Hacia la unión con Dios

Posts Tagged ‘Testimonio’

El predicador

Posted by pablofranciscomaurino en abril 18, 2017

El predicador principiante confía en el poder de sus palabras;

el avanzado, en el poder de su testimonio;

el perfecto, en el poder de Dios.

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Vea la película: TIERRA DE MARÍA

Posted by pablofranciscomaurino en abril 6, 2015

Querida familia de INFINITO + 1 en Colombia,

¡Muchísimas gracias por todo vuestro cariño, vuestro trabajo de promoción y, sobre todo, vuestras oraciones!

Gracias a la generosidad de incontables personas, TIERRA DE MARÍA se ha podido estrenar en salas de cine colombianas, permaneciendo varios meses en cartelera. Pero la mayor alegría no viene del número de espectadores o de salas, ni de cuántas semanas ha permanecido en cartelera. El gran aplauso surge espontáneo cuando recibimos mensajes preciosos de algunos espectadores para los que TIERRA DE MARÍA ha significado una invitación sencilla y directa a la conversión, a la alegría, a la esperanza… y han aceptado esa propuesta del Cielo. ¡Qué alegría tan grande! No se limitan a decir “me ha gustado” o “no me ha gustado”, sino que Dios se les ha colado en el corazón desde la pantalla, con intención de renovárselo. Hemos de aplaudir esa acción del Espíritu Santo. Sin su intervención, TIERRA DE MARÍA sería un puro entretenimiento o un simple éxito cinematográfico, en el mejor de los casos. No es el fin de ninguna de las produccion es de INFINITO + 1.

Ahora ya tenéis a la venta el DVD de TIERRA DE MARÍA, y el visionado ON LINE en varias plataformas digitales, autorizadas como iTunes y Amazon. También podéis hacer vuestro pedido escribiendo a tierrademariacolombia@infinitomasuno.org o llamando al 3005602294.

También podéis ver TIERRA DE MARÍA en copias piratas o en plataformas piratas. Es la opción de muchas personas, que quieren ver las películas, pero no desean contribuir con su dinero a que sigamos produciéndolas. Que Dios bendiga a todos, sin excepción. Os agradecemos, muy sinceramente, a todos los que soportáis económicamente nuestro trabajo, mediante el pago de la entrada al cine, del DVD o del visionado ON LINE.

Por último, os pido que sigáis rezando por nosotros y por todos los espectadores de TIERRA DE MARÍA en el mundo. Su periplo continúa. Los próximos países: República Dominicana y Brasil.

¡Un grandísimo abrazo a cada uno de vosotros!

Juan Manuel Cotelo

INFINITO MÁS UNO

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¿Es el sufrimiento sólo una consecuencia del mensaje y el testimonio cristianos?

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 7, 2014

 

En algunas facultades de teología enseñan que el sufrimiento de Cristo se debió únicamente a que su mensaje y su testimonio chocaron con el mundo y que, en consecuencia, quien evangeliza y da testimonio tendrá que sufrir por esa razón.

Pero tenemos que ser muy prevenidos cuando escuchamos conceptos que, como estos, están en franca oposición a lo que enseña la Iglesia. Veamos:

Nada más comenzar la carta apostólica Salvifici doloris, sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano, el beato Juan Pablo II, dice:

“Suplo en mi carne —dice el apóstol Pablo, indicando el valor salvífico del sufrimiento— lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia”.

Entonces, el sufrimiento tiene un valor salvífico, según el Santo Padre, ya en proceso de canonización. ¿Pero es el sufrimiento de Cristo o el nuestro?

En la conferencia del cardenal Saraiva Martins sobre el tema: El evangelio del sufrimiento en el magisterio de Juan Pablo II, en la que analiza esa misma carta apostólica[1], dice:

Las tribulaciones de Cristo, hombre-Dios, de valor infinito, no necesitan otros sufrimientos para salvar, pues constituyen la única causa de salvación para todos. El poder ilimitado de sus sufrimientos confiere lo que falta a las tribulaciones de todo hombre que sufre. Sin embargo, es necesario aprovechar los dones que produce la cruz de Cristo. Jesús, por decirlo así, ha preparado un banquete, en el que no falta ningún manjar; lo único que falta es que cada uno ocupe su lugar en la mesa y consuma los manjares preparados también para él. El convidado, ataviado con los sufrimientos que Dios mismo da a cada uno como vestido, completa la mesa.

Y continúa:

Cristo salva por medio de la muerte de su cuerpo de carne; el hombre es salvado y ayuda a salvar con las tribulaciones de Cristo, el cual ofrece a cada uno el don de sufrir como él y con él, a fin de seguir salvando en él, también mediante el sufrimiento de su propia carne. Los sufrimientos del cristiano, vividos juntamente con las tribulaciones de Cristo, permiten donar los beneficios de Cristo a su Cuerpo místico. Así pues, la Iglesia no sólo es el Cuerpo de Cristo salvado por los sufrimientos del hombre-Dios; también es su Cuerpo místico, que sigue salvando al mundo mediante los sufrimientos de sus miembros. Estos completan así, por vocación recibida del Señor, las tribulaciones de Cristo.

Hay aún más:

Impresionan profundamente las palabras del Santo Padre sobre el valor del sufrimiento, cuando afirma que “parece que forma parte de la esencia misma del sufrimiento redentor de Cristo el hecho de que haya de ser completado sin cesar” [6]. De este modo, “cada sufrimiento humano, en virtud de la unión en el amor con Cristo, completa el sufrimiento de Cristo. Lo completa como la Iglesia completa la obra redentora de Cristo”.[7].

Para no hacer más largo este escrito, recomiendo la lectura atenta de la carta apostólica Salvifici doloris, que se encuentra en este mismo blog:

https://pablofranciscomaurino.wordpress.com/2014/03/07/salvifici-doloris-2/

O, también, en la página oficial del Vaticano:

http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_11021984_salvifici-doloris_sp.html

Sobresalen en ella el capítulo IV: JESUCRISTO: EL SUFRIMIENTO VENCIDO POR EL AMOR, y el V: PARTÍCIPES EN LOS SUFRIMIENTOS DE CRISTO. Tras su lectura se podrá completar todo el conocimiento de la enseñanza del Magisterio de la Iglesia sobre este asunto.

Solo incluyo aquí unas partes de la conclusión:

Nº: 31. Este es el sentido del sufrimiento, verdaderamente sobrenatural y a la vez humano. Es sobrenatural, porque se arraiga en el misterio divino de la redención del mundo, y es también profundamente humano, porque en él el hombre se encuentra a sí mismo, su propia humanidad, su propia dignidad y su propia misión.

El Concilio Vaticano II ha expresado esta verdad: “En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque […] Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al hombre y le descubre la sublimidad de su vocación”. (100) Si estas palabras se refieren a todo lo que contempla el misterio del hombre, entonces ciertamente se refieren de modo muy particular al sufrimiento humano.


[1] Sábado 13 de diciembre de 2003. San Giovanni Rotondo (Foggia, Italia)

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Cómo actuar con otros cristianos

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 2, 2009

Desafortunadamente, entre los cristianos se han producido divisiones: en el siglo XI, los cristianos orientales (llamados ortodoxos) se separaron de los cristianos católicos; y, en el siglo XVI, otro tanto hicieron los protestantes y los anglicanos.

De entre los protestantes han proliferado innumerables iglesias, comunidades, movimientos religiosos, grupos y sectas de mayor o menor afinidad entre sí. Se llamaron después evangélicos y, más recientemente, simplemente cristianos. Y para agravar la situación, por desgracia, muchos de ellos se excluyen mutuamente.

No hay justificación teológica, ni espiritual, ni bíblica para la existencia de esta pluralidad, estén genuinamente separadas o no. Jesús, por ejemplo, orando a su Padre, dejó ver que le interesa mucho la unidad de los cristianos:

«No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.» (Jn 17, 20-21)

El problema se presenta cuando tenemos que conversar con nuestros hermanos cristianos no católicos, sobre todo esos que pretenden convencernos para que dejemos el catolicismo y vayamos a su culto o que nos congreguemos en tal o cual denominación.

En ese caso, es preciso tener claro el modo como nos debemos comportar, porque muchas veces podemos llegar a actuar como si no fuéramos cristianos.

1) Orar mucho por todos los cristianos (católicos, orientales, protestantes y anglicanos).

2) Dar testimonio de amor, paz y alegría, en el que se incluye un respeto grande por la forma de pensar de los demás.

3) Una vez que ellos se persuadan de que los respetamos y —sobre todo— de que los amamos, debemos dejar que sea el Señor quien los toque con su gracia, lo que significa confiar en Dios y, por lo tanto, no propiciar  ni permitir las polémicas ni las discusiones:

«Es honra del hombre evitar discusiones. (Pr 20, 3)

«Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar elevando hacia el cielo unas manos piadosas, sin ira ni discusiones.» (1Tm 2, 8)

«Esto has de enseñar; y conjura en presencia de Dios que se eviten las discusiones de palabras. »  (2Tm 2, 14)

«Evita las discusiones.» (2Tm 2, 23)

4) Si se presenta la oportunidad (que por ejemplo hablen de algún tema), podemos contarles cómo vivimos nuestra vida cristiana, haciéndolos participes de nuestra felicidad, sin quererlos convencer.

5) Si se muestran inquietos, intransigentes o polémicos, les diremos que a nosotros lo único que nos interesa es amarlos, porque aprendimos que Jesús dijo: «En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros.» (Jn 13, 35). Así los haremos entender que solo nos interesa seguir a Cristo en el amor; y esta actitud será la que permita que Dios actúe en ellos (aunque lo haga después de pasado un tiempo).

Mientras el cristiano continué actuando de una manera diferente a la que se acaba de describir, no solamente estará negando en la práctica lo que en la teoría profesa, sino que presentará al mundo un escándalo. ¡Las disensiones entre los cristianos son un escándalo! Y esto es grave: ¡Ay del mundo a causa de los escándalos! Tiene que haber escándalos, pero, ¡ay del que causa el escándalo! (Mt 18, 7)

Es hora de parar. Jesús nos dijo cómo:

«Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado». (Jn 13, 34)

Y, ¿cómo nos amó Él? ¡Hasta dar su vida! ¿Daríamos la vida por uno de nuestros hermanos separados? Si la respuesta es negativa, todavía nos falta mucho para llamarnos cristianos católicos.

 

 

 

 

 

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