Hacia la unión con Dios

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Hay 2 clases de católicos:

Posted by pablofranciscomaurino en noviembre 23, 2016

  • los que hablan, discuten y opinan (sobre el Papa, lo que dijo, lo que dicen los demás, etc.) y

  • los que trabajan por el Reino de Dios y su justicia: orando, reparando, procurando su propia santificación y evangelizando con el ejemplo.

¿A qué grupo perteneces?

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Ciclo C, VIII domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 7, 2013

La cura para la ceguera espiritual

«Lo que rebosa del corazón lo habla la boca», son palabras del mismo Jesús.

¿De qué hablamos los hombres? Si nos explayamos en palabras sobre nuestros dolores, es porque el corazón está herido. Si hablamos de nosotros mismos, es porque nos importa mucho el «qué dirán» y nuestra imagen nos preocupa. Si hablamos de la otra vida, o de la religión a la que pertenecemos, es porque nos interesa el más allá. Si contamos nuestros triunfos y nuestros fracasos es porque necesitamos compartirlos.

Pero todo eso es egoísmo o, al menos, egocentrismo.

Son raros, pero existen por ahí, los que nunca hablan de sí mismos ni de sus preocupaciones personales. Siempre están pendientes de los demás, de sus problemas, de mejorar el estado de ánimo y el bienestar de los que les rodean.

Trabajan sin descansar y, cuando lo han terminado bien, dedican las horas que otros gastan en un «merecido» descanso en servir a los demás. Tienen palabras de apoyo para todos: si a un amigo le aqueja una pena sentimental, lo escuchan con atención, para servir de desahogo; si son pesares espirituales, siempre están con el consejo oportuno; si alguno necesita una mano en algún trabajo material, allí están prestos a ayudar; y si no pueden hacer nada, oran y ofrecen a Dios algunos sacrificios por sus intereses.

Por eso, nunca tienen tiempo para sí mismos, el egoísmo no los toca —o los toca muy de lejos— y así cada día tienen más para dar. Estarán tan preocupados por los demás, que no tendremos tiempo para preocuparnos por ellos mismos, lo que les eliminará el estrés.

Esos no son ciegos, esos son los verdaderos guías: junto a Dios, que es amor, que es verdad y que es vida, están todos los que saben dar, y tienen la certeza de aconsejar o simplemente apoyar a quien Dios quiere que apoyen. Muy difícilmente serán hipócritas y dan siempre buen fruto. Jesús nos pide que seamos como ellos.

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Ciclo A, XXXIII domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en noviembre 15, 2011

¿Tienes guardados tus talentos?

La primera lectura nos habla de las virtudes de una mujer ideal y de cuánto se deben valorar esas virtudes. Es como un preámbulo del Evangelio, en el que se nos cuenta la parábola de los talentos. El talento era una moneda de los griegos y de los romanos. Hoy significa aptitud, capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación.

Y, si tenemos aptitudes y no las desarrollamos en beneficio de Dios y de los demás, ya sabemos por el texto lo que nos pasará.

Además, ¡hay tanto por hacer! Basta revisar las necesidades individuales y colectivas del mundo de hoy para observar los campos tan vastos en los que hay que trabajar; sí, trabajar, sacar tiempo para los demás; sí, además del trabajo profesional. Sí, para hacer de esta multitud de solitarios un mundo solidario.

Cada uno de nosotros debe preguntarse: ¿Qué talento tengo yo con el que, además de mi labor profesional, podría ayudar a mejorar este mundo?

Y, una vez contestada esa pregunta, empezar a trabajar con decisión y con optimismo: sabiendo que Dios es nuestro aliado y que con Él triunfaremos: en el momento del juicio divino, podremos mostrar lo que hemos hecho con los talentos dados por Él.

En la segunda lectura, san Pablo nos dice que de ese juicio no necesitamos que se nos hable, pues sabemos perfectamente que el día del Señor llega como un ladrón en plena noche. Cuando todos se sientan en paz y seguridad, nadie podrá escapar.

Pero nosotros no andamos en tinieblas, de modo que ese día no nos sorprenderá como al ladrón. Todos nosotros somos hijos de la luz e hijos del día: no somos de la noche ni de las tinieblas, porque estaremos trabajando con nuestros talentos.

No durmamos como los demás, sino permanezcamos sobrios y despiertos. Permanecer sobrios y despiertos también es poner los talentos al servicio de Dios y de nuestros hermanos.

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