

 

¿Necesitaremos acaso hostigamientos, persecuciones, acosos, para ser otra vez como los primeros cristianos? ¿Vamos a esperar a que lleguen esos momentos?

 

No son las tácticas las que atraerán a los verdaderos católicos. Es nuestro ejemplo de valentía, de obediencia, de sacrificio, lo que lo logrará; es la unión verdadera con Cristo: en la oración frecuente, puntual, perseverante, de diálogo verdadero entre Dios y su criatura; en la cruz de cada día que nos viene o en la que valiente y voluntariamente le ofrecemos por la salvación del mundo y para reparar la gloria que le hemos quitado; es la obediencia delicada a sus leyes y a las de su Iglesia… Es Dios quien mantendrá firme y creciente a la Iglesia Católica. Si creemos que son nuestras habilidades o las tácticas las que evitarán la desbandada de los católicos  o las que nos traerán más adeptos, estamos cometiendo el mismo pecado de Adán y Eva: la soberbia. Y eso no es nada original.

 

 

 

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Desbandada de católicos

Posted by pablofranciscomaurino en julio 11, 2008

 

Hacer una evaluación, parroquia por parroquia, o viajar por el país son, entre otras, las mejores maneras de evaluar lo que está sucediendo en las huestes católicas: grupos de esoterismo, presencia de Testigos de Jehová, satanismo, budismo tibetano y otros y, mucho más extendidas, agrupaciones cristianas no católicas que son ahora sedes llenas de ex católicos. Hay lugares en donde por cada templo católico hay tres iglesias de credos no católicos en las que los pastores aleccionan a los fieles a seguir tras las huellas de fundadores de nuevos modos de ver el cristianismo; y lo que es más: por cada feligrés hay doscientos o trescientos nuevos cristianos: personas que antes conocíamos como evangélicos y más atrás como protestantes.

Preocupados por esa desbandada, muchos prelados y laicos intentan retornarlos o disminuir su éxodo cambiando sus actitudes e intentando mudar la forma —no el fondo— de los ritos, llenándolos de cánticos, de diálogo pastoral, de música, de simpatía…, como si se tratase de la captura de un mercado comercial.

Pocos, en cambio, se han dado a la tarea de examinar los motivos extrínsecos de tales cambios de “religión” y mucho menos los motivos interiores o intrínsecos. Sobresalen los siguientes en orden de prevalencia (del más frecuente al menos):

1. La inexistencia de una “alma” en el catolicismo que impela a un verdadero compromiso de vida. 2. La ausencia de un cambio exterior en los ritos católicos que demuestre los movimientos interiores del alma. 3. La presencia en los otros credos de expresiones externas que muevan el sentimentalismo de las masas. 4. La evidencia de gran cantidad de cambios positivos en drogadictos, delincuentes de la más variada maldad y, especialmente, de seres que, tras etapas de depresión, encuentran cariño y el apoyo psicológico y material que – dicen ellos – no hallaron entre los sacerdotes y religiosos y, mucho menos, entre quienes se llaman católicos.

¿Qué podemos contestar ante estos argumentos?…

Más que contestar bien vale la pena evaluar la situación actual, tanto en la realidad (llegaremos ser la religión menos numerosa del país), realidad imposible de negar, como en las causas de la misma:

¿Por qué se niega la existencia de una “alma” en el catolicismo que impulse a un cambio verdadero de vida en el Señor? No nos dejemos llevar por respuestas simplistas. No es porque no se predique lo suficiente, ni porque el cura no “llega” al feligrés. Es porque esa “alma” del catolicismo es la misma Cruz de Cristo a la que no hemos llegado de veras y con la valentía de algunos de los primeros cristianos; “hasta la sangre”, como decía san Pablo; radicalmente, como lo hizo san Francisco; “… es Cristo quien vive en mí”…

¿Por qué no llegamos a tantos, como los otros? Tampoco conviene dejar esta pregunta sin un profundo análisis. Y la respuesta es la misma: la eficacia no está en nosotros, en nuestras cualidades como predicadores o como hombres piadosos únicamente, está en nuestra unión con la Cruz de Cristo. ¿Cuántas veces nos unimos a ella, no en el sentimiento sino en la realidad? Morir con Cristo en la Cruz cada día es ser el servidor de todos; trabajar, sufrir y dejar toda la satisfacción a los demás; considerase siempre el último de todos, por tanto, contento de ocupar el último lugar; ser indiferente a todo, tanto a los reproches como a las alabanzas, y hasta preferir lo primero; ser siempre condescendientes con las opiniones ajenas; no vivir dando disculpas y explicaciones por los errores cometidos; no hablar de nosotros mismos; que los oficios más humildes sean siempre los nuestros…

Y, principalmente, pureza de intención en la acción menor como en la mayor y unión íntima con el Corazón de Jesús. Aquí está la fuerza del amor de Cristo: en su Cruz.

 

 

 

 

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¿Cuál Biblia?

Posted by pablofranciscomaurino en junio 15, 2008

A primera vista, las diferentes ediciones de la Biblia son iguales. Pero, como se verá, existen diferencias.

Hay algunos libros del Libro Sagrado que se llaman Protocanónicos, de «Proto-», que significa «prioridad, preeminencia o superioridad» porque se los incluyó primero en el canon (catálogo de los libros tenidos como auténticamente sagrados).

Otros, por el contrario, se llaman Deuterocanónicos, que tiene el significado de «segundos», porque se incluyeron en el canon después de un período de dudas.

Con respecto al Antiguo Testamento, ha de saberse que treinta y nueve libros del Antiguo Testamento están escritos en lengua hebrea, y son admitidos por todos los cristianos —incluso por los judíos—; son los protocanónicos.

Los siete restantes: los dos de los Macabeos, Sabiduría, Baruc, Tobías, Judit y Eclesiástico (además de unos pasajes de Daniel y Ester), conforman los libros llamados deuterocanónicos, incluidos en la Biblia Griega, llamada «de los LXX», cuyos originales generalmente están en griego (aunque se ha encontrado que partes considerables también fueron escritas en hebreo y algunos trozos en otras lenguas, como el arameo).

Estos libros deuterocanónicos son aceptados tanto por los católicos, como por los orientales y los anglicanos, pero no por los protestantes, ni por las sectas, movimientos y grupos nacidos de ellos, porque los consideran apócrifos, esto es, no auténticos como Palabra de Dios.

Sorprende saber, sin embargo, que estos 7 libros estuvieron en la Biblia de los protestantes, desde la publicación de Casiodoro de Reina en 1569 y la de Cipriano de Valera en 1602 hasta 1827, cuando las Sociedades Bíblicas los eliminaron, según información del Diccionario ilustrado de la Biblia (protestante).

En lo que se refiere al Nuevo Testamento, son deuterocanónicos otros 7: Hebreos, Santiago, segunda carta de Pedro, segunda y tercera carta de Juan, Judas y Apocalipsis.

Curiosamente, tanto los libros protocanónicos como los deuterocanónicos del Nuevo Testamento —conservados todos en lengua griega—, son considerados inspirados (y por lo tanto del canon) por los protestantes y los grupos, movimientos y sectas derivadas de ellos.

Quiere esto decir que los católicos aceptan como inspirados 73 libros de la Biblia, mientras que los protestantes y sus ramificaciones eliminaron 7, para quedarse con 66.

Por último, dado que la Tradición Apostólica es Palabra de Dios, como se vio, la Biblia católica contiene explicaciones del Magisterio de la Iglesia (notas al pie) sobre algunos textos, para su mejor comprensión.

Debe añadirse aquí que la Biblia que usan los Testigos de Jehová y la de los Mormones está modificada en gran cantidad y que se debe considerar totalmente diferente.

 Tomado del libro:

RAZONES DE NUESTRA FE. 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2003.

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

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