Hacia la unión con Dios

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Isabel de Hungría, noviembre 17

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 19, 2014

Noviembre 17: Santa Isabel de Hungría, Viuda  (1207-1231), de la Tercera Orden Franciscana y patrona de la Arquidiócesis de Bogotá.

 

SE CELEBRA CON CATEGORÍA DE FIESTA EN TODA LA ARQUIDIÓCESIS

Canonizada por Gregorio IX el 27 de mayo de 1235.

 

Esta joven Santa del siglo XIII a quien los hermanos y hermanas de la penitencia veneran como Patrona, se consumó en el ardor de todo lo bueno y dejó una estela luminosa de amor, un ejemplo que la cristian­dad nunca ha olvidado.

Isabel Langravia de Turingia, nació en 1207 en Hungría, hija del rey Andrés II y de la reina Gertrudis de Merano. Siendo todavía niña fue dada por esposa a Luis, Langrave de Asia y Turingia y creció con él en el amor de Dios y del prójimo. Pasaba largas noches en oración y dedi­caba sus días a visitar a los enfermos y a socorrer a los pobres. Pero su grandeza brilló sobre todo después de que murió su esposo, que se ha­bía hecho cruzado. Fue despojada de todos sus bienes, arrojada a la ca­lle con sus hijitos y forzada a buscar refugio en un establo, ella, que había ayudado a tantos y construido hospitales para sus súbditos. No se quejó de ello, sino que entró a la iglesia de los Hermanos Menores y pidió que se cantara un “Te Deum” porque el Señor le había dado su pobreza. Vistió el hábito de la Tercera Orden y recibió de San Francisco el regalo de su manto.

Cuando más tarde le fueron reconocidos sus derechos, que tuvo que reivindicar para sus hijos, no cambió de vida, sino que continuó traba­jando con sus manos para ayudar a los pobres. Las visitas del Señor en la oración eran frecuentes.

Santa Isabel en solos 24 años de vida conoció riqueza y miseria, honores y desprecio y santificó todas las condiciones de la vida de una mujer: religiosísima desde su juventud, amantísima esposa con un cora­zón maternal para con su pueblo, madre delicadísima de tres hijos, tem­pranamente viuda, arrojada, errante con sus hijitos hambrientos; siem­pre sobreabundante de gozo en la pobreza y en el dolor, porque abun­daba totalmente en Dios, cuyo amor tierno y fuerte conocía. Dios la escuchó por sus hijos, cuyos derechos principescos fueron reconocidos; para sí conservó sólo el inestimable tesoro de la pobreza franciscana que le había revelado la dulzura de Dios.

Característica de su vida es la caridad hacia los pobres, a quienes asistía siempre con regia generosidad y visitaba en sus barracas. Es céle­bre la anécdota de su esposo Luis, quien se encontró con ella mientras bajaba del castillo de Marburgo con las provisiones para los pobres, ocultas bajo el manto. Cuando él le preguntó qué llevaba, corrió el manto y aparecieron fresquísimas rosas a pesar del crudo invierno. Otra vez un leproso a quien después de lavarle los pies y dado alimento, lo colocó a dormir en su lecho regio; al regresar el esposo, indignado qui­so ver quién era ese leproso que dormía en su lecho, y con sorpresa vio a Cristo, que en un nimbo de luz desapareció dejando gran gozo en el corazón de ambos cónyuges. Murió de veinticuatro años el 17 de no­viembre de 1231 y fue sepultada en Marburgo el 19 del mismo mes.

 

 

Patrona de la Arquidiócesis de Bogotá

Santa Isabel de Humgría

Fue el arzobispo fray Luis Zapata de Cárdenas quien eligió a santa Isabel de Hungría por patrona de la Arquidiócesis de Bogotá.

Muerto el arzobispo fray Luis Zapata de Cárdenas en 1590, el cabildo en sede vacante renovó aquella consagración a la santa, como lo testimonian las palabras de la solemne acta que se firmó el 11 de diciembre de 1593.

“… Renovamos y revalidamos los votos que antes de éste tenemos hechos… y así mismo el voto y promesa que hicimos a la gloriosa santa Isabel de Hungría de guardar su fiesta para siempre jamás. que cae a 19 de noviembre, y celebrar solemnemente los oficios divinos de su fiesta en la santa iglesia catedral y hacer procesión y traer en ella su santa reliquia, a la cual gloriosa santa tomamos y votamos por patrona nuestra, por tener como tenemos en la dicha santa iglesia catedral la santa y notable reliquia de su sagrada cabeza. que trajo a ella el reverendísimo don fray Luis Zapata de Cárdenas, arzobispo que fue de este reino. que se la dio la majestad de la reina doña Ana, nuestra señora. de gloriosa memoria… ”
El documento más antiguo que nos asegura de la veracidad de haber traído Zapata de Cárdenas las reliquias de la santa que luego dieron origen a su devoción y elección como patrona de la Arquidiócesis, es la carta que el capítulo catedral envió a la reina doña Ana de Austria, esposa de Felipe 11, para agradecerle tan precioso obsequio. Por lo cual bien merece la pena que la conozcamos:

“Católica Real Majestad. Los príncipes y señores que en esta vida, cuando hacen mercedes, es habiendo precedido servicios o habido merecimientos. y esta orden Vuestra Majestad Real, como cristianísima Reina y Señora nuestra, la ha empleado con nosotros, porque sin haber de nuestra parte servicio ni merecimiento, nos ha hecho mercedes, y son: que el arzobispo don fray Luis Zapata, llegado a esta su iglesia, significó al estado eclesiástico y seglar la merced que Vuestra Majestad nos hizo con las reliquias que le dio para poner en esta santa iglesia, las cuales mostró; con lo cual no solamente la iglesia pero el Reino será ilustrado. Lo que se puede significar es que se tiene por gran merced y por tal se reconoce, y lo que de nuestra parte se puede recompensar es ser capellanes y oradores al Dios, nuestro Señor, por Vuestra Majestad…”

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Ideas impopulares

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 3, 2014

No al aborto. No a la eutanasia. No a los anticonceptivos. No al matrimonio de homosexuales y no a que adopten niños. No a congelar y matar embriones…

Y, por otra parte, no al sacerdocio de mujeres ni a cambiar las bases de la doctrina cristiana: el Credo, los Sacramentos, los mandamientos y la oración.

Ante esta actitud de la Iglesia, muchos emiten sus juicios: “La Iglesia es muy conservadora.” “¡Qué retrógrada!; se quedó en la Edad Media…” “Por eso es que muchos se van…” “Si los curas fueran más inteligentes, aceptarían muchas cosas de estas, se adaptarían al mundo moderno.”…

Y relucen de una manera fulgurante —casi espectacular— el relativismo y el subjetivismo moral: “Eso del pecado es cuestionable; todo depende de las circunstancias.” “Lo que importa es lo que yo pienso, o cómo vea las cosas cada uno…”

Por eso, poco a poco, la humanidad sin guía, sin norte, sin valores, sin principios morales que la rijan, va cayendo en barrena, hacia su propia autodestrucción.

¡Qué tal si la Iglesia Católica apagara su voz en contra de tanto desorden! ¡Qué tal si la única luz que brilla todavía en el mundo claudicara en sus principios, en su base doctrinal! ¡Qué tal si no se oyera ya la palabra de la Iglesia, clamando por el derecho a la vida de los nonatos y ancianos! ¿Quién reclamaría el orden moral? ¿Cómo estaría el mundo en estos momentos?, ¿no estaría peor de lo que está?

Sí, son ideas impopulares. Pero la misión de la Iglesia no es buscar la popularidad: es propiciar la verdadera felicidad de la gente, con la Palabra que el mismo Dios le encargó que predicara, es decir, enseñar la verdad auténtica. Si dejara de hacer esto, dejaría de ser la Iglesia Católica que fundó Jesucristo.

Esta es en la Iglesia que no cede ni se rinde ante ninguna presión externa, la Iglesia que no falla en la observancia de sus propios principios. ¿No da mucha paz saber que estamos en buenas manos?

 

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